08 noviembre 2007

El Damero/Experiencias de una exposición sobre Oliverio Girondo- Por Horacio González




Experiencias de una exposición sobre Oliverio Girondo
Dimensión estética de las tecnologías humanas

Por Horacio González
(para La Tecl@ Eñe)

Hace unos meses la Biblioteca Nacional organizó una exposición sobre Oliverio Girondo. Lógicamente, he sido lector de Oliverio, pero ahora debía participar en las charlas respecto a cómo debería ser una exposición de la obra de un escritor, problema que se presenta cuando hay que exponer obras –en general, libros abiertos, textos, cartas… ¿Qué ve ahí el espectador? En primer lugar, una publicación, la realidad expresiva de un objeto trabajado por el tiempo. Un libro de una editorial extinguida o un diario antiguo. Hay un encanto en la vejez de esas reliquias, y las comprendemos como un mundo que ha desaparecido con su autor, parte de su cuerpo o de los entornos donde ocurría su vida.
Pero está el tema de los textos que también atraen la curiosidad del espectador. ¿Los lee? De alguna manera, exponer un texto en su estado puro, vulnera la clásica posición del espectador de museos, salas de exposición o galerías de arte. El sentido dominante es el de la apreciación visual, que no suele trascender al plano más subjetivo de la lectura. Allí chocan el espectador y el lector, dos funciones que a veces se superponen, pero casi siempre entran en una tensión excluyente. ¿Cómo exponer a Girondo, entonces?
Ante estos conocidos dilemas, el artista Fernando Rubio, convocado por la Biblioteca Nacional, hizo una puesta en escena en el edificio mismo de la Biblioteca, considerándolo una superficie de inscripción de los textos de Oliverio. La puesta consistía en la tradicional exposición de obras pero toda la superficie edilicia de la biblioteca, incluídos los baños, las rampas de entrada o el espejo de los ascensores, fue considerada un soporte del texto. Personalmente, descreo de la idea de “soporte” en su uso relativizador de libro –como si estuviera en un pié de igualdad, en la historia de la cultura, todos sus tránsitos tecnológicos considerados de una manera lineal-, pero en su uso artístico, y por lo tanto crítico, esa era una opción adecuada.
Los textos aparecían en lugares inesperados, fuera del libro o del diario. Cada lector se ve así desafiado en la elección de su contexto de lectura, con la libertad final de volver a su refugio clásico, el texto fusionado con su sostén privilegiado, sea papel –la historia más extendida de le lectura-, o las construcciones técnicas del ingenio del hombre. Sean paredes o pantallas. Es evidente que la poesía de Girondo, en sus mágicos dislocamientos, en sus suaves entrechoques que dan una idea tan delicada de la materia mundana, como la sacan permanentemente de lugar. Así como se pintan grafos convertidos en formas plásticas (Xul Solar), la escritura tipográfica puede intentar salir de su límite representativo.



Una exposición sobre Girondo podía explorar estos aspectos basados en la recuperación del propio significante de la poesía girondiana: es decir, poetizar el propio drama de las palabras, cuando albergan o pierden sus significaciones, cuando se convierten también en objetos que con solo ser nombrados, escapan de su función natural y se convierten en relaciones físicas o materiales, en variaciones rítmicas o sentimientos olfativos.
Comento brevemente este caso, a pedido de mi amigo Conrado, porque se corresponde con la tarea de quienes, en algún momento de sus vidas, deben trabajar en actos culturales destinados a proveer, cíclicamente, la memoria de los escritos argentinos, que van y vienen en la consideración de la actual, se hunden y resurgen en cada tiempo social como el vaivén de la propia escritura.
Hace poco supe de la exposición de Guimarâes Rosa en el Museo de Bellas Artes de Rio de Janeiro. Allí también, los textos de Grande sertâo veredas se exponían sobre distintos materiales y oponiendo dificultades a la lectura, obligando a operaciones insólitas de la mirada. Muy adecuado, también, a la índole de la obra del gran autor brasileño. Concluyo con una suposición: si tanto se habla de “nuevos soportes”, el arte de una exposición puede tomar las obras con una nueva invitación a que se las lea y las mire al mismo tiempo, como objetos intelectuales dramatizados. Será el arte dialogando con las tecnologías, a lo que mejor se prestan todas las obras –la de Oliverio, la de Guimarâes-, que innovaron la escritura considerándola una dimensión estética de las tecnologías humanas de la comprensión del significado.


Horacio González

El Damero/Antonioni; El cine de la incomunicación - Por Adolfo Vásquez Rocca

ANTONIONI; EL CINE DE LA INCOMUNICACIÓN
RÉQUIEM POR LA MODERNIDAD





Michelángelo Antonioni, el pintor del cine, nos ha dejado cerrando una generación histórica del cine italiano. Su muerte aconteció a los 94 años de edad el pasado 30 de Julio, coincidiendo con la del director sueco Ingmar Bergman. Antonioni, seguramente, está iniciando sus periplos de inmortalidad, como diría Wim Wenders, “Más allá de las nubes”.


Por Adolfo Vásquez Rocca

Pontificia Universidad Católica de Valparaíso - Universidad Complutense de Madrid


Quien no haya visto nunca una película suya puede revisar los últimos minutos de “El eclipse” (1962) y entender el legado de un director que desarrolló una mirada única y supo evolucionar desde el documental y el neorrealismo hasta el cine digital y el fragmentario registro de las historias sin historia de la posmodernidad. En la última secuencia de “El eclipse” se escucha a Prokófiev. No hay diálogos. La cámara recorre las calles de Roma desiertas en lentas panorámicas: los árboles mecidos por el viento, riegos de agua en el asfalto, el rostro fragmentado de personajes a la deriva. Antonioni muestra un mundo en suspenso, sus historias están llenas de tiempos muertos. Todas sus aventuras se disuelven en la nada.

En la actualidad el cine de Antonioni es objeto de un renovado culto y ejerce una considerable influencia en muchos filmes de arte contemporáneos, particularmente en el modo de filmar los silencios y tiempos muertos, propios de un mundo desencantado y sin coartada dramática. El cine de Antonioni es una inmóvil introspección del malestar de nuestra cultura, de la angustia que corroe el alma. En su estilo minimalista retrata la soledad y la incomunicación, el enigma de un mundo desolado. Antonioni, el pintor del cine, retrató entornos puramente artificiales –declaradamente antinaturalistas–, fantasmagóricos, donde sus personajes deambulaban como huidizas figuras de la ausencia.

Si Fellini fue el cineasta del bullicio, de la Italia popular y extrovertida, Antonioni optó por retratar la introversión y la angustia de la burguesía. Su hora favorita era el crepúsculo, y quizá la culpa de tanta melancolía la tenía la niebla de Ferrara, en las llanuras del Po, donde nació en 1912. Una niebla que difumina los contornos y embalsama el tiempo. Su padre, un rico terrateniente, le proporcionó una educación exquisita. Estudió Economía, Literatura, Teatro, Música y Arte antes de ingresar en el Centro Experimental de Cinematografía, semillero de resistencia contra el fascismo. Antonioni colabora como asistente y guionista de Rossellini, de quien recibe una influencia determinante en su futura orientación estilística. Esto no resulta extraño dado que tras haber forjado una épica de la resistencia del pueblo italiano a la dominación nazi en Roma, ciudad abierta y analizar en “Paisá” el marco moral en el cual habría de elevarse la nueva sociedad peninsular, Rossellini emprendió con “Alemania año cero” (1947), el trazado del sendero sobre el cual el cine contemporáneo daría sus primeros pasos. Precisamente, la propuesta entera de Antonioni parece provenir del cuarto de hora final de “Alemania año cero”, con el largo y silencioso vagabundeo del Edmund por las cales de un Berlín en ruinas que culmina con su suicidio, caída desdramatizada desde lo alto de un edificio sin paredes. Los largometrajes que Antonioni realiza a partir de “Crónica de un amor” (1951) funciona a menudo sobre el dispositivo de un personaje que sólo es mostrado a partir de su comportamiento y cuyos estados interiores se transmiten por medio de las conexiones subjetivas que el paisaje establece con él.


La influencia de Rossellini también se trasluce en Antonioni en la elección de estratos sociales que retrata. Tal como aquel había desplazado su foco de atención hacia las clases burguesas en “Europa '51” y “Viaje en Italia”.

Antonioni dejaría de lado los sectores rurales de sus primeros filmes para acometer, en la ficción, la indagación de las formas de vida de los sectores de la alta burguesía, de los seres humanos económicamente satisfechos.

Por lo pronto, el retorno a una temática centrada en el mundo proletario se produce en 1957 con “El grito”, aunque aquí ya la mirada del cineasta es muy distinta a la de los días del neorrealismo. Si bien permanece la aproximación contemplativa de la realidad, esta ha sido modificada en tanto se erige desde la conciencia alienada de una maquinada sociedad industrial, en la que las elevadas torres de departamentos ocultan el cielo y toda posible escapatoria. En este contexto geográfico es donde Antonioni sitúa la acción de sus siguientes filmes, los que, a continuación del éxito de “La aventura” en el Festival de Cannes de 1960, le valen el calificativo de “cineasta de la incomunicación”.

“La aventura” prolonga la reflexión de Antonioni acerca de la sociedad desarrollada. Los protagonistas son burgueses deshonestos entre sí y consigo mismos. El descubrimiento del vacío profundo que corroe sus existencias. El filme, dominado por tiempos muertos, irritó a una vasta parte del público y la crítica, pero la correspondencia moral de los elementos empleados y la potencia de las imágenes –los actores vestidos de oscuro paseando como fantasmas solitarios en la isla de piedra blanca– consagraron al director.

Elegante y empecinado en experimentar las posibilidades lingüísticas del cine como trasunto de revoluciones sociopolíticas, desde su aparente distanciamiento moral. Con un cuidado casi enfermizo por el encuadre, por la fotografía, pero sobre todo por los diálogos, realizó un tríptico de amplios vuelos históricos sobre la burguesía italiana/europea del desarrollismo vandálico de los sesenta: La aventura (1960), La noche (1961) y El eclipse (1962), más tarde recuperadas por Fassbinder en clave expresionista y tono de melodrama.

