17 enero 2007

Zona Literaria/Ensayo


Baudrillard; cultura, narcisismo y régimen de mortandad en el sistema de los objetos.

El American way of life y el entramado ideológico del sistema de los objetos.

¿Cuál es, en última instancia, el entramado ideológico del sistema de los objetos? ¿Qué ideario encarna este sistema cuyos principios son la caducidad y la obsolescencia –el imperativo de la novedad–, la ley del ciclo y otros automatismos semejantes?. Adolfo Vásquez Rocca, a través de Baudrillard, nos convoca a develar estos interrogantes.

Por el Dr. Adolfo Vásquez Rocca. (especial para La Tecl@ Eñe)









El American way of life y el entramado ideológico del sistema de los objetos.



¿Cuál es en última instancia el entramado ideológico del sistema de los objetos? ¿Qué ideario encarna este sistema cuyos principios son la caducidad y la obsolescencia –el imperativo de la novedad–, la ley del ciclo y otros automatismos semejantes? Baudrillard[1] dirá que son dos: el principio personalizador, que se articula como democratización del consumo de modelos por la vía de la serialidad y la ética novedosa del crédito y la acumulación no productiva.

Hoy el glamour de las mercancías aparece como nuestro paisaje natural, allí nos reconocemos y nos encontramos con nosotros mismos, con nuestros ensueños de poder y ubicuidad, con nuestras obsesiones y delirios, con los desperdicios psíquicos en el escaparate de la publicidad –verdadero espejo que nos devuelve nuestra imagen deformada– una verdadera summa espiritual de nuestra civilización, el repertorio ideológico de la desinhibición.

El carácter distintivo del American way of life, de la última sociedad primitiva contemporánea –se escenifica en las formas del distanciamiento, en el paisaje[2], en los grandes desiertos y carreteras de ese país que deja entrever una profunda soledad, las inclinaciones thanáticas que yacen bajo el optimismo americano; la decrepitud del capitalismo tardío en la tierra de las oportunidades, del american dream convertido en el insomnio incontenible de la banalidad y la indiferencia; los Estados Unidos han realizado la desterritorialización de la identidad, la diseminación del sujeto y la neutralización de todos los valores y, si se quiere, la muerte de la cultura bajo el régimen de la mortandad de los objetos.

En este sentido es una cultura ingenua y primitiva, no conoce la ironía, no se distancia de sí misma, no ironiza sobre el futuro ni sobre su destino; ella sólo actúa y materializa su política de Estado. Norteamerica realiza así sus sueños y sus pesadillas.

Los norteamericanos repudian la sofisticación. El antiintelectualismo subyace a la idea de América. En lugar del intelectual -del teórico- el ciudadano medio americano tiene en mayor estima al hombre de sentido común y de conocimientos prácticos[3]. Una figura al estilo de Edison. En cada americano hay un empresario. La disposición para el trabajo práctico impera junto al afán de logro, la disciplina y las observancias religiosas. Un colegio que pusiera su acento en la erudición y la sensibilidad artística más que en el fortalecimiento de la personalidad y el pragmatismo sería visto con reticencia.

Así, en los inicios de la historia norteamericana las humanidades, la literatura y el conocimiento teórico y especulativo en general, fueron estigmatizados como una prerrogativa de la aristocracia. La cultura pragmática a la americana induce a la supresión de las asignaturas de humanidades de los planes de estudio antes o durante la universidad. Los Máster son americanos o inspirados en Estados Unidos. Los jóvenes sueñan en culminar su preparación en USA mientras la universidad europea ha tomado una deriva empresarial a su semejanza.

Algo similar a lo que ocurre en los países latinoamericanos que han importado este modelo cosificador para la reforma de los planes y programas de educación cuyo énfasis esta ahora en los estudios técnico-profesionales por sobre las humanidades. El objetivo ha sido promover una sociedad centrada en las cosas, en su manipulación en función de las utilidades, en los saberes prácticos. Ahora mismo, la educación norteamericana en la high school se encuentra en manos de “educadores” que no ocultan su hostilidad al intelectualismo, declarándose más identificados con el modelo de pensamiento concreto propio de los niños. De hecho, Estados Unidos es un país tan antiintelectual como “infantil”, concebido y construido para grandes masas infantilizadas. En ningún otro país se acomodaría mejor una empresa como Disney o las obscenas cadenas de fast-food o unas superproducciones como las de Spielberg concebidas con alma y mente de matinée. Ahora bien, en defensa de la industria del entretenimiento cabe puntualizar que esta no le impone sus formas de banalidad a un público que no la desea.[4]

Disney World en principio es un juego de ilusiones y de fantasmas: los Piratas, la Frontera, el Mundo Futuro, etcétera. Se cree a menudo que este 'mundo imaginario' es la causa del éxito de Disney, pero lo que atrae a las multitudes es, sin duda y sobre todo, el microcosmos social, el goce religioso, en miniatura, de la América real, la perfecta escenificación de los propios placeres y contradicciones. La única fantasmagoría en este mundo imaginario proviene de la ternura y calor que las masas emanan y del excesivo número de dispositivos aptos para mantener el efecto multitudinario. El contraste con la soledad absoluta del parking —auténtico campo de concentración—, es total. O, mejor: dentro, todo un abanico de 'gadgets' magnetiza a la multitud canalizándola en flujos dirigidos; fuera, la soledad, dirigida hacia un solo dispositivo, el “verdadero”, el automóvil. Por una extraña coincidencia (aunque sin duda tiene que ver con el embrujo propio de semejante universo), este mundo infantil congelado resulta haber sido concebido y realizado por un hombre hoy también congelado: Walt Disney, quien espera su resurrección arropado por - 180 grados centígrados. De cualquier modo es aquí donde se dibuja el perfil objetivo de América, incluso en la morfología de los individuos y de la multitud. Todos los valores son allí exaltados por la miniatura y el dibujo animado. Embalsamados y pacificados. De ahí la posibilidad de un análisis ideológico de Disney: núcleo del american way of life, panegírico de los valores americanos, etc., trasposición idealizada, en fin, de una realidad contradictoria. Pero todo esto oculta una simulación de tercer orden: Disney existe para ocultar qué es el país “real”, toda la América “real”, una Disneylandia (al modo como las prisiones existen para ocultar la “lacra” que es todo lo social en su banal omnipresencia, reduciéndolo a lo estrictamente carcelario). Disneylandia es presentada como imaginaria con la finalidad de hacer creer que el resto es real, mientras que cuanto la rodea, Los Ángeles, América entera, no es ya real, sino perteneciente al orden de lo hiper-real y de la simulación. No se trata de una interpretación falsa de la realidad (como la ideología), sino de ocultar que la realidad ya no es la realidad y, por tanto, de salvar el principio de realidad.


Narcisismo y transformación de la vida pública.


Sería un error minimizar la relación entre estos fenómenos y el origen de la personalidad narcisista, que no conoce límites entre ella misma y el mundo que exige la gratificación inmediata de sus deseos, así como la erosión de la vida intima tenida lugar a través de la relaciones sociales que se tratan como pretextos para la expresión de la propia personalidad[5]. La transformación de la vida pública en un ámbito donde “la persona puede escapar a las cargas de la vida familiar idealizada... mediante un tipo especial de experiencia, entre extraños o, más importante aún, entre personas destinadas a permanecer siempre como extraños", y donde una silenciosa y pasiva masa de espectadores observa la extravagante expresión de la personalidad de unos pocos en la sociedad del espectáculo, donde los medios de comunicación nos escamotean y disuelven el presente[6] con las fanfarrias del último estelar televisivo.

La construcción del sentido social se desplaza del espacio de la política, hacia un mundo que no tiene historia, sólo pantalla. Son las nuevas formas de producción, las de un nuevo universo simbólico en donde se resignifican las viejas utopías mediante un proceso de descontextualización que las convierte en imágenes sin historia; en mercancías.

En esos mismos medios de comunicación se desplazan hoy los actores políticos jugando su rol hegemónico en la construcción de sentido en tanto perpetran el secuestro de nuestra moral. La fe pública violada ha creado las condiciones para el desprestigio de lo político y con ello el de nuestras instituciones, qué puede extrañar entonces del robo hormiga de las grandes transnacionales, la extorsión "irrepresentable", sólo cognoscible por medio de una compleja organización multinacional articulada según un modelo gansteril. Nuestra vida cotidiana esta así signada por las abusivas relaciones mercantiles que experimentan una creciente densidad así como una significativa disminución de las relaciones interpersonales sin fines de lucro.

Pese a todo, incluso la personalidad de las celebridades esta sujeta a los procesos de obsolescencia y caducidad, al fenómeno postmoderno de la sacralidad impersonal. La obsolescencia de los objetos se corresponde con la de los rock stars y gurus intelectuales; con la multiplicación y aceleración en la rotación de las “celebridades”, para que ninguna pueda erigirse en “ídolo personalizado y canónico”. El exceso de imágenes, el entusiasmo pasajero, determinan que cada vez haya más “estrellas” y menos inversión emocional en ellas, los revival son fenómenos de “nostalgia decretada” ideadas como estrategias de marketing por algún ejecutivo de una compañía multimedia.

Maś allá de la sociedad del espectáculo[7] y el imperio de lo efímero se instala la la "norma de consumo" en el plano de las necesidades sociales, también gobernadas por dos mercancías básicas: la vivienda estandarizada, lugar privilegiado de consumo, y el automóvil como medio de transporte compatible con la separación entre el hogar y el sitio de trabajo. Ambas mercancías —y en especial, desde luego, el automóvil— fueron sometidas a la producción masiva y la adquisición de ambas exige una "amplia socialización de las finanzas" bajo la forma de nuevas o ampliadas facilidades de crédito (compra a plazos, créditos, hipotecas, etc.). Más aún, "las dos mercancías básicas del proceso de consumo masivo crearon complementariedades (crédito hipotecario y automotriz) que producen una gigantesca expansión de las mercancías, apoyada por una diversificación sistemática de los valores de uso. El individuo se ve obligado a elegir permanentemente, a tomar la iniciativa, a informarse, a probarse, a permanecer joven, a deliberar acerca de los actos más sencillos: qué automóvil comprar, que película ver, qué libro leer, qué régimen o terapia seguir. El consumo obliga a hacerse cargo de sí mismo, nos hace responsables, se trata así de un sistema de participación ineludible[8].


El régimen de la mortandad de los objetos.


El dispositivo que activa este sistema de obsolescencia acelerada —que impera a consumir compulsivamente— consiste en convencer al consumidor que necesita un producto nuevo antes que el que ya tiene agote su vida útil y funcionalidades. Esta es una de las tareas de los diseñadores: acelerar la obsolescencia. A este respecto el automóvil ha sido un caso paradigmático de las obsolescencias decretadas del estilo, asociadas a las imágenes de prestigio y estatus que le rodean.

