07 julio 2011

Literatura y Política/¿Rodolfo Walsh o Manuel Puig?/Por Carlos Gamerro

¿Rodolfo Walsh o Manuel Puig?*



Por Carlos Gamerro

Un uso político de la literatura implica trabajar a contrapelo del discurso político, introducir cuñas, demorar el paso de la palabra a la acción. Walsh quería para la palabra literaria la eficacia de la palabra política, buscaba entre palabra y acción la vía más directa. Puig, más cauteloso o más lento, se demoraba en los vericuetos que vinculan literatura y conciencia – el paso de la conciencia a la acción ya quedaba fuera de su esfera.


(para La Tecl@ Eñe)

¿Cómo escribir, hoy, sobre la violencia política de los 70?’ Hecha la pregunta, un nombre acude inmediatamente a mi mente: el de Rodolfo Walsh. Walsh es sin duda el modelo de lo que en los años 60 y 70 se entendía por escritor político, modelo que puede definirse a partir de cuatro coordenadas: el testimonio, cuya equivalencia estética con la ficción Walsh proponía; la denuncia, que debía ser también clandestina, como lo fue en el caso de Operación masacre y la Carta abierta de un escritor a la junta militar; el compromiso, que Walsh asume tanto en su obra como en su vida, cuando posterga su novela para dirigir el periódico de la CGT; y la militancia, que Walsh asume plenamente con su ingreso a Montoneros y su encono por abandonar el modelo del intelectual crítico y asumir el de intelectual orgánico, subordinado a la línea del partido. En la última etapa de su vida, Walsh estaba dispuesto a abrirse, y retornar a la ficción y a la denuncia: comenzó a escribir su tantas veces postergada primera novela, y redactó la Carta abierta de un escritor a la Junta militar, que firmó con su nombre, y ya no el de alguna organización o grupo. La carta llegó a destino, no así la inconclusa novela, que fue secuestrada por las fuerzas armadas y permanece, como su autor, desaparecida.

Walsh es el ejemplo de todo lo que debía y podía llegar a ser un escritor de izquierda en los años setenta: por todo lo anterior, y porque nunca cayó en la tentación de la coartada moral, la excusa de que la corrección ideológica o la urgencia política excusan al escritor de elaborar sus textos hasta el límite de sus posibilidades. Esta búsqueda de perfección formal tenía justificación no solo estética sino política, como explicó a Ricardo Piglia en una entrevista:

“Es evidente que el solo deseo de hacer propaganda y agitación política no significa que vayas a elegir la literatura […] porque hay otras maneras: si por ejemplo el cuero o el tiempo no te dan podés hacer política de otra manera, no necesitás ponerte a escribir una mala novela que le dé la razón a la derecha, que diga: “ven, esos tipos no saben escribir novelas.”[1]

Walsh ha sido justamente reivindicado, ensalzado y prácticamente canonizado por la crítica a partir de los ochenta. Y sin embargo su suerte crítica no ha sido acompañada por una comparable influencia literaria. Dicho en términos muy simples, los escritores que hacen literatura política a partir de los ochenta no escriben según el modelo de Walsh. Y los que lo intentan no obtienen resultados comparables.

Hay quienes dicen que esto se debe a que la literatura ha renunciado a la eficacia política, y proponen que veamos en ello otra victoria de la dictadura. Pero un diagnóstico tal dice más sobre quienes lo formulan que sobre los que lo padecen: adolece seriamente de autocomplacencia setentista. Lo cierto es que pocas de las predicciones de Walsh se cumplieron: la literatura siguió centrada en la ficción, y el testimonio, a pesar de la enorme importancia que tuvo en la posdictadura, no volvió a apostar a la eminencia literaria que con él había alcanzado. La denuncia recurre a la literatura en tiempos de censura; fuera de ellos, se ejerce mucho mejor en los tribunales, la televisión o la prensa. Las discusiones sobre qué es literatura burguesa y qué es literatura proletaria resultan, leídas retrospectivamente, ociosas y bizantinas, cuando no siniestras; y la figura del intelectual orgánico no pasa, hoy, de broma stalinista. Por último, el modelo que la obra de Walsh propone es decididamente realista; y a partir de los ochenta, como ha señalado Martín Kohan en su ponencia, la literatura relaja el imperativo de dar cuenta de la realidad política, y pasa a ocuparse cada vez mas de la imaginación y de los mitos políticos.

Por creer que no había un modelo alternativo de literatura política que ese comprometido y realista, muchos autores y ensayistas terminaron abjurando de ella. Nació así el mito de la posmodernidad apolítica de los ochenta-noventa, que se ha prolongado a la actual década. Sin embargo, quiero proponer que ese modelo no solo existe, sino que fue formulado también en los setenta, y de manera casi contemporánea a la obra de Walsh.

Si bien el trabajo sobre materiales políticos, fundamentalmente discursivos, aparece en Puig desde el comienzo, es en los setenta, cuando el discurso político asume muy suelto de cuerpo el desafío de explicar la totalidad de lo real, incluyendo a todos los otros discursos, que Puig se propone escribir una literatura explícitamente política, entre otras cosas como respuesta a este pretendido imperialismo discursivo.

Puig construye El beso de la mujer araña (1976) como un diálogo, lo cual ya es toda una declaración de principios. Un diálogo entre Valentín, un preso político, que sueña con cambiar el mundo, y Molina, un preso común, que sueña con ser una señora burguesa, y cuenta películas. En pleno auge de las lecturas reductivas al estilo de Cómo leer el Pato Donald de Dorfman y Mattelart, Puig se plantea un desafío de máxima: justificar, desde el punto de vista emotivo y estético, un film de propaganda nazi.

Molina, en su relato, lee la película según una clave excéntrica: en lugar de leer ideológicamente una obra de arte, lee estética y emotivamente un producto ideológico. A la vez, su lectura supone que ya no es lo sociopolítico el contexto donde se leen los productos del arte, sino que el arte, la forma de arte, es el contexto para la lectura ideológico-política, como el siguiente dialogo ilustra:

Valentín: ¿Vos sabés lo que eran los maquís?
Molina: Sí, ya sé que eran los patriotas, pero en la película no.

La otra operación, ya no de Molina sino de Puig, estriba en sugerir que la estructura dramática de este film es la misma que la de muchos films progresistas: para hacer del execrable film nazi un encomiable film revolucionario bastará con reemplazar al nazi por el guerrillero, al maquí por el militar o el hacendado: así nace el culebrón guerrillero que Molina le cuenta a renglón seguido a Valentín, para disculparse del film nazi y complacerlo, una película sobre un joven idealista cuya conciencia burguesa no le permite pasarse al campo del pueblo. (Todos los escritores de izquierda, hacia 1970, estaban escribiendo esa novela: la de Paco Urondo se tituló Los pasos previos, la de Walsh había de titularse La punta del diamante). En la lógica que propone Puig, esta película es el riguroso reverso de la anterior: una película ‘mala’ con una ideología ‘buena’.

A la violencia, no sólo tolerada sino celebrada por la tradición revolucionaria de los sesenta y setenta, Puig la saca de la serie social y política que la justifica y explica, y la coloca en otra serie: la de la violencia masculina, machista o patriarcal, ejercida sobre sujetos otros: niños en La traición, homosexuales en El beso, mujeres en Pubis angelical. Esta indiferencia, animosidad o, en el mejor de los casos, condescendencia de la militancia setentista hacia los otros sujetos sociales, y sus formas específicas de sometimiento y lucha, queda resumida en este inmortal intercambio entre los protagonistas:

Valentín: Al salir de acá, vas a estar libre, vas a conocer gente, si querés vas a poder entrar en algún grupo político.
Molina: Estás loco, no me van a tener confianza por puto.


En ese sentido es significativo que Molina sucumba no a las balas policiales sino a las de la guerrilla. Puig nos permite que lo entendamos como un accidente, si así lo queremos; en el film de Héctor Babenco lo matan deliberadamente. Si bien no es imposible leer la muerte de Molina como resultado de su toma de conciencia y de su decisión de ‘hacer algo por la causa del pueblo’, el propio Puig se encarga de relativizar esta lectura: “No es que vayan más allá de todos los límites, Molina sigue siendo la heroína romántica, que elige una bella muerte, el sacrificio por su hombre.”[2] Molina muere, y esta es una de las ironías más finas de la novela respecto de la lectura en clave ideológica, la muerte de Leni, la heroína del film de propaganda nazi.
Esta es la manera en que Puig trabaja lo político: multiplicando las incertidumbres, invirtiendo los roles, sacudiendo sus certezas. ‘Subvertir a los subversivos’ parece haber sido su consigna. Personalmente, creo que la literatura hace algunas cosas mejor que otras, y que lo suyo pasa por minar, más que mimar, los procedimientos del discurso político. Carlos Liscano, con la autoridad que dan la primera persona y la experiencia, ha pronunciado en esta mesa palabras contundentes, que yo no me atrevería a poner en boca de un personaje de novela: “Me hice escritor en la cárcel. Cuando me hice escritor, dejé de ser militante.” La forma de conocimiento que supone la literatura política no es, ni debería ser, la del discurso político sin más. Un uso político de la literatura implica justamente trabajar a contrapelo del discurso político, introducir cuñas, demorar el paso de la palabra a la acción. Walsh quería para la palabra literaria la eficacia de la palabra política, buscaba entre palabra y acción la vía más directa. Puig, más cauteloso o más lento, se demoraba en los vericuetos que vinculan literatura y conciencia – el paso de la conciencia a la acción ya quedaba fuera de su esfera.
Puig acepta el presupuesto de que la explotación y el conflicto subyacen a todas las relaciones humanas, por eso entre otras cosas es un escritor político; pero no acepta la premisa de que la lucha de clases ofrece la ratio última para todas las otras luchas, y mucho menos que bastaría con eliminar la explotación capitalista para que todas las otras formas de explotación y opresión desaparecieran como por arte de magia. Con énfasis polémico, dijo:

“Estoy convencido de que el sexismo es un problema mas grave que las determinantes económicas o las luchas laborales. La escuela de la explotación está en la relación hombre-mujer.”
[3]


Puig explora esta idea en Pubis angelical (1979), donde la protagonista, Ana, es explotada sucesivamente por un marido seductor y adinerado, por un represor reprimido, y, finalmente, por un militante de la izquierda peronista, quien por hacerlo en nombre de la revolución y de la libertad se permite ir más lejos que sus predecesores. Pubis angelical se plantea la revisión del discurso literario-político de su época desde dos lugares. En su trama argumental, los hombres que luchan contra la explotación del proletariado no dudan en explotar a una mujer enferma, utilizando la culpa de clase como cuña. En su trama discursiva, Puig cruza el género prestigioso del momento, la literatura política realista, con un género temporariamente desprestigiado, la ciencia ficción: en este caso, una distopía feminista sobre la explotación sexual de las mujeres, a la manera de la posterior (1985) The Handmaid’s Tale de Margaret Atwood.
En El beso, el enfrentamiento de posturas contrapuestas (intelectuales, vitales e ideológicas) no se resuelve dialécticamente. Molina y Valentín no llegan a una síntesis: lo que hay es un intercambio, una fertilización mutua. Paradójicamente, Puig propone el ámbito de la máxima represión - una cárcel argentina durante una dictadura argentina - como un espacio de posible libertad (de los roles, de los condicionamientos internos, de la falsa conciencia, de la historia personal y colectiva). El reducto paradisíaco de la cárcel, que en la última película de Molina deviene isla tropical, permite soñar con la realización de la utopía: gays y guerrilleros luchando juntos, aprendiendo unos de otros; intercambio mutuo entre la vanguardia pop y la política. En Pubis angelical, en cambio, no hay ni intercambio ni síntesis, y el final, con la muerte de Pozzi y la supervivencia inesperada de Ana, puede leerse como una profecía o diagnóstico de Puig sobre la razón y el destino de las formas de lucha que encarna cada uno. Quizas por esto resulte menos satisfactoria que El beso: los tres años como tres siglos que han pasado (1976-1979) no han pasado en vano, y uno siente que Puig, ahora, juega con dados cargados: ‘¿Ven? ¿No les dije yo?’ parece que le refregara a todos los Pozzi que antes lo intimidaban. En El beso, la estrategia pasaba por seducir al guerrillero; aquí, lo castiga.

