01 noviembre 2012

Editorial/La Ley de Medios y la batalla por la hegemonía del poder/Por Conrado Yasenza



La Ley de Medios y la batalla por la hegemonía del poder


Por Conrado Yasenza*


1-      Minimización de la Ley de Medios

Suenan corceles y clarines en estos tiempos de batalla cultural. En los meses previos a lo que se ha denominado como el 7D (por el 7 de Diciembre), es decir, el día en que vence el plazo, según el fallo de la Corte Suprema de la Nación, para que las empresas de medios de comunicación audiovisuales presenten ante la Autoridad Federal de Servicios de Comunicación Audiovisual (Afsca) sus propuestas de adecuación a La Ley de Medios, el cuestionamiento acerca de  la importancia de esta fecha y sus implicancias con relación al cumplimiento o no de la Ley por las empresas de medios, en especial por el Grupo Económico-Empresarial Clarín, ha cobrado un vigor no exento de singularidades dentro del campo nacional y popular, y en particular, en algunos medios afines al Gobierno. Se ha minimizado la importancia política que contiene en sí la disputa por el respeto y el cumplimiento de una Ley democrática, que recogió los 21 puntos planteados por la Coalición por una Radiodifusión Democrática, y que luego fuera discutida durante un año en cientos de foros institucionales, comunales, cooperativos, hasta llegar a la sanción de la Ley por ambas Cámaras del Congreso de La Nación, y aprobada finalmente por amplias mayorías.


2-      La Madre de Todas las Batallas

La discusión en torno a la ley de Medios es una batalla política, sin dudas. Y es una batalla política porque es una fuerte compulsa por el poder. La batalla política está presentada de este modo: O el poder está en manos de las corporaciones económico-comunicacionales que sólo buscan la máxima ganancia corporativa e individual, o el poder lo ejerce el Estado y en favor de la ciudadanía, el pueblo, y con el fin de democratizar la comunicación y dinamizar las posibilidades de que entren en escena nuevas voces que pluralicen la circulación de los bienes culturales y sociales. En estos términos está concebida la batalla por la Ley de Medios, que entendida así es la Madre de todas la batallas – frase que acuñó ya hace tiempo atrás el hoy Vicegobernador de la Provincia de Buenos Aires, Gabriel Mariotto. Pensemos en los tres años de demora en la aplicación de La Ley como producto de una cautelar interpuesta inicialmente ante el Juez Carbone – quien le dio curso - por El Grupo Clarín para frenar el artículo 161 de adecuación (o desinversión, o desconcentración, términos que no gustan demasiado en ningún sector político y económico) para dimensionar el poder fáctico de este Grupo Empresario. Hay posiciones que desestiman este argumento contraponiendo la idea de que en realidad la Ley se halla vigente con excepción del Art 161, y sólo para el caso Clarín. Pero, vamos, sabemos que ese es uno de los artículos medulares del conflicto, y por ello mismo la magnitud de la disputa sostenida con beligerancia por el Grupo.
También sabemos ya que el artículo 161 obliga al gigante de posición dominante a desprenderse de gran parte de sus 250 licencias para quedarse con 24, según lo dispone la Ley. 
Desglosemos un poco para aportar claridad sobre las licencias:
Una persona de existencia visible o ideal podrá ser titular o tener participación en sociedades titulares de licencias de servicios de radiodifusión con estos límites:
- Sólo una licencia de servicios de comunicación audiovisual sobre soporte satelital (Por ejemplo, DirecTV). Esto ya excluye a la misma persona de tener cualquier otro tipo de licencia de servicios de comunicación audiovisual.
- A nivel local, podrá tener sólo una AM, dos FM, una señal de cable o un canal de televisión; no pudiendo tener ambos. (No se pueden tener más de tres licencias de todo tipo a nivel local).
 - Quien maneje un canal de televisión abierta no podrá ser dueño de una empresa de distribución de TV por cable en la misma localidad, y viceversa.
A nivel nacional, una persona podrá tener hasta 10 radios o canales de televisión abierta.
- Una misma persona podrá tener hasta 24 señales de cable por suscripción distribuidas en todo el país.
Las licencias se otorgarán por un período de diez (10) años.



