03 enero 2008

Informe Especial sobre Cultura/ Enrique Carpintero

Modelos Socioculturales del Poder

En su columna Modelos Socioculturales del Poder, Enrique Carpintero analiza las diferentes formas en que el modelo socioeconómico de la cultura dominante se manifiesta. En este artículo el tema a recorrer es la socialización de la Salud, desde una perspectiva ética, racional y científica que de cuenta del padecimiento humano.

Modelos socioculturales del poder III

La socialización de la Salud: una perspectiva ética, racional y científica para dar cuenta del padecimiento humano

Enrique Carpintero*

Los problemas que atraviesa el campo de la Salud Mental provienen desde sus orígenes. Pero lo que ocurre en la actualidad debe ser entendido por el grave deterioro de la salud pública en la Argentina en los últimos 30 años. La dictadura de 1976 instaló la primacía del poder privado sobre lo público. En los ´90 el gobierno de Menem desarrolló una política que beneficiaba los intereses de las grandes empresas de la salud que, con diferentes variantes continúa hasta la actualidad. Su resultado es una mala calidad de la atención y la exclusión de los sectores de bajos ingresos ya que el único interés de estos grupos monopólicos son los costos-beneficios. Esta perspectiva ha llevado a que el modelo sociocultural del poder en el campo de la Salud Mental es la psiquiatrización del padecimiento subjetivo. Una de sus consecuencias es que la Argentina se encuentra entre los primeros puestos de consumo de psicofármacos.
Defender la salud pública implica exigir al Estado que asigne los recursos necesarios para dar cuenta con la participación de los profesionales y de los usuarios de una calidad de atención para el conjunto de la población. Este es un derecho que todo ciudadano tiene asignado por la Constitución Nacional.
Como veremos en el desarrollo de este artículo garantizar este derecho nos lleva a plantear lo que en otros países se denomina la socialización de la salud: una perspectiva ética, racional y científica para dar cuenta de la salud y la enfermedad.

Comunidad de locos es un documental de Ana Cutuli que narra dos experiencias de comunidad terapéutica surgidas en los años ´70 a partir del Plan Nacional de Salud Mental y desarrolladas durante la dictadura de Onganía. Una es la realizada en Lomas de Zamora en el Hospital Neuropsiquiátrico José A. Estévez. En 1968 Wilbur R. Grimson se hace cargo de la dirección en el “Centro Piloto” del hospital con un equipo interdisciplinario y una nueva forma de trabajo: La comunidad terapéutica. En el mismo año, Raúl A. Camino se instala en Federal, Entre Ríos para crear la comunidad terapéutica de Colonia Federal.
Ambas experiencias fueron reprimidas por diferentes dictaduras y sus protagonistas perseguidos.




Ilustración: Rodrigo Crespo Vides



En el final de este excelente documental de Ana Cutuli se señala que “Hoy, con más del 30% de la población bajo la línea de pobreza, queda claro, como ya quedaba en aquella época, que más de la mitad de los internados en hospitales psiquiátricos están más por pobres que por locos”. Es decir, luego de 40 años, el sistema manicomial en la Argentina sigue igual. No existe una política desde el poder que lleve a modificar el sistema manicomial. Los cambios que se han realizado y se siguen realizando dependen de la iniciativa de profesionales sin que estos puedan plasmarse en una política del campo de la Salud Mental que beneficie a la mayoría de la población.

Sicko es un documental realizado con el estilo egocéntrico y maniqueo de Michel Moore sobre los sistemas de Salud. Allí compara el sistema de Salud privatizado de EEUU con los sistemas socializados de Canadá, Inglaterra y Cuba. En el primero la calidad de atención es pésima ya que lo único que interesa es la ganancia. El que no tiene un seguro de salud no puede ser atendido. En los otros países no sólo existe una gran calidad de atención sino un respeto por el trabajo de los profesionales. Algunas escenas son impactantes como la que muestra el video de monitores de un hospital donde se ve como una ambulancia de otro hospital deja un paciente en la puerta por que no tiene el seguro social. De esta manera se sacan a los pacientes que no cubren el seguro. También se muestra el dinero que reciben muchos diputados de los laboratorios. Entre ellos podemos observar como Hillary Clinton se oponía hace unos años a leyes que benefician a la industria farmacéutica para luego cambiar su posición al recibir una fuerte suma de dinero para su campaña presidencial. Pero lo importante que queremos señalar, al mencionar esta película, es que hablar de socialización de la Salud no implica solamente a un país socialista como Cuba sino otros países con economías capitalista como Inglaterra y Canadá. Es decir, hablar de socialización de la Salud nos plantea llevar adelante una perspectiva ética, racional y científica para dar cuenta del padecimiento humano.

Entrevista al Premio Nóbel de medicina Richard J. Roberts:


- ¿Qué modelo de investigación le parece más eficaz, el estadounidense o el europeo?
- Es obvio que el estadounidense, en el que toma parte activa el capital privado, es mucho más eficiente. Tómese por ejemplo el espectacular avance de la industria informática, donde es el dinero privado el que financia la investigación básica y aplicada, pero respecto a la industria de la salud... Tengo mis reservas.
- Le escucho.
- La investigación en la salud humana no puede depender tan sólo de su rentabilidad económica. Lo que es bueno para los dividendos de las empresas no siempre es bueno para las personas.
- Explíquese.
- La industria farmacéutica quiere servir a los mercados de capital...
- Como cualquier otra industria.
- Es que no es cualquier otra industria: estamos hablando de nuestra salud y nuestras vidas y las de nuestros hijos y millones de seres humanos.
- Pero si son rentables, investigarán mejor.
- Si sólo piensas en los beneficios, dejas de preocuparte por servir a los seres humanos.
- Por ejemplo...
- He comprobado como en algunos casos los investigadores dependientes de fondos
privados hubieran descubierto medicinas muy eficaces que hubieran acabado por
completo con una enfermedad...
- ¿Y por qué dejan de investigar?
- Porque las farmacéuticas a menudo no están tan interesadas en curarle a usted como en sacarle dinero, así que esa investigación, de repente, es desviada hacia el descubrimiento de medicinas que no curan del todo, sino que cronifican la enfermedad y le hacen experimentar una mejoría que desaparece cuando deja de tomar el medicamento.
- Es una grave acusación.
- Pues es habitual que las farmacéuticas estén interesadas en líneas de investigación no para curar sino sólo para cronificar dolencias con medicamentos cronificadores mucho más rentables que los que curan del todo y de una vez para siempre. Y no tiene más que seguir el análisis financiero de la industria farmacológica y comprobará lo que digo.
- Hay dividendos que matan.
- Por eso le decía que la salud no puede ser un mercado más ni puede entenderse tan sólo como un medio para ganar dinero. Y por eso creo que el modelo europeo mixto de capital público y privado es menos fácil que propicie ese tipo de abusos.
- ¿Un ejemplo de esos abusos?
- Se han dejado de investigar antibióticos porque son demasiado efectivos y curaban del todo. Como no se han desarrollado nuevos antibióticos, los microorganismos infecciosos se han vuelto resistentes y hoy la tuberculosis, que en mi niñez había sido derrotada, está resurgiendo y ha matado este año pasado a un millón de personas.
- ¿No me habla usted del Tercer Mundo?
- Ése es otro triste capítulo: apenas se investigan las enfermedades tercermundistas, porque los medicamentos que las combatirían no serían rentables. Pero yo le estoy hablando de nuestro Primer Mundo: la medicina que cura del todo no es rentable y por eso no investigan en ella.
- ¿Los políticos no intervienen?
- No se haga ilusiones: en nuestro sistema, los políticos son meros empleados de los grandes capitales, que invierten lo necesario para que salgan elegidos sus chicos, y si no salen, compran a los que son elegidos.
- De todo habrá.
-Al capital sólo le interesa multiplicarse. Casi todos los políticos - y sé de lo que hablo- dependen descaradamente de esas multinacionales farmacéuticas que financian sus campañas. Lo demás son palabras...