Hoy resulta fácil, por no decir inevitable, escribir sobre los setenta según el modelo Puig. Pero Puig publica El beso de la mujer araña en 1976 y Pubis angelical en 1979, es decir, de manera contemporánea a los hechos, mientras todo está sucediendo, y mientras el paradigma de la literatura política realista y comprometida sigue siendo hegemónico. Puig no se separa únicamente de los discursos del estado y de los medios masivos, cosa que es lo menos que esperamos de la literatura: se abre de la literatura misma, en tanto ésta intente constituirse como discurso de verdad y de poder. Por algo le gustaba insistir que él, como escritor, venía del cine, y no de la literatura: esa era su manera de sacarse una pesada herencia de encima.
El modelo de Puig propone la escena literaria como una arena donde puedan encontrarse las teorías, posturas, mitos e imaginarios políticos, no para coexistir pacíficamente, sino para enfrentarse. Estoy, por supuesto, aplicando a la lectura de Puig la noción de polifonía de Bajtín, pero aclarando que polifonía supone algo más que mera multiplicidad de voces (múltiples voces hay en “Fotos” y en “Cartas” de Walsh; pero al final la verdad es una): supone la coexistencia, en el mismo espacio discursivo, de posturas y valoraciones diversas e incompatibles. La noción de polifonía tampoco implica que la postura personal del autor deba quedar fuera de la obra (en El beso, muchas de las convicciones de Puig están en boca de Molina; en Pubis, en la de Ana). Sí implica que la voz del autor sea una más, y que tampoco haya, sobre el final, una resolución dialéctica de las distintas posturas en una instancia superadora y, por lo mismo, monológica o definitiva.

La noción de polifonía tuvo gran auge en la Argentina de la posdictadura, porque se asoció, algo mecánica e ingenuamente, monologismo con autoritarismo y dictadura, y polifonía con tolerancia y democracia. Pero seguramente la idea de yuxtaponer discursos de distinto signo ideológico en un mismo espacio discursivo tiene como efecto que las posturas se polaricen, se radicalicen, que estos discursos se enciendan con el roce, se vean forzados a decir sus sobreentendidos y supuestos. La polifonía aplicada al discurso político no implica moderación, sino exacerbación y extremismo.
Asi, en los primeros capitulos de El beso, Valentín y Molina extreman sus posturas, y puede argumentarse que esta escalada es la etapa previa e inevitable a la búsqueda de puntos de encuentro, pero no puntos de encuentro en el sentido de negociación, tolerancia o punto medio, sino en el sentido sexual: zonas de cruce, de intercambio, de fertilización mutua. Hacia el final, los dos personajes no solo han tenido relaciones sexuales en el plano físico: según el modelo cervantino, Valentín se ha molinizado y Molina se ha valentinizado. Han intercambiado sus verdades como han intercambiado sus fluidos, pero no ha predominado la verdad de ninguno.

La literatura que Walsh practicaba no permite esta estructura. Hay en El beso de la mujer araña, como en Operación masacre, algo de novela de aprendizaje. Pero entre Molina y Valentín, la educación es mutua. En Walsh, es el sujeto intelectual burgués el que es educado por su contacto con el pueblo y las luchas populares: esta educación no implica un intercambio recíproco, sino el abandono y rechazo de la propia conciencia y la adopción de la del otro. El intelectual no tiene nada que aportar, excepto su renunciamiento.

En Walsh, la multiplicidad de voces suele resolverse en una voz definitiva, la voz del narrador fundida con la de pueblo (ilustrativo en ese sentido es el final de “Un oscuro día de justicia”, con su moraleja explícita), y verdad y simpatía literaria se corresponden rigurosamente con los índices de clase: en “Fotos”, por ejemplo, Mauricio, el hijo de inmigrantes, de clase media, es el joven rebelde, que no se amolda a las rígidas convenciones de la vida pueblerina, y Jacinto Tolosa, el hijo de estancieros, es quien lo traiciona y destruye. Perfectamente podría haberse dado el caso de que fuera el hijo de aristócratas quien se dedicara a la fotografía, y el hijo de comerciantes se burlara de sus pretensiones artísticas. Pero no. En toda su obra narrativa, el esquema es, con variantes, el mismo: estanciero contra chacarero inmigrante en “Cartas”; traductor proletario contra editor burgués en “Nota al pie”, pueblo peronista contra militares y oligarquía en “Esa mujer” y Operación masacre, dirigentes obreros de base contra jerarcas traidores en ¿Quién mató a Rosendo? Los cuentos de Walsh son obras maestras de la condensación y el sobreentendido; estas audacias formales se apoyan, hasta cierto punto, en un consenso axiológico e ideológico entre autor y lector: se puede reponer lo no dicho cuando resulta fácil adivinar lo que va a decirse. Apenas en los llamados ‘cuentos de irlandeses’ se aparta Walsh de este esquema: en ellos no es posible deducir la algebraicamente las simpatías del autor (y, por ende, del lector) a partir del origen de clase de los niños; ni tampoco son siempre sádicos los profesores e inocentes los alumnos. El Gato, en ese sentido, es un personaje supremamente ambiguo, y puede verse como una metáfora sobre la colocación ambivalente del artista, sus tentaciones de aliarse con el poder, su repugnancia a fundirse con el pueblo. No resulta extraño, en ese sentido, que la retórica de estos cuentos sea otra: más explícita y declarativa; que se mueva, en las palabras del autor, “hacia un uso ampliado de la palabra.”

Dando una respuesta personal, entonces, a la pregunta del comienzo, entonces: cuando escribo sobre la violencia política de los 70, siento que escribo sobre Walsh, desde Puig. Walsh ofrece el objeto de admiración, perplejidad y análisis; Puig, los medios, la mirada, los instrumentos.

*Una version de este texto fue publicada en Gonzalez, C. Scavino, D. y Ventura, A. (eds.): Les armes et les lettres. Presses Universitaires de Bordeaux, 2010.


[1] [1] “Hoy es imposible en la Argentina hacer literatura desvinculada de la política” en Walsh, R. Un oscuro día de justicia. Buenos Aires, Siglo veintiuno, 1991.
[2] Citado en Hill-Levine, Suzanne: Manuel Puig y la mujer araña, p. 244.
[3] Danubio Torres Fierro: Conversación con Manuel Puig: la redencion de la cursileria. Rev. Eco, Bogota, N° 173, marzo 1973.

Poesía/Los cantos Proféticos/ Vicente Zito Lema

Los Cantos Proféticos: Una voz en la muchedumbre de la soledad


(Prólogo al poema inédito, Los Cantos Proféticos, de Vicente Zito Lema)


Ilustraciones: Diana Doweck y Santiago Laima



Existe en Los Cantos Proféticos, poema extenso que Vicente Zito Lema construyó a lo largo de diez años, el riesgo del exceso, la pasión de la redención, la fuerza enjuiciadora, denunciante y molesta - como molestan las verdaderas formas cuestionadoras de los poderes, pensemos en las Carta a los Poderes de Artaud – de las palabras y sus filos, acechadas siempre por los oscuros aullidos de los perros de la noche; por las bocas poderosas que, en contraposición al filo luminoso de los versos de Los Cantos Proféticos, ponen en acto la lengua filosa del mal junto a músicas y sonidos macabros. Fauces del poder que depositan sin escrúpulos el pecado en la inocencia, la culpa en la víctima, el deseo en la criatura violada, la deuda en el pobre de toda pobreza. Un extenso poema atravesado por la tragedia del poder y el dolor del mundo, y de nuestra sociedad, pero que a su vez es atravesado por las pasiones de Zito Lema, sus experiencias y formaciones: El Teatro Griego – con sus Coros, y en el poema, quizás ¿sus Cantos?- , la formación católica del autor, la fuerza y fiereza despertadas a través del materialismo dialéctico y el Marxismo, los trabajos realizados en los hospicios - su encuentro con el poeta Jacobo Fijman- y la demoníaca búsqueda de la belleza como redención ante la injusticia de un mundo donde la razón de la eficacia pervierte en el poder la naturaleza humana; eficacia que devora vivo y entero al niño que nació más débil o al que hizo más débil. He aquí el ritual de la humana, bienaventurada y profética acumulación de la riqueza: ¡Tumbas!. Y aún así los Cantos Proféticos! Cantos que nos advierten, y memoran, el sentido del poder, de la riqueza transformada en religión, en pérfida acumulación de excedentes que sostienen un mundo de pura muerte. Así Los Cantos, en su potencia poética, reactualizan la lucha de clases impugnando una condición de clase, el poder que organiza las estructuras de la pobreza y la superestructura de su justificación y que ha tomado una feroz relevancia en el destino de la vida del país y su pueblo, una vida atravesada y transformada por la tragedia nacional.
Los Cantos Proféticos reformulan el dolor en lucha social, línea ética que sustenta la vida y la obra de Zito Lema. Una obra vasta, compleja y bella que se asume como experiencia artística de vida y como militancia poética que da cuenta de los riesgos que la poesía conlleva. La impugnación del discurso del poder se paga, y Zito Lema lo sabe: la religión del poder condena al denunciante a cargar con las huellas del dolor del alma condenada a orar en el desierto. Y aún así Los Cantos Proféticos. Mejor: Por ello mismo Los Cantos, materia del trabajo y fruto de la libertad de una voz que se espanta sin fronteras ni mesuras para dar a luz otra lengua, para decir lo que no se dice; para nombrar lo que no se nombra. Es la lengua para la tierra que no se entierra. Que nadie se entregue!!! Allí están Los Cantos Proféticos, invocados y venturosos, subversivos y subvirtiendo un mundo de muertos y de muerte que condenó el puro rostro de un niño sufriente a ser ángel del espanto.

