05 septiembre 2008

Entrevistas/ Tomás Abraham/La seguridad nunca es suficiente - Por Conrado Yasenza


Entrevista a Tomás Abraham

La seguridad nunca es suficiente


En la presente entrevista el filósofo y ensayista Tomás Abraham, analiza cómo el clima de violencia incide en la vida cotidiana y cuáles son sus vinculaciones con el Estado, el poder y las mafias. El tratamiento del tema por parte de los medios de comunicación, y la relación entre violencia marginalidad y pobreza, son otros de los tópicos que conforman este reportaje.

Por Conrado Yasenza


-¿Cuál es su visión acerca de el clima de violencia social al que asistimos en la actualidad? (Robos, asesinatos, violencia familiar, abusos sexuales, narcotráfico, etc.)

-Lo que sucedió en nuestro país hace ya años incide en la vida cotidiana. Las crisis políticas y económicas, el terrorismo de Estado, la corrupción estatal y privada, la impunidad, la miseria social, el desmantelamiento institucional, producen consecuencias en la vida de la calle. No vivimos en ciudades tranquilas. Un apacible lugar litoraleño como la ciudad de Santa Fe, tiene el índice de criminalidad más alto del país.


-¿Cómo se vinculan los aparatos ideológicos y políticos del Estado con la violencia social?

-No sé a qué se refiere con “violencia social” ya que la violencia es social por definición. Pero si abarca a los rubros de la primera pregunta – crímenes privados - , lo que ha sucedido en nuestro país es responsabilidad de los que han ocupado funciones de delegación política. No tendrán responsabilidad exclusiva pero sí decisiva. Bajo la presidencia de Menem el narcotráfico se instala en la Argentina, y hoy ya es un poder indefinido del que no se conoce su dimensión y cuánto han infiltrado los aparatos de Estado. Los robos conforman la cenicienta del delito, es una pobrecita delictiva. El que roba y no mata casi parece inocente de infracción. El crimen organizado es el nombre de la realidad delictiva de nuestros días. La estrategia oficial con Duhalde durante su gobernación en una zona en la que vive el 40% de la población total fue el gatillo fácil, la distribución de dinero para la fuerza pública con el juego, la prostitución y la droga, y la remisión permanente a la unidad de la familia protegida por la Iglesia con la asistencia de peritos en psiquiatría de formación tenebrosa e irresponsable.
Durante el Proceso sin duda que la delincuencia fue menor. Cuando Mao Tsé Tung llega al poder en el 49 en China, barre con la mafias privadas que dominaban los barrios de las grandes ciudades. Hay quienes quieren esta política. Fuego y hoces o cruces. La estrategia de Giuliani llamada tolerancia cero aplicada en Nueva York dio buenos resultados. La ciudad desplazó de los centros urbanos a sectores marginales mediante una persecución minuciosa por infracciones menores y por una política de la sospecha dirigida a jóvenes, negros e inmigrantes. Sin embargo, las asesorías del ex alcalde no sirvieron, por ejemplo en México, adonde lo llamaron mediante grandes operaciones de propaganda política y beneficios comerciales para Giuliani.

-¿Podemos pensar la violencia sin caer en la trampa de analizarla desde las categorías del poder?

-Entre los hombres no hay violencia abstracta. La agresividad animal es un soporte biológico instintivo que nada tiene que ver con la violencia que es cultural. La palabra poder no es un abracadabra. Dice tanto que no abarca casi nada. La violencia familiar y los abusos sexuales no son extirpables por completo de una comunidad, pero si no hay redes de protección para las víctimas, si no hay consciencia del sufrimiento que ocasionan, de la crueldad y de la injusticia de la que provienen, si están encubiertos por el microfascismo del patriarcado, el machismo, los aparatos eclesiásticos con su culpa religiosa (ver políticas respecto del Sida, el aborto y la violación sexual), siempre tendrán atenuantes y quedarán impunes.


-¿Es posible atribuir las causas de la violencia social sólo a cuestiones vinculadas al aumento de la marginalidad y la pobreza, y a la falta de oportunidades educativas y laborales?

-Claro que sí y no del todo. Entre ricos hay sadismo y violencia. Los asesinos seriales no son desocupados. La miseria y la marginalidad crean condiciones en la que todo vale. Pero no se trata de neoliberalismo, sociedad de consumo y otras excusas para lucimiento de pastores progresistas. Hay obviedades que no permiten pensar. Entre finales del siglo XVI y mediados del siglo XVII, Europa septentrional redujo su población de veinte millones de habitantes a siete, en gran medida debido a guerras religiosas, con su secuela de saqueos, caos, y barbarie. La violencia social no es un invento del nihilismo posmoderno ni de la globalización.
No podemos pretender que en una sociedad fragmentada como la argentina, con enormes diferencias de clase, con sectores juveniles fuera del sistema laboral y escolar, con la desorganización general que ya es tradicional, con la impericia de muchos a cargo de funciones claves, con un PBI de país del Tercer Mundo, no podemos pretender vivir en una sociedad con una meseta de clase media mayoritaria y una población integrada a un sistema económico y cultural propio del llamado primer mundo.


-¿Es posible definir la violencia como una “sensación de inseguridad?

-La sensación de inseguridad es una noción confusa, que remite a los que nos puede pasar y pasarles a nuestros seres cercanos por lo que les ha sucedido a otros más lejanos. Es una inquietud por proximidades. Los medios de comunicación achican las distancias.





-¿Cuál es su análisis sobre el tratamiento por parte de los medios masivos del tema de la inseguridad?

-Los medios diagraman escenas de terror para fascinar a los televidentes y hasta a los oyentes, a pesar de que la voz no tiene el efecto hipnótico que llega a tener la imagen. Es sintomático que durante el conflicto del gobierno con el campo, no hubo crímenes ni violaciones con grandes titulares, y que apenas se sosegaran los ánimos políticos, volvieran sin solución de continuidad las escenas de horror de chicos asesinados, otros ejecutados por mafias y cárteles, etc. El observatorio de medios que quería crearse, en lugar de proteger a un grupo político, debería presionar a los organismos de control para que regulen imágenes escabrosas y obscenas que incluso violan la intimidad de las propias víctimas.
-¿Cree Usted que la violencia es producto de los efectos de la globalización?

-Ya lo dije, meter la globalización en cada cuchara es para no pensar. En el decenio 70-80 no había globalización. Durante el nazismo tampoco, y en el 70 Tito que masacró a los habitantes de Judea tenía imperio romano pero no globalización. La violencia social no tiene una sola causa, pero una de ellas, específica, tiene que ver con el dinero del narcotráfico – son cifras descomunales, que penetran organismos de todo tipo.
En un viaje que hice a la ciudad de Tucumán, visité un ingenio ahora paralizado, y vi que al lado de la fábrica estaba la mansión de los dueños, de una exhuberancia y un lujo monárquico de otra época. Los obreros al salir de la usina la tenían a la vista. Los patrones y sus familias no tenían temor de residir en medio del ingenio. La seguridad estaba garantizada. La separación de clases estaba bajo custodia y el sometimiento inmaculado.
Hoy, sabemos, la seguridad nunca es suficiente, no sé si hay una guerra social, el término es desmedido y grato para universitarios nostálgicos. Pero vivimos en un mundo cuyos cambios no dan seguridad, la de otro tipo, la de otra época, la de un capitalismo fordista de empleo vitalicio, profesión consolidada y educación básica integrada. Los padres tampoco se divorciaban, y los chicos no por eso eran más felices.
La historia no retrocede, no se vuelve a otros tiempos, salvo con leyendas.

-¿Cuál es su visión sobre el panorama social a futuro?

-Creo que una economía en crecimiento, desarrollo de fuerzas productivas, un personal gubernamental honesto y eficiente en un gobierno republicano, una política distributiva progresiva y un sistema educativo sólido, ayudan a que la sociedad sea más vivible. No sé si lo tendremos, pero sin él, las cosas empeorarán, salvo para los espíritus apocalípticos, y los que pescan en aguas turbias.

-¿Existen soluciones reales al problema?

-Creer que el mundo es producto del diablo no es sólo la versión maniquea de los antiguos gnósticos y los cátaros, es la de la pornopolítica de una izquierda y un populismo decadente. No tiene más propuestas ni las quiere tener porque la historia es el decurso de un mismo y único crimen. Su utopía se sostiene en el contemptus mundi, el desprecio a la vida.
La lucha por un mundo mejor debe tomar en cuenta las fuerzas activas y los poderes en juego. El mercado mundial existe, los medios de comunicación se transforman a gran velocidad y ya somos parte de una generación de enchufados a las redes y navegantes de la net. El proceso de democracia de masas, de cambios tecnológicos, corporaciones poderosas, es un fenómeno irreversible. Pero nadie controla todo. No asistimos al funcionamiento de un panóptico que todo lo ve y sabe. A cada refuerzo de poder, surge una línea de fuga y otra de resistencia. El poder es poroso.
Creo que en nuestro país vivimos bajo una ideología insular propia de personas que han vivido entre hielos. No es una broma. El aislamiento y la creencia de que nuestro mundo está bajo permanente peligro de invasión de gérmenes capitalistas y globalizadores, nos deja al margen de los procesos de crecimiento no sólo económico. Hay progreso, no es moral, sino material, y la materia es lo que nos constituye como seres vivos y responde a los deseos de las grandes mayorías que pretenden tener acceso a los bienes terrenales. La vida espiritual, que también existe, está hecha de las mismas preguntas siempre dichas con nuevas palabras, y tiene que ver con la lucidez, es decir, con la consciencia de nuestros límites y errores. Es el otro lado de la ciencia y del poder.

Agosto de 2008
Conrado Yasenza
La Tecl@ Eñe, Revista Digital de Cultura y Política

Crítica Cultural/La violencia y el poder de las palabras- Por Mirta Vázquez

La violencia y el poder de las palabras


Por Mirta Vazquez de Teitelbaum*
(para La Tecl@ Eñe)



El término violencia parece un comodín para todo uso. Los medios lo usan calificando tipos de hechos que, por su aparente contundencia, sorprende negativamente a la opinión pública. Así tenemos violencia social, en la escuela, en los colectivos, en la calle y en los medios, acoso laboral, magnicidio, crímenes mafiosos, prostitución y pederastia.
Como se sabe el ejercicio de la fuerza de los más fuertes sobre los más débiles no es nuevo. Quizás, como somos más, se haya acrecentado.
No obstante propongo un ejercicio de pensamiento para ocuparnos de nuestro medio social, el cual, en lo que a mi respecta es, específicamente, la Ciudad de Buenos Aires.

“Las palabras son aire y van al aire”… (Parafraseado de Gustavo Adolfo Bécquer: “Los suspiros son aire y van al aire”…Poema de amor.)

Hace unos años, más precisamente en 1996, la Escuela de la Orientación Lacaniana tituló su Encuentro Internacional de Psicoanálisis: Los poderes de la palabra.

