01 septiembre 2011

Noticias del Mundo/Jóvenes indignados en Chile/Ronaldo Wright

JOVENES INDIGNADOS DE CHILE



Analizando las masivas manifestaciones ocurridas en el hermano pueblo chileno se habla ya de los jóvenes indignados de Chile, quienes marchan por las calles de Santiago y de otras ciudades en reclamo de una educación pública incluyente y de calidad. De este lado de la cordillera, nuestros jóvenes pueden estudiar en universidades argentinas gratuitas y cuyos contenidos son de una notable excelencia.



Por Ronaldo Wright*
(para La Tecl@ Eñe)


En el anterior número de La Tecl@ Eñe hicimos mención al movimiento de jóvenes indignados europeos, cuyo epicentro se situó en Madrid —acontecimiento que rápidamente se expandió hacia varios puntos de este planeta globalizado— y destacamos la particular situación de la juventud de nuestro país, posicionada hoy en lo que creemos un lugar y un tiempo mejor. Esta diferencia en favor de nuestros adolescentes puede también visualizarse con bastante claridad, si se analizan las masivas manifestaciones ocurridas en el hermano pueblo chileno en reclamo de cambios en la educación pública. En la actualidad ya se habla de los jóvenes indignados de Chile, quienes marchan mancomunadamente por las calles de Santiago y de otras ciudades en reclamo de una educación pública incluyente y de calidad. De este lado de la cordillera, nuestros pibes afortunadamente pueden estudiar en universidades argentinas gratuitas y cuyos contenidos son de una notable excelencia, por lo que no es casual que cada vez más algunos jóvenes chilenos decidan cruzar la frontera en procura de capacitarse en estas tierras.
A partir de mediados de año los estudiantes secundarios chilenos comenzaron a tomar colegios, ocupando pocas semanas después cientos de establecimientos. Exigen una educación que les permita formarse no sólo como profesionales, sino también como ciudadanos con pensamiento crítico para enfrentar las innumerables contingencias de un futuro cada vez más incierto. Ante las insuficientes propuestas presentadas por el gobierno de Chile, las mismas fueron rechazadas y se iniciaron las marchas masivas reclamando a las autoridades reformas educativas serias: a saber, una educación como derecho social brindado con gratuidad, equidad y calidad. Otro modo de protesta consistió en huelgas de hambre adentro de los colegios, donde los adolescentes abrieron sus puertas a la prensa mientras resistían el intento de desalojo de los carabineros. Los pibes tienen claro que el Estado chileno debe garantizar el sistema educativo —considerado uno de los más excluyentes y desiguales del mundo— como un verdadero derecho social, asumiendo el deber de proporcionarlo gratuitamente y no en tanto bien de mercado.

El estudiantazo chileno denuncia con razón el progresivo deterioro de la educación pública, dentro de un sistema que favorece la enseñanza privada convertida muchas veces en una mercancía. Los adolescentes sostienen que la educación no debe seguir segregándolos y entienden que para evitarlo debe dejar de ser un objeto de lujo y del lucro de unos pocos en perjuicio de otros. Tiene que dejar de ser un negocio cuya rentabilidad sea regulada por el mezquino hipermercado de estos tiempos posmodernos, máxime si consideramos la declaración del presidente de Chile al calificar a la educación en Chile como un bien de consumo. Además, Sebastián Piñera echó mano a un decreto del año 1983 establecido por el dictador Pinochet Ugarte para reprimir la movilización de los alumnos secundarios y universitarios, a quienes se sumaron los docentes además de recibir el mayoritario respaldo de la población. La furia de los carabineros, que cargó contra los miles de manifestantes, dejó un saldo de más de ochocientos detenidos —entre ellos muchos menores de doce años de edad— y un centenar de heridos.

Tamaña represión está teniendo un evidente costo internacional. Es así que la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la OEA expresó su preocupación al gobierno chileno por el uso desproporcionado de la fuerza contra las protestas estudiantiles. También el Fondo de la Organización de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), se manifestó en contra de la represión llevada a cabo por los carabineros. La crisis del capitalismo especulativo trasandino parece haber dañado sensiblemente el espejismo de una globalidad conformada a imagen de la democracia neoliberal. También en nuestra provincia de Mendoza, varias columnas de jóvenes marcharon con banderas y pancartas solidarizándose con los indignados chilenos; en tanto que otro grupo local participó en un congreso latinoamericano realizado en la República Oriental del Uruguay. Para algunos observadores, este conflicto está evidenciando el fuerte desgaste que padece la democracia en Chile en manos de un gobierno elitista y de derecha; mientras que para otros significa el despertar de unos vientos libertarios que estaban algo adormecidos.

Cabe agregar que son muchos los escritores e intelectuales latinoamericanos que se han sumado a estas demandas por una educación de excelencia y de vocación igualitaria. Una declaración titulada “En defensa de la vida de los estudiantes chilenos y la educación pública” fue suscripta por varias personalidades, entre las que se encuentran los escritores mexicanos Juan Villoro y Elena Poniatowska, además del intelectual norteamericano Noam Chomsky. Dicen que los estudiantes los llaman hoy a formar parte de este movimiento nacional y ellos quieren adherir a sus peticiones, dando la batalla con la juventud de todas las maneras que sean posibles. Por su parte, Eduardo Galeano también apoyó las reclamaciones estudiantiles, enviándoles un abrazo de muchos brazos a los jóvenes valientes que nos están dando a todos una lección de dignidad democrática desde las calles de Chile. Demuestran que otro país es posible, además de estar dándonos una verdadera lección de dignidad. Subraya que esta protesta enseña y textualmente les dice: “gracias mil y suertudas suertes en tan hermosa aventura”. Todo un respaldo, ¿no?

La escritora Isabel Allende piensa que la crisis política y social que azota al país tiene su origen en la vergonzosa desigualdad existente, ya que si bien Chile posee un elevado ingreso per cápita, la distribución de la riqueza es pésima. Agrega que para superar la crisis estudiantil es necesaria una profunda reforma educativa con serios cambios estructurales. Casi una respuesta al presidente trasandino quien, al referirse a la educación, quiso adoctrinar a los jóvenes manifestando que nada es gratis en la vida. Pero no solamente es la juventud chilena la que está indignada. La movilización llegó a superar las ciento cincuenta mil personas y el pasado 21 de agosto se realizó un Domingo Familiar por la Educación Pública en el parque O’Higgins, expresando las familias su apoyo al estudiantazo chileno. A todo esto se suma la organización de una gran huelga general de dos días convocada para fines del corriente mes de agosto, por lo que la Federación de Estudiantes Universitarios de Chile ha expresado —en contestación a las infortunadas palabras presidenciales— que Piñera sepa que todo esto no le va a salir gratis.

Pese a lo antedicho, en nuestro país hay quienes aún siguen declarando públicamente –ante un periodismo complaciente que no repregunta ni indaga acerca del alcance de tal afirmación— que Chile nos ha superado largamente en lo que a enseñanza se refiere. Curiosamente, los jóvenes chilenos admiran nuestro modelo educacional que enfatiza el desarrollo de una enseñanza de calidad, gratuita y con acceso para todos. Esperamos que la solución final no sea el cruce de Los Andes en procura de encontrar en Argentina una formación acorde a sus necesidades y pretensiones. El camino es el de seguir profundizando el estudiantazo chileno, con esta juventud agrupada y movilizada desde hace varios meses, presionando al gobierno con protestas, marchas, huelgas de hambre, tomas de colegios, caceroleo nacional y reuniones de familias. Ello pese a que las autoridades persisten (¿con más feroz represión?) en su intento de coartarles el derecho que tienen a reunirse y a manifestarse, de acuerdo con la Convención Interamericana de Derechos Humanos. Desde aquí… ¡seguiremos atentos y acompañando!

*Psicólogo social y Abogado laboralista
www.ronaldowright.com.ar

Noticias del Mundo/Cuarta entrega de El Desperdicio Argentino de Mirta Vazquez de Teitelbaum

La indignación al poder
El desperdicio argentino, cuarta entrega





Este artículo forma parte de la cuarta entrega del libro El Desperdicio Argentino, de Mirta Vazquez de Teitelbaum, quien ha elegido a La Tecl@ Eñe para dar a conocer los capítulos del mismo