Ilustración:Rodrigo Crespo Vides

Un breve recorrido en la historia de la salud Mental en la Argentina. Todo lo anterior nos lleva a plantear que la lucha antimanicomial tiene un límite mientras la salud este en manos del poder privado. Las necesarias experiencias parciales que se realizan y las leyes que se aprueban no podrán implementarse plenamente mientras el Estado no garantice una salud socializada para el conjunto de la población.
Para que esto no quede en una cuestión de principios realicemos un breve recorrido desde la creación de las grandes estructuras manicomiales en la Argentina hasta la actualidad. Aunque el lector se sorprenda verá que a más de un siglo, en lo fundamental nada a cambiado.
Veamos algunos momentos de su desarrollo
A) Entre 1880 y 1910 se afirma un dispositivo psiquiátrico a partir del denominado “alienismo” siguiendo al positivismo y a la psiquiatría francesa. En este modelo se proponía la supuesta curación de la enfermedad mental mediante el encierro de los pacientes a los cuales se les aplicaba una serie de tratamientos físicos y sociales de diversa índole. De esta manera se constituye el primer modelo disciplinario de lo que se llamaba medicina mental o feniatría basado en un discurso positivista. El loco era peligroso y había que apartarlo de la sociedad. Se construyeron los primeros hospicios y se organizaron las primeras cátedras de psiquiatría y las primeras publicaciones. En 1854 se creó el Hospicio de Mujeres, hoy “Braulio Moyano” y en 1863 el de Hombres, actualmente Hospital “José T. Borda”, en la ciudad de Buenos Aires.
A principios del siglo pasado el edificio de la psiquiatría institucional estaba a medio camino por varios motivos, principalmente debido a la falta de cumplimiento de los proyectos de construcción de hospitales y los límites de los tratamientos empleados. En el caso de los primeros manicomios, en poco tiempo reflejaban imágenes del gran encarcelamiento, desatendiendo las condiciones especiales con las cuales debía contar el alienista para producir el denominado “tratamiento moral”. Se aprobaban planes, pero quedaba una gran distancia entre intenciones y prácticas concretas, tal como muchas veces en la historia de nuestro país.
Esta situación fue aliviada parcialmente por el alienista Domingo Cabred que creó la Colonia Nacional de Alienados Open Door en 1899, y en 1906 la Dirección de la Comisión de Asilos y Hospitales Regionales. En 1910 promovió la construcción de numerosas colonias y asilos. Cabred llevó adelante una serie de reformas que estaban en las intenciones de algunos alienistas progresistas.
Sin embargo, las transformaciones de la situación social del país comprometieron este panorama. El modelo agro-exportador y el fomento de las inmigraciones implicaron un desplazamiento de población hacia las ciudades, que crecieron rápidamente y produjeron nuevos problemas sociales y sanitarios. De ese modo se incorporaron las nacientes ideas del “higienismo”, que tenía como objetivo prevenir los diversos problemas sanitarios –desde epidemias hasta delitos- en el conjunto social.
En las siguientes décadas se produjo una transición que fue desnudando los límites de las políticas de alienistas e higienistas debido a la indigencia estructural, propia de la lógica manicomial; y por la insuficiencia crónica de recursos que negaban las clases dominantes.
En 1931 el destacado psiquiatra Gonzalo Bosch publicó un texto sobre “El pavoroso aspecto de la locura en la República Argentina” en el cual criticaba a un Estado que fracasaba, a una crisis de legitimación en la psiquiatría y a sus deudas respecto a la resolución del problema de la psiquiatría en la Argentina. Sin embargo se crearon nuevas instituciones de asistencia social de grupos vulnerables que fueron paralelas a las ofertas de los primeros servicios de internación psiquiátrica privada: los Institutos Frenopáticos. Mientras los locos pobres tenían que ir a las instituciones públicas abandonadas los que tendían dinero podían acceder a lugares de mayor confort y comodidad.
B) En la década del ‘40 se afianzó el Estado de Bienestar en la Argentina, de característica populista, mediante el surgimiento y consolidación del peronismo. En esta época aparece un nuevo grupo aliado a los psiquiatras manicomiales. La creación desde el Estado de organizaciones burocráticas sindicales que manejan las obras sociales llevó a que estos comenzaran a defender junto a los psiquiatras las estructuras manicomiales. El ministro de Salud desde 1946 a 1952 fue el neurólogo Ramón Carrillo. En Salud Mental intentó dar soluciones materiales a problemas tales como la falta de capacidad hospitalaria y de coordinación entre distintas jurisdicciones responsables del tratamiento de la locura. Así se reformaron e inauguraron nuevos lugares de atención, tales como los nuevos Hospicios construidos por pabellones. En el ámbito de la Psiquiatría fue controvertido. Por un lado encontró apoyos en los psiquiatras nacionalistas de los Hospitales y Colonias, especialmente en el Hospicio de Hombres. Estos junto con los burócratas sindicales fueron los que echaron a Enrique Pichón Rivieré del Hospital acusándolo de “comunista” y “de promover la homosexualidad” por haber comenzado a implementar grupos terapéuticos con los pacientes. Pero el gremio médico y la mayor parte de los psiquiatras ligados al higienismo no apoyaron las reformas de Carrillo. En esos años del gobierno peronista el deterioro de la situación en los manicomios se mantuvo.
C) En la década del ´50 la situación mundial había cambiado y el capitalismo necesitaba reformular un nuevo pacto social en el que se debía asegurar el desarrollo económico. Para ello, el Estado debe cumplir la función de brindar seguridad social y económica a los ciudadanos. Desde el final de la Segunda Guerra se había afirmado el llamado movimiento de Salud Mental en los países centrales capitalistas. Esta corriente se incluía dentro de la perspectiva keynesiana del Estado de Bienestar. Podemos señalar que, en este momento, la mitad de las camas de internación en el mundo eran psiquiátricas. Por lo tanto era necesario disminuir esos tremendos costos. Es en este contexto donde el proceso de transformación del orden manicomial estará determinado por esa dinámica económica y política. En 1953 la OMS recomendó la transformación en comunidades terapéuticas de todos los hospitales psiquiátricos, lo cual fue cumplido parcialmente por algunos países.
En Inglaterra comenzaron a gestarse los movimientos de comunidades terapéuticas propiciadas por Maxwell Jones. En EEUU la psiquiatría comunitaria. En Francia se lleva a delante la llamada “Política del Sector”. En Italia la psiquiatría democrática liderada por Franco Basaglia que surgirá en 1967.
En nuestro país a mediados de la década del ‘50 las tareas por realizar eran enormes debido a las condiciones desastrosas de los Hospicios.
Durante el año 1957, en la Argentina con la imposición del desarrollismo como estrategia económica, política y social en el período del gobierno de Frondizi y durante la dictadura de Onganía se producen tres hechos determinantes para reafirmar en nuestro país el “campo de la salud mental”: 1°) Se crea el Instituto Nacional de Salud Mental. 2°) El Dr. Mauricio Goldenberg funda el primer Servicio de Psicopatología en el Hospital General de Lanús, es decir fuera de un Hospital Psiquiátrico y 3°) Se crea la carrera de Psicología en la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA. Ya no era solamente el psiquiatra el que daba cuenta de la Salud Mental, también aparecían otros actores, en especial los psicólogos que a pesar de tener prohibida la práctica clínica por lo cual debían trabajar gratis ganaban importantes espacios en los hospitales y Centros de Salud Mental. Las conceptualizaciones del psicoanálisis, la sociología, la antropología, la psicología institucional y la psiquiatría comunitaria cuestionaban las instituciones manicomiales y ponían el acento en las prácticas comunitarias y preventivas-asistenciales. Durante estos años, se crearon las primeras residencias de Salud Mental, las salas de internación en Hospitales Generales, los Hospitales de Día y las Comunidades Terapéuticas. A la vez se difundieron los tratamientos terapéuticos que mostraban la potencialidad de extender los límites del psicoanálisis: los tratamientos grupales, familiares e institucionales, el psicodrama, la psicología social, el psicoanálisis de niños y las escuelas para padres.
Sin embargo la estructura manicomial sigue vigente apoyada por los diferentes poderes políticos que atraviesan las décadas del ´60 y ´70, los cuales prohibieron y reprimieron algunas experiencias. Las reformas quedan como experiencias parciales que no son integradas a un plan Nacional de Salud Mental como se muestra en el documental de Ana Cutuli.
D) La dictadura militar de 1976 instala el Terror de Estado. Se destruyen los servicios de Salud Mental ya que las instituciones fueron intervenidas por una burocracia cívico-militar para llevar adelante la Doctrina de Seguridad Nacional. En este momento empieza a afianzarse una política privatista en el campo de la Salud. Es decir, si hasta ahora el Estado se había desentendido de la Salud Mental empiezan a tomar poder los grupos privados para poner el campo de la Salud Mental al servicio de sus intereses económicos.
E) Cuando comienza el período de transición democrática, se intenta generar una política en Salud Mental para recuperar los espacios destruidos por la dictadura.
Nuevamente se comienza con planes pilotos que finalizan al breve tiempo por no contar con un apoyo del estado. Debemos decir que la historia de nuestro país es la historia de planes pilotos y la continuidad de los manicomios desde fines del siglo XIX.
En los noventa se reafirma una política neoliberal regida por la desregulación, la
privatización y la competencia. La salud queda en manos de los grandes laboratorios y empresas de medicina. El Estado desaparece en su función social de atender la salud pública. De esta manera se produce el desmantelamiento de las instituciones públicas ya que, la salud queda en manos de la iniciativa privada donde su eje es costos-beneficios. De esta manera la locura importa, si el paciente tiene plata para comprar medicamentos, pagarse una internación o lograr que algún pre-pago u obra social pueda solventar sus gastos. Los locos si son pobres se los ignora. No interesan.
Ilustración: Wolfli

La actualidad del campo de la Salud Mental. Un informe del CELS establece que el 10% de la población internada tiene más de 25 años, el 25% entre 10 y 25 años de internación. El promedio de tiempo que pasa una persona internada es de nueve años. El 20% del total de internados deberían estar dados de alta. A ello se suma las malas condiciones edilicias, de alimentación, de higiene, de atención y un porcentaje importante de profesionales que trabajan sin cobrar ningún sueldo.
Como decíamos al inicio, a más de cien años de la creación del dispositivo manicomial en la Argentina, éste sigue vigente como modelo custodial de los pobres que padecen desordenes psíquicos. El poder en el campo de la Salud Mental se encuentra en una alianza entre sectores del Estado, los grandes laboratorios, las instituciones de medicina privada, la burocracia sindical que manejan sus intereses en las obras sociales y las organizaciones médicas que se oponen a cualquier proyecto de transformación. Esto ha llevado a una psiquiatrización del campo de la Salud Mental donde el predominio de un neopositivismo médico pretende entender el padecimiento psíquico exclusivamente como un problema neuronal. Su resultado ha sido el avance de una contrarreforma psiquiátrica que lo único que le interesa es recetar psicofármacos. Sin embargo el empeño de diferentes profesionales que, en su mayoría trabajan ad honorem y en condiciones adversas, posibilitaron que se generaran importantes espacios antimanicomiales. El mayor logro fue que se sancionara la Ley 448 de la Ciudad de Buenos Aires. Esta ley, con sus virtudes y sus defectos, es un excelente programa desde el cual unificar la lucha contra las estructuras manicomiales. Su plena aplicación es impedida por el poder privado avalado por el poder político de la ciudad de Buenos Aires. Por ello para oponerse al poder privado es necesario plantear la socialización de la Salud. Con esto queremos decir que el Estado sostenga la salud pública desarrollando una política con la participación de equipos interdisciplinarios y los usuarios. Para ello debe asignar un presupuesto adecuado para dar una cobertura de Salud a todos los ciudadanos independientemente de sus posibilidades económicas y que los profesionales cobren un sueldo acorde con la práctica que realizan. Esto no sólo es posible sino necesario. Si esto no se realiza, se pueden arreglar los manicomios como plantean algunos diputados “macristas”, cerrarlos para hacer tratamientos ambulatorios. Pero mientras el poder lo tengan los monopolios privados la hegemonía neopositivista llevará a remplazar el encierro por el chaleco químico, tal como ocurre en Italia luego de Berlusconi.
Si el documental de Ana Cutuli nos muestra la importancia de generar espacios antimanicomiales, en “Sicko”, de Michel Moore, podemos observar que la socialización de la Salud no implica solamente una formulación ideológica sino ser consecuentes con una ética para llevar adelante una perspectiva racional y científica en el campo de la Salud Mental. Esto nos lleva a señalar que, en cualquier Ley Nacional de Salud Mental en la que no se formule la socialización de la Salud, sus artículos quedarán como meros enunciados ya que el poder va a seguir estando en manos de las empresas privadas.

Buenos Aires, diciembre de 2007






*Dr. Enrique Carpintero, psicoanalista, escritor, editor y director de la revista y la editorial Topía. Coautor junto a Alejandro Vainer de Las huellas de la memoria. Psicoanálisis y Salud Mental en la Argentina de los ´60 y ´70 Tomo I (1957-1969), Tomo II (1970-1983), editorial Topía, Buenos Aires, 2004- 2005. Su último libro publicado es La alegría de lo necesario. Las pasiones y el poder en Spinoza y Freud, segunda edición corregida y aumentada, editorial Topía, Buenos Aires 2007

Informe Especial sobre Cultura/ Juan Carlos Volnovich

Jóvenes cultos: celular, monitor, teclado y mouse

Por Juan Carlos Volnovich
(para La Tecl@ Eñe)

Digámoslo de entrada. El saber digital tiene un lugar protagónico en la cibercultura. De modo tal que el dominio instrumental --los recursos que nos permiten navegar por las nuevas carreteras informáticas— es factor definitivo a la hora de proyectar nuestra inclusión social. Dicho de otra manera: quienes están familiarizados con las máquinas tienen una ventaja comparativa con respecto a aquellos que cultivan una erudición tradicional. Y ocurre que –contra todo sentido común y opinión generalizada (independientemente del concepto de cultura que manejemos)-- son lo jóvenes los más cultos, los mejor posicionados.
Las nuevas tecnologías han llegado para ahondar el abismo que separa a chicos de grandes. Pero, además, aportan un efecto democratizador entre generaciones –todavía está por verse si ocurre lo mismo entre géneros-- basado en el poder de equilibrar las desigualdades tradicionales que se apoyan en la siguiente convicción: los grandes poseen un patrimonio cultural que deben transmitir a los chicos. Pues bien, ocurre que, hoy en día, una multitud de padres y maestros se ven descolocados y desconcertados ante una no menos numerosa población de pibes y de pibas que ya saben –y, muy bien-- lo que los adultos les quienes enseñar.




