17 enero 2007

El Damero


La institucionalización de los campos de concentración-exterminio en la Argentina*

Para reflexionar acerca de las Instituciones en la Argentina es necesario formularse la siguiente pregunta: ¿Cuáles son los efectos que la institucionalización, en nuestro pasado reciente, de los campos de concentración-exterminio ha causado sobre nuestra subjetividad?. Para arrojar luz sobre este interrogante, Enrique Carpintero analiza el campo de concentración-exterminio como la matriz oculta que aún produce efectos en el espacio social y político en que vivimos.

Ilustración: Aída Carballo


La memoria es un trabajo
Paul Ricour

Por Enrique Carpintero*

Perspectiva de análisis del campo de concentración-exterminio

Reflexionar acerca de las instituciones en la Argentina necesariamente requiere preguntarnos ¿Cuáles son los efectos en nuestra subjetividad de la institucionalización en nuestro pasado reciente de los campos de concentración-exterminio?
Los campos de concentración aparecen por primera vez a fines del siglo XIX cuando los españoles inventaron los llamados “campos de reconcentramiento” en la guerra colonial con Cuba. El general Weyler agrupó forzosamente a 400.000 campesinos en letales unidades carcelarias. Esta idea fue copiada por los americanos en la conquista de las Filipinas y luego por los ingleses en la guerra anglo-boer de Sudáfrica. Allí se establecieron los primeros concentratión camps con nombre y función ya conocidos: hacinamiento, desnutrición y muerte. En el siglo XX el paradigma fueron los campos de concentración nazis.
Cuando Giorgio Agamben se interroga acerca de ¿Qué es un campo? ¿Cuál fue la estructura jurídico-política que hizo posible que pudieran ocurrir tales acontecimientos? establece que “La pregunta correcta con respecto a los horrores cometidos en los campos no es, por consiguiente, aquella que inquiere hipócritamente cómo fue posible cometer delitos tan atroces en relación a seres humanos; sería más honesto, y sobre todo más útil, indagar atentamente acerca de los procedimientos jurídicos y los dispositivos políticos que hicieron posible llegar a privar tan completamente de sus derechos y de sus prerrogativas a unos seres humanos, hasta el extremo de que llevar a cabo cualquier acción contra ellos no se considerara ya como un delito.”[i]
Desde esta perspectiva vamos a considerar el campo de concentración-exterminio no como un simple hecho histórico, sino como la matriz oculta que aún produce efectos en el espacio social y político que vivimos.

La dictadura militar de 1976

El 24 de marzo de 1976, luego de un golpe militar, asumió el gobierno una Junta integrada por el teniente general Jorge Rafael Videla, el almirante Emilio Eduardo Massera y el brigadier Orlando Ramón Agosti.
Inmediatamente todos los mandatos políticos fueron anulados y se hicieron arrestos masivos de dirigentes políticos, sociales y gremiales. La dictadura militar contaba con el apoyo de un sector importante de la población -en especial de la clase media- que asumió como propio el discurso autoritario de la Junta Militar a partir de una poderosa propaganda en la que los medios de difusión sostenían la necesidad de imponer un “orden” ante la debilidad del gobierno de Isabel Martínez de Perón. De esta manera se aceptó la supresión de las garantías constitucionales y la instauración de un orden basado en el silencio.
También el nuevo régimen recibió apoyos significativos desde diferentes estructuras de poder. Desde Washington se consideró necesaria la dictadura militar para “poner orden y terminar con el colapso económico”. El Fondo Monetario Internacional (FMI) puso a disposición de la Junta Militar los créditos de la institución para que tuviera margen de maniobra durante los primeros meses del nuevo gobierno. Los partidos políticos tradicionales optaron por el silencio apoyando las nuevas medidas tomadas por los militares.[ii] Las grandes entidades empresarias como la Unión Industrial Argentina (UIA), La Sociedad Rural (SR), la Cámara Argentina de Comercio (CAC), entre otras apoyaron abiertamente al gobierno. La noche anterior al golpe los miembros de la Junta Militar se reunieron con la jerarquía eclesiástica en la sede de la Conferencia Episcopal Argentina (CEA) para acordar en la necesidad de salvar “la Argentina occidental y cristiana”.
El objetivo del golpe militar fue institucionalizar el poder de la gran burguesía y el capital financiero para incorporar a la Argentina en el proceso de mundialización capitalista. Es decir su objetivo era político y no militar, ya que durante el gobierno de Isabel Martínez de Perón las Fuerzas Armadas, con el accionar de bandas paramilitares como la Alianza Anticomunista Argentina (AAA), habían logrado el control de la represión contra las organizaciones guerrilleras, las cuales se encontraban derrotadas políticamente y fuertemente debilitadas.[iii] Para llevar adelante esta política era necesario lograr el disciplinamiento del movimiento social a través del terror. Especialmente disciplinar económicamente a la clase obrera por el retroceso del empleo y el salario quitando la base de sustentación a las organizaciones sindicales. De allí que las víctimas de la dictadura fueron fundamentalmente los trabajadores. La represión fue padecida por intelectuales, artistas, sacerdotes, políticos e, incluso amas de casa, pero fueron los delegados de fábrica, dirigentes sindicales de base, estudiantiles y barriales los que constituyeron el porcentaje mayoritario de personas desaparecidas.[iv]
En esta perspectiva la condición de “subversivo” no se refería solamente a aquel que realizaba atentados sino a todo el que pensara social y políticamente de manera diferente a los militares. En un reportaje Videla lo expresaba claramente: “ Por el sólo hecho de pensar distinto dentro de nuestro estilo de vida es privado de su libertad, pero consideramos que es un delito grave atentar contra el estilo de vida occidental y cristiano queriéndolo cambiar por otro que nos es ajeno, y en este tipo de hechos no solamente es considerado como agresor el que agrede a través de bombas, del disparo o del secuestro sino también aquel que en el plano de las ideas quiere cambiar nuestro sistema de vida a través de ideas que son justamente subversivas; es decir subvierten valores.”[v] Por si había alguna duda el gobernador de Buenos Aires, general Ibérico Saint Jean, afirmaba: “Nuestros enemigos son los subversivos, los amigos de los subversivos, y los indiferentes.” La idea de “subversión” para los militares abarcaba desde acciones laborales, revistas de la cultura, protestas de los estudiantes hasta la oposición de los medianos y pequeños empresarios nucleados en la Confederación General Económica (CGE) que fue disuelta y se emitió una orden de captura internacional para sus líderes.[vi]
Durante los primeros meses del golpe centenares de sindicatos fueron intervenidos prohibiéndose la actividad sindical y el derecho de huelga. Los empleados públicos fueron sometidos a la jurisdicción de tribunales militares. Casi todas las grandes fábricas industriales fueron ocupadas militarmente con el acuerdo de los empresarios.
En el ámbito de la educación, miles de profesores, maestras, administradores y asistentes educacionales fueron despedidos. Más de noventa carreras fueron eliminadas.
Los medios de comunicación se encontraban censurados pero muchos de ellos colaboraban activamente con la dictadura.

La institucionalización de los campos de concentración-exterminio: por primera vez en la Argentina

Creemos necesario detenernos para analizar la metodología central en que se basó el Terrorismo de Estado: los campos de concentración- exterminio.
La historia del Siglo XX estuvo llena de “asesinos de la memoria” como los denomina el filosofo Yosef Yerushalmi.[vii] De esta manera nos encontramos con censuras, condenas, desapariciones, falsas declaraciones de culpabilidad, asesinatos y podríamos seguir en una larga lista. El objetivo del poder totalitario fue siempre el mismo: impedir la reconstrucción de los acontecimientos. Es decir, privar la posibilidad del recuerdo.
Simón Wiesenthal escribió que en los campos de concentración se les decía a los prisioneros: “No importa cómo termine esta guerra: la hemos emprendido contra ustedes y la hemos ganado; ninguno de ustedes quedará para dar testimonio, pero si alguno se salvara, el mundo no le creerá.” Sin embargo la persistencia de la memoria permitió que el silencio y el olvido no triunfaran y el mundo pudo conocer y creer los horrores cometidos por el nazismo.
Es interesante observar cómo en la Argentina se sostuvo un dialogo similar. El periodista Jacobo Timerman fue secuestrado por el general Camps quien lo interrogó y torturó durante varios meses. En uno de los largos interrogatorios Camps le decía:
“-Si exterminamos a todos, habrá miedo por varias generaciones.
-¿Qué quiere decir todos? Le pregunta Timerman.
–Todos…unos 20.000. Y además sus familiares. Hay que borrarlos a ellos y a quienes puedan llegar a acordarse de sus nombres.
- Es lo que intentó Hitler con su política de Noche y Niebla- contesta Timerman
Ante lo cual Camps responde: -Hitler perdió la guerra nosotros la ganaremos-.”[viii]
Estas palabras de Camps, que eran similares a las expresadas por otros militares, implican establecer que la dictadura militar llevó adelante un plan organizado y sistemático de represión basado en los campos de concentración-exterminio para hacer desaparecer a miles de personas.[ix]
Entre 1976 y 1982 funcionaron 340 campos de concentración en 11 de las 23 provincias argentinas, negados por las Fuerzas Armadas que los denominaba Lugar de Reunión de Detenidos (LRD).
Algunos campos estaban instalados en bases militares especialmente equipadas para darles cabida. Sin embargo, eran los sitios en que nada se relacionaba con el Ejército los que mostraban la impunidad con la que operaba el régimen militar. Había campos que se encontraban en viejas escuelas rurales (La escuelita de Famaillá), en hospitales (Hospital Posadas), viejos galpones de tranvías (Olimpo), oficinas del Estado (Hidráulica de Córdoba, Club Atlético, Escuela de formación Física de Tucumán), viejas estaciones de radio provinciales (La Cacha), moteles en construcción (El Motel de Tucumán).
Cinco grandes campos de concentración conformaban el centro del sistema represivo de los militares: El Vesubio y Campo de Mayo en las afueras de Buenos Aires, la ESMA y Club Atlético en la Ciudad de Buenos Aires y la Perla en Córdoba.
El Vesubio había sido creado durante el gobierno de Isabel Perón. El general Suárez Mason controlaba sus actividades. En sus paredes había esvásticas pintadas y las peores brutalidades se reservaban a los prisioneros judíos. El campo de concentración de Campo de Mayo funcionó en la base del ejército del mismo nombre; era la unidad militar más importante del país conducida por el general Omar Riveros, sucedido por los generales Reynaldo Bignone y Cristino Nicolaides. Más de 3.500 prisioneros pasaron por este campo donde muy pocos sobrevivieron. La ESMA funcionó en el casino de oficiales de la Escuela de Mecánica de la Armada donde fueron detenidas y desaparecidas más de 5.000 personas y sirvió a los intereses políticos del Almirante Massera. El Club Atlético funcionó en la Ciudad de Buenos Aires y formaba parte de la Superintendencia de la Policía Federal que dependía del primer cuerpo del ejército. El viejo depósito de suministros de la policía albergó más de 2000 prisioneros. En Córdoba estaba La Perla, que pertenecía al poderoso Tercer Cuerpo de Ejército que supervisaba tres provincias y más de la mitad del territorio de la Nación, bajo el mando del General Luciano Benjamín Menéndez.[x]
Podemos estimar que en los campos de concentración-exterminio pasaron entre 15.000 y 20.000 personas, de las cuales el 90% fueron asesinadas. La Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (CONADEP) recibió 8960 denuncias. Como el número exacto todavía no se sabe las organizaciones de Derechos Humanos, como la Madres de Plaza de Mayo, suponen la cantidad de 30.000 desapariciones.
Como sostiene Pilar Calveiro, una sobreviviente: “Los campos de concentración fueron el dispositivo ideado para concretar la política de exterminio, producto de esta concepción binaria de lo político y lo social. La política concentracionaria como concepción pertenece a este universo binario que separa amigos de enemigos; el campo de concentración, como el cuartel o el psiquiátrico, son instituciones totales.”[xi]
En estas instituciones totales se encerraba a los detenidos para iniciar un proceso de destrucción de su condición humana en la lógica característica de los campos de concentración-exterminio. Es decir, se los transformaba en una cosa, un número para luego eliminarlos. Cuando entraban, como método, se los torturaba durante varios días, luego se los ataba, se los mantenían con una venda y se les asignaban un número. En estas condiciones podían estar semanas o meses sin hablar con nadie. Cualquier infracción era castigada con nuevas torturas. En algún momento -dependía de la arbitrariedad del poder- eran llevados a la enfermería donde se les inyectaba un calmante para ser “trasladados”. Este eufemismo se utilizaba para sacarlo del campo de concentración y trasladarlos a algún lugar donde eran fusilados o se los subía a un avión desde el cual eran tirados al mar. Los cadáveres eran enterrados en fosas comunes, incinerados o quedaban perdidos en el mar.
Si bien en otras épocas habían desaparecido personas, la dictadura militar definió una nueva arquitectura de la muerte al realizarla en forma sistemática como política de Estado. El término “desaparecido” implicaba la voluntad de encubrir el destino del secuestrado y la identidad de sus asesinos. Para la “historia oficial” estas personas estaban vivas y para las autoridades “prófugas” de la justicia. Esta práctica producía una situación torturante para los familiares y amigos ya que sin la muerte, sin una tumba, se construye un trauma imposible de ser elaborado. Como sostiene Giorgio Agamben: “la expresión ‘fabricación de cadáveres’ implica que aquí no se puede hablar propiamente de muerte, que la muerte de los campos no era tal muerte, sino algo infinitamente más escandaloso. En Auschwitz no se moría, se producían cadáveres. Cadáveres sin muerte, no-hombres cuyo fallecimiento es envilecido como producción en serie. Según una interpretación posible y muy difundida, es justamente esta degradación de la muerte lo que constituye el ultraje específico de Auschwitz, el nombre propio de su horror.”[xii]
Pero la desaparición no fue solamente de sus cuerpos sino también de sus ideas pues había que asesinar la memoria. En este sentido si los desaparecidos quedan despojados de sus diferentes identidades políticas previas a la dictadura militar se deja de lado los intereses materiales y políticos que desencadenaron el exterminio.