Así el propósito es hacer que el cliente este descontento con su actual automóvil, su cocina, sus pantalones, etc. , porque esta pasado de moda. Ya no debe esperarse que las cosas se acaben lentamente. Las sustituimos por otras que si bien no son, necesariamente, más efectivas, son más atractivas. Pese a todo es difícil discernir la frontera entre progreso técnico real y obsolescencia del diseño y -más aun- sustraerse al influjo de estos condicionamientos.

Siempre los objetos han llevado la huella de la presencia humana[9], pero ahora no son sus funciones primarias (el cuerpo, los gestos, su energía...) las que se imponen sino las superestructuras las que se dejan sentir. Así, el objeto automatizado representa a la conciencia humana en su autonomía, su voluntad de control y dominio. Ese poder va más allá de la prosaica funcionalidad —y de eso saben mucho los vendedores de automóviles—. El objeto es irracionalmente complicado, se llena de detalles superfluos y viaja en su juego de significaciones mucho más allá de sus determinaciones objetivas.

El automóvil es un signo de poder, de refugio, una proyección fálica y narcisista, que —según Baudrillard— reúne “la abstracción de todo fin práctico en la velocidad, el prestigio, la connotación formal, la connotación técnica, la diferenciación forzada, la inversión apasionada y la proyección fantasmagórica”.[10]

El ejemplo del automóvil es paradigmático. A este muy rápidamente se le sobrecargó de funciones parasitarias de prestigio, de confort, de proyección (fálica) inconsciente...que frenaron y después bloquearon su función de síntesis humana.”[11]

El consumo, como se ve, no es la base sobre la que descansa el progreso, sino más bien la barrera que lo estanca o, al menos, lo lanza en la dirección contraria a la de la mejora de las relaciones sociales. El espíritu que realmente funciona es el de la fragilidad de lo efímero, una compulsión que se debate de forma recurrente entre la satisfacción y la decepción y que permite ocultar los verdaderos conflictos que afectan a la sociedad y al individuo.


Aspectos “mitológicos” y nemotecnia del consumo; la acumulación y el derroche.


Baudrillard[12] habla de un gran happening colectivo dominado por el espectáculo de la mortalidad impuesta y organizada de los objetos, por su artificial obsolescencia, pero sabe que esa imposición no es sólo una consecuencia del orden de producción capitalista. Es difícil saber qué género de instinto de muerte del grupo, qué voluntad regresiva domina todo ese ceremonial que, bien pensado, recuerda a ciertas ceremonias salvajes como la del potlach. Potlach es una práctica antes que un concepto, parte de un lenguaje perdido en la Historia, pero aun vivo en ciertos ritos modernos: el sexo, el banquete y la embriaguez de la danza, "donde se ve que la dispersión no va hacia el sin sentido, sino que es una modalidad de encuentro con el sentido que pasa a través de la pérdida de centralidad del sujeto". Una economía ya no basada en la acumulación sino en el derroche, en el goce de lo producido. Nuestras sociedades viven de la acumulación de lo que producen, vigilan este excedente de forma celosa. En cambio, cuando se habla de Potlach nos referimos a los experimentos históricos basados en el gasto improductivo, al disfrute y la prodigalidad.

Finalmente nos resta por analizar el aspecto “mitológico” del capital y la sacralización de sus productos más emblemáticos: la Coca Cola, el Cadillac, los Mac Donald's. Los aspectos ideológicos del consumo rebasan los límites de la organización política para instalarse en el inconsciente colectivo y los usos rituales de una población. Se busca implantar sobre bases afectivas y nemotécnicas un nuevo y particular ethos, una forma de ir por el mundo, ya no como recolector o cazador, ni siquiera como consumidor, sino como el agente del desperdicio, carácter que surge sólo desde la conciencia de la prosperidad, la abundancia y el lujo.

Para estimular el flujo de la mercancía, a través del desperdicio y el derroche, entendida este como clave de la prosperidad futura del mercado, se opera en varias direcciones. Primeramente —en el plano ideológico— contra el pensamiento orientado al ahorro, mentalidad difícil de desarraigar ya que corresponde a una práctica ancestral de la humanidad, la de precaverse para el desconocido y con frecuencia temido día de la escasez[13].

Por otra parte esta la vertiente sentimental y poética del diseño, que se corresponde con una novedad metodológica importante, la apelación a la memoria emotiva. La vertiente sentimental de la mercadotecnia se refiere a la persistencia aún en los nuevos productos de un elemento visual implícito que marque una filiación con el pasado, asegurando la continuidad histórica en la espesa trabazón de los objetos. Casi sin excepción los nuevos diseños incluyen un ingrediente que los especialistas denominan “forma sobreviviente”. Deliberadamente se incorpora al producto un detalle evocador que recordará a los usuarios un artículo similar, de uso semejante, tenido en una buena tarde o un feliz verano. La gente aceptará más fácilmente algo nuevo, sostienen los expertos en innovación, si reconocen en ello algo que surge orgánicamente del pasado. Al incluir un patrón familiar en una forma nueva, sea o no radical, se podrá hacer aceptable aun lo más inusitado, productos y usos que de otro modo rechazarían.

Esta es una de las causas del amor disfuncional que le profesamos a los objetos, aquel que los abraza a la vez que los rechaza. La misma dualidad entre coleccionismo y desperdicio da cuenta de esta ambivalencia.

Por una parte esta el individuo que colecciona desde sellos de correos hasta alfombras persas, y se siente así impulsado a “realizarse” en el placer que supone la posesión de un conjunto de objetos, donde la idea misma de colección está directamente vinculada a la posesión —no funcional— por encima de la necesidad, es decir, a la riqueza y por otra las maneras de “usar” el excedente como desperdicio. Aquí es posible identificar otra forma de mitología, la de ciertas lógicas capitalistas, según la cual a épocas de prosperidad, cuando la economía se expande y el crecimiento del producto es sostenido, le debiera seguir o suceder tiempos donde el beneficio -en razón de los excedentes- alcance a toda la población, incluso a la más desfavorecida, esto de acuerdo a la conocida estrategia de crecimiento y chorreo que dominó el paraíso neoliberal del Chile de los 80'. Pero en realidad esto nunca sucedió, en su lugar advino la acumulación —incluso— del excedente; nuevas formas de codicia y de fraude fiscal terminaron por ahogar esta promesa escatológica del libre mercado.



Dr. Adolfo Vásquez Rocca



Doctor en Filosofía por la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso; Postgrado Universidad Complutense de Madrid, Departamento de Filosofía IV, Teoría del Conocimiento y Pensamiento Contemporáneo. Áreas de Especialización: Antropología y Estética. Profesor de Postgrado del Instituto de Filosofía de la PUCV, del Magíster en Etnopsicología -Escuela de Psicología PUCV, Profesor de Antropología y de Estética en el Departamento de Artes y Humanidades de la UNAB. Profesor asociado al Grupo Theoria Proyecto europeo de Investigaciones de Postgrado. Director de la Revista Observaciones Filosóficas http://www.observacionesfilosoficas.net/. Secretario de Ejecutivo de PHILOSOPHICA, Revista del Instituto de Filosofía de a PUCV http://www.philosophica.ucv.cl/editorial.htm , Editor Asociado de Psikeba -Revista de Psicoanálisis y Estudios Culturales, Buenos Aires- http://www.psikeba.com.ar/, miembro del Consejo Editorial de Escaner Cultural - Revista de arte contemporáneo y nuevas tendencias- http://www.escaner.cl/ Y Director del Consejo Consultivo Internacional de Konvergencias, Revista de Filosofía y Culturas en Diálogo.
adolfovrocca@gmail,com


Artículos relacionados:
Artículo “Baudrillard; alteridad, seducción y simulacro” En Psikeba Revista de Psicoanálisis y Estudios Culturales, Buenos Aires, 2006,
http://www.psikeba.com.ar/articulos/AVRbaudrillard.htm

Artículo –La moda en la postmodernidad. Deconstrucción del fenómeno "fashion";
http://www.ucm.es/info/nomadas/11/avrocca2.htm
En NÓMADAS. 11 Enero-Junio.2005
Revista Crítica de Ciencias Sociales y Jurídicas.
UNIVERSIDAD COMPLUTENSE DE MADRID.
http://www.ucm.es/info/nomadas/
- Reproducido por IADE Revista Realidad Económica Buenos Aires (Argentina)
http://www.iade.org.ar/iade/Recomendados/NP/Art/moda.html

Artículo “El revés de la utopía”
http://www.tendencias21.net/El-reves-de-la-utopia_a929.html
En Tendencias 21, Revista Asociada al Capítulo Español del Club de Roma, al Master en Bioinformática de la Universidad Complutense de Madrid y al Instituto de Ingeniería de España
Artículo “La Invención de Morel. Defensa para sobrevivientes” En Zona Moebius http://www.zonamoebius.com/00002006/nudos/avr_0906_morel_bioy.htm
[1] BAUDRILLARD, Jean, El sistema de los objetos, Siglo XXI Editores, 1999.
[2] VÁSQUEZ ROCCA, Adolfo, Edward Hopper y el ocaso del sueño americano, En Heterogénesis Nº 50-51 [Swedish-Spanish] Revista de arte contemporáneo. Tidskrift för samtidskonst, http://www.heterogenesis.se/Ensayos/Vasquez/Vasquez2.htm