En los últimos días se ha agregado una palabra a las cuestiones políticas surgida del descontento en España: indignados.
En Argentina no llama la atención el calificativo porque, en general, en nuestra historia política siempre hay grupos de indignados que reclaman lo suyo.
Sin embargo esta circunstancia presenta una particularidad que me interesa destacar porque estuve en Roma y las manifestaciones de los indignados españoles aparecían cotidianamente en los medios.
La forma de actuar de estos grupos es de manera conjunta e inmediata frente a hechos que perjudiquen la vida de la gente.
Sus consignas van en contra del poder establecido al que consideran inepto para resolver situaciones sociales adversas para sus protagonistas. Uno de los jóvenes indignados explicaba claramente que no están en contra de una política o de un gobierno sino del poder porque siempre va en contra de los que menos tienen, de los excluidos o los que atraviesan circunstancias difíciles.
Aparecen en situaciones cotidianas para oponerse a cualquier acción social que consideran injusta, como por ejemplo un desalojo de ancianos por falta de pago de una hipoteca o la discriminación de un inmigrante que aún no tiene sus papeles en regla.
Se comunican entre sí por las redes de Internet y una vez que conocen el problema, aparecen e impiden que las autoridades cumplan su cometido. Como en democracia no son reprimidos por la fuerza la repercusión en los medios hace que se difundan prontamente y allí se los ve sentados en forma pacífica y/o dando alguna nota.
¿Cuánto tiempo estos jóvenes pueden mantener esta forma de lucha? Inclusive se les mandó al premio Nobel de Economía para que los convenciera de deponer su actitud. La cuestión novedosa no es la duración en el tiempo sino el tipo de oposición.
Se están plantando en contra de una forma de gobierno occidental que evidentemente, está en crisis. La decadencia del capitalismo no es de hoy ni de ayer, viene de lejos, pero cada tanto se agudiza.
No les importan las ideologías ni de derechas ni de izquierdas tradicionales sino que denuncian al poder político porque entienden que no representa los intereses de la gente. Es más, según ellos los políticos gobiernan en contra de esos mismos intereses ya que una vez obtenido el poder se dedican a hacer carrera política y se olvidan de aquellos a los cuales supuestamente debían representar.
Por eso los indignados no representan a nadie sino que se presentan en los lugares donde hay una injusticia en ciernes por la cual se verán perjudicados los que no tienen ningún acceso al poder. Se indignan por una forma representativa de gobierno que usa el poder de manera injusta.
No son valientes que se oponen a una dictadura, son jóvenes que entienden que los gobiernos no atienden a los problemas particulares de sus gobernados ya que sabemos que, aún los elegidos por mayoría, jamás harán recaer las vicisitudes que se desprendan de su política en familiares o amigos.
Es interesante esta manera de actuar presentándose en la escena. Acorde con los tiempos que corren se comunican por las redes y acuerdan acciones inmediatas que cumplen su cometido puntualmente en un tiempo y espacio establecido.
No sabemos en que derivará esta forma de compromiso social pero es cierto que en el presente en tanto movimiento tiene su eficacia.
Los movimientos sociales son como olas que atraviesan un momento de la historia y a veces dejan su impronta y se transforman. Una vez que se vuelven institucionales pierden la espontaneidad inicial y se organizan jerárquicamente lo que conlleva su burocratización.
Los indignados nos despiertan advirtiéndonos que siempre el poder organizado, bajo cualquier sistema de gobierno, hace pagar los platos rotos de la economía o de la guerra a aquellos que por sus condiciones sociales son más vulnerables: los ancianos, los pobres, los niños, en fin los que no tienen acceso a gozar de las delicias del poder de turno.
Ninguna otra cosa nos enseña la historia. Y en la nuestra el Viejo Vizcacha aconseja: “Hacete amigo del juez…, no le des de que quejarte que siempre es bueno tener palenque donde rascarte”.
Sentencia que se hizo carne en el discurso corriente bajo la forma del amiguismo y el acomodo ya que siempre conviene contar con otro que palanquee para sobrevivir sin mayores sobresaltos. Lo que también se dice: tener un padrino, aunque este término nos acerca demasiado al discurso de la mafia.




Buenos Aires, 29 de agosto de 2011

Mirta Vazquez de Teitelbaum

Medios, Política y Sociedad/Medios, chispas y choque de espadas/Marcos Mayer

Medios, chispas y choque de espadas



El sentido último del periodismo es preservar el derecho a la información más fidedigna. En este momento donde a todos se le piden definiciones, aquel principio parece no tener sentido
No se trata de afirmar que la verdad es relativa, porque eso diluye todos los debates. Tal vez el camino más interesante sea el de admitir aquello que decía Nietzsche: que la verdad es la chispa que nace en el choque de dos espadas.




Por Marcos Mayer*
(para La Tecl@ Eñe)


Ilustración: Anibal Cedrón



En los momentos de inicio del debate sobre el papel de los medios –la gran discusión cultural del último lustro- muchos periodistas decidieron que era hora de mostrar las cartas, de poner en evidencia sus adhesiones y preferencias en el terreno político. Algo que demasiado rápidamente se bautizó como “toma de partido”. Y de pronto, lo que hasta ese momento era una opción ciudadana se terminó por convertir en un mandato profesional. Se debía tomar partido, pues no había otra posibilidad que fuera realmente honesta; la neutralidad era una forma de optar por algo, la más implícita y en un punto, aunque nadie se atreviera a ponerlo con tanta claridad, la más cobarde. Detrás de esa abstinencia declarada se escondían imposturas o, en el mejor caso, la pretensión de posar como “alma bella”.
Esta fue más allá del terreno de las posiciones personales más o menos declamadas y se trasladó a la práctica: Con la coartada de que la realidad es una construcción y que las distintas construcciones obedecen a intereses diversos y muchas veces contrapuestos, se instaló la idea de que se podían acomodar los datos y opiniones a esas diferencias de intereses.
Lo que se puso en marcha es una forma política del periodismo que obligaba al consumidor de esas informaciones a tomar partido y a elegir el medio que más se adecuara a sus posiciones previas. Hoy, un medio tiene casi la obligación de confirmar un diagnóstico preexistente sobre la realidad y se seleccionan o se dejan de lado informaciones que puedan poner en entredicho, o al menos relativizar esas ideas previas.
Clarín acentuó cualquier aspecto negativo de la realidad, una actitud que no sólo afectó a la cobertura política sino que se extendió a las páginas de sociedad e incluso de deportes. Nuevos emprendimientos como Tiempo Argentino y El Argentino plantearon las cosas de manera opuesta. Se viven tiempos de realizaciones y los augurios sobre el futuro no pueden ser más venturosos.
Se podría decir que la adhesión a un sector social y a una formación política ocurre desde siempre en la práctica periodística (una impostura que sólo el más franco sinceramiento subsanaría), pero correspondería hacer ciertas salvedades. La idea de toma de posición obligatoria (6,7,8 ha querido presentar esto como la muestra más acabada de honestidad en el ejercicio de la profesión) tiene como consecuencia el abandono del recurso del análisis, que implica una serie de formas de pensar las cosas que se aprende bastante en el periodismo cultural.
Joseph Conrad caracterizaba al trabajo del novelista como la puesta en práctica de lo que llamaba imaginación solidaria. No se trata de responder a la pregunta de qué haríamos de estar en la misma situación del personaje, sino cuál sería nuestra actitud si fuéramos el personaje puesto en esas circunstancias. O sea, poner la imaginación del lado del otro, es así como debe interpretarse la solidaridad. Analizar tiene mucho que ver con comprender las razones del otro, en entender sin prejuzgar porqué actúa del modo que lo hace, porqué elige un determinado camino en lugar de otro.
De vez en cuando uno encuentra en las columnas políticas de Mario Wainfeld en Página/12 (un medio que si bien adscribe al oficialismo no puede enrolarse por su propia historia con el mismo énfasis en el que abundan los medios del grupo Szpolski) esa disposición a tratar de entender por qué los actores del tablero político se mueven en un cierto rumbo. Lo que implica intentar poner entre paréntesis la aprobación o el disgusto que generan los protagonistas involucrados en quien escribe.
Hace bastante tiempo se podía encontrar este intento analítico en las columnas dominicales de Eduardo Van der Kooy en Clarín, o en varios textos de Verbitsky se trataba de mostrar una cierta distancia de los intereses en juego, al menos en su expresión más concreta y visible. El objeto estético muchas veces exige una distancia o una cierta suspensión del juicio a pesar de las presiones para que eso se exprese de modo manifiesto (puntajes, sistemas de calificación más o menos ingeniosos). Pero los textos (orales o escritos), incluso los más aseverativos, asumen estar ante un objeto que es por definición complejo, al menos la mayoría de las veces. Aceptar esa complejidad es lo que lleva a la necesidad del análisis, pues de lo que se trata es de comprender qué hay en juego en un libro, un cuadro, una película o un recital. Se debe trabajar contra los propios prejuicios (en el sentido de juicio previo) y los de los demás. No se debería condescender con una valoración que se haga de antemano, aunque todo nos indique que estamos a punto de toparnos con algo notable o algo deleznable.
Pareciera que esto, que de algún modo es el sentido último del periodismo –preservar el derecho a la información más fidedigna- no tuviera sentido en este momento donde a todos se le piden definiciones, cuanto más tajantes mejor.
No se trata de afirmar que la verdad es relativa, porque eso diluye todos los debates pues no hay que moverse de aquella verdad en que estamos instalados. Tal vez el camino más interesante sea el de admitir aquello que decía Nietzsche: que la verdad es la chispa que nace en el choque de dos espadas. Algo que siempre es una promesa por la que vale la pena deponer toda certeza.

* Escritor, periodista y docente

Medios-Cultura y Sociedad/Qué leés cuando me vés/Damián Huergo

Qué leés cuando me ves
Augurios sobre #elfindelperiodismo.

¿Es viable la prensa gráfica ante el avance de la web y de las redes móviles? ¿Existe un sujeto social al que se pueda seguir interpelando desde la prensa gráfica? Ante este panorama, ¿qué motivó el hecho insólito de que aparezcan el mismo día dos diarios nuevos? ¿Estos diarios tienen asidero por la brecha digital que deja a sectores populares afuera de los usos y las prácticas de las nuevas tecnologías? ¿Las tesis sobre el #fin del periodismo no contemplan los diarios que consumen estos segmentos? En fin, las preguntas son muchas. Por lo tanto plantearemos algunas coordenadas a modo de estado de situación más que de respuestas.