Los campos de concentración-exterminio como la matriz oculta que aún produce efectos en la subjetividad

Si una sociedad no plantea sus responsabilidades difícilmente podrá comprometerse con sus problemas éticos y relativizará los conflictos vinculados con la impunidad, la justicia, la corrupción y la muerte. La dictadura militar además del dolor por los desaparecidos ha dejado la sensación de que todo es un presente perpetuo. Nuestro pasado reciente es una historia lejana y no un problema sobre el cual es necesario una revisión ya que ha dejado profundas huellas en nuestra subjetividad.
Ahora bien. Si ponemos el eje en los campos de concentración-exterminio es porque creemos que esta fue y sigue siendo una historia negada por la sociedad. En este sentido llamarlos Centros de Detención Clandestinos resulta más aceptable que llamarlos campos de concentración-exterminio ya que nos lleva a preguntarnos ¿Cómo una sociedad generó semejante barbarie? Y, aún más ¿Cuales fueron sus efectos en la subjetividad?
Durante gran parte del siglo XX la sociedad Argentina vivió bajo gobiernos militares. De esta manera las Fuerzas Armadas asumieron el papel mismo del Estado representando a diferentes sectores de las clases dominantes. En esos años la sociedad civil fue incorporando en su subjetividad un discurso autoritario reclamando a los militares para que impusieran orden ante la incapacidad de los partidos tradicionales para resolver las contradicciones políticas. Estos, a su vez, participaron en algunos de estos golpes militares asociándose en diferentes circunstancias.
Sin embargo el golpe de 1976 tuvo otras características. Un amplio movimiento social con reivindicaciones sociales y políticas se había extendido durante la década del ´70. Era sobre este movimiento social que había que implantar el terror para alcanzar un poder disciplinario que lograra imponer un proyecto político y económico donde desapareciera el disenso. Es decir, anular toda manifestación de rebeldía contra el orden social establecido a través del terror instalado en nuestros cuerpos.
Esta situación determina que la institución militar organizada como un aparato represivo más que como un aparato de guerra -como lo demostró en la guerra de las Malvinas- encuentra en la creación de los campos de concentración-exterminio y la desaparición de personas un método para inscribir el terror en el conjunto de la sociedad. Recordemos que hasta mediados del siglo XX las Fuerzas Armadas tenían como paradigma en su formación al ejército prusiano. Luego incorporaron los modelos represivos que se enseñaban en la Escuela de las Américas creada por EEUU y, fundamentalmente el llevado adelante por el ejército colonial francés en Argelia.
Como sostiene Agamben los campos se crean del estado de excepción y de la ley marcial. Allí se suspende toda ley. En este sentido los campos de
concentración-exterminio mostraban la cara oculta de una sociedad sometida a la arbitrariedad del poder donde la subjetividad atravesada por ese estado de excepción sólo podía generar miedo. De lo oculto no se podía hablar. Para ello había que mantener una disociación entre lo que se sabía y lo que se decía. La propaganda oficial planteaba que “el silencio es salud”. Por el contrario las que hablaban eran las “locas de Plaza de Mayo”.
Como dice Pilar Calveiro: “ Los campos de concentración, ese secreto a voces que todos temen, muchos desconocen y unos cuantos niegan, sólo es posible cuando el intento totalizador del Estado encuentra su expresión molecular, se sumerge profundamente en la sociedad, permeándola y nutriéndose de ella. Por eso son una modalidad represiva específica, cuya particularidad no se debe desdeñar. No hay campos de concentración en todas las sociedades. Hay muchos poderes asesinos, casi se podría afirmar que todos lo son en alguna sentido. Pero no todos los poderes son concentracionarios. Explorar sus características, su modalidad específica de control y represión es una manera de hablar de la sociedad misma y de las características del poder que entonces se instauró y que se ramifica y reaparece, a veces idéntico y a veces mutado, en el poder que hoy circula y se reproduce.”[xiii]
En la actualidad el poder concentracionario aparece claramente en las llamadas instituciones totales. Según la Comisión por la Memoria en un informe sobre corrupción, torturas y otras prácticas aberrantes en el Servicio Penitenciario Bonaerense titulado “El sistema de crueldad” plantea: “La cantidad de muertes en las cárceles bonaerenses resulta alarmante y puede considerarse el resultado de una verdadera política de exterminio”. Luego sostiene que las cárceles en la provincia de Buenos Aires “semejan a los campos de concentración que describe Primo Levi en su libro Si esto es un hombre”[xiv]. Esta situación puede extenderse a todas las cárceles del país.
En los asilos psiquiátricos el hacinamiento y la mala alimentación se ven compensado por psicofármacos que son utilizados para imponer el poder disciplinario.
Sin embargo el poder autoritario atraviesa el conjunto de la sociedad mutado en un discurso donde al pobre se lo mira con desconfianza. Donde una manifestación que produce un embotellamiento de tránsito se la denomina “caos”. Donde una huelga en un hospital público se la llama “terrorismo sanitario”. Es decir, donde en un discurso supuestamente democrático se criminaliza la protesta. Nuevamente el silencio es preferible al ruido de los diferentes sectores que reclaman por sus derechos.
En este sentido debemos tener presente lo que dice Juan Gelman en el prólogo del libro de Pilar Calveiro: “(esta) Advierte: ´la represión consiste en actos arraigados en la cotidianidad de la sociedad, por eso es posible´. Se trata de ideas sobre las que conviene meditar: la Historia está llena de repeticiones y pocas pertenecen al orden de la comedia”.


*Este artículo está basado en un capítulo del libro Las Huellas de la Memoria II. Psicoanálisis y Salud Mental en la Argentina, Tomo II (1970-1983), Enrique Carpintero y Alejandro Vainer, Editorial Topía, Bs. As, 2005.