Evidentemente se creía (se cree) que la palabra implica cierta forma de ejercer el poder. Los analistas lo saben a partir de Freud, quien instituyó la transferencia, elevada por Lacan al rango de concepto fundamental del psicoanálisis, en una forma de amor al saber que le permite a quien se analiza ligarse afectivamente a otro, el analista. Este, a su vez le devuelve palabras bajo la forma de interpretación.
Es obvio, entonces, que esta invención occidental, se basó en unos de los pilares de la civilización: la palabra.
Transmisión oral se le llama en otras culturas al saber que pasa de una generación a otra.
Luego, la escritura hace la Historia. Y la historia de los pueblos no es más que la narración, épica, de sus logros y fracasos.
En la Argentina se está revisando los años 70, llamados años de plomo porque revisten una violencia inédita para la generación que andábamos por los 20 y tantos en ese momento, están sobre el tapete.

A fines de los 60, pasada ya la época del tango cuyos asesinatos cometidos por guapos a ultranza por culpa de mujeres traidoras obedecían al crimen pasional como variante límite de ciertas neurosis, comienza la violencia real.
El asesinato de Aramburu, a mi entender, marca la diferencia.
Por otra parte el psicoanálisis se empieza a difundir en una clase media “esclarecida” respecto a las condiciones sociales y políticas del país. De esta clase media, justamente, surgen los grupos armados que bajo la denominación oficial de subversivos actuarán hasta fines de los 70, cuando sus integrantes son aniquilados por la represión militar.
Hago hincapié en esta década porque las siguientes son subsidiarias de un tipo de violencia que reniega de lo simbólico para ubicarse, hasta ahora, en la realidad cotidiana de manera angustiante.

El primer efecto social que se advierte durante el proceso es la disgregación.
Una juventud nacida entre los 40 y los 50 del siglo XX se encuentra cercenada en su forma de expresión. No hay más el cine que solíamos ver, los cantantes de cuya autoría nacían letras de protesta (canta-autores), se cierra la facultad de Psicología en 1974 que era un lugar de discusión de ideas, se prohíben libros, etc. Si a esto se agrega el exilio elegido y/u obligado de algunos intelectuales y artistas tomados como referentes nos encontramos con una generación donde lo grupal que había tomado valor central (el grupo armado más numeroso se denomina Montoneros, nominación tomada de las montoneras y con obvia resonancias de montón), está dispersado.
Las primeras acciones violentas delincuenciales acaecidas en los años 80 nos llevaron a calificarlas como actos de “mano de obra desocupada” en clara referencia a los servicios de la dictadura.
Sin embargo la dificultad para volver a canalizar la pulsión de muerte vía la palabra ya estaba deteriorada y lo real tomó posesión: los crímenes se hicieron cada vez más horrorosos, las peleas a muerte de bandas juveniles, la proliferación de patovicas, las torturas a víctimas de robos, la aparición de bandas infantiles y, por ende, la agresión deliberada y abierta en establecimientos educativos.
Quizás haya para cada forma de violencia una causa a investigar que excede este trabajo.
No obstante mi hipótesis es que los conjuntos, ciudades, pueblos, naciones que padecen durante muchos años un régimen de terror restringen las posibilidades de que su gente pueda encontrar canales de derivación pulsional simbólicos.
El caso patente a fines del siglo pasado es España, cuyo “destape” obedeció no tanto a los programas sociales respecto a la delincuencia propiamente dicha sino al acceso a espacios de reunión donde sus habitantes pudieron inventar nuevas formas simbólicas de interacción.
No nos olvidemos que los a veces tan criticados jueguitos infantiles de la red no son sino otra forma de matar y morir a través de la literatura o el comic como aquellos textos y dibujos que divirtieran a generaciones anteriores a la actual.
Es decir que, como indica Lacan, la repetición demanda lo nuevo. Y hoy lo que angustia de la aparición reiterada de hechos de violencia se puede empezar a procesar comprendiendo que no se trata de la falla de una institución específica sino una forma de operar sobre los hechos de la realidad cuya eficacia no está probada aún.
Es significativo que la violencia estalla en ámbitos educativos que tienen años de probanza. ¿No será que internet es la nueva alternativa?
La crítica a las nuevas formas de integración social nos remite a aquellos mayores de los años 60 que incidieron en la brecha generacional que impidió la transmisión.
Creo que pueden coexistir todas las formas de expresión que posibiliten derivar lo pulsional en algo menos cruento que la muerte real.


*Mirta Vazquez de Teitelbaum
Psicoanalista
Miembro de la Escuela de la Orientación Lacaniana








La Columna Grande/ Lo que el tiempo no se llevó - Por Alfredo Grande

LO QUE EL TIEMPO NO SE LLEVÓ:

De El Espacio Institucional al Psicoanálisis Implicado

escribe ALFREDO GRANDE
(para La Tecl@ Eñe)


El Dr Alfredo Grande fue invitado al Primer Congreso de Psicosociología Institucional, realizado recientemente en la Universidad de San Luis, Facultad de Ciencias Humanas, y auspiciado por la LIc. Maria José Acevedo, Presidenta de la Fundación Gerard Mendel.

La Tecla Eñe publica en exclusividad la ponencia de nuestro columnista.






PLENARIO DE "EL ESPACIO INSTITUCIONAL"
(la dimensión institucional de las prácticas sociales)




NOVIEMBRE 1991. BUENOS AIRES ARGENTINA



El 1° ENCUENTRO de EL ESPACIO INSTITUCIONAL se realizó en Noviembre de 1991. La presidencia fue ejercida por Gregorio Baremblitt. El Secretario Científico fue el Dr. Juan Carlos Volnovich, la Secretaria de Relaciones Institucionales la Lic. Vida Kamkaghi y el Secretario de Organización, el Dr. Alfredo Grande.
Más de 1200 asistentes participaron en talleres, mesas y conferencias. Estuvieron, entre tantos otros, Fernando Ulloa, Ana Maria Fernández, Graciela Gullis, Alfredo Caeiro, Silvia Werthein, Jorge Volnovich, Gregorio Kaminski, Cristina Varela, Débora Sada, Tato Pavlovsky, Hernán Kesselman, Enrique Carpintero, etc.
Los invitados especiales fueron: René Loureau, Roberto Castel y Gerard Mendel.










LO QUE EL TIEMPO NO SE LLEVÓ:
De El Espacio Institucional al Psicoanálisis Implicado
escribe ALFREDO GRANDE

“el primer elemento referido a ese poder social es este: dicho poder solo es recuperable por el individuo en y mediante una institución y solamente si la dimensión de lo político está presente” Gerard Mendel. Sociopsicoanálisis 2.

“hay un psicoanálisis de la plaza y un psicoanálisis del palacio. Cada uno tiene el Freud que se merece” (Alfredo Grande. Aforismo Implicado)

1- Sobre el tiempo institucional.

Dicen que el tiempo todo lo cura. Siempre pensé que esa curación era más encubrimiento que elaboración. El tiempo pasa y la ropa queda, nos enseñaba Roveda. La ropa serían los instituidos burocratizados que a contramano de la historia, intentan la única inmortalidad posible: la infinita repetición del instante. En algún sentido, los tiempos cambian y nos cambian. En estos tiempos del consumismo, que implica consumir consumo, el Himno a la Alegría del genial Beethoven, apenas habría sido el jingle de cualquier comercialización. Al menos, eso hizo Visa con el Himno Nacional Argentino durante el mundial de Rugby. Entonces si sostenemos que todo cambia, como cantaba Mercedes Sosa y lo votó a Macri, no parece un recurso desdeñable pretender un trabajo donde se intente analizar aquello que no cambió. Ni siquiera voy a insinuar que se dialectizó, ya que acepto que estamos en tiempos de epistemologías sensibles y relatos destituyentes. Al menos señalar que el cambio, que de todas maneras desconozco si recién empieza o ya está terminando, no es un valor. Apenas, y no es poco, un dispositivo. O sea: un entramado propiciador. Exactamente eso fue la profecía fundadora del Encuentro El Espacio Institucional. Multiplicidad de encuentros para al decir de Juan Carlos Volnovich, intentar una y otra vez lo que deseamos. También como individuos, pero no solamente. Los sujetos sociales se hacían presentes en todos los espacios de El espacio, como una de las formas de resistencia a los cantos de las sirenas privatizadoras. En el año 1986 yo había fundado con otros 14 colegas la cooperativa de trabajo en salud mental ATICO. A los 5 años, es decir, entrando en la latencia, la cooperativa fue auspiciante de El Espacio Institucional, lo que rápidamente la catapultó a la metamorfosis de la pubertad. Compañeros de inmenso prestigio estaban presentes, algunos de ellos acá presentes, y yo siempre me acompañaba con un arroró para mis declives melancólicos: yo tengo ático, yo tengo ático. Bueno: más de 22 años después el tiempo no pasó. Sigue ATICO, siguen mis declives melancólicos. Y en 1996 aparece mi primer libro: “El Edipo después del Edipo: del psicoanálisis aplicado al psicoanálisis implicado”. Si alguien piensa que esto se pone un poco autobiográfico, solo puedo decirle que tiene razón. Pero al no gozar del prestigio internacional que por ejemplo tiene Bucay, necesariamente debo dar indicadores que permitan discriminar el análisis de mi propia implicación de un delirio autorreferencial. Pensar es delirar un poco, pero solo un poco. El resto es la militancia concreta, social, histórica, política. La trayectoria, que siempre la pensé como una travesía institucional, que habla de nosotros no por lo que decimos, sino por lo que hemos hecho. Sin la certeza de una tierra prometida, pero con la convicción de una lucha compartida. Eso el tiempo no lo cambió. Desde El Espacio Institucional hasta este Congreso, he luchado, siempre acompañado, con la pluma, con la risa y la palabra. Creo que solo saben los que luchan. Es una clase de saber que casi nunca es poder. Pero que casi siempre es fuerza. Sostengo que en una cultura no represora, el que mucho abarca mucho aprieta, porque apretamos entre todos. La mayor fuerza que El Espacio desplegó fueron los dispositivos autogestionarios. Como dijo Rodolfo Walsh: “tenga la satisfacción moral de un acto de libertad”. Y nosotros la tuvimos. Libertad teórica, política, libidinal aunque esta última siempre en su medida y armoniosamente. Y también libertad de todo tipo de sponsor. No solamente hablamos de autogestión: la ejercimos. Y tampoco esto el tiempo cambió. Continúo trabajando con dispositivos autogestionarios y autoanalíticos. Una colega me explicó que terapeuta viene de therapon, el que ayuda en la batalla. En este sentido, Patroclo fue terapeuta del invencible Aquiles, aunque no pudo volver vivo a su tierra. He tenido muchos terapeutas y he sido terapeuta de muchos. Batallas no faltaron. Muchas derrotas, algunos triunfos, pero ningún fracaso. Porque fracasar es derrotarse a si mismo. Es tener la vergüenza de haber sido y el dolor de ya no ser, como cantó el que siempre canta mejor. Y este panel en este importante Congreso también es evidencia que El Espacio Institucional no fracasó. También es cierto que por dos veces lanzamos el II Encuentro, pero nunca lo alcanzamos. Quizá ese Segundo Encuentro tenga la función del horizonte, al decir de Galeano: se aleja para que nosotros sigamos avanzando. O a lo mejor el Segundo Encuentro se realizó no una vez, no siete veces, sino setenta veces siete y mas también. En la diáspora de la gran ciudad desnuda, se multiplicaron segundos, terceros, indefinidos encuentros en la lucha de piqueteros, fábricas recuperadas, docentes y no docentes universitarios, trabajadores sindicales no domesticados, estudiantes de colegios secundarios, y tantos luchadores que a diferencia del sargento Cabral no morirán contentos porque no podrán batir al enemigo. Al menos, habrán puesto en superficie la dimensión institucional de las prácticas sociales, el lema convocante de El Espacio Institucional. Dimensión institucional que se abre en el registro de lo instituyente y se cierra en los instituidos burocratizados. En este tránsito, el instituyente siempre anda buscando un instituido que lo prolongue en una victoria sin final, preferible a una victoria final al decir de Gregorio Baremblitt. Los instituyentes-instituidos también son conceptos. Desde Enrique Pichon Riviere estamos familiarizados con la idea del ECRO: el esquema conceptual referencial y operativo. Desde la mirada institucional, un Congreso que funciona garantiza la travesía conceptual entre diferentes territorios. No tanto para proponer que alguien abandone su tierra prometida, pero si para que al menos conozca las virtudes de dar alguna vuelta al mundo, y si es posible, en mas de ochenta días. Podemos denominar a esto la convergencia de las epistemologías, o mas directamente que otro mundo es posible y está en este. Y con la convicción de alguien que siente y piensa la izquierda como un tiempo de lucha permanente, puedo decir que el tiempo no se llevó la política deseante que construimos hace más de 17 años. Y eso, en los tiempos de la modernidad liquida y la posmodernidad congelada, quizá sea poco. Pero la diferencia entre poco y nada es mucho.