El cine de Antonioni no construye argumentos al estilo clásico, sino más bien por acumulación de escenas, que discurren igual intensidad y generan una atmósfera de alta densidad. De ahí que sus películas parezcan largas digresiones de acción sin relación aparente en la línea argumental, esto es, sin aparente tensión dramática. En Antonioni aparece el mundo sin coartada dramática[1].

La “trilogía de la incomunicación” se completó más tarde con “La noche” (1961) y “El eclipse” (1962), dos películas de factura similar en la que las mujeres y la confusión de los sentimientos ocupan un lugar preponderante. La noche, que tiene en el rol principal a Marcello Mastroianni como un escritor que despierta la admiración de los potentados pero que se siente completamente falto de inspiración y estímulos, es asimismo una lúcida visión de las implicaciones de ser artista en un marco social regido por el lucro capitalista. El entorno arquitectónico de la industrializada Milán desempeña en este filme un papel de extrema complejidad, ya que remite al espectador a la noción de que detrás de la superficialidad de la forma sólo existe el abismo del vacío.

El estilo antinaturalista que Antonioni había estado esbozando en estas cintas pudo aparecer de modo nítido en “El desierto rojo” (1964), su primer filme en color, protagonizado por la que entonces era su esposa y estrella inevitable de sus películas, Mónica Vitti. “El desierto rojo” significó una revolución estilística, creando un lenguaje y un estilo hasta hoy emulado, a través del uso arbitrario de los colores, en especial del rojo, que tiñe calzadas y murallas como objetivación de la angustia de Giuliana en medio de un paisaje industrial, de un universo de bidones, chimeneas y humos envenenados que emanan de las fábricas. Aquí Antonioni inaugura las preocupaciones ambientalistas o al menos las emplaza en el gran cine. El antinaturalismo de Antonioni busca distanciarse de la organización "espontánea" de lo natural para retratar la artificialidad de las relaciones[2].

Antonioni advierte que ciertos movimientos de la cámara se ajustan mejor a ciertos colores: una panorámica es eficaz con un rojo brillante, pero no se consigue el mismo resultado con un verde áspero. Creía que había cierta relación entre el movimiento de la cámara y el color, así se lo comentó[3] en una ocasión a Godard.

Antonioni, asimismo, concedía gran importancia a los silencios y a la banda sonora con ruidos naturales y efectos sonoros, en algo muy próximo a la música concreta[4], dejando la música -en el sentido tradicional- en un lugar secundario.

Sintiendo que ya había cumplido una etapa y cansado probablemente de ser asociado al cliché de la “incomunicación”, convertido en trivialidad y ganando espacios en revistas de consejos para mujeres aburridas, es que Antonioni emigra hacia Inglaterra. En ese país se despojó de las preocupaciones en torno a las desavenencia crónica de la pareja y se dedicó a desarrollar algunos tópicos que habían germinado en su obra reciente: la confrontación entre la cultura clásica y el modernismo, el choque entre lo antiguo y lo nuevo, los límites de la ficción en la era de la incautación de lo real y del fin de las historias.

Para dar cuerpo a estas ideas, convirtió a un fotógrafo de alta moda en el protagonista de “Blow-up” (1966), su película más afamada y la que le permitió ganar el Festival de Cannes. Las marcadas elípsis de la narración y la ambigua importancia de hechos que quedan fuera de cuadro desconcertaron a los espectadores atraídos por el escándalo que habían causado un par de escenas de desnudos. “Blow-up” es un filme abstracto, con una intriga policial apenas distinguible, que advierte a cada instante al espectador de las limitaciones del espectáculo cinematográfico y que extiende la reflexión de “La noche” en lo que atañe al comercio del arte (la escena del concierto rock en que David Hemmings recoge un pedazo de guitarra arrojado por los músicos a sus fans para tirarlo a la basura cuando deja el recinto).

La línea asumida en Blow-up se prolongó en las dos siguientes cintas de habla inglesa de Antonioni, “Zabriskie Point” (1970) y “El pasajero” (1975), aunque con un notorio resurgimiento de las inquietudes sociales del director.

En “Zabriskie Point”, filmada con apoyo de la Metro en California y Arizona, Antonioni introduce su cámara en las discusiones universitarias en torno al posible advenimiento de la revolución en Estados Unidos y toma partido sin tapujos por las posiciones progresistas.

Tras un largo paréntesis -su último largometraje personal databa de 1982 “Identificación de una mujer”, Antonioni ya anciano consigue llevar a cabo un medio-metraje titulado “El filo peligroso de las cosas” (2001), adaptado de un relato propio y escrito para la pantalla por su habitual colaborador, el guionista Tonino Guerra. Se trata proyecto “Eros” (2001) una trilogía junto a Steven Soderbergh y Wong Kar Wai. Aquí Antonioni no consigue las densidades con las que construyó su territorio cinematográfico, pero sirvió para sellar la leyenda. Este vino a ser su último trabajo -no había filmado nada desde que en 1995 presentase “Más allá de las nubes”, en colaboración con Wim Wenders. El carácter de homenaje a la figura de Antonioni de “Eros” queda patente desde la propia presentación de cada una de las piezas que componen el largometraje, precedidas de una delicada pieza musical de Caetano Veloso inequívocamente titulada "Michelangelo Antonioni".

Antonioni, el pintor del cine, nos ha dejado, cerrando una generación histórica del cinema italiano. Su muerte[5] aconteció a los 94 años de edad el pasado 30 de Julio -coincidiendo con la del director sueco Ingmar Bergman (otra leyenda del cine europeo). Antonioni, seguramente, está iniciando sus periplos de inmortalidad, allá, como diría Wim Wenders, “Más allá de las nubes”.



Dr. Adolfo Vásquez Rocca


Doctor en Filosofía por la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso; Postgrado Universidad Complutense de Madrid, Departamento de Filosofía IV, Teoría del Conocimiento y Pensamiento Contemporáneo. Áreas de Especialización: Antropología y Estética. Profesor de Postgrado del Instituto de Filosofía de la PUCV, del Magíster en Etnopsicología, Escuela de Psicología PUCV, Profesor de Antropología y de Estética en el Departamento de Artes y Humanidades de la UNAB. Profesor asociado al Grupo Theoria, Proyecto europeo de Investigaciones de Postgrado. Director de la Revista Observaciones Filosóficas http://www.observacionesfilosoficas.net/. Secretario de Ejecutivo de PHILOSOPHICA, Revista del Instituto de Filosofía de la PUCV http://www.philosophica.ucv.cl/editorial.htm, Editor Asociado de Psikeba —Revista de Psicoanálisis y Estudios Culturales, Buenos Aires— http://www.psikeba.com.ar/, miembro del Consejo Editorial de Escaner Cultural —Revista de arte contemporáneo y nuevas tendencias— http://www.escaner.cl/ y Director del Consejo Consultivo Internacional de Konvergencias, Revista de Filosofía y Culturas en Diálogo.

Bibliografía

Michelangelo Antonioni : un poeta de la visión, Tassone, Aldo, Lozano Coello, Ángel, 1ª ed., 1ª imp., 2005, Fluir Ediciones, S.L.U., Ourense

Michaelangelo Antonioni, Seymour Chatman, Paul Duncan, 1ª, 2003, Editorial Taschen, Colonia

Michelangelo Antonioni, Font Blanch, Doménech, 1ª ed., 1ª imp, 2003, Ediciones Cátedra, S.A, Madrid
Michelangelo Antonioni, Tinazzi, Giorgio, Infante Escudero, Natalia, tr., 1ª ed., 1ª imp., 2005, Bilbao, Ediciones Mensajero, S.A. Unipersonal
[1] VÁSQUEZ ROCCA, Adolfo, "Baudrillard; de la metástasis de la imagen a la incautación de lo real", En EIKASIA. Revista de Filosofía, Oviedo. España. ISSN 1885-5679, año II, Nº 11 (julio 2007) pp. 53-59. http://www.revistadefilosofia.com/11-02.pdf
[2] Da Amor vacui. Il cinema di Michelangelo Antonioni, Chieti, Métis, 1990, p. 232
[3] TASSONE & LOZANO, Aldo & Coello, Ángel Antonioni, Michelangelo un poeta de la visión, 1ª ed., 2005, Fluir Ediciones, S.L.U., Ourense
[4] VÁSQUEZ ROCCA, Adolfo, "Música concreta y Filosofía contemporánea; Registros polifónicos” Reedición ampliada.
En Cuenta y Razón del Pensamiento Actual Revista de la Fundación de Estudios Sociológicos (FUNDES) Madrid.
http://www.cuentayrazon.org/revista/pdf/144/Num144_006.pdf
[5] Reportaje de la RAI sobre la muerte y filmografía de Michelangelo Antonioni: http://www.youtube.com/watch?v=feVKGQl4CYk&mode=related&search=

Entrevistas/Gustavo Nielsen



Entrevista a Gustavo Nielsen
“La función de la literatura de hoy es simplemente entretener”

Por Conrado Yasenza

La entrevista al escritor Gustavo Nielsen recorre el sendero iniciado en números anteriores, cuyo interrogante inicial es indagar sobre las vivencias que los escritores experimentaron durante los trágicos días de Diciembre del 2001. También la entrevista aborda temas como literatura, mercado, política e Internet. Es que como dirá Nielsen “la creación literaria se vincula con TODO”.
Fotos: Gentileza de Gustavo Nielsen

- Se ha preguntado y escrito mucho sobre los acontecimientos del 19 y 20 de diciembre del 2001, pero poco, muy poco se ha buscado la voz de los escritores. Es por eso que me interesaría saber cómo vivió usted ese momento histórico y si elaboró alguna reflexión o sentimiento en torno a lo vivido.

- Creí vivir ese momento desgraciado de un modo económico, como todos los argentinos de clase media que teníamos los ahorros en los bancos. Después conocí a una diseñadora gráfica jovencita a la que le habían metido una bala en la cabeza durante una manifestación, y ahí comprendí que lo mío era una pavada. Odio al hijo de puta de De la Rúa y a todos los que lo acompañaron en su mandato (incluida la Alianza). Me defraudaron absolutamente.

- Cree Usted que existe una suerte de banalización de la vida en general: quiero decir, se banalizan los discursos cotidianos, los políticos, los televisivos ( los discursos de los medios masivos en general); hasta se banaliza el deseo, la vida y la muerte?