[3] VERDÚ, Vicente, El planeta americano, Ed., Anagrama, Barcelona, 1999, p. 105
[4] ZIZEK, Slavoj, La suspensión política de la ética, Ed. Fondo de Cultura Económica, Buenos Aires, 2005, p. 77
[5] VEBLEN, T. Teoría de la clase ociosa, Fondo de Cultura Económica, México, 1999.
[6] VASQUEZ ROCCA, Adolfo, Baudrillard; Alteridad, seducción y simulacro, En PSIKEBA Revista de Psicoanálisis y Estudios Culturales de Buenos Aires, 2006; http://www.psikeba.com.ar/articulos/AVRbaudrillard.htm
[7] Existen dos intentos recientes de utilizar el concepto de fetichismo de la mercancía para explicar la cultura capitalista del siglo XX. Uno de ellos es, desde luego, la crítica a la "industria de la cultura" elaborada por Horkheimer y Adorno en Dialéctica de la Ilustración, y el segundo es el análisis desarrollado por Guy Debord y otros miembros de movimiento situacionista en los años sesentas. Parodiando la frase con que se inicia El capital, Debord afirma que "toda la vida de las sociedades donde reinan las condiciones modernas de producción se anuncia como una acumulación inmensa de espectáculos," y agrega que el espectáculo, "en todas sus formas específicas, como información o propaganda, publicidad o consumo directo de entretenimiento", debe ser visto como "una relación social entre las personas mediada por imágenes". Como tal, la "sociedad del espectáculo" es "la realización absoluta" del "principio del fetichismo de la mercancía". Si bien Baudrillard admite la influencia de los situacionistas, rechaza sin tapujos sus ideas: "No vivimos ya la sociedad del espectáculo... como tampoco los tipos específicos de alienación y represión que ésta conlleva". Podemos presumir que ello se debe a que conceptos como los de alienación y represión presuponen la existencia de algo alienado o reprimido. Debord afirma decididamente que la sociedad del espectáculo implica un forma distorsionada de relación social, habla de "la praxis social global escindida entre realidad e imagen" y "dice que "dentro de un mundo puesto realmente de cabeza, lo verdadero es el movimiento de lo falso". Todo lo anterior es rechazado de plano por Baudrillard, para quien realidad e imagen, falso y verdadero, se confunden de manera endémica en el mundo hiperreal de la simulación.
[8] LIPOVETSKY, Gilles, L'Ere du vide, París, 1983, pp. 7, 14
[9] VÁSQUEZ ROCCA, Adolfo, Coleccionismo y genealogía de la intimidad, en Almiar 'Margen Cero', Madrid, 2006, http://www.margencero.com/articulos/articulos2/coleccionismo.htm
[10] BAUDRILLARD, Jean, El sistema de los objetos, México, Siglo XXI,1985; p. 74.
[11] BAUDRILLARD, Jean, Amérique, París, 1986, pp. 21 y sgtes.
[12] BAUDRILLARD, Jean, La sociedad de consumo. Sus mitos, sus estructuras, Ed. Plaza y Janés, Barcelona, 1974.
[13] EWEN, Stuart, Todas las imágenes del consumismo; la política del estilo en la cultura contemporánea, Ed. Grijalbo, México, 1998, p, 284.

Zona Literaria/Poesía


Carlos de la Púa “El Malevo Muñoz”
El vate erudito


Producción Conrado Yasenza*




Palabras de Horacio Salas, de su libro El Tango

Año 1928 Carlos Muñoz y Pérez, el Malevo Muñoz, o más sencillamente Carlos de la Púa como él mismo prefirió rebautizarse en la tapa del libro, publicó La crencha engrasada, la obra mayor que produjo el lunfardo; en sus páginas lo dialectal es tan sólo un escollo deliberado que puso el mismo escritor en el camino poético. Carlos de la Púa demostró en esas páginas que los límites de un género o un vocabulario se pueden superar sobre la base de ramalazos de talento, y al Malevo Muñoz le sobraba el talento hasta para inventar las palabras que calzaran en la forma perfecta de sus versos y que fueron tan justas que pasarán del texto al habla coloquial. La crencha engrasada no fue solamente una travesura lingüística o la transcripción rimada de una jerga esotérica: fue una honda visión de la ética, de la ideología más profunda y de la metafísica de los estratos marginales de Buenos Aires.

Poemas de Carlos de la Púa

Farfala Volatriche
(Inédito)



No te queda ni un pucho del pasado florido,
Que alumbró la alegría de tu pinta shusheta.

Hoy por la vida vas al puro pido y pido.

Y sos una tarasca coleadora... pebeta.
Ya no tiran la daga por vos los mosqueteros
Ni los grandes bacanes te pagan los caprichos!
Hoy sos una farfala de rantes entreveros
Y los giles te aguantan ...solo los gustos chicos.

Del cotorro bacán
Que te amuebló Nordiska
Ya no queda ni diome...
Ya no queda ni pizca.

Fue toda una ilusión.
Un momento feliz
Que duró como la permanente de Mussión
Y el copetín de la París.

Lentas... como en un bondi, tus paradas
De niña bien y de Marlen Dietriche,
Se fueron gambeteando hacia la nada
¡Y sonastes, Farfala Volatriche!
Hoy en cana tal vez con tu destino.

Vivís sacando punta a los recuerdos
Frente a la realidad (frappé!!) de un capuchino.





Lucio El Anarquista.


Nacido entre curdelas, nunca tomó una copa.
Viviendo entre ladrones, siempre la trabajó.
Comprende y ama a aquella que con hambre y sin ropa
a las aguas servidas del vicio se arrojó.

En una pieza inmunda tiene una madre, vieja
a fuerza de miseria y fregar en la tina.
Por ella fue su grito inicial, la gran queja
que prolonga doliente de cantina en cantina...



La Cortada de Carabelas.



Reñidero mistongo de curdas y cafañas,
de viviyos de grupo y de vivos de veras,
la cortada es el último refugio de los cañas
y la cueva obligada de las barras nocheras.

Barajada en el naipe de las calles centrales,
Carabelas es la carta más brava del asfalto.
Su abolengo ranero lo tiene por cabales
y a pesar del ambiente lo conserva bien alto.

El mejor elemento de vida cadenera
pasó por sus boliches tranquila y respetada,
desde la mina aquella de reloj de pulsera
a la grela oriyera de la crencha engrasada.

En sus rantes bulines han truqueado, broncosas,
las barras más temibles de los tiempos pasados
y sus viejas paredes presenciaron famosas
peleas que dejaban cuatro o cinco tajeados

La clásica encordada de los grandes cantores
deschavaron sus penas en sus piringundines,
volcando la milonga como un ramo de flores
en medio de las broncas y de los copetines.

Hoy la vieja Cortada tiene nueva la pinta,
pero flota en su ambiente esa vida pasada
como flota en el cuello de la viola la cinta
que pusiera prolija la mano enamorada.


Fidelidad

Ciudad,
te digo la frase guaranga del caló
para hacerte más mía, para hacerte más íntima...
Para que no perciben su porteño sabor
Los que llevan la mugre del espíritu gringo.



De Los poemas bajos.


Cuando la avalancha químicamente rea parecía definitivamente derrotada por la idiotez cosmopolita de la urbe y la falta absoluta de cultura orillera, nos llega, entre las flores rantifusas de un libro de versos, el refuerzo necesario que la mersa precisaba y cuyas lejanas resonancias el corazón nos advertía.
La luna del bajo fondo, que firma Enrique Cadícamo, viene a gritarnos al oído en el idioma feral del suburbio, que la luna de la barriada sigue jugando al sapo con los puntos habituales del baldío, y que su luz cien por cien rea, que no tiene más kilowatt que la del viejo farolito a kerosén, sólo ilumina en los charcos de Pompeya la plata barata de las latas vacías.
En todas las estrofas musicales donde la filosa garlopa del ingenio le saca enruladas virutas a la “ Musa de Lopa”, se tocan, mejor dicho, se palpan, las inquietudes profundas del sabalaje porteño, que le pone grasa a la mota para tratar de deshacer la comba original de esa crencha que está gritando su cercana prosapia candombera.
Pero mejor hablemos con sus propias palabras y gustemos el fuerte sabor de caña añeja en este poema dedicado al querido negro Flores.


CELE FLORES.

Te hincha la retórica por merengue y por fatua,
te fascina la verba del hampa prepotente
y presentís, negrón, el frío de la estatua
y el mistongo laurel que ha de ceñir tu frente.

Eras de Villa Crespo y copaste el asfalto,
tus versos fueron fruto de tus propias recetas,
tus poemas lunfardos picaron siempre alto;
muchos fueron después cachorros de tus tetas.

Vos, batiste la faya de Margot, a los reos,
y el convoy rechiflado la expulsó, cuando un día
la rante Margarita tirando sus trofeos
llorando arrepentida a su barrio volvía.

Y así en esta hermosa acuarela del personaje clásico de Celedonio Flores, en todo el resto del nutrido prontuario lírico que se cobija bajo la sombra rea de La luna del bajo fondo se percibe el perfume penetrante del suburbio porteño, en sus más típicas emanaciones.
En esta valija de “ poemas rantes”, se alinean en una misma tarima emocional poemas auténticamente reos, algunos de los cuales habrán de perdurar mucho más que lo que el mismo autor se imaginó al crearlos, ya que tienen el sabor y la graduación necesarios para permanecer inalterables en el tiempo.
Con este libro reo se refuerza la banca brillante del suburbio porteño, cuya literatura por virtud de la censura oficial había sufrido una especie de crisis letárgica, pero que ahora ha vuelto a renacer con más bríos y con más fuerza entre las rejas oxidadas de la Difunta Academia de Letras, que pretendió piantarle el pañuelo al cogote curtido del arrabal de Buenos Aires, para calzarle una bufanda gaita.
Cadícamo arrimó también su tacuara a esa montonera brava que encabezaron Felipe H. Fernández, Pascual Contursi, Celedonio Flores y una cantidad de poetas anónimos que tiraron sus versos a la marchanta sobre el estaño de la admiración ciudadana.
La Musa Mistonga, que tuvo su paisaje, su viola y su daga maleva, ahora también tiene su luna, una luna que sabe transformarse en chirolita para que toquen viejos tangos del recuerdo los pianos a manija de Rinaldi Hnos., que hoy apenas sí se ganan la diaria por el deslinde taura de la ciudad grandota.
Bienvenida esa luna cabrera y grata que alumbra el advenimiento rante de la poesía de arrabal que no podrá morir nunca, mientras quede en los barrios, como un mate curado, el ingenio fértil de sus personajes centrales y el clima pintoresco o bravío de su rayuela desdibujada en la leyenda del tiempo.
Carlos de la Púa
Crítica, Mayo 1940