Por Damián Huergo*
(para La Tecl@ Eñe)

Intro.

En marzo del 2003, previó al lanzamiento del diario Crítica de la Argentina, su Director Jorge Lanata lo promocionaba como “el último diario en papel”. El vaticinio fue refutado de inmediato. Desde entonces, sucesivamente fueron apareciendo Miradas al Sur (semanario), El Argentino, Tiempo Argentino, Muy y Libre, a la par que el último diario en papel pasaba a ser -sólo- el último diario de Lanata. Para justificar la extinción de Crítica, por un lado se alegó boicot del Estado mediante la distribución de la pauta oficial. Por el otro y a pesar de las brillantes plumas que había en la redacción, escasa publicidad y pocas ventas: consecuencia de que el sujeto social de clase media profesional y metropolitano que consumía el diario, optó por leerlo en la web más que en papel. La conjunción de estos tres factores dejó el funesto resultado de varios trabajadores en la calle y, en términos generales, al periodismo gráfico en estado de agonía, al punto de generar tesis que empezaron a augurar el #elfindelperiodismo.
Sin embargo, a la vez que la experiencia de Crítica pasaba a ser otra marca en la historia del periodismo gráfico en la Argentina, los diarios que apuntan al segmento de trabajadores fueron aumentando sus ventas. Según el blog Diario sobre Diarios, Diario Popular y Crónica son los únicos matutinos que vienen creciendo interrumpidamente en el último quinquenio, marcando una clara ventaja a favor del primero, con números que alcanzan los 90.000 ejemplares promedio por diario. El crecimiento sostenido llama aún más la atención si se lo contrapone con los dos diarios de mayor tirada en la Argentina, Clarín y La Nación. Si bien sus cifras de venta triplican y duplican respectivamente las de Diario Popular, es significativo señalar que en los últimos cinco años las ventas de ambos pasquines disminuyeron sostenidamente, al igual las del bisemanario Perfil, según datos promovidos por el Instituto Verificador de Circulaciones (IVC). Ante este panorama, desde el Grupo Clarín y desde la Editorial Perfil lanzaron en mayo del 2011 sus productos periodísticos de índole popular, Muy y Libre.
Ambas propuestas tienen una estética copiada de los tabloides europeos, como el Liberation, Daily Mirror o The Sun. Los puntos en común (que señalaremos más adelante) entre los dos periódicos son evidentes. La diferencia, quizás, está en el particular modo que tienen para relacionarse con otros soportes tecnológicos de comunicación, ya sea del siglo pasado como la TV o con la web y las redes móviles que respiramos a diario.
La efímera experiencia de Crítica y, sobre todo, la proliferación de diarios populares en lo que va del siglo XXI, nos sirve para plantearnos algunas preguntas acerca del futuro de la prensa gráfica en nuestro país:
¿Es viable la prensa gráfica ante el avance de la web y de las redes móviles? ¿Existe un sujeto social al que se pueda seguir interpelando desde la prensa gráfica? Ante este panorama, ¿qué motivó el hecho insólito de que aparezcan el mismo día dos diarios nuevos? ¿A qué consumidores culturales apuntan? ¿Estos diarios tienen asidero por la brecha digital que deja a sectores populares afuera de los usos y las prácticas de las nuevas tecnologías? ¿Su aparición se debe al incremento en el poder adquisitivo de la clase trabajadora y a la incorporación de trabajadores al mercado de trabajo durante los gobiernos kirchneristas? ¿Las tesis sobre el #fin del periodismo no contemplan los diarios que consumen estos segmentos? ¿Sus usos y hábitos culturales son modificados por los nuevos soportes tecnológicos? En fin, las preguntas son muchas. Por lo tanto plantearemos algunas coordenadas a modo de estado de situación más que de respuestas.

¿#elfindelperiodismo?

Hay una tendencia en el pensamiento occidental a anticipar la muerte o la extinción de los objetos (o sujetos) donde los intelectuales enfocan la mirada. En una breve recorrida por el museo de los grandes conceptos occidentales, podemos ver a absolutos tales como Dios, el Autor y la Historia. Todos ellos, en diferentes épocas, fueron enterrados aún con el pulso todavía activo. El siglo XXI parece no ser ajeno a esta tendencia. Y pasada sólo una década ya tuvo su primera victima: el periodismo.
Las tesis sobre el #findelperiodismo hacen referencia a la perdida de autonomía del discurso periodístico, envuelto en un cimbronazo tecnológico que todos los días nos despierta con una novedad. La debacle surge como consecuencia del avatar de Internet que logró transformar -entre otras cosas- “la web por papel. Bloggers por periodistas. Redes sociales por agencias de noticias”. A la vez que sirvió para modificar los hábitos de consumo, ya sea por su uso informático en la web que se representa -entre otras formas- en la intervención de la noticia de los comentadores online.
Estas lecturas son fundamentales para analizar el estado actual y futuro de los medios gráficos. Sin dudas, el estado descripto por las tesis de #elfindelperiodismo abarcan gran parte de la prensa escrita contemporánea y a los consumidores de información; en especial a los sectores urbanos que adquirieron los hábitos y los usos de las nuevas tecnologías. Sin embargo, ¿cómo se explica en este contexto de cuasi agonía del periodismo en papel el alza en las ventas de dos de los diarios populares de Argentina y el lanzamiento de tres diarios del estilo en menos de tres años?

Nuevas y viejas tecnologías

A simple vista las similitudes entre Muy y Libre son mayores que las diferencias. Sus contenidos constan de notas cortas, fotos gigantes, montaje narrativo de las fotografías, infografías, tipografías variadas, repetición de las noticias y el uso de colores estridentes. La temática también es compartida: noticias del espectáculo, deportivas, policiales y la política tratada como si ocurriese sobre las tablas de la avenida Corrientes; de ese modo -por igual- pueden revelarse infidelidades de funcionarios del gobierno como si fuesen una cuestión de Estado o calificar el valor de la vestimenta de un Ministro.
Respecto a la sinergia con otros medios de comunicación, ambos diarios parecen una continuación de los soportes del siglo XX más que de los elementos de la última modernidad. Por igual priorizan el impacto visual al texto escrito: sus páginas son herederas directas de la cultura televisiva. Por un lado, a nivel contenido comparten la agenda informativa, y desde la estética resalta la inmensidad de las fotografías que predominan en las páginas. Por el otro, los columnistas de cada diario son rostros familiares para el lector por su asidua participación televisiva (a diferencia de El Argentino que le brinda al trabajador, por ejemplo, un artículo de Ricardo Forster para que lo descifre como un sudoku durante su viaje en tren o en bondi). En las páginas de Muy tienen un lugar de privilegio figuras como Beto Casella o Carlos María Domínguez, y en las páginas de Libre, mediáticos como Jorge Lanata, Facundo Pastore y Jorge Rial.
Sin embargo, el diario Libre se diferencia de Muy al realizar un tándem entre las nuevas y las viejas tecnologías. Por ejemplo, las notas son acompañadas por tuits de los protagonistas que dan su testimonio sin la mediación del periodista; no así, de la edición. Por el momento la inclusión de estos soportes es ínfima en comparación a los elementos visuales que toma de las tecnologías del siglo XX, en especial de la televisión. De todos modos, sirve como muestra de cómo el periodismo escrito puede -como si fuese una técnica de yudo- tomar los soportes que “nacieron para destruirlo” y adecuarlos a su formato. Así, las redes móviles y/o sociales más que anular la autonomía del discurso periodístico, podrían enriquecerlo por la proliferación de datos inmediatos que pone a su disposición.

¿Hay alguien ahí?