Ilustración: Adolfo Vásquez Rocca



Con esta afirmación no pretendo contribuir a idealizar el saber digital de las nuevas generaciones. Tampoco, llevar agua para el molino apocalíptico que anuncia el fin de la cultura verdadera –la cultura tradicional-- pero sí, alertar contra la campaña que tiende a satanizar la gramática que circula por el correo electrónico, a denostar el lenguaje de los mensajes de texto, a denigrar la práctica del chateo y, mucho más, a concebir los videojuegos como dispositivos destinados a perjudicar la inteligencia de los pibes y a marginarlos del conocimiento que da el estudio. Los pibes y las pibas de hoy en día son nativos digitales allí donde los adultos somos inmigrantes digitales. De modo tal que todo aquello que pueda decirse sobre el impacto que las nuevas tecnologías tienen en la subjetividad de la época --en la medida que predominantemente es discurso de adultos (lo que quiere decir: discurso de inmigrante)-- está viciado por las relaciones de poder que la pertenencia a distintas generaciones decide y por las desigualdades que las diferencias entre los géneros suponen.
Las nuevas tecnologías tienen esa característica: son de fácil accesibilidad en la infancia, y de muy difícil aprendizaje cuando uno lo intenta de adulto. Allí están esas habilidades que aprendidas cuando uno es chico, resultan fáciles: nadar, andar en bicicleta, hablar una lengua extranjera. Pero de grandes, por más dedicación que uno le preste, todo es más difícil. Lo mismo pasa con las nuevas tecnologías. En el universo cibernético los adultos jugamos de visitantes y de locales, los niños, simplemente por pertenecer a una generación nacida junto a las tecnologías que dibujan su paisaje habitual. Esto es fundamental porque supone una desigualdad en las relaciones de poder de los niños con respecto a los adultos --de dependencia de los adultos respecto de los jóvenes--, que marca casi todas las opiniones sobre el impacto que las nuevas tecnologías tienen en la subjetividad, sobre el legado cultural dignificado y el denigrado producto actual, incluso aquellas que pueden aparecer con sólido sustento teórico.
Otro dato a tener en cuenta: la mayor parte de los trabajos académicos referidos a la transmisión de la cultura a las nuevas generaciones, tienen a las mujeres como autoras; y las mujeres, que desde siempre se han ocupado de la crianza y la educación de los niños y las niñas, circulan por el imaginario social (cargado de prejuicios sexistas) sospechadas de tecnofóbicas. Se supone, entonces, que ellas no han “nacido” para los botones de los aparatos electrónicos, que eso es “cosa de hombres”. De hecho, ante cada avance científico técnico, fuimos los varones quienes cantamos primero. Cuando se introdujo Internet en el mercado, por ejemplo, los usuarios eran fundamentalmente varones. Después, se incorporaron las mujeres. Y, en general, cuando las mujeres se incorporan masivamente a alguna práctica valorizada socialmente, ésta tiende a desvalorizarse.


Gráfica: Aimée Zito Lema

De manera tal que deberíamos reflexionar acerca de algunos prejuicios. A saber: hasta ahora se concebía la relación de los niños con el monitor, en juegos interactivos o en chateos, como pérdida de tiempo, como avance de la cultura de la imagen sobre la cultura textual. Hasta hace muy poco tiempo atrás se auguraba que los niños iban a terminar siendo analfabetos, “chupados” durante largas horas por la pantalla. La potenciación entre la imagen y el texto vino a desmontar esa certeza desde que nunca hubo tantos bestsellers como en la época actual (Harry Potter, El señor de los anillos), nunca como en nuestra época pibes y pibas dedicaron tanto tiempo a la lectoescritura (chateo, correo electrónico, mensajes de texto). Recién ahora empezamos a tomar conciencia que la cantidad de horas que un niño tradicional pasa sentado frente al pizarrón en una escuela de doble turno supera ampliamente la cantidad de horas que pasa un niño cibernético frente al monitor; y que el monitor como fuente de estímulos y como posibilidad interactiva es muchísimo más rico y potencialmente más estimulante para el desarrollo intelectual del niño que el pizarrón. También, recién ahora empieza a desmontarse el prejuicio basado en la caligrafía (escribir con un lápiz sobre papel) buena y el teclado o el mouse, malos. Para glorificar a Piaget y sus teorías sobre la influencia del movimiento de la mano para el desarrollo de la inteligencia, queda claro que escribir con las dos manos –lo que sucede con el teclado– es un proceso más complejo y sofisticado que escribir con una sola mano sobre papel con lápiz. Y, producir mensajes de texto en un teléfono celular con los pulgares moviéndose a toda velocidad, una verdadera revolución en la escritura. No estoy sosteniendo con esto que los niños deberían dejar de usar lápiz y papel para alfabetizarse, pero sí, que no hay razones suficientes para impedirles el contacto inicial con el teclado desde que, todo hace pensar, va a ser la manera habitual de comunicarse en el futuro.
Así es que las pibas cultas y los pibes cultos de la era digital circulan a toda velocidad por las carreteras informáticas. Se desplazan aceleradamente por el ciberespacio y son capaces de prestar atención a varias cosas al mismo tiempo. Chatean con la computadora; estudian en el libro lo que reclama la escuela; por la radio escuchan el relato del partido de fútbol que están viendo en el televisor; envían fotos por el celular al tiempo que hablan por teléfono con la novia. Todo, simultáneamente. Viven hiperconectados con una multitud de “amigos” y de “amigas” a las que tal vez nunca vieron y jamás verán (y a las que, antes que como “amigos” y “amigas” podríamos aludir llamándolos cyborgs) pero a quienes son capaces de contarles intimidades que ni por lejos confiarían a su psicoanalista. Estos nativos digitales --multitasking y multimedia— se saben los infinitos, cambiantes, nombres y los rasgos de parentescos de los Pókemon pero son incapaces de recordar el nombre de las Provincias Argentinas. Combinan como nadie el hipertexto gráfico y textual; nadan como pez en el agua cuando de la red se trata; son maestros en el arte de tomar decisiones con información incompleta, de vencer obstáculos con pocos datos para poder avanzar en la dirección correcta sin saber lo que está pasando. ¿Piensan? No. Seguramente no puede llamarse pensamiento (por lo menos en el sentido convencional que hasta ahora vinimos repitiendo de pensamiento-acción) a la eficacia operatoria que despliegan; acciones que, no sólo hacen caso omiso de la conciencia sino que, en la medida que la reflexión demora la reacción, se torna lastre que interrumpe el juego. Pero, eso que hacen y que no saben explicar como lo hacen, les sirve para resolver problemas complejos. No piensan (en el sentido convencional del término) pero navegan el hipertexto generando operaciones con las que habitan y vuelven habitable la catarata indetenible de la información. Y, además, son capaces de transformar la información en conocimiento.
Lo que quiero decir con esto es que existen dos culturas:


· La tradicional, en toda su diversidad que incluye la lectura, la escritura, las ciencias duras, la historia con las ciencias humanas y hasta, las conjeturales si se quiere; cultura heredada y, en cierto sentido, convencional y necesaria.
· La nueva cultura donde lo viejo --incluso el latín o el sánscrito tienen lugar (pero no hegemonía)— donde las enciclopedias y las fuentes de información textuales, los mapas y la TV educativa persisten como restos atávicos imprescindibles para construir un conocimiento que acepta el desafío de problemas innovadores, presentes para pensar el futuro.

Informe Especial sobre Cultura/ Adolfo Vásquez Rocca

TRANSVERSALES



PETER SLOTERDIJK; LA CONSTITUCIÓN HIPERCOMUNICATIVA DEL ESPACIO SOCIAL, LA JAURÍA DEL ESPECTÁCULO Y EL MUNDO INTERIOR DEL CAPITAL. *

**Por Adolfo Vásquez Rocca[1]
(Inédito, para La Tecl@ Eñe)

Universidad Católica de Valparaíso – Universidad Complutense de Madrid.

A la hora de esbozar unas notas para el dibujo de aquello que entendemos por cultura cabe realizar una suerte de historia cultural de la especie junto a una historia espiritual de la criatura, relatos que se fundamentan en la tesis según la cual el hombre es un efecto de influjos y adiestramientos. Para ellos revisaremos los debates en torno a los influjos inhibitorios y los desinhibitorios, los que de acuerdo a los planteamientos de Peter Sloterdijk en “Normas para el Parque Humano” se corresponden con la Barbarie y el Humanismo respectivamente





1.- Crisis del Humanismo en tiempos de Globalización.


Cultura es el mundo propio del hombre, el que él mismo ha cultivado, en oposición al mundo natural, que existiría igualmente aun sin él. La cultura se produce. Existe un conjunto de actividades a las que podemos denominar “producción cultural”; trátese de teorías científicas, desarrollos tecnológicos, bienales de arte, exposiciones universales, juegos olímpicos, etc.

Así en el entramado de lo que llamamos cultura se puede encontrar una multiplicidad de escenificaciones en las que intervienen los actores por excelencia de la historia: los hombres. Todo en escenarios tan dispares como hordas, polis, estaciones orbitales, bases antárticas, comunidades científicas, claustros académicos y organizaciones mafiosas (estas últimas por lo general se confunden); en estados anímicos tan disímiles como el éxtasis, el letargo, el asombro, la revolución, el pánico o la abulia.

Cabe pues -a la hora de esbozar unas notas para el dibujo de aquello que entendemos por cultura- realizar una suerte de historia cultural de la especie junto a una historia espiritual de la criatura, relatos que se fundamentan en la tesis según la cual el hombre es un efecto de influjos y adiestramientos. Para ellos revisaremos los debates en torno a los influjos inhibitorios y los desinhibitorios, los que de acuerdo a los planteamientos de Peter Sloterdijk en Normas para el Parque Humano[2] se corresponden con la Barbarie y el Humanismo respectivamente, siendo el Fascismo una mezcla paradójica de ambas tendencias.


2.- Normas para el parque humano, naturaleza y alcances del la crisis del humanismo.

Así pues a partir del análisis que realiza Sloterdijk, en su conferencia Normas para el parque humano, acerca de la naturaleza y los alcances del fenómeno humanista, es posible establecer que el Humanismo se constituye sobre la base del reconocimiento de sí mismo como antagonista de la Barbarie. Su origen y su desarrollo están profundamente marcados por este deseo de generar un límite inexpugnable entre la cultura humanista y el salvajismo, o dicho de otro modo, entre el hombre propiamente humano y el hombre salvaje.

El origen del humanismo se debe en último término a la disposición de los romanos a leer los escritos de los maestros griegos como si fueran cartas dirigidas a amigos en la distancia. Se podría entonces retrotraer el fantasma comunitario que subyace de todo humanismo al modelo de la amigable sociedad literaria, de esta forma, el mundo humanizado parece surgir de la secta de alfabetizados, que como muchas otras sectas dan a luz un proyecto expansionista y universalista, organizado a través de lecturas asociadas en cada caso a un espacio e ideario nacional. Las naciones modernas son así poderosas ficciones de públicos letrados, convertidos a partir de los mismos escritos en armónicas alianzas de amistad.

Si nuestra época acusa una decadencia y crisis del humanismo en irremisible declive, se debe a que la época del humanismo nacional-burgués llego a su fin, y esto porque el arte de inscribir cartas de amor a una nación de amigos, aun cuando adquirió un carácter profesional, no fue ya suficiente para anudar el vínculo telecomunicativo -acción a distancia, telepatía- entre los habitantes de la moderna sociedad de masas. Por el establecimiento mediático de la cultura de masas en el primer mundo en 1918 con la radio, y tras 1945 con la televisión y aun más por medio de las revoluciones de redes actuales, las coexistencias de las personas en las sociedades contemporáneas se ha a vuelto establecer sobre nuevas bases.

Los nuevos medios de la telecomunicación político cultural, que tomaron la delantera en el intervalo, son los que acorralaron al esquema de la amistad escrituraria y lo llevaron a sus modestas dimensiones actuales, lo que nos ha llevado a la pregunta sobre el futuro del humanismo y sus medios.


3.- El credo del humanismo: La lectura correcta doméstica.

“Es fácil de entender que precisamente aquellas épocas que han hecho sus principales experiencias a partir de un potencial de barbarie liberado excesivamente en las relaciones interhumanas, sean asimismo aquellas en las que el llamado al Humanismo suele sonar más alto y perentorio. Quien hoy se pregunta por el futuro del humanitarismo y de los medios de humanización, quiere saber en el fondo si quedan esperanzas de dominar las tendencias actuales que apuntan a la caída en el salvajismo [Verwilderung] del hombre”.[3]


El hombre que ingresa en la esfera cultural del Humanismo tradicional, se resguarda, a través de un campo de fuerza racional, frente a los peligros que implica su naturaleza animal e instintiva. De este modo, el humanismo intenta aplacar el componente agresivo e irracional del hombre, sometiéndolo al influjo de lo que se conocerá como educación, entendida ésta, como cultura letrada.