2-Sobre el espacio institucional.

Desde Foucoult afirmamos que un territorio es un espacio en el cual se ejerce un poder. Poderes y saberes en permanente disputa con fuerzas y verdades. ¿Será por eso que nadie es profeta en su tierra? En todo caso, la globalización podría ser pensada como una negación maníaca de la propia implicación. Si nadie es profeta en su tierra, quizá la afirmación de Bertold Brecht puede ayudarnos: “Pobre de la tierra que no tiene héroes-dice uno. Y otro le contesta: no, pobre de la tierra que necesita héroes”. La tierra, cuanto mas propia peor, funciona como una formidable máquina de impedir, una mortal fotocopiadora de vidas pasadas. Es un ancla terrestre que fija la mente para que no avance hacia ideas extrañas. O foráneas. O que atenten contra el ser nacional. La tierra, centro del universo para la iglesia, pasa a ser centro de la subjetividad. Es decir: el núcleo duro del sujeto está formateado por la tradición, la familia y la propiedad. Núcleo demasiado duro para que sea ablandado por algunas tormentas ocasionales. Después de todo, siempre que llovió paró. Y la resultante es una subjetividad cristalizada que es totalmente refractaria no solamente a profecías, sino a simples advertencias científicamente comprobadas. Efecto invernadero, agujero de ozono, contaminación de todas las napas de agua, etc. Como me comentó un amigo: “no creía ni en Dios ni en el psicoanálisis...No tenía la menor posibilidad”. Nosotros con seguridad creemos en dios, o en el psicoanálisis, o en ambos. Pero no creo que tengamos demasiadas posibilidades. La tierra nos atornilla y la semilla del pensamiento propio no brota. Demasiadas citas y pocos encuentros. Y de estos, poca fecundidad y poco placer. No en vano está descripto, aunque parezca un grotesco, el síndrome de fatiga sexual. Imaginemos que si lo sexual da fatiga, como será la fatiga que da pensar.
El único profeta que mantiene razonables niveles de credibilidad es Confessore, el meteorólogo de TN. No se cual será la credibilidad de esta mesa, pero creo que la invitación da cuenta de una convicción fundante: no estamos acá para recordar el pasado, por importante que haya sido, sino para convocar a una nueva parusía. No me importa demasiado si otro mundo es posible. Pero si me interesa demasiado que otro mundo es necesario y otro mundo es deseable. Si no es en la tierra que nos vio nacer, que nos otorgó la categoría de científicos, que nos brindó la hospitalidad de academias y de cátedras, entonces tendremos que aceptar transitar el desierto de lo real. Tolerar alguna intemperie, alguna incertidumbre, alguna fluctuación en nuestra propia matrix teórica. Pero no solamente. Si hemos hecho militancia del pensamiento crítico, propongo también desarrollar los sentimientos críticos. Porque cuando los ojos ven, el corazón siempre siente. En la cultura represora de la actualidad, los anestésicos y analgésicos son más importantes que los ansiolíticos. Quizá no sea la culpa el único sentimiento inconsciente. Lo será para el modo superyoico de producción de subjetividad. Pero si en otra tierra podemos pensar diferentes modos de subjetivación, los sentimientos inconscientes también pueden ser otros. Intento desterrarme de mis propios cultivos plastificados. Y pensar la existencia de un sentimiento inconsciente de gratitud. Correlato de postular como protofantasía la alianza fraterna, aquella que matara al protopadre. En oposición de la necesidad de castigo, corolario del sentimiento inconsciente de culpa, este sentimiento inconsciente de gratitud tiene como corolario la necesidad de abrigo. Freud denomina a esto carga de anhelo, si bien el fundamento metapsicológico es otro. El desierto de lo real nos encontrará unidos, quizá vencidos, pero nunca convencidos. En esta nueva tierra la multiplicación de panes, peces, ideas, pensamientos, no dependerá de un héroe o un mesías individual. Ni siquiera será un héroe colectivo, como postulara Oesterheld. Esta nueva tierra se abre al espacio del colectivo de héroes. Aquellos que osaron enfrentar los mandatos tanáticos de todas las formas de la cultura represora. En la singularidad del Encuentro del año 1991 y en la cotidianeidad del día a día y de la noche en noche. Del castigo al abrigo es el pasaje del modo superyoico al modo yoico de producción de subjetivación. Al primero le corresponde la hegemonía de los territorios. Al segundo, la potencia de los encuentros en espacios sin fronteras. Donde el pasaporte de pertenencias a organizaciones nacionales o transnacionales si bien no está prohibido, mucho menos es obligatorio. No por considerarnos en la omnipotencia de ser ciudadanos del mundo, sino por que sentimos que, como dijera el poeta sin odio, Jose Martí, “el arroyo de la sierra nos complace más que el mar”. Y estar complacidos con nuestros pensamientos y nuestros sentimientos, se acerca mucho a la felicidad, meta final de toda lucha y de toda batalla.

3-El psicoanálisis Implicado.

1994, diez años después de la fecha que George Orwell ubicara para su ficción verdadera de una sociedad de control. En esa fecha escribo un trabajo “El Edipo después de El Edipo: del psicoanálisis aplicado al psicoanálisis implicado”. Como soy un escritor serial, vuelvo al lugar del crimen originario. Juan Carlos Volnovich fue el comentador de ese trabajo en la Asociación Escuela Argentina de Psicoterapia para Graduados. Dos años después, publico mi primer libro. El psicoanálisis implicado es efecto contingente del atravesamiento entre la psicología social, el institucionalismo y el psicoanálisis freudiano. Lo postulo como un analizador de la cultura represora. Incluso de la propia cultura psicoanalítica. En la medida de mis posibilidades, siempre acotadas, intento una respuesta teórica y política al desolador panorama que Roberto Castel señalara el El Psicoanalismo. Por eso señalo que hay un psicoanálisis de la plaza y un psicoanálisis del palacio. Este último siempre destronado, siempre resucita al lado del Freud Padre. El psicoanálisis implicado es por lo tanto un dispositivo teórico y un campo de intervención político. Teórico: en tanto ha construido conceptos[1]. Político: porque sostiene que la neutralidad es una herramienta que avala la complicidad con el represor. Defino la neutralidad como la negación maníaca del análisis de la implicación. Un mundo psicoanalíticamente feliz. Incluso seducido por neurotransmisores y psicofármacos. Confieso que he sido seducido, pero nunca por sinapsis y pastillas. Como homenaje y recuerdo permanente, quiero citar un escrito de Silvia Bleichmar en relación a mi segundo libro: “al borde de un vuelo que lleva a Alfredo Grande a plantearse, en cierto momento, que la enumeración puede conducirlo, como Ícaro, a quemar la alas, hay sin embargo una afirmación que marca el punto mismo en el cual pretende colocarse: el extremo es el punto medio de una serie infinita. ¿Quien, en definitiva, define cual es el extremo en cada momento histórico? Como se corre este extremo a lo largo del tiempo es la cuestión central para determinar la justeza de una proposición y el envejecimiento de un planteo” En el psicoanálisis implicado se juega siempre el extremo. Por eso la definición de la subjetividad como decantado identificatorio de la lucha de clases. Y acá me reencuentro con el joven Gerard Mendel y su concepto de clase institucional. Cuando señalo que la lucha de clases en la subjetividad enfrenta los deseos y los mandatos, pienso a la subjetividad como una institución y al sujeto histórico en su dimensión institucional. En el psicoanálisis implicado de hoy reencuentro al Espacio Institucional de ayer que vuelve a ser hoy. La cultura represora no abomina de la lucha de clases porque niegue las clases sino porque teme la lucha. Sin embargo, desde el modo yoico afirmo que mientras haya lucha hay esperanza. Detenida la lucha no hay igualdad, hay hegemonía de una o varias castas. El espacio institucional pasa a ser un fuerte rigurosamente custodiado por expertos y malevos. En esa dimensión, toda verdad degenera en dogma. El temor al ridículo obliga a caracteropatizar lo sublime. Se pierde la seriedad, pero se gana en solemnidad. Por eso propuse un éxodo: del diván al piquete. Un psicoanálisis para no psicoanalistas. Un psicoanálisis como fábrica recuperada que pueda ser usado por la militancia política y social. Un intento que la institución del psicoanálisis despliegue nuevos fundantes, organice un nivel convencional descubridor y disuelva todo intento de formalizar un nivel convencional encubridor.

Solamente por eso mi presencia acá, junto a Maria Jose Acevedo, Juan Carlos Volnovich y todos ustedes tiene sentido. Porque como escribiera Gerard Mendel, “el primer elemento referido a ese poder social es este: dicho poder solo es recuperable por el individuo en y mediante una institución y solamente si la dimensión de lo político está presente”
Termino esta ponencia con la sensación placentera de haber recuperado parte de ese poder.

Agosto 2008.



[1] Menciono algunos: “Ideal del Superyo”; “Sexualidad Represora”; “Ternura Primaria”; “Catastrofía”; “Modo yoico y modo superyoico de producción de la subjetividad” “Concepción amplificada del superyo”; “La subjetividad es el decantado identificatorio de la lucha de clases”;”Represión erótica-represión tanática”










Entrevistas/ Rubén Drí/Conflicto Agropecuario - Por Conrado Yasenza

Entrevista a Rubén Drí

Conflicto agropecuario: Esmerilar al gobierno para someter al Estado.

Por Conrado Yasenza

Rubén Dri, Filósofo, Teólogo y Docente de Filosofía y Ciencias de la Educación de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de Buenos Aires (UBA), reflexiona en este reportaje sobre el conflicto entre el Gobierno y el Campo. También nos brinda su opinión sobre la relación actual del gobierno con la Iglesia y sobre el futuro de los movimientos sociales.