* Material extraído del libro La crencha engrasada, Ediciones Corregidor, 1995

Zona Literaria/Cuento


Casamiento

Por César Hazaki

Pasó y hay otros ejemplos en la misma dirección que lo están indicando: es una moda que llega para quedarse. Para los especialistas en ciencias sociales es un tema que invita a reflexionar en coloquios, jornadas y simposios.
Es por todos conocidos que una famosa actriz de carácter se casó con su psicólogo. Fue una ceremonia muy linda en la iglesia del Pilar, (¡qué otra sino!). Al evento concurrieron: Maria Kodama, Cecilia Bolocco, Gogó Rojo, Erica Rivas
—como todos sabemos la espectacular esposa de Rodrigo de la Serna— la muy simpática y reconocida Mónica Gonzaga. Por otra parte se hicieron presentes prestigiosas autoridades del ámbito de la salud mental que, como corresponde al recato de las profesiones que practican, prefirieron evitar cámaras de noticieros y a los insidiosos noteros de la radio con sus grabadores. Es verdad que muchos de los especialistas del arte de curar invitados lejos, por sus prácticas de consultorio, al modo de ser y vivir de la farándula demostraban cierta incomodidad ante tanta farándula en estado de exhibición.
Llamó la atención que CQC no estuviera presente, dada la ironía que la situación podía plantear. Tampoco lo hicieron otros programas que se dedican a maltratar a las actrices y actores, como los terribles Lucho Avilés y Jorge Rial con su troupe de sanguijuelas y aves de criticar, las que usufructúan la impiadosa necesidad de los actores de figurar, que podría definirse de la siguiente manera: —Que hablen de mí, mal o bien, pero que hablen—.
Claro que no faltaron los malintencionados de siempre, los que hicieron correr el rumor de ciertos arreglos por dinero. Se decía que esa prebenda por debajo, apaciguó la curiosidad de los medios escritos y televisivos vinculados a la siempre molesta e insidiosa prensa amarilla. Se agregaba que quienes deslizaron los sobres con euros y dólares fueron las asociaciones de profesionales de psicoanalistas y psiquiatras con el objetivo de evitar que alguno, de los capitostes presentes, fuera tomado en solfa delante de las cámaras. En consecuencia: el recato fue la marca registrada que impusieron a su presencia los colegas del feliz novio. Siendo un ámbito tan disciplinado y de costumbres tan arraigadas fue sencillo establecer las pautas básicas. Algo imposible de lograr en el bullicioso ambiente artístico, sin duda.
Ella vestía un hermoso vestido blanco largo y llevaba en la mano un espléndido bouquet de jazmines que hacía juego con una corona en su cabeza, en forma de sujetador de pelo, que terminaba en su parte superior con otro conjunto de la fragante y aromática flor, lo que permitía dividir su pelo en dos suaves partes que caían, delicadas y brillantes sobre sus descubiertos y perfectos hombros.
El de elegante frac, pantalón gris y saco negro azulado con una camisa terminada en puntas hacia arriba, de allí salía un hermoso corbatón ancho ajustado con una perla muy grande en el medio. Ambos estaban elegantes y se los observaba muy felices.
Hasta aquí una noticia de la página de sociales de periódicos y revistas pero este es un hecho que golpea a las puertas de los consultorios y hace temblar los divanes. No se puede ocultar más que las actrices de carácter ya no van en busca de los empresarios millonarios, dado que éstos se lanzan sobre las jovencitas que prepara Pancho Dotto. Ergo, luego de una serie de avatares y desencuentros, se han puesto de moda entre ellas, los psicólogos que las atienden.
Hubo un tiempo previo en que los ginecólogos eran la pieza prestigiosa de recambio a los millonarios, pero cayeron en estrepitosa desgracia después de infortunadas experiencias de más de una vedette. Es que hubo cámaras ocultas descubriendo affaires sexuales de distinto orden de éstos especialistas de la medicina.
Digamos, para no ser innecesariamente crueles, que pueden ser aceptados para controlar pechos y otras partes pudendas del cuerpo de las famosas, pero éstas no quieren saber nada más con éstos facultativos en el tema casamiento. La conclusión es clara: producto de sus conductas licenciosas y audaces se ha establecido sobre ellos una severa interdicción.
Es de destacar que hubo otro hecho que colaboró para este nuevo reinado de los especialistas de la escucha y la interpretación. Nos estamos refiriendo a los escándalos sexuales de los multimillonarios abogados penalistas mediáticos. Es que han tomado la costumbre de abandonar a sus familias, para ir detrás de jóvenes prostitutas que tienen su pequeño momento de gloria en juicios a ricos y mafiosos vinculados al narcotráfico y el lavado de dinero. Esto las actrices de carácter no lo han perdonado y en forma gremial han erradicado a éstos ricos abogados de sus listas de posibles candidatos al casamiento.
Es aquí dónde empezaron los psicólogos a ser los candidatos más firmes para tan gráciles actrices necesitadas, como cualquier hijo de vecino, de afecto y comprensión. Consecuencia, sin duda, de la honesta y loable tarea desarrollada durante tantos años. Hubo que ahí estar sentado años y años, de día y de noche. Abriendo la puerta del consultorio a cualquier hora para socorrerlas de las fragilidades del amor. Bancándose la dichosa transferencia erótica de hermosas mujeres tiradas en el diván vestidas con cortas minifaldas y generosos escotes, sólo diciendo, ante tentadoras declaraciones de amor y sexo, frases como estas: -¿Y a usted qué le parece? o bien: -Es sólo una idealización erotizada de su parte.
Esto ha convencido a las experimentadas actrices de carácter que, dentro del raro espécimen: marido y prestigioso profesional, los psicólogos cubren de maravillas las expectativas amorosas y casamenteras de las mismas.
Un amigo atribulado me pidió hace unos días una supervisión urgente. El motivo era las dificultades que tiene con en el tratamiento de una de las más reconocidas actrices, la que frisa los cincuenta años. Ocurrió que ella, después del casamiento comentado más arriba, entró a sesión muy bella y producida. La mujer se zambulló en el diván y le dijo sin casi saludarlo y mirándolo fijamente a los ojos desde el diván:
—Creo que es el momento de hablar de nuestra probable boda.
El sorprendido, sólo carraspeo nervioso. La paciente estiró para acomodar su larga pollera de gasa —que se ajustaba inquietantemente a su cuerpo desplegado en el diván, con un largo tajo que iba de su tobillo hasta el muslo— hacia abajo para continuar, con tan mala fortuna que en el gesto final quedaron más al descubierto sus largas piernas recién depiladas. Luego de este estudiado movimiento, sin duda en algún curso con Augusto Fernándes o Alejandra Boero, continuó:
— ¿Puede usted invitar a Teresa Constantini a nuestra probable boda?
El sorprendido respondió, abochornado dado que no sabía qué hacer y mucho menos decir, recurrió, como buen analista al clásico: —¿A usted qué le parece?
Ella insistió, con una mezcla de mohín y puchero: —No me haga la Gran Psicoanalítica. Me está contestando con una pregunta. Somos grandes y no hay mucho tiempo que perder, dígame sin vueltas ¿Puede usted invitar a Amalita Fortabat?
El trató de insinuar un señalamiento: —No deja sus sueños infantiles de princesa.
La actriz no cedió y siguió jugando la escena que le interesaba:
— ¿No es Daniel Hadad el que viene a sesión después de Piñón Fijo? O ¿Acaso ese productor es su amigo?
Entusiasmada continuó mirando al psicoanalista directamente a los ojos desde el diván donde se hallaba recostada: —Si así fuera, más que seguro que podría ser padrino de nuestra probable boda. No podría negarse.
El volvió a negar, esta vez moviendo la cabeza hacia los costados. Estaba plenamente incómodamente convencido de la imposibilidad de su paciente para escuchar interpretación alguna. Debía, me comentó inquieto, dejar que la paciente hiciera catarsis.
A la cuarta o quinta negativa la actriz, resignada, le comentó: —Entonces lo único que puedo hacer con usted es seguir analizándome. Eso si voy a venir una vez por semana dado que me bajaron de la tira que estaba haciendo para Ideas del Sur. Claro que necesito que me reduzca los honorarios y acepte unos tickets canasta como parte del pago de honorarios.
Terminado de decir esto giró su cuerpo, dejó de mirar a su psicólogo, y mientras fijaba la atención en blanco techo, con un gesto inconsciente se pasaba la mano derecha por hombros y senos en forma muy delicada. Fue en ese momento en que empezó a narrar un sueño erótico que había tenido la noche anterior. En el mismo: caminaba, vestida con la misma ropa que lleva hoy en sesión. En el sueño se alejaba de su analista al que rechazaba, luego de que él la desnudara al notar lo insignificante de sus partes masculinas. Iba, a continuación, por un muelle de un extraño puerto del Mediterráneo. Se da cuenta que es observada por un mulato marinero, al que describe con lujo de detalles, ella hace como que no lo ve mientras se quita la blusa debido al intenso calor. El hombre fornido comenzó a seguirla, allí, la mujer, apura el paso. Así andan un largo trecho, mientras desaparece lentamente de la escena el analista desnudo y acongojado. Pero lo extraño, agrega la paciente, es que el sueño sigue desde los ojos del propio analista que mira a través de sus propias lágrimas. Ve que le persecución sigue hasta que en un lugar desierto, cerca del agua intensamente azul donde ella simula un vahído para dejarse alcanzar. Ahí mismo, el marinero, la alza entre sus fornidos brazos impidiendo que caiga al agua. Ella agradecida por el salvamento se abraza a su rescatador. Mirándose intensamente a los ojos, él le desgarraba su pollera y le hace sentir su enorme potencia viril dentro de su cuerpo. En voz más queda, mientras se seguía acariciando el cuello y los senos con delicadeza, agregó: —Si me pide asociaciones le digo que me desperté en medio de un espectacular orgasmo como nunca me ocurrió con hombre alguno. Espero que haga buenas interpretaciones del mismo
e-mail: cesar.hazaki@topia.com.ar