“El fenómeno humanista gana atención hoy sobre todo porque recuerda –aun de modo velado y confuso– que en la alta cultura, los seres humanos son cautivados constantemente y al mismo tiempo por dos fuerzas formativas, que por afán simplificador llamaremos aquí influjos inhibitorio y desinhibitorio. El convencimiento de que los seres humanos son «animales bajo influjo» pertenece al credo del humanismo, así como el de que consecuentemente es imprescindible llegar a descubrir el modo correcto de influir sobre ellos. La etiqueta Humanismo recuerda –con falsa inocencia– la perpetua batalla en torno al hombre, que se ratifica como una lucha entre las tendencias bestializantes y las domesticadoras”[4].

Sloterdijk propone así que la dicotomía entre Humanismo y Barbarie supone de antemano una idea que justifica la diferencia entre uno y otro, la cual forma parte fundamental del programa humanista: tanto el carácter como la conducta del hombre son afectados por la acción de distintos tipos de influjos o tendencias: las bestializantes y las domesticadoras .

Aquí cabe notar el hecho inquietante de que el salvajismo, hoy como siempre, suele aparecer precisamente en los momentos de mayor despliegue de poder, ya sea como tosquedad directamente guerrera, o como bestialización cotidiana de los seres humanos en los medios de entretenimiento desinhibitorio. De ambos tipos, los romanos suministraron modelos que perdurarían en la Europa posterior: del uno con su omnipresente militarismo, del otro por medio de su premonitoria industria del entretenimiento basada en el juego sangriento. El tema latente del humanismo es entonces el rescate del ser humano del salvajismo, y su tesis latente dice: La lectura correcta domestica.


Peter Sloterdijk
4.- La escalada deshumanizadora de la rugiente jauría del espectáculo.

“El fenómeno humanista gana atención hoy sobre todo porque recuerda –aun de modo velado y confuso– que en la alta cultura, los seres humanos son cautivados constantemente y al mismo tiempo por dos fuerzas formativas, que por afán simplificador llamaremos aquí influjos inhibitorio y desinhibitorio.

El convencimiento de que los seres humanos son "animales bajo influjo" pertenece al credo del humanismo, así como el de que consecuentemente es imprescindible llegar a descubrir el modo correcto de influir sobre ellos”.[5]

En opinión de Sloterdijk, la constitución del hombre es determinada por la influencia de dos tipos de fuerza –influjos inhibitorios y desinhibitorios– que ejercen movimientos contradictorios, los que hacia la época de Cicerón eran todavía poderes fáciles de identificar, pues cada uno poseía su propio medio característico. En lo que toca a los influjos de bestialización, los romanos tenían establecida, con sus anfiteatros, sus cacerías, sus juegos y luchas mortales, los espectáculos de sus ejecuciones, la red mass-mediática más exitosa de todo el orbe. En estadios rugientes en torno al mar Mediterráneo surgió a sus expensas el desatado ‘homo inhumanus’ como pocas veces se había visto antes y raramente se vería después. Durante el Imperio, la provisión de fascinaciones bestiales para las masas romanas se convirtió en una técnica de dominio indispensable y rutinaria, que se ha mantenido en la memoria hasta el día de hoy gracias a la fórmula juvenaliana del “pan y circo”. Sólo se puede entender el humanismo antiguo si se lo concibe como toma de partido en un conflicto mediático, es decir, como resistencia de los libros contra el anfiteatro, y como oposición de las lecturas humanizadoras, proclives a la resignación, instauradoras de la memoria, contra la resaca de ebriedad y sensaciones deshumanizadoras, arrebatadas de impaciencia, de los estadios. Lo que los romanos educados llamaban ‘humanitas’, sería impensable sin la demanda de abstinencia de la cultura de masas en los teatros de la ferocidad. Si el humanista se extravía alguna vez entre la multitud bramante, es sólo para constatar que también él es un hombre y como tal puede también él ser contaminado por esa tendencia a la bestialidad. Luego vuelve del teatro a su casa, avergonzado por su involuntaria participación en sensaciones infecciosas, y de pronto se ve obligado a aceptar que nada de lo humano le es ajeno. Pero con ello también queda dicho que la naturaleza humana consiste en elegir los medios domesticadores para el desarrollo de la propia naturaleza, y renunciar a los desinhibidores. El sentido de esta elección de medios reside en perder la costumbre de la propia bestialidad posible, y poner distancia entre sí y la escalada deshumanizadora de la rugiente jauría del espectáculo[6].

Así pues los influjos desinhibitorios se manifiestan bajo la forma de estímulos promotores de la bestialización y la banalización del ser humano.

En nuestra época es posible establecer una analogía con la función de los mass media, la red mediática y telecomunicativa global; la televisión, Internet y el cine –el Entertainment– que tiene como principal función proporcionar recreo en tiempos de ocio, forjando públicos cautivos –una “masa”– a la que según el distingo introducido por Sloterdijk[7] cabe –más precisamente – llamar audiencia[8].

El propio Sloterdijk da cuenta, en su obra El desprecio de las masas[9], de la repercusión social que generan los diversos medios de comunicación masiva, modificando la forma en que la masa se agrupa e incluso promoviendo un anquilosamiento del nivel intelectual general, un decaimiento del tipo general humano, como diría Nietzsche.

“La sociedad vertebrada por la red mediática vibra en una situación en la que millones de personas han dejado de hacer aparición como una totalidad reunida ante un acontecimiento contemporáneo, como una esencia viva colectiva conspiradora, repleta de gente, densa, violenta, tendente a confluir y a estallar. Hoy, muy al contrario, la masa en cuanto tal ya sólo se experimenta a sí misma bajo el signo de lo particular, desde la perspectiva de individuos que, como diminutas partículas elementales de una vulgaridad invisible, se abandonan precisamente a aquellos programas generales en los que ya se presupone de antemano su condición masiva y vulgar”.[10]

Por otra parte, y como hemos visto, también existen algunos espectáculos masivos como el boxeo o la tauromaquia, donde el sentimiento que produce en los espectadores contemporáneos ver a los contendores batirse a golpes, o contemplar al torero clavarle la estaca al toro, es asimilable a la emoción que suscitaba en los romanos observar las ejecuciones, las cacerías o las luchas.

En segundo lugar, desde la perspectiva de Sloterdijk, también existen influjos inhibitorios, cuyo propósito es moderar el comportamiento, modelando tanto el pensamiento como la conducta del hombre mediante el efecto humanizador que produce la lectura de los clásicos universales. Bajo el supuesto o credo humanista que “la lectura correcta domestica”. En esto radica el sentido de todo el proyecto humanista, en la confianza que deposita en la lecto-escritura como modelo efectivo de transmisión cultural de los valores humanos,

5.- Traumas urbanos. La ciudad y los desastres.

La reflexión acerca del impacto que producen los influjos inhibitorios y los influjos desinhibitorios en el funcionamiento de nuestra sociedad presente es desarrollada por Sloterdijk en su conferencia El Palacio de Cristal, pronunciada en el marco del debate Traumas urbanos. La ciudad y los desastres, la cual tuvo lugar en Barcelona, en el año 2004. En esta conferencia, Sloterdijk establece una articulación entre ambos tipos de influjo y otros temas que forman parte de la meditación contemporánea como el capitalismo, la globalización y el terrorismo.

Sloterdijk utiliza el concepto de “densidad” para definir el estado esencial que caracteriza la convivencia en el mundo globalizado.

El rasgo distintivo de la globalidad establecida es la situación de proximidad forzosa con todo tipo de elementos. Creemos que lo más adecuado es designarla con el término topológico «densidad». Este término designa el grado de presión para la coexistencia entre un número indefinidamente grande de partículas y centros de acción. Mediante el concepto de densidad, se puede superar el romanticismo de la cercanía con el que los moralistas modernos han querido explicar la abertura del sujeto hacia el Otro.[11]

En El palacio de cristal Sloterdijk desarrolla una metáfora que permite describir el estado actual de la evolución económica y social, especialmente en los países desarrollados de Occidente, cuestión que profundizará en el reciente “En El Mundo Interior Del Capital: Para Una Teoría Filosófica de la Globalización”. El mundo que él denomina capitalismo integral, donde el espacio exterior es absorbido y extrapolado hacia un espacio interior completamente delineado y esquematizado. Este palacio de cristal desempeña el rol de cápsula que separa y protege a sus miembros de las amenazas del mundo exterior; en él, los consumidores pueden acceder a distintos tipos de productos provenientes de todas partes del globo sin tener que abandonar su burbuja de privilegio.

La existencia en comunidad, al interior del palacio de cristal, acontece bajo la forma de la densidad. La globalización impone un grado enorme de cercanía, tanto material como virtual, entre los mismos consumidores y entre éstos y los artículos de consumo. Basta pensar lo que ocurre en los centros comerciales, espacios gigantescos atiborrados de tiendas y de potenciales compradores, que ofrecen infinidad de productos comerciales destinados al consumo masivo de las multitudes, o lo que sucede con Internet, a través de esta red global los seres humanos trascienden los límites impuestos por las distancias físicas y pueden comunicarse entre sí desde cualquier lugar del orbe, además las personas tienen la posibilidad de realizar toda clase de transacciones económicas sin siquiera desplazarse de su computador.

Desde el punto de vista de Sloterdijk, el fenómeno de la densidad conduce a la primacía social de la inhibición sobre la desinhibición.

A causa de la densidad, la inhibición se transforma en nuestra segunda naturaleza. Allí donde se manifiesta, la agresión unilateral adopta la apariencia de una utopía que ya no se corresponde con ninguna praxis. La libertad para actuar obra entonces como un motivo de cuento de hadas procedente de la época en que la agresión aún prestaba algún servicio.[12]

La excesiva cercanía entre los miembros del palacio de cristal, que se expresa a través de un exorbitante nivel de densidad, tiene como consecuencias más relevantes, para el análisis que realiza Sloterdijk, la declinación de los dictados unilaterales, y la constitución hipercomunicativa de la sociedad, ambos acontecimientos confluyen para la determinación de la primacía de la inhibición.

En épocas anteriores y bajo distintas formas de organización social, los habitantes menos afortunados de una determinada comunidad debían realizar un arduo esfuerzo por satisfacer sus necesidades básicas, mientras otros, pertenecientes a clases dominantes, accedían con relativa facilidad a todo tipo de lujos. Este orden social desembocó frecuentemente en la competencia entre los miembros de un mismo estrato social, y en la lucha de las clases inferiores por obtener mejoras en su calidad de vida.


6.- Densidad y problemas migratorios en el Palacio de Cristal.


En la actualidad, el estadio de desarrollo que ofrece el palacio de cristal permite una considerable disminución de los inconvenientes propios de sistemas sociales más primitivos. Existen programas de protección social que permiten complacer las necesidades básicas de la mayoría de la población y la brecha económica entre los estratos sociales es menor que en sociedades menos desarrolladas.

Los habitantes contemporáneos del Palacio de Cristal llevan a cabo una vida marcada por el bienestar social, esto influye en el modo en que se interrelacionan, ya no se consideran unos a otros competidores en la batalla por la supervivencia, ni tampoco existen acentuados antagonismos entre las clases sociales que puedan dar pie a revoluciones o golpes de estado, manifestaciones unilaterales de la agresión.

La elevada densidad garantiza la resistencia permanente del entorno contra la expansión unilateral, una resistencia que desde el punto de vista cognitivo se puede calificar como entorno estimulante para los procesos de aprendizaje, puesto que los actores suficientemente fuertes en medios densos se hacen unos a otros inteligentes, cooperativos y amistosos (y, como es natural, también se trivializan entre sí). Esto es así porque se interponen efectivamente el uno en el camino del otro, y han aprendido a equilibrar intereses opuestos. Al cooperar tan sólo con las miras puestas en el reparto de beneficios, dan por supuesto que las reglas de juego de la reciprocidad también son evidentes para los demás.[13]

Es lo que Rorty llamaría “compartir una esperanza egoísta común”

Si bien la coexistencia en el Palacio de Cristal se desarrolla principalmente bajo las normas generales de la cordialidad y la empatía, esto no implica la ausencia de problemas de convivencia de los que hemos sido testigos – durante las últimas 3 décadas– en el escenario político internacional.