Conrado Yasenza
Junio de 2011

Poema
Cantos proféticos

Necesidad de los Cantos
en las esperas del Alma
del Niño de la Pobreza.

Por Vicente Zito Lema

1.
Lejos de la sombra lunar y sus dulces delirios
de aguas amarillas, furibundas; hundidos otra vez hasta el cuello en una época de espíritu nefando, que ayer mismo fue terror de cuerpos arrancados de la tierra, purpurados en fuego, macerados en su sangre, y después cenizas del silencio en los labios frígidos de los dioses que todo dicen y nada hablan, a hurtadillas, en los infiernos…
Terror que dejó huella y garra, que trepó por la garganta, año tras año, irrefrenable, como las manos del violador que estrangula a su víctima en los baldíos de botellas; ese niño del hambre, esa luz de hambre, con la boca bien abierta en plena desmesura del espanto que devora en la cresta de las albas primero sus huesos, pobrecitos, y más tarde su alma… todavía irredenta, dicen en los cielos, cuando el crepúsculo se cierra… y las aves cambian su plumaje y pían como si fueran ángeles…
Ausentes, lejanos de una tierra convertida en el gran chiquero…
Las glorias del alma no tienen pasado…
Igual que arena, precario y fugaz es el instante que se pierde en la perpetua repetición del alba…

2.
Mientras las estrellas pulen allá lejos los cristales del universo, aquí se yergue el crimen; en esas pupilas y en esos dientes benditos que se rasgan las vísceras vive y se repite como las campanas del domingo la escena del crimen; crimen de respuesta, camino en su camino que es el de la vuelta y se abre como vacío y se cierra igual de vacío ante el amor humano; amor no amado y aún desconocido; amor fuera del goce y la alegría del agua que brilla en la palma de la mano; amor sin socorro que escapa a los tumbos de los lechos, deja de ser nube y se vuelve tumba; amor sacrificado por el amor de muerte, por las humanas pestes, los tráficos, las usuras y traperías; amor que no se usa y sí se cambia y se pervierte como único valor, la divina mercancía; perla de mar en un mercado que siempre apesta, suelto de tripas…
En tanta época y semejante desborde de la siniestra señal, aquí nosotros, nuestro ser y nuestras almas, corcoveantes, al galope, corridos del amor para la exhausta vida, presos del azar que temblequea, ¡vaya que confusos!, áridos, balbuceantes más que el viento; ganados por nuevos dioses tan perdidos en su crueldad que parecieran infantes de teta; movidos con escasa buenaventura de un confín al otro, lluvia que pulsa el laúd entre el cielo y la tierra, sin piedad, ni pudor para un suspiro; aquí nosotros estas almas, míseras más que ahogadas surgen del antigua derrota nuestras almas, sin distancia, desechada la representación, tirada abajo la cuarta pared, perdido el exilio, en pleno pantano, la escena llegó a su fin tras una misma idea de agonía, sollozante, e igual y por igual padecer de oscuridad en la tremenda oscuridad de las vísperas… el crimen de los niños se ha comido el canto, hay una época en que las ratas se montan sobre los gatos, y los aullidos sirven de músicas pasionales… ¿alguien imagina a los dioses del amor llorando…?

3.
¿Cómo fue que nos alejamos sin tristeza del primer desafío de la infancia, y no pusimos con pudor de hojas nuestros ojos abiertos en la boca del sol, pálido como nunca, misterioso igual que siempre; ni tampoco nos lanzamos con la desmesurada del más solitario de los hombres sobre la armonía silente de los astros que giran en la órbita que va y viene hacia los latidos celestes del corazón…?
¿Cómo fue que no resistimos de pie, no dimos batalla en la realidad cruenta y sin caricias de nuestras vidas de tierra, agredidas hasta el sueño, expuestas en el mármol de la carnicería como única verdad, olvidando que somos la materia sangrante, el mapa donde todo ocurre, y es nuestro cuerpo la espada de las lides y también la arena gruesa de los sacrificios…?
¿Por qué nos dejamos poseer por una quietud vil y el postrer hechizo de los domados, y cerramos nuestro espíritu a las melodías que subían al galope por las pampas, animadas por el rosado luminoso de los cielos, desde el comienzo de una historia que ya no sorprende, que a golpes de mirada baja hemos despojado de su aliento y su fervor, y abandonado allí, en un pozo de opaca letanía…?
¿No asomaban penachos de cortaderas como el anuncio de la belleza eterna; no eran las mariposas de nube y los humos de los pastos bravíos y quemados migajas de la memoria por igual eterna, aún en los olvidos del terror y las salivas del desprecio…? ¿No era la aventura de los jóvenes héroes tras el viento las semillas del gozo todavía, más alto todavía su vuelo que la resignación que agobia y el buen sentido que ahoga y el bien moral petrificado que tiembla y calla los últimos estertores de la esperanza que nace cuando muere la esperanza…?
¿Hemos arrojado en el centro de nuestra propia hoguera, entre chirridos de aleluyas y tormentas de lodo que no es agua, las fuerzas para recibir la alegría que viene de las almas; esa alegría que a cada instante parece sucumbir y aún así se sigue anunciado, empeñadas nuestras almas en recordarnos, en volver a pasar por el corazón, que
todo lo hermoso es tan difícil como raro…?
¿El llamado en las puertas del alma no se oyó? ¿Fuimos capaces de pisotear hasta volverlo polvo aquel fino papel de arroz que protegió el deseo y acunó los cánticos de la fermosura, con sus festivas glorias y sus prístinas gracias…? ¿Eso hicimos, dicho protocolo abrimos y cumplimos, (y nos honramos, como ebrios de la promesa cruel en seguir cumpliendo), mientras la muerte calza sus botas y se blanquean en las fosas de la tierra los huesitos más que huesos del niño de la pobreza, al lado de una cruz que poco tiene de cruz y más de puñal que se hunde y late en la boca sudada del niño muerto…?
¿Sólo se interroga lo que el alma sabe, en espera del milagro que salve, la palabra que consuele, una sombra que nos proteja del propio rostro que se horroriza en el espejo…?




4.
Ah, necesidad que urge de los Cantos que aún con balbuceos el alma nos reclama… Iluminaciones de los sentidos, que se pagan con los artificios de la crueldad sobre la carne; y todavía así, desde los umbrales de la desesperación, subiendo nuestros antiguos Cantos… Cantos anhelados y como materia de los sueños alguna vez puestos de pie… Fueron agua para la sed del poseído… Fueron caricia en la frente de fuego, alivio del alborear, cuando sólo se escucha bajo la bóveda terciopelada del silencio monstruoso el estertor del moribundo.
¿O no hay memoria sino vana ilusión, delirio sin pausa ni artificio tras las rejas abandonadas de un hospicio? ¿O todo sucede en un barco a la deriva, curtido en las blasfemias que desata la peste, y el anhelo de belleza donde transcurren los Cantos es apenas el detritus de un sueño de ángeles tan ciegos como vengativos…?
¿Nadie se arroja a las aguas del Canto, son esas rocas que estremecen y atan de pies y manos nuestro miedo? ¿Nadie se arroga, se arriesga, se lanza, danza y canta con la garganta abierta, a borbotones sobre la piel extendida, hasta tocas el alma todavía sangrante del viejo Dios…?
¡Cuánto tarda! ¡Por qué no viene y se escucha al correr de las estrellas esa voz de mujer dulce y dolorosa; tan dulce y dolorosa como los mismo Cantos en la noche sublime y sin naufragio…!



5.
¡Cantos! Animarnos a decir que el bien supremo son los Cantos, para que lo opacado brille, lo sujetado estalle, el vacío se colme de existencia y el reconcilio sea perfume entre los cuerpos y las almas mutuamente resucitados; allí, en el foco expreso del dolor, donde el que mata muere, y el que muere ya mató, también sin saberlo, porque todo es muerte en los confines del silencio, mientras la mirada del otro resbala, igual que la lluvia por el vidrio… (¿No era el alma del otro nuestra alma, cuando el último estallido de luz se pierde entre las nubes… tan doradas que lastiman…?)
¡Cantos!... memoria en el aire y en el fuego de las sagradas palabras que podían darnos guarida sagrada y aliento firme en el despertar de la inocencia… ¡Qué nos queda, Cantos, si la inocencia del mundo despierta a la hora en que el cuerpo del inocente es llevado de la mano por el hambre hasta el umbral de la casa de la muerte…! (¿Todo es lejos, todo es inmenso y lejos… y esas manos frías…?)
¡Cantos!... La belleza siempre nos estremece como pecado, nos desespera en las vías de la agonía… duerme como una sombra de nuestro lado… Hay una melodía en el aire y después cabalga la música en el rocío que no marchita… Suenan las campanas, el alma las escucha, todo lo que se mueve se detiene, lo que nunca llegó, llega… nuestras manos ahora están llenas de bruma…
Fue un alerta de tragedia sobre los desconsuelos de cada día… y en el potrero final, ante la frontera misma del abismo, los Cantos caen como lluvia del milagro… Sin embargo la tierra rechaza el milagro, nuestro corazón se cierra, ruedan piedras gigantes en el socavón, todo el polvo, gritos y después negrura…
La negrura es el abismo y es el cielo sin cielos ante el hambre sin luz de los sepulcros, donde hora tras hora los niños de la pobreza se destierran en la tierra, lejos del amor y para siempre; son frutos caídos demasiado temprano, o demasiado tarde, jamás fueron la pregunta que recibe su respuesta en la necesidad, ni la alegría que abre al sol las puertas del deseo; todo vino turbio y más tarde fue negado y maldecido y ahora es el horror que aprisiona y esas lágrimas que no redimen… Tampoco redime la piedad, menos el olvido, que ensucia y agrava las heridas, que sólo es palada humillada de tanta tierra humillada sobre los cuerpitos humillados, grandes para cualquier cajón y más muertos y más abandonadas que la propia muerte…