*Dr. Enrique Carpintero
Psicoanalista

enrique.carpintero@topia.com.ar

Notas

[i] Agamben, Giorgio Medios sin fin. Notas sobre la política, Editorial Pre-textos, España, 2001, pág. 40.
[ii] La participación civil en el gobierno militar se puede corroborar en los siguientes datos: “El 35,3%, o sea más de un tercio de los actuales intendentes con tendencias políticas definidas de todo el país, son radicales; el 19,3% de esos intendentes son peronistas y el 12,4% son demócratas progresistas. Tan sugestivos porcentajes surgen de uno de los trabajos más minuciosos de relevamiento político interno que se conozca en la actualidad. Ese trabajo, realizado palmo a palmo sobre la extensión total del territorio nacional por los servicios de inteligencia del Estado, demuestra sobre los 1697 municipios censados, que sólo 170 intendentes, o sea el 10%, pertenecen a las fuerzas armadas; 649 intendentes, o sea el 38% carecen de militancia política definida y 878 intendentes, esto es, 52%, están de un modo u otro adscriptos a una corriente política concreta.”
“El detalle de los intendentes con tendencia política definida en todo el país es el siguiente (hasta fines de 1978): Unión Cívica Radical: 310 intendentes, 53,3%; Justicialismo: 169 intendentes, 19,3% ; Demócrata Progresista: 109 intendentes, 12,4% ; Movimiento de Integración y Desarrollo, liderado por Frondizi, (MID): 94 intendentes, 10,7% ; Fuerza Federalista Popular, liderado por Manrique: 78 intendentes, 8,9% ; Partidos Conservadores ajenos a nucleamientos nacionales: 72 intendentes, 8,2% ; Neoperonistas: 23 intendentes, 2,7% ; Demócratas Cristianos: 16 intendentes, 1,8% ; Partido Intransigente, Alende: 4 intendentes, 0,4%.” Marín, Juan Carlos, Los Hechos Armados, Ediciones La Rosa Blindada, Bs. As., 2003, págs. 67-68.
[iii] “ De modo que la excusa que todavía hoy se esgrime para justificar el golpe de Estado y que dice que no era posible combatir la guerrilla insurgente con las restricciones que imponía el ordenamiento institucional y jurídico de la democracia entonces vigente es una evidente falsedad. No sólo lo pudieron hacer (aun violando extensamente los derechos, como se hizo en Tucumán, con la conformidad del peronismo gobernante y la resignada aceptación de la oposición) sino que ya la habían prácticamente derrotado. Las propias Fuerzas Armadas, reiteradamente desde 1976, insistían en la debilidad militar y la impotencia operativa de las organizaciones guerrilleras. Y lo siguieron haciendo mientras consideraron que no debían dar cuenta de a nadie de un plan represivo que, como se dijo, tenía objetivos mucho más extensos que las fuerzas de la insurgencia armada. Recién cuando la dictadura enfrentó una oposición más sostenida, sobre todo internacional, y advirtió que no podía evitar las consecuencias de la extensa masacre civil que había llevado a cabo, apareció la línea argumental defensiva que decidió olvidar todo lo que anteriormente había sobre ‘bandas’ de delincuentes que sólo podían practicar el terrorismo y se inventó, hacia atrás, un enemigo más poderoso, un ejército en armas que habría estado a punto de tomar el poder.”. Vezzetti, Hugo, Pasado y Presente. Guerra, dictadura y sociedad en la Argentina, Editorial Siglo XXI, Bs. As., 2002, pág. 77.
[iv] Distribución de desaparecidos según profesión u ocupación: obreros: 30,2%; estudiantes: 21%; empleados: 17,9%; profesionales: 10,7%; docentes: 5,7%; autónomos y varios: 5%; amas de casa: 3,8%; conscriptos y personal subalterno de FFAA y de Seguridad: 2,5%; periodistas: 1,6%; actores, artistas, etc.: 1,3%; religiosos: 0,3%. Fuente: Informe de la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (CONADEP), Nunca Más, Bs. As., 1984.
[v] Diario La Prensa, Bs. As., 18 de diciembre de 1977.
[vi] Esta perspectiva acerca de la “subversión” no fue un invento de la dictadura. La misma se venía estudiando desde la década del ‘60 en los colegios militares. En el manual de estudio, Estrategia Psicosocial, se realizaba un análisis sobre lo psicosocial en el contexto de la estrategia e inteligencia del Estado. Al final se organiza un vocabulario de estrategia psicosocial donde se dice: “Guerra revolucionaria o subversiva: Si bien estos términos, desde el punto de vista técnico no se los suele considerar estrictamente sinónimos, en la práctica y a los fines de la receptividad pública general se conceptúan como tales. Se trata de una de las expresiones típicas y concretas de la guerra de nuestros días, la que se suele diferenciar de las otras dos, que son: la guerra clásica o convencional y la guerra en ambiente nuclear”. Poli, Jorge Heriberto, Estrategia Psicosocial, Editado por el Círculo Militar, Bs., As., 1979, pág. 283.
[vii] En Rossi, Paolo, El pasado, la memoria, el olvido, Ediciones Nueva Visión, Bs. As. 2003.
[viii] Timerman, Jacobo, El caso Camps, punto inicial, El Cid Editor para la Democracia en Argentina, Bs., As., 1982, pág. 50.
[ix] “De la enorme documentación recogida por nosotros se infiere que los derechos humanos fueron violados en forma orgánica y estatal por la represión de las Fuerza Armadas. Y no violados de manera esporádica sino sistemática, de manera siempre la misma, con similares secuestros e idénticos tormentos en toda la extensión del territorio. ¿Cómo no atribuirlo a una metodología del terror planificada por los altos mandos?...”
“Si nuestras inferencias no bastaran, ahí están las palabras de despedida pronunciadas en la Junta Interamericana de Defensa por el jefe de la delegación argentina, General Santiago Omar Riveros, el 24 de enero de 1980: ‘Hicimos la guerra con la doctrina en la mano, con las órdenes escritas de los Comandos Superiores.’ Así, cuando el clamor universal por los horrores perpetrados, miembros de la Junta Militar deploraban los ‘excesos de la represión, inevitables en una guerra sucia’, revelaban una hipócrita tentativa de descargar sobre subalternos independientes los espantos planificados.” CONADEP, op. cit., pág. 8.
[x] Andersen, Martín, op.cit.
[xi] Calveiro, Pilar, Poder y desaparición. Los campos de concentración en Argentina, Editorial Colihue, Bs., As., 2004, pág. 92. Este libro es uno de los análisis más lucidos que se han realizado sobre los campos de concentración en la Argentina.
[xii] Agamben, Giorgio, Lo que queda de Auschwitz. El archivo y el testigo. Homo Sacer II, Editorial Pre-Textos, España, 2002, pág. 74.
[xiii] Calveiro, Pilar, op.cit., pág. 28.
[xiv] Verbitsky, Horacio, diario Página/12, 14 de agosto de 2005.

Zona de Clivaje/Sociedad


NORA Y SU CASA DE MUÑECAS

Por Marcelo Manuel Benítez*




Ilustración: Kenti


Cuando su autor, Henri Ibsen, estrenó su drama Casa de muñecas, algo de las relaciones humanas no volvió a ser igual. Es que su vibrante protagonista Nora puso en escena eso en lo que el público burgués que presenciaba la obra aún no había pensado: que la mujer, incluso con todos sus condicionamientos y obligaciones, es susceptible de ser libre en el mundo de los hombres.
En estos días, otra Nora (más sudamericana, más nuestra) también sacude algo en las relaciones entre hombres y mujeres, aunque haya sido asesinada.
Mucho se ha escrito y se ha dicho del caso Nora Dalmasso. Y lo más vergonzoso es que mucho, pero mucho, nos hemos reído de ella, de su marido y hasta de sus once amantes confirmados hasta ahora; pero, aunque sorprenda, más que de una situación de comedia macarrónica, nos estamos riendo (para no llorar) de nosotros mismos. Probablemente prefiramos reírnos porque el caso de esta mujer con una vida sexual envidiable nos pone ante los ojos la pobreza de nuestra vida amorosa (ese “Con los ojos bien cerrados” de Kubric). Y ocurre también que con cada nueva revelación de este episodio particular nos excitamos más.
Es que el de Nora Dalmasso no es sólo un caso más de infidelidad conyugal, pone de manifiesto prácticas sociales relacionadas con la sexualidad en las que se hallan comprometidos amplios sectores de la población. Ofrece, pues, una exteriorización del deseo.
El cuerpo de esta mujer era una verdadera máquina deseante (Deleuze, Guattari – Antiedipo), pero es preciso advertir que de ninguna manera se trata de un descontrol. Es probable que su vida sexual extramatrimonial incluyera muchos amantes, hasta varios al mismo tiempo, pero cuidando muy bien de no poner en peligro (como anhela siempre el deseo) la vida familiar burguesa de Nora Dalmasso. Hace pocos días una prostituta vinculada con la mujer asesinada declaró a los medios que la conducta de esta mujer era, en efecto, muy liberal pero hasta que sus amoríos se acercaban peligrosamente a su familia. Llegado a este punto, Nora bajaba la persiana.
La vida sexual de Nora Dalmasso, por más que las apariencias sugieran lo contrario, estaba muy lejos de ser un descontrol, ni tampoco resulta un caso aislado en el campo social. Ya hacia los años `60 cobran impulso en el Primer Mundo, y en particular en el seno de la clase media norteamericana, diversas formas de liberación de las costumbres que se cristalizarán en ciertas prácticas orgiásticas muy similares a las que era afecta Nora Dalmasso en la actualidad.
Si vamos a teorizar un poco para hacernos los sabihondos se podría afirmar que combinándose con la expansión deseante de mediados del siglo pasado y de la mano de la expansión económica de la post-guerra, se lleva a cabo cierto desentumecimiento de la práctica sexual de la sociedad que, aparentemente, amenazó con quebrar la quietud monógama del matrimonio burgués. Es lo que Robert Castel llamó la “Cultura californiana” (Robert Castel, y otros – La sociedad psiquiátrica avanzada): permisos mutuos para la infidelidad (incluyendo la bisexualidad), cenas de matrimonios en las que se daba el cambio de pareja, las “camas de tres” por las que un matrimonio tenía relaciones sexuales con un tercero, fuera éste hombre o mujer, son sólo una parte de las muchas modalidades en que va expresándose la nueva sexualidad. Y acompaña este proceso la aparición del negocio pornográfico que terminó legalizado y que incluyó revistas, videos pero también comercios de venta de aparatos eróticos de todo tipo, y la proliferación de baños sauna y casas de masaje, nuevos nombres para el viejo oficio de la prostitución y a los que concurría tranquilamente el marido con su esposa.
Naturalmente que en un primer momento se elevaron las voces airadas de los moralistas y la derecha conservadora que anunciaban todos los años la cercanía del fin del mundo con el derrumbe definitivo de la institución familiar. Sin embargo, esta vez sólo despertaron carcajadas, porque, paradójicamente, estas mismas prácticas orgiásticas, sobre las que se desarrollaron estrictas reglas que les dieron forma (como en los juegos infantiles), fueron las que salvaron a la institución familiar. Y aunque Ud. no lo crea, este corrimiento de la frontera entre lo prohibido y lo permitido fue lo que terminó de estructurar a la familia moderna. Naturalmente, un matrimonio y una familia con características y reglas diferentes. Lo que quedó definitivamente sepultado fueron las relaciones victorianas, de las cuales hoy día todos nos reímos, y este desentumecimiento de los códigos que regulaban la vida cotidiana de la pareja heterosexual terminó fortaleciendo la institución heterosexual misma.
En el cine o en la literatura, que en muchos casos ha fotografiado el devenir social en el siglo XX, hallamos muchos ejemplos. Casi todas las excelentes novelas policiales de Lorenz Sanders (Un caso patológico, El primer pecado mortal, etc.), o filmes como “Sammy y Rosy van a la cama”, “Ropa limpia, negocios sucios” (en el caso de una joven pareja homosexual) y “La decadencia del imperio americano” (de extraordinario éxito) dan un testimonio lúcido de estas nuevas formas de la sexualidad de clase media que, sí, pudieron haber comenzado como una explosión del deseo, pero que pronto quedaron atenazadas por códigos tanto poderosos como sutiles, que significaron la salvación de la pareja heterosexual (así como el congelamiento en una imagen social aceptable de la pareja homosexual). Claro que el surgimiento del SIDA significó un estruendo inesperado en medio de esta fiesta.
En Argentina, este proceso de liberalización sexual se da a destiempo, por imitación y no exento de conflictos, sentimientos de culpa y concesiones a los códigos de la decencia. Y sobre todo esta liberalización se desarrolló más o menos en la oscuridad social, en una cómoda doble vida, hasta que un crimen o un episodio cualquiera da publicidad e ilumina esos rincones silenciosos. Los casos del “bambino” Veira, Espartacus, los asesinatos de La Clota o Mitre, y aún más atrás en el tiempo, los escándalos de los cadetes del Liceo Militar en 1942 o el protagonizado por la compañía del cantante español Miguel de Molina un año después, son todos hechos por los cuales la sociedad puede iluminar la clandestinidad en la vida cotidiana y de ahí en más aguzar los controles. Por ejemplo, el caso de Héctor Veira y Sebastián Candelmo puso en evidencia cierta bisexualidad “bufarrona” de muchos hombres de vida aparentemente heterosexual pero que gustaban alejarse un momento de su vida monótona para tener sexo con jóvenes maricas complacientes. La publicidad que acarreó el confuso episodio de Veira hizo retroceder estas prácticas, fascistizando nuevamente la mentalidad y las costumbres de estos hombres tan afectos al fútbol como al sexo.
Por motivos similares, el caso de Nora Dalmasso también está actuando como una advertencia moralizadora dirigida en particular a la mujer moderna de clase media acomodada. Por otra parte, otros episodios como el salvaje asesinato del joven Ariel Malvino en Ferrugem también pone de manifiesto los desbordes a los que se entregan en la actualidad muchos jóvenes independizados de la vigilancia paterna.
Siempre debemos apoyar toda manifestación social que se acerque a nuevas formas de libertad, pero como escribió el mismísimo Marqués de Sade: hasta la más sofisticada perversión sexual exige un orden.
El deseo es un impulso inconsciente que busca la saciedad en las prácticas de la realidad, pero no se lo puede dejar en completa libertad porque termina en la muerte. Como sostuvo George Battaille: goce y muerte conviven uno al lado del otro (George Battaille – El erotismo): El celebrado filme “El imperio de los sentidos” ofrece un ejemplo artísticamente sublime de este hecho. Por el camino de la desterritorialización podemos hallar la demolición (Deleuze y Guattari – Antiedipo). Bien se pude sospechar que este haya sido el camino que siguió, si no la cuidadosa Nora Dalmasso, sí el amante que la mató. El goce seductor de la actividad sexual puede conducirnos, si nos desprendemos del control de la racionalidad, a un desborde incontrolable que sólo detiene la muerte. Aparentemente Nora Dalmasso guiaba su vida íntima con la razón que deriva de los vínculos familiares; pero, al parecer, uno de sus amantes sólo deseaba sucumbir.
Y esta realidad atroz es precisamente lo que calla Ibsen en Casa de muñecas. Nora, su protagonista, termina eligiendo la libertad para encontrar en la soledad el camino hacia una identidad de mujer que la satisfaga. Pero este camino muy bien puede conducir a la mujer actual de los penumbrosos intersticios de la postmodernidad a los brazos de un Jack el Destripador joven y atractivo que deshaga, con un zarpazo de su cuchillo, el encanto ingenuo y aparentemente inofensivo de la casa de muñecas de la sexualidad moderna.