Fotos: Conrado Yasenza



-¿Cuál es su opinión sobre los acontecimientos vinculados al conflicto entre el campo y el gobierno?

-No ha habido ningún conflicto entre el campo y el gobierno, sino un lock out de más de tres meses, insólitamente agresivo, desabastecedor, que cortó rutas, que amenazó, que determinaba quién podía pasar y quién no; lock out realizado por las corporaciones agrarias contra el Estado. La finalidad claramente manifestada en los hechos y las palabras era esmerilar al gobierno al máximo para finalmente someter al Estado, de tal manera que éste tuviese ninguna posibilidad de intervenir en los negocios de las grandes corporaciones. Entre los triunfos de las corporaciones se encuentra el triunfo cultural, referido especialmente al lenguaje que logró hacer pasar como “el campo” lo que en realidad es las grandes corporaciones dirigidas por la Sociedad Rural y sus monumentales negocios.

-¿Qué diferencias sustanciales encuentra entre aquella sociedad movilizada del 2001 y la actual, en donde daría la impresión que las movilizaciones contaron con masas artificiales?

-Las movilizaciones del 2001, que tuvieron su máxima expresión en la pueblada del 19-20 de diciembre de 2001, fueron movilizaciones que partían del corazón, de la pasión, de la rabia, del hartazgo de buen número de sectores populares y medios. Expresaban la necesidad de un cambio radical de las políticas, expresada, a la verdad, de una manera anti-política. En las movilizaciones actuales hay que distinguir de las de la derecha o nueva derecha y las de los sectores populares. La primera ha arrastrado a grandes sectores de la clase media alta. Lo ha hecho con entusiasmo, con un sentido golpista, desestabilizador y despreciativo hacia los “negros”. Las movilizaciones populares fueron masivas, pero sin el entusiasmo de las correspondientes al 2001. Les falta a los sectores populares sentirse y ser partícipes de un proyecto nacional que los tenga como protagonistas.

-¿Cree Usted que se ha conformado algo así como un movimiento de derecha con cierta base anclada a las clases medias y medias altas?

-Es así, sin duda alguna.


-¿Qué opina del tratamiento del conflicto campo-gobierno por parte de los medios de comunicación?

-Los grandes medios de comunicación, diarios, TV, radio, están todos en manos de la nueva derecha. Se han volcado sin matices a favor de las corporaciones agrarias y no pierden oportunidad de golpear al gobierno de todas maneras.

-¿Cómo analiza la relación actual entre Gobierno o Estado Nacional y la Institución Iglesia Católica?

-Finalmente ha llegado un gobierno que no se ajusta a todos los mandatos de la Iglesia Católica, sino que le pone ciertos límites. Ello ha sido la causa de una cierta conflictividad cuyo final todavía no se visualiza.

-En su opinión, ¿hay una vuelta a doctrinas anteriores a la generada a través del Concilio Vaticano II

-Con el largo, muy largo pontificado de Juan Pablo II, se puso en marcha el proyecto de cerrar definitivamente el Concilio Vaticano II y volver a las concepciones más retrógradas. El ideólogo de este proyecto no es otro que Ratzinger, de las denominada “Congregación para la Doctrina de la Fe” y que ahora, como Benedicto XVI, lleva a su culminación dicho proyecto.

-¿Cuál es su conclusión con respecto al panorama social y político de aquí en adelante?

-El panorama actual se nos presenta con una derecha engreída, agresiva, golpista que no mira en medios para debilitar al gobierno y someter al Estado; un gobierno debilitado, fuertemente golpeado, con el enemigo adentro, y un movimiento popular increíblemente fragmentado. Ello no significa que el movimiento popular no pueda recuperarse. Hay mucha creatividad, faltan las articulaciones.

Rubén Dri es Filósofo, Teólogo y Docente de Filosofía y Ciencias de la Educación de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de Buenos Aires (UBA). Es autor, entre otros libros, de Proceso a la Iglesia Argentina: las relaciones de la jerarquía eclesiástica y los gobiernos de Alfonsín y Menem

El Damero/ Modelos socioculturales del poder V/ El cine en el corazón de las tinieblas - Enrique Carpintero

Modelos socioculturales del poder V
Por Enrique Carpintero

(para La Tecl@ Eñe)

En la quinta entrega de su columna Modelos socioculturales del poder, Enrique Carpintero analiza la relación entre cine -en particular el cine de Leni Riefenstahl - y el nazismo. Estas dos películas son : “El triunfo de la voluntad”, realizada por encargo de Hitler, y “Olympia”, sobre los Juegos Olímpicos de Berlín en 1931, estrenada para el cumpleaños de Hitler. La estética de ambas películas, puesta al servicio de estimular el odio y la superioridad de la raza aria, plantean algunas cuestiones acerca de lo bello y lo siniestro en una obra artística.


Leni Riefenstahl

El cine en el corazón de las tinieblas
Por Enrique Carpintero*

(para La Tecl@ Eñe)

Kurtz significa corto en alemán, ¿verdad? Pues el
nombre era tan cierto como todo lo restante en su
vida, y en su muerte. Parecía medir como siete pies.
Su cuerpo emergía del cobertor caído, como de una
mortaja. Pude ver como se movía su tórax, como se
agitaban los huesos del brazo. Era lastimoso y
aterrador; como si la figura animada de la muerte,
cincelada en marfil viejo, sacudiera la mano
amenazante hacia una congregación inmóvil de
hombres oscuros y relucientes como el bronce.

El corazón de las tinieblas, de Joseph Conrad

Leni Riefenstahl nace en 1902 en Alemania. Fue actriz, bailarina, cineasta y, luego de finalizar la segunda guerra mundial, fotógrafa. Pero su fama y notoriedad esta dada por dirigir dos películas: “El triunfo de la voluntad” realizada por encargo de Hitler y “Olympia” sobre los Juegos Olímpicos de Berlín en 1931, estrenada para el cumpleaños de Hitler. La estética de ambas películas, puesta al servicio de estimular el odio y la superioridad de la raza aria, plantean algunas cuestiones acerca de lo bello y lo siniestro en una obra artística. De un arte “puro” que este por fuera de un determinado momento social histórico.




Freud dice en “El creador literario y el fantaseo” que en todo ser humano se esconde un poeta. En este sentido el origen del quehacer artístico lo debemos encontrar en el juego del niño donde lo opuesto al juego no es la seriedad sino la realidad. Por ello tanto el niño como el creador literario tienen varias características en común: 1°) Crean un mundo imaginario. 2°) Lo toman seriamente. 3°) Le dan un afecto profundo. 4°) La actividad se plantea con elementos de la realidad concreta. 5°) Lo mantienen separado de esa realidad. Es interesante destacar que en alemán como en otros idiomas -menos en castellano- la palabra juego (Spiel) se aplica a otras actividades artísticas, por ejemplo para designar a un actor (Schauspieler), algunos géneros como la comedia (Lutspiel), la tragedia (Trauerspiel). Es que el adulto al no poder seguir jugando como un niño abandona esta ganancia de placer para obtenerla en los objetos imaginarios. Cambia el jugar por el fantasear. Las fantasías como los sueños ponen en juego nuestros deseos. Si en los sueños estos se manifiestan en forma distorsionada, en la vigilia aparecen en nuestra fantasía para revelarnos nuestros más íntimos secretos que guardamos celosamente. De esta manera deformamos la realidad para evitar, aunque más no sea transitoriamente, el displacer que nos produce. En esta representación cambiamos los actores a nuestro gusto donde la potencia seductora reside en evitar las contradicciones y la temporalidad. En el mismo texto también diferencia un artista mediocre de un genio. Diciendo que este último tiene el secreto de que en vez de escandalizar o aburrir con sus fantasías genera placer. Para ello atempera sus fantasías egoístas con encubrimientos hábiles, para atrapar al que mira la obra de arte mediante la ganancia de placer que produce la belleza. Es así como permite una descarga de tensiones que es más intensa cuanto más conmovedor es el placer estético que produce la obra de arte. Esto no ocurre en la obra que vamos a analizar.






Afiche de la película "El triunfo de la Voluntad"



“El triunfo de la voluntad” tiene un título de evocaciones nietzscheanas. Este es un documental que dura 127 minutos sobre la reunión del partido nazi en la ciudad de Núremberg en 1934. El guión estuvo especialmente preparado por Hitler, tal como aparece en los títulos de la película y tuvo el asesoramiento de Goebbels. Leni Riefenstahl hace una realización utilizando impresionantes medios técnicos que el partido nazi puso a su alcance. Sus imágenes reflejan el cine del expresionismo alemán y el montaje del gran realizador ruso Sergei Eiseinstein. El objetivo de este documental es acompañar las manifestaciones de masas organizadas por el partido nazi. Su magnificencia estética corresponde a la magnificencia de los actos nazis. De esta forma lo que se destaca es el predominio de la imagen sobre el discurso racional. Una imagen que embellece las grandes representaciones escénicas de masas preparadas para estimular el odio. De esta manera seguía las indicaciones de Hitler en el Mein Kampf: “En su gran mayoría el pueblo se encuentra en una disposición de ánimo y un espíritu a tal punto femeninos, que sus opiniones y sus actos son determinados mucho más por la impresión producida en sus sentidos que por la pura reflexión”. Es decir, lo importante en los discursos de los actos nazis era manipular a la gente y evitar toda manifestación de alguna idea concreta. Todas las actitudes, gestos y palabras que muestra la película están al servicio de manipular al espectador presentando como héroe al pueblo alemán conducido por el Führer. La película comienza con Hitler descendiendo de los cielos desde un avión y luego, en una larga escena, aclamado por el pueblo que lo saluda como un dios. Continua mostrando los grandes desfiles de noche iluminados con antorchas; las escenas bucólicas a la mañana donde las banderas nazis flamean en los balcones de las casas; los jóvenes soldados divirtiéndose en los campamentos; los campesinos felices levantando sus cosechas. Todos sonrientes, jóvenes y rubios. Detrás, la figura siempre presente de Hitler y el orden militar. La escena más impactante es una reunión con 100.000 trabajadores organizados militarmente bajo la atenta mirada de Hitler y respondiendo a la voz del amo. Toda la sociedad debe estar militarizada. Toda la sociedad debe responder al partido nazi. Esta imposición del poder es a través del cuerpo. Todos deben entregar su cuerpo al líder que es dueño de la vida y de la muerte. Todos, inclusive Leni Riefensthal y su estética.