6.
¡Tumbas! ¡Más que islas del dolor, tumbas! ¡Profanación del cielo!
¡El tiempo y el espacio están repletos de tumbas!
¡Los dioses exudan tumbas, igual que desprecio para los cuerpitos del sacrificio!
He aquí el ritual de la humana, bienaventurada y profética acumulación de la riqueza: ¡Tumbas! ¡Unas tras otras: Tumbas!
(Las máscaras de uso en la ceremonia también se registran como riqueza y se enumeran al final de las tumbas… allí en la sombra, donde dormitan los gatos…)
…Malditas todas las tumbas en la boca del que jamás saciado las nombra con la mismísima naturalidad con que cuenta las cabezas de ganado en el feedlot, a espaldas de la puesta del sol…
despellejando también el horizonte…
Esas bocas poderosas, que abruman con su parafernalia, no tienen Cantos ni cargan glorias en la mochila; son un espacio yermo las almas sin amor; el bien suyo que las mueve, supremo y familiar, es poner en actos la lengua filosa del mal; acunar el susodicho mal con músicas macabras, con sonidos de madera seca, se trata de arrojar sal a la llaga… y esperar el sollozo, y después el quejido…
Esas bocas poderosas / esas almas sin amor / ese fruto profano anterior a los dioses ha madurado con fervor de vía crucis, hasta depositar sin dudas ni escrúpulos el pecado en la inocencia, la culpa en la víctima que se desangra y tiembla, el deseo en la criatura violada, la deuda en el pobre de toda pobreza que roe y roe su corazón a horcajadas de la rama del árbol, mirando sus pies desnudos y en carne abierta… Esas bocas que nos quitan el sueño con dentelladas de lobos y aullidos de perros, hablan por el demonio, tienen sus labios en punta, las garras y el fuego, si pienso en la tradición del niño de primigenia fe que fui… O bien, si tapo los cielos y enmudezco las epifanías, si salto el charco que divide mi cabeza y me planto en los avatares del día, frente al plato humeante del día, puedo verlo, me atrevo a sentirlo y hasta olerlo, el discurso y la boca, la lengua negra y la carcajada roja, como un monstruoso ejemplo de una
razón de la eficacia…
Esa razón, que profesa la naturaleza humana sucumbida en poder, y que ni siquiera el crepúsculo que todo lo bendice aquí bendice; y esa eficacia, nutrida en devorar vivo y entero, sin separar una migaja para los dioses, y sin miedo de contagio, al niño que nació más débil, o hicieron más débil, en los huesos y en el alma, sea porque antes hubo hambre y sed en el vientre que lo cobijó, o los nuevos dioses montados en las montañas de la riqueza bajaron su pulgar…. (mientras la vida que sigue y sigue, que no se detiene, seguía, y la sangre se escurría como arena entre la arena, y la luna se ahogaba en las bajuras amarilladas del río…)
Las grandes bocas (¡bocazas!) reniegan de los Cantos, o los pervierten como moneda de cambio; las grandes bocas silencian con bóvedas y catedrales los Cantos, niegan las delicias del mañana para las frentes tenues y celestes (¡bienaventurados los niños!, se oyó decir, porque de ellos será la gloria y la dicha, y ese fue el final, que subió a las nubes, como a las gradas de una sinfonía…); las grandes bocas ungen los gritos, clavan por la espalda la moral de la desdicha, adornan con flores de incienso los brazos caídos, hacen de la tristeza el pantano de todas las tristezas, para que también el alma fallezca en la tristeza, que ya es desesperación…
(La belleza será aquí una tormenta de lágrimas de piedras que jamás palidece, como no menguan ni palidecen las letanías en el rincón más lúgubre de una iglesia de provincias…).
Esas bocas del no amor, anchas de manducar vísceras, flacas a la hora de cumplir las promesas de la verdad, nunca comulgarán con los panes de la alegría; sólo mueven la lengua para acompañar el brazo que hunde hasta el mango su cuchillo entre las aguas del cuerpito que resiste en las agonías de la interrogación, que aún a balbuceos increpa a la vida – que poco suya fue: ¡No mía! ¡No mía! –, en el instante eterno en que el alma se aleja de los astros y del firmamento y pasa a ser cenizas, sobre el ajado terciopelo, en la noche sin memoria y sin súplicas…

7.
¡Aún así! ¡Aún como hierba que se alza trémula alrededor del ciprés de los silencios… y que tal vez no llegará a desplegar se alado verdor…!
¡Todo es escueto y parco!
¡Todo se desliza sinuoso!
¡También la contradicción
en los vacios del espejo!
¡Aún así, no como sacrificio mortuorio, no como pasión de tristeza; sacados del pozo por los gozos, movidos hacia los cielos, la ofrenda amorosa de los Cantos!

Se trata de golpear con las uñas, la punta de los dedos, con los puños y la cabeza si es preciso contra los muros, contra las rejas y los rollos de púas; movimiento de dolor que se supera abriendo los ojos ante el sol y se sublima en la garganta de la noche; cronología de batallas que se heredan, trincheras cuya luz y cuyo hedor se comparten, y conciencia movida y conmovida ayer por los sueños y hoy por las practicas que se acumulan y las historias que vuelven a nacer en los mil laberintos del corazón, cuando la sombra de un ángel nos roza la espalda…

He ahí legitimada nuestra necesidad, sin ambigüedades ni parodias, hablo de una necesidad implacable, por momentos obsesiva por su afinidad con el drama, y sin embargo ligera, apta para la indagación, punto de partida de la antigua sospecha que ahora cabalga sin riendas, cual potente certeza entre los campos de la vida, superando obstáculos de hierro si es preciso a mordiscones: nada crecerá de buena materia sin los Cantos… (Y en los Cantos las cenizas vuelvan a la tierra como amorosa eternidad…).

Allí vemos, detrás de las dunas y las basurales, detrás de los bosques y los basurales,
detrás de los jardines, las rosas, lo alelíes y los basurales…
(Gigantes, lúgubres, perpetuos basurales…)
¡Allí vemos! ¡éstos ojos no mienten!...
a los cuerpitos saqueados de sus almas,
hasta quedar tan secos y humillados
como una mar que pierde sin ventura sus olas…
…¡Cantos!
…¡Cantos para las vísperas de la resucitación!
…¡Cantos! ¡Cantos para enfrentar a esos soles tan fríos que en su morir todavía sostienen el universo de las crucificaciónes!

8.
En los comienzos del adiós, cuando el día de cada día urge, con el fuego en la nuca, reconocemos sin cacareos el sin sentido de la existencia, esa masa atroz que fue pasado y nos interroga y arrebata; su forma es la agonía, su estética recurre a la ceguera, blanco sobre blanco, en la cúspide de la desesperación…
También va y viene, con sordidez de prostíbulo en la ruta, y persiste y hasta se escurre, del río de lágrimas a la alcantarilla de lluvias y orines, un registro historiado de la infancia que nos desafía, y planta la bandera del horror en medio de nuestra alma…. (el niño que muere en los rituales de la pobreza es el niño que fuimos…)
Entonces todo lo vivido y lo viviente, el ayer soñado y el mañana que nos sueña, cada instante de nuestro espíritu, una tras otra las estaciones de la travesía cobran inaudita prisa a través de las esferas de la percepción emocionada; hay una realidad sin máscaras ni atavíos ante nuestros ojos, su apariencia desconcierta pero también estremece: es un gigante con rostro de ángel enfurecido, que avanza a zancadas entre la tormenta… (he visto en un delirio que tragaba y vomita las espesas nubes…)

La cuerda nos balancea desde la bóveda estrellada, ese espacio de calma marchita, anterior a los Cantos…
¡Fuimos vida!, gritamos; ¡Fuimos vida!, suplicamos; y en nuestra maltrecha fuga el primer lastre que arrojamos en los bajeles es el amor; aunque pesa poco, también dejamos de lado la esperanza… nadie se asombra…
En el viaje de la mano de la muerte las glorias son ahora un paisaje deshilachado, girones y girones, los recuerdos se desatan, sin pena ni rebato ruedan hasta nuestra boca… en la pared del asilo para los niños locos, alguien ha escrito con letra que tiembla: ¡piedad!...

Ningún desgarro en la inocencia de la criatura humana tiene límites; menos aún el despertar de la conciencia en el universo de los dioses: ellos necesitan conocer en carne propia el dolor de la finitud… (aquí la memoria es un papel quemado; en el aire sin respiros crepitan, vibran y gimen, ateridas, despreciadas, las viejas leyes del amor..)
Tampoco el vacio esconde una puerta de salida: debajo del espejo, acurrucada en el sótano, la sombra del alma extraviada de su cuerpito sacude como un perro de la calle las lluvias de su inédita agonía…
Todavía la belleza se guarece, trémula, en la desdicha opacada de las nubes…
¿Habrá que ahorrarse las lágrimas…?
Madre mía: ¿escuchas los Cantos?... prometo que nunca dejaré de regar tus plantas…

9.
Esmerilado el tiempo como un cristal bajo el empeño de un monje del Medioevo; fuera de la orilla de los duelos, durmiendo sobre el fuego robado, soñando que la muerte es ahora una almohada, entre mordiscones de gemidos que golpean en la cabeza busco escuchar a los niños condenados de la pobreza…

El deseo de ser quien escucha con corazón abierto no alcanza; son ruidos de mar los que velan la noche, absolutos; son cuchicheos en las penumbra del crimen… perversos…
Los muros sobre los muros se alzan pesados y ensucian las músicas…
La esencia del orden para el alma sufriente tanto da; lo humano y lo divino duermen en el mismo lecho,
y cuando llega la noche todos los gatos son pardos…
El sentido del poder y la naturaleza extrema de la riqueza –aquel pérfido excedente acumulado y reproducido–, son soles tan fríos que en su girar apagado todavía sostienen un mundo de pura muerte…

Los Cantos también lo advierten, y aún con poca voz lo memoran y magnifican: en el origen de la riqueza yace el adiós al otro: mi igual (aquello que hubo…) La fraternidad se vuelve pecado y las bellezas de la tierra se confunden con los excesos del infierno…
El ayer es un soplo de luz que se ahoga en nuestra alma… (La nostalgia de lo perdido no dejará de corroernos…) Las vidas están otra vez vivas en la riqueza y sus usuras, ellas escriben las cifras, así como los santos escriben las oraciones en el desierto: sus gestos son una misma condena.