Zona Literaria/Cuento



Diálogo de divorciados





Belem regaba las plantas y las flores de su jardín. Se le notaba enérgica; esa mañana de verano había dado vuelta tierra con su azada y con su pala. Su vecino salió de la casa y al verle sola se le acercó con ansiosa seriedad y le saludó tomando distancia:
-Tenga usted buenos días Belem.
-Buenos días Agustín.
-Dígame –respiró con profundo enojo-, ¿sabía que su hijo le ha faltado el respeto a Lucía?
-No puede ser. ¡Mi hijo es un santo!
-Mire Belem, los santos no espían a las jovencitas cuando se bañan.
-Debe haber un error. ¿No será que su hija tiene problemas?... Digo, problemas de personalidad. Tal vez le guste inventar cosas...
-¡No le permito! ¡Mi hija no es una loca!
-¡Já! Debería hablar con los muchachos de la esquina.
-¿Cómo dice?
-Digo que de repente sus amiguitos la conocen mejor que usted y ellos le pueden informar con respecto al carácter de su hija.
-Es imposible; Lucía es muy poco sociable con los jóvenes de su edad.
-Eso es lo que usted cree Agustín.
-¿Qué dijo? ¿Insulta a mi familia?
-Yo no digo nada, sólo pensaba en los comentarios. –Se agachó para arrancar yuyos. Se mostraba distraída.
-¿Qué comentarios? ¿De qué me habla?
-Nada, nada. Usted sabe cómo es la gente. Sólo hablan mal de uno. –Se puso de pie nuevamente y actuó un ridículo enojo. -¿Pero a qué se debe toda esta pérdida de tiempo? ¿No ve que estoy trabajando en mi jardín?
-Escúcheme Belem, ayer su hijo espió a mi Lucía mientras se bañaba, ¡y esa no fue la primera vez! ¿Entiende la gravedad del asunto?
-Por supuesto. ¡Es terrible! A la edad de Lucía y ser tímida.
-...
-Pero desde ya no se preocupe, le voy a decir a mi hijo que tenga más cuidado cuando ojee a su hija.
-¡Oiga!, ¿qué tipo de persona es usted? Mi hija no es un objeto de museo.
-¡Claro que no! Pero es que Lucía es muy bonita y mi hijo sabe eso.
De repente la mirada de Agustín se envolvió con un velo de seguridad, y entonces mencionó:
-Belem, ahora que lo pienso harían una buena pareja... ¿Se los imagina viviendo juntos? Casados...
-¡Por Dios no diga eso!
-¿Y qué? ¿Acaso su hijo desconoce que Lucía proviene de una familia muy seria?
-Agustín, yo le voy a decir algo y no deseo repetírselo: Los problemas de los adolescentes son únicamente de ellos, y ni usted ni nadie debería entrometerse. Es como si mi hijo se entrometiera en nuestra relación de vecinos.
-Pero eso es correcto. Él posee todo su derecho de hacerlo.
-¡No señor, se equivoca! Supongamos que usted no le cae nada bien a mi hijo, lo cual no está muy alejado de la realidad, y es justificable porque usted no hace más que censurarle la existencia, pero prosigamos con lo que quiero expresarle, usted me invita a un paseo, a un simple paseo de amigos, y esto a mi hijo no le cae nada bien, porque como dije antes, es usted quien de antemano no le cae nada bien.
-Lo que me quiere decir es que a veces los prejuicios ajenos distorsionan un poco las relaciones de otros.
-¡Siempre Agustín, es así siempre!
La miró con una actitud desconforme y mencionó:
-Quizá sea así como dice.
-Bueno y... ¿qué me dice de la invitación al paseo?
-¿Qué paseo?
-¡El paseo del que hablábamos recién! ¿O acaso a usted los años y la soledad le han convertido en un hombre aburrido y acabado? –Le sonrió con sarcasmo.
-De ninguna manera. –Titubeó. –Sigo siendo el mismo que cuando tenía veinte años.
-Bueno bueno, por lo menos no ha perdido el humor.
-¿No me cree?
-¡Demuéstremelo!
-...
-¡Já já lo sabía!
-...
-¡Está acabado!
-Espere, espere, no diga eso.
-¿Y entonces qué?
-Esta bien, esta noche la pasaré a buscar y daremos un paseo por la plaza. –Vaciló, luego le miró con un brillo de seguridad y agregó. –Conozco un lugar que le encantará... Pero no se olvide de decirle a su hijo que no se acerque a Lucía.
-No se preocupe Agustín. ¡Si vuelve a hacer lo mismo le juro que lo reviento!


Andrés Fabián Valdés
NOTA BIOGRÁFICA

Oriundo de Uruguay, nacido el día 17 de julio de 1978. Actualmente residiendo en Argentina.



1997 – Egresa como publicista gráfico en Escuela de Artes y Artesanías “Dr. Pedro Figari”.

2004 – Seleccionado en el VIII Certamen Internacional de Poesía y Narrativa Breve (Editorial De Los Cuatro Vientos. Director Pablo Albornoz. Argentina).

2005 – Septiembre – Comienza a publicar bimensualmente hasta el mes de junio del año 2006 en la revista de arte “Vademécum” (Uruguay), dirigida por Lautaro Salgado.

2006 – Diciembre - Publica en “Revista Literaria Azul@rte” (revista virtual Peruana) diseñada por Jaime Serey.

2006 – 22 de Diciembre – Participa como miembro en “Planeta SF”, Creado y coordinado por Sergio Gaut vel Hartman, director de la revista literaria Axxón.


Tel.: 6323 – 5863
Correo electrónico: navegaaporfia@hotmail.com

30 diciembre 2006

Ecos de la renuncia de Horacio Tarcus a la Subdirección de la Biblioteca Nacional

Capitalismo Tecnocrático versus Institución Cultural Nacional


Es sabido, ya que el boletín electrónico difundido masivamente lo hizo público, que el Dr. Tarcus renunció a su cargo de Subdirector de la Biblioteca Nacional. Junto al texto de renuncia y a un informe de Gestión 2005/06, Tarcus deslizó una larga lista de acusaciones e injurias hacia el Director de la Biblioteca Nacional, Horacio González.
Dentro del marco de las repercusiones que la renuncia causó, es necesario hacer mención de la nota publicada hoy – 30 de diciembre de 2006 – por el diario La Nación, en la cual puede observarse una clara intencionalidad de plantear la renuncia de Tarcus como el zanjamiento final entre facciones políticas encontradas, presentando a González como un aliado de las ideas izquierdistas que se vinculan a su vez con la noción de atraso histórico-temporal y tecnológico. En este sentido, no es menor el dato consignando por La Nación al aclarar la posición del Secretario de Cultura, Dr. José Nun, quien manifestó sentir una predilección por el Dr. Tarcus al momento de designar al nuevo Director de la Biblioteca, tras la salida para asumir su cargo de legislador, de Elvio Vitali, ex director de la Biblioteca.
No creo que sea válido plantear, como lo hace Tarcus, un debate entre “Culturalismo y Modernización”. Esto supone un debate infantil y, por los menos, arcaico además de falso. El debate debe ser planteado, en todo caso, para discutir un tecnocratismo abstracto que supone cierta liviandad a la hora de analizar la historia de la Biblioteca Nacional y su finalidad definida por Paul Groussac y Jorge Luis Borges.
Entonces, para ofrecerle al lector una visión total de lo ocurrido, es que se publican a continuación, la carta del Director de la Biblioteca, Horacio González (Apreciaciones sobre una renuncia, lleva por nombre el texto) y la renuncia del ex Subdirector, Horacio Tarcus.

Conrado Yasenza



Apreciaciones sobre una renuncia

La renuncia del subdirector de la Biblioteca Nacional manifiesta la doble ignorancia de quien desconoce la naturaleza de esta institución –cuya complejidad técnica, simbólica y cultural es evidente-, y de quién hace pasar a primer plano un razonamiento lineal en un ámbito de delicados tejidos institucionales. La Biblioteca Nacional es una e indivisa. Nadie es dueño de sus trabajos y avances actuales. Tiene muchos proyectos en su interior y discusiones sobre cómo realizarlos, pero no admite –como no lo admite ninguna institución pública-, una partición presupuestaria y una doble dirección. Entre tantos otros borbotones de ira infundada, se queja Tarcus de que publicamos importantes revistas y libros, o de que propiciamos la segmentación de la Biblioteca para transformarnos en monarcas. Leyó mal la historia de la Edad Media: debe volver a su Marc Bloch o Georges Duby. Dar a luz La Biblioteca, una revista argentina de reflexión, investigación y debate no sólo no se contradice con ninguna de las demás tareas bibliotecológicas, sino que las sustenta y enriquece. Trabajar en instituciones que protagonizan su reconstrucción siempre implica el diálogo permanente y respetuoso, que lejos de sectorializar una entidad genera nuevas convocatorias al compromiso colectivo. Una institución pública tiene tanto de división de trabajo formal, de proyectos transversales como de archipiélago de ideas y situaciones. Y como es obvio, aumentar el salario es parte de la sensibilidad que toda institución debe tener -¿no es absurdo tener que aclararlo?-, lo que en nada se contrapone a comprar libros, como de hecho se ha estado haciendo en la mayor proporción de los últimos tiempos. Un pensamiento lineal, con temas de izquierda pero con resultados reales de derecha, con el infantil lenguaje de un capitalismo tecnocrático, no es la solución para nuestras Bibliotecas, y sobre todo para la Biblioteca Nacional. Desconocer que la Biblioteca Nacional fue fundada hace ya casi doscientos años y pretender fundarla otra vez con un cientificismo lejano a la verdadera ciencia, es un error y un desprecio. Confundirla con un mero centro de documentación es una imprudencia de principiante. La Biblioteca Nacional tiene en su interior centros de documentación, pero los excede en su complejo encadenamiento de símbolos, memorias y legados. Debo decir que la Biblioteca Nacional seguirá su tarea serenamente y con creatividad. Devolverle su rol rector como institución cultural nacional es nuestro objetivo permanente, tal como se ha asumido en el comienzo de esta gestión en 2004, y aunque constituye una tarea que llevará años, estamos abocados a la misma desde una perspectiva integral, que comprende la catalogación de todos sus acervos, la preservación y el enriquecimiento del patrimonio bibliográfico, y se extiende hacia todo el campo cultural en general. El Dr. Tarcus pudo haber participado con sus ideas, siempre valoradas, en muchos de los aspectos que aluden a carencias bien conocidas, en vez de cultivar exasperadamente una de las tendencias más irrelevantes de su estilo, la injuria sin fundamentos, el espíritu de mercería y un arrebato de soberbia que no mide consecuencias ni se atiene a responsabilidades asumidas. No es compatible estar en una institución y denigrarla a diario. No es elegante proponer que una institución particular de documentación histórica, que él fundara, sería más buscada por los lectores que la institución en la que era su subdirector. Enfrentarse a la mayoría del personal, nunca garantiza la eficiencia, aunque se la invoque. Lleva a profundas equivocaciones, en la medida que no hay realización, eficiencia y racionalidad sin ideas amplias sobre los pliegues complejos de la cultura. Un mesianismo de cuño gerencial, con nulo respeto por la vida democrática de una institución, pone en riesgo su condición de entidad homogénea, desde luego con muchas instancias y entrecruzamientos. La Biblioteca Nacional no precisa salvadores abstractos, tiene los textos bibliotecológicos de Groussac, la teoría de la biblioteca de Borges y el esfuerzo técnico y cotidiano de los bibliotecarios y bibliotecarias de la casa. La Biblioteca Nacional se extenderá hacia la ciudad con nuevas construcciones y se halla en una reflexión profunda para desarrollar el mejor camino para su actualización tecnológica, en consulta permanente con técnicos argentinos y extranjeros, además de hallarse en la inminencia de definir su software para los próximos tiempos. Ahí sí lectores e investigadores podrán percibir un adelanto palpable, sin infantilismos ni arrebatos. Ajeno a estos temas, el subdirector se preocupaba por publicar el índice de una importante revista de los años 40 –que entre tantas otras publicaciones está prevista para salir en el mes de abril de 2007- y pensaba que era posible aceptar con liviandad el proyecto Google para hacerse cargo de toda la bibliografía latinoamericana, sin siquiera considerar ciertas reticencias que otros países han presentado frente al mismo. Lamento personalmente que una relación que pudiera haber sido otra, tuviera este tropiezo que de todas maneras no alterará el rumbo de la Biblioteca Nacional. La construcción de una perspectiva estratégica, que parta de considerar la Biblioteca Nacional como una institución única y articulada, y retome sus grandes tradiciones, renovándolas y proyectándolas hacia el futuro, es lo que seguirá inspirando nuestros pasos, junto a sus lectores, sus investigadores y sus trabajadores.