El surgimiento de un diario debe ser leído como la expresión social de un sector que reclama -en silencio o a los gritos- ser representado por los medios de comunicación. Basta nombrar el paso de Crítica para fundamentar que un diario sin lectores, sin sujeto social que vea (mejor dicho lea) sus ideas materializadas, desaparece al poco tiempo. Entonces, ¿a qué sujeto social interpelan los diarios populares? ¿Por qué ampliaron sus ventas en el último tiempo? ¿Por qué se multiplicó la oferta de estos productos informativos?
Una hipótesis posible para responder estas preguntas, salta al tabular las estadísticas sobre las tasas de ocupación laboral y las ventas de diarios populares en los últimos ocho años en la Argentina. A la par que cuatro millones de trabajadores ingresaron al mercado de trabajo en el periodo 2003-2011 (según datos de un estudio de Cifra-CTA), tanto Diario Popular como Crónica aumentaron la venta de ejemplares interrumpidamente. Por lo tanto, se puede fundamentar el crecimiento de la demanda de los -denominados- diarios populares como una consecuencia de la recuperación de los puestos de trabajo, del aumento en el número de empleos registrados (según el informe, ”el empleo en negro pasó de casi el 50 por ciento al 35, valor todavía alto”), de la reapertura de las paritarias como herramienta de negociación y, como corolario, del poder adquisitivo de los asalariados formales en la Argentina durante los gobiernos de Néstor Kirchner y de Cristina Fernández. En la misma línea, a modo de ejemplo, es un indicador que el número cero de Libre haya sido presentado y distribuido gratuitamente en el acto del Día del Trabajador, organizado por la CGT (Confederación General del Trabajo) liderada por Hugo Moyano, emblema de la recuperación de los -llamados- derechos de primera generación de la clase trabajadora.
Estos sectores de trabajadores formales de la clase popular volvieron a arrimarse -en los últimos ochos años- al batallón de ciudadanos consumidores del que habían sido expulsados por la eclosión de las políticas neoliberales en el 2001. Diarios como Popular y Crónica (habrá que evaluar los alcances de Muy y Libre en los próximos meses, sobre todo teniendo en cuenta su marcado perfil opositor al gobierno nacional) son una plataforma mediática que representan sus gustos y prácticas, más ligados a los de espectadores pasivos de TV que a los de internautas activos que incorporaron saberes privilegiados de un sector social y metropolitano y, en menor medida, de una generación. Por lo tanto, se puede arriesgar a modo de hipótesis, que son los sectores de la clase popular con trabajos formales, ajenos a los saberes y prácticas de las tecnologías del siglo XXI, la base del creciente mercado de diarios populares en Argentina.
El futuro a mediano o largo plazo de estos productos al igual que el del periodismo gráfico seguirá siendo una incógnita. Lo cierto es que apagando un rato la computadora y acercándose a cualquier Terminal o zona de tránsito de asalariados, uno percibe que el periodismo gráfico popular sigue respirando. Y, aunque nos guste o nos horrorice como a algunos medios los Intendentes del conurbano, continua reproduciéndose. En papel, aunque moleste que ensucie y ocupe demasiado lugar.

*Sociólogo y periodista

Filosofía y Sociedad/Adornos frankfurtianos, Nietzsche y otros souvenirs socioculturales/Flavio Crescenzi

Adornos frankfurtianos, Nietzsche y otros souvenirs socioculturales

La actual sociedad opulenta ha cambiado el mecanismo de control sobre el individuo orientándose hacia las nuevas necesidades producidas. Un ejemplo de esto es la tolerancia represiva hacia los grupos disidentes, con la cual la sociedad liberal extiende las libertades civiles a sus críticos neutralizando así su oposición. Esta estrategia resta poder a sus ideas, mientras que la censura y el arresto los harían parecer mártires. La tolerancia de otros puntos de vista en la era de las comunicaciones masivas revela el rostro de la tiranía política en una forma que quizás sea compatible con el pluralismo de partidos, periódicos y poderes contrapuestos

Foto: Theodor Adorno
Por Flavio Crescenzi*


(para La Tecl@ Eñe)


El pensamiento tradicional y los hábitos de sano sentido común que ese pensamiento nos dejó en herencia tras fenecer filosóficamente, exigen un sistema de referencia en el que todo encuentre su lugar. Ni siquiera se atribuye demasiado valor ni se pone mucho empeño en la autointeligibilidad interna del sistema de referencia –pues incluso se lo puede plasmar en axiomas dogmáticos-, con tal de que toda consideración resulte localizable y pueda mantenerse lejos del pensamiento no respaldado por el sistema. En cambio, el genuino conocimiento, para fructificar, se arroja a sí mismo en los objetos. El vértigo que esto suscita es un index veri; el shock de lo abierto, la negatividad, que es como ello aparece en el marco de lo respaldado por el sistema y de lo siempre igual, sólo es no verdad para lo no verdadero.”

Theodor W. Adorno


"En suma, desde pequeño, mi relación con las palabras, con la escritura, no se diferencia de mi relación con el mundo en general. Yo parezco haber nacido para no aceptar las cosas tal como me son dadas."

Julio Cortázar

I


La dialéctica hegeliana, inmenso monstruo bíblico que quiso resolver su presente proyectándose al futuro, culminó en el mismísimo Hegel y en el estado prusiano, locus ideal que representaba el mejor de los mundos posibles. Esta aparente contradicción no responde sino a razones ideológicas, razones que claramente provienen de un horizonte de expectativas determinado: la idea de progreso de cuño positivista. No creo exagerar al decir que pese a todos los cambios socio-históricos sufridos, en puridad, seguimos viviendo en la Prusia del siglo XIX. El progreso ideal que aseguraba que la humanidad estaba destinada a su propia realización se convirtió inmediatamente en un progreso tecnológico en donde lo humano quedó relegado a un segundo plano en nombre de la ciencia. La dialéctica marxista cae, involuntariamente, también en esta trampa al darle una importancia desmedida al progreso científico. La idea de progreso se revela entonces como un aspecto más del sistema de referencias aludido en el epígrafe.

La Escuela de Frankfurt proclamaba que la civilización occidental se cimentaba en una estrategia degenerativa deliberada. Todos los males de la sociedad moderna: decadencia social, crimen, locura, suicidio, neurosis, degradación de las artes, racismo, etc. tienen sólo un responsable y es la sociedad capitalista. La principal característica del Occidente moderno es la voluntad de aplastar los instintos vitales del hombre a través de un control racional y dirigido. Lo que nos lleva a la inevitable conclusión de que el fascismo representa la última etapa del capitalismo tardío o, dicho de otro modo, el capitalismo liberal, último bastión de la tradición Iluminista, contiene desde un principio su germen fascistoide. Esta conclusión puede resultar un tanto menos apocalíptica si le advertimos al lector de este artículo que para Adorno y compañía existían dos Iluminismos. El primero había producido la filosofía humanista racional de pensadores como Hume, Kant y Hegel, así como el espíritu crítico y escéptico de Voltaire. Esta es la Edad de la Razón propiamente dicha, y Adorno y Horkheimer, después de Marx, se consideraban sus últimos herederos. El segundo, en cambio, había generado la obsesión moderna por la ciencia, la tecnología y el número. Este era el Iluminismo de Newton, Condorcet, Bentham y Adam Smith. El problema estriba en que ambos Iluminismos son, en última instancia, inseparables; su relación es dialéctica.

Contrariamente a lo esperado, el marxismo ortodoxo, en vez de brindar un modo de escapar del ascenso de la sociedad totalitaria, produjo su propia forma de totalitarismo en la Unión Soviética. Tanto Estados Unidos como la Unión Soviética eran, para Adorno y Horkheimer, ejemplos de sociedades industriales avanzadas que evolucionaban hacia estados totalitarios gemelos, rígidos e intercambiables. Los principios democráticos liberales y el igualitarismo marxista sólo brindaban una fachada para las elites burocráticas sin rostro que dominaban ambos sistemas. El estado policial era la consecuencia natural de la producción económica occidental; ninguna sociedad industrial avanzada podía mantener el control sin un aparato gubernamental secreto y atrozmente eficiente.

Teniendo en cuenta este panorama, el aporte de la Escuela de Frankfurt a los estudios socioculturales es de una relevancia insoslayable. Las distintas líneas de investigación utilizadas por los filósofos de esta escuela (Materialismo interdisciplinar: 1930-1937, Teoría crítica: 1937-1945, Crítica de la razón instrumental: 1940-1945) conforman un andamiaje crítico no superado hasta el momento, ya que cada nuevo corpus crítico emergente, a ellas de alguna forma se remite. El concepto de dialéctica negativa, en relación a lo planteado al inicio de este artículo, se presenta, sino como un férreo camino de emancipación intelectual, por lo menos, como la íntima revuelta que todo espíritu refractario está obligado a sostener. Así lo explica el mismo Adorno:

“La dialéctica como procedimiento significa pensar en contradicciones a causa de la contradicción experimentada en la cosa y contra ella. Siendo contradicción en la realidad, es también contradicción a la realidad. Pero dicha dialéctica no es conciliable con Hegel. Su movimiento no tiende a la identidad en la diferencia de cada objeto con su concepto, más bien desconfía de lo idéntico. Su lógica es la del desmoronamiento: la figura armada y objetualizada de los conceptos que el sujeto cognoscente tiene inmediatamente antes sí. Cambiar esta dirección de lo conceptual, volverlo hacia lo diferente de sí mismo: ahí está el gozne de la Dialéctica Negativa. El concepto lleva consigo la sujeción de la identidad, mientras carece de una reflexión que se lo impida…La reflexión del concepto sobre su propio sentido le hace superar la apariencia de realidad objetiva como una unidad de sentido. La libertad del pensamiento es el lugar en que éste supera aquello a que a la vez se vincula y ofrece resistencia. Su guía es el impulso expresivo del sujeto.”

La dialéctica entendida como sintaxis y mecánica del progreso burgués acarrea el polvo de un desmoronamiento, los restos de lo que no supo adecuarse a un historicismo que piensa sólo en perpetuar su presente tecnocrático. Contra eso, contra las fuerzas desintegradoras de lo social, contra lo objetivamente impuesto sobre el sujeto real, la dialéctica negativa se alza como una alternativa. La autocrítica social del conocimiento, en tanto conocimiento adquirido dentro del entramado de fuerzas imperantes, supone la única dialéctica plausible.