La gran materia humana del trabajo, puesta fuera del uso y de los actos del bien por el valor de cambio, que apuntala la riqueza, no deja de gastar sus horas en la espera de algún dios que la bendiga y resucite (la riqueza es ahora religión, mientras el cuerpito pobre se condena como perdición… ¿a dónde irá el alma asombrada; tumefacta en las huellas del dolor no quedó su carne…?
El tifus de la usura nunca ha dejado de provocar pavor (las sábanas huelen a incienso y pescado…)
El poder que lava sus manos con fuertes alcoholes, que organiza las estructuras de la pobreza –y las superestructuras de su justificación-, sabe de rezos y de palos, es un poder nocturno y progresivo, pestífero, tan mórbido como mortífero…
Riqueza y poder, lo que se produce y lo que es producido, lo que vibra y es alegría, y lo que se hiela o cae agusanado, mezclan sus cartografías hasta fundirse en un solo acto… después recorren sus comarcas y señoríos en una misma cabalgadura adornada con cintas muy sedosas y muy amarillas, y copiosas coronas de flores blancas; ni siquiera los perros bravos les ladran; el sigilo de la muerte los sorprende y los espanta…

Ah, materia del trabajo, fruto de la libertad socorrida por la necesidad; oh, tu, dado a luz por los cuerpos vivos y que se pudre como cadáver en tanto es arrancado de la circulación social…
¿Hay aquí un alma que se espanta…?
¿Un alma que se espanta en el espanto del oro virtual, o del más antiguo lingote, tan por igual escondidos de los ojos de todos bajo la misma tumba?; ¿o hubo algo más que un fetiche para engañar la eternidad, fantasía y horror sin fronteras ni mesuras…?
¿Algo más, un poco más que leyes y brebajes malditos para destruir lo que quedó sin destruir de los cuerpitos humillados en el escenario del día, en la horca o en la cruz…?

¡Ah, necesidad jamás renegada de los Cantos, en la feroz hora que precede a la estrella matutina, cuando se consuma el sacrificio… y arremeten los cuervos, y el viento huye, y las palomas son apenas piedras… fútiles suspiros…!
¡Es inútil; no miren hacia lo alto… los cielos no guardan cicatrices…!

10
¡Ah, necesidad de los Cantos que nace y se fortifica en el silencio! ¡Que crece y se multiplica en el vacío, que es mar y furia de esa alma que todavía anhela! ¡Que fluye en el misterio de los días sin mañana, como una rosa en la frente que sangra!
Ah, Cantos, que respetan el silencio y el vacio, que mantienen su dura porfía con la lengua que domina: soberbia, impuesta, triunfante de la mano de la muerte, hija predilecta del poder, su mejor boca, su afilada espada, y en las noche más ocultas y borrachas, también su amante…
Ah, Cantos, salvados de la derrota impía para la gracia del niño, para la belleza de un alma que desfalleció en la pureza primera… abandonada, temerosa… ¿nimia flor de un único temblor…?
Ah, Cantos, que enfrentan a la lengua que consume las conciencias, capaz de arrodillarnos y poseernos con calma de buey… con estrépito de cianuro… (Hablo de una lengua que no se interroga, que si bogas palos y si no bogas palos también, y que en sus dormideras sin aviso carga las notas del rosario como si fuera el mismísimo Sepulcro Santo… Una lengua matutina para la sangre, vespertina en la profanación, nocturna y depredatoria en sus gritos de…. ¡Aleluya! ¡Aleluya!...

Frente a esa inmensidad sin dudas se pregunta el alma en su intermezzo: ¿la riqueza, su lengua y sus efectos, así como la avaricia, la ambición y la lujuria son especies de un delirio malsano y perverso, aunque no se las coloque en el número de las enfermedades…?
¿Su contracara es un delirio virtuoso, místico y profético; un delirio para subvertir el mundo y la vida, apasionado… espumas luminosas que viajan como astros en las noches del amor y de la gracia…?

¡Ah, Cantos estremecidos, no decaigan ni sientan vergüenza; no arrojen en las piras funerarias del desierto la alegría…!
Hay otra lengua para el Canto… El ser y el saber dejaron aquí una huella en la carne… El legado que se carga, aunque pese, igual reconforta…
La demencia social nos mordió la boca… clausuró los sentidos… y sin embargo, ¿no escuchan las campanas que hospedan a la buenaventura…?; ¿este horizonte por arriba de las celestes aguas, no anuncia una claridad de fiestas por fuera de culpas y pecados…?
¡Cantos! Sí, hay otra lengua para decir lo que no se dice…
El nombre que no se nombra…
La boca que jamás se cierra…
Es la lengua para la tierra que no se entierra…
Para la muerte sin muertos (antes de la vida…)
Para la vida con vivos (que no viven la muerte…)

¡Ah, Cantos, te invocamos…!
Vamos a detener aquellas crueldades, debemos alejar a esos fantasmas mañeros, siempre ansiosos, que escarban y escudriñan con la ferocidad de los bien cebados…
¡Que no escuchan gemir a ese cuerpito del asombro…!
¡Que no ven el temblor de esa almita en oraciones…!
Los dioses hartos de estar vivos se han dormidos…
La bóveda gigante ostenta su mejor máscara negra…
¿Qué fue de aquellos que existían sin existencia…?
¿Qué será de los cuerpos que el viento arrastra como simple memoria y finísima hojarasca…?
¿Qué será de los Cantos en los días del olvido y el crudo temblor…?

11.
¿La bruma del otoño que abruma, como pliegues sobre los campos bajos, es el llanto de las almas que avizoran el mundo desde un atalaya de tristezas…? ¿También el asombro que provoca la belleza a marejadas, quedó por debajo de la línea de flotación de nuestro espíritu…?
¿Acaso la debilidad, o el opacado latido del viejo corazón, es ahora la letra de nuestra historia? ¿Están dormidos esta noche de otoño los deseos…?
Ah, fulgor de la espera… Ah, retorno ansioso de los Cantos, que se demora y se demora, cuando se agota la razón y el sentido de justicia se asfixia en los vaivenes de un dolor que no conoce arrullos, tampoco altares…

No hay señales de revueltas en los cielos; la bóveda está firme y cerrada… (En los barrios del barro los pájaros del hambre arremeten contra el cadáver caliente sin perder su infinita gracia…)
¿Quién preparará el sudario…?
¿Dónde se levantará el altar de la inocencia para el niño velado sin flores matutinas, sin caricias de inocencia…?
¿O acaso es tarde para nombra a la inocencia? ¿La partida llegó a su fin? ¿El navío ya encalló, no hay penas, ni glorias, ni olvidos…?
¿La única ley es callarse la boca? ¿Es comerse la boca?
¿Qué cae de nuestras manos y corre por el pavimento y se atraganta en las alcantarillas de los desperdicios…? ¿No huele a sangre de inocencia…?

Ah, Cantos que se empecinan en socorrer aunque jamás fueron socorridos… Ah, Cantos en el sendero final y los aires umbríos; Cantos donde el agua calma que nos calma las fiebres es un murmullo que suena entre plegarias, y nuestro rostro se refleja como el rostro de aquel niño de la gran herida, que agita las aguas, las vuelve remolino que arrastra, y dice con voz de quejido que nos espera… y sigue el silencio, y nada queda, nada queda… ¡Ay de ti!

12.
Vengan a nos, Cantos para la dicha y la ventura, aun en tierras amargas; Cantos para erguirse sobre los pantanos y las tristezas, sin renuncios ni pleitesías; asumidos / anunciados, como cenizas del mañana, cenizas preparadas con extrema dignidad frente a la indigna voracidad de la muerte…
Voracidad que se arroga divina y eterna, que nos invade como pira de la humillación, que hace del gozo apenas una carta de amor mojada; voracidad que necesita del ser puro y de su pureza que se veja; voracidad monstruosa en la monstruosa vida, cuando todo lo que se ve y lo que se oculta pierde sentido; o mejor, muestra su vacio, primero y último, el vacío de la pura muerte… ni siquiera nubes… (Ah terror, de un vacío sin nubes…)

Hojas, cuerpitos de la pobreza como hojas, de aquí para allá… Desesperaciones en un pozo ciego, temblor que nos tiembla… Y aún así, como postrer ceniza que revolea el viento, veo venir los Cantos…
En la muchedumbre de la soledad…
En la humildad absoluta, en el vacío absoluto, sí, los Cantos… Tanto en la vigilia de la espera, como en la partida, más allá de la espera, agotados pero vivos, desnudos y fugaces, humanos de tan fugaces, sobre los espirales de la noche y de la tierra…

13.
¡Otra vez aquí! ¡Bienvenidos, Cantos, aún en el temblor jamás te despreciamos; devotos de ti hemos sido en la patria de la infancia y en los mares del destierro! También en la perversa fiesta de la historia, cuando desfallecía el corazón humano…
¡Cantos! Pie en tierra para el asalto de los cielos, aunque nuestras piernas tambalean sobre el navío, aunque nos muerdan los perros de la resignación, aunque retumben los desprecios y cobardías de quienes nos lanzan como maldición: ¡Ya perdieron! ¡Su tiempo ya pasó!
¡Cantos! Para continuar increpando a los viejos dioses del horror!
¡Cantos!, que todavía nos aguardan, aún en la noche de las noches, cuando todo perece en la desilusión, en el descreimiento, en la terrible eficacia del lugar común…
Que nadie se entregue…
Allí están los cantos, todavía venturosos en sus cicatrices, refugio y reparo…
Cantos, revulsivos y refulgentes, subversivos y siempre subvirtiendo…
Cantos y Cantos… Sueño de fuego en nuestros manos, hasta que el rostro puro del niño sufriente / de la pobreza sufriente / arroje en la hoguera la máscara de su condena; la condena de un mundo de muertos y de muerte que lo condenó a ser un ángel del espanto…



*Vicente Zito Lema es poeta, periodista y dramaturgo

Literaturatura/Las flores resistentes/Juan Diego Incardona

JUAN DIEGO INCARDONA
Las flores resistentes

(Sobre las flores en la literatura argentina)

(Inédito. Agradecemos la gentileza de Juan Diego Incardona en brindarnos este texto para La Tecl@ Eñe)


La historia, guaraní, cuenta que Anahí era la india más fea de la tribu, pero que su voz era hermosa. Cuando cantaba, los árboles abrían las hojas y las piedras se desenterraban solas. Vivía en una choza a orillas del río Paraná, hasta que llegaron los invasores y arrasaron las tribus. Entonces, Anahí fue llevada prisionera. Una tarde, aprovechando el sopor de la siesta, trató de escapar, pero el centinela se despertó de pronto. Con los pies de nuevo en la selva, la sangre de la india hervía deseos de libertad y, defendiéndose, mató a su enemigo clavándole un puñal en el pecho. El grito moribundo alertó a los otros guardias, quienes salieron a perseguirla. Finalmente, la atraparon y, en venganza, le impusieron como castigo la muerte en la hoguera. La ataron a un árbol e iniciaron las llamas. Al principio, el fuego no quería quemarla, sólo buscaba cortezas y hojas secas de los alrededores. Los soldados se empecinaron y le untaron el cuerpo con grasa. Entonces, ante los ojos sorprendidos de sus verdugos, Anahí y el árbol empezaron a fundirse en un nuevo ser, mitad vegetal, mitad humano, sin vestigios de heridas o quemaduras. A la mañana siguiente, los soldados descubrieron que el árbol se había transformado por completo, que había cambiado sus hojas y que de ellas colgaban, como racimos, montones de flores rojas.