En una obra artística vamos a encontrar la sublimación de las pulsiones sexuales, el desplazamiento de la agresión y fantasías de muerte como condición de lo siniestro que aparece en todo proceso creativo.
Ahora bien, ¿Qué es lo siniestro? Freud afirma que es aquello espantoso que afecta a las cosas familiares y conocidas desde tiempo atrás. ¿Qué constituye lo familiar en la vida psíquica? ¿Por qué este sentimiento está ligado fundamentalmente a la muerte, cuyas manifestaciones pueden hallarse en los ataques epilépticos y en la locura?
Para aproximarnos a contestar estos interrogantes debo recordar uno de los conceptos elaborados por Freud en “Más allá del principio de placer”. Allí asegura que la materia viva proviene de un estado inorgánico y que tiende a volver al mismo estado; en otras palabras, que la vida esta ubicada entre dos muertes.
Si bien la muerte no está representada en el inconsciente, esta primera muerte deja su sello, su marca en el organismo, en tanto éste por su propia condición es finito. Tal finitud es vivenciada en los primeros momentos de la vida por el niño, pues sin un otro significativo que lo ayude a vivir quedaría atrapado en la debilidad, en la impotencia, en la muerte.
Veamos brevemente este proceso. El feto vive en el cuerpo de la madre en un estado de indiferenciación total; es una parte no separada del cuerpo de la madre de la cual, a partir de la formación de su sistema nervioso, se le presentan sensaciones de tipo fusional. Luego del nacimiento, la inmadurez biológica hace que su cuerpo lo sienta fragmentado, lo viva como un cuerpo vacío, por lo que necesita establecer con un otro significativo esa globalidad fusional perdida. De esta manera, la relación de la madre con su propio cuerpo en el estado de embarazo es importante, pues a partir de ese momento ella imagina un cuerpo del hijo diferente a lo que es el feto en el plano real. Este cuerpo imaginado por la madre va a ofrecer a su deseo un objeto y permitir un soporte a sus fantasías de muerte y destrucción. Esto permitirá que, una vez nacido el hijo, el dialogo tónico-emocional sea sostenido desde ese cuerpo imaginado, que le va a posibilitar al niño un punto de referencia en el que constituye –lo que denomino- su propio espacio-soporte de las pulsiones de muerte. Esta primera experiencia queda como una imago de un cuerpo vacío, irrepresentable y, por lo tanto, del cual es imposible dar cuenta. Y es sobre este estado fusional propio del narcisismo primario que opera la represión, ya que de esta manera nos hace ver como extraña -debería decir siniestra- la presencia de un cadáver, algo que fue familiar; es decir, nuestra “primera muerte”. Si lo siniestro aparece en la locura y en las manifestaciones epilépticas es por que ésta nos remite a este período en que nuestro cuerpo se movía descontroladamente y en que lo vivíamos como un cuerpo vacío y un “cuerpo fragmentado”. Para salir de ese estado fusional debe esperarse el proceso de maduración psíquica y biológica facilitado por el lugar que el niño ocupa en la relación intersubjetiva con sus padres y con su ambiente familiar y social, conjuntamente con las sucesivas identificaciones primarias y secundarias que permitirán la constitución de su yo real definitivo.
Es a partir de este proceso que el niño podrá pasar del estado fusional al de poder discriminar y discriminarse como sujeto, cuya forma particular estará dada por la castración edípica. De esta manera dice Freud que lo siniestro aparece cuando se desvanece el límite entre fantasía y realidad, cuando lo que habíamos tenido por fantástico aparece en nosotros como real, cuando el símbolo asume el lugar y la importancia de lo simbolizado. Es decir cuando se dan todos aquellos factores que nos remiten a ese estado fusional propio del narcisismo primario y que la represión transformó en extraño. Para ello debemos confundir lo imaginario con lo real, el símbolo con lo simbolizado, tal como se dan en el animismo, la magia, los encantamientos, la omnipotencia del pensamiento, las actitudes frente a la muerte, las repeticiones no intencionales y el complejo de castración. Todos estos factores permiten reanimar “complejos infantiles reprimidos” que llevan a vivenciar el sentimiento de lo siniestro.
En este sentido debemos decir que una obra artística es condición de lo siniestro. En ella se subliman fantasías eróticas, se despliegan fantasías de muerte y permiten desplazar la agresión del sujeto. Pero también lo siniestro es límite para la aparición de lo maravilloso de un objeto estético. En tanto si aparece rompe la condición de lo bello para encontrarnos nuevamente con el horror de lo siniestro.



En un reportaje realizado a Leni Riefenstahl explícita algunas cuestiones que es necesario subrayar. En ningún momento realiza una crítica de lo que ha realizado. Por lo contrario, niega que sea un film de propaganda al reivindicar su calidad estética desde una separación entre forma y contenido: “yo no era comunista, no era nazi...era una artista. No era nada, no tenía partido”. Pero no puede dejar de hablar sobre la fascinación que le producía Hitler: “Si Hitler hubiera sido un poco sexi, naturalmente habríamos sido amantes. Si hubiera sido un poco sexi, Eva Braum no habría existido”. En relación a la película, la detesta “porque alteró mi vida” no por difundir la ideología nazi. Luego justifica esta alteración a que “Nadie fue sincero después de la guerra. Era como si nunca hubieran estado a favor de Hitler. Pero yo fui sincera, y lo pagué con los cincuenta años que pasé sin trabajar. Porque si hubiera dicho que Hitler no me produjo ninguna impresión podría haber trabajado, podría haber hecho cualquier cosa. Pero tendría que haber mentido. Fui sincera y lo pagué con mi vida de artista”. Es cierto, pero su sinceridad no la lleva a hacerse responsable de sus actos en ese período de la historia. Por el contrario, los justifica diciendo que inclusive llegó a ¡¡salvar la vida de un hombre!! Su explicación es que en los primeros tiempos, Hitler “nunca hablaba en sus discursos sobre el pueblo judío. Porque sabes que hay gente, mucha, mucha gente, que no es antisemita ¿ja? Pero ocurrió, y somos culpables porque sabíamos que después del ’35 estaba prohibido comprar cosas en las tiendas judías. Es increíble”. Realmente ¡¡es increíble!! Y, mucho más cuando en 1938 viaja a EEUU para volver en el momento que se produce la Kristallnach, la terrible noche de violencia y crímenes en los barrios judíos de Berlín. Evidentemente nunca se enteró. En el final del reportaje dice “siento vergüenza, siento más que vergüenza por no haberme dado cuenta, cuando empezó la época de Hitler, del rumbo que tomaban las cosas. Por no haberme dado cuenta de que no podía comprar en tiendas judías. Nunca me di cuenta de que se llevaban gente y de que abusaban de los judíos. Nunca tuve esa experiencia. Nunca vi nada, y mucho menos nada que tuviera que ver con un campo de concentración. Nadie me cree, pero me avergüenza no haberme dado cuenta en ese momento. Es incomprensible que no me diera cuenta”. Realmente no se comprende que siendo amiga de Hitler, de Goebbels que pretendió ser su amante, de Rudolph Hess quién la ayudaba en los recursos para sus filmaciones y de los más destacados dirigentes nazis nunca hablara sobre sus ideas, nunca escuchara ningún comentario. Pero esta declaración resulta conocida en la Argentina luego del genocidio realizado por la última dictadura militar: “no sabía”, “nunca vi nada”, “pensaba que eran delincuentes”, etc.
Leni Riefenstahl murió en el 2001 a los 101 años. Murió como había vivido: sin arrepentirse de nada, enamorada de sí misma y vestida con el ropaje de la mentira.




Lo que venimos planteando nos lleva a algunas preguntas. ¿Puede haber un arte que no represente las tensiones e imaginarios de un colectivo social? ¿Es posible un arte angelical que esté por fuera de un determinado momento social e histórico? ¿Cuál es la representación del arte cuando un colectivo social se encuentra atrapado en la locura de las pasiones tristes?
Para contestarlas desde otro lugar epistemológico podemos decir que, en toda obra artística se manifiesta la pasión de la mirada del autor donde lo bello –como dice Toni Negri- es “excedencia de ser...lo bello es el ser que me constituye”. En lo bello, en lo maravilloso encontramos la potencia de ser. Pero entendiendo el ser en términos de Spinoza que es, antes que nada un verbo, una expresión de actividad o de potencia. Actividad y potencia de existir, de afectar y ser afectado por los cuerpos en un colectivo social que Spinoza denomina “multitudo”. En este sentido el ser no debe pensarse como una cosa, como una realidad estática o pasiva, sino como energía infinita que se expresa en infinitos modos de ser. Estos infinitos modos de ser aparecen en la obra artística donde vamos a encontrar el triunfo de las pasiones alegres (el amor, la solidaridad, lo maravilloso, etc.) que desarrollan nuestra potencia de ser enfrentando a las pasiones tristes (el odio, la envidia, lo siniestro, etc.) que la limitan. Ambas pasiones se encuentran en el sujeto, por ello las pasiones tristes son condición y limite de la obra de arte. Son condición y limite de nuestra potencia de ser. Son condición y limite de la aparición de lo maravilloso. Pero esto no es producto de una característica angelical, innata de un sujeto creativo. Sino la peculiar posibilidad de expresar su deseo en el interior de un colectivo social. Es que si la subjetividad se construye en la intersubjetividad, una obra artística como expresión particular de la subjetividad de aquel que la produce no puede estar por fuera de las tensiones e imaginarios del colectivo social. No me estoy refiriendo al compromiso del artista con una perspectiva política o ideológica. Por el contrario, me refiero a que el arte solo es posible en la libertad que expresa el deseo. Pero este deseo no esta por fuera de las características en que ese sujeto se inserta en el colectivo social; es decir, el arte como toda producción humana nunca es inocente. Por ello Spinoza decía que nuestra potencia de ser solo era posible en un “multitudo” unido por las pasiones alegres. En este sentido como afirma Toni Negri “El arte es uno de estos valores, el más construido, el más universal, y al mismo tiempo el más singular, que puede ser disfrutado por todos, multitudo en acto. El arte no es el producto del ángel sino la afirmación –cada vez el nuevo descubrimiento- de que todos los seres humanos son ángeles”.




Freud estableció que la relación de la masa con el líder es producto de una identificación de cada uno de los participantes con el jefe que reproduce la relación infantil con el padre. El líder representa el yo-ideal con el cual el sujeto de la masa se identifica. La sumatoria de esos yo-ideal daría una identificación colectiva que unificaría a la masa con el líder. De esta manera se producirían los efectos que Freud describe en el enamoramiento y la hipnosis. Hitler se propone como el protopadre. El padre originario. El padre de todos los padres. El amo absoluto. En una escena uno de sus seguidores dice que “Hitler es el partido, es Alemania y el partido y Alemania es Hitler”. Por ello promete que se mantendrá en el poder para “jamás abandonarlo” y “el partido será la eterna elite política de Alemania”. Él es el dueño y amo absoluto de todos. Si el poder entra por el cuerpo, Hitler se lo apropia y exige que se le entregue no solo la vida sino la muerte. Cuando habla en sus discursos dice “mis trabajadores”, “mis SA”, “Mis soldados”. Él es el dueño y todos festejan ser sus esclavos. Es así como les promete “un imperio por mil años” pero también “llevarlos, si es necesario a la destrucción”.
Freud decía que “a los niñitos no les gusta oír que se les mencione la inclinación innata del ser humano al ‘mal’, a la agresión, la destrucción y, con ellas también a la crueldad”, Y enfatiza “la inclinación agresiva es una disposición autónoma, originaria, del ser humano”. En este sentido Hitler se apropia de los más pulsional de cada uno de los integrantes de la masa al servicio de la dominación, el sometimiento y la destrucción. Para ello ofrecía la fantasía omnipotente de conquistar el mundo que se manifestaba en la impunidad de asesinar, robar, mentir y creerse la raza superior. La película esta al servicio de esta propuesta. De esta manera la estética de sus imágenes es una representación de lo siniestro de las pasiones tristes.