II

Pero al hablar de ideología no estamos sino hablando de cultura. En este sentido, Marx nos legó la categoría de superestructura para un mejor abordaje teórico de la cuestión. La superestructura, entendida como el conjunto de prácticas y creencias sociales, carece de autonomía, tan sólo se manifiesta en función de los intereses de clase de los grupos dominantes, aquellos que desean mantener un específico orden económico. El concepto reaparecerá en Gramsci cuando acuña el término pensamiento hegemónico y, ya actualizado, nuevamente en Althusser cuando nos habla de los aparatos ideológicos del estado. Esta superestructura muta, evoluciona, hasta alcanzar con la cultura de masas su modelo por de más definitivo. La defensa y difusión de esta seudocultura resulta ser la estrategia más eficaz para disolver la conciencia crítica colectiva y extinguir el anhelo solidario de una sociedad mejor.

El libro Dialéctica de la Ilustración, escrito por Adorno y Horkheimer en 1941 y publicado seis años más tarde, desenmascara la paradójica realidad de esto que hemos decidido llamar modernidad: una Ilustración que tiene como ejes históricos los ideales de progreso, educación e igualdad, termina, con la consolidación del capitalismo industrial, justificando la administración científica que deviene razón instrumental, logrando que el progreso se confunda con la técnica, la educación con la formación de mano de obra capacitada y la igualdad con la uniformidad de potenciales consumidores. Asimismo, en este libro se habla por primera vez de la Industria cultural, calificándola de agente transmisor de ideología. La industria cultural, así como estandariza las manifestaciones culturales reduciéndolas a la categoría de mercancía, también excluye los elementos estéticos e intelectuales que puedan significar una crítica al status quo. Con respecto a esto último, vale la pena recordar la idea adorniana de que el arte es un hecho disruptivo, algo que debe ofrecer una resistencia ética y estética al medio dominante para asegurar su autonomía. A continuación, un significativo fragmento del libro mencionado:

“En la obra de arte, en efecto, el momento mediante el cual trasciende la realidad resulta inseparable del estilo: pero no consiste en la armonía realizada, en la problemática unidad de forma y contenido, interior y exterior, individuo y sociedad, sino en los rasgos en los que aflora la discrepancia, en el necesario fracaso de la tensión apasionada hacia la identidad. En lugar de exponerse a este fracaso, en el que el estilo de la gran obra de arte se ha visto negado, la obra mediocre ha preferido siempre semejarse a otras, se ha contentado con el sustituto de la identidad. La industria cultural, en suma, absolutiza la imitación. Reducida a puro estilo, traiciona el secreto de éste, o sea, declara su obediencia a la jerarquía social. La barbarie estética ejecuta hoy la amenaza que pesa sobre las creaciones espirituales desde el día en que empezaron a ser recogidas y neutralizadas como cultura. El denominador común “cultura” contiene ya virtualmente la toma de posesión, el encasillamiento, la clasificación, que entrega la cultura al reino de la administración. Sólo la subsunción industrializada, radical y consecuente, está de acuerdo con este concepto de cultura.”


III

La filosofía adornaniana sostiene que no hay pensamiento crítico posible sin una expresión que esté a la altura de tamañas pretensiones, es decir, ese pensamiento no podrá presentarse materialmente de la misma manera que como venía haciéndolo la gran filosofía de la Ilustración. Estamos ante lo que él mismo llamó el momento estético de la filosofía, momento que fue esbozado en su trabajo El ensayo como forma. A la forma ensayo le es inherente su propio proceder discontinuo y provisional, si quiere mantenerse fiel a los principios de objetividad por él legitimados, si no quiere sacrificar su función crítica. El ensayismo será entonces una metodología válida por su carácter tentativo, pero, vale aclarar, sin pretender reducirlo a una mera forma estética, ya que verlo así implicaría negarle toda finalidad cognoscitiva. Por el contrario, el ensayo tiene como medio propio el concepto -un uso distinto del concepto- y como objetivo la verdad. Este concepto será expresado fragmentariamente, como una constelación de pensamientos buscando su verdad en la expresión: sólo las constelaciones representan, desde afuera, lo que el concepto oculta en su interior. Adorno toma este procedimiento escriturario de su viejo amigo Walter Benjamin y lo expondrá de modo visible y cabal en su trabajo Minima Moralia.

Los intelectuales del Instituto de Investigaciones Sociales (Adorno, Horkheimer, Benjamin, Marcuse) basaban su crítica general de la cultura burguesa en el Marx de los manuscritos de juventud, pero también en dos pensadores no marxistas. El primero era Sigmund Freud, cuyas teorías permitían a la Escuela de Frankfurt comprender, como dijo uno de sus miembros, “los efectos mutiladores con los cuales la humanidad paga sus triunfos tecnocráticos”. El otro pensador era Nietzsche. Los marxistas ortodoxos habían denunciado al vitalista y elitista Nietzsche como el filósofo del capitalismo. Sin embargo, a fines del siglo XIX algunos jóvenes izquierdistas se sumaron al renacimiento nietzcheano, anunciando que la libertad absoluta del individuo creativo tenía que formar parte de la futura sociedad igualitaria. Los críticos de Frankfurt no acudían a Nietzsche por su mensaje de nihilismo vital y redentor (aquel que sí inspiraría a sus admiradores franceses en el siglo XX, los intelectuales reunidos entorno a la revista Acéphale), sino por su corrosiva crítica a los valores burgueses. Theodor Adorno definió las obras de Nietzsche como “una singular demostración del carácter represivo de la cultura occidental” y dijo que expresaban lo humanitario en un mundo en donde la humanidad se había vuelto un fraude”. Los ataques de Nietzsche contra la lógica y la razón occidentales sintetizaban la idea de dialéctica negativa; su estilo aforístico, el estilo fragmentario que Adorno propugnaba.

El sedimento dionisiaco que hay en todo arte no degradado por la dinámica de cosificación que impera en la sociedad burguesa es otro punto de encuentro entre La Escuela de Frankfurt y Nietzsche. La actual sociedad opulenta ha cambiado el mecanismo de control sobre el individuo orientándose hacia las nuevas necesidades producidas. Un ejemplo de esto es la tolerancia represiva hacia los grupos disidentes, con la cual la sociedad liberal extiende las libertades civiles a sus críticos neutralizando así su oposición. Esta estrategia resta poder a sus ideas, mientras que la censura y el arresto los harían parecer mártires. La actitud preponderantemente anárquica que todo artista moderno no domesticado expone no sólo en sus obras, sino también en su visión de mundo, refleja la idea adorniana del arte como excurso, como ejercicio subversivo llevado a cabo por vías no racionales, lo que equivale a decir por vías simbólicas. El epígrafe elegido de Cortázar resume en cierta medida el punto que quiero señalar. La acusación benjaminiana de la pérdida del aura en las obras de arte seriadas gravita en la teoría adorniana, motivo por el cual Adorno favorece a cierto arte de vanguardia (pensemos, a modo de ejemplo, los casos de Picasso y Schönberg) por considerarlos inmunes a cualquier posible mecánica de reproducción en serie. El arte, en conclusión, tiene su propia finalidad y un lenguaje particular para transmitirla. Es lo que nos indica Adorno en lo que sigue:

“El telos de las obras de arte es un lenguaje cuyas palabras no están incluidas en ese espectro lingüístico normal, ni han sido dictadas por una universalidad preestablecida.”

Foto: Herbert Marcusse
IV


En 1964 Herbert Marcuse publica El Hombre unidimensional, que en gran medida continúa los conceptos vertidos en Dialéctica de la Ilustración. A través de los medios masivos de comunicación, la estructura de poder ha organizado, para su propio beneficio, cada aspecto de la sociedad, logrando triunfos como la declinación de la política como debate genuino y público, la pérdida de la autonomía personal y la mercantilización de los deseos. La sociedad de consumo oculta su naturaleza represiva bajo un sinfín de bienes y servicios, su víctima es el consumidor sin rostro y sin afectos, él es el hombre unidimensional.

Marcuse sirve de enlace entre La Escuela de Frankfurt y los pensadores activistas del Mayo Francés. La conexión existente entre la teoría crítica y el análisis institucional de René Lourau, la reaparición de conceptos como el de sociedades de control en el pensamiento de Deleuze y de Foucault, pero también la defensa que pensadores más contemporáneos como Jameson hacen de Adorno o las visibles coincidencias entre las críticas que Baudrillard le hace a los medios audiovisuales y las observaciones adornianas que hemos detallado, demuestran la influencia, vigencia y actualidad de la Escuela de Frankfurt.

La actual sociedad opulenta ha cambiado el mecanismo de control sobre el individuo orientándose hacia las nuevas necesidades producidas. Un ejemplo de esto es la tolerancia represiva hacia los grupos disidentes, con la cual la sociedad liberal extiende las libertades civiles a sus críticos neutralizando así su oposición. Esta estrategia resta poder a sus ideas, mientras que la censura y el arresto lo harían parecer un mártir. La tolerancia de otros puntos de vista en la era de las comunicaciones masivas revela el rostro de la tiranía política en una forma que quizás sea compatible con el pluralismo de partidos, periódicos, poderes contrapuestos, etc. Ello obedece a que en esta sociedad liberal el totalitarismo no es sólo una coordinación política terrorista, sino también una coordinación técnica y económica no terrorista que obra a través de la manipulación de las necesidades por parte de intereses creados. Mediante estos insidiosos dispositivos, la sociedad de consumo logra construir su propio sistema de control total. El resultado es una cómoda, razonable y democrática falta de libertad.