Muchos años después, el 2 de diciembre de 1942, estas flores serían declaradas Nacionales de Argentina, por Decreto N°138.974. Registradas con el mismo nombre que el árbol, se las conoce como seibos o flores de seibo.

Anahí...
recuerdan acaso tu inmensa bravura, reina guaraní
Anahí,
indiecita fea de la voz tan dulce como el aguaí.
Anahí, Anahí,
tu raza no ha muerto, perduran sus fuerzas en la flor rubí.
(Osvaldo Sosa Cordero, “Anahí”, fragmento)

La literatura argentina no se ha ocupado demasiado de ellas, salvo algunas excepciones, como en los poemas de Rafael Obligado, poeta que pasó su infancia en Paraná y quien fuera autor de Santos Vega y parte del grupo fundador de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires.

Tu “flor de caña”,/ ¡oh plácido amigo!/ no tuvo unos ojos/ más negros y lindos,/ que cierta morocha/ del suelo argentino/ llamada… su nombre;/ jamás lo he sabido;/ mas tiene unos labios/ de un rojo tan vivo/ difúndese de ella/ tal fuego escondido,/ que aquí en la comarca,/le dan, los vecinos,/por único nombre,/”la flor de Seibo”… (Rafael Obligado, “La flor del seibo”, fragmento).

Yo tengo mis recuerdos asidos a tus hojas/ yo te amo como se ama la sombra del hogar / risueño compañero del alma de mi vida / seibo esplendoroso del regio Paraná… (Rafael Obligado, “El seibo”, fragmento).

Pero igual que en otras literaturas, tal vez la flor que ha tenido mayor presencia en poemas y relatos de nuestra tradición es la rosa, esa misma flor que ya aparece en la Biblia y en las mitologías, tanto en la mano de una de las Tres Gracias como en los collares que usan los católicos para rezarle a la Virgen María: el Rosario. Es justamente en una ciudad llamada Rosario donde se enarbola por primera vez la Bandera Nacional, el 27 de febrero de 1812.

Desde El Asno de Oro de Apuleyo, donde un borrico se vuelve hombre al comer rosas, hasta El nombre de la Rosa, de Humberto Eco, la rosa aparece una y otra vez en la literatura universal. Para el modernismo fue un símbolo:

Mes de rosas. Van mis rimas/ en ronda, a la vasta selva,/ a recoger miel y aromas/ en las flores entreabiertas./Amada, ven… (Rubén Darío, “Primaveral”)

En Argentina, aunque también aparece humanizada o divinizada, carnal o platónica, como en el poema de Borges (“La rosa”), donde dice “La que siempre está sola/ la que siempre es la rosa de las rosas,/ la joven flor platónica,/ la ardiente y ciega rosa que no canto,/ la rosa inalcanzable”, la rosa adquiere propiedades particulares, una versión local del género que agrega, a la belleza, fortaleza, y que destacan, sobre todo, dos autores: Roberto Arlt y Raúl González Tuñón.

En Los siete locos y Los Lanzallamas, de Arlt, el protagonista principal, Erdosain, mientras participa de una sociedad secreta y delirante que planea la revolución, se obsesiona por conseguir, mediante electroquímica y galvanoplastia, la rosa de cobre.

Se toma una rosa —explica Erdosain— y se la sumerge en una solución de nitrato de plata disuelto en alcohol. Luego se coloca la flor a la luz que reduce el nitrato a plata metálica, conductora de corriente. Luego se trata por el común procedimiento de galvanoplastia. La flor queda convertida en una rosa de cobre.

En la década del ´30, González Tuñón publica La Rosa Blindada, un libro de poemas en homenaje a la insurrección obrera de Asturias, en una España amenazada por el fascismo. El título aludía a la necesidad de que la cultura fuera usada como un arma en las luchas sociales y políticas.

Estas versiones locales que dotan a las flores con la fuerza de la resistencia, adquieren mayores sentidos, cuando uno las pone bajo la luz de la Historia Argentina. Ya en la década del 60, “La Rosa Blindada”, sería el nombre de una de las revistas y editoriales de izquierda más importantes de nuestro país, dirigida por José Luis Mangieri y contando, entre sus colaboradores, a Juan Gelman, Carlos Gorriarena, Oscar Terán, Pino Solanas y Tito Cossa, entre otros.

Las flores argentinas, bañadas en cobre o blindadas en acero, hechas para resistir vientos y tormentas, hambres, dictaduras y guerras. Estrellas federales. Sus perfumes, mezclas vegetales y minerales, dan sueños o pesadillas, según quien las huela. Rosas de cobre y acero, jazmines de bronce, malvones de alpaca. Para algunos, son pétalos; para otros, espinas. Seibos de sangre. Mezclas de aguas naturales o contaminadas, crecidas a orillas de los ríos que alguna vez obsesionaron a Sarmiento y Alberdi. Allí están —como acostumbraban a decir Borges y Bioy Casares al quejarse del peronismo—, para siempre.

Tenemos Rosas para siempre.








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Libros/Confieso que he leído/Por Luis Benítez

CONFIESO QUE HE LEIDO

Por Luis Benítez*

(para La Tecl@ Eñe)




Tres libros de autores argentinos: Su crítica, sus detalles y dónde conseguirlos. Un modo alternativo de acceder a la buena literatura argentina, no siempre al alcance de la mano.

FILAMENTOS
Mercedes Saravia
2010, Ediciones del Ministerio de Turismo y Cultura de la Provincia de Salta Secretaría de Cultura
Salta, Provincia de Salta
ISBN 978-987-1196-64-7
76 pp.

La autora
Nació en 1951 en la provincia de Salta. Estudió Psicología y Psicoanálisis. Fue docente del Instituto Oscar Masotta. Se dedica a la difusión de poesía con las hojas Resquicios, los Pliegos de la Musa Malsana y los Cuadernillos de la Chuña. Obra: Mendiga Luz (1991) y Plaza Desierto (1993), ambas obras premiadas por la Dirección de Cultura de la Provincia de Salta. Participó en Manifiesto Poético (1986), Por la Tierra y el Cielo (1996) y Eva Decidió Seguir Hablando (2009).

Filamentos, la tercera entrega en poemario de la autora Mercedes Saravia, recibió en 2010 el Primer Premio en el Concurso Provincial de Poesía, en la categoría autores éditos, certamen organizado por la Secretaría de Cultura de la Provincia de Salta.
Se trata de un texto atravesado por la crisis entre el individuo y cuanto lo rodea, en una época difícil tanto para la poesía y el yo poético, como para el lenguaje que debe dar cuenta de esas peripecias. Esto es así, porque se trata de un tema que ha impregnado las obras del siglo pasado, desde la fundante Waste Land, de T.S. Eliot: ha sufrido los más diversos tratamientos y aun su parodia, por lo que parecía muy arduo darle “otra vuelta de tuerca” al mismo asunto. Sin embargo la talentosa autora salteña, a fuerza de capacidad y originalidad, logra mostrarnos un aspecto nuevo de la perdurante crisis a que nos referimos, entrelazando el yo poético y su discurso –mediante afinidades muy bien encontradas- con los recursos prosísticos más adecuados para alcanzar su objetivo. Como bien señala la también poeta (y de las buenas) Teresa Leonardi en su nota de contracubierta, Saravia continúa la propuesta de Eliot –desde el mismo título del poemario- cuando fue el autor anglo-norteamericano quien señaló que el poeta debe ser: “como el filamento de platino que cataliza la combinación de los gases para formar el ácido sulfúrico. La mente del poeta es como un hilo de platino”.
Filamentos es uno de los logros mayores del género local que se han publicado en 2010.

Así escribe Mercedes Saravia

IV
¿Quién toma la delantera
La que mide los riesgos
La que se arroja sin mirar?
Las dos quedarán heridas

Gozas de quedar en desecho
¿advertirlo es subvertirlo?

Escribir es una apuesta
Tal vez un modo de diferir el asunto
¿y eso es todo lo que puedo?

Dónde conseguirlo:
Ministerio de Turismo y Cultura de la Provincia de Salta – Secretaría de Cultura
Caseros 460 – CP A4400DMJ
Salta – Prov. de Salta
Tels.: (0387) 421-5763 / 421-6285
E-mail: secretariodecultura@culturasalta.gov.ar
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ILESA
Kato Molinari
2010, Ediciones Botella al Mar
Buenos Aires
ISBN 978-950-513-502-8
56 pp.

La autora
Nació en Alta Gracia, provincia de Córdoba. Obra: Por boca de quién (1972), Miradas y peregrinaciones (1982), Noche de las cosas, Mitad del mundo (1986), Las simias (1989), Umbral (1993), Un jerónimo de duda (1996), Una hormiga / un halcón (2004). Entre otros reconocimientos nacionales e internacionales a su obra poética, ha recibido el Tercer Premio Municipal de Poesía y la Faja de Honor de la Sociedad Argentina de Escritores (SADE).

Kato Molinari es una de las poetas argentinas más originales de las últimas décadas, y ha sabido poner una muy personal distancia entre los sucesivos “ismos” que recorrieron el desigual panorama del género desde que, en la década de los ’70, inaugurara su conocida trayectoria con el poemario Por Boca de Quién, editado entonces por Losada. Como Olga Orozco y otras autoras lo hicieron en su tiempo, Molinari se mantuvo a distancia de los lobbies culturales que marcaron “la moda” poética –si es que tal aberración puede existir- de las últimas cuatro décadas; prefirió, como Orozco, dedicarse a la lenta y ardua tarea de forjar una voz propia –hoy fácilmente reconocible en la polifonía- caracterizada por la aparente simplicidad de su lenguaje, desnudando capa a capa el sentido y la resonancia sensible de las palabras, hasta arribar a un territorio que definitivamente le pertenece. Su nuevo poemario, Ilesa, da cuenta de este logro singular, ofreciendo una decantación de lo ya observable en toda su obra anterior. Cuando sus lectores –entre ellos, quien esto escribe- suponíamos que Kato Molinari había alcanzado la meseta de su poderoso discurso, la autora vuelve a sorprendernos con un paso más, donde la precisión y la destreza en el manejo de los recursos poéticos terminan de ubicarla como una de las primeras voces de la poesía argentina.
Se trata de una de las pocas autoras que consiguen mostrarnos las palabras y el sentido de las palabras como algo nuevo, antes no expresado, renovando y fortaleciendo la capacidad de los versos para ingresar en la sensibilidad del lector con la fuerza de un boomerang: penetra y vuelve a la mano de la autora el verso, cuando ya hizo su obra en nosotros. Y la excelencia de sus remates posee la capacidad de seguir haciendo resonar su poesía luego de la lectura, todavía mucho después de ella. Ilesa es un título que no puede faltar en la biblioteca del lector de poesía argentina contemporánea.