- Es evidente que la televisión tiende a banalizar la vida.

- Le parece que la literatura que esboza algún grado de compromiso político tiene mala prensa en la actualidad?

- Sí. Pero también creo que un alto grado de compromiso político desfigura ciertos contenidos. Pasa en la educación (durante los años 70 en la Facultad de Arquitectura casi no se podía estudiar por los niveles excesivos de política que había; hoy está pasando algo parecido otra vez). También sucede en la literatura: es mejor el Haroldo Conti de los maravillosos cuentos de “Con otra gente” o “La balada del álamo carolina”, que el de “Mascaró”. El cazador americano me resulta un plomazo.

- Cree Usted en la idea de que la creación literaria se vincula con la exploración de los márgenes de la vida y la existencia?

- La creación literaria se vincula con TODO.

- ¿En qué medida la realidad se hace presente, se filtra, a la hora de escribir una novela?

- Cuando escribo un cuento o una novela soy una esponja: todo lo que escucho, la letra de la canción más estúpida, el titular de un diario, una conversación en un colectivo, cada cosa me nutre.
Cuando no estoy escribiendo casi no alcanzo a percibir nada.


- Cómo observa el fenómeno de Internet y su relación con la literatura?

- El mundo de los blogs es un buen semillero para escritores jóvenes, un gran espacio de difusión para los consagrados y un lugar copado para emitir opiniones sobre lo que escriben los demás. Todo lo que sirva para que la gente escriba mejor gastando menos papel será bienvenido en el futuro.

- ¿Sobre qué estructuras ideológicas e incluso filosóficas se articula hoy la construcción de una literatura argentina.? Existe algún paradigma de este tipo?

- No hay estructuras ideológicas, ni filosofía alguna. La nueva literatura del planeta Tierra –lo que incluye a la Argentina- está digitada desde los premios literarios organizados (no confundir con crimen organizado; o bueno, podría ser) y las agencias literarias, respondiendo únicamente al “se vende”, “no se vende”. Yo estoy entre los que no venden, ni se venden. O sea: en franca desaparición.

- Tiene alguna opinión sobre los hechos de represión y desaparición ocurridos en la Argentina actual?

- Escribí una novela sobre el tema: “Auschwitz”. Pueden buscar y leer gratis el primer capítulo en algún lugar de http://www.mandarinasdulces.blogspot.com/

- Para finalizar, ¿Cuál es a su entender la función de la literaura?

- Me encantaría poder decir más cosas, pero siento que la función de la literatura de hoy es simplemente entretener. Poco a poco nos iremos pareciendo a la televisión.

El Damero/Amor Pirata - Rubén Fernández Lisso



Amor Pirata
Internet y los canillitas de hiperespacio

Por Rubén Fernández Lisso

Una discusión recorre el planeta hasta el cansancio: Los peligros que acarrea intercambiar archivos de música por Internet para los autores, para las discográficas, para la mismísima música.

Todos los días, o casi todos, los medios masivos de comunicación tratan de convencer a la humanidad de que si se baja música de Internet los músicos morirán de hambre, las siete plagas arrasarán las empresas discográficas y los que bajan música harán que sus interpretes favoritos queden calvos, impotentes y destruidos por una metástasis cancerígena que no podrán curar por no tener dinero. Claro que lo más probable es que los poderes judiciales que defienden a las discográficas en su disputa contra la gente logren poner tras las rejas a “los traficantes de información”.

Mientras tanto, uno no puede menos que preguntarse ¿qué les pasó a los músicos desde que existe Internet? ¿Les va peor que antes? ¿Se empobrecieron?. ¿Bajar su música es como chuparles la sangre con una pajita? ¿Las editoras de discos están quebrando o desapareciendo por culpa de la demoníaca red?. ¿Se acabaron las ganancias para la industria cinematográfica?.

Si me apuran, diría que sucede todo lo contrario: Tanto las discográficas como los músicos consagrados ganan mucho más dinero que antes, venden muchos más discos y los negocios del mundo del entretenimiento musical son cada vez más y más redituables. Ni hablar da las ganancias que producen el cine y los videos. Y uno piensa: ¿¡qué es lo que lloran estos tipos!?

Me encantó lo que decía una nota publicada en rebelión: “Ver al derecho de autor como una propiedad es olvidar que se trata de una materia “de interés público”, interrelacionada con los derechos sociales y culturales, donde entran en juego el aliento a la creatividad, el desarrollo cultural endógeno, la protección de la diversidad cultural y la producción de nuevos bienes inmateriales que nos permitan disfrutar del avance de la inteligencia en el campo de las ciencias, las artes y las letras”. (http://www.rebelion.org/noticia.php?id=57455)

¿Y los músicos que venden pocos discos, o ninguno, son más pobres porque uno se baje su música de Internet? ¿se acrecienta su pobreza? ¿les quito el pan de la boca? Claro que igualmente estoy un poco preocupado, porque si es verdad lo que dicen los medios masivos de desinformación, estoy seguro que el pobre de Tim Burton no habrá podido pagar sus impuestos porque yo me bajé El gran pez de Internet... pobre Tim, qué desgraciado lo hago con mis perniciosos actos.

Y si no se notó hasta ahora, se los digo: Amo bajar música y películas de Internet. Amo esa magia de picar un nombre y olvidarlo hasta que en la carpeta incoming aparecen canciones y pelis. Arte que llega, penetra los oídos, traspasa células, atraviesa la materia. Y no me produce ningún complejo, nada de culpa. Si los músicos son pobres, no van a ser más pobres porque yo me baje su música ¿O los Soneros de Tesechoacán tienen ahora menos recursos porque yo disfruto cuando quiero el siquisiri?

Pero en última instancia, si mis acciones llevaran a la quiebra a una multi discográfica, ay, qué gran pena tendrán sus dueños, porque lo que es a mí, no me mueve un pelo ¿O es que las multis de la industria del entretenimiento se preocupan por la gente si no puede acceder a los bienes culturales? ¿Pero si ellos tuvieran razón? ¿Oh, dios, entonces en qué clase de monstruo me he convertido?

Pero mientras el mundo del poder discute y trata de encarcelar a la gente que intercambia archivos, el resto nos la disfrutamos de lo lindo con todo lo que baja. Yo, por ejemplo, descubrí varias cosas que me conmovieron: Orishas, Lila Downs, El Cuarteto de Nos, una banda uruguaya más que simpática. y tanto más: Gabo Ferro, banda Agua Caliente de Tijuana, Salif Keita.

Nunca mis oídos hubiesen sabido de Joe Strummer y sus mescaleros si no fuese por la web. Y es un lujo. Joe añejo, tranquilo, intenso. Cuando me enteré de la muerte de Joe, pensé: Qué suerte que hizo éstos discos antes de morirse! Gracias Joe!. Para fanas de Clash, rareza entrañable.

Pero hay más cosas que me patalearon la cabezota como Devendra Banhart, Jack Johnson, o el conmocionante dúo de piano y batería The Dresden Dolls, o Flavio y la Mandinga, la banda solista de Ciancarulo o como sea que se escriba, que también me encanta. En la web la cosa es así como infinita. Y más pienso y más cosas se me ocurren: Colombiafrica, Vinicio Capossela, Ozomatli, José González, Antibalas, y en este mismísimo momento estoy cagado de gusto escuchando una banda de Nigeria: Oliver de Coque, en http://www.duduradio.com/

También llegaron a mí pelis que me encantaron. Una obra maestra del cine como Delicatessen, o La novia del cadáver, del ya mencionado y estimadísimo Tim Burton, o Carretera perdida de David Lynch. Otra cosa grosa que me llegó vía web es el Payador Perseguido de Don Atahualpa Yupanqui y su infinita poesía: “Aunque mucho he padecido, no me engrilla la prudencia, es una falsa esperencia vivir temblándole a todo, cada cual tiene su modo, la rebelión es mi esencia” (o dice cencia, no sé). Don Ata es gigante: Guitarra en mano canta la vida. Debería ser uno de los contenidos en los programas de educación. Otro verso del Ata que debería cotizar en la bolsa: “dios por acá, no pasó”.

Y hablando de infinitudes, salió nuevo disco de Manu Chao. La radiolina es otro continente en el universo Manu: Si lo venís siguiendo en shows o en la web, conocés lo que hay en este disco. Pero, aunque no me sorprendió, ni de pedo me decepcionó: Es como el amigo entrañable que volvemos a encontrar después de un tiempo y no tenemos ninguna pretensión, solamente estar con el amigo, y saber cómo anda. Manu sigue intenso, más oscuro... Si Próxima Estación Esperanza era un día de sol de primavera, La radiolina es una tarde nublada, ventosa, apremiante, del otoño. Otro disco amigo. Me gusta mucho. Hay tema gratis en radio chango: http://www.radiochango.com/ que es una página de la puta madre y de mi más alto aprecio.


Me gusta mucho lo que dice Manu sobre el intercambio de archivos: “Todo esto es una realidad, Internet es una realidad y no se puede ir en su contra. Es como en la era de los dinosaurios, habrá que adaptarse si se quiere sobrevivir. El que se sabe defender en un escenario va a sobrevivir, no se puede luchar contra esto. Si yo fuera un chaval de 17 años y tuviera 20 euros en el bolsillo y la posibilidad de comprarme un disco o bajármelo, me lo bajaría e invitaría a mi novia al cine con la plata. El capitalismo es así y la gente siempre va a elegir lo más barato. Cuando yo era joven, en el barrio también era así, hacíamos lo mismo, uno se compraba un disco y todos los demás se lo copiaban. Personalmente, no me molesta que la gente se baje mis discos”.

Y para terminar, lo tengo que decir: Amo el emule, el ares, el kazaa, que son algo así como los canillitas, o como el camarero amigo, pero no traen ni diarios ni café, son servidores de músicas, de pelis, de archivos de texto. Y miren si los amaré, que ahora mismo dejo de escribir esta nota para ponerme a ver Sicko, el nuevo documental de Michael Moore, que acaba de llegar desde el mágico hiperespacio hasta mi carpeta de archivos compartidos.