La única escapatoria, al menos hasta que un tejido social concientizado vuelva a construirse, es el acto nietzscheano individual de crítica, lo que Adorno y Horkheimer llamaban dialéctica negativa y lo que Marcuse, usando un término de los surrealistas franceses, llamó el “gran rechazo”. Estamos hablando de la decisión intelectual de no adherir a los valores y convenciones de la sociedad burguesa, el romántico sueño de usar a la cultura como herramienta de emancipación y no tan sólo como ornamento o discurso vacío.

*Poeta y ensayista

Cultura y Sociedad/Reflexiones-La Red/Sebastián Olaso

La red

¿Hay una diferencia entre lo individual y lo social cuando una parte de la sociedad se maneja por la vida sin tener en cuenta al otro? ¿Qué sociedad ayuda a construir el que no piensa en la sociedad? Y como contrapartida: ¿Qué espacio individual crea el que entiendo que todo lo que hace tiene su consecuencia en la sociedad?

Por Sebastián Olaso*
(para La Tecl@ Eñe)



El 1º de julio de 1974, en plena clase de mi primer grado de la escuela primaria, desde el aula se escucharon corridas en los pasillos. Fue todo muy rápido. Con una agitación que me asustó, la secretaria de la escuela finalmente abrió la puerta de mi aula y le gritó a mi maestra: ¡Elina, Elina, falleció Perón, falleció Perón! La señorita Elina nos pidió que nos quedáramos quietos y salió corriendo detrás de la secretaria. Los chicos de primer grado estábamos en un problema: no conocíamos la palabra falleció. Entre todas nuestras voces infantiles de desconcierto, se alzó solamente una, la de una chica, que dijo con autoridad: Facheció quiere decir que se murió. Así, intercambiando la ll por una ch. No le creímos. Nos pareció que nuestra compañera estaba hablando por hablar. Al rato volvió la señorita Elina, nos confirmó que falleció quiere decir se murió, y nos dijo que se había decidido que volviéramos a casa antes de hora.
Durante mucho tiempo esta escena quedó en mi percepción como parte del pasado. Durante mucho tiempo, también, esta escena marcaba el aprendizaje de una palabra nueva. Y nada más.
Fue en 1982, después de la Guerra de Malvinas, cuando la noción de pasado se me hizo más compleja. Porque comencé a comprender, de un modo muy rudimentario, que hay cosas que no son neutras, que siguen tiñendo los hechos posteriores aunque insistamos en que se trata del pasado. El pasado es una de las cosas más reales que tenemos. Y a la vez, una de las más variables. Tomar conciencia de que estábamos saliendo de una dictadura hizo que mi percepción de la dictadura fuera diferente. Me modificó el pasado: Aquel helicóptero que estacionó una mañana de 1978 en la canchita de rugby frente a la escuela. Aquellas maestras que nos dijeron que fuéramos a mirar. Aquel señor uniformado que se bajó del helicóptero, nos dio un beso a cada uno y nos dijo que estuviéramos tranquilos porque en el país había gente como él que nos cuidaba. Aquella queja de mis (y algunos otros) padres frente a las autoridades de la escuela por llevar a los chicos a la canchita de rugby. Todos estos recuerdos pasaron a ser otra cosa. El pasado ya no era el mismo. Cuando tiempo después entendí que las Abuelas de Plaza de Mayo no eran las madres de las Madres de Plaza de Mayo, sino que tenían una lucha diferente con el mismo origen, comencé a comprender que la dictadura había terminado en el aspecto formal, pero que ese pasado estaba condicionando el presente. El presente, escribí, y ya no estoy tan seguro de haber dado con la palabra correcta.
El presente es una entidad escurridiza, una entidad de la que resulta casi imposible determinar los límites. ¿El presente es ya mismo, es también dentro de quince minutos, es también hace una hora? La respuesta depende de tantos factores, tan diferentes entre sí, tan subjetivos a veces, que nos enredamos en nuestra propia visión. En términos individuales, para muchos, el presente coincide con la situación personal, con el trabajo, la pareja, el lugar donde se vive, los amigos que se frecuenta; un presente que dura años, décadas. En términos sociales, el presente puede tener que ver con enfoques y decisiones políticas, con el grado bienestar o malestar que excede el ámbito de la intimidad. Pero la diferencia entre individualidad y sociedad también tiene zonas grises muy amplias. Basta con mirar a nuestro alrededor. Lo social y lo individual, ¿están escindidos siempre, a veces o nunca?
¿Hay una diferencia entre lo individual y lo social cuando una parte de la sociedad se maneja por la vida sin tener en cuenta al otro? ¿Qué sociedad ayuda a construir el que no piensa en la sociedad? Y como contrapartida: ¿Qué espacio individual crea el que entiendo que todo lo que hace tiene su consecuencia en la sociedad?
Entonces, el pasado, el presente, lo individual y lo social tienen en común estas preguntas. Forman un entretejido difícil de analizar. Y es que, quizás, en la mayoría de los casos, las zonas grises dominen la trama.

Y esto se ve bastante claramente en las religiones. Cuando las religiones hablan sobre el origen, lo que le importa al creyente no es tanto ese de dónde venimos, sino el hacia dónde vamos o el qué sentido tiene que estemos acá. Que les hablen del pasado no los ayuda tanto a estar tranquilos. El Génesis bíblico no ayuda tanto a los creyentes por revelar un origen. Los ayuda a ubicarse en perspectiva hacia adelante, a estar tranquilos acerca de cuál será su destino. La meditación zen, ya sabemos, no busca la armonía interior en sí, por sí y para sí, sino que entiende que la armonía hacia adentro se derrama hacia el universo.
Sin embargo, no importa cuánto digamos. Las ideas de presente, pasado, futuro, individualidad y sociedad están en nuestro discurso y creemos entenderlas. Aunque la Argentina de 2011 muestre que es lo que es porque fue lo que fue en cada momento anterior, muchos seguirán creyendo en la caducidad del pasado.
Aunque seamos la suma de las personas que nos concibieron, nos acompañaron, nos decepcionaron, la suma de nuestros propios errores y aciertos; aunque lo que nunca conozcamos, las personas que nunca conozcamos, los lugares que jamás visitaremos, las preguntas que jamás nos hagamos también sumen para que seamos lo que somos, muchos seguirá creyendo que el espacio individual está escindido del afuera.
Es probable que yo nunca me encuentre a mí mismo. Es probable que por momentos ni siquiera me busque. Pero sé que estoy lleno de inscripciones que me modelan de algún modo. Si crecer en una dictadura me ha dejado una inscripción, esa inscripción jugará algún papel en mis momentos de soledad. Y también sé que si algún día paseo por las calles de Bangkok o de Managua tendré inscripciones nuevas; por lo tanto, no tener esas inscripciones no es neutral. Somos (en presente) la suma de lo que absorbimos, de lo que no absorbimos todavía y de lo que nunca absorberemos. Somos esa suma aquí y ahora, en la calle y en la cama. Y mañana, el año que viene, dentro de veinte segundos, la cifra cambiará.



* Escritor y poeta

Cine/POR UN CINE DE LA URGENCIA/Goyo Anchou

POR UN CINE DE LA URGENCIA

“La poesía está en los hechos” (Oswald de Andrade)

Por Goyo Anchou*


(para La Tecl@ Eñe)



La realidad de América Latina dicta circunstancias específicas que afectan negativamente la percepción general que una sociedad posee de los mecanismos establecidos para la regulación de las masas. El beneficio único de conformarse es allí la miseria; la necesidad de dinamizar los pensamientos sobre la realidad, urgente. La propia posición de un artista está impregnada con esta urgencia. La necesidad que tiene un cinematografista de dinamizar los esquemas perceptivos propiciados a través de los medios de comunicación para las masas, es vital. Así contribuye a la solución de los problemas profundos de una nación. A estos efectos, la práctica exige una manipulación consciente de las maneras en que la realidad material se mestiza con los ideales que la conjuran desde el acervo cultural, incluido el Modelo de Representación mismo que coloniza la percepción de las personas. El lenguaje es una cuestión ideológica y la pregunta contiene las respuestas, así como el veneno contiene al suero. No es necesario entonces descartar hitos lingüísticos tales como guión, intertítulos, argumentos, personajes y plano/contraplano (tan útiles en tantos casos), sino de rejerarquizarlos por debajo del registro inmediato de la vida. La reorganización de la realidad que implica el proceso de montaje es deducida de este registro. La protoestructura artificial del guión actúa en primer término como estímulo para la generación de situaciones en la realidad y como marco para su reestructuración orgánica en el último. El estímulo principal para la creación es la solución de los problemas en la miseria, munidos de un intenso impulso de comunión con lo material. Cuanto más humilde es la factura, mayor es su valor como testigo de la era; “un cine perfecto es inmoral en un mundo imperfecto”, decía Fernando Birri. La construcción de estos nuevos lenguajes servirá de vehículo para la expresión de una verdadera diversidad perceptiva, que asegure la tolerancia sin la cual se neutralizan las expresiones originales. El centro es el margen.