Así escribe Kato Molinari

La señora de Molinari

Si escribo sobre papel ecológico creo que bien podría
convertirme en caballo y enderezar para los pastos altos.
(Retozar es algo que está haciéndome falta).
Dos por tres, mi madre decía que necesitaba ver verde. A
toda velocidad se
cambiaba el calzado, se pasaba el peine y caminaba dos
cuadras.
En el Tajamar estaba el verde necesario en las personas de
unos cuantos
sauces criollos y otros tantos llorones. No bien se internaba
en el saucedal
oía un "¡Buenas tardes, señora!" pronunciado por los
coreutas vegetales.
Eso la calmaba.
Cuando me llevaba nadie la saludaba salvo el viento, a
veces. Pero a ella
no le gustaba, opinaba que aceptarlo, que atender sus
requiebros
sería un mal ejemplo para mí.


Dónde conseguirlo:
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BELLEZA NOMADE
Luis Raúl Calvo
2007, Ediciones Generación Abierta
Buenos Aires
ISBN 978-987-20220-3-7

El autor
Nació en Buenos Aires en 1955. Dirige la revista de letras, arte y educación Generación Abierta, fundada en 1988 y declarada de Interés Cultural de la Ciudad de Buenos Aires, en 2000, por la Legislatura Autónoma de la Ciudad de Buenos Aires. Desde 1992 dirige el ya merecidamente famoso café literario Antonio Aliberti, en cuyas sesiones han participado casi dos millares de poetas, escritores y artistas plásticos. Coorganizador del Encuentro de la Poesía Argentina, ciclo que se realizó de 1992 a 1996 en el Centro Cultural Catedral, en el Foro 2000 y en la Dirección General de Bibliotecas Municipales y que convocó a los poetas más representativos de nuestro país. Entre 1995 y 1997 coordinó los Talleres Literarios de las Bibliotecas Evaristo Carriego y Guido Spano, dependientes de la Dirección General de Bibliotecas Municipales. Coorganizador desde 1996 del ciclo Poesía en la Calle , evento realizado en distintas plazas de la Ciudad de Buenos Aires y del Gran Buenos Aires, con la participación de poetas consagrados, poetas nóveles, artistas plásticos, músicos. De 1997 a 2001 tuvo a cargo la Promoción Cultural del Centro Cultural Roberto Santoro, dependiente de la Dirección General de Promoción Cultural del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Colabora en diversas publicaciones del país y del exterior. Poemas suyos han sido traducidos al inglés, al francés, al portugués y al italiano. Obras de su autoría han sido compiladas en numerosas antologías de Argentina y del exterior. Obra: Tiempo dolorosamente resignado (1989), La anunciación de la partera (1992), Calles Asiáticas (1996), Bajos fondos del alma (2002) y Profane Uncertainties (Trad. al inglés por Flavia Cosma, Červená Barva Press, Canadá, 2010).

Belleza Nómade es una propuesta muy llamativa, colocada ante el lector por el poeta Luis Raúl Calvo. El autor es una figura muy bien conocida en los círculos literarios, no sólo por su obra, que ya acredita una significativa trayectoria dentro y fuera del país (fue traducido al inglés en 2010 y editado en Canadá su poemario Profane Uncertainties, mientras que obras suyas anteriores figuran en más de una veintena de antologías poéticas de Argentina y otros países), sino también por su bien destacada actividad como promotor literario y artístico, editor, periodista gráfico y radial y animador cultural. En esta entrega, Belleza Nómade, Calvo apuesta a la mayor de las síntesis posibles, alcanzando en numerosas ocasiones el extracto de la poesía en textos que no pasan generalmente –en cuanto a extensión- de una sola línea. El trabajo así encarado es arduo y difícil y desafía todas las capacidades del autor, que demuestra su solvencia expresiva y la destreza para resumir en una breve selección de palabras lo que a muchos otros les cuesta un cúmulo de frases, sin que alcancen, muy repetidamente, el nivel de profundidad que Belleza Nómade, de Luis Raúl Calvo, demuestra una y otra vez en una pareja serie de sus trabajos. Como en otras de sus obras, el autor se muestra atormentado por las circunstancias de lo contemporáneo y por las vicisitudes que una sensibilidad privilegiada –para sus alcances pero también para el dolor- como la suya debe atravesar en ese contexto. El amor, la vida, la muerte, la relación entre el hombre y el universo, entre el individuo y la sociedad, tienen cabida en este más que interesante trabajo, que no se encierra en los límites de la destreza técnica, sino que elige la brevedad para potenciar mejor los sentidos intensos de lo que alude su autor. Altamente recomendable.

Así escribe Luis Raúl Calvo

Dos miradas que se cruzan no necesariamente se ven.
***
No es lo que conozco de ti lo que me hace estar en ti.
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Gimes en el momento del orgasmo y tu placer me aleja de la muerte.
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Dices las cosas y yo busco las pistas que encierran esas cosas.
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En esa mesa destruida alguna vez se construyó el amor.
***
Si las cosas nunca vuelven igual, del mismo modo ¿Por qué uno siempre tiende a repetir la misma historia?
***
Nunca sabremos con certeza si una herida fue superficial o no, hasta el momento en que la misma herida nos vuelve a dañar.
***
La generosidad nos lleva a conocer la malicia. Pero ya es tarde para una cosa y para la otra.
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En el revés de las cosas están las cosas, pero rara vez llegamos ahí.
***
Perdidos, entre tantas gentes. Esa sutil trampa que nos tienden, para mantenernos alejados de las cosas importantes.


Dónde conseguirlo:
Ediciones Generación Abierta
WebSite:
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E-mail: generacionabierta@hotmail.com

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*Luis Benítez es poeta y ensayista

01 mayo 2011

Editorial/La Batalla por el Sentido/Por Conrado Yasenza

La Batalla por el Sentido

Por Conrado Yasenza*

La batalla cultural, esa expresión tan mentada últimamente y sobre la que convendría hacer alguna precisión, está planteada con vigor y fiereza en la sociedad argentina. También con un nivel de hipocresía y mendacidad apabullantes como lo demuestra la escenificación de un proceso de victimización burda y banal al que nos enfrentó el Gran Diario Argentino - ¿una solución argentina para los problemas de los argentinos? - , y al que acudió rápidamente, en una actitud de sumisión vergonzante ante el poder comunicacional, gran parte del arco político opositor. Diputados que ya no se preocupan por disimular que representan al partido de Clarín y La Nación y lo rubrican escribiendo un bochornoso Documento para la Defensa de la Democracia. De esto se trata justamente aquello que se denomina batalla cultural, que no es otra cosa que una disputa por el sentido y que implica el cuestionamiento a los relatos hegemónicos que sostienen un modo de sociedad en el que se ha bloqueado la experiencia de vida propia de las personas para crear un tipo de subjetivación que se construye en el interior de la dinámica de los mass-media y que se presenta como la realidad, en una dura concepción del modo de percibir el mundo y las relaciones con él. Sentido duro e hiperindividualista de la experiencia social al que el relato hegemónico neoliberal, en su carnadura de partido comunicacional y político de la oposición, aspira a reinstalar. Por ello el odio visceral a las plazas recuperadas para la manifestación popular y para el ejercicio de la memoria, la verdad y la justicia.
Batalla por el sentido, batalla cultural, que es imperioso dar con pasión, inteligencia y alegría. Batalla por la circulación democrática de la palabra aunque algunos periodistas independientes ejerzan una captura represiva y maniquea de las mismas. Captura represiva de las palabras que quedó evidenciada, hace muy poco, en uno de los programas de TN, -Palabras más, palabras menos -, en el que a cada término utilizado por Horacio González, el periodista de la casa Ernesto Tenembaum, buscó darle una connotación militarista, antidemocrática, ¿setentista?, mientras González intentaba explicar la existencia de un discurso de trinchera y una disputa de bandos en tensión que expresan una sociedad en conflicto, en discusión por sus modos culturales, políticos y sociales de representarse.
En el mismo sentido, la caracterización que hizo Mauricio Macri de un conflicto gremial que derivó en el bloqueo a la salida del diario Clarín (¿pudo Clarín sacar igual su diario o aprovechó y tiró un palito a ver si lo pisaban?) demuestra palmariamente el peso de la batalla por el sentido. Si no qué es lo busca instalar Macri – y casi toda la oposición- cuando dice que el bloqueo es uno de los episodios más graves que sufrió el país desde la recuperación de la democracia. Justamente vaciar de sentido un pasado aciago que incluye levantamientos carapintadas, atentados a la Amia y a la Daia, hiperinflación, 50% de desocupación, indigencia extrema, el asesinato del fotógrafo José Luis Cabezas y la desaparición de periodista Miguel Bonino – nunca esclarecida-; el fusilamiento de los militantes sociales Maximiliano Kosteki y Darío Santillán, el blindaje, el corralito, el 2001 y una semana en que se sucedieron cinco presidentes y la República estuvo al borde de su disolución institucional; la desaparición de Julio López bajo la sombra siniestra del represor-asesino Etchecolaz y su crucifijo manchado por la sangre de sus manos.
Se trata justamente de no discutir el sentido de graves acontecimientos del pasado reciente para envolvernos en un presente continuo en el que el futuro se nos retacea para que no vislumbremos las intenciones de reinstalar un modelo neoliberal de país en el que los sujetos sociales aceptemos pasivamente los designios de un destino marcado por la indiferencia, la falta de solidaridad, la desmemoria y la no participación popular en la construcción de un modelo social de país.
En eso están el partido de la oposición, blandiendo su Documento, y los medios hegemónicos, convocando a los dueños de las empresas comunicacionales, la Sociedad Interamericana de Prensa - SIP-, para defendernos del monstruo populista que acecha nuestra democracia.

*Periodista, Dtor. de La Tecl@ Eñe

Entrevista/Alejandro Kaufman/Por Tomás Forster

Entrevista a Alejandro Kaufman

"Están creandosé las condiciones para un cambio estructural y cultural"

Por Tomás Forster*

(para La Tecl@ Eñe)

Ilustración: Antonio Berni




Alejandro Kaufman es un intelectual consustanciado con los debates de su época y un referente inequívoco para comprender el rol omnipresente que ejercen los medios de comunicación en las sociedades contemporáneas. Integrante del comité de dirección de la revista de ensayos Pensamiento de los Confines y voz singular del movimiento de ideas del que emergió Carta Abierta, Kaufman es un humanista de sólida y laberíntica formación.
En este diálogo, el ex director de la carrera de Comunicación de la UBA y profesor de esa casa de estudios, analizó los motivos de la situación favorable que transita el kirchnerismo. Se refirió al fin de la hegemonía de las corporaciones mediáticas, señaló las novedades y cuestiones pendientes de la batalla cultural en curso y expresó su mirada sobre la polémica que generó la presencia de Mario Vargas Llosa en la inauguración de la Feria del Libro.