Eso sí, sepan disculparme, lo que pasa es que me tengo que apurar antes de que los dueños del circo obliguen a sus perros guardianes a tirar mi puerta abajo. Y eso que en mi bolibolín no hay petróleo, ni agua potable, solamente una computadora con banda ancha que me ha convertido en un peligroso delincuente.

Rubén Fernández Lisso


Octubre 2007

Zona Literaria/Cuento- Juan José Hernández



Dos cuentos breves de Juan José Hernández

Estos dos cuentos breves de Juan José Hernández no fueron recogidos en libros y se publicaron en forma exclusiva y aún inéditos en La Tecl@ Eñe. Escritos en su ciudad natal, Tucumán, a comienzos de la década del cincuenta, en ambos están latentes algunos temas fundamentales de su posterior obra narrativa: el mundo de la infancia, en el primero de ellos; en el otro, la recreación, con humor punzante, de un aspecto de la vida social provinciana.: el alacraneo.
Fotografía del archivo personal de Juan José Hernández


CIGARRILLO A ESCONDIDAS

Quizá llegó con el último bostezo de la siesta, o con el perfume de los naranjos florecidos en la vereda, pero allí estaba el Enano fumando en su pipa de barro cocido. Sonreía y echaba ligeras espirales de humo por sus orejas puntiagudas.
El chico se había sentado en la mecedora del patio para ordenar su colección de figuritas Maravillas del Mundo.
Siesta: prohibido hacer ruidos: los mayores duermen.
Debía pues resignarse a juegos silenciosos, como clasificar figuritas, o insectos disecados, llaves antiguas, anillos y amuletos de hueso, o mirar con una lupa el mapa secreto que lo conduciría al cementerio de lo elefantes.
El Enano no se parecía a los del libro de lecturas. Mas bien tenía la cara de su amigo Pablo, que vivía enfrente de su casa y lo acompañaba, a menudo, en sus excursiones a una acequia que corría detrás de un terraplén del ferrocarril. Allí, en una piragua, ambos habían remontado hacía poco un afluente del Amazonas, repleto de caimanes.
El chico vio al Enano que fumaba, y se asustó. Dijo en voz baja, como si rezara: Los enanos viven en el bosque. Hacen sus casas bajo la sombrilla de los grandes hongos. A veces recorren los senderos del bosque montados en ratas amaestradas. Roban carreteles vacíos y lápices de colores. Cuando cumplí cuatro años, comieron el soldado de chocolate que mi tía me había traído de regalo. Los enanos no tienen madre. Aparecen después de una tormenta de verano; duermen de día y por la noche, si hay luna llena, bailan tomados de las manos.¿Por qué el enano fuma sin parar?. El tabaco hace mal, mucho mal. Esta mañana casi vomité cuando Pablo me convidó una pitada. Estábamos solos. Había un paquete de cigarrillos sobre la mesa de luz del dormitorio. Pablo, puede venir alguien y sorprendernos. Se burló porque yo tenía miedo. Los chicos que fuman no crecen. Así dicen. No crecen más. Qué importa, trabajaremos en un parque de diversiones o en un circo. El Enano que fuma por la siesta, como nosotros, Pablo.
Estaba a punto de llorar, pero despertó cuando la gata saltó sobre la mesa y desparramó las figuritas en el piso de baldosas. El Enano despareció.
Por un momento, en el aire calcinado de la siesta, quedó flotando un ancho anillo mágico de humo.


BALCON A LA CALLE
Ilustración: José Genao: Merengue

-Decime, ¿no es aquélla la menor de las Aparicio?
-No, mamá: es la del medio. La menor se casó y vive en Buenos Aires.
-La casaron, querrás decir.
-Pero mamá…
-Es la verdad. La casaron de apuro. Y encima por la iglesia y vestida de blanco. Qué papelón. ¿Así que la del medio?
-Creo que se llama Delia.
-Claro, como su madre, que de joven era una preciosura. Nada que ver con esa especie de lauchita…Allá va la profesora de piano. Francamente, hay que tener coraje. ¿Qué lleva en la capelina.? ¿Margaritas? Si la memoria no me falla, ha de andar por los cincuenta largos.
-No los aparenta.
-Por favor, A la legua se le nota el pelo teñido. Como te de decía, la madre, ¡qué mujer preciosa!. Una sirena. Mi primo Luisito le arrastraba el ala, pero al hablar con ella se desilusionó. Era tartamuda. ¡Qué ganas de comer un helado! Decile a la Rosa que baje a comprarme uno en la granja.
-Hoy es su día franco, mamá.
-Me había olvidado. Ahora ésas tienen unos humos…En mi época sólo salían para la novena. ¿Te he dicho que pienso echarla antes de fin de mes?
-Hacés mal. No te será fácil conseguir otra.
-No me importa. La Rosa es una derrochona. ¡Seis cucharadas de azúcar para endulzar un simple jarro de mate cocido...!. Mirá, mirá quien va por enfrente. ¿No te parece raro?
-No veo qué hay de raro. Es viernes, y Lolita tiene clase en la Alianza.
-Qué raro.
-¿Por qué raro?
-No te hagás la tonta. El sinvergüenza del marido la engaña con su propia sobrina, y ella tan oronda y sonriente.
-Quizá la pobre no sabe nada, mamá.
-¿Cómo que no sabe? ¿Y el anónimo?

Juan José Hernández

Zona Literaria/Relato - César Hazaki

Los monzones
Por César Hazaki
Ilustración: Chagall y María Cecilia Foulon
En los años sesenta los vientos monzones eran parte de la épica de la guerra de liberación y por el socialismo en todo el sudeste asiático. Con esos vientos rigurosos y sistemáticos venían lluvias copiosas que impedían el avance de los yanquis, los que con sus máquinas de guerra de última generación perdían capacidades ante la infantería voluntariosa de los Vietcong, la que les daba a los invasores para que tengan y lleven. Los gringos (todavía el ejército norteamericano no estaba poblado de latinos –o sea de inmigrantes suplicando la radicación- sino que negros y rubios eran los tonos de piel predominante) se estancaban y no podían movilizarse, por eso se recluían en las ciudades. El general Giap se las ingeniaba para ir a buscarlos y darles, sorpresa tras sorpresa, soberanas palizas. Mucho antes habían sido los Tigres de Momprasen que, con sus naves piratas, sorteaban esos bravos vientos en las novelas de Salgari. Sandokan era un ejemplo a seguir, la piratería contra los poderosos también. Eso siempre fueron los monzones para mí: viento y lluvia, imposibilidad de marcha, incomunicación y alimañas de todo tipo que bajaban por los desbordados cauces de agua. Mosquitos y malaria. Fiebres. Un mundo hostil pero que debía mucho valer la pena dado que mujeres y hombres defendían sus terruños a sangre y fuego. Invasores que no querían por nada del mundo que los piel amarilla fuesen dueños del delta del Meckong. Los monzones eran los reyes de la selva tupida, cerrada e infranqueable. Mi afiebrada mente de niño soñaba con aventuras en esos lugares implacables donde los temibles y prolongados vientos gobernaban el ritmo de la vida y de la muerte. Quizás por eso deslizamiento en las letras me hice fanático de Monzón y su devastadora zurda, que como un samurai vietnamita construía su victoria pensando en que el rival le quería sacar el pan de la boca a sus hijos. También la insistencia en salir a navegar por el delta del Paraná con el viento Pampero al acecho era parte de esta historia. Por lo demás una vida de ciudad, en el barrio de Colegiales, sin muchos más aderezos a decir verdad.
Esto empezó a cambiar hace diez años y sigue firme, sistemático, con las lluvias primaverales, más precisamente cuando Santa Rosa indica el cambio de estación en el mes de agosto. Todo empezó con una revolución tecnológica que digitalizó las líneas telefónicas y permitió que toda la comunicación avanzara a pasos agigantados. Se habían terminado los inconvenientes telefónicos, recuerdo que era tanta la euforia que había en el barrio que entre el diarero, el almacenero, las tres psicoanalistas de niños de la cuadra, el pintor de renombre, el cura de la iglesia y yo por sugerencia del gerente de la sucursal del banco hicimos una vaca y compramos doscientos dólares en acciones de Telecom. A los tres meses habíamos ganado un veinte por ciento de lo invertido. Mucho mas que felices las vendimos –no éramos inversores a largo plazo- e hicimos un pantagruélico asado en la parroquia, que fue bárbaro hasta que el cura medio borracho quiso apretarse a la más jovencita de las psicoanalistas de niños. La mina ducha en andar por los movimientos sociales lo dejó venir y, cuando el clérigo la arrinconó al costado de la parrilla, le metió un rodillazo en los testículos que lo dejó boqueando. El tipo sintió el tremendo golpe y se inclinó hacia delante circunstancia que aprovechó la bella psicoanalista para colocarle un cachetazo sonoro en cada una de las orejas que le reventó un tímpano al acosador.
El diariero, con un largo pasado de monaguillo, quiso interceder a favor del párroco pero ahí salté yo para defender a la morocha de ojos verdes y se armó la gran pelotera. Nadie sabía bien por qué pegaba y contra quien pero fue una batalla de todos contra todos. Podemos decir que las ganancias en la bolsa, con la avanzada tecnológica de Telecom, hicieron cambiar la lánguida vida comunitaria.