Afiche de Olympia

En el cine de Leni Riefenstahl encontramos el paradigma de la locura presentificado en una obra. Locura que expresa a un colectivo social unido en las pasiones tristes que limitan nuestra potencia de ser. Locura de un colectivo social donde el partido nazi realizó una representación escénica en la que fantasía y realidad se confundían. Locura de la creación de una máquina de exterminio como nunca antes se había realizado en la historia de la humanidad. De esta manera es imposible encontrar belleza en una obra cuya estética esta al servicio de las pasiones tristes que limitan nuestra potencia de ser. Por el contrario la presencia de horror, de lo siniestro lo impide.
En la estética del arte producido por el nazismo todas las actividades debían estar al servicio del odio: llevar adelante la guerra para conquistar el mundo y planificar el exterminio de millones de personas en los campos de concentración. Las pasiones tristes eran alentadas para encontrar en el odio contra un enemigo común la unidad del pueblo alemán cuyo origen era descubierto en los mitos y el arte clásico germánico. Para ello los judíos debían ser exterminados. Pero también los comunistas, los gitanos, los homosexuales, los débiles mentales y todos aquellos que afectaran la pureza de la raza. La obra más patética de Riefenstahl fue Tierra baja un drama rural para cuyo rodaje utilizó a un grupo de gitanos presos, que luego fueron devuelto al campo de concentración y cuyo sobrevivientes la denunciaron.
En la actualidad la mirada de estas películas no despiertan el odio sino nos presentifica el horror de los campos de exterminio.
Esta máquina de exterminio aparece claramente reflejada en otra película llamada “Soha” de Claude Lanzmann. Esta se basa en entrevistas a los sobrevivientes de campos de concentración y a algunos nazis. Uno de ellos dice: “Auschwitz era una fábrica”. El entrevistador pregunta: “¿Y Treblinca? -Le voy a dar mi definición. Recuerde esto. Treblinca era una primitiva pero eficiente cadena de muerte ¿Comprende? Si, primitiva pero funcionaba bien esa producción en cadena de la muerte”-.
Al mirar en la actualidad las películas de Leni Riefenstahl nos moviliza el horror del mal. Este horror lo describe magistralmente Jorge Semprún en su libro “La escritura o la vida” donde narra su experiencia como sobreviviente del campo de concentración de Buchenwald. En un fragmento plantea: “el Mal no es inhumano. Por supuesto...O entonces es lo inhumano en el hombre...la inhumanidad del hombre, en tanto posibilidad vital, proyecto personal...en tanto libertad...Resulta por eso irrisorio oponerse al Mal, tomar distancias al respecto, a través de una mera referencia a lo humano, a la especie humana...el Mal es uno de los proyectos posibles de la libertad constitutiva de la humanidad del hombre...De la libertad en la que arraigan a la vez la humanidad y la inhumanidad del ser humano...De ahí la necesidad de una ética que trascienda ese fondo originario donde arraiga tanto la libertad del Bien como del Mal...Una ética de la Ley y de su trascendencia, de las condiciones de su dominación, por lo tanto de la violencia que le resulta precisamente necesaria...”. Pero esta ética solo es posible en una sociedad basada en una democracia de la alegría de lo necesario. Una democracia sostenida en la libertad y la distribución equitativa de los bienes materiales y no materiales. Caso contrario van a aparecer fenómenos en la historia de la humanidad cuyo paradigma fue el nazismo.

*Psicoanalista, director de la revista y la editorial Topía
enrique.carpintero@topia.com.ar



Bibliografía

Carpintero, Enrique, Registros de lo negativo. El cuerpo como lugar del inconsciente,
El paciente límite y los nuevos dispositivos psicoanalíticos.
Topía editorial, Buenos Aires, 1999.
La alegría de lo necesario. Las pasiones y el poder en Spinoza y Freud,
Topía editorial, Buenos Aires, 2007, segunda edición
corregida y aumentada.
“La pasión de la mirada en una obra artística”. Heterogénesis, revista
de Artes Visuales, Año IX, N°31, Abril de 2000, Lund-Suecia.

Freud, Sigmund El creador literario y el fantaseo. Amorrortu ediciones, Tomo IX,
Buenos Aires, 1976
Más allá del principio de placer. Tomo XVII
El malestar en la cultura. Tomo XXI
Lo siniestro. Editorial Homo Sapiens, Buenos Aires, 1982
Jenkis, David “Un encuentro con Leni Riefenstahl. La oveja negra”. Revista
Página/30, año 10, N°125, diciembre de 2000, Buenos Aires.
Negri, Antonio Arte y multitudo. Ocho cartas. Editorial Mínima Trotta,
Madrid, 2000.
Pichón Riviére, Enrique El proceso creador. Del psicoanálisis a la psicología social III.
Editorial Nueva Visión, Buenos Aires, 1978.
Reich, Wilhelm Psicología de masas del fascismo. Editorial Latina,
Buenos Aires, 1972.
Semprún, Jorge La escritura o la vida. Esditorial Tusquet, Barcelona, 1995.
Spinoza, Baruch Etica. Editorial Aguilar, Buenos Aires, 1982.
Trias, Eugenio Lo bello y lo siniestro. Editorial Seix Barral, Barcelona, 1984.

Ensayo/ Masa y Poder; Mecanismos Victimales Parte I - Por Adolfo Vásquez Rocca

Masa y Poder
MASA[1] Y PODER; MECANISMOS VICTIMALES Parte I


En este número de La Tecl@ Eñe se entrega la primera parte del ensayo Masa y Poder; Mecanismos Victimales, escrito por el Dr. Adolfo Vásquez Rocca. En el texto el autor afirma, entre otros conceptos, que la masa, como una prolongación ontológica del individuo, manifiesta algunas de las propiedades de éste: se angustia, se excita, se protege, se enriquece, se desarrolla y fenece.
Así, la masa ama la densidad y siempre se mueve hacia algo: las masas arrastran cuerpos, contagian y provocan excitaciones cinéticas colectivas logrando que, de pronto, todo esté repleto







Por Adolfo Vásquez Rocca [2]

Masa y poder

La masa, como una prolongación ontológica del individuo, manifiesta algunas de las propiedades de éste: se angustia, se excita, se protege, se enriquece, se desarrolla y fenece.

Así, entre los atributos principales que pueden reconocerse en la masa están la compulsión a crecer en número y en concentración; la masa ama la densidad y siempre se mueve hacia algo; las masas arrastran cuerpos, contagian y provocan excitaciones cinéticas colectivas, logran que, de pronto, todo esté repleto.

En El desprecio de las masas; Ensayo sobre las luchas culturales en la sociedad moderna, constata la disolución del sueño del colectivo autotransparente y la persistencia de un estado de pseudoemancipación desde el cual la masa descarga su energía y elimina distancias burguesas, se congrega ante sí y para sí, aunque ya no se expresa en una asamblea física sino a través de medios masivos de comunicación.

1.- La entrada en escena de las masas.


Las masas han irrumpido en la escena de nuestro tiempo, configurándola, deviniendo sujeto y dotándose de una voluntad y una historia. Como lo había prefigurado Hegel se trata del desarrollo de la masa como sujeto. En este fenómeno se presagia la aparición de un poderoso y sospechoso actor sobre el escenario político. Cuando la masa se dota de voluntad cabe atisbar el fin de la época de la altivez idealista. Tan pronto como la masa se considera capaz de acceder al estatuto de una subjetividad o de una soberanía propia, los privilegios metafísicos desaparecen. La exaltación de lo masivo y ruidoso, lo violento y coactivo, así como la fascinación por la aglomeración y el desfile de tropas resultan irresistibles para las sensibilidades totalitarias siempre ávidas de agitación y despliegue de poderío.

Con el ascenso de las masas a la categoría de sujeto se produce el colapso de la visión romántico-racional del sujeto democrático consciente de sus deseos. La tesis aquí en juego, y de la cual se derivarán serias consecuencias, es que en la constitución originaria del sujeto masificado predominan las motivaciones opacas. Como advierte Sloterdijk, en el seno de la masa los individuos excitados no componen lo que la mitología de la discusión -la sociología convencional- denomina un público; ellos, al contrario, se concentran en un punto donde se forman hombres sin perfiles, los que confluyen a un lugar donde todo por sí mismo se revela como lo más denso [am scwärzesten]. Este ímpetu hacia el tumulto humano revela que en la escena original de la formación del yo colectivo existe un exceso de material humano, una sobre-densidad.

Estas observaciones son fundamentales para la comprensión de la naturaleza insuperablemente inerte e impenetrable de la formación de la subjetividad.

En la era del individualismo burgués, definido por la creación de distancias entre los sujetos, donde el propio sistema aisla a los individuos entre sí, y los dirige a cada uno de ellos hacia el esfuerzo solitario de tener que llegar a ser ellos mismos, “nadie puede aproximarse, nadie alcanza las alturas del otro”[3]. En el tumulto, en cambio, se derriban todas las distancias. Allí donde la turba humana se hace más densa, empieza a tener efecto una prodigiosa marea desinhibida. La masa tumultuosa vive de esta voluntad de descarga.

Sólo todos juntos pueden liberarse de sus cargas de distancia. Eso es exactamente lo que ocurre en la masa. En la descarga se elimina toda separación y todos se sienten iguales. En esta densidad, donde apenas cabe observar espacios, entre ellos, cada cuerpo está tan cerca del otro como de sí mismo. Es así como se consigue un inmenso alivio. La inmersión del yo en el colectivo que lo contiene y supera.

A diferencia de los individuos aislados y aunque esté constituida por ellos, la masa opera como una entidad autónoma y obedece a un determinismo disímil. La agresión exterior a la masa, por ejemplo, sólo podría fortalecerla, mientras que un ataque interno podría implicar un peligro extremo. La masa ama la densidad y siempre se mueve hacia algo. Existirá mientras tenga una meta no alcanzada.

La compulsión a crecer es la primera y suprema característica de la masa. Incorpora a todos los que se pongan a su alcance. La masa natural es la masa abierta, sin límites prefijados. Con la misma rapidez que surge, la masa se desintegra. Siempre permanece vivo en ella el presentimiento de la desintegración, de la amenaza y de la que intenta evadirse mediante un crecimiento acelerado. La masa cerrada renuncia al crecimiento y se concentra en su permanencia, se establece y crea su lugar para limitarse, crea su propio espacio protegido y vigilado de las influencias externas.

Nada teme el hombre más que ser tocado por lo desconocido. En todas partes el hombre elude el contacto con lo extraño. Aún cuando se mezcla con gente en la calle, evita cualquier contacto físico. La rapidez con que nos disculpamos cuando se produce un contacto físico involuntario, pone en evidencia esta aversión al contacto.

Solamente inmerso en la masa, puede liberarse el hombre de este temor a ser tocado. Es la única situación en la que ese temor se convierte en su contrario. Para ello es necesaria la masa densa, en la que cada cuerpo se estrecha con el otro; densa, también, en su constitución cívica, pues dentro de ella no se presta atención a quién es el que se estrecha contra uno. En cuanto nos abandonamos a la masa, dejamos de temer su contacto. Llegados a esta situación ideal, todos somos iguales.