Actualmente existe un conflicto de carácter étnico en muchos de los países desarrollados. Una cantidad elevada de inmigrantes, provenientes principalmente de África, Medio-Oriente y América Latina, tanto legales como ilegales, ingresa diariamente a Europa y Estados Unidos. Esto produce serias alteraciones en el orden social. Una parte de la población residente no ve con buenos ojos la llegada de extranjeros, lo consideran una invasión al palacio de cristal. Los ciudadanos de menos recursos afrontan este hecho con mayor malestar, en tanto son los principales afectados, ya que los inmigrantes constituyen una mano de obra más económica que compite con ellos en forma ventajosa, en la carrera por conseguir empleos de baja calificación.

Adicionalmente, este problema étnico produce otro tipo de repercusiones. El incremento progresivo de extranjeros provoca que éstos vayan adquiriendo mayor poder e influencia en la construcción de la sociedad. Los extranjeros introducen sus costumbres y su religión en el contexto general, modificando – a través de procesos de hibridación- el panorama cultural de cada país.
Adolfo Vásquez Rocca

*Este Estudio e Investigación del Dr. Adolfo Vásquez Rocca está en desarrollo y será completado en una próxima entrega, así como en su próximo Seminario de Postgrado en el Doctorado en Filosofía PUCV Valparaíso 1º Semestre 2008 “Sloterdijk – W. Benjamín”.


**Dr. Adolfo Vásquez Rocca

Doctor en Filosofía por la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso; Postgrado Universidad Complutense de Madrid, Departamento de Filosofía IV, Estética y Antropología. Profesor de Postgrado del Instituto de Filosofía de la PUCV; Profesor de Antropología en la Escuela de Medicina y de Estética en el Departamento de Artes y Humanidades de la Universidad Andrés Bello UNAB. En Octubre de 2006 y 2007 es invitado por la Fundación Hombre y Mundo y la UNAM a dictar un Ciclo de Conferencias Magistrales en México. Profesor visitante de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla y Profesor Asociado al Grupo Theoria, Proyecto europeo de Investigaciones de Postgrado UCM. Director de la Revista Observaciones Filosóficas http://www.observacionesfilosoficas.net/. Secretario de Ejecutivo de PHILOSOPHICA, Revista del Instituto de Filosofía de la PUCV http://www.philosophica.ucv.cl/editorial.htm, Editor Asociado de Psikeba —Revista de Psicoanálisis y Estudios Culturales, Buenos Aires— http://www.psikeba.com.ar/, miembro del Consejo Editorial de Escaner Cultural —Revista de arte contemporáneo y nuevas tendencias— http://www.escaner.cl/ y Director del Consejo Consultivo Internacional de Konvergencias, Revista de Filosofía y Culturas en Diálogo.
[1] Adolfo Vásquez Rocca - Doctor en Filosofía por la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso; Postgrado Universidad Complutense de Madrid, Departamento de Filosofía IV, Estética y Antropología. Profesor de Postgrado del Instituto de Filosofía de la PUCV; Profesor de Antropología en la Escuela de Medicina y de Estética en el Departamento de Artes y Humanidades de la Universidad Andrés Bello UNAB. En Octubre de 2006 y 2007 es invitado por la Fundación Hombre y Mundo y la UNAM a dictar un Ciclo de Conferencias Magistrales en México. Profesor visitante de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla y Profesor Asociado al Grupo Theoria, Proyecto europeo de Investigaciones de Postgrado UCM. Director de la Revista Observaciones Filosóficas http://www.observacionesfilosoficas.net/. Secretario de Ejecutivo de PHILOSOPHICA, Revista del Instituto de Filosofía de la PUCV http://www.philosophica.ucv.cl/editorial.htm, Editor Asociado de Psikeba —Revista de Psicoanálisis y Estudios Culturales, Buenos Aires— http://www.psikeba.com.ar/, miembro del Consejo Editorial de Escaner Cultural —Revista de arte contemporáneo y nuevas tendencias— http://www.escaner.cl/ y Director del Consejo Consultivo Internacional de Konvergencias, Revista de Filosofía y Culturas en Diálogo.
[2] SLOTERDIJK, Peter, Normas para el parque humano, una respuesta a la Carta sobre el Humanismo. Ediciones Siruela, Madrid, 2000.
[3] SLOTERDIJK, Peter, Normas para el parque humano, una respuesta a la Carta sobre el Humanismo. Ediciones Siruela, Madrid, 2000.
[4] SLOTERDIJK, Peter, Normas para el parque humano, una respuesta a la Carta sobre el Humanismo. Ediciones Siruela, Madrid, 2000.
[5] SLOTERDIJK, Peter, Normas para el parque humano, una respuesta a la Carta sobre el Humanismo. Ediciones Siruela, Madrid, 2000.
[6] SLOTERDIJK, Peter, Normas para el parque humano, una respuesta a la Carta sobre el Humanismo. Ediciones Siruela, Madrid, 2000.
[7] SLOTERDIJK, Peter, El desprecio de las masas. Editorial Pre-Textos, Valencia, 2005
[8]
[9] SLOTERDIJK, Peter, El desprecio de las masas. Editorial Pre-Textos, Valencia, 2005
[10] SLOTERDIJK, Peter, El desprecio de las masas. Editorial Pre-Textos, Valencia, 2005
[11] SLOTERDIJK, Peter, El Palacio de Cristal, Barcelona, 2004.
[12] SLOTERDIJK, Peter, El palacio de cristal, Barcelona, 2004.
[13] SLOTERDIJK, Peter, El palacio de cristal,, Barcelona, 2004.

Informe Especial sobre Cultura/ León Ferrari


¿Qué es la cultura?

Arte, Poder e Iglesia

Obra de Gráfica: Gentileza León Ferrari

por León Ferrari

"La cultura, nuestra cultura, es una suma de costumbres, libros, cuadros, comidas, hambre, cantos, miedos, armas, que sufrieron y sufren una influencia religiosa. Los más admirados creadores, Juan Sebastián, Dante, Miguel Ángel, el Giotto, hicieron obras maravillosas para explicarnos el horrible destino que nos espera si no compartimos los desatinos de sus creencias. Parte de nuestra cultura colaboró para que la Iglesia alcanzara el poder que aún retiene, ilustrando y publicitando la crueldad del Antiguo Testamento – diluvio, Sodoma, extermino de los primogénitos – y las amenazas de Jesús en el Nuevo: Apocalipsis, Juicio Final, infierno. La intolerancia, espina dorsal de la Biblia, que alcanza a los judíos, a los gay, a la mujer, a los poseídos por el demonio, a los diferentes, impíos, apostatas, réprobos, blasfemos, no se quedó en los versículos y en las pinturas sino que se extendió a lo largo de la historia: Los creyentes repitieron con aborígenes americanos, esclavos africanos, judíos, homosexuales, brujas y herejes, los crímenes que admiraron en cantatas y Capellas. Nuestra cultura de entonces ilustró las amenazas cristianas, nuestra cultura de hoy ignora su pasado. Según Marcos (Mc 3,20) los parientes de Jesús decían que estaba loco. Si los relatos de los evangelios fueran reales, nos encontraríamos frente a la curiosa situación de que buena parte de nuestro patrimonio cultural participa del mundo de la locura".

León Ferrari

Zona Literaria/Cuento - Andrés Fabián Valdés


Andrés Fabián Valdés

Mirada de pena
Ilustración: Aimée Zito Lema
Observaba la manera en que un joven calvo escribía su nombre en el enfermizo blanco de las paredes. Aún no me explico por qué, pero se encontraba solo; pálido, enclenque y taciturno. Sentía pena por él, un pobre ser, que sin afecto de nadie, sufría una terrible espera en un deprimente pasillo, el último lugar donde uno quisiera esperar.Tras abrir una puerta, ella se me fue acercando con rostro fúnebre. Yo me hallaba exangüe y no lo podía disimular. El ahuecado silencio era de una naturaleza ajena a las percepciones de este mundo. Nos abrazamos fuerte con un amor serio y consolador con el que intentamos reprimir nuestra impotencia.. En voz baja ella me dijo al oído: “Se me va a caer todo el pelo”. Me tragué la respiración. Sentí mi alma gritar con angustia y enojo. Apreté mis párpados movido por una doliente ansiedad, y al levantarlos, mientras ella lloraba sin encontrar consuelo en mis brazos, volví la vista hacia el joven para saber si nos estaba contemplando.

08 noviembre 2007

Editorial


Apuntes, sólo apuntes, y esperanzados
Ilustración: Aimée Zito Lema
En Diciembre terminan cuatro años de gestión del Presidente Néstor Kirchner y el futuro nos espera para profundizar el cambio representado por Cristina Fernández de Kirchner. Él electo con el veintidós por ciento de los votos en el 2003, logró cierta recuperación económica, aunque la minería y el petróleo nacional sigan en manos extranjeras, e impulsó la política de derechos humanos como política de Estado, sin por ello lograr que Julio Jorge López aparezca con vida. Los indicadores económicos nos mostraron que las políticas de recuperación del trabajo dieron como resultado una baja del desempleo y la pobreza, aunque la brecha entre ricos y pobres en el país sigue siendo escandalosa. También existieron durante esta gestión el caso Skanska y las valijas del venezolano Antonini Wilson, hechos que por ahora no han sido resueltos judicialmente, a pesar de reformas importantes en la Corte Suprema de Justicia. Ella, Cristina, como la llamaban los medios masivos de comunicación antes de ser electa Presidenta, fue designada para pelear el cargo en las elecciones sin interna partidaria. Resultó clara vencedora con el cuarenta y cuatro por ciento de los votos, a pesar de las denuncias de irregularidades en los comicios – robo de boletas y falta de fiscales. Cristina, ella, la Presidenta electa de los argentinos, puso en marcha el operativo “leve diferenciación”, concediendo antes y después de las elecciones entrevistas a determinados periodistas. Acorde con el ambiguo y vacuo slogan de campaña, “Profundización del cambio”, Cristina planteó un todavía informe “Pacto Social” entre los diversos sectores de la economía del país que todavía no sabemos bien cómo será implementado. Y se comprometió con la profundización que tendrá que ver con bajar aún más los índices de pobreza y desempleo. Profetizó un panorama de fuerte inversión del cuál desconocemos todavía su desarrollo. Pero para tranquilizarnos se nos informó que la industria automotriz creció considerablemente, que incrementó sus exportaciones al mundo, que producimos cajas de cambio ( sí, literal, cualquier segunda lectura simbólica sería mal intencionada), y que junto a la firma de automóviles Tata se realizará en el país una 4x4 que se venderá en el mundo. ¿Será como la famosa inversión China?.
Ahora bien, todavía no se nos explicó con claridad, y esto tiene que ver con la ausencia absoluta de debates programáticos, cómo será puesto en marcha el slogan motorizador de campaña, profundizar el cambio. Y si, como se dijo durante los días posteriores al rotundo triunfo, Cristina encarnará una continuación de la gestión de gobierno de Néstor, dónde residirá entonces dicho cambio, y en consecuencia, en qué consistirá la profundización de la permanencia. Que fantástica reedición de los contrastes filosóficos entre Heráclito y Parménides. Un dato alentador es la aceptación del papelón del Indec, reconocimiento que generó el rumor de un posible cambio en el modelo de medición de los índices de precios
Pero en la vida, y en la política como en la vida, hay que saber esperar, tener paciencia. Cristina no ha empezado aún a gobernar; queda tiempo para pulir ideas de cambio, profundización y políticas de gobierno. Dicen los que manejan datos económicos que los precios internacionales nos seguirán siendo favorables y que la Argentina seguirá creciendo, creo, al 8 por ciento anual, lo cual redundará en un aumento del superávit fiscal por retenciones y, consecuentemente, proyectará luz sobre la asignatura aún pendiente de la redistribución de la renta pública. También dicen que el pueblo nunca se equivoca – aunque existan pruebas elocuentes que parecen demostrar lo contrario, como por ejemplo, la reelección en 1999 del famoso riojano de patillas y melena cambiantes; todos, o casi todos, sabemos en qué terminó su último período de gobierno: hambre, pobreza extrema, desempleo sideral, impunidad e injusticia, y la inefable instauración del modelo tener para ser, del consumo como meta primordial de la existencia.
También se equivocó el pueblo cuando eligió la ensalada ideológica que se llamó la Alianza, y que nos deparó un De la Rúa inoperante y productor de un caos económico y social que concluyó con los trágicos días de Diciembre del 2001; días de gesta popular, de rebelión que fueron ahogados con una brutal represión que derivó en asesinatos todavía impunes. Y luego siete presidentes en cinco días, y la historia ya conocida por todos.
Pero démosle crédito al refrán que reza que no nos equivocamos nunca, que elegimos bien a pesar de que las fronteras ideológicas hoy no sean claras, o por lo menos no se nos presenten definidas, sí mezcladas y avaladas por un sistema de medios masivos que contribuyen al aturdimiento y la confusión. Y aceptemos este cambalache ideológico donde izquierdas y derechas pugnan con denodado ahínco por erigirse en los representantes políticamente correctos del centro en la Argentina. Un centro Pro o de Coalición Cívica.
Y pensemos, con fervor patriótico, dejando de lado la abulia política generalizada, que otro país es posible... más allá de los slogans.
Allá vamos.