*Escritor y Psicoanalista.

Zona de Clivaje


América Latina: un pueblo que espera sin exigir.
Por Mery Castillo Amigo*





Observar esta Europa que se inicia en el invierno, recorrer con la mirada y experimentar la cotidianeidad de sus gentes, provoca sentimientos encontrados. Por ejemplo, el tema de discusión en Francia, centrado en París por estos días, es el de los SDF (personas Sin Domicilio Fijo), eufemismo usado para hablar de los sin techo, y la protesta de la gente llegada de todo el país, que acampa en la ribera del Sena, en solidaridad con los antiguos clochards. Todo esto por supuesto ha producido sus efectos, y los candidatos presidenciales han empezada a alinearse en torno al tema.
Por esto, cuando uno piensa en América Latina y en la situación en que vive la mayoría de su gente, el problema francés puede hasta resultar anecdótico. Por estos lados la mayor parte de la gente vive con las manos extendidas; los pueblos han sido acostumbrados a recibir lo mínimo para sobrevivir, sin participar; la política ha terminado creando clientes en vez de ciudadanos, pueblos que esperan en vez de exigir.
Si alguna vez se dijo que éramos un mendigo, sentados en un banco de oro, ahora podríamos decir que América Latina cojea, incapaz de correr hacia delante. Por un lado están las barreras con las que se enfrentan los pobres, los innovadores, los que no pueden acceder al crédito. Existen demasiados muros creados contra la movilidad social y la equidad en la política y en la economía.
Si ahora se habla de un renacimiento de la democracia en América Latina, ésta resulta ser nominal. Es cierto, que la gente puede votar, pero no puede entrar a competir en un mundo globalizado. Hay algo preocupante, aparte de que los niveles de vida han bajado y los ingresos están estancados, y es que la gente ha perdido la fe; la fe en la posibilidad de un cambio real, y creo que cuando eso pasa, es posible aferrarse a cualquier cosa.
América Latina parece más democrática, pero también más desigual que hace 10 años. Si el voto une, la pobreza divide a los latinoamericanos. La economía de la región se mantiene organizada de modo que concentra la riqueza en unos pocos y con una serie de exenciones a los impuestos, que despoja a los gobiernos de recursos necesarios para invertir en capital humano. Son excepciones los gobiernos que han invertido en esto. La motivación detrás de la cantidad de obras públicas, de seguro necesarias para el desarrollo, es casi siempre, la necesidad de crear apoyo político a corto plazo.
Debido a la distorsión de las prioridades esta democracia no es capaz de derribar los vínculos clientelistas y sus conocidos acuerdos para cogobernar. Mientras tanto, los pobres siguen desprotegidos y engrosando las filas de mano de obra barata. Como sabemos, por falta de educación, y la falta de oportunidades a que esto conlleva, las personas no llegan a convertirse en ciudadanos con pleno ejercicio de sus derechos en sus países y en el resto del mundo.
Con una democracia que funciona aparentemente bien, en términos de elecciones. Hay algo que no funciona, y no tiene que ver necesariamente con determinados presidentes, de menos o más populismo en algunos casos, de conservadores o moderados, en otros. Detrás hay una realidad histórica, estructural.
Esta disfuncional democracia latinoamericana es el resultado de un tergiversado modelo de actitudes políticas y económicas, que lleva al estancamiento, al margen de quién sea el gobernante de turno. Se origina en una seguidilla de reformas estructurales postergadas o hechas a medias, seguida de una ola privaticionista que beneficia a los poderosos pero perjudica a los consumidores.
Sin basarse en la ciudadanía y apelando al clientelismo los gobiernos no tienen ante quien responder. De allí se producen democracias superfluas, donde se ejerce el voto pero no se participa en las decisiones.
Lo más trágico de esto es que dichos gobiernos, ya sea autoritarios o de denominación democrática, terminan convirtiendo a sus ciudadanos en receptores de obsequios, sin que sean participes de sus procesos y potencialmente reformadores. Gente que pide incapaz de exigir.
Pienso entonces en lo que han logrado los grupos de apoyo a los SDF: conseguir soluciones a quienes carecen de una vivienda digna. Gente que exige.
* Filósofa y analista social.

Los Torturadores y los barrios del país


En cada barrio de buenos aires, coexisten individuos que fueron partícipes de la última dictadura y de la más cruenta represión: ¿Usted los denunciaría?

Según el significado del diccionario del “gran diario argentino”, la palabra subversivo deriva del latín. Subvertir significa trastornar, revolver, destruir, especialmente en sentido moral.

Luego de la desaparición de Jorge Julio López y del breve secuestro de un miembro de Hijos, sumado a las amenazas que recibieron Jueces y testigos de la ciudad de La Plata, y del caso de Luis Geréz, quedó demostrado que aún resisten, junto a los últimos coletazos de la última dictadura militar, los pocos asesinos energúmenos que van quedando. Y digo “última dictadura” porque ya no creo que exista lugar para una próxima.
¡ Hay si supiéramos con exactitud que en cada barrio puede haber un vecino que durante la última dictadura fue un torturador..., o colaborador, buchón, etc.!. Por lo general suelen ser buenos vecinos, solidarios con los de al lado o los de enfrente, pero sin dejar de ser por ello unos asesinos que se ocultan en el pseudo anonimato. Tal vez, viejitos que hoy parecen inofensivos. “ Ése vecino que tengo ahí, tan amable, fue torturador y no encuentro la manera de comprobarlo”. Ése vecino que quizás aún no conozca de cerca el dolor de una madre o un padre, ése vecino está ahora preocupado porque sabe que cualquiera lo puede denunciar anónimamente o simplemente verlo como lo que es. Pero no creo que se sienta preocupado por haber matado y torturado, porque para poder matar y torturar es necesario ser un psicópata que logra cosificar a su víctima ( si pensara que es un semejante no podría matarlo). Claro que juntando varios de éstos formamos una pandilla de nostálgicos; yo los llamo subversivos porque destruyen moralmente el sentido de la justicia y la democracia. Sinceramente siento lástima por estos amantes de la dictadura. Sí creo que las dictaduras están reguladas por la hegemonía de la económica mundial: Hoy las dictaduras son impuestas desde un reducido grupo de grandes naciones y empresas privadas (multinacionales) hacia el resto de los países pobres del mundo. Son dictaduras económicas que cercenan la libertad del individuo, de la clase trabajadora y de los marginales. El capitalismo se devoró al comunismo pero ahora también es el mismo capitalismo el que se está destruyendo a sí mismo, o al menos queda demostrado que es una gran mentira neoliberal, que sólo les conviene a los grupos de poder, a las corporaciones, condenando al resto del mundo a la miseria y la pobreza extrema, especialmente África y Latinoamérica. El capitalismo es un capitalismo para pocos.
Hoy el sentimiento anti-norteamericano es cada vez mayor y proviene de las más diversas ideologías que existen desparramadas por el mundo, y creo que es el comienzo de un nuevo fin a largo plazo; el fin del eje dominante.

El pago que Argentina hizo al Fondo Monetario Internacional, supuestamente para quitárnoslo de encima, es una farsa. Un organismo que se creó supuestamente para ayudar a los países pobres, terminó destruyéndolos y ahora aparenta haberse corrido de escena tanto como para dejar de ser visto como un enemigo por los países endeudados. El enemigo muta y parece estar un paso adelante pero siempre tratando de que no se vea demasiado. Esa vieja idea inglesa de colonizar sin que se note es la vieja clave para mantener el dominio colonial. La otra nueva clave es directamente la guerra, ya sea por los recursos naturales (petróleo y agua) o para garantizar el orden mundial. Por supuesto que el asesinato y La Tortura, dentro de una aldea globalizada, sea con ejércitos internos o externos, es el coadyuvante necesario. Los valores están ahora subvertidos desde el poder mismo. ¿Y qué podemos esperar de aquellos que se dedican o dedicaron a matar por encargo refugiándose en una supuesta obediencia debida (obediencia de muerte) y en el anonimato?. Hoy pareciera que cambiasen los gobiernos y las personas que lo componen más o menos. Afortunadamente estamos otra vez en democracia. Vamos entendiendo, de a poco, que es el sistema de gobierno que expresa el verdadero sentido de la voluntad popular.
En ese barrio de Buenos Aires, o en aquel o el otro; en los 100 barrios porteños, en la Provincia de Bs. As, en el país todo pueden vivir torturadores, asesinos que en épocas pasadas y bajo la cobardía derramaron sangre hermana. En ese barrio cualquiera de buenos aires a ese torturador subversivo, que quizás haya sido policía o ex militar o simplemente personal contratado para tales fines, le deseo la cárcel de por vida. Ya es hora de que hagamos una lista con aquellos que fueron despiadados torturadores, quizás alejados de sus superiores, y que cumplieron con la obediencia de vida y el punto final. Es hora de la derogación de los indultos. Entonces, alcanzado ése momento, ¿Usted Los Denunciaría?.

Centro de Recepción de Denuncias y Orientación Ciudadana
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Por Amílcar Carlos García.
Periodista

Zona Literaria/Ensayo


Baudrillard; cultura, narcisismo y régimen de mortandad en el sistema de los objetos.

El American way of life y el entramado ideológico del sistema de los objetos.

¿Cuál es, en última instancia, el entramado ideológico del sistema de los objetos? ¿Qué ideario encarna este sistema cuyos principios son la caducidad y la obsolescencia –el imperativo de la novedad–, la ley del ciclo y otros automatismos semejantes?. Adolfo Vásquez Rocca, a través de Baudrillard, nos convoca a develar estos interrogantes.

Por el Dr. Adolfo Vásquez Rocca. (especial para La Tecl@ Eñe)









El American way of life y el entramado ideológico del sistema de los objetos.