- ¿Cuáles fueron los principales motivos de la intensa recuperación política que vive el kirchnerismo en los últimos tiempos?

- La acumulación de concreciones eficaces en favor de la igualdad y la justicia social superaron a la propaganda difamatoria contraria al kirchnerismo, propaganda cuya única eficacia residiría en lograr la caída del gobierno o en hacerle perder elecciones sin méritos propios. Al no ofrecer alternativas susceptibles de obtener adhesiones masivas, el único recurso seguro con el que cuenta gran parte de la oposición es alcanzar el poder gubernamental sustituyendo a la forma kirchnerista del peronismo –en esto se repite la historia- sobre la base de su supresión. En ausencia del partido militar golpista y la proscripción, en los años anteriores la derecha albergó esperanzas que finalmente fueron vencidas por la perseverancia del trabajo político igualitario, imperfecto e insuficiente, pero a la vez incomparable con las alternativas opositoras que fueron y son inexistentes. Ganar elecciones es legítimo, pero no se lo puede lograr, en la política, si no se ofrecen alternativas más eficaces, creíbles o superadoras, que las concreciones realizadas por el kirchnerismo.

- A partir de medidas como la Asignación Universal por Hijo, ¿nació una nueva empatía con el gobierno capaz de convertirse en mito como sucedió con el primer peronismo?

- Lo acontecido con el primer peronismo requirió muchos años para verificarse como mito intergeneracional. El relato peronista incluyó, a lo largo de los años, el supuesto siempre desmentido de su caducidad. Ahora parece haberse forjado una variante nueva cuando parecía perdida toda esperanza al respecto después del menemismo. Sin embargo, no sabemos si esa es la perspectiva futura, ni siquiera si es lo más deseable que podría ocurrirnos.

- Este acercamiento de amplios sectores de la clase media y de la juventud, ¿es un punto de inflexión en el proceso político vigente o un apoyo más bien volátil?

- En lo inmediato hay una inflexión, pero si miramos hacia atrás sabemos que ciertos sectores de la sociedad argentina son bastante volubles. Se requieren respuestas estratégicas que asuman compromisos instituyentes en el largo plazo. Muchos comparten preocupaciones al respecto, pero nadie podría atribuirse una fórmula capaz de garantizar el resultado. Sería importante sostener la preocupación, a la vez que el apoyo o la esperanza.

- ¿El gobierno le ganó la hegemonía cultural a los medios concentrados?

- El gobierno e importantes sectores de la sociedad civil dieron fin a la hegemonía continua que mantuvieron los medios concentrados desde la dictadura. Una nueva hegemonía cultural alternativa implica tiempos y complejidades mayores que estamos muy lejos de alcanzar. Antes que la confrontación sobre algunos ejes –en sí misma necesaria y pertinente-, lo que se requiere es una reconstrucción cultural de las audiencias, tarea de largo plazo que dará lugar a profundos debates políticos y estéticos que son por ahora muy incipientes, y que tienen dificultades importantes para desarrollarse. No sólo deben confrontar con la hegemonía todavía existente de los medios concentrados y con lo que ellos representan, sino con la necesidad de acceder a condiciones apropiadas para un debate semejante. El contexto de la dinámica electoral plantea otras prioridades coyunturales que no vuelve realista esperar mayores avances inmediatos en este sentido.

- A partir de la ley de medios de la democracia y, sobre todo, de los festejos del bicentenario y la despedida popular a Néstor Kirchner, ¿cree que la Argentina está iniciando un cambio estructural?

- La idea de cambio estructural supone tiempos largos. Siempre que se la atribuye a variaciones de corto plazo, se corre un riesgo de apresuramiento. Preferiría decir que se están creando las condiciones para un cambio estructural y cultural al superar épocas catastróficas que hemos vivido. Pero también hay que decir que diversas matrices, establecidas durante décadas, siguen vigentes. Solamente mediante un largo trabajo de educación, debate democrático y esclarecimiento se podrá aspirar a transformaciones de fondo y logradas más allá de las eventualidades.

- ¿El kirchnerismo está en condiciones de ganarle al macrismo en la Ciudad de Buenos Aires?

- Buenos Aires constituye un ámbito político cultural delimitado respecto del conurbano de un modo que le confiere una difícil gobernabilidad. Habría que ver si nos hemos repuesto del trauma que sufrió la ciudad cuando el último jefe de gobierno, electo de un modo normal, fue destituido por razones espurias –desde el punto de vista ético y político- posibilitando el éxito electoral del macrismo, al cual de hecho se le regaló el gobierno de la ciudad. Tengo la impresión de que el escenario nacional se traslado al ámbito porteño y es favorable al kirchnerismo. El gobierno de Macri merece perder más allá de toda duda y la coyuntura política establece un contexto favorable para el kirchnernismo. Ahora, lo ideal sería que, además de ganarle al macrismo, el kirchnerismo pueda abrir un debate profundo y apropiado en la ciudad. Pero eso sólo podría ocurrir después de haber triunfado en las elecciones.

- ¿En qué cuestiones persisten los lenguajes y discursos dominantes surgidos en los años ´90?

- En algunos temas, como por ejemplo las cuestiones de género, etnicidad y clase tal como circulan en la esfera pública, hay una marcada persistencia de los lenguajes heredados de los ´90 y de las décadas anteriores. Un ejemplo: antes no se hablaba de “pobres”, no solo porque no los había de la manera en que advinieron en los noventa, sino porque no se concebía una condición permanente de pobreza. Lo terrible de los años del Consenso de Washington, es que se impuso una categoría de la pobreza “latinoamericanizada”, que se percibe como un rasgo definitivo en la Argentina. Las derechas, en lugar de asumir sus responsabilidades, endilgan la condición de la pobreza al gobierno, cuando lo que en realidad sucede es que se oponen al oficialismo justamente en tanto pretende disminuir la exclusión y la desigualdad. La hegemonía reside en haber logrado conferirle a la pobreza una expectativa de permanencia y de naturalidad, hipócritamente disimulada detrás de una serie de pretextos acerca de las estadísticas, la corrupción y la inflación.

- ¿Cuál es su reflexión respecto al debate que suscitó, en el ámbito intelectual, la designación de Mario Vargas Llosa en la inauguración de la Feria del Libro?

- El tema Vargas Llosa motivo importantes intervenciones intelectuales de carácter crítico, pero muy escaso o nulo debate, porque, salvo alguna excepción, esas intervenciones fueron confrontadas por una difamación escandalizada sobre una censura que nunca existió. Ante la evidencia de que no se trataba de censura alguna, se persistió en la reiteración de una algarabía acusatoria impermeable a cualquier argumento. Todo ello va a ser seguramente olvidado. En cambio, las breves páginas que escribió Horacio González en respuesta a las difamaciones que Vargas Llosa publicó en La Nación serán recordadas con honra de la silla que ocuparon Groussac y Borges, y quedarán felizmente incorporadas a la historia de la literatura argentina.

- ¿Cuál es el aporte que podría hacer la lectura a contrapelo, que proponía Walter Benjamín, a la comprensión de la historia argentina?

- Las reflexiones benjaminianas sobre la política y la historia podrían llevarnos a interrogarnos sobre el destino de las formas de vida del capitalismo avanzado en el marco de un proyecto en el cual el estado benefactor populista tuviera éxito en el mediano o largo plazo, de modo que se constituyera en vencedor y pudiera ser contrastado con una sensibilidad utópica efectiva. Cada vez que existieron condiciones para instalar semejante interrogante, las clases dominantes argentinas recurrieron al horror y al crimen. Nuestra inquietud por el futuro de la Argentina, a contrapelo, es sobre si las clases dominantes se avendrán a convivir con el pueblo argentino en condiciones de negociación que establezcan límites a la violencia social represiva.

- Pero la derecha no parece dispuesta a aceptar ninguna de las políticas de Estado que se implementaron desde el 2003 en adelante…

- Por ahora no hay indicaciones que nos permitan ser optimistas, y por ello se requiere un apoyo inequívoco a la continuidad democrática del proyecto kirchnerista, no solamente por sus módicos méritos intrínsecos, sino por el horror que permanece fuera de sus límites a la espera de arrojarse sobre la sociedad.

- ¿Cómo pensar, desde categorías benjaminianas, a este momento político tan particular?

- Diría que la pregunta benjaminiana sobre vencedores y vencidos tiene dos vertientes, una actual que remite a las persistencias del fascismo en la Argentina, por usar esa nomenclatura, y otra futura o utópica, para el día en que los proyectos populares no sean tronchados por nuevos crímenes de lesa humanidad. Ese día comenzaría una nueva historia. La sociedad argentina sólo saldará su deuda con el crimen de lesa humanidad de 1955, el asesinato de centenares de civiles inocentes desde el aire, cuando las clases dominantes argentinas consigan un triunfo electoral legítimo que les permita gobernar de un modo razonable, y ello solo podrá suceder cuando incorporen a su idea de normalidad de la Argentina por lo menos una parte sustancial de los logros obtenidos en gobiernos populares, en lugar de aspirar a suprimirlos mediante el terror.

- Según su punto de vista, ¿cuál debe ser la tarea del intelectual?

- Es conveniente identificar lo que se suele demandar y esperar del intelectual. De qué modo el intelectual es escuchado en la esfera pública e institucional, no tanto por la exposición y el debate de las ideas, sino por la atribución de un otorgamiento de prestigio a intereses y esferas que pueden ser en algunos casos perfectamente legítimos, pero aun así, no esperan del intelectual un desafío argumentativo. Más bien una adhesión apropiada. Esto ocurre más o menos en todas partes, y el intelectual crítico suele involucrar esta problemática entre sus reflexiones. No obstante, en algunas circunstancias puntuales se renueva siempre la esperanza de incidir de alguna manera eficaz en el acontecer sociopolítico.

- ¿Qué novedades le imprimió Carta Abierta al debate de ideas?

- En un momento de fuerte difamación clasista y racista contra un gobierno popular, como el que se vivió durante el conflicto por la resolución 125, la intervención de Carta Abierta manifestó un sentido divergente del griterío destituyente que propalaban los medios hegemónicos. Esto produjo sorpresa no sólo por la propia expresión de la primera Carta, sino porque el gobierno fue activamente receptivo a tal intervención. Se trató de un acontecimiento que durante muchos años no había ocurrido. Por lo menos desde el gobierno de Alfonsín. Además, Carta Abierta introdujo otra novedad específica que fue la intervención ético-política antes que técnico-administrativa. Y fue confrontada por sectores opositores, salvo algunas honrosas excepciones, de modo difamatorio y cercano a la descalificación. Sectores que no discutieron ideas y argumentos sino presuntas intenciones y conveniencias.

*Periodista