Horacio González
Director de la Biblioteca Nacional





Buenos Aires, 27 de diciembre de 2006


Sr. Secretario de Cultura de la Nación
Dr. José Nun


Me dirijo a usted a fin de presentarle mi renuncia al cargo de Subdirector de la Biblioteca Nacional con el que me ha honrado un año atrás.
Motiva mi decisión la ausencia de respaldo por parte del Director de la misma, Dr. Horacio González, a las líneas de trabajo que he emprendido en la institución a lo largo de este año. No quisiera eludir que la decisión del Sr. Director de excluirme sistemáticamente de todas las instancias donde se toman las decisiones de fondo tiene su origen en una serie de crecientes desacuerdos respecto al perfil y a la misión de la Biblioteca Nacional, cuya gravedad hace ya definitivamente imposible un trabajo en común que resguarde tanto la necesaria eficacia como la debida coherencia que requiere cualquier gestión colectiva.
Mis desacuerdos con el Director respecto del perfil y de la misión de la Biblioteca Nacional no son un secreto para nadie. Se manifestaron vivamente en el seno del Consejo Asesor de Investigadores de la Biblioteca Nacional, ya en la segunda mitad del año 2004 y en el año 2005, en cuyas sesiones participamos —además del entonces Director, Elvio Vitali, y el entonces Subdirector, Horacio González— Hebe Clementi, Noé Jitrik, Nicolás Casullo, María Moreno, usted mismo hasta asumir el cargo de Secretario de Cultura de la Nación y quien suscribe. Como usted bien recordará, mientras Horacio González defendió enfáticamente una Biblioteca Nacional centrada en sus actividades de difusión cultural, otros miembros del Consejo insistimos en poner el eje en la modernización de la gestión bibliotecológica. El entonces Subdirector patrocinó la edición de libros de autores argentinos por parte de la Biblioteca Nacional cuando otros miembros sostuvimos la necesidad de producir catálogos e índices de publicaciones periódicas para uso de los lectores y una mejor difusión de su patrimonio. También promovió la edición de una revista de cultura nacional en desmedro de una publicación institucional mayormente orientada a temas de investigación relativos al libro, la lectura y la investigación bibliotecológica y archivística. El énfasis puesto por algunos de nosotros, así como por el conjunto del Consejo de Bibliotecarias, en la necesidad de modernizar la Biblioteca Nacional incorporando nuevas tecnologías informáticas fue reiteradamente resistido por Horacio González argumentando que dichas tecnologías vulnerarían las tradiciones culturales que condensaba la institución bicentenaria.
Felizmente, durante los años 2004 y 2005, tanto la responsabilidad y el profesionalismo con que trabajaron los Consejos asesores así como la sensatez con que llevó adelante su labor Elvio Vitali, impidieron que la gestión se fracturase en una estéril contraposición entre Tradición y Modernización, entre Cultura y Técnica, entre la Biblioteca Nacional entendida como Gran Centro Cultural y la Biblioteca Nacional concebida como reservorio y memoria bibliográfica de nuestra cultura, abiertos a los lectores en general y a los investigadores en particular.
Entiendo que uno de aquellos desacuerdos en apariencia menor fue particularmente sintomático de las tensiones que se terminarían desplegando a lo largo del presente año. Surgió en el seno del Consejo Asesor de Investigadores durante los meses de julio, agosto y setiembre de 2004 cuando Elvio Vitali propuso elaborar, discutir y hacer público un diagnóstico franco de la Biblioteca Nacional tal como la encontró, en estado sumamente crítico, al asumir su cargo en junio de ese año. Mientras Vitali, así como varios miembros del Consejo, defendimos la necesidad de "blanquear" ante la ciudadanía la situación real de la institución, el entonces Subdirector la resistió reiteradamente, argumentando que de ese modo "dañaríamos la imagen de la Biblioteca Nacional". Los que defendíamos la difusión contraargumentamos que la imagen negativa ya estaba ampliamente instalada en los medios y en la conciencia pública, y que dar a conocer un balance crítico de una institución significaba por parte de los funcionarios asumir un compromiso público de contribuir a sanearla y de restituir su misión. Felizmente, primó la opción por el compromiso público y una versión resumida del "Estado de situación institucional" fue presentada a la ciudadanía a través de una conferencia de prensa brindada el 20 de setiembre de 2004. Allí se reconocía que la Biblioteca Nacional presentaba entonces "un funcionamiento deficiente" y, por tanto, no cumplía adecuadamente con su misión de "acrecentar, registrar, preservar, conservar, custodiar y difundir la memoria impresa de la cultura del país, en cualquier soporte permanente de información".
Quisiera recordar que el informe señalaba que la Biblioteca no disponía siquiera de un inventario de todos sus materiales, lo que no garantizaba el acceso público a los mismos ni tampoco la integridad del patrimonio en custodia; reconocía la existencia de actuaciones internas y judiciales a causa de robos y de mutilación de materiales; que sus recursos informáticos eran "insuficientes" y estaban "desactualizados"; que los depósitos se encontraban desordenados; que el proceso de ingreso de materiales no estaba informatizado, lo que impedía una "eficiente fiscalización patrimonial"; que no existían estrategias de acrecentamiento de las colecciones, ni tampoco políticas de resguardo de los materiales dañados, tales como la microfilmación y digitalización.
Respecto de la situación institucional, el informe sugería que la debilidad de las direcciones, casi siempre efímeras, se venía compensando con la intervención de los sindicatos en funciones propias de la conducción, mientras las líneas de conducción desde la cúspide hasta la base estaban quebradas. Los niveles de ausentismo, se puntualizaba, eran muy altos, el nivel salarial era bajo y no existía un sistema de estímulos para el personal. Dado este marco, concluía el informe, "los niveles de productividad resultan en general muy bajos", máxime teniendo en cuenta que "la demanda de servicios no resulta muy elevada": la Biblioteca Nacional tenía para junio de 2004 un promedio de 630 usuarios diarios y 905 consultas diarias.
Han transcurrido más de dos años desde aquel diagnóstico crítico. Desde entonces se han dado algunos pasos importantes a favor del saneamiento institucional, pero otros pasos —sobre todo en los últimos meses— se dieron hacia atrás, tornando aún más grave la situación.
La gestión que encabezó Elvio Vitali había dado un paso decisivo, sobre todo al poner en marcha durante el año 2005 el Programa Inventario de Libros. Con el eje puesto en la realización del Inventario, la tendencia que expresaba el entonces Subdirector, Horacio González, y que postulaba la Biblioteca sobre todo como un Gran Centro Cultural, quedaba de algún modo contenida y subordinada. Pero desde que Elvio Vitali renunciara, en diciembre de 2005, a su cargo de Director de la Biblioteca Nacional para asumir el de Legislador, ese equilibrio se alteró. Al asumir como Director el Dr. Horacio González, se invirtió la relación de fuerzas, perdiéndose el impulso de modernización tecnológica y saneamiento administrativo que Vitali había logrado comenzar a imprimir en la Biblioteca Nacional. El proyecto de la Biblioteca como Gran Centro Cultural pasó a ocupar el primer plano. A dicho proyecto se orientaron crecientemente recursos materiales y humanos, la mayor parte de las energías institucionales y la política de prensa y difusión. No casualmente, y previendo el curso que el nuevo Director le imprimiría a la gestión, para fines del año 2005 renunciaron, junto a Elvio Vitali, la Directora de Atención al Usuario y el Consejo de Bibliotecarias en pleno. Aunque no explicitaron las razones de sus renuncias, su sentido no tardó en alcanzar estado público y así supo reflejarlo la prensa.
Mi designación, en diciembre de 2005, como Subdirector de la Biblioteca Nacional con el objetivo de asumir y continuar las tareas bibliotecológicas que había emprendido la gestión Vitali con el apoyo de los Consejos asesores, fue un intento vano para conjurar el curso "culturalista" que a ojos vista tomaría la Biblioteca Nacional bajo la Dirección de Horacio González. Vano fue también el ensayo que hicimos el 5 de diciembre de 2005 de celebrar un "Acta de compromiso" entre usted, el director saliente de la Biblioteca, su actual Director y quien suscribe. El "Acta" fue un intento —hoy vemos que fallido— de fijar una continuidad entre la gestión que concluía en diciembre de 2005 y la que allí empezaba, y de establecer una cierta división de funciones entre el Director, que continuaría desplegando sus políticas de gestión cultural, y el nuevo Subdirector, que se consagraría a lo específicamente bibliotecológico e institucional.
Para la elaboración de dicho protocolo, la Subdirección propuso abocarse a: 1. La conclusión del Programa Inventario de Libros y Folletos 2005/2006 ; 2. La creación del Proyecto de Organización de Archivos de Manuscritos y Material Inédito; 3. El ordenamiento y acceso a Depósitos Generales de Material; 4. El Proyecto de reordenamiento de depósitos de Hemeroteca - Proyecto de Inventario de Hemeroteca; 5. El Proyecto de Inventario de Partituras; 6. El Proyecto de Recuperación Patrimonial, cuyo objetivo consistía en completar en forma sistemática las colecciones existentes a través de la gestión de donaciones y de compras; 7. El fortalecimiento de la política de Canjes y Donaciones; 8. La orientación de un Proyecto de Microfilmación y Digitalización; 9. El impulso de un Proyecto de Ediciones de Catálogos e Índices; 10. La contribución al mejoramiento en la atención al lector en general, y al investigador en particular; 11. La creación del Boletín Electrónico para favorecer la comunicación con lectores, donantes, editores, bibliotecas y otras instituciones.
Por su parte, el Director propuso desarrollar una política de relaciones internacionales, sobre todo con otras bibliotecas nacionales latinoamericanas, promover tareas solidarias con la comunidad como el Tren Social y Sanitario de Monte Caseros, trabajar en la construcción de una Bibliografía Nacional, proseguir con la edición de obras antiguas u olvidadas y con la revista La Biblioteca. Poco después anunció públicamente el lanzamiento del Centro Cultural anexo a la Biblioteca a erigirse en la Av. Las Heras, proyecto que se iniciaría con la demolición de los edificios contiguos pertenecientes a la institución y comprometiendo para ello gran parte del presupuesto y de los recursos humanos disponibles.
El protocolo que firmamos los cuatro sumó ambas propuestas, pero lamentablemente no estableció una relativa autonomía ni un presupuesto propio para la gestión cultural que asumiría la Dirección, de una parte, y la gestión bibliotecológica que asumiría la Subdirección, por otra.