¿Cuál es en última instancia el entramado ideológico del sistema de los objetos? ¿Qué ideario encarna este sistema cuyos principios son la caducidad y la obsolescencia –el imperativo de la novedad–, la ley del ciclo y otros automatismos semejantes? Baudrillard[1] dirá que son dos: el principio personalizador, que se articula como democratización del consumo de modelos por la vía de la serialidad y la ética novedosa del crédito y la acumulación no productiva.

Hoy el glamour de las mercancías aparece como nuestro paisaje natural, allí nos reconocemos y nos encontramos con nosotros mismos, con nuestros ensueños de poder y ubicuidad, con nuestras obsesiones y delirios, con los desperdicios psíquicos en el escaparate de la publicidad –verdadero espejo que nos devuelve nuestra imagen deformada– una verdadera summa espiritual de nuestra civilización, el repertorio ideológico de la desinhibición.

El carácter distintivo del American way of life, de la última sociedad primitiva contemporánea –se escenifica en las formas del distanciamiento, en el paisaje[2], en los grandes desiertos y carreteras de ese país que deja entrever una profunda soledad, las inclinaciones thanáticas que yacen bajo el optimismo americano; la decrepitud del capitalismo tardío en la tierra de las oportunidades, del american dream convertido en el insomnio incontenible de la banalidad y la indiferencia; los Estados Unidos han realizado la desterritorialización de la identidad, la diseminación del sujeto y la neutralización de todos los valores y, si se quiere, la muerte de la cultura bajo el régimen de la mortandad de los objetos.

En este sentido es una cultura ingenua y primitiva, no conoce la ironía, no se distancia de sí misma, no ironiza sobre el futuro ni sobre su destino; ella sólo actúa y materializa su política de Estado. Norteamerica realiza así sus sueños y sus pesadillas.

Los norteamericanos repudian la sofisticación. El antiintelectualismo subyace a la idea de América. En lugar del intelectual -del teórico- el ciudadano medio americano tiene en mayor estima al hombre de sentido común y de conocimientos prácticos[3]. Una figura al estilo de Edison. En cada americano hay un empresario. La disposición para el trabajo práctico impera junto al afán de logro, la disciplina y las observancias religiosas. Un colegio que pusiera su acento en la erudición y la sensibilidad artística más que en el fortalecimiento de la personalidad y el pragmatismo sería visto con reticencia.

Así, en los inicios de la historia norteamericana las humanidades, la literatura y el conocimiento teórico y especulativo en general, fueron estigmatizados como una prerrogativa de la aristocracia. La cultura pragmática a la americana induce a la supresión de las asignaturas de humanidades de los planes de estudio antes o durante la universidad. Los Máster son americanos o inspirados en Estados Unidos. Los jóvenes sueñan en culminar su preparación en USA mientras la universidad europea ha tomado una deriva empresarial a su semejanza.

Algo similar a lo que ocurre en los países latinoamericanos que han importado este modelo cosificador para la reforma de los planes y programas de educación cuyo énfasis esta ahora en los estudios técnico-profesionales por sobre las humanidades. El objetivo ha sido promover una sociedad centrada en las cosas, en su manipulación en función de las utilidades, en los saberes prácticos. Ahora mismo, la educación norteamericana en la high school se encuentra en manos de “educadores” que no ocultan su hostilidad al intelectualismo, declarándose más identificados con el modelo de pensamiento concreto propio de los niños. De hecho, Estados Unidos es un país tan antiintelectual como “infantil”, concebido y construido para grandes masas infantilizadas. En ningún otro país se acomodaría mejor una empresa como Disney o las obscenas cadenas de fast-food o unas superproducciones como las de Spielberg concebidas con alma y mente de matinée. Ahora bien, en defensa de la industria del entretenimiento cabe puntualizar que esta no le impone sus formas de banalidad a un público que no la desea.[4]

Disney World en principio es un juego de ilusiones y de fantasmas: los Piratas, la Frontera, el Mundo Futuro, etcétera. Se cree a menudo que este 'mundo imaginario' es la causa del éxito de Disney, pero lo que atrae a las multitudes es, sin duda y sobre todo, el microcosmos social, el goce religioso, en miniatura, de la América real, la perfecta escenificación de los propios placeres y contradicciones. La única fantasmagoría en este mundo imaginario proviene de la ternura y calor que las masas emanan y del excesivo número de dispositivos aptos para mantener el efecto multitudinario. El contraste con la soledad absoluta del parking —auténtico campo de concentración—, es total. O, mejor: dentro, todo un abanico de 'gadgets' magnetiza a la multitud canalizándola en flujos dirigidos; fuera, la soledad, dirigida hacia un solo dispositivo, el “verdadero”, el automóvil. Por una extraña coincidencia (aunque sin duda tiene que ver con el embrujo propio de semejante universo), este mundo infantil congelado resulta haber sido concebido y realizado por un hombre hoy también congelado: Walt Disney, quien espera su resurrección arropado por - 180 grados centígrados. De cualquier modo es aquí donde se dibuja el perfil objetivo de América, incluso en la morfología de los individuos y de la multitud. Todos los valores son allí exaltados por la miniatura y el dibujo animado. Embalsamados y pacificados. De ahí la posibilidad de un análisis ideológico de Disney: núcleo del american way of life, panegírico de los valores americanos, etc., trasposición idealizada, en fin, de una realidad contradictoria. Pero todo esto oculta una simulación de tercer orden: Disney existe para ocultar qué es el país “real”, toda la América “real”, una Disneylandia (al modo como las prisiones existen para ocultar la “lacra” que es todo lo social en su banal omnipresencia, reduciéndolo a lo estrictamente carcelario). Disneylandia es presentada como imaginaria con la finalidad de hacer creer que el resto es real, mientras que cuanto la rodea, Los Ángeles, América entera, no es ya real, sino perteneciente al orden de lo hiper-real y de la simulación. No se trata de una interpretación falsa de la realidad (como la ideología), sino de ocultar que la realidad ya no es la realidad y, por tanto, de salvar el principio de realidad.


Narcisismo y transformación de la vida pública.


Sería un error minimizar la relación entre estos fenómenos y el origen de la personalidad narcisista, que no conoce límites entre ella misma y el mundo que exige la gratificación inmediata de sus deseos, así como la erosión de la vida intima tenida lugar a través de la relaciones sociales que se tratan como pretextos para la expresión de la propia personalidad[5]. La transformación de la vida pública en un ámbito donde “la persona puede escapar a las cargas de la vida familiar idealizada... mediante un tipo especial de experiencia, entre extraños o, más importante aún, entre personas destinadas a permanecer siempre como extraños", y donde una silenciosa y pasiva masa de espectadores observa la extravagante expresión de la personalidad de unos pocos en la sociedad del espectáculo, donde los medios de comunicación nos escamotean y disuelven el presente[6] con las fanfarrias del último estelar televisivo.

La construcción del sentido social se desplaza del espacio de la política, hacia un mundo que no tiene historia, sólo pantalla. Son las nuevas formas de producción, las de un nuevo universo simbólico en donde se resignifican las viejas utopías mediante un proceso de descontextualización que las convierte en imágenes sin historia; en mercancías.

En esos mismos medios de comunicación se desplazan hoy los actores políticos jugando su rol hegemónico en la construcción de sentido en tanto perpetran el secuestro de nuestra moral. La fe pública violada ha creado las condiciones para el desprestigio de lo político y con ello el de nuestras instituciones, qué puede extrañar entonces del robo hormiga de las grandes transnacionales, la extorsión "irrepresentable", sólo cognoscible por medio de una compleja organización multinacional articulada según un modelo gansteril. Nuestra vida cotidiana esta así signada por las abusivas relaciones mercantiles que experimentan una creciente densidad así como una significativa disminución de las relaciones interpersonales sin fines de lucro.

Pese a todo, incluso la personalidad de las celebridades esta sujeta a los procesos de obsolescencia y caducidad, al fenómeno postmoderno de la sacralidad impersonal. La obsolescencia de los objetos se corresponde con la de los rock stars y gurus intelectuales; con la multiplicación y aceleración en la rotación de las “celebridades”, para que ninguna pueda erigirse en “ídolo personalizado y canónico”. El exceso de imágenes, el entusiasmo pasajero, determinan que cada vez haya más “estrellas” y menos inversión emocional en ellas, los revival son fenómenos de “nostalgia decretada” ideadas como estrategias de marketing por algún ejecutivo de una compañía multimedia.

Maś allá de la sociedad del espectáculo[7] y el imperio de lo efímero se instala la la "norma de consumo" en el plano de las necesidades sociales, también gobernadas por dos mercancías básicas: la vivienda estandarizada, lugar privilegiado de consumo, y el automóvil como medio de transporte compatible con la separación entre el hogar y el sitio de trabajo. Ambas mercancías —y en especial, desde luego, el automóvil— fueron sometidas a la producción masiva y la adquisición de ambas exige una "amplia socialización de las finanzas" bajo la forma de nuevas o ampliadas facilidades de crédito (compra a plazos, créditos, hipotecas, etc.). Más aún, "las dos mercancías básicas del proceso de consumo masivo crearon complementariedades (crédito hipotecario y automotriz) que producen una gigantesca expansión de las mercancías, apoyada por una diversificación sistemática de los valores de uso. El individuo se ve obligado a elegir permanentemente, a tomar la iniciativa, a informarse, a probarse, a permanecer joven, a deliberar acerca de los actos más sencillos: qué automóvil comprar, que película ver, qué libro leer, qué régimen o terapia seguir. El consumo obliga a hacerse cargo de sí mismo, nos hace responsables, se trata así de un sistema de participación ineludible[8].


El régimen de la mortandad de los objetos.


El dispositivo que activa este sistema de obsolescencia acelerada —que impera a consumir compulsivamente— consiste en convencer al consumidor que necesita un producto nuevo antes que el que ya tiene agote su vida útil y funcionalidades. Esta es una de las tareas de los diseñadores: acelerar la obsolescencia. A este respecto el automóvil ha sido un caso paradigmático de las obsolescencias decretadas del estilo, asociadas a las imágenes de prestigio y estatus que le rodean.

Así el propósito es hacer que el cliente este descontento con su actual automóvil, su cocina, sus pantalones, etc. , porque esta pasado de moda. Ya no debe esperarse que las cosas se acaben lentamente. Las sustituimos por otras que si bien no son, necesariamente, más efectivas, son más atractivas. Pese a todo es difícil discernir la frontera entre progreso técnico real y obsolescencia del diseño y -más aun- sustraerse al influjo de estos condicionamientos.

Siempre los objetos han llevado la huella de la presencia humana[9], pero ahora no son sus funciones primarias (el cuerpo, los gestos, su energía...) las que se imponen sino las superestructuras las que se dejan sentir. Así, el objeto automatizado representa a la conciencia humana en su autonomía, su voluntad de control y dominio. Ese poder va más allá de la prosaica funcionalidad —y de eso saben mucho los vendedores de automóviles—. El objeto es irracionalmente complicado, se llena de detalles superfluos y viaja en su juego de significaciones mucho más allá de sus determinaciones objetivas.