Con el tiempo restañamos heridas y sólo nos apartamos del cura –ya para ese entonces se había apretado a media feligresía y varias de sus ovejas estaban embarazadas por el fanatismo sexual del pastor- es que volvió la confianza básica que las ganancias de las acciones y nuestros excesos en la bebida habían hecho perder.
Lejos estábamos de imaginar que estaban empezando los problemas con las lluvias y las comunicaciones para algunos de nosotros. Lo recuerdo porque hicimos un festejo barrial del día de la primavera. Se trató de un desfile de murgas y escuelas que fue cortado por un chaparrón impresionante. El pintor famoso, corría al lado mío para guarecerse, una vez que me dejó atrás, me gritó: -Este viento parece un monzón.
Retumbaban estas palabras en mi memoria cuando llegué a mi casa todo mojado. No imaginé que empezaba el vía crucis telefónico que desde aquél entonces se nos plantea a algunos vecinos. Mientras me quitaba la ropa empapada y trataba de secarme me di cuenta que el teléfono estaba mudo, muerto y silenciado no le di mucha importancia dado que el avance tecnológico que la empresa había exhibido en la puerta de mi casa –cableado nuevo, cajas digitalizadas en la cuadra- impedirían que la cosa tuviera entidad severa. Si con Telecom yo hasta había ganado plata no tendría de qué preocuparme.
Por aquél entonces mi computadora recibía Internet por la línea telefónica. Cuando comprendí que no tenía ni teléfono, ni Internet una sombra de inquietud corrió fría por mi cuerpo.
Quizás no estuvo bien darle unos mamporros al cura pensé después, todavía incomunicado, mientras tomaba mate y veía caer enormes gotas de lluvia en el patio. También me di cuenta que era un tremendo error no tener un celular. Demás está decir que no vino la línea telefónica, ni persona alguna a arreglarla. Ese septiembre llovió un mes seguido y el barrio se llenó de agua, eso me hizo recordar a Sandokan.
Desde entonces puedo decir que mi vida se ha modificado notablemente. Los cambios climáticos que traen lluvias largas e impredecibles se han me han hecho carne en lo que ha comunicaciones se refiere. Por ejemplo mis amantes los días de lluvia no me llaman más –que cosa curiosa es cuando más recuerdan mi nombre- es que saben que mi teléfono no funciona y por eso van en busca de otros consuelos. Mis amigos, por lo mismo, no me invitan a jugar al póker dado que saben que estoy incomunicado. Tampoco puedo pedir la rica comida de la Castellana, sin el teléfono es imposible hacerlo. Como se imaginaran a mi masajista tántrica, Marcela, tampoco se la puede contactar. Ergo durante los monzones vuelvo a cocinar al finalizar el día de trabajo y contemplo volver a masturbarme pese a mis promesas adolescentes a dios de no realizarlo.
Para colmo una particular fobia me impidió durante años tener televisión por cable, así que la noche de lluvia transcurre sin que el teléfono suene, sin saber si mis amigos juegan al póker y sabiendo seguro que las chicas han ido a buscar refugio amoroso a otro lado.
He olvidado ya las alegrías que la ganancia de las acciones me produjo, también que Telecom era mi compañía amiga que yo había elegido para tener los mejores servicios telefónicos. He comprendido que mi vida de relación depende, como un guerrillero vietnamita, de las lluvias y de los períodos de seca.
Lentamente he ido especializándome, intercambiando información con la experiencia de otros vecinos, en lograr la mejor manera de no desconectarme cuando llueve.
Tengo Internet por cable al módico precio de cien pesos por mes, esto ya evita que se corte si no anda el teléfono. Tengo el contestador de llamadas Telecom por tres pesos más IVA mensuales. Tengo un celular que anda siempre por ochenta mangos mensuales y en el mismo paquete me hicieron una oferta por la televisión por cable –no me podía negar- con el Venus y premiun a noventa pesos. Por noveno año consecutivo no tengo línea telefónica en la época de lluvia, por eso uso mi celular para llamarme a mi casa, levanto los mensajes y por intenet conectado como estoy resuelvo otras cosas, claro que no todas son pálidas: mi cuenta telefónica disminuye considerablemente y la luz, por ahora, no se corta. Tampoco el agua. Una molestia que no puedo soslayar es que tengo que trabajar hasta los domingos de mañana –cuando el laburo anda mal hago un turno de noche en el maxi kiosco de Alvarez Thomas- para pagar los gastos de los diversos productos que garantizan mi relación con el mundo, pero no me quejo yo siempre he sido un empedernido optimista y a lo hecho pecho. Así como mi madre no aceptaba la lluvia como una limitación para la concurrencia a clase –para lo cual nos preparaba con galocha o botas de acuerdo al agua caída, capa y muy excepcionalmente con paraguas- me he preparado para dar batalla contra la incomunicación.Mientras tomo mate y miro por la ventana que da al patio, cuando el monzón arrecia y las gotas que caen parecen meteoritos, pienso que los yanquis no ganaron en Vietnam de puro remolones y falta de entusiasmo ante el paisaje frondoso y mojado.

Zona Literaria/Cuento Andrés Fabián Valdés



Andrés Fabián Valdés



El encierro

Apenas una hora para caminar, sólo en fila, respirando el aire húmedo del patio, mientras el resto del tiempo, estábamos aprisionados en celdas constreñidas y pestilentes, en el aislamiento más miserable, siendo obligados a cardar estopa, a comer de alimentos nauseabundos y a dormir sobre un astillado tablón, bajo la tenaz vigilancia de los guardias, que aprovechaban cualquier movimiento ajeno a la monotonía, para inventar una infracción y así infligir severos castigos. El fundamental motivo de las represiones, consistía en la degradación física y en un deterioro mental desgarrador. Sin embargo, sin mérito de violencia, ningún castigo tenía la constante capacidad de alteración, como el repugnante olor a materias descompuestas, en el que el vaho de las secreciones humanas: heridas virulentas, transpiraciones y excrementos, se mezclaba con los insalubres vapores de las cocinas; el hedor espeso y flotante invadía las dimensiones del recinto celular, que recibía oxígeno del patio sólo por una rejilla de ventilación, por cierto, bastante obstruida por la suciedad.

Las celdas, de poco más de dos metros de largo por un metro y medio de ancho, con un cielo raso completamente invadido por hongos, que no llegaba a superar la estatura de los guardias más altos, estaban abismadas en una oscuridad densa y asfixiante. El aciago ambiente era atenuado por la borrosa luz del corredor, que se filtraba por una angosta hendidura, ubicada sobre la plomiza puerta de metal que se abría sólo durante las rigurosas inspecciones.
Contemplando aquella tiznada luz que se colaba, quizás desde otro pabellón, mil veces, por decirlo de algún modo, pensé en la manera de quitarme la vida, y mil veces me consolé escuchando los agónicos lamentos del sufrimiento ajeno.

31 agosto 2007

Editorial

Santa Cruz: Derechos Humanos e identidad Argentina



Ilustración: Rodrigo Crespo Vides


Otra vez el Sur de la República Argentina arde. Santa Cruz, en esta oportunidad. El pasado 14 de Agosto el ex funcionario kirchnerista Daniel Varizat, un hombre de la política, no pudo evitar una manifestación de trabajadores, entró en pánico (no tendría a mano su Paroxetina y Rivotril), y embistió contra la marcha con su lujosa 4x4, mandando a una veintena de manifestantes al hospital. Pobre: dijo que se le escapó el freno. Sí, el freno que regula una de las pulsiones más primitivas del ser humano: la de matar. Dijo también que temió por su vida; temió que lo matara un pueblo que viene reclamando en paz por una justicia independiente del poder central de la Nación; un pueblo que no quiere ser gobernado por un patrón de estancia, y se revela ante el encarcelamiento y represión de los trabajadores que luchan contra la impunidad de los negocios y el dinero (vale recordar que Santa Cruz sigue militarizada) Un pueblo que reclama por su salario - ya sabemos que vivir en el Sur es duro y muy caro -, y por el respeto global de los Derechos Humanos. Digo: ¿Varizat, será un asesino en potencia, por lo cual deberá ser juzgado como un reo común, o será un paranoide que teme por su vida y ve posibles asesinos en manifestaciones que no puede sortear, por lo que entonces deberá ser internado en un neuropsiquiátrico, como ocurrió con el presunto camionero magnicida. Esto implicaría algo más que Paroxetina y Rivotril, ¿no?.
Pero centrándonos en un tema fundamental, que es el de los Derechos Humanos, nadie puede dudar que el gobierno de Néstor Kirchner ha desarrollado una intensa y loable gestión política sobre esta cuestión, que en palabras de Alain Touraine, es el rasgo constitutivo de la identidad Argentina. Si algo le da identidad en el mundo a la argentina es el mito que reinterpreta la atrocidad de la muerte perpetrada desde el Estado y ofrece un nuevo espíritu de época con el cual afrontar los desafíos de la construcción de un nuevo país fundada en la defensa absoluta y total de los Derechos Humanos. Pero ocurre, y esto duele realmente, que esta oportunidad prometeica de fundar y sostener esta nueva identidad, no es respetada en su conjunto; no es interpretada como ley general. Y esto se ve patentizado por el silencio y la tardanza en la reacción presidencial frente a lo ocurrido en Santa Cruz. Luego, es inadmisible que el acto que realizaba el Frente para la Victoria, a pocas cuadras de la marcha de los trabajadores, haya continuado con su insolente y festiva descarga de fuegos artificiales. Y en un tercer momento, y este hecho duele aún más, no se haya pronunciado palabra alguna de lo ocurrido cuando la candidata a presidente Cristina Fernández de Kirchner y su marido, nuestro presidente, inauguraban el Barrio Mujeres Argentinas en el lujoso y costosísimo paraíso habitacional de Puerto Madero, residencia de nuevos ricos noventistas, empresarios y actuales funcionarios de gobierno. Digo que este suceso duele mucho más aún ya que en el acto se encontraba una importante, respetada y querida representación de los Organismos de Derechos Humanos. Como dirá Vicente Zito Lema en un necesario trabajo publicado en esta edición: “La paradoja del discurso de la dignidad humana, de un todo para todos sin cuerpos a la vista... Junto a ello, agudizando la herida del pensamiento humanístico, hasta volverla crónica, mortal, otros millones de seres vivos, los que más necesitan del socorro de la vida, cruzan los desiertos y los mares del infortunio, encadenados a la crueldad de sus días, tan lejos del centro del poder como del disfrute de los bienes civilizatorios que por simple presencia en el mundo les corresponde, excluidos de toda propiedad que no sea las migajas de su propio cuerpo, su delirio, o un sueño redentorio, donde la violencia que siempre los alcanza se alterna con una pasividad que raya con la desmesura…”


Ilustración: Aimee Zito Lema

Cito a Vicente. Z. Lema pero lo libro de compromiso alguno. Soy yo el autor y único responsable de estas líneas. En ocasiones, ciertos textos y opiniones suelen ser inoportunos, pero creo que justamente en ese rasgo reside el valor de los mismos. Necesitamos que nuestros imprescindibles Organismos de Derechos Humanos, nuestras queridas y respetadas Madres y Abuelas de Plaza de Mayo continúen con su extraordinaria labor, esa maravillosa identidad que nos representa en el mundo, con independencia del Poder Central. Esto es vital. Nuestro Presidente no hizo otra cosa que cumplir con lo prometido en la campaña electoral, y que por otra parte es, ni más ni menos, lo que debía y debe hacer: cumplir con el nuevo mandato fundacional de la identidad Argentina, el soberano respeto global a los Derechos Humanos, ya que todavía no hemos abandonado por completo el “Tiempo de los Asesinos”, como lo demuestran la hambruna y pobreza de vastas regiones de nuestro país; como lo patentiza el soberbio, e impune hasta el momento, desenfreno de Varizat; como quedó evidenciado a través de los beneficios jubilatorios alcanzados por militares comprometidos con el asesinato y desaparición de compatriotas, y lo que completa la retahíla, la designación, realizada por el presidente Kirchner, como general de División de Jorge. A. Tereso, actual director de Planeamiento del Ejército, integrante del Grupo de Tareas 3.3 de la Escuela de Mecánica de la Armada (el centro por antonomasia del horror y el avasallamiento de la condición humana) entre 1976 y 1978, y condecorado por el Almirante Emilio Massera con la medalla... Massera!!!
Como diría el Poeta Neruda: “Sólo soy de carne humano por eso si apalean a mi hermano con lo que tengo a mano lo defiendo... no me importa una rosa más o menos, tengo un pacto con la hermosura”.
Y lo que tengo a mano son estas inoportunas líneas, y un llamado urgente, un vínculo de amor, para estar siempre alertas.