Como se desprende del "Informe de Gestión" de la Subdirección de la Biblioteca Nacional que adjunto a la presente, si bien asumí otras tareas que no tenía previstas —como la ampliación del depósito del Tesoro, o la puesta en funcionamiento de los montacargas que comunican las salas de materiales especiales del tercer piso con sus depósitos en el cuarto—, me aboqué a lo largo del año a la realización de estas once líneas de trabajo. No sin resistencias internas, algunas han concluido exitosamente (como el Programa Inventario de Libros o la creación del Área de Archivos), otras se encuentran en estado avanzado (como el ordenamiento de los depósitos de Hemeroteca y el Proyecto de Recuperación Patrimonial), mientras que algunas, finalmente, recién vienen dando en los últimos meses sus primeros pasos (como el Inventario de Partituras y el de Hemeroteca). Aunque con ritmos diferenciados, en varias de estas líneas (aunque no en todas) se han logrado reunir equipos de trabajo que asumieron con interés y profesionalismo el desafío, colaborando con su esfuerzo en estas propuestas realizadas por la Subdirección, y a quienes agradezco la confianza y la honestidad con la que procedieron.
En algunas áreas fue imposible avanzar más allá de los primeros pasos, como por ejemplo en la edición de catálogos e índices, pues dicha línea de trabajo chocó abiertamente con la política de ediciones excluyente que se impulsó desde la Dirección. En efecto, el índice de artículos y autores de la revista Hechos e Ideas preparado por Roberto Baschetti y precedido de un estudio preliminar del historiador Alejandro Cattaruzza, esperó en vano su ingreso a la imprenta desde marzo del año 2006. En cambio, a lo largo del año 2006 se publicaron seis volúmenes de la Colección "Los raros" que dirige Horacio González y un ejemplar de la revista La Biblioteca de 560 páginas impreso en papel ilustración, pero ni uno solo de los catálogos e índices que con mucha mayor anticipación había preparado la Subdirección.
El objetivo que guió mi gestión a lo largo del año fue la búsqueda por consolidar una política de transparencia respecto de las prácticas administrativas y bibliotecológicas que lleva a cabo la institución, transparencia que contribuyera a restablecer vínculos activos con los donantes, con los editores y con todo el universo bibliotecológico; una política de visibilidad del patrimonio que atesora la institución que intentara restablecer un vínculo activo con lectores e investigadores. Para lograr transparencia y restablecer así la confianza en la institución, era indispensable una urgente modernización de la Biblioteca Nacional, una de cuyas aristas más importantes (aunque no la única) era la adopción de un sistema informático integrado, capaz de ofrecer a los lectores y a la propia institución un seguimiento preciso del recorrido de sus publicaciones, desde su ingreso hasta su ubicación en el estante, pasando por su préstamo en sala de lectura o su tránsito por el taller de restauración.
Semejantes objetivos de transparencia y modernización encontraron al interior de la Biblioteca, como no podía ser de otro modo, apoyos de algunos sectores y la obstinada resistencia de otros. La resistencia provino de los que están acostumbrados a la rutina de no rendir ni pedir cuentas; de los que consideran que el sueldo proveniente del empleo público es una suerte de seguro básico que no obliga a contraprestación laboral alguna; de los que manejan los recursos materiales y humanos de su oficina como un "kiosco" para su propio beneficio; de los funcionarios domesticados que vienen haciendo "la plancha" desde hace años y que recelan de todo aquel que demuestre en la práctica que aún en la administración pública las cosas pueden transformarse; y, en fin, del viejo sindicalismo burocrático y clientelista.
Lejos de constituir una sorpresa, el "Acta" firmada un año atrás contemplaba explícitamente que una política de transparencia y modernización impulsada conjuntamente desde la Dirección y la Subdirección afectaría a ciertos grupos e individuos que defenderían los espacios "conquistados" como "cotos cerrados", que se aferrarían a sus microsaberes y micropoderes en tanto que "derechos adquiridos". El problema no consistió en estas previsibles resistencias, sino en la defensa teórica y práctica, no tan previsible, que hizo el Director de la existencia y del funcionamiento de estos micropoderes y microsaberes en términos de "las más hondas tradiciones de la administración pública argentina", e incluso del "drama de la Argentina profunda". La Dirección no ha buscado, tal como se había comprometido a través de la firma del "Acta", limitar el poder de los sindicatos a las cuestiones específica y legítimamente gremiales, sino que virtualmente ha institucionalizado su codirección para la toma de todas las decisiones, grandes, medianas y pequeñas, delegando así responsabilidades que le son propias. La cadena de mandos de las direcciones y las jefaturas sigue quebrada, pues los empleados no responden a los poderes formales sino a los reales, que son los que en definitiva sancionan castigos y otorgan beneficios (como horas extras, plus salariales, etc). Los jefes y los coordinadores sólo ejercen una autoridad nominal, en desmedro del ascendiente que logran ciertos liderazgos sectoriales en el reparto de prebendas y cuotas de poder. La Biblioteca Nacional sólo formalmente constituye una unidad institucional. Es una suma inarticulada de poderes reales que no figuran en ningún organigrama, pero son los que operan cotidianamente.
Sé bien que no es tarea sencilla modificar profundamente esta situación, que por otro lado afecta desde hace décadas a la totalidad de la administración pública nacional. Pero creo que en una relación de fuerzas dada, pueden lograrse avances, retrocesos o estancamientos respecto de una reforma profunda de las instituciones del Estado. Por ejemplo, bajo la gestión de Elvio Vitali se dieron pasos importantes en la Biblioteca Nacional en el sentido de fortalecer la Dirección, las direcciones de áreas y las jefaturas en desmedro de dichos "poderes reales". En cambio, bajo la gestión capitaneada por González la Biblioteca Nacional ha vuelto a caer a uno de los niveles más bajos de institucionalidad o, lo que es lo mismo, de soberanía absoluta de los poderes de hecho. En su vocación negociadora con estos micropoderes, la gestión González ha sancionado una suerte de estructura de poder feudal. En el marco de esta lucha sin cuartel entre cotos cerrados, el Director se presenta ante a cada uno de ellos como una suerte de monarca concesivo y dadivoso.
Lamentablemente, el presupuesto de la Biblioteca Nacional se ejecuta a través de estas sordas pujas intersectoriales, jugando el Director un deslucido papel de moderador. La "buena prensa" obtenida este año por la Biblioteca Nacional, en parte gracias a la concreción del Programa Inventario, y en parte también como efecto de la enorme oferta de actividades culturales que fue reflejando la prensa diaria, favoreció sin duda el notable crecimiento del presupuesto asignado. Dicho presupuesto pasó de alrededor de 7 millones de pesos para el año 2004 a casi 12 en el año 2005 y a 17 millones en el año en curso (sin contar los llamados "refuerzos" que se solicitan a fin del ejercicio, y que este año hicieron que el presupuesto anual de la Biblioteca Nacional rondara los 20 millones de pesos). Una cifra nada desdeñable, pero al ser distribuida según dichas pujas sectoriales, apenas una ínfima porción fue destinada a enriquecer el patrimonio de la Biblioteca, mientras que la gran mayoría del presupuesto fue destinado a mejorar la situación salarial del personal así como a generar nuevas e incontroladas contrataciones.
El Director, a través de sus reiterados discursos, se ufana en haber consagrado la unidad de lo que llama la "comunidad bibliotecaria". Así lo expresó, por ejemplo, en octubre de este año, cuando inauguró ante el personal de la institución el Comedor Comunitario "Raúl Scalabrini Ortiz" en un espacio que el proyecto original del edificio consagraba al primer tramo del circuito de ingreso de los libros y otros materiales a la Biblioteca. En su esfuerzo por integrar dicha "comunidad bibliotecaria" —una suerte de versión bibliotecológica de la Comunidad Organizada—, ha otorgado a los "poderes reales" espacios físicos y simbólicos de la Biblioteca y la parte sustancial de los recursos materiales de su presupuesto. Semejante empeño de conformar a todos y cada uno de los empleados y grupos de la Biblioteca sería casi inobjetable si no fuera por un detalle: en su "comunidad bibliotecaria" hay un gran ausente, y ese ausente es el lector. Y si es cierto que muchos empleados estuvieron durante años "castigados" con sueldos bajos, el más castigado de la Biblioteca Nacional es este actor casi invisible y casi inaudible, porque no está organizado, porque no tiene gremios, porque no puede responder a la desconsideración de la que es objeto sino con su ausencia, con su creciente emigración a otras bibliotecas. Y esta es la gran paradoja de la Biblioteca Nacional: el gran ausente es el lector, cuya existencia misma se identifica con el sentido y la misión de la Biblioteca. Significativamente, uno de los espacios a través de los cuales el lector podía sentirse, al menos en parte, invitado a participar de las discusiones acerca del curso a imprimirle a las políticas institucionales en esta Biblioteca, como era el Consejo Asesor de Investigadores, sólo fue convocado dos veces durante el año 2006 —la primera de ellas en marzo y la última en julio—, sin que se les participara activamente de ninguno de los proyectos.
Lamento, Dr. Nun, contradecir cierta imagen tranquilizadora que de la Biblioteca Nacional se ha logrado construir no sin cierta eficacia comunicativa, pero me veo obligado a señalar que el cuadro crítico presentado en setiembre de 2004 por la gestión Vitali aún permanece, en sus líneas generales, crudamente vigente. El presupuesto de la Biblioteca Nacional crece de modo exponencial y al mismo tiempo el patrimonio crece de modo vegetativo y la cantidad de lectores cae de modo exponencial.