3 –  Querellas por el capital simbólico

Si poseer 250 licencias del espectro comunicacional no supone una posición dominante, y si esa posición dominante no se traduce en poder real, fáctico, esencial para la construcción de sentido común y para la disputa por el capital simbólico, no estamos comprendiendo bien aquello de que la querella por el capital simbólico es una lucha por el poder que se da tanto en procesos culturales como económicos, y  simultáneamente. Pierre Bourdieu aporta lucidez sobre estos procesos que se dan en campos donde se establecen relaciones de poder según el capital simbólico acumulado: “Para analizar la dinámica social es necesario comprender el campo (lo social hecho cosa -lo objetivo) como el lugar en el cual se juegan las posiciones relativas que ocupan los distintos grupos o clases y las relaciones que entre los mismos se establecen y, al mismo tiempo, comprender las formas de conformación de la subjetividad, es decir, la constitución del habitus (lo social inscripto en el cuerpo - lo subjetivo) Una primera aproximación a este concepto nos permite definirlo como un conjunto de disposiciones duraderas que determinan nuestra forma de actuar, sentir o pensar”“Hay una amplia diversidad de campos y subcampos que funcionan con una lógica específica pero que a su vez comparten un conjunto de leyes generales, válidas para todos. Cada campo específico se define a partir del capital que en él está en juego. El capital puede definirse como un conjunto de bienes acumulados que se producen, se distribuyen, se consumen, se invierten, se pierden” Podríamos entonces decir que el poder simbólico es un poder de construcción de la realidad que busca instaurar un orden de conocimiento, un orden gnoseológico: el sentido inmediato del mundo, y en particular del mundo social. Los símbolos son el instrumento por antonomasia de la integración social; tomados como elementos de comunicación y conocimiento hacen posible el consenso sobre el mundo social y, a su vez, la reproducción del orden social. Y esto es lo que está en juego, nada más ni nada menos, con la aplicación de la Ley de Medios de Comunicación Audiovisual: La ruptura de ese consenso social que reproduce un orden social establecido e internalizado en el habitus, en la subjetividad, desde hace por lo menos más cincuenta años. Esto supone un nuevo paradigma comunicacional que a su vez enfrentará desafíos en su concreción - y esto es lo que transforma sustancialmente el panorama a futuro ya que abre un nuevo universo de posibilidades, que pueden incluso ser defectuosas en un principio, pero desafiantes y perfectibles- ; pero el elemento disruptivo está planteado y es la Ley de Medios como espinel de la batalla cultural por la construcción de un nuevo sentido simbólico, social y económico que es el complemento de un nuevo paradigma político en donde el Estado tiene un rol activo en la redistribución de los consumos culturales y de lo bienes económicos, definidos a través de políticas activas de inclusión, participación y redistribución. Y es por ello que el 7D no es una cuestión menor sino una importante instancia política de correlaciones de fuerza y poder entre un estado democrático, soberano políticamente y económicamente independiente, y entre un Grupo Económico-Financiero-Comunicacional como lo es el Grupo Clarín, que, y por impericia ética y pereza intelectual – además de una oprobiosa actitud de sumisión- de los sectores políticos enfrentados con el Gobierno,  se ha transformado en el real Partido de la Oposición al Gobierno Nacional. Grupo que hasta ahora cotiza en la bolsa de valores de Nueva York. He ahí el verdadero rostro del Grupo Clarín: Su Poder Económico con el que ha presionado, condicionado y derribado gobiernos elegidos democráticamente. Allí está el discurso del expresidente Raúl Alfonsín en la Sociedad Rural –  hace ya tiempo, socios junto a La Nación y Clarín en Expoagro. Y también la ya tan mentada frase del torvo radical César Jaroslavsky: Clarín ataca como partido político y se defiende con la libertad de expresión.