Conrado Yasenza


Agosto de 2007.

La Columna Grande/ Más allá de lo necesario - A. Grande


Dedicado a Silvia Bleichmar, compañera y amiga.

MAS ALLÁ DE LO NECESARIO: apuntes sobre el capitalismo serio.

Escribe Alfredo Grande (especial para LA TECLA Ñ)

“espero que Kirchner no sea el Alfonsín del peronismo”
( A.G. De una nota en el programa radial MATE AMARGO. Año 2003)


“El antisemitismo es odiar a los judíos más allá de lo necesario”. Esta humorada negra, da cuenta del núcleo de verdad de toda ideología reaccionaria. El tema no es el odio, que por otra parte se considera “natural” y “visceral”. El tema es solamente cuando rebasa una cierta cota considerada como democráticamente aceptable. El territorio del más allá es el de los exterminios de mediana y alta intensidad. El delito de genocidio da cuenta de ese más allá, y ha sido repudiado por toda la comunidad política de occidente. El emblema o el fetiche son los Juicios de Nuremberg. En nuestro país, los Juicios a la Junta de Comandantes y especialmente el juicio al genocida Etchecolatz. En el marco de las democracias de centro (del medio a la derecha y/o izquierda) no hay espacio político ni jurídico que avale una política de Estado que legitime los crímenes de lesa humanidad Al menos los realizados por acción y planificación directa. Aquellos como el hambre, la falta de vivienda, la contaminación personal y ambiental, serán considerados como imprevisión, daños colaterales, o simplemente como herencia de anteriores gestiones. El “más allá de lo necesario” ha sido desterrado en su apariencia por el grito de “Nunca Más”. En la actualidad, el gobierno ha legitimado y legalizado una política de los derechos humanos. Desde el acto en la ESMA, muchas aguas han corrido bajo los puentes de la democracia. Lamentablemente, algunas correntadas se lo llevaron a Julio Jorge López, otras a Carlos Fuentealba, y también a las víctimas del gatillo siempre fácil. Las imágenes del velorio del bombero asesinado, en su redundancia, no hacen justicia a familiares de los que son masacrados cotidianamente. Incluyendo a los sobrevivientes y familiares de los asesinados en Cromagnon. Justamente, porque pienso que no hay muertos de primera o de segunda, mucho menos de tercera, es que no deja de indignarme la manipulación de ciertos asesinatos por los medios-fines de comunicación. Lo que pretendo construir es un analizador de la humorada negra que inicia este trabajo. El “más allá de lo necesario” es políticamente incorrecto, aunque ya todos sabemos que la gobernabilidad es apenas reinar con apariencia de gobernar. Lo que me preocupa es el “más acá”, es decir, todas aquellas formas de la soberanía de la cultura represora que, sin llegar a cruzar la frontera para quedarse ni un milímetro del mas allá, de todos modos persisten en deshonrar la vida. Un canto opuesto al que propusiera la genial Eladia Blázquez, y que podrían entonar muchos menemistas y procesistas transvestidos. El “más acá” se organiza como una forma de naturalizar la represión y la exclusión compatibles con el capitalismo serio. Lo que no es por cierto contradictorio, porque el nivel fundante del capitalismo, cuanto más serio peor, es consagrar la explotación de las mayorías por las minorías. Pero si es lamentable que “el más acá” sea el teatro de operaciones de esta democracia del “todo bien” y de “es lo que hay”. En otros términos: nada pasa si odiamos a los judíos más acá de lo necesario. El significante “judío” tiene una polisemia importante. Denota el carácter de lo no incluido, de lo no asimilado por un orden represor, de aquello que se escapa de los intentos de captura de las masas artificiales. La diáspora sería lo opuesto a la certeza de la tierra prometida, y hace masa con el concepto de la travesía institucional que plantea el psicoanálisis implicado. Otra forma de pensarlo es que “lo judío” es análogo a “lo nómade”, aquellos que hacen camino al andar. Lo mas opuesto a los instituidos burocratizados, que están para quedarse. El “más acá de lo necesario” designa todos los mecanismos que la cultura represora pone en funcionamiento, para garantizar que la democracia, parodiando a Clausewitz, sea la continuación de la dictadura por otros medios. Dictadura del gran capital, de la especulación financiera, de los feudalatos provinciales, del sometimiento de niños y jóvenes, del hambre, la enfermedad y el analfabetismo. Sigue habiendo condenados de la tierra, y las formas del coloniaje han cambiado, mas no su esencia. En su artículo “Equipajes” Eduardo Aliverti dice algo parecido: “en algún punto esta sociedad no quiere a Menem. En todo caso, lo que quiere es a Menem vestido de otra cosa”[1]. En las palabras de este trabajo: el menemismo es corrupción mas allá de lo necesario. Y vestido de otra cosa es el trasvestismo político antes señalado. Que buena advertencia sería: no se olviden de Dromi. Pero el más acá de lo necesario lo sostiene esta variante donde las valijas van y vienen, donde los privados tienen razones que los estatales no entienden, donde una y otra vez la política ha sido derrotada por los políticos. En cierto sentido, asistimos a una disociación entre el ratio monetaria y la ratio cultural. En otros términos: el bolsillo, la víscera más sensible (al decir del General) está con una sensación térmica primaveral. El Indec intenta balbucear cifras por fuera de la alucinación y el delirio, pero no lo dejan. El costo de vida cada vez se parece más a una obediencia debida. “No más de tanto por ciento”. Aunque en el último mes la sensación térmica del bolsillo descendió algunos grados, los sueños de la convertibilidad no se han perdido del todo. El divorcio y enfrentamiento entre el piquete y la cacerola marca que la utopía del 2001 ha sido clausurada. Por eso ganó Macri en la ciudad de Buenos Aires, Reina de la plata. Por eso Sobisch sigue en pie. Después de todo, el liberalismo no es otra cosa que una forma de financiar todos los deseos, para que nadie se dé cuenta que en realidad son mandatos. Desear el mandato consumista es el logro mayor de toda cultura represora, similar al que quebrantó a Winston, el personaje de la novela “1984” de George Orwell”, cuando se dio cuenta que “amaba al Gran Hermano”. El privilegio de pertenecer no es poca cosa, y mucho más cuando se pertenece al privilegio. Pero estos deben mantenerse mas acá de lo necesario. Si hay miseria que no se note, y si hay privilegios, mucho menos. Cuando el filósofo autodidacta Luis Barrionuevo dijo que había que dejar de robar por lo menos dos años, en realidad anticipó la idea central de este trabajo. Bien hubiera podido decir: “no hay que robar más allá de lo necesario”, y eso lo cuantificó en 24 meses. Lo echaron porque dos años parecía demasiado tiempo para la abstinencia depredatoria. La re-reelección del señor de anillaco también era “más allá de lo necesario” Actualmente, en esta política del pucherito de gallina con viejo vino Carlón, Cristina (ahora solo Fernández, incluso solo Cristina, parece que redundar en el apellido empieza a ser un más allá) es una forma de reelección más acá de lo necesario. Por lo tanto inobjetable. Creo que el problema se hace dilema cuando aceptamos que la única forma de enfrentar el “más allá” es aceptando el “más acá”. El “mas acá” hace caso omiso de la profecía de Bertold Brecht: “primero vinieron por los…..pero yo no soy…” En el “más acá” se discute cuales son las décimas que separan la indigencia de la pobreza. O cuanto bajó el porcentaje de desocupación, sin temer demasiados miramientos en la calidad de vida de los ocupados. Si el Estado es el primer empleador en negro, y el mayor generador de precarización laboral, eso es un más acá de las políticas de exterminio de la clase trabajadora que ejerció el terrorismo de estado. Omar López señala que: “ahora pregonan catecismo, que utilitario alcanza por igual a plebeyos y señoritos; la sociedad muerta hace rato de deseos y de práctica para sobrevivir y especular acude al envase mas degradado que sirve al sistema único, ya que no hay otra alternativa que ensueñe a los argentinos” [2] Una de las formas de esa degradación es cuestionar profundamente el más allá del terrorismo de estado, pero no registrar el mas acá de las prácticas corruptas y entreguistas del capitalismo serio. ¿Será cierto que casas mas, casas menos, igualito que en La Rioja? La idea del mal menor, tan sintónica con la cultura represora, es el triunfo de la anestesia de la esperanza y el cultivo de la resignación oportunista de los cínicos y los débiles. La confianza suicida en los medios de comunicación, capaces de hacernos creer que cuestionan aquello que en realidad protegen, es una de las formas más probables para que la cultura del más acá termine devorando a sus creadores. Fernando de y en la Rúa lo sabe. ¿Será el último?

Agosto 2007

[1] Equipajes. Eduardo Aliverti. Leído en el Foro de Internet Pensar lo Social que modera Jorge Garaventa.
[2] Revista Mate Amargo. N° 20.

Entrevistas/ Guillermo Piro



Entrevista a Guillermo Piro*

Literatura del eco vital.