Por ejemplo, a lo largo del año 2006 la política de contratación de personal de la Biblioteca Nacional continuó anclada en una de las peores tradiciones de la administración pública nacional. Me refiero a la política de "cuotas" de los poderes reales que admite de hecho la contratación de nuevo personal según el peso relativo de cada uno de ellos. Según un memorando interno producido por uno de los delegados gremiales, hasta setiembre del año 2006 la Dirección había incorporado 19 contratados, mientras que UPCN había incorporado 9, ATE 7 y SOEME 2. Dicho memorando atribuye a la Subdirección la incorporación de 6 contratados. En verdad, si bien es indudable que promovimos la contratación de profesionales para cubrir cargos en diversas áreas de la Biblioteca, desde la Subdirección hemos rechazado reiteradamente el método de las "cuotas", no sólo porque sirve a la construcción de "clientelas" políticas y gremiales, sino porque distorsiona el regular funcionamiento de la institución. No quiero con esto, ni mucho menos, descalificar a todos y cada uno de los contratados que ingresaron a trabajar este año a la Biblioteca Nacional: en algunos casos me consta que se han desempeñado excelentemente. De cualquier modo, creo que el compromiso laboral es totalmente distinto cuando se ingresa de modo transparente que a través de padrinos, cuando se ingresa para cubrir una vacante real que como resultado de una presión, cuando hay postulación y selección transparentes que cuando se dan los clásicos "acomodos". La incorporación de personal contratado es una responsabilidad de las autoridades de la institución y debe cubrirse atendiendo a las demandas reales de las diversas áreas y no según la presión de los gremios o los grupos de poder. Las convocatorias deben ser abiertas y públicas, especificándose el perfil técnico de la persona a contratar. Para enfrentar este grave problema, propusimos en nota a la Dirección la creación de un Comité de Selección de Personal Contratado integrado por representantes de la Dirección, la Subdirección, las respectivas Direcciones, el Jefe de Personal y el Jefe del área que solicita el empleado. El Comité debería constituirse para atender las solicitudes de personal por parte de los jefes y coordinadores, abrir una convocatoria pública y finalmente escoger entre los postulantes, evaluándolos a través de la lectura de los curricula vitae y de entrevistas personales. Cada gremio debería enviar un veedor para garantizar la transparencia de la selección.
La propuesta de la Subdirección fue reiteradamente rechazada por la Dirección como "poco realista", por desconocer "las antiguas tradiciones que laten en lo más profundo de la administración pública", por ignorar, en fin, una vez más, "el drama de la Argentina profunda". Pero la enorme presión de los pasantes universitarios, inicialmente contratados para trabajar cargando datos en el Inventario de Libros, para pasar al estatuto de empleados contratados, obligó finalmente a la Dirección a sancionar mediante una Resolución, firmada a fines de este año, la constitución de un Comité de Selección.
La Resolución podría ayudar a fortalecer la débil institucionalidad de la Biblioteca Nacional, pero en la medida en que no se desactive el funcionamiento de los grupos de poder real, el Comité de Selección —así como los concursos convocados para marzo de 2007 para cubrir los cargos de las cuatro Direcciones estructurales— corre el riesgo de convertirse en una suerte de cobertura institucional de una puja facciosa de poderes. El sistema de "cuotas" podría seguir funcionando, pero bajo la máscara institucional de un Comité de Selección de Personal…
En fin, en la medida en que no existe una Dirección dispuesta a asumir a fondo sus responsabilidades, cada "feudo" queda de algún modo librado a su propia suerte, a sus propias reglas y a sus mandos "reales". El ausentismo del personal, según un estudio realizado en el año 2005, arañaba el 30%, siendo además muy débil el control de permanencia del personal en el puesto de trabajo.
La Biblioteca Nacional funciona deficitariamente, pero no por falta de personal: entre empleados de planta y contratados la cifra trepa hoy a los 400 trabajadores. Si a esto le sumamos 65 pasantes y 10 bibliotecarios contratados para la realización de los Inventarios, la cifra supera las 450 personas. Es una cifra superior a la cantidad de empleados de la Biblioteca Nacional del Brasil (422 en el año 2001 según cifras de ABINIA), pero alarmante si se tiene en cuenta que dicha Biblioteca atesora tres millones y medio de volúmenes (sin contar los 870.000 volúmenes que resguarda en el Tesoro), contra los magros 800.000 de nuestra Biblioteca Nacional (y apenas 30.000 estimados en nuestro Tesoro). El dato es significativo, pues ambas bibliotecas nacionales son beneficiarias del Depósito Legal, pero mientras el desarrollo de la industria editorial brasileña sólo ha sido intenso en las últimas dos décadas, en la Argentina conocimos un desarrollo sostenido a lo largo de todo el siglo XX y particularmente intenso entre la década de 1930 y la de 1980. Quisiera señalar también que la Biblioteca Nacional de México disponía en el año 2001 de dos millones de volúmenes y la Biblioteca Nacional de Venezuela de 2 millones y medio.
Nuestra Biblioteca cuenta entre su personal con apenas un poco más de 50 bibliotecarios, una docena de informáticos y otra docena de licenciados en Letras y Ciencias Sociales. Aproximadamente el 75% de su personal no tiene calificaciones profesionales para trabajar en una biblioteca, cumpliendo tareas administrativas o de acarreo en los depósitos. La Biblioteca Nacional del Brasil tiene en total 276 profesionales y técnicos (un 65,40% del total) contra 139 administrativos (32,94%) y 7 directivos (1,66%). Dicha Biblioteca, considerada por UNESCO como la octava biblioteca nacional del mundo y la mayor de América Latina, posee un mecanismo estructurado para la compra de material bibliográfico en el exterior con el objetivo de reunir una colección de obras extranjeras en las que se incluyan libros relativos a Brasil o de interés para el país; elabora y divulga la bibliografía brasileña a través de un Boletín Bibliográfico y mediante el Programa Biblioteca Nacional Sin Fronteras tiene como objetivo la creación de una biblioteca digital, concebida como un espacio virtual donde se integren las colecciones digitalizadas, los recursos humanos y los servicios ofrecidos al ciudadano. La Biblioteca Nacional argentina, con una dotación mayor de personal, carece absolutamente de proyectos semejantes.
En suma, nuestra querida Biblioteca Nacional, que debería ser el reservorio de nuestra vasta actividad editorial, la cabeza del sistema bibliotecario nacional, el epicentro de la elaboración de la Bibliografía y la Hemerografía Nacionales, la avanzada en la proyección de una biblioteca digital, viene difuminando su identidad, viene ofreciendo un servicio deficiente y viene perdiendo lectores, por no hablar de los investigadores. La función de gran biblioteca pública la ha perdido en manos de la Biblioteca del Congreso. También la Biblioteca del Congreso, así como el Centro de Estudios Históricos del Parque de España de Rosario y otras instituciones, la han aventajado con creces en políticas de microfilmación. La Academia Argentina de Letras ha tomado el lugar que la Biblioteca Nacional dejó vacante en lo que hace a políticas de digitalización de su patrimonio cultural. Los investigadores la han dejado como biblioteca de última instancia, para reorientarse a bibliotecas especializadas, como la Biblioteca del Maestro, o las bibliotecas universitarias, o a centros de documentación como la Fundación Espigas, el CEDODAL o el CeDInCI. Según datos elaborados por la Dirección de Atención al Usuario, la cantidad de lectores cayó en el presente año, respecto del año anterior, en un 20%. Según una lista confeccionada por dicha Dirección, de los mil libros más pedidos se desprende que los lectores habituales son sobre todo estudiantes de Derecho y de Medicina que solicitan libros de texto universitarios. En suma, el material que solicita mayoritariamente el lector poco tiene que ver con el riquísimo acervo cultural que atesora la Biblioteca Nacional
La Biblioteca Nacional argentina ya no es aquella antigua y memorable biblioteca clásica de la calle México, donde habitaban los fantasmas de Groussac y de Borges que en vano invoca su actual director. Ya sin el aura de la antigua Biblioteca Nacional, el traslado a la nueva sede durante el período 1991-1992 en la época de la fiesta menemista, signó a la nueva Biblioteca, condenada a sobrevivir sin las glorias de la tradición ni tampoco con las ventajas de la modernización. En quince años transcurridos desde que se inauguró la nueva sede de la calle Agüero, los sucesivos proyectos de informatización (con la excepción del Programa de Inventario de Libros), fracasaron uno a uno. Como testimonio de dicho fracaso, quedan en el Departamento de Informática alrededor de 77 bases de datos, cargadas en distintos formatos, muchas de ellas ya irrecuperables. Este sólo dato —77 bases de datos—, habla a las claras de la ausencia de una política orgánica de informatización y de modernización integral de la Biblioteca Nacional, habla de su feudalización, de la imposibilidad de garantizar el efectivo acceso al lector de todos los materiales que atesora así como de la imposibilidad de garantizar el resguardo de ese patrimonio.
Esto significa que iniciado el siglo XXI, la Biblioteca Nacional de nuestro país sólo cuenta, gracias al Programa Inventario, con un catálogo automatizado de menos de 800.000 registros, que corresponde a los libros y folletos de su Colección General. Quedan fuera de este catálogo automatizado todas las colecciones especiales de manuscritos, partituras, mapas, fotografías, grabados, dibujos, publicaciones periódicas y obras antiguas resguardadas en el Tesoro. De modo que el catálogo disponible desde hace apenas seis meses para los lectores a través de Internet, que es hoy el principal instrumento de difusión de sus colecciones en el mundo, es un desarrollo incompleto. Todos los demás procesos se gestionan de forma totalmente manual, desde la gestión de las nuevas adquisiciones y el control de los ingresos por depósito legal, hasta la circulación de los fondos en la Biblioteca, el seguimiento de la recepción de las entregas de las publicaciones periódicas, la gestión de los catálogos colectivos, etc. En suma, la Biblioteca Nacional realiza un conjunto complejo de procesos con escasa o nula integración, que impide ofrecer un servicio a eficaz y rápido a los lectores y que sin embargo consume muchos recursos humanos.
En fin, Dr. Nun, las cifras volcadas en esta carta apenas dan una idea somera de la situación crítica que todavía vive nuestra Biblioteca Nacional. Aunque no desdeño ni mucho menos las actividades culturales que puedan desplegarse desde su sede —la Subdirección incluso ha impulsado algunas de ellas, como el Ciclo de Poesía y Música y el Ciclo de Cine Mudo con Piano en Vivo—, creo que el rumbo que debería retomar la Biblioteca Nacional es el que se había iniciado con la gestión Vitali en junio del año 2004 y que se perdió en el año 2006: es el rumbo de su modernización, de su informatización integral, de su saneamiento administrativo, de la capacitación de su personal y de la incorporación a través de concursos públicos y transparentes de los bibliotecarios e informáticos que necesita con urgencia.
Doy por descontado que buena parte del personal de la actual Biblioteca Nacional acompañaría este rumbo, así como ciertos sectores gremiales que han comprendido la necesidad de fortalecer un nuevo sindicalismo, hoy apenas incipiente. Lo que hoy no existe es una Dirección con la convicción intelectual y el coraje cívico para sostener esta orientación, más allá de sus resonantes declaraciones públicas. Lejos de la celebración de eventos sociales y de viajes protocolares, la Biblioteca Nacional requiere de un equipo de Dirección con competencia acreditada en la gestión bibliotecaria, capaz de brindar respaldo y confianza a un equipo técnico que encare prácticamente la tan mentada modernización.
Agradeciendo la confianza depositada en mi nombramiento y esperando que el Informe no defraude las expectativas, lo saluda cordialmente

Horacio Tarcus
Subdirector