Muchedumbres ha habido siempre. Ocurre que es ahora -desde comienzos del siglo XX- cuando se han hecho visibles y se han puesto en marcha, ingobernables, arrasando e imponiéndose sobre los individuos –sobre los personajes principales y dotados de excelencia o nobleza. El decir de la gente -que compone un coro nutrido de voces que opinan más o menos lo mismo y se estructura en forma de ”usos establecidos” o lugares comunes asume el carácter de ley; de modo tal que de pronto nos hallamos ante suntuosas “vigencias”, usos sociales que no precisan para su extensión de comprensión sino, tan sólo y primariamente, de presión. Se ponen de manifiesto porque sencillamente se imponen. La sociedad, la gente, no tiene ideas propias. La colectividad no piensa, y, estrictamente hablando, tampoco tiene opiniones, sino que las contiene y en ellas está instalada[4] -aun cuando no repare en ello. Las 'opiniones' pues se imponen tanto por el arrastre propio de lo vulgar y simple, como por el poder comunicativo que las “ideas” de esta índole suelen comportanr en la coacción de unos grupos de individuos concretos sobre otros. Luego, por la fuerza de la costumbre se generalizan hasta que entran en desuso, por cansancio o por su desvelamiento.

Aun cuando, "la" opinión pública sea en realidad una ficción, ella intenta, como se ha mostrado, imponerse y dominar el gusto bajo la coerción del autovalidado sentido-común; será desde el lugar común, desde donde las masas -la opinión pública- intentará tomar por asalto la razón y convencer que la 'obligación' democrática de los gobernantes es escuchar y seguir la voz de la calle, cuestión que se valida desde la convicción cívica de que todo poder y todas las formas legitimas de expresión proceden de las mayorías.






2.- Multitudes y públicos; mecanismos victimales.

El concepto de “opinión pública” nos remite a una distinción fundamental, aquella existente entre multitudes y públicos. Una vez que la psicología de las masas[5] ha quedado establecida debe elaborarse una psicología de los públicos, concebido este último como una colectividad puramente espiritual, como una diseminación de individuos físicamente separados cuya cohesión es completamente mental”[6]. El público, en este sentido era desconocido en la Antigüedad y en la Edad Media, y la precondición para su surgimiento fue la invención de la imprenta en el siglo XV. Este público de lectores, sin embargo, era limitado y sólo comenzó un proceso de generalización y fragmentación en el siglo XVIII, proceso que se profundizaría y consolidaría con el advenimiento del periodismo político durante la Revolución Francesa. No obstante , en ese momento, el público revolucionario era principalmente parisino ; fue necesario esperar hasta el siglo XX, al desarrollo de medios veloces de transporte y comunicación, para ver el surgimiento de verdaderos públicos nacionales e, incluso, internacionales.

Ahora bien, mientras que lo que demandan las multitudes furiosas era una o más cabezas, la actividad del público, sin embargo, es menos simplista, ya que “se orienta tan fácilmente hacia un ideal de reformas o utopías como hacia ideas de ostracismo, persecución y expoliación”[7]. Pero incluso en el caso de los públicos, el odio juega un rol central: “Descubrir o inventar un nuevo y gran objeto de odio para el público, aún constituye el medio más seguro de convertirse en uno de los reyes del periodismo”.[8] Sin embargo, la conclusión de Tarde no es totalmente pesimista. Las ventajas de los públicos deben hallarse no sólo en el reemplazo de la costumbre por la moda, de la tradición por la innovación; “también reemplazan la clara y persistente división entre las muchas variedades de asociación humana, con sus conflictos interminables, por una segmentación incompleta y variable cuyos límites se desdibujan, en un proceso de perpetua renovación y penetración mutua”.[9]

La presencia de las masas, de las multitudes –según la distinción establecida–, de gentes saliendo a la calle a manifestarse movidos por una suerte de pulsión autoafirmadora (que supone a la vez una fuerza negadora de la individualidad), pero también por una descarga de tensión, por una pasión o un instinto de supervivencia, como cuando el apremio y el miedo les paraliza y necesitan sacudírselos, allí buscan la calle y el amparo de la gente, el contacto con los otros, como ocurre, por ejemplo, al producirse una catástrofe, un terremoto o un incendio. Elías Canetti, junto con Ortega[10] –y en la actualidad Peter Sloterdijk– son quienes mejor han comprendido la fenomenología de la masa, denominando justamente “descarga” a su más característico movimiento interior.

El fenómeno más importante que se produce en el interior de la masa es la descarga. Es el instante en que todos los que forman parte de ella, se deshacen de sus diferencias y se sienten iguales. Las jerarquías que dividen, las individuaciones que diferencian, las distancias que separan; todo esto queda abolido en la masa. Únicamente en forma conjunta pueden liberarse los hombres del lastre de sus distancias. En la descarga se despojan de las separaciones y todos se sienten iguales.

Es en la densidad donde, como se ha señalado, cada cual se encuentra tan próximo al otro como a sí mismo, lo que produce un inmenso alivio. Y es en razón de este instante de felicidad, en el que ninguno es más ni mejor que el otro, como los hombres se convierten en masa.

Las masas cerradas tienden a la estabilidad, mediante la invención de reglas y ceremonias características que capturan a sus integrantes. En la asistencia regular a la Iglesia, en los actos cívicos, en las ceremonias militares, en la repetición precisa y conocida de ciertos ritos, se garantiza a la masa algo así como una experiencia domesticada de sí misma.

Otra hipótesis de interés acerca de los referidos mecanismos ceremoniales es la de Girard en torno a “la existencia de mecanismos victimales y su función en el origen de las religiones, las culturas y la humanidad”. Girard habla de mecanismos para “señalar la naturaleza automática del proceso y de sus resultados, así como la incomprensión e incluso inconsciencia de quienes participan en él”[11] .

Antes de la constitución de la humanidad, había violencia entre los homínidos. Se trataba de una violencia de rapiña, y era especialmente fuerte al interior de las especies más avanzadas, cuyas pautas dominantes eran frágiles y susceptibles de ser quebrantadas, al punto que se hicieron letales. Esta violencia de todos contra todos es un proceso simétrico, recíproco, porque es mimético, de manera que se trata de una violencia que es respondida con otra violencia similar.

Se trata de un proceso de imitación que no se ve frenado por las pautas de la comunidad, sino que se intensifica hasta hacerse una violencia de dos que se imitan el uno al otro, y se extiende por contagio para convertirse en violencia de todos contra todos. No obstante, en este punto no existen sino dos caminos: la disolución total de la comunidad por la violencia, o la transferencia de la violencia de todos contra una víctima.

No hay en el origen de la sociedad una decisión razonable o de un contrato, sino un mecanismo inconsciente, del mismo orden del deseo que toda la mimesis, y que Girard ha llamado “chivo expiatorio”, el cual probablemente ocurre cuando una diferencia, un rasgo de debilidad, distingue a un miembro particular del grupo en el combate por la 'muta' de destrucción. Así, en su perspectiva, la víctima tan sólo cuenta con el indicio de una violencia que no tiene causa, que sólo se origina en la misma violencia.

A partir de cierto grado de frenesí, la polarización mimética se realiza sobre la víctima única. Después que la violencia se ha saciado sobre esa víctima, se interrumpe necesariamente y el silencio sucede al alboroto. Este contraste máximo entre el desencadenamiento y la calma, la agitación y la tranquilidad crea las circunstancias más favorables que pueden darse para que despierte esa nueva atención. Como la víctima es la víctima de todos, en ese instante se fija sobre ella la mirada de todos los miembros de la comunidad. Por encima del objeto puramente instintivo (...) está el cadáver de la víctima colectiva y ese cadáver es lo que constituye el primer objeto para ese nuevo tipo de atención .

De este modo, siempre late la amenaza de un estallido, el que debe entenderse como la repentina transición de una masa cerrada a una abierta. La masa ya no se conforma con condiciones y promesas piadosas, quiere experimentar ella misma el supremo sentido de su potencia y pasión animales, y con este fin utiliza una y otra vez cuanto le brindan los actos y exigencias sociales.

El ataque desde fuera sólo puede fortalecer a la masa. Físicamente separados, sus miembros tienden a reunirse con más fuerza. El ataque desde dentro es, en cambio, peligroso de verdad. Una huelga que haya obtenido determinadas concesiones se desintegrará a ojos vistas. El ataque desde dentro obedece a apetencias individuales. La masa lo siente como un soborno, como algo inmoral, ya que se opone a su clara y transparente condición básica. Todo el que pertenece a una masa lleva en sí a un pequeño traidor deseoso de comer, beber, amar y vivir en paz. La masa está siempre amenazada desde adentro y desde afuera. Una masa que no aumenta está en ayunas.



3.- El detonante iconográfico y operístico de la política de masas.


Una de las primeras cosas que se descubre al moverse por una gran ciudad es el hecho de que la gente parece desplazarse errática, con el sentimiento de ser una isla solitaria, sin conexión con las de su alrededor.

Al respecto Sloterdijk nos refiere en El desprecio de las masas una descripción muy afín a los tiempos actuales cuando destaca que: “Ahora se es masa sin ver a los otros. El resultado de todo ello es que las sociedades actuales o, si se prefiere, postmodernas han dejado de orientarse a sí mismas de manera inmediata por experiencias corporales: sólo se perciben a sí mismas a través de símbolos mediáticos de masas, discursos, modas, programas y personalidades. (...) La masa postmoderna es una masa carente de todo potencial, una suma de micro-anarquismos y soledades que apenas recuerda la época en la que ella – excitada y conducida hacia sí misma a través de sus portavoces y secretarios generales- debía y quería hacer historia en virtud de su condición de colectivo preñado de expresividad.”[12]

La sociedad entonces se fragmenta en pequeñas epidemias cerradas, que ni se mezclan ni se comprenden, lo que aumenta los problemas de violencia, pequeñas sectas de gente idéntica enfrentadas entre sí.

Zizek, en La metástasis del goce, recurre a categorías freudianas para referirse a la circulación simbólica de la violencia, conjeturas en torno a un orden sacrificial donde la inmolación tiene lugar en vistas a un credo fundamental por el que no sólo se esta dispuesto a matar, sino también y de modo principal, a morir, para ello no es necesario recurrir a racionalizaciones espurias para caer en la cuenta que la violencia encuentra su anclaje en referencias simbólicas. El ideario, la cosmovisión que comporta un discurso será siempre secundario frente a la puesta en marcha de los instintos, eventualmente crueles, por el detonante iconográfico y operístico de la política de masas[13].