4-      Los Medios y el contexto Suramericano

La disputa de poder entablada aquí por el Grupo Clarín contra el Gobierno no es una exclusividad de la Argentina. El episodio más reciente es el operativo combinado entre encuestadoras y medios de comunicación que se realizó durante la campaña electoral en Venezuela, y aun hacia el final del escrutinio. Los falsos sondeos daban como resultado un empate técnico, y los medios de comunicación fueron los encargados de tratar de instalar esta idea. De llegar al final del comicio con un empate técnico, éste habilitaría la vía de la impugnación por fraude. Todo estaba preparado: la prensa y televisión local, la CNN, y… Clarín y TN-Canal 13, con su periodista insignia-estrella, Jorge Lanata, quien protagonizaría luego uno de los papelones periodísticos de la jornada al anunciar que según datos de boca de urna – prohibidos en Venezuela – ganaba Hernán Capriles. Anecdótico.
Pero lo importante es cómo todo el dispositivo comunicacional de lo que solemos denominar “la derecha” dispuso todas sus baterías periodísticas, y en una suerte de “Internacional del Periodismo Hegemónico de Derecha”, para tratar de horadar la imagen de Hugo Chávez e instalar a Capriles. Como dije antes: durante la campaña y antes de finalizar los comicios. Y allí también estuvieron, como laderos del Grupo Clarín – que apostó por Capriles como maniobra anterior para lo que consideraban la operación de perforación y desgaste final de la Presidente Cristina Fernández de Kirchner – la “Brigada Internacional del Desánimo” conformada por el Pro y el Peronismo Residual.
Sobran ejemplos de este poder económico-financiero-comunicacional operando políticamente para reinstalar la restauración conservadora en la región: El intento de asimilar durante las elecciones y como acción de desprestigio, a Ollanta Humala con Hugo Chávez. La denostación permanente de los Presidentes Evo Morales y Rafael Correa,  y la participación en los intentos de Golpe de Estado en Bolivia y Ecuador. La acción contundente y efectiva en la preparación, días antes y con la acusación mediática por la masacre de campesinos en la localidad de   Curugua-ty, del Golpe Institucional a Fernando Lugo en Paraguay. Y claro, la participación en el Golpe realizado contra Chávez en 2002, en donde los golpistas tomaron la televisión oficial de Venezuela para que el pueblo no se enterase de lo que estaba aconteciendo (recomendable es ver el documental La Revolución no será televisada, se encuentra en You Tube).
En Argentina la fase es de desgaste cotidiano: Cacerolazos, Harvard, Georgtown, Gendarmes y Prefectos sublevados inicialmente por un reclamo salarial que se transformó en una suerte de rebelión a la que se sumaron policías y hasta Marinos; embargo de la Fragata Libertad en Ghana, embargo ocasionado por una decisión de su capitán de amarrar en puerto ghanés por “razones operativas y técnicas” nunca aclaradas; regreso de los marinos que fue presentado por el Grupo Clarín como una segundo operativo de “desmalvinización”; el bochorno del Consejo de la Magistratura y los jueces jubilados subrogantes, y finalmente, supuestos reclamos salariales en la Marina y el cacerolazo que se está organizando para el 8 de Noviembre próximo. Claro, todos estos episodios descontextualizados, editados maliciosamente, capturados por las islas de montaje y edición, y fogoneados desde el Multimedios y sus satélites. Ejemplos más que evidentes de que la batalla cultural, dentro de la cual se halla contenida y como Batalla Mayor, la Ley de Medios, es una batalla política por la hegemonía del poder.

5-      10 D

Qué ocurrirá el 10 de Diciembre, luego de vencido el plazo para la adecuación, es un inquietante interrogante. Los artilugios, tanto legales como no, a los que puede apelar el Grupo Clarín para no desconcentrar, son múltiples y tratar de enumerarlos supone correr el riesgo de caer en teorías conspirativas o paranoides. La apuesta es fuerte. De ambos lados. Pero el Gobierno sabe que de no ganar esta batalla puede perder todo su capital simbólico y de poder acumulado hasta el momento. Y por ello lo importante del 7D y de la definitiva y legítima aplicación de La Ley de Medios de Comunicación Audiovisual. Por lo cual es algo incomprensible la minimización de este hecho dentro del campo periodístico, que supone que a la sociedad no le interesa el tema ya que “la politización” no ha llegado a esas costas. Mares turbios y de fondo se mueven también en el campo del periodismo y sus análisis. La batalla por la Ley de Medios es crucial ya que, y en tanto batalla por el poder, supone que de salir victorioso el Gobierno, el camino para la profundización del modelo nacional y popular, de distribución de bienes culturales e ingresos, quedará algo allanado. Y además, y este no es un dato menor, saldrá fortalecida la democracia que costó tanto esfuerzo y dolor para su construcción. Nada está dicho aun, el partido está en sus minutos decisorios, y las acechanzas, y a 35 años de Democracia, siguen merodeando como el cazador que espera pacientemente a su presa. Habrá que revitalizar las defensas, y el triunfo de la Ley por sobre las corporaciones económico-financieras, será esencial para esas defensas que pugnan por enriquecer nuestra democracia.


*Periodista.
Editor de La Tecl@ Eñe – Revista Digital de Cultura y Política

2 comentarios:

  1. Excelente artículo!!... Felicito sinceramente al autor, el Periodista (con mayúscula) Conrado Yasenza.

    Me ha parecido muy completo el trebajo de investigación y muy sólido el análisis.

    Gracias por esclarecer en lugar de oscurantizar, gracias por recuperar el sentido de la labor periodística.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Muchas Gracias por tus palabras!; alientan a seguir adelante. saludos. Conrado

      Eliminar

comentarios