Conrado Yasenza

Noviembre del 2007

La Columna Grande / Fraude para la Victoria


FRAUDE PARA LA VICTORIA


escribe Alfredo Grande
(para La Tecl@ Eñe)

“hay pequeñas mentiras, grandes mentiras y el Indec”
(aforismo implicado)


El fin justifica los medios. Paris bien vale una misa. El que quiere celeste, que le cueste. No hay dos sin tres. Todas formas más o menos encubiertas de cristalizar el pasaje de lo contingente a lo necesario. De la ilusión de alternativas, a la alucinación de la no alternativa. Los grados de libertad dentro de la cultura democrática denominada “que se queden todos”, se han reducido a valores de menos de un dígito. Las variantes del Partido Conservador han triunfado, con la dudosa tranquilidad que sus opciones fascistas-falangistas han sido pulverizadas. La apatía, abulia, autismo del humor ciudadano es un dato quizá peor que el tránsito lento electoral. Se ha vuelto a escuchar, por parte de un fiscal al atribulado ciudadano, el lejanísimo y execrable: “vos ya votaste”. O la sugerencia perversa de votar en blanco (apenas un voto para la corona) ante la ausencia de las boletas que correspondían al club de los amores. Un presidente que debiera ser de todos los argentinos, incluso de los gorilas, se ufana de haber ganado por paliza. ¿Llegarán otras formas más contundentes, al estilo de la que quisieron propinarle al Barba Gutiérrez? En un país que no cierra heridas porque sólo se ocupa de las más bestiales, sigue sangrando por otras menos profundas pero igualmente letales. Se denomina hemorragia en napa, y no necesita ningún tajo profundo. Es el propio organismo que ya no tiene la capacidad de coagular su sangre, y ésta es derramada por arterias también abiertas. Que los Rodríguez Bah hagan pucheritos, porque el imperio puntano no despega de su territorio de origen, no debiera despreocuparnos del contenido de verdad de la queja de la doble A. Cuando la presidenta electa ganó la elección a senadora nacional, se vulneró la ley electoral. En estas elecciones se repitió. La mayoría gana dos senadores y la minoría, del mismo partido, el otro senador. Este auge de la ley de lemas encubierta con la jocosa denominación de colectoras, es un fraude cultural, político y electoral. Porque la cultura de la democracia burguesa, aunque no sea alternancia, menos implica el poder unitario, en un país que se pretende federal. Que la única interna que haya validado la candidatura de la presidenta electa haya sido la familiar, no ayuda a recuperar la cultura del trabajo, tantas veces cacareada. Por que el trabajo también es la construcción de partidos políticos que den cuenta del trasvasamiento generacional, del desarrollo del pensamiento crítico y colectivo, y de la búsqueda de los dispositivos de participación directa en las decisiones. Ni superpoderes ni la epidemia de decretos de necesidad sin urgencia, ayudan a esos desafíos, mínimo legado de las jornadas del 2001 y de la masacre de Avellaneda, aún impune. Porque esta etapa de la democracia K está regada con la sangre de los militantes caídos en combate, que es posible que no hayan muerto contentos, porque, a diferencia del sargento Cabral, sabían que no habían batido al enemigo. Penosa evaluación la que sólo toma en cuenta el aspecto cuantitativo. La democracia de los porcentajes, donde lo importante es el rendimiento dinero-votos, y apenas que espacio y tiempo para pensar la coherencia y consistencia de las propuestas políticas. Débil alegría porque Pino sacó más votos que López Murphy. La misma que decir que es buen mozo porque es más lindo que Boris Karloff. El suicidio electoral de las izquierdas, no se soluciona con liderazgos asentados en trayectoria, talento y carisma, si no pueden superarse las tendencias al macarteo permanente. El fraude para la victoria no lo enfrentaremos con la defraudación para la derrota. Que en realidad es autodefraudarnos por una tendencia al fracaso. Si la batalla que nos queda es la cultural, no dejemos pasar en la frivolidad de los números, peligrosas tendencias que cristalizan en otra variante de la cultura represora. La peor de todas, porque ahora es, democráticamente, convalidada.

Octubre 2007


Entrevista/ Víctor Redondo

Entrevista a Víctor Redondo

Toda literatura es política

Víctor Redondo, poeta y presidente de la SEA (Sociedad de Escritoras y Escritores de Argentina) reflexiona en esta entrevista sobre literatura y política. Su pensamiento no admite vaguedades: “Toda literatura es política. Mala prensa tendrá la que tiene algún compromiso político revolucionario, la otra tiene una excelente prensa.”. También nos ofrece su visión sobre los ya inolvidables días de Diciembre del 2001.

Por Conrado Yasenza.

Foto: Archivo de La Tecl@ Eñe

1- Se ha preguntado y escrito mucho sobre los acontecimientos del 19 y 20 de diciembre del 2001, pero poco, muy poco se ha buscado la voz de los escritores. Es por eso que me interesaría saber cómo vivió usted ese momento histórico y si elaboró alguna reflexión o sentimiento en torno a lo vivido.

–Fueron de los días más bellos de mi vida. Estuve en la calle desde la madrugada del 19 hasta la noche del 20. Rebeliones populares no se producen todos los días, y poder protagonizarla y compartirla es un privilegio casi insuperable. En dos días el pueblo sublevado cambió la política argentina para siempre. Esa marea humana que a las once de la noche del 18 salió a la calle y se dirigió a los centros del poder, luego de que el presidente de la Nación decretara el Estado de Sitio a raíz de cientos de estallidos en Buenos Aires y en el resto del país, sabía bien lo que no quería pero no tan bien lo que sí quería. No se pudo ir más allá, pero quedó la semilla. Todos los gobiernos posteriores trataron y tratan de que el Argentinazo se borre de la memoria del pueblo. Pero no podrán. Las asambleas populares que allí nacieron volverán a crearse con más conciencia de su poder. El próximo gobierno será de asambleas de trabajadores, mientras tanto seguiremos soportando a estos ladrones del capitalismo prebendario, subsidiado, explotador y vendepatria. Hasta que tengamos la fuerza para decir “basta” definitivamente y empezar el próximo capítulo de la historia de la humanidad, el socialismo, el gobierno directo de los trabajadores.

2- ¿Cree Usted que existe una suerte de banalización de la vida en general: quiero decir, se banalizan los discursos cotidianos, los políticos, los televisivos (los discursos de los medios masivos en general); hasta se banaliza el deseo, la vida y la muerte?

–No. La vida no es banal. Menos es banal el hecho de que los poderes traten de banalizar el hambre, los salarios miserables, el dolor, la falta de futuro dentro del capitalismo. Los medios masivos de comunicación –el arma fabulosa de que dispone el capital– están programados para que los explotados no tomen conciencia de su condición de tales. Pero esa coerción, por más poderosa que sea, tiene un límite. Trato de contribuir a ponerle límite cuanto antes.

3 - ¿Le parece que la literatura que esboza algún grado de compromiso político tiene mala prensa en la actualidad?

–Toda literatura es política. Mala prensa tendrá la que tiene algún compromiso político revolucionario, la otra tiene una excelente prensa.

4- ¿Y qué entiende Usted por “compromiso político”?

–Yo soy un militante marxista-leninista y trotskista, más precisamente del Partido Obrero, que escribe poemas y novelas. Creo haberle respondido.

5- ¿Cree Usted en la idea de que la creación literaria se vincula con la exploración de los márgenes de la vida y la existencia?

–¿De quién es esa idea? No, no lo creo. De hecho me parece un disparate. Se vincula con la vida. Punto. Con eso es más que suficiente.

6- ¿Qué relación existe en la actualidad entre periodismo, literatura y cultura?

–La misma de siempre: toda y ninguna.

7- ¿Y cómo observa el fenómeno de Internet y su relación con la literatura?


–La red me parece algo fabuloso. Su relación con la literatura, aleatoria. Quizá, en ese ambiente restringido –el de la red–, ayude en algo a una mayor difusión e intercambio, y eso es bueno.

8- ¿Sobre qué estructuras ideológicas e incluso filosóficas se articula hoy la construcción de una literatura argentina? ¿Existe algún paradigma de este tipo?

–Disculpe, pero no tengo la menor idea.

9- ¿Cuál es la relación que existe entre literatura y mercado (la mercadotecnia)? ¿Existen historias y públicos definitivamente determinados por esta relación?

–El capitalismo pudre todo lo que toca.

10- ¿Cómo observa el panorama de la creación y difusión poética en la Argentina?

–Extraordinario, a pesar de las limitaciones. Y cuando la educación sea lo que debe ser, será más extraordinario aún.

11- ¿Tiene alguna opinión sobre los hechos de represión y desaparición ocurridos en la Argentina actual?

–El aparato represivo está intacto. Julio López lo demuestra. El capitalismo sin represión no se sustentaría mucho tiempo.

12- Para finalizar, ¿cuál es a su entender la función de la literatura?

–Lo que hago desde que tengo uso de razón es tratar de responder esta pregunta. Me parece que es porque tiene cientos de respuestas, todas verdaderas, que no me decido por ninguna y a la vez por todas.

Zona de Clivaje/Sociedad - Enrique Carpintero




Modelos socioculturales del poder II

La actualidad de las formas de trabajo y sus efectos en la subjetividad

El sistema capitalista productor de mercancías creó una práctica donde el trabajo se halla separado del contexto social ya que obedece a una abstracta racionalidad funcional de “la economía del mercado. En la actualidad se han producido cambios que han llevado a importantes transformaciones en la subjetividad. Así, el desempleo se constituyó en un gran disciplinador social mediante el cual el poder produjo una subjetividad del sometimiento basada en la utopía de la felicidad privada. Su resultado es el individualismo que se sostiene en la ruptura de la relaciones sociales.
Por Enrique Carpintero*
(para La Tecl@ Eñe)
Ilustración: Adolfo Vásquez Rocca

Las formas del trabajo en cada época histórica dan cuenta del disciplinamiento que el poder intenta establecer sobre el conjunto de la población para obtener sus ganancias.
En la actual etapa del capitalismo mundializado el modelo de empresa es Walt-Mart. Esta empresa global de ventas a bajo costo empleaba en el 2004 a un millón y medio de trabajadores en todo el mundo. Sus ingresos de 258.000 millones de dólares representaban el 2% del producto bruto de EEUU. Los economistas de Wall Street mencionan a Walt-Mart como el ejemplo de una empresa puntera cuya productividad deriva de una permanente renovación gerencial y de trabajadores. Para ello ha privado de poder a los sindicatos que están prohibidos y ha tratado a la masa de trabajadores como si fueran empleados provisionales que pueden ser despedidos en cualquier momento.
Este modelo de empresa que se intenta imponer en el mundo, basado en la llamada “flexibilización” laboral, y necesario para que funcione el neoliberalismo capitalista, lo encontramos en diferentes ramas de la producción. Su resultado es, como dice Richard Sennet “la corrosión del carácter” que lleva a consecuencias personales en la constitución de la subjetividad y de las identidades individuales y colectivas.