Qué han dicho y escrito nuestros narradores sobre los acontecimientos del 19 y 20 de Diciembre del 2001. Este es el origen, la inquietud inicial de la entrevista a Guillermo Piro, escritor, traductor y periodista. Literatura y realidad; senderos para aproximarnos al individuo, al escritor, más allá de la ficción.

Por Conrado Yasenza
1- Se ha preguntado y escrito mucho sobre los acontecimientos del 19 y 20 de diciembre del 2001, pero poco, muy poco se ha buscado la voz de los escritores. Es por eso que me interesaría saber cómo vivió usted ese momento histórico y si elaboró alguna reflexión o sentimiento en torno a lo vivido.

- Eso no es cierto, muchos escritores se expidieron oportunamente al respecto -y después también, incluso hay algunos que todavía lo siguen haciendo. En mi caso escribí para la ocasión un texto que pretendía poner de manifiesto el verdadero lugar que ocupan los escritores y/o intelectuales de frente a las crisis. En diciembre de 2001, más exactamente el 19 de diciembre de 2001, muchos, muchísimos escritores se encontraban preocupados por hacer circular una carta en donde reclamaban que no les sacaran el subsidio municipal del que gozaban hasta entonces. Penoso. Ni siquiera los acontecimientos del 19-20 los hicieron retroceder: siguieron reclamando su sueldo de ñoquis. Mucho tiempo después encontré un texto de Juan Carlos Onetti en el libro "Requiem por Faulkner", donde pataleaba, muchos años antes, por la misma pretensión escritural de vivir a costa del estado. Onetti, más extremo que yo, ni siquiera trata a esos escritores de ñoquis: los trata de ladrones.

2- Cree Usted que existe una suerte de banalización de la vida en general: quiero decir, se banalizan los discursos cotidianos, los políticos, los televisivos; hasta se banaliza el deseo, la vida y la muerte?

- ¿Y por qué todo eso no debería ser banal? Los que no banalizan son los que tienen tendencias más claramente burguesas: los que tienen tendencias ecologistas, por ejemplo, con cuya pantalla ocultan lo único que para ellos no tiene nada de banal, esto es, el terrible miedo que le tienen a la muerte.

3 - ¿Le parece que la literatura que esboza algún grado de compromiso político tiene mala prensa en la actualidad?

- La literatura que esboza algún tipo de compromiso político no creo que haya tenido buena prensa nunca. Es como decir que la literatura que esboza algún tipo de compromiso religioso goza en la actualidad de mala prensa. Lo cierto es que en uno y otro caso, lo que le importa al escritor es el compromiso político y/o religioso, no la literatura. Hay un escritor que tiene como misión informar acerca de las máscaras y las tretas de los estupradores infantiles. Se llama Andrew Vachss. La literatura no le interesa: es abogado, lo que le importa es meter preso a los predadores sexuales (e incluso conseguir en todos los estados de EE.UU. que se aplique la castración química a estos sujetos). Ahora bien: tiene mala prensa. Pero no le importa.

4- ¿Cree Usted en la idea de que la creación literaria se vincula con la exploración de los márgenes de la vida y la existencia?

- No.

5- ¿Qué le sugiere la idea (en la literatura y en la vida real) de que el encuentro del cuerpo con su esencia o alma remita al espacio de la muerte y la locura?

- No sé qué es el alma. En cambio sé muy bien lo que es el cuerpo. La esencia del cuerpo es el goce de los sentidos. Esa idea me parece que está muy lejos de la muerte y muy cerca de la locura.

6- Hay un ofrecimiento de tipo corporal en la creación literaria, eso que comúnmente se denomina "poner el cuerpo en la obra"?


- No sé lo que significa eso. Entiendo que alguien ponga el cuerpo en el medio de la trayectoria de una bala. Pero no sé cómo puede ponerse el cuerpo escribiendo. A lo sumo se pone la mano.



7- Y cómo observa el fenómeno de Internet y su relación con la escritura y la literatura?


- Internet, pese a las previsiones demasiado optimistas, no es más queun soporte, ni mejor ni más dotado ni más eterno que el papiro. Plantea otro tipo de relaciones en otros campos (la información, por ejemplo, las relaciones personales, el terrorismo intelectual), pero no con la escritura y la literatura.

8- Cómo ve la relación entre cine y literatura? Por ejemplo el proceso de adaptación o transformación de una novela a guión de cine?

- Depende. Hay casos en que el resultado es superior al original (las versión del Proceso, de Orson Welles). Hay otros en que la tarea es gigantesca, y sin embargo "funciona": la adaptación de Los Siete Pilares dela Sabiduría, de T.E. Lawrence, que hizo Bolt para David Lean). Hay otros en que el resultado da vergüenza ajena: la adaptación que hizo Trueba de una maravillosa novela de Donald Westlake como es Two Much. Creo que, por lo general, es con los peores libros que se hacen las mejores películas.

9- ¿Sobre qué estructuras ideológicas e incluso filosóficas se articula hoy la construcción de una literatura argentina? Existe algún paradigma de este tipo?

- No sé. En mi caso, la única estructura ideológica y filosófica que admito es la de traicionar al lector, no dándole nunca lo que está esperando.

10- Le interesa la poesía? Y cómo observa el panorama de la creación y difusión poética en la argentina?

- Me interesa. Desconozco el panorama de la poesía argentina. Leo poesía por curiosidad, no con la intención de generar una panorámica de ningún tipo. Lo mismo puedo decir de la poesía francesa o italiana. No observo ningún panorama.

11- Tiene alguna opinión sobre los hechos de represión y desaparición ocurridos en la Argentina actual?

- No. Yo no opino, no tengo opiniones. El aguano tiene opiniones.

12- Para finalizar, ¿Cuál es a su entender la función de la literaura?

- No tiene ninguna finalidad, allí reside su capacidad de generar un eco
vital.

*Guillermo Piro (Buenos Aires, 1960) es autor de los libros La golosina caníbal (poesía en prosa), Ultimo Reino, Buenos Aires, 1988; Las Nubes (poesía en prosa), Ultimo Reino, Buenos Aires, 1993, Versiones del Niágara (novela), Tusquets Editores, 2000 y Saint Jean David, Aurelia Rivera Libros, 2007. Colaborador de revistas (Último Reino, Babel, Diario de poesía, Trespuntos, First, Página/30, El Porteño).) y diarios (Página/12, La Nación, Perfíl). Y traductor de: El Gatopardo, Giuseppe Tomasi di Lampedusa; Los conejos, J. Rodolfo Wilcock; La paloma apuñalada, Pietro Citati; Las máquinas del tiempo, C.M. Cipolla; El estereoscopio de los solitarios, J.R. Wilcock; Hacer una película, Federico Fellini, y Vidas breves de idiotas, Ermanno Cavazzoni, entre otros.

Zona Literaria/ Ensayo


Arlt, Política y Locura

Sonámbulos y Periodistas*


La crueldad tiene un Corazón Humano
William Blake
Por Horacio González

Ilustración: Clovis Trouville

Es la fuerza inagotable del equívoco lo que permite que Arlt siga siendo un personaje de nuestras lecturas. Leerlo va a ser siempre un oficio incierto. Labor de quien acompaña la aventura arltiana con la incesante pregunta: ¿qué habrá querido decir?
Por un lado, Arlt se complace en ofrecerle al lector los signos más visibles de una rabiosa contemporaneidad, hallazgos siempre fechados. Una nota del comentador en Los Lanzallamas, dice: “obsérvese que esta novela transcurre a mediados del año 1929”. Es una nota a pie de página destinada a justificar una línea insignificante de la urdimbre, donde un tenedor de libros español está leyendo en el diario los festejos de Su Majestad el Rey en su paso por Cataluña. ¿A qué corresponde esta ilusión del tiempo, donde la novela parece ligada a un absoluto presente y sin embargo la precisión puntillosa del comentador la aparta para siempre de nosotros? El tiempo se convierte en un juego brutal, un sueño truculento donde conviven heterogéneos elementos. En Arlt, no podemos dejar de ver, que los abstracto planes de dominio político y las alucinaciones despiadadas, son siempre foráneas al almanaque de la historia. Pero de inmediato se nos presentan las alusiones al “ escritor y su época”, ese año 1929, que, como un meteoro o una batalla, exige una identificación bien datada. Al fin, quedamos sin saber qué partido tomar para juzgar la temporalidad de la novela. O se nos impone una recurrente impiedad que busca la salvación a través del poder, o surgen los nombres históricos con que los acontecimientos nos remiten a una alarmante profecía sobre el presente.. O una antropología negativa o un alerta sobre la historia; o los visos de una moral escéptica o el refuerzo político a una radicalizada energía épica.
Porque si Arlt nos ofrece copiosamente la idea de un sonambulismo político, donde la materia a considerar es la eterna brutalidad de las decisiones de los poderes históricos, también nos tropezamos con una legión de nombres emanados de la crónica de actualidad, que pueblan la novela con un Mussolini o un Lenin, noticias periodísticas de un presente espumoso y vivo. Sonambulismo y periodismo son las dos fronteras de la historia en la novelística arltiana. Con esto se circunscribe el territorio de una neurosis. Ambos términos, sonámbulos y periodistas, combaten entre sí en las escarpadas moralidades arltianas. Cada locución se deroga con la otra. El sonámbulo lleva una carga de secreta frustación que lanza sobre el héroe político, como un sanguinolento vómito de pesadilla. Pero el héroe político puede frustar el doblez onírico de los individuos, prohibiendo la experiencia de unción sagrada al recordar todo lo que hay de guerra en la historia. Y por un encadenamiento de equívocos – que la lectura arltiana favorece como pocas – lo que consigue permanecer, es la fugacidad amenazadora de los sonámbulos. Y del mundo histórico fugaz, lo que descuelle será siempre la eternidad de la violencia.
Por otro lado, hay otro ángulo por el cual debemos que Arlt introduce una gran crisis en el juicio valorativo sobre el mal. Un malestar, que no es ligero, es lo que siente todo lector arltiano, cuando debe reconocer en sí lo que habitualmente se describe como “una mezcla de sentimientos contradictorios”. Recorrer la filiación interna de esos sentimientos, nos debe llevar a una investigación sobre la condición espiritual del lector contemporáneo. Angustia por ver el crimen en un discurso destapado, alaridos de placer remoto por las evidencias de que tenemos a la vista el material crudo con que está hecho el mal, contento íntimo por sabernos en posesión del arcano moral sobre el que las sociedades se fundamentan: todos estos barrocos trompicones entre emociones distintas, forjan la maraña anímica que, como se sabe, es el barro de la criatura arltiana. El problema que nos entrega este laberinto emocional es de orden ético, de la ética que subyace al que escribe y a lo escrito, la ética que al fin es la verdadera antropología de la escritura. ¿ Era Arlt un “cínico”, en el caso que empleemos esta expresión a la manera de la filosofía antigua? ¿Era Arlt un moralista desdoblado en el “cinismo” moderno de sus personajes a fin de mostrar lo insoportable de un mundo de Tartufos? Son preguntas del crítico arltiano – si tales clanes existen – pero son también preguntas que siempre puede abrir la literatura cuando admite, en su último sueño nocturno, que puede ser el facsímil secreto de las filosofías de la ética.
Un volumen, obrita o librejo – este ensayo – sobre Arlt, es una cuenta más que se suma a una larga hilera. Todo corpúsculo que pretenda un lugar en esa extensa fila debe buscar una buena excusa para incorporarse a ella. Quisiéramos imaginar que el pretexto que encontramos se refiere a una modalidad de la crítica que debe pegarse a la obra, que la cita en trechos muy amplios y que la siente adherida a sí misma, al punto que apenas se contiene culposamente para declarar su innecesariedad. Toda crítica es innecesaria, pero si realmente fuera descubierta en su inanidad, siempre puede esgrimir en su pálida defensa el hecho de haber sido, de todos modos, un vehículo para que hablara la voz de la obra tomada por objeto. Que el objeto pase nuevamente a ser sujeto, es el motivo final e inconfeso de la crítica. Doy lectura loca, no locura, decía Macedonio Fernández. No estaba la locura en el loco realista de la literatura, que no consigue evocar en la verosimilitud de su realismo lo realmente inconexo de la locura, sino en las consecuencias abismales de una literatura que enloquece en la abolición literaria de sí misma.
Creemos que la experiencia de la locura en Arlt, no sólo podría referirse a las características ostensibles de sus espantajos literarios, sino a algo más indefinible que vagabundea en el temor insidioso que aún causa su lectura. Temor: un temor inaudible, no un temor asumido. Un temor invisible y más imponente en la medida que se halla emancipado de la voluntad del lector, que aún cree que leer es dominar una materia, y no como sucede a diario, ser señoreado por ella.