El automóvil es un signo de poder, de refugio, una proyección fálica y narcisista, que —según Baudrillard— reúne “la abstracción de todo fin práctico en la velocidad, el prestigio, la connotación formal, la connotación técnica, la diferenciación forzada, la inversión apasionada y la proyección fantasmagórica”.[10]

El ejemplo del automóvil es paradigmático. A este muy rápidamente se le sobrecargó de funciones parasitarias de prestigio, de confort, de proyección (fálica) inconsciente...que frenaron y después bloquearon su función de síntesis humana.”[11]

El consumo, como se ve, no es la base sobre la que descansa el progreso, sino más bien la barrera que lo estanca o, al menos, lo lanza en la dirección contraria a la de la mejora de las relaciones sociales. El espíritu que realmente funciona es el de la fragilidad de lo efímero, una compulsión que se debate de forma recurrente entre la satisfacción y la decepción y que permite ocultar los verdaderos conflictos que afectan a la sociedad y al individuo.


Aspectos “mitológicos” y nemotecnia del consumo; la acumulación y el derroche.


Baudrillard[12] habla de un gran happening colectivo dominado por el espectáculo de la mortalidad impuesta y organizada de los objetos, por su artificial obsolescencia, pero sabe que esa imposición no es sólo una consecuencia del orden de producción capitalista. Es difícil saber qué género de instinto de muerte del grupo, qué voluntad regresiva domina todo ese ceremonial que, bien pensado, recuerda a ciertas ceremonias salvajes como la del potlach. Potlach es una práctica antes que un concepto, parte de un lenguaje perdido en la Historia, pero aun vivo en ciertos ritos modernos: el sexo, el banquete y la embriaguez de la danza, "donde se ve que la dispersión no va hacia el sin sentido, sino que es una modalidad de encuentro con el sentido que pasa a través de la pérdida de centralidad del sujeto". Una economía ya no basada en la acumulación sino en el derroche, en el goce de lo producido. Nuestras sociedades viven de la acumulación de lo que producen, vigilan este excedente de forma celosa. En cambio, cuando se habla de Potlach nos referimos a los experimentos históricos basados en el gasto improductivo, al disfrute y la prodigalidad.

Finalmente nos resta por analizar el aspecto “mitológico” del capital y la sacralización de sus productos más emblemáticos: la Coca Cola, el Cadillac, los Mac Donald's. Los aspectos ideológicos del consumo rebasan los límites de la organización política para instalarse en el inconsciente colectivo y los usos rituales de una población. Se busca implantar sobre bases afectivas y nemotécnicas un nuevo y particular ethos, una forma de ir por el mundo, ya no como recolector o cazador, ni siquiera como consumidor, sino como el agente del desperdicio, carácter que surge sólo desde la conciencia de la prosperidad, la abundancia y el lujo.

Para estimular el flujo de la mercancía, a través del desperdicio y el derroche, entendida este como clave de la prosperidad futura del mercado, se opera en varias direcciones. Primeramente —en el plano ideológico— contra el pensamiento orientado al ahorro, mentalidad difícil de desarraigar ya que corresponde a una práctica ancestral de la humanidad, la de precaverse para el desconocido y con frecuencia temido día de la escasez[13].

Por otra parte esta la vertiente sentimental y poética del diseño, que se corresponde con una novedad metodológica importante, la apelación a la memoria emotiva. La vertiente sentimental de la mercadotecnia se refiere a la persistencia aún en los nuevos productos de un elemento visual implícito que marque una filiación con el pasado, asegurando la continuidad histórica en la espesa trabazón de los objetos. Casi sin excepción los nuevos diseños incluyen un ingrediente que los especialistas denominan “forma sobreviviente”. Deliberadamente se incorpora al producto un detalle evocador que recordará a los usuarios un artículo similar, de uso semejante, tenido en una buena tarde o un feliz verano. La gente aceptará más fácilmente algo nuevo, sostienen los expertos en innovación, si reconocen en ello algo que surge orgánicamente del pasado. Al incluir un patrón familiar en una forma nueva, sea o no radical, se podrá hacer aceptable aun lo más inusitado, productos y usos que de otro modo rechazarían.

Esta es una de las causas del amor disfuncional que le profesamos a los objetos, aquel que los abraza a la vez que los rechaza. La misma dualidad entre coleccionismo y desperdicio da cuenta de esta ambivalencia.

Por una parte esta el individuo que colecciona desde sellos de correos hasta alfombras persas, y se siente así impulsado a “realizarse” en el placer que supone la posesión de un conjunto de objetos, donde la idea misma de colección está directamente vinculada a la posesión —no funcional— por encima de la necesidad, es decir, a la riqueza y por otra las maneras de “usar” el excedente como desperdicio. Aquí es posible identificar otra forma de mitología, la de ciertas lógicas capitalistas, según la cual a épocas de prosperidad, cuando la economía se expande y el crecimiento del producto es sostenido, le debiera seguir o suceder tiempos donde el beneficio -en razón de los excedentes- alcance a toda la población, incluso a la más desfavorecida, esto de acuerdo a la conocida estrategia de crecimiento y chorreo que dominó el paraíso neoliberal del Chile de los 80'. Pero en realidad esto nunca sucedió, en su lugar advino la acumulación —incluso— del excedente; nuevas formas de codicia y de fraude fiscal terminaron por ahogar esta promesa escatológica del libre mercado.



Dr. Adolfo Vásquez Rocca



Doctor en Filosofía por la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso; Postgrado Universidad Complutense de Madrid, Departamento de Filosofía IV, Teoría del Conocimiento y Pensamiento Contemporáneo. Áreas de Especialización: Antropología y Estética. Profesor de Postgrado del Instituto de Filosofía de la PUCV, del Magíster en Etnopsicología -Escuela de Psicología PUCV, Profesor de Antropología y de Estética en el Departamento de Artes y Humanidades de la UNAB. Profesor asociado al Grupo Theoria Proyecto europeo de Investigaciones de Postgrado. Director de la Revista Observaciones Filosóficas http://www.observacionesfilosoficas.net/. Secretario de Ejecutivo de PHILOSOPHICA, Revista del Instituto de Filosofía de a PUCV http://www.philosophica.ucv.cl/editorial.htm , Editor Asociado de Psikeba -Revista de Psicoanálisis y Estudios Culturales, Buenos Aires- http://www.psikeba.com.ar/, miembro del Consejo Editorial de Escaner Cultural - Revista de arte contemporáneo y nuevas tendencias- http://www.escaner.cl/ Y Director del Consejo Consultivo Internacional de Konvergencias, Revista de Filosofía y Culturas en Diálogo.
adolfovrocca@gmail,com


Artículos relacionados:
Artículo “Baudrillard; alteridad, seducción y simulacro” En Psikeba Revista de Psicoanálisis y Estudios Culturales, Buenos Aires, 2006,
http://www.psikeba.com.ar/articulos/AVRbaudrillard.htm

Artículo –La moda en la postmodernidad. Deconstrucción del fenómeno "fashion";
http://www.ucm.es/info/nomadas/11/avrocca2.htm
En NÓMADAS. 11 Enero-Junio.2005
Revista Crítica de Ciencias Sociales y Jurídicas.
UNIVERSIDAD COMPLUTENSE DE MADRID.
http://www.ucm.es/info/nomadas/
- Reproducido por IADE Revista Realidad Económica Buenos Aires (Argentina)
http://www.iade.org.ar/iade/Recomendados/NP/Art/moda.html

Artículo “El revés de la utopía”
http://www.tendencias21.net/El-reves-de-la-utopia_a929.html
En Tendencias 21, Revista Asociada al Capítulo Español del Club de Roma, al Master en Bioinformática de la Universidad Complutense de Madrid y al Instituto de Ingeniería de España
Artículo “La Invención de Morel. Defensa para sobrevivientes” En Zona Moebius http://www.zonamoebius.com/00002006/nudos/avr_0906_morel_bioy.htm
[1] BAUDRILLARD, Jean, El sistema de los objetos, Siglo XXI Editores, 1999.
[2] VÁSQUEZ ROCCA, Adolfo, Edward Hopper y el ocaso del sueño americano, En Heterogénesis Nº 50-51 [Swedish-Spanish] Revista de arte contemporáneo. Tidskrift för samtidskonst, http://www.heterogenesis.se/Ensayos/Vasquez/Vasquez2.htm

[3] VERDÚ, Vicente, El planeta americano, Ed., Anagrama, Barcelona, 1999, p. 105
[4] ZIZEK, Slavoj, La suspensión política de la ética, Ed. Fondo de Cultura Económica, Buenos Aires, 2005, p. 77
[5] VEBLEN, T. Teoría de la clase ociosa, Fondo de Cultura Económica, México, 1999.
[6] VASQUEZ ROCCA, Adolfo, Baudrillard; Alteridad, seducción y simulacro, En PSIKEBA Revista de Psicoanálisis y Estudios Culturales de Buenos Aires, 2006; http://www.psikeba.com.ar/articulos/AVRbaudrillard.htm
[7] Existen dos intentos recientes de utilizar el concepto de fetichismo de la mercancía para explicar la cultura capitalista del siglo XX. Uno de ellos es, desde luego, la crítica a la "industria de la cultura" elaborada por Horkheimer y Adorno en Dialéctica de la Ilustración, y el segundo es el análisis desarrollado por Guy Debord y otros miembros de movimiento situacionista en los años sesentas. Parodiando la frase con que se inicia El capital, Debord afirma que "toda la vida de las sociedades donde reinan las condiciones modernas de producción se anuncia como una acumulación inmensa de espectáculos," y agrega que el espectáculo, "en todas sus formas específicas, como información o propaganda, publicidad o consumo directo de entretenimiento", debe ser visto como "una relación social entre las personas mediada por imágenes". Como tal, la "sociedad del espectáculo" es "la realización absoluta" del "principio del fetichismo de la mercancía". Si bien Baudrillard admite la influencia de los situacionistas, rechaza sin tapujos sus ideas: "No vivimos ya la sociedad del espectáculo... como tampoco los tipos específicos de alienación y represión que ésta conlleva". Podemos presumir que ello se debe a que conceptos como los de alienación y represión presuponen la existencia de algo alienado o reprimido. Debord afirma decididamente que la sociedad del espectáculo implica un forma distorsionada de relación social, habla de "la praxis social global escindida entre realidad e imagen" y "dice que "dentro de un mundo puesto realmente de cabeza, lo verdadero es el movimiento de lo falso". Todo lo anterior es rechazado de plano por Baudrillard, para quien realidad e imagen, falso y verdadero, se confunden de manera endémica en el mundo hiperreal de la simulación.
[8] LIPOVETSKY, Gilles, L'Ere du vide, París, 1983, pp. 7, 14
[9] VÁSQUEZ ROCCA, Adolfo, Coleccionismo y genealogía de la intimidad, en Almiar 'Margen Cero', Madrid, 2006, http://www.margencero.com/articulos/articulos2/coleccionismo.htm
[10] BAUDRILLARD, Jean, El sistema de los objetos, México, Siglo XXI,1985; p. 74.
[11] BAUDRILLARD, Jean, Amérique, París, 1986, pp. 21 y sgtes.
[12] BAUDRILLARD, Jean, La sociedad de consumo. Sus mitos, sus estructuras, Ed. Plaza y Janés, Barcelona, 1974.
[13] EWEN, Stuart, Todas las imágenes del consumismo; la política del estilo en la cultura contemporánea, Ed. Grijalbo, México, 1998, p, 284.