El poder inscripto en nuestra subjetividad ha llevado a que nos estemos acostumbrando a un orden social cada día más injusto y amenazante para los de abajo: la precariedad laboral, instituida como destino inevitable del mundo del trabajo ya que ella es la condición necesaria para la estabilidad de la economía capitalista y el remedio milagroso para la rentabilidad empresaria. La educación y la cultura se han reducido a ámbitos de transacciones comerciales. La solidaridad es utilizada para operaciones políticas a través de los medios de comunicación y como materia para rendir grandes beneficios comerciales. Es decir el mundo y la vida convertidos en mercancías.

El sistema capitalista productor de mercancías creó una práctica particular llamada trabajo separada del contexto social ya que obedece a una abstracta racionalidad funcional de “la economía del mercado”, más allá de las necesidades del conjunto de la población. En esta esfera separada de la vida, el tiempo deja de ser tiempo vivido pues se transforma en una simple materia prima que necesita ser optimizada: tiempo es dinero nos recuerda el capitalismo. Cada segundo es calculado, cada ida al cuarto de baño se convierte en un problema, cada conversación es un delito. Donde se trabaja, sólo puede haber gasto de energía para producir mercancías. La vida se realiza en otro lugar.
En la esfera del trabajo no es importante lo que se hace, sino que se haga algo, pues el trabajo es justamente el soporte de la valorización del capital. El trabajo es la forma de actividad de este fin en sí mismo. Sólo por eso, y no por razones objetivas, todos los productos son producidos como mercancías.
Y es precisamente por eso que el contenido de la producción es tan indiferente a la utilización de los productos y a las necesidades sociales. Si se construyen casas para los que tienen dinero, si se siembran los campos de soja, si se cultivan verduras transgénicas es para producir más dinero. No importa que las personas se enfermen, que las ¾ partes de la población mundial viva debajo del nivel de pobreza, que la naturaleza se contamine, eso no interesa. Lo que interesa es que la mercancía pueda ser transformada en dinero y el dinero en nuevo trabajo. Que la mercancía exija un uso concreto, y que éste sea destructivo, no le interesa a la racionalidad de la economía de mercado.
En el capitalismo de cualquier característica, ya sea mundializado o nacional, las mercancías se producen por la ganancia. Los trabajadores no son contratados para que ganen un poco de dinero y se sientan bien. Ellos son costos de producción y sus servicios se compran con dinero. La venta de la mercancías (o servicios) que realizan deben generar capital para que los empresarios obtengan ganancia y sigan dando trabajo. Quien no tenga dinero no puede comprar ni satisfacer sus necesidades por más elementales que fueran. Todos tenemos necesidades, pero en el capitalismo no se produce para satisfacer a quién tiene necesidades sino para obtener ganancias. Adam Smith distinguía entre necesidades (demanda absoluta) y capacidad de compra (demanda efectiva). Es decir, un niño hijo de padres muy pobres puede decirse que tiene una demanda absoluta de un vaso de leche. Pero su demanda no es una demanda efectiva porque, al no poder pagar ese vaso de leche, los empresarios nunca pondrán ese vaso de leche en el mercado para poder satisfacerla. En estas condiciones el que no tiene dinero está condenado a la exclusión.



Para Freud el término cultura remite al momento en que el ser humano se organiza en comunidad, poniendo la naturaleza al servicio de la satisfacción de sus necesidades y sometiéndola a sus demandas. Uno de los rasgos importantes de la cultura es que regla los vínculos entre los seres humanos. De no existir tales vínculos quedarán sometidos a la arbitrariedad del individuo: el de mayor fuerza impondrá sus intereses. Es así como la cultura favorece la “fuerza de la razón” por encima de la “razón de la fuerza”. En este sentido la cultura crea un espacio donde se desarrollan los intercambios libidinales. Este espacio ofrece la posibilidad de que los sujetos se encuentren en comunidades de intereses, en las cuales se establecen lazos afectivos que permiten dar cuenta de los conflictos que se producen. Allí el desarrollo de las posibilidades creativas genera la capacidad de sublimación de las pulsiones sexuales y desplazar la violencia destructiva y autodestructiva. Es así como este espacio se convierte en soporte de los efectos de la pulsión de muerte. Por ello denominamos a este espacio como “espacio-soporte”. Cuando una cultura no puede crear este espacio-soporte genera una comunidad destructiva, una comunidad donde la afirmación de uno implica la destrucción del otro.
El psicoanálisis ha planteado el malestar en la cultura como efecto de la condición pulsional del ser humano. Es necesario destacar como el poder, en diferentes periodos históricos, ha utilizado este malestar para someter a la mayoría de la población. Precisamente, es en el texto El malestar en la cultura donde Freud describe la importancia que tiene el trabajo para generar este espacio-soporte. Allí dice: “... Ninguna otra técnica de conducción de la vida liga al individuo tan firmemente a la realidad como la insistencia en el trabajo, que al menos lo inserta en forma segura en un fragmento de la realidad, a saber, la comunidad humana. La posibilidad de desplazar sobre el trabajo profesional y sobre los vínculos humanos que con él se enlazan una considerable medida de componentes libidinosos, narcisistas, agresivos y hasta eróticos le confieren un valor que no le va a la zaga a su carácter indispensable para afianzar y justificar la vida en sociedad”. Es decir, Freud establece claramente la importancia del trabajo para el desarrollo del sujeto, aunque señala las limitaciones que imponía la explotación del capitalismo durante el siglo XIX y principios del XX al no poder ser elegido libremente. Por ello sostenía que uno de los problemas que tiene la cultura es que las personas rechazan el trabajo.
Desde otra perspectiva Marx definía esta situación como “trabajo alienado”: Producir para otro y no para sí mismo, dejarle a un tercero para que consuma o comercialice el producto de propio trabajo. De allí lo que planteaba Marx: «¿En qué consiste entonces la enajenación del trabajo? Primeramente en que el trabajo es externo al trabajador, es decir, no pertenece a su ser; en que en su trabajo, el trabajador no se afirma, sino que se niega; no se siente feliz, sino desgraciado; no desarrolla una libre energía física y espiritual, sino que mortifica su cuerpo y arruina su espíritu. Por eso el trabajador sólo se siente en sí fuera del trabajo, y en el trabajo fuera de sí. Está en lo suyo cuando no trabaja y cuando trabaja no está en lo suyo. Su trabajo no es, así, voluntario, sino forzado, trabajo forzado. Por eso no es la satisfacción de una necesidad, sino solamente un medio para satisfacer las necesidades fuera del trabajo... El trabajo externo, el trabajo en que el hombre se enajena, es un trabajo de autosacrificio, de ascetismo.»

En la actualidad se han producido cambios que han llevado a importantes transformaciones en la subjetividad. El desempleo que padece una parte importante de la población se constituyó en un gran disciplinador social. La precariedad (trabajo en negro, mal remunerado, con contratos limitados, etc.) lleva a la desprotección social: no hay garantías de estabilidad, se despide sin indemnización, no existe cobertura social y previsional y los salarios son debajo del convenio. La precariedad implica entre otras cosas una movilidad constante. Lo único permanente es el cambio: de patrón, de residencia, de compañeros, de referencia sindical, etc. Y este es un verdadero obstáculo a la hora de intentar organizarse, de resistir la explotación, de luchar por los derechos, porque impone la competencia entre los trabajadores y dificulta la solidaridad. En definitiva no permite las identidad colectiva de clase social. Esta incertidumbre e inestabilidad que impone la precarización tiene consecuencias más allá de las relaciones laborales. Se expresa en la imposibilidad de pensar proyectos más allá de lo inmediato, en que la intensidad de los ritmos y la extensión de los horarios afectan la salud y limita la vida de relaciones sociales y familiares. Esta situación permite comprender los procesos que llevan a la vulnerabilidad social. El que no tiene trabajo difícilmente lo pueda encontrar y el que lo tiene sabe que lo va a perder. En este sentido el desempleo y la precarización laboral no es algo coyuntural sino se ha inscripto en la dinámica del actual desarrollo capitalista con diferentes características en cada región del planeta. Por ello, como plantea Robert Castel, lo que aparece es una “desafiliación”, en la cual no encontramos una ausencia completa de vínculos, sino la ausencia de inscripción del sujeto en estructuras de sentido. Lo que falta no es tanto la comunicación con los otros como la existencia de proyectos a través de los cuales las interacciones adquieran sentido. De esta manera aparecen varios tipos de trabajadores desde el punto de vista social y económico: los integrados, los vulnerables y los desafiliados. Por ello vamos a encontrar algunas características necesarias de señalar: 1°) El pasaje del trabajador de la era industrial a un nuevo tipo de trabajador: este ha perdido la identidad que le daba el barrio, el gremio y un modo de vida. El individualismo es lo predominante. Hoy no hay que solamente saber trabajar, hay que saber venderse para trabajar. 2°) La sensación de que ha desaparecido el colectivo social como instrumento de reivindicación y de lucha: lo que aparece es una negación de lo social en la subjetividad, generando dificultades para dar cuenta de la existencia de lo social como espacio para transformar la sociedad. Lo social se encuentra velado para una propuesta política donde el trabajador pueda ser el actor social. Por lo cual surge una privación de la utilización de los recursos simbólicos para superar los conflictos que se le presentan. Esta situación lleva a que, cuando una persona se queda sin trabajo esto no es visto como efecto de una situación política, económica y social sino que se interioriza con un sentimiento de culpa por el cual se siente responsable. Hoy, el sometimiento del poder se ha inscripto en la subjetividad hasta limites insospechados que son necesarios develar. 3°) La fragmentación de lo social: esto ha llevado a que lo colectivo sea ocupado por el totalitarismo del mercado y el individualismo cuyo resultado es la búsqueda de la utopía en la felicidad privada.

En la actualidad el imperio del capital financiero necesita para su reproducción mundializada de estados nacionales que se subordinen y de un sujeto solo y aislado de su clase social. Esta lógica política, social, económica y cultural genera una contradicción y lucha entre el capital y el trabajo que no tiene precedentes en la historia. Su resultado ha sido que la lucha de clases no sólo no se ha extinguido, sino adquiere una complejidad donde los dominados también son controlados desde su subjetividad. Esta dominación tiene diferentes formas en la organización de la familia, la sexualidad, el cuerpo, la importancia del espacio privado en detrimento del espacio público, el peso de los medios de comunicación, los desarrollos tecnológicos, etc. Como plantea Pierre Bourdieu: “En efecto, el discurso neoliberal no es un discurso como los demás. A la manera del discurso psiquiátrico en el manicomio, según Erving Goffman, es un ´discurso fuerte´, fuerte y difícil de combatir, porque cuenta a su favor con todas las fuerzas de un mundo de relaciones de fuerza que contribuye a que sea tal cual es, especialmente orientando las opciones económicas de los que dominan las relaciones económicas y añadiendo así su fuerza propia, típicamente simbólica, a esas relaciones de fuerza. En nombre de ese programa científico de conocimiento, convertido en programa político de acción, se realizó un inmenso trabajo político tendiente a crear las condiciones de realización de la ´teoría´…que se propone cuestionar todas las estructuras colectivas capaces de obstaculizar la lógica del mercado puro: nación, cuyo margen de maniobra no deja de disminuir; grupos de trabajo, con, por ejemplo, la individualización de los salarios y las carreras en función de las competencias individuales y la atomización de los trabajadores que de ahí resulta; colectivos de defensa de los derechos de los trabajadores, sindicatos, asociaciones, cooperativas; familia incluso, que, mediante la constitución de mercados por categorías de edad, pierde una parte de su control sobre el consumo.”