*Prólogo del libro Arlt. Política y Locura. Horacio González, Colección Puñaladas, Ensayos de punta, Editorial Colihue, Buenos Aires, 1996.

Zona de Clivaje/Sociedad

La cautela de una razón apasionada
El derecho de los individuos tiene un límite en el derecho de la comunidad.



Por Enrique Carpintero*
(especial para La Tecl@ Eñe)

Ilustraciónes: Rodrigo Crespo Vides


A partir de un titular de una revista o de una charla en un taxi, Enrique Carpintero reflexiona en este artículo sobre los modelos socioeconómicos de la cultura dominante.

El titular de la revista Barcelona se pregunta: “Por qué la clase media porteña prefiere tener en su vereda excrementos de perro antes que personas sin hogar tomando vino.” Para responderla debemos entender que la cultura dominante establece modelos socioculturales que se inscriben en la subjetividad como una forma de relación con
uno mismo y con los otros. Los grandes medios de comunicación se encargan de reflejar y reforzar estos modelos que se basan en un individualismo que niega los lazos necesarios para vivir en comunidad. En definitiva, la lógica del poder se resume en un viejo refrán: “Divide y reinaras”.

Dialogo entre un chofer de taxi y su pasajero (en este caso quien escribe). Los que habitamos la ciudad de Buenos Aires sabemos que la opinión de los taxistas representa un sector importante de la clase media porteña. Viajaba en un taxi hacia el centro de la ciudad en un típico día de mucho tránsito cuando el chofer comenzó a quejarse:
- Esta ciudad es un desastre. La culpa la tienen los piqueteros. Hay una manifestación en el Ministerio de Educación que esta cortando el tránsito.
Le aclaro que los piqueteros son obreros desocupados y esta manifestación es de maestros. El taxista no me escucha e insiste:
- Son todos iguales. Todos son piqueteros. Que vayan a trabajar y no molesten.
Con bronca le digo que debe ser oyente de Radio 10 y seguramente voto a Macri.
Me responde:
- Por supuesto.
La conversación derivó en una discusión donde, por supuesto no logré que entendiera sobre los derechos de los ciudadanos a manifestarse en la vía pública.

“La Nación será una tribuna de doctrina”. Evidentemente el chofer del taxi no hacía más que expresar lo que la mayoría de los medios de comunicación transmiten todos los días. Quizás sin saberlo su posición era avalada por el centenario diario La Nación en un editorial titulado: “La calle es de todos”. Allí se sostiene que “En casi todo el mundo el derecho de uno a reclamar termina donde comienza el derecho del otro a transitar. Esa es, quizás la diferencia principal entre el fenómeno piquetero argentino, parecido al cocalero boliviano, y otras formas de expresar disconformidad, o fiel a su origen, de exigir medidas que faciliten el empleo.” Y continua planteando que el método de reclamo “comenzó a ser imitado por sectores no necesariamente identificados con los piqueteros, como los estudiantes, los docentes y miembros de otros gremios.” El editorialista no tiene ninguna duda en equiparar los reclamos de los obreros desocupados y ocupados, los estudiantes y los docentes con la necesidad de circular tranquilamente por la ciudad. Por ello finaliza pidiendo al gobierno electo en la CBA que haga cumplir el Código Contravencional de la Ciudad de Buenos Aires y el Código Penal.
Claro, el lector puede quedar sorprendido al querer igualar dos ordenes de problemas tan diferentes. Es como comparar manzanas con leones. Sin embargo tiene la lógica liberal capitalista que se expresa en la clásica frase: “La libertad de uno termina donde empieza la del otro”. En esta perspectiva todos tenemos las mismas obligaciones pero no los mismos derechos ya que estos provienen del sector social a que cada uno pertenece. Los derechos a la salud, al trabajo, la educación y la vivienda, garantizados por la Constitución Nacional, se transforman en un simple enunciado para los sectores de menores recursos. Mientras los ricos tienen sus asociaciones para presionar al Estado los pobres deben esperar que las cosas mejoren ya que, al judicializarse la protesta, la manifestación de sus reclamos son limitados por el poder. Por ello la mitad de la población de nuestro país que vive en la pobreza y sufre necesidades no debe ser un obstáculo para que los autos circulen libremente por las calles de nuestra ciudad.



Noam Chomsky plantea que el objetivo del poder es que la mayoría de la población permanezca aislada y sean espectadores de su propio destino: “Los individuos deben estar solos, enfrentándose al poder centralizado y a los sistemas de información de forma aislada, para que no puedan participar de ningún modo significativo en la administración de los asuntos públicos. El ideal es que cada individuo sea un receptor aislado de propaganda, solo frente al televisor, desvalido ante las fuerzas externas y hostiles: el Gobierno y el sector privado, con su derecho sagrado a decidir el carácter básico de la vida social. La segunda de estas fuerzas debe estar, además velada: sus derechos y su poder no sólo han de ser indiscutibles sino invisibles, parte del orden natural de las cosas.”

Baruch Spinoza nos permite sostener una ética donde el derecho de los individuos tiene un límite en el derecho de la comunidad.
La filosofía de Spinoza plantea un proceso de liberación individual y colectivo que permite entender como pasar de la servidumbre a la libertad y de la impotencia al poder. La liberación individual y por lo tanto ética, debe ser colectiva y política. Por ello dice : “nada es más útil al hombre que el hombre mismo”. No formula una ética del “deber ser” sino una ética materialista del “poder ser” donde obrar éticamente consiste en desarrollar el poder del sujeto y no en seguir un deber dictado desde el exterior. El ser de Spinoza es poder y potencia, no deber. Este se realiza a través del conocimiento de las propias pasiones para realizar una utilización de éstas que la conviertan de pasiones tristes (el odio, el egoísmo, la violencia, etc.) en pasiones alegres (el amor, la solidaridad, etc.). De esta manera el objetivo de la liberación ética individual y colectiva es pasar de las pasiones tristes a las pasiones alegres.
En el Tratado político establece que la democracia es el régimen en que la potencia colectiva no está paralizada en un individuo o grupo particular, sino permanece en manos de la comunidad, la cual es sujeto y objeto del poder político. Este es el único estado absoluto: sólo en él se suprime la escisión entre gobierno y pueblo, entre poderosos e impotentes. Pero esta democracia debe estar basada en los principios de libertad, igualdad y solidaridad. En este sentido Spinoza no habla de alienar derechos sino de componer potencias. Aquí la condición política tendrá por sujeto a la multitudu (que podríamos traducir como el colectivo social) cuya potencia en virtud de una concordancia de derechos es en sí misma constitutiva y conflictiva. Se trata de una comprensión de la política donde se inscribe positivamente la solidaridad entre sus miembros ya que los hombres componen sus potencias para aumentarlas e intervienen solidariamente en las circunstancias desfavorables de sus semejantes. En este sentido la política es un ámbito natural formado por un juego dinámico de pasiones, de razones, de conflictos y de concordancias. Es decir una composición de potencias que se despliegan a partir de pasiones y nociones comunes que son la sustancia misma de la comunidad. De allí que afirma: “quien no es movido ni por la razón ni por la conmiseración a ser solidario con otros, merece el nombre de inhumano que se le aplica”.
Rescatar la actualidad del pensamiento de Spinoza nos remite a un mundo donde el neoliberalismo capitalista se disfraza de democracia. A él debemos oponerle la cautela de una razón apasionada que encuentra su potencia en la fuerza del colectivo social.


Buenos Aires, agosto de 2007

*Enrique Carpintero, psicoanalista, director de la revista Topía. Su último libro publicado es La alegría de lo necesario. Las pasiones y el poder en Spinoza y Freud, segunda edición corregida y aumentada, editorial Topía, Buenos Aires 2007.