*Cineasta. Director de La peli de Batato (2011)

Poesía/Poética de la Intemperie/Alberto Szpunberg

POÉTICA DE LA INTEMPERIE


Por Alberto Szpunberg*
(especial para La Tecl@ Eñe)



"Poética de la intemperie". Es lo más esencial que ahora puedo decir, en tiempos de una humanidad castigada por tanta destemplanza" Alberto Szpunberg



Ilustración: Paseo Imaginario. Aníbal Cedrón




Dark Blue Circumstance. Paul Dresher.

1.

A la intemperie de sí misma la poesía siempre:
la palabra desgarrada hasta sílabas tan íntimas,
que la madrugada se anubla entre las piedras
y la desmesura mata de muerte arrodillada,
agujero de una boca desdentada, abierta,
como un techo desfondado en el incendio,
el estrépito de las tejas, el desconcierto del retrato
volado desde los estantes al vacío, vidrios rotos,
la pesadez del humo entre las vigas calcinadas.


2.

Nada distingue el barro de la sangre, ya nada,
ni los huesos que insisten desde el fondo de la tierra,
ni la presilla de la chaqueta, el costillar, digamos,
ahí donde amores súbitos alentó un suspiro, Salgari,
un calcetín olvidado del otro, un lápiz quebrado,
y su escritura –esta misma– disuelta bajo lluvias
que no cesan, sesgadas, desde ningún cielo.


3.

¿Qué crece del corazón bajo las piedras,
entre yuyos despeinados por el viento,
si no la pequeña flor de una primavera salvaje?
Imperceptible, como el venirse de una hormiga,
su latido trepa por la palma de la mano
con una mota de verde a las espaldas.

4.



Si cierro la mano, basta un segundo, ni siquiera,
para borrar, despiadado, millones de años:
no es el puño, jamás, la medida de la siembra.
Dulce, en cambio, el rocío que curva la hoja, el aire
que agita la delicada felicidad estremecida.


5.



En el hueco del hambre cabe el odio, desgarradas
las telas, sofocado el secreteo del aire entre las ramas,
torpes las risas infantiles en el caserón vacío.
¿Qué sombra se asoma a un ventanal que sueño,
meciendo un libro antiguo con las hojas en blanco?
Alguien saca la mano para ver si el mundo aún llora
y advierte allá abajo lo que ocurre, pero es tarde.


6.

Te veo venir en el dulce estar de la tarde
como un ocre de alas tendidas que se posa:
mirarse a los ojos, atreverse ahora en voz alta,
dejarse en la quietud de estas palabras, el lento
placer que nunca será el último ni tampoco el mismo:
¿de dónde este temblor de valsecito que me invita?
¿en qué nube perdida, de la que nadie sabe nada,
me desvanece como un ligero adiós que ya fue?

7.

No taches ese día en el almanaque de la cocina
donde cada mancha podría ser una historia diferente,
la humilde, la intrascendente, la verdadera historia:
bajo la lámpara sin tulipa que cuelga del techo,
no queda más que un revuelo incesante de preguntas.

8.

Después, verde el trazo de las huertas, la tomatera,
y el ladrido que, a lo lejos, siempre halla respuesta:
el refusilo que anida en la nube, la buena vida,
hoy o mañana, contra los techos de tejas a dos aguas,
allá donde los pinos, "¿vio?", tras los muros encalados,
donde hace tiempo que ya nadie escribe nada.
"¿Para qué tamañas verjas si de ahí nadie se escapa?",
y encima negras, negras y esmaltadas, y la grapa, certera.

9.

Horizontal me iré y desde abajo hasta en la muerte,
no como un sueño eterno sino como una larga siesta,
de la que cuesta salir, decidir otra vez y levantarse:
quedan los libros, esos que, en tiempos muy duros,
en otros entierros se llovieron al fondo del terreno,
y el mate de virola, que seguirá de mano en mano,
dándole vueltas a lo que, sabemos, no tiene arreglo.

10.

Los rayos de sol que se filtran por la persiana
tensan cuerdas doradas sobre la pared del fondo:
cuchichean en la calle y la sombra de unos pasos
rasga los rayos como una mano apresurada
que arranca un acorde de pura incertidumbre.

11.

Hay un niño que tiene miedo sin saber por qué
y el domingo que avanza hacia al desamparo de la tarde,
como si alguien quebrantase el juramento de la siesta:
tan lejos, tan lejos el encaje de la espuma del mar.


12.

No por no saber qué hacer que nos perdonen:
Dios no juega a los dados, juega fuerte a las leyes
desde cielos que ni siquiera inspiran nuevos asaltos:
la poesía, en cambio, asunto nuestro, es la intemperie,
palabras que se imantan y rechazan en qué vértigo,
echadas a rodar de un golpe, como si supiésemos.

13.

Todo poema corre el riesgo de ser rito: no te entregues,
no dejes que el valor de cambio decida tus plegarias,
sino ese estallido de luz triste en plena mirada, ese candor
de quienes tartamudean, azarosos, un lenguaje imposible.

14.

Se me mezclan otras voces en este infame desahucio
y tu nombre me suena pero no sé de dónde, no te ubico:
acaso un violín desafinado, carcomido por la sal,
por el estrepitoso derrumbe del mar en la playa.

15.

Aunque tejida con los hilos de las primeras lluvias,
no beses ninguna bandera, sino sólo los labios húmedos
de quien abreva en la humilde humanidad de la tarde,
de quien te invita al más íntimo abrazo, el de la tierra.

*Poeta

Poesía/El poeta palestino/Vicente Zito Lema

El poeta palestino

Por Vicente Zito Lema*
(especial para La Tecl@ Eñe)



Agradecemos el poema que Vicente Zito Lema escribió especialmente para la edición Aniversario 10 años de La Tecl@ Eñe.




Ilustración: Aníbal Cedrón








El poeta palestino carga el dolor en el fondo
de sus huesos, el espanto entre ceja y ceja;
la tumba de los niños es su última mochila…
El poeta palestino es un ser obstinado,
no le pide flores al pasado…

El poeta palestino lleva su patria en los
ojos, como si fuera el sol o el arcoíris,
O sea que su patria es ahora un cielo
y nadie se la podrá usurpar…
y aunque lo persigan
las nubes doradas saben protegerlo…
también su desierto tiene aguas de rosas…

Son veloces las nubes / como caballos, y alegres en su belleza…
Se desnudan inocentes, por más que se tuteen
con la muerte…
Igual que el muchacho sobre la colina
que carga y descarga su viejo fusil
en la noche que arde…
sin tregua… bajo la luna de luto…

El poeta palestino lleva su patria
en la boca,
porque siempre hay un momento
para besar…
El poeta palestino se inclina sobre
su tierra… y la acaricia… mientras pasan
las lluvias y las sombras…
Por más que nos persigan y nos maten
-le dice al cielo, le grita al mundo-
mi patria nunca será una sepultura abierta…
Hemos nacido para la vida / y lanza
su risa al viento el poeta palestino…
y piensa en la mujer que mañana mismo
temblará en sus labios…

Bajo la noche estrellada por miles de años,
el poeta palestino se despide,
la vida día a día
es el exilio de la vida…
Adiós, madre, prometo que cuidaré tus flores,
La guerra, este martirio de los niños, más que
un infierno es el mar del laberinto:
Se sale hacia adelante…

Adiós, madre, no temas… me entrego
al viento…
Mi alma es un navío…
La patria es tu susurro que me besa…

*Poeta y periodista

Libros/Ricardo Carpani: Arte y revolución/Por Rubén Liggera

Ricardo Carpani: Arte y revolución

Por Rubén Liggera*
(para La Tecl@ Eñe)

“Si mi poesía no sirve para cambiar la sociedad, no sirve para nada”
Roberto J. Santoro



Consustanciado con la época, algo semejante a lo expresado por el poeta dirá su contemporáneo, el pintor Ricardo Carpani:”Simplemente declaro mi convicción de que sólo puede ser un arte [el latinoamericano] afirmativo, comunicativo y abierto, exactamente lo opuesto a todo subjetivismo introspectivo, cerrado, ombliguista y enfermizo. Un arte revolucionario en su contenido y en su forma, pero en el único sentido legítimo que tiene esta palabra: su sentido social y humano, y por lo tanto político. Pues solamente el hombre, socialmente considerado, da la dimensión revolucionaria. Nada se revoluciona si simultáneamente no se revoluciona la realidad social íntegra” (Arte y militancia, Bs. As., 2010; pág. 25. N de la R: las itálicas son del autor) Pero, con las disculpas del lector, merece la pena continuar con el pensamiento de Carpani:”Las `revoluciones ´estéticas, formales, parcializadas en el puro lenguaje y/o cerradas en sí mismas y ajenas al entorno social general, son meras ´revoluciones ´de laboratorio aséptico, mero cambio inesencial, experimentación por la experimentación, bloqueada sin salida en la pura abstracción.
“La verdadera revolución es concreta: son los hombres, la sociedad, quienes cambian; y es abierta: abarca la totalidad de la realidad e implica un cambio cualitativo, una superación de ésta.”(Ibíd.)
Luego del vendaval neoliberal la reedición de este ensayo de Carpani, Arte y militancia, editado por primera vez en España en 1975, se da en un contexto favorable para el debate ideológico sobre el arte y la cultura. Sus 87 páginas prologadas por Norberto Galasso despliegan un razonamiento desde lo general a lo particular. Su método de análisis es el pensamiento dialéctico del marxismo pero a partir de las realidades nacionales latinoamericanas. Al igual que el trabajo manual, en el sistema capitalista el trabajo del artista está alienado, por eso, luego de la desaparición del arte burgués- el “arte-mercancía”- desconectado e incomunicado con la sociedad, “…el camino hacia la realización del arte pasa por la recuperación plena de la función social a la que históricamente está destinado y determinó su aparición” (pp.27-28) Este será el tema central de su pensamiento. Luego del triunfo del proletariado”…el arte-lo estético- se irá reabsorbiendo en la realidad, es decir, en la vida concreta de los individuos”(p.31) Este “nuevo arte” fue, es y será el desvelo de numerosos artistas y pensadores del siglo pasado:¿cómo recuperar esa “función social” del arte?¿cómo hacer que los artistas pasen a formar parte indisoluble de sus sociedades, compartiendo destino?¿Cómo convertir a las grandes masas en protagonistas del quehacer artístico?¿Cómo se liberarán el arte y el trabajo?
Pero además de reflexionar sobre el arte y sus destinatarios, Ricardo Carpían lo demostró con su propia trayectoria pictórica.