La banalización de la injusticia social. Este el título de un texto del psicoanalista francés Christophe Dejours (La banalización de la injusticia social, editorial Topía, 2006.) quien utiliza el concepto de “banalización del mal” de Hannah Arendt para explicar la indiferencia de importantes sectores de la población a la injusticia social. A diferencia del discurso dominante sostiene que el trabajo no disminuye, sino que aumenta. Pero cambia de ubicación geográfica mediante la división internacional del trabajo y de los riesgos (subcontratación, changas, trabajo no remunerado, trabajo ilegal, etc.). Aquellos que tienen trabajos precarizados y los desocupados viven procesos de sufrimiento que atacan las bases mismas de su identidad generando enfermedades psíquicas y orgánicas. La persistencia de esta situación lleva a la aparición del miedo, ante la amenaza de la exclusión social, cuya consecuencia es disociar la percepción del sufrimiento y el sentimiento de indignación que implica reconocer la injusticia. Desde esta indiferencia y tolerancia a la sociedad neoliberal frente a la infelicidad y el sufrimiento de una parte de la población Dejours señala tres características de la “normopatía”: 1°) indiferencia ante el mundo distante; 2°) suspensión de la facultad de pensar y su substitución por recursos del discurso económico dominante y 3°) abolición de la facultad de juzgar y de la voluntad de actuar colectivamente contra la injusticia, ya que se producen reacciones ante determinados hechos pero no una acción que busque otra forma de organización social. En estas estrategias defensivas las mociones psicológicas son secundarias y están movilizadas por sujetos que tratan de luchar contra su propio sufrimiento: el del miedo que experimentan por efecto de la amenaza de precarización y exclusión social. Esta situación no es nueva en la historia de la humanidad. “Lo nuevo es que un sistema que produce sufrimiento, injusticia y desigualdades cada vez más graves pueda lograr que se admita eso que produce y que se tenga por bueno y justo. Lo nuevo es la banalización de las conductas injustas que constituyen su trama.” Desde esta perspectiva Dejours plantea la necesidad de tolerar el sufrimiento ya que para actuar con racionalidad “hay que estar en condiciones de soportar la pasión y de sentir compasión. Pasión y compasión están en el origen mismo de la facultad de pensar, o como diría Hannah Arendt, de la ´vida del espíritu´”.

El poder nos promete la utopía de la felicidad privada. Para sostener esta situación los envoltorios ilusorios postmodernos proponen que nada puede ser cambiado. Lo posible es reformar algo para que todo siga igual. Todos debemos comportarnos “reflexivamente” ante las consecuencias de un sistema social y político con un obrar destructivo. No se pretende alcanzar una nueva forma de sociedad más allá del mercado y del Estado. En el fondo su objetivo es simplemente intentar componer la supresión de las obligaciones sociales por medio de limosnas privadas o estatales y una autoactividad moral desprovista de un sentido critico. Lo contrario no implica plantear la utopía del paraíso en la tierra ni la construcción de un nuevo ser humano, sino la superación de las exigencias capitalistas hechas al ser humano. Es decir, el fin de las catástrofes sociales producidas por el capitalismo. Ni más ni menos.
El poder produce una subjetividad del sometimiento basada en la utopía de la felicidad privada donde todo puede ser comprado en cómodas cuotas mensuales. Su resultado es el individualismo que se sostiene en la ruptura de la relaciones sociales. Este camino marcado por el individualismo y la fragmentación social tiene como consecuencia que una gran cantidad de personas se apoyen en el alcohol, las drogas ilícitas y el consumo de psicofármacos. También el aumento de las adicciones, las enfermedades psicofísicas y las patologías graves. Es decir los efectos de lo que denominamos un exceso de realidad que produce monstruos. Para enfrentarlo debemos realizar un proceso de subjetivación que se encuentre con una experiencia que produzca realidad. Es decir una experiencia que produzca comunidad. Un experiencia que produzca un nosotros como un acto autodefensivo. Una experiencia en las empresas, los barrios, las universidades que se constituyan en formas organizativas para oponernos al sometimiento que propone el poder. Es decir, una experiencia que produzca las necesarias identificaciones sociales de clase, de genero y generación. Para ello creo que es posible y necesario realizar una alianza entre la lucidez para transformar el mundo y la alegría. Dar cuenta del drama de la realidad nos permite la lucidez necesaria para pensarla, resistirla y transformarla. En esta resistencia y la lucha por transformarla esta la alegría, en el sentido que plantea Spinoza como potencia de ser. Es decir, a pesar de la infinitas razones de hallar a la vida miserable y absurda la resistencia a esta realidad nos permite desarrollar nuestra potencia de ser para encontrar las posibilidad de transformarla en el plano individual y colectivo. Este es el desafío.

Buenos Aires, octubre de 2007

Enrique Carpintero, psicoanalista, director de la revista Topía. Su último libro publicado es La alegría de lo necesario. Las pasiones y el poder en Spinoza y Freud, segunda edición corregida y aumentada, editorial Topía, Buenos Aires 2007.

Zona de Clivaje/Ensayo - Los sueños y la sangre - Vicente Zito Lema

Filosofía de la pobreza
Los sueños y la sangre


Por Vicente Zito Lema
(para La Tecl@ Eñe)
Ilustraciones: Aimée Zito Lema


La pobreza es un crimen. La sangre de la pobreza corre por las calles igual que los caballos en las arenas del sueño, pero la sangre de la pobreza no se ve. Y si se ve, no se toca. (Hay que evitar los contagios y el veneno, que da vuelta los ojos y llena de espuma la boca...)
Los caballos en el desierto son un sueño, podemos saltar sobre sus grupas y embestir contra los cielos, y hasta acaricias con nuestra mano libre los senos helados de la luna que gime...
La sangre de la pobreza por las calles es una realidad; frágil, poca cosa es una realidad, no merece más que un punto y aparte.
(¡Se anuncia una gran tormenta marina por el este, es rojiza y brutal, podrán volar los techos y paredes, también los autos y hasta los trenes que recorren los espejos de la noche...! ¡Vaya con Dios...!)
La pobreza es un crimen. El crimen de la pobreza también se llama soledad. Hay soledad en la pobreza, porque los cuerpos se quedan sin alma, y ya sabemos que los cuerpos huérfanos del alma navegan por los ríos de la muerte sin conocer el amor, y apenas sirven como ofrenda para los grandes peces, que después de alimentarse con la carne brillan, como sólo brillan los niños y las estrellas en la bóveda celeste...

La pobreza es un crimen sin belleza. Apenas existe en el espanto. O mejor dicho, en el corazón del espanto, allí donde late lo siniestro, que es el momento más preciso y jamás olvidado de la especie: cuando un hombre triunfante, lanzando su aullido hacia Dios, devoraba sin paciencia el cuerpo aún caliente de otro hombre vencido...
La imagen del bien tampoco acude solícita frente al crimen de la pobreza. El bien en nuestro tiempo se lava las manos con agua de rosas; poco se recuerdan las promesas de la infancia..., cuando nuestras lágrimas caían sobre la frente del más débil...
El bien –y lo justo que le da sentido y la belleza que lo simboliza–, se repliegan, vuelven a las cavernas de la oscuridad y el horror, donde matar es vivir, o a la caverna de la luz de las ideas, lejos por igual del hombre real y desamparado que sufre el crimen de la pobreza en su cuerpo mortificado por la historia.
El crimen de la pobreza es un crimen de inocencia: sus víctimas no se resisten (o lo hacen –en apariencia– desde la misma y cruel lógica del crimen de la pobreza), no lucen ángeles en la nuca que los protejan, carecen de voz (en el universo del nuevo lenguaje de la ciencia), y poco conocen la beligerancia del silencio; tampoco hay huellas de gracia, beatitud o alegría en la humillación de los cuerpos, por más que Dionisio comparta la noche de bodas, cada tanto...
En el otro costado, iluminado hasta el hartazgo, se distingue el discurso del victimario...
Es un saber sin fin en sí ni en lo otro, lo humano (lo demasiado humano...). Sólo se escucha para legitimar el poder, como estatuto de la perversión y paranoia de la razón. Es una metáfora del desprecio, instalada como amparo de un renovado espacio, sobre la cama aún caliente de los condenados a muerte, en un mundo sin memoria...
Hablamos de la filosofía de la utilidad, en un tiempo soez: el amor escasea, igual que mañana el agua, hay que dejar a la diosa Thanatos besando a su antojo las bocas que más leve respiran...
Las viejas verdades existen en el mundo, también la bruma en la orilla del mar...
En la orilla de la vida se acurruca la pobreza, ni siquiera la bruma extiende sus alas para cubrirla...
Habrá que recordar: el que a hierro hiere, a hierro muere...
La mano que nunca conoció ni las sobras del amor, tiene la punta de su cuchillo en nuestra garganta...
¿Cómo se escuchan las músicas del desprecio y la desesperanza?
¿Cómo se pronuncia la palabra piedad...?

Post Scriptum:
Recuerdo de una tarde, cuando llegó la poesía.
A Paco


Allí estábamos, en la tarde más que azul, ociosa y sin perfidia, esperando que llegara la poesía...
La poesía viajó desde las cárceles hasta la Biblioteca Nacional, donde rara vez acude con su cuerpo la poesía. (La poesía sabe que sus espacios legítimos son los cielos con sus brillos, o en la noche los infiernos, que en la tierra de todos los días tiene su lugar reconocido en un calabozo, o en la sala blanca de un hospicio, con sus ventanas tapiadas para guarecer los pájaros y las tormentas, y que a veces duerme en la cama rechinante de alguna pensión de provincias, donde sólo se sienten los gritos del viento junto a las frituras de pescado...).
La poesía logró dejar los uniformes, las armas y las esposas en un patio de afuera, donde sobran los autos y faltan los árboles, en los bordes donde el poder se refriega las manos, que siempre están húmedas y de pronto sintieron frío...
La poesía llevaba su ropa de gente común, lo mejor planchada, el cuerpo de la poesía esa tarde de verano olía a jabón, a mucho jabón, porque el tufo del encierro se obstina en prenderse de los cuerpos...
Llegaron las mujeres, los hombres y los niños que nunca entraron en la Biblioteca Nacional y vieron con asombro los rostros de la poesía, que antes habían conocido como rostros familiares del sufrimiento, del hastío o de la ira...
Escucharon la belleza de los labios que eran hoy de la poesía, y pensaron que de esos labios sólo recordaban amenazas, súplicas, o feroces maldiciones... Pero esa tarde, no. Esa tarde las palabras sonaban como la lluvia, y como la lluvia que limpia los árboles, limpiaban esa tarde del alma las tristezas...
Más tarde la poesía recibió los premios: libros de poesía para los nuevos poetas, como quien dice amor en el amor, viento en el viento... Y después hubo festejos, palabras guardadas durante años y palabras que relucían de tan nuevas...
En el final se nombró al poeta, que durante años en una cárcel había cuidado la poesía, como guardó de los tiranos la libertad, como guardó de la muerte la vida, cuando precisamente una tarde, en la ciudad de Mendoza, una partida del poder canalla le robó la vida...
Aquí se cierra el recuerdo...
¿Dónde dormirá esta noche la poesía...?

Nota: Se trata del recuerdo de una tarde de primavera, cuando en la Biblioteca Nacional se entregaron los premios del primer concurso de poesía “Paco Urondo” para los presos en las cárceles de la Provincia de Buenos Aires.