Zona Literaria/Poesía


Carlos de la Púa “El Malevo Muñoz”
El vate erudito


Producción Conrado Yasenza*




Palabras de Horacio Salas, de su libro El Tango

Año 1928 Carlos Muñoz y Pérez, el Malevo Muñoz, o más sencillamente Carlos de la Púa como él mismo prefirió rebautizarse en la tapa del libro, publicó La crencha engrasada, la obra mayor que produjo el lunfardo; en sus páginas lo dialectal es tan sólo un escollo deliberado que puso el mismo escritor en el camino poético. Carlos de la Púa demostró en esas páginas que los límites de un género o un vocabulario se pueden superar sobre la base de ramalazos de talento, y al Malevo Muñoz le sobraba el talento hasta para inventar las palabras que calzaran en la forma perfecta de sus versos y que fueron tan justas que pasarán del texto al habla coloquial. La crencha engrasada no fue solamente una travesura lingüística o la transcripción rimada de una jerga esotérica: fue una honda visión de la ética, de la ideología más profunda y de la metafísica de los estratos marginales de Buenos Aires.

Poemas de Carlos de la Púa

Farfala Volatriche
(Inédito)



No te queda ni un pucho del pasado florido,
Que alumbró la alegría de tu pinta shusheta.

Hoy por la vida vas al puro pido y pido.

Y sos una tarasca coleadora... pebeta.
Ya no tiran la daga por vos los mosqueteros
Ni los grandes bacanes te pagan los caprichos!
Hoy sos una farfala de rantes entreveros
Y los giles te aguantan ...solo los gustos chicos.

Del cotorro bacán
Que te amuebló Nordiska
Ya no queda ni diome...
Ya no queda ni pizca.

Fue toda una ilusión.
Un momento feliz
Que duró como la permanente de Mussión
Y el copetín de la París.

Lentas... como en un bondi, tus paradas
De niña bien y de Marlen Dietriche,
Se fueron gambeteando hacia la nada
¡Y sonastes, Farfala Volatriche!
Hoy en cana tal vez con tu destino.

Vivís sacando punta a los recuerdos
Frente a la realidad (frappé!!) de un capuchino.





Lucio El Anarquista.


Nacido entre curdelas, nunca tomó una copa.
Viviendo entre ladrones, siempre la trabajó.
Comprende y ama a aquella que con hambre y sin ropa
a las aguas servidas del vicio se arrojó.

En una pieza inmunda tiene una madre, vieja
a fuerza de miseria y fregar en la tina.
Por ella fue su grito inicial, la gran queja
que prolonga doliente de cantina en cantina...



La Cortada de Carabelas.



Reñidero mistongo de curdas y cafañas,
de viviyos de grupo y de vivos de veras,
la cortada es el último refugio de los cañas
y la cueva obligada de las barras nocheras.

Barajada en el naipe de las calles centrales,
Carabelas es la carta más brava del asfalto.
Su abolengo ranero lo tiene por cabales
y a pesar del ambiente lo conserva bien alto.

El mejor elemento de vida cadenera
pasó por sus boliches tranquila y respetada,
desde la mina aquella de reloj de pulsera
a la grela oriyera de la crencha engrasada.

En sus rantes bulines han truqueado, broncosas,
las barras más temibles de los tiempos pasados
y sus viejas paredes presenciaron famosas
peleas que dejaban cuatro o cinco tajeados

La clásica encordada de los grandes cantores
deschavaron sus penas en sus piringundines,
volcando la milonga como un ramo de flores
en medio de las broncas y de los copetines.

Hoy la vieja Cortada tiene nueva la pinta,
pero flota en su ambiente esa vida pasada
como flota en el cuello de la viola la cinta
que pusiera prolija la mano enamorada.


Fidelidad

Ciudad,
te digo la frase guaranga del caló
para hacerte más mía, para hacerte más íntima...
Para que no perciben su porteño sabor
Los que llevan la mugre del espíritu gringo.



De Los poemas bajos.


Cuando la avalancha químicamente rea parecía definitivamente derrotada por la idiotez cosmopolita de la urbe y la falta absoluta de cultura orillera, nos llega, entre las flores rantifusas de un libro de versos, el refuerzo necesario que la mersa precisaba y cuyas lejanas resonancias el corazón nos advertía.
La luna del bajo fondo, que firma Enrique Cadícamo, viene a gritarnos al oído en el idioma feral del suburbio, que la luna de la barriada sigue jugando al sapo con los puntos habituales del baldío, y que su luz cien por cien rea, que no tiene más kilowatt que la del viejo farolito a kerosén, sólo ilumina en los charcos de Pompeya la plata barata de las latas vacías.
En todas las estrofas musicales donde la filosa garlopa del ingenio le saca enruladas virutas a la “ Musa de Lopa”, se tocan, mejor dicho, se palpan, las inquietudes profundas del sabalaje porteño, que le pone grasa a la mota para tratar de deshacer la comba original de esa crencha que está gritando su cercana prosapia candombera.
Pero mejor hablemos con sus propias palabras y gustemos el fuerte sabor de caña añeja en este poema dedicado al querido negro Flores.


CELE FLORES.

Te hincha la retórica por merengue y por fatua,
te fascina la verba del hampa prepotente
y presentís, negrón, el frío de la estatua
y el mistongo laurel que ha de ceñir tu frente.

Eras de Villa Crespo y copaste el asfalto,
tus versos fueron fruto de tus propias recetas,
tus poemas lunfardos picaron siempre alto;
muchos fueron después cachorros de tus tetas.

Vos, batiste la faya de Margot, a los reos,
y el convoy rechiflado la expulsó, cuando un día
la rante Margarita tirando sus trofeos
llorando arrepentida a su barrio volvía.

Y así en esta hermosa acuarela del personaje clásico de Celedonio Flores, en todo el resto del nutrido prontuario lírico que se cobija bajo la sombra rea de La luna del bajo fondo se percibe el perfume penetrante del suburbio porteño, en sus más típicas emanaciones.
En esta valija de “ poemas rantes”, se alinean en una misma tarima emocional poemas auténticamente reos, algunos de los cuales habrán de perdurar mucho más que lo que el mismo autor se imaginó al crearlos, ya que tienen el sabor y la graduación necesarios para permanecer inalterables en el tiempo.
Con este libro reo se refuerza la banca brillante del suburbio porteño, cuya literatura por virtud de la censura oficial había sufrido una especie de crisis letárgica, pero que ahora ha vuelto a renacer con más bríos y con más fuerza entre las rejas oxidadas de la Difunta Academia de Letras, que pretendió piantarle el pañuelo al cogote curtido del arrabal de Buenos Aires, para calzarle una bufanda gaita.
Cadícamo arrimó también su tacuara a esa montonera brava que encabezaron Felipe H. Fernández, Pascual Contursi, Celedonio Flores y una cantidad de poetas anónimos que tiraron sus versos a la marchanta sobre el estaño de la admiración ciudadana.
La Musa Mistonga, que tuvo su paisaje, su viola y su daga maleva, ahora también tiene su luna, una luna que sabe transformarse en chirolita para que toquen viejos tangos del recuerdo los pianos a manija de Rinaldi Hnos., que hoy apenas sí se ganan la diaria por el deslinde taura de la ciudad grandota.
Bienvenida esa luna cabrera y grata que alumbra el advenimiento rante de la poesía de arrabal que no podrá morir nunca, mientras quede en los barrios, como un mate curado, el ingenio fértil de sus personajes centrales y el clima pintoresco o bravío de su rayuela desdibujada en la leyenda del tiempo.
Carlos de la Púa
Crítica, Mayo 1940