El esquema que presenta Zizek deja entrever además el rechazo de lo simbólico propio del discurso capitalista, cuyas formas de dominación se cimentan, precisamente, en ese tipo de negaciones. Es a esto lo que Sloterdijk llama la falsa conciencia ilustrada, un claro síntoma del tardo-capitalismo es la negación de la distancia entre la máscara ideológica y la realidad social. La fórmula es simple: “ellos saben muy bien lo que hacen, pero aún así, lo hacen. La razón cínica ya no es ingenua, sino que es una paradoja de una falsa conciencia ilustrada: uno sabe de sobra la falsedad, está muy al tanto de que hay un interés particular oculto tras una universalidad ideológica, pero aún así, no renuncia a ella."[14]







[1] “Sloterdijk y Canetti: el detonante iconográfico y operístico de la política de masas”, en LA LÁMPARA DE DIÓGENES, Revista de filosofía, Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, México, Nº 12 y 13, 2006, pp. 169-182.
[2] Doctor en Filosofía por la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso; Postgrado Universidad Complutense de Madrid, Departamento de Filosofía IV. Profesor de Postgrado del Instituto de Filosofía de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso; Profesor de Antropología y Estética en el Departamento de Artes y Humanidades de la Universidad Andrés Bello UNAB. – En octubre de 2006 y 2007 es invitado por la 'Fundación Hombre y Mundo' y la UNAM a dictar un Ciclo de Conferencias en México. – Miembro del Consejo Editorial Internacional de la 'Fundación Ética Mundial' de México. Director del Consejo Consultivo Internacional de Konvergencias, Revista de Filosofía y Culturas en Diálogo, Argentina. Director de Revista Observaciones Filosóficas. Profesor visitante en la Maestría en Filosofía de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla y Profesor Asociado al Grupo Theoria –Proyecto europeo de Investigaciones de Postgrado– UCM. Ha publicado recientemente el Libro: Peter Sloterdijk; Esferas, helada cósmica y políticas de climatización, Colección Novatores, Nº 28, Editorial de la Institución Alfons el Magnànim (IAM), Valencia, España, 2008.
[3] CANETTI, Elías (1960), Masa y poder, Ed. Alianza, Muchnik, Madrid, 1997, p. 16
[4] ORTEGA Y GASSETT, José, La Rebelión de las masas, Alianza Editorial, Madrid, 1993.
[5] FREUD, S. Psicología de las masas y análisis del yo , 1921.
[6] TARDE, G. “Les foules et les sectes criminelles” [1898], en L'Opinion et la Foule, París, Presses Universitaires, 1989, p. 145 - (trad. esp.: La opinión y la Multitud, Madrid, Editorial Taurus, 1986, p. 31.
[7] TARDE, G. “Les foules et les sectes criminelles” [1898], en L'Opinion et la Foule, París, Presses Universitaires, 1989, p. 145 - (trad. esp.: La opinión y la Multitud, Madrid, Editorial Taurus, 1986, p. 70
[8] Ibid.
[9] Ibid.
[10] ORTEGA Y GASSETT, Jose, La Rebelión de las masas, Alianza Editorial, Madrid, 1993.
[11] GIRARD, René, La violencia y lo Sagrado, Editorial Anagrama, Barcelona, 1995, p. 15 y sgtes.
[12] SLOTERDIJK, Peter, El desprecio de las masas. Ensayos sobre las luchas culturales de la sociedad moderna, Pre-textos, Valencia, 2001, pp. 17-18.
[13] ŽIŽEK, Slavoj, Las metástasis del Goce. Seis ensayos sobre la mujer y la causalidad, ed. Paidos, Buenos Aires, 2003
[14] ŽIŽEK, Slavoj, El sublime objeto de la ideología. Siglo XXI editores, Buenos Aires, 2003, pp 56-57

Zona Crítica/Ganímedes y la sucia sombra de su pureza - Por Marcelo. M. Benítez

GANIMEDES Y LA SUCIA SOMBRA DE SU PUREZA

Por Marcelo Manuel Benítez*
(para La Tecl@ Eñe)


Cuenta la leyenda que en los comienzos de los tiempos del Hombre, en la eterna Grecia, existió un niño extraordinariamente bello. Tanto que el mismo Zeus quiso tenerlo a su lado y le ordenó a su águila que lo secuestrara. Desde entonces, Ganimedes es el símbolo del niño deseado por el adulto y este Zeus hambriento y poderoso es la personificación misma del pedófilo.
Esta nota no se va a referir a los avances sexuales de adultos con niños menores de 13 años. El contacto lascivo con niños pequeños siempre es una violación porque, si bien el niño siente deseo, aún no alcanzó esa genitalidad a la que el pedófilo lo arrastra.
Entonces, si nos concentramos en las relaciones sexuales entre adolescentes y adultos e independientemente del grado de felonía o perversidad que pongan de manifiesto estos últimos, en la práctica la figura legal de corrupción de menor se aplica más frecuentemente a ciertos personajes más rechazados por la moral social tradicional que por la ley. En la heterosexualidad, las relaciones sexuales entre personas con marcada diferencia de edad no causa tanto escándalo. Recordemos que cuando la hija de 14 años de una reconocida vedette argentina mantuvo una relación romántica con un hombre por entonces de 39 años, todos los medios y hasta la madre de la menor se derretían de ternura. Cada vez es más evidente que los conceptos de abuso y corrupción de menor es un invento de la derecha católica para castigar homosexuales. Esto no exculpa a sujetos como Jorge Corsi o el padre Grassi de haber cometido actos nocivos (en caso de probarse los ilícitos de los que están acusados), pero tal vez lo nocivo en estos hombres no sea tanto las preferencias sexuales sino una perversa actitud de engaños y chantajes para obtener de los lozanos cuerpos juveniles un placer siempre eventual y efímero.
Tratándose de adolescentes, y si no media la violación, al contacto sexual se llega luego de observarse un juego de preguntas y respuestas no verbales, un código de gestos en los que el joven (que luego será considerado “víctima” por la justicia) no es ningún inocente. Y es muy, pero muy, frecuente que antes del acoso más o menos solapado del pedófilo hayan existido signos, guiños y una seducción nada ingenua por parte del muchacho. De ahí la cara de rabia que suele presentar el pedófilo cuando se lo llevan detenido. Y es casi seguro que el joven haya recibido algo a cambio (generalmente dinero). Se trata pues más bien de prostitución que de corrupción.
Las relaciones amorosas entre adultos y muchachos tienen una larga historia que arranca nuevamente en la Antigua Grecia. Los griegos aplaudían las relaciones sexuales entre adultos y jóvenes (antes que a estos les creciera la barba) porque entendían que este vínculo, que incluía además de lo erótico los buenos sentimientos, podía ser aprovechado por el adolescente (llamado erómero) para alcanzar un aprendizaje útil en su vida futura. Sólo era preciso que supiera elegir al amante, este tenía que ser el de mejor reputación, el más recto, el más sabio y el mejor vinculado en la ciudad. La elección del amante y la calidad espiritual del vínculo era importante porque de esto dependía la fama del joven para el resto de su vida. El muchacho, al elegir al amante, ponía siempre en juego su honra. Por eso, el cortejo que llevaba a cabo el hombre adulto (el erasta) ante el joven que deseaba, estaba atravesado por infinidad de reglas, juegos y signos que postergaban la satisfacción de las pasiones pero que expresaban, además del apetito sexual, los sentimientos nobles que la inspiraban. Si la paciencia del erasta demostraba el amor verdadero hacia el muchacho, la resistencia del erómero manifestaba el cuidado de su honor.


Hoy en día también existe un cortejo mediatizado por insinuaciones que envalentonan al adulto y en el que el deseo del adolescente está comprometido. La diferencia gigantesca y que precipita el vínculo entre adultos y jóvenes al agujero de las perversiones es que desde el triunfo del cristianismo, este vínculo erótico está prohibido y fuertemente penado por la ley, y no sólo por la opinión social. Pero la realidad marcha por otro camino.
En “Álbum sistemático de la infancia” (Editorial Anagrama), los autores René Schérer y Guy Hocquenghem hacen una distinción entre “rapto” y “secuestro”. Y escriben: “El niño está hecho para ser raptado, de eso no cebe duda. Su pequeñez, su debilidad, su hermosura invitan a ello”. Y de inmediato agregan: “Nadie lo duda empezando por él mismo”. En ciertos niños, en general aquellos que no toleran la educación familiar, con sus prohibiciones y castigos, y se hallan enfrentados a sus padres, se despierta el deseo de ser raptado por el pedófilo y no es raro que comience un juego seductor para que el adulto lo lleve lejos de su casa. Para lograrlo no escatima recurso, lo seduce, lo enloquece, le jura amor eterno, pero una vez concretado el rapto, lo abandona. En el secuestro, en cambio, no está comprometido el deseo del niño, es un acto de apropiación del cuerpo del niño por parte del pedófilo, quien considera a este cuerpo una mercancía que se puede robar, usar y tirar. En este caso el niño es una cosa.
Entonces, si no se trata de un secuestro, hay en este acercamiento entre el pedófilo y el joven una relación de consentimiento, de propuestas y aceptaciones mutuas, implícitas o explícitas...
Cabe aclarar, sin embargo, que lo que se viene sosteniendo no debe ser interpretado como una defensa de la pedofilia. Las relaciones sexuales entre adultos y menores de 22 años están penadas por la ley y por tanto constituyen un delito, aún contando con el consentimiento del menor. Pero no está de más reiterar, en beneficio de la verdad, que, si no media la violencia, todo joven participa y desea que se concrete el acto sexual.
Pero no deja de ser curiosa la psicología del pedófilo que arriesga tanto en cada contacto con muchachos, cuando podría hacer lo mismo con un joven mayor de edad sin consecuencias legales.
Parece existir una relación inversamente proporcional entre la vida social y el aspecto exterior del pedófilo y sus correrías secretas con menores. En un alto porcentaje de los casos se trata de hombres casados y padres de familia, muchas veces católicos practicantes, sociables, queridos por sus vecinos y por sus compañeros de trabajo. Es decir, es el que “menos parece”. Es como si se requiriera un disimulo mayor al ser mayor el grado de prohibición social de la forma del deseo; y, en la mayoría de los casos, se trata de una sexualidad de orientación masculina ya que el cuerpo del niño y del adolescente aún guarda relación con lo femenino.
Pero en el pedófilo también se insinuarían, quizás ocultos detrás del mismo ardor del deseo, ciertos impulsos autodestructivos ya que el destino final de todo pedófilo es, más tarde o más temprano, la cárcel. Sus racionalizaciones se orientan, no sólo a justificar su inclinación hacia los jóvenes, sino a minimizar los peligros.
Hubo en el pasado organizaciones de pedófilos que encararon una lucha política para que la sociedad aceptara las relaciones sexuales entre niños y adultos argumentando que el niño consentía estos acercamientos íntimos y los disfrutaba. Sin embargo, la realidad parece desoír estas justificaciones porque lo que se constata es que el niño, quién aún no alcanzó la genitalidad adulta, lo único que desea es jugar y todas las prácticas genitales a las que lo arrastra el pedófilo no tiene significación alguna para él.
La vieja leyenda griega no da cuenta de qué respondió Ganimedes respecto a su secuestro. Permaneció eternamente junto a los dioses elogiado, homenajeado, acariciado y besado por su inigualable hermosura, que fue capaz de enamorar al dios de los dioses, pero sin posibilidad de elegir ni de mandar sobre su propio cuerpo. Porque la supremacía de su belleza, en esa práctica siempre fugaz de la sexualidad, fue el camino entre tules y rosas, que lo condenó a la esclavitud.


Psicólogo y escritor*