* Material extraído del libro La crencha engrasada, Ediciones Corregidor, 1995

Zona Literaria/Cuento


Casamiento

Por César Hazaki

Pasó y hay otros ejemplos en la misma dirección que lo están indicando: es una moda que llega para quedarse. Para los especialistas en ciencias sociales es un tema que invita a reflexionar en coloquios, jornadas y simposios.
Es por todos conocidos que una famosa actriz de carácter se casó con su psicólogo. Fue una ceremonia muy linda en la iglesia del Pilar, (¡qué otra sino!). Al evento concurrieron: Maria Kodama, Cecilia Bolocco, Gogó Rojo, Erica Rivas
—como todos sabemos la espectacular esposa de Rodrigo de la Serna— la muy simpática y reconocida Mónica Gonzaga. Por otra parte se hicieron presentes prestigiosas autoridades del ámbito de la salud mental que, como corresponde al recato de las profesiones que practican, prefirieron evitar cámaras de noticieros y a los insidiosos noteros de la radio con sus grabadores. Es verdad que muchos de los especialistas del arte de curar invitados lejos, por sus prácticas de consultorio, al modo de ser y vivir de la farándula demostraban cierta incomodidad ante tanta farándula en estado de exhibición.
Llamó la atención que CQC no estuviera presente, dada la ironía que la situación podía plantear. Tampoco lo hicieron otros programas que se dedican a maltratar a las actrices y actores, como los terribles Lucho Avilés y Jorge Rial con su troupe de sanguijuelas y aves de criticar, las que usufructúan la impiadosa necesidad de los actores de figurar, que podría definirse de la siguiente manera: —Que hablen de mí, mal o bien, pero que hablen—.
Claro que no faltaron los malintencionados de siempre, los que hicieron correr el rumor de ciertos arreglos por dinero. Se decía que esa prebenda por debajo, apaciguó la curiosidad de los medios escritos y televisivos vinculados a la siempre molesta e insidiosa prensa amarilla. Se agregaba que quienes deslizaron los sobres con euros y dólares fueron las asociaciones de profesionales de psicoanalistas y psiquiatras con el objetivo de evitar que alguno, de los capitostes presentes, fuera tomado en solfa delante de las cámaras. En consecuencia: el recato fue la marca registrada que impusieron a su presencia los colegas del feliz novio. Siendo un ámbito tan disciplinado y de costumbres tan arraigadas fue sencillo establecer las pautas básicas. Algo imposible de lograr en el bullicioso ambiente artístico, sin duda.
Ella vestía un hermoso vestido blanco largo y llevaba en la mano un espléndido bouquet de jazmines que hacía juego con una corona en su cabeza, en forma de sujetador de pelo, que terminaba en su parte superior con otro conjunto de la fragante y aromática flor, lo que permitía dividir su pelo en dos suaves partes que caían, delicadas y brillantes sobre sus descubiertos y perfectos hombros.
El de elegante frac, pantalón gris y saco negro azulado con una camisa terminada en puntas hacia arriba, de allí salía un hermoso corbatón ancho ajustado con una perla muy grande en el medio. Ambos estaban elegantes y se los observaba muy felices.
Hasta aquí una noticia de la página de sociales de periódicos y revistas pero este es un hecho que golpea a las puertas de los consultorios y hace temblar los divanes. No se puede ocultar más que las actrices de carácter ya no van en busca de los empresarios millonarios, dado que éstos se lanzan sobre las jovencitas que prepara Pancho Dotto. Ergo, luego de una serie de avatares y desencuentros, se han puesto de moda entre ellas, los psicólogos que las atienden.
Hubo un tiempo previo en que los ginecólogos eran la pieza prestigiosa de recambio a los millonarios, pero cayeron en estrepitosa desgracia después de infortunadas experiencias de más de una vedette. Es que hubo cámaras ocultas descubriendo affaires sexuales de distinto orden de éstos especialistas de la medicina.
Digamos, para no ser innecesariamente crueles, que pueden ser aceptados para controlar pechos y otras partes pudendas del cuerpo de las famosas, pero éstas no quieren saber nada más con éstos facultativos en el tema casamiento. La conclusión es clara: producto de sus conductas licenciosas y audaces se ha establecido sobre ellos una severa interdicción.
Es de destacar que hubo otro hecho que colaboró para este nuevo reinado de los especialistas de la escucha y la interpretación. Nos estamos refiriendo a los escándalos sexuales de los multimillonarios abogados penalistas mediáticos. Es que han tomado la costumbre de abandonar a sus familias, para ir detrás de jóvenes prostitutas que tienen su pequeño momento de gloria en juicios a ricos y mafiosos vinculados al narcotráfico y el lavado de dinero. Esto las actrices de carácter no lo han perdonado y en forma gremial han erradicado a éstos ricos abogados de sus listas de posibles candidatos al casamiento.
Es aquí dónde empezaron los psicólogos a ser los candidatos más firmes para tan gráciles actrices necesitadas, como cualquier hijo de vecino, de afecto y comprensión. Consecuencia, sin duda, de la honesta y loable tarea desarrollada durante tantos años. Hubo que ahí estar sentado años y años, de día y de noche. Abriendo la puerta del consultorio a cualquier hora para socorrerlas de las fragilidades del amor. Bancándose la dichosa transferencia erótica de hermosas mujeres tiradas en el diván vestidas con cortas minifaldas y generosos escotes, sólo diciendo, ante tentadoras declaraciones de amor y sexo, frases como estas: -¿Y a usted qué le parece? o bien: -Es sólo una idealización erotizada de su parte.
Esto ha convencido a las experimentadas actrices de carácter que, dentro del raro espécimen: marido y prestigioso profesional, los psicólogos cubren de maravillas las expectativas amorosas y casamenteras de las mismas.
Un amigo atribulado me pidió hace unos días una supervisión urgente. El motivo era las dificultades que tiene con en el tratamiento de una de las más reconocidas actrices, la que frisa los cincuenta años. Ocurrió que ella, después del casamiento comentado más arriba, entró a sesión muy bella y producida. La mujer se zambulló en el diván y le dijo sin casi saludarlo y mirándolo fijamente a los ojos desde el diván:
—Creo que es el momento de hablar de nuestra probable boda.
El sorprendido, sólo carraspeo nervioso. La paciente estiró para acomodar su larga pollera de gasa —que se ajustaba inquietantemente a su cuerpo desplegado en el diván, con un largo tajo que iba de su tobillo hasta el muslo— hacia abajo para continuar, con tan mala fortuna que en el gesto final quedaron más al descubierto sus largas piernas recién depiladas. Luego de este estudiado movimiento, sin duda en algún curso con Augusto Fernándes o Alejandra Boero, continuó:
— ¿Puede usted invitar a Teresa Constantini a nuestra probable boda?
El sorprendido respondió, abochornado dado que no sabía qué hacer y mucho menos decir, recurrió, como buen analista al clásico: —¿A usted qué le parece?
Ella insistió, con una mezcla de mohín y puchero: —No me haga la Gran Psicoanalítica. Me está contestando con una pregunta. Somos grandes y no hay mucho tiempo que perder, dígame sin vueltas ¿Puede usted invitar a Amalita Fortabat?
El trató de insinuar un señalamiento: —No deja sus sueños infantiles de princesa.
La actriz no cedió y siguió jugando la escena que le interesaba:
— ¿No es Daniel Hadad el que viene a sesión después de Piñón Fijo? O ¿Acaso ese productor es su amigo?
Entusiasmada continuó mirando al psicoanalista directamente a los ojos desde el diván donde se hallaba recostada: —Si así fuera, más que seguro que podría ser padrino de nuestra probable boda. No podría negarse.
El volvió a negar, esta vez moviendo la cabeza hacia los costados. Estaba plenamente incómodamente convencido de la imposibilidad de su paciente para escuchar interpretación alguna. Debía, me comentó inquieto, dejar que la paciente hiciera catarsis.
A la cuarta o quinta negativa la actriz, resignada, le comentó: —Entonces lo único que puedo hacer con usted es seguir analizándome. Eso si voy a venir una vez por semana dado que me bajaron de la tira que estaba haciendo para Ideas del Sur. Claro que necesito que me reduzca los honorarios y acepte unos tickets canasta como parte del pago de honorarios.
Terminado de decir esto giró su cuerpo, dejó de mirar a su psicólogo, y mientras fijaba la atención en blanco techo, con un gesto inconsciente se pasaba la mano derecha por hombros y senos en forma muy delicada. Fue en ese momento en que empezó a narrar un sueño erótico que había tenido la noche anterior. En el mismo: caminaba, vestida con la misma ropa que lleva hoy en sesión. En el sueño se alejaba de su analista al que rechazaba, luego de que él la desnudara al notar lo insignificante de sus partes masculinas. Iba, a continuación, por un muelle de un extraño puerto del Mediterráneo. Se da cuenta que es observada por un mulato marinero, al que describe con lujo de detalles, ella hace como que no lo ve mientras se quita la blusa debido al intenso calor. El hombre fornido comenzó a seguirla, allí, la mujer, apura el paso. Así andan un largo trecho, mientras desaparece lentamente de la escena el analista desnudo y acongojado. Pero lo extraño, agrega la paciente, es que el sueño sigue desde los ojos del propio analista que mira a través de sus propias lágrimas. Ve que le persecución sigue hasta que en un lugar desierto, cerca del agua intensamente azul donde ella simula un vahído para dejarse alcanzar. Ahí mismo, el marinero, la alza entre sus fornidos brazos impidiendo que caiga al agua. Ella agradecida por el salvamento se abraza a su rescatador. Mirándose intensamente a los ojos, él le desgarraba su pollera y le hace sentir su enorme potencia viril dentro de su cuerpo. En voz más queda, mientras se seguía acariciando el cuello y los senos con delicadeza, agregó: —Si me pide asociaciones le digo que me desperté en medio de un espectacular orgasmo como nunca me ocurrió con hombre alguno. Espero que haga buenas interpretaciones del mismo
e-mail: cesar.hazaki@topia.com.ar

Zona Literaria/Cuento



Diálogo de divorciados





Belem regaba las plantas y las flores de su jardín. Se le notaba enérgica; esa mañana de verano había dado vuelta tierra con su azada y con su pala. Su vecino salió de la casa y al verle sola se le acercó con ansiosa seriedad y le saludó tomando distancia:
-Tenga usted buenos días Belem.
-Buenos días Agustín.
-Dígame –respiró con profundo enojo-, ¿sabía que su hijo le ha faltado el respeto a Lucía?
-No puede ser. ¡Mi hijo es un santo!
-Mire Belem, los santos no espían a las jovencitas cuando se bañan.
-Debe haber un error. ¿No será que su hija tiene problemas?... Digo, problemas de personalidad. Tal vez le guste inventar cosas...
-¡No le permito! ¡Mi hija no es una loca!
-¡Já! Debería hablar con los muchachos de la esquina.
-¿Cómo dice?
-Digo que de repente sus amiguitos la conocen mejor que usted y ellos le pueden informar con respecto al carácter de su hija.
-Es imposible; Lucía es muy poco sociable con los jóvenes de su edad.
-Eso es lo que usted cree Agustín.
-¿Qué dijo? ¿Insulta a mi familia?
-Yo no digo nada, sólo pensaba en los comentarios. –Se agachó para arrancar yuyos. Se mostraba distraída.
-¿Qué comentarios? ¿De qué me habla?
-Nada, nada. Usted sabe cómo es la gente. Sólo hablan mal de uno. –Se puso de pie nuevamente y actuó un ridículo enojo. -¿Pero a qué se debe toda esta pérdida de tiempo? ¿No ve que estoy trabajando en mi jardín?
-Escúcheme Belem, ayer su hijo espió a mi Lucía mientras se bañaba, ¡y esa no fue la primera vez! ¿Entiende la gravedad del asunto?
-Por supuesto. ¡Es terrible! A la edad de Lucía y ser tímida.
-...
-Pero desde ya no se preocupe, le voy a decir a mi hijo que tenga más cuidado cuando ojee a su hija.
-¡Oiga!, ¿qué tipo de persona es usted? Mi hija no es un objeto de museo.
-¡Claro que no! Pero es que Lucía es muy bonita y mi hijo sabe eso.
De repente la mirada de Agustín se envolvió con un velo de seguridad, y entonces mencionó:
-Belem, ahora que lo pienso harían una buena pareja... ¿Se los imagina viviendo juntos? Casados...
-¡Por Dios no diga eso!
-¿Y qué? ¿Acaso su hijo desconoce que Lucía proviene de una familia muy seria?
-Agustín, yo le voy a decir algo y no deseo repetírselo: Los problemas de los adolescentes son únicamente de ellos, y ni usted ni nadie debería entrometerse. Es como si mi hijo se entrometiera en nuestra relación de vecinos.
-Pero eso es correcto. Él posee todo su derecho de hacerlo.
-¡No señor, se equivoca! Supongamos que usted no le cae nada bien a mi hijo, lo cual no está muy alejado de la realidad, y es justificable porque usted no hace más que censurarle la existencia, pero prosigamos con lo que quiero expresarle, usted me invita a un paseo, a un simple paseo de amigos, y esto a mi hijo no le cae nada bien, porque como dije antes, es usted quien de antemano no le cae nada bien.
-Lo que me quiere decir es que a veces los prejuicios ajenos distorsionan un poco las relaciones de otros.
-¡Siempre Agustín, es así siempre!
La miró con una actitud desconforme y mencionó:
-Quizá sea así como dice.
-Bueno y... ¿qué me dice de la invitación al paseo?
-¿Qué paseo?
-¡El paseo del que hablábamos recién! ¿O acaso a usted los años y la soledad le han convertido en un hombre aburrido y acabado? –Le sonrió con sarcasmo.
-De ninguna manera. –Titubeó. –Sigo siendo el mismo que cuando tenía veinte años.
-Bueno bueno, por lo menos no ha perdido el humor.
-¿No me cree?
-¡Demuéstremelo!
-...
-¡Já já lo sabía!
-...
-¡Está acabado!
-Espere, espere, no diga eso.
-¿Y entonces qué?
-Esta bien, esta noche la pasaré a buscar y daremos un paseo por la plaza. –Vaciló, luego le miró con un brillo de seguridad y agregó. –Conozco un lugar que le encantará... Pero no se olvide de decirle a su hijo que no se acerque a Lucía.
-No se preocupe Agustín. ¡Si vuelve a hacer lo mismo le juro que lo reviento!


Andrés Fabián Valdés
NOTA BIOGRÁFICA

Oriundo de Uruguay, nacido el día 17 de julio de 1978. Actualmente residiendo en Argentina.



1997 – Egresa como publicista gráfico en Escuela de Artes y Artesanías “Dr. Pedro Figari”.

2004 – Seleccionado en el VIII Certamen Internacional de Poesía y Narrativa Breve (Editorial De Los Cuatro Vientos. Director Pablo Albornoz. Argentina).

2005 – Septiembre – Comienza a publicar bimensualmente hasta el mes de junio del año 2006 en la revista de arte “Vademécum” (Uruguay), dirigida por Lautaro Salgado.

2006 – Diciembre - Publica en “Revista Literaria Azul@rte” (revista virtual Peruana) diseñada por Jaime Serey.

2006 – 22 de Diciembre – Participa como miembro en “Planeta SF”, Creado y coordinado por Sergio Gaut vel Hartman, director de la revista literaria Axxón.


Tel.: 6323 – 5863
Correo electrónico: navegaaporfia@hotmail.com