Luego de recibirse de abogado fue alumno tardío de Petorutti en 1952, fundador del Grupo Espartaco (Carpani, Sánchez, Mollari, Sessano, Butte, Diz y Di Bianco), sus tareas artísticas tuvieron, desde 1961, estrecha vinculación con las luchas obreras. En 1964, funda la revista Programa, con Alberto Belloni y Rubén Bornik. Un año después, ilustró con poderosos dibujos una edición popular del Martín Fierro: "Había que mostrar algo que el sistema ocultó sistemáticamente en la obra de Hernández: el gaucho perseguido por el aparato político."
Entre 1968 y 1972, junto a Rodolfo Walsh y otros intelectuales y militantes sociales, participa de las luchas de la combativa CGT de los Argentinos escindida de la oficial de la calle Azopardo. La lucha contra la dictadura de la Revolución Argentina (Onganía-Levingston-Lanusse) y el anhelado regreso de Perón lo encuentra junto a los trabajadores que protagonizaron el “Cordobazo” y otras rebeliones populares. Como militante político y como artista. En este período Carpani no solamente pintará murales para los sindicatos a cambio de la provisión de los materiales sino que también realizaría afiches políticos con sentido artístico: “Cuando se reestructura la CGT, creo que es en el '63 - con José Alonso como Secretario General, después de la Revolución Libertadora- surge el primer movimiento de protesta. Alonso me manda a llamar y me pide que haga el afiche, y ese primer afiche ´Ya Basta`, tuvo una gran repercusión, era la primera vez que se incorporaba una imagen artística a una causa concreta de lucha para los obreros. En general, los afiches se hacían solamente con texto o eran encargados a agencias de publicidad que les daban un estilo convencional publicitario. Por primera vez se incorporaba una imagen no convencional, y además con un fuerte contenido expresionista, en fin, tuvo una gran repercusión y a raíz de eso hice varios afiches más: el del primer aniversario de la desaparición de Felipe Vallese, otro sobre el segundo aniversario, otro sobre la desocupación, otro con el programa de la CGT de aquella época. Pero ya empezaba en el '64, todo el proceso de burocratización de la CGT histórica, entonces me abro, pero sigo colaborando a nivel de organizaciones obreras de base, con la resistencia peronista, trabajando ideológicamente, escribiendo, militando. Cuando surge la CGT de los Argentinos, creo que es en el '68 en el Congreso de Huerta Grande, con Ongaro, ahí me ligo de nuevo con el movimiento obrero organizado y empieza la etapa más intensa de colaboración, de trabajo gráfico y político, panfletos... en fin, incorporar la imagen artística a las reivindicaciones concretas de los trabajadores” (Fuente: HIJOS Rosario, Revista Pedro Rojas, 1996, en
www.elortiba.org)
El golpe militar del ´76 lo obligó a autoexiliarse en Europa donde se hallaba. Al regresar, la realidad nacional será muy diferente:”De manera que esta realidad no la podes encarar con la misma imaginería, con la misma gráfica de aquella época, (…) El humor, la ironía y el sarcasmo son también armas críticas revolucionarias y hay que tratar de emplearlas, y bueno, en eso estoy. Si ustedes ven mi obra plástica de hoy en día están mezclados esos elementos, no son los obreros protestando y gritando porque ya no existen, en cambio hay un análisis crítico, la incorporación de la jungla como metáfora de la sociedad, en fin, todo un proceso que comenzó en el exilio. Hay una nueva imaginería, lo cual no quiere decir que se anule la anterior, sino más bien que se la complementa y profundiza. El arte auténtico es el que responde necesariamente a la sociedad de la cual surge, y que constituye una respuesta reactante con esa realidad, para mí ese es el único arte que tiene importancia” (Entrevista citada arriba)
Ahora luchará por la recuperación de la memoria histórica y la reivindicación de la democracia”…porque después de todo la democracia burguesa nos permite actuar políticamente”, expresó a H.I.J.O.S, pocos meses antes de su muerte el 9 de septiembre de 1997, a los 67 años. Incluso se atrevió a manifestar la necesidad de revisar el concepto marxista de “lucha de clases”. Es que en los ´90 ya no hay obreros industriales sino exclusión social: “ Este es el desafío que presenta el momento, porque la propia marginalidad tampoco se vislumbra a sí misma como un factor social de cambio, ni mucho menos, al contrario, es un factor ideológicamente hasta reaccionario. La pobreza no crea conciencia, la pobreza crea pobreza ideológica”. (El subrayado es nuestro)
Dejemos esta extensa digresión que nos sirvió para comprender al personaje y su época y volvamos al libro que nos ocupa.
Luego del tratamiento de la alienación y desaparición histórica del arte, decíamos: lo general, pasa a la discusión del arte “europeizante”en América Latina; arte nacional y militancia (“No hay pues modelos formales a copiar, ni estilo alguno a seguir, oficializándolo como arte oficial latinoamericano. El único modelo es la realidad social concreta y viva en su especificidad, a la cual el arte para ser nacional, debe adaptarse, siempre, en función de los criterios de eficacia comunicacional”, tengamos esto en cuenta); finalmente, la propuesta concreta: los talleres de militancia plástica de base. A esto queríamos llegar como lectores. Queríamos saber cómo se cerraba el círculo del pensamiento carpaniano. Arte más inserción en la clase obrera más producción “desde ella y para ella en función de sus necesidades y objetivos políticos liberadores” más “priorización de la eficacia comunicativa social del mensaje artístico” más función social del arte igual a prácticas nuevas (pp.77 y ss.)
¿Acaso un “realismo socialista” latinoamericano? De ninguna manera. En estos talleres populares se desarrollará primero una “tarea estrictamente política”, colectiva, acerca de la hegemonía política, social, cultural y artística de la clase obrera y luego, “desde las bases la incorporación de la imagen plástica a la lucha política revolucionaria”. Los pasos serán los siguientes: 1) cuestionamiento los moldes estéticos vigentes, 2) poner al arte en contacto con la clase obrera y el pueblo, 3)elaboración artística de la conciencia colectiva siendo reconocidas por las masas, 4) profundización de la actividad militante en la realización de un arte nacional simultáneamente con la realización del proyecto nacional y social y 5) como actividad complementaria, ayudar a la objetivación de su propia cultura, “en nuevas imágenes depuradas de todo vestigio elitista, y por tanto, colonizado”(p.81)
No se trata de hacer participar a la gente de los barrios en obras murales sin un objetivo preciso, intrascendente, sino en la “elaboración de imágenes dignas y calificadas, para comenzar posteriormente a desplegar la imaginación y la creatividad populares a partir de una base lo más sólida posible” (pp.83-84)
Es posible entonces recuperar el arte y sus mecanismos para transformarlos en el gran arte, el arte de todos, no como apología de un régimen o de un partido político sino para dotarlo otra vez de su función social desde una visión propia, nacional y popular.
Los mismos miedos, las mismas dudas, la misma alegría, la misma lucha, los mismos sueños, pero ahora, compartidos, fuera del mercadeo de las galerías y de la restricción de los museos.

Al pintor Rubén Pío Soberano, in memoriam.

*Poeta y Periodista. Dtor. del Suplemento Cultural del diario La Voz de Junín, Pcia. de Bs As

07 agosto 2011

Crucifixiones II: Horacio González. Otra cabeza debe rodar.

Crucifixiones II: Horacio González. Otra cabeza debe rodar

Por Conrado Yasenza

Las usinas ideológicas del partido de los massmedia no cejan en su cruzada incansable contra la circulación de opiniones, pensamientos, enfoques políticos, miradas ideológicas y trayectorias personales. La máquina voraz de capturar represivamente palabras y opiniones está desplegando con torva decisión su funcionamiento en este tiempo de elecciones y puesta en juego de proyectos antagónicos de país. La parábola del ataque mediático parece imparable, y la batalla desigual. No alcanza, aunque es de relevancia en la disputa, la aparición de diarios como Miradas al Sur o Tiempo Argentino, que se suman a la orfandad en que hasta no hace mucho tiempo atrás se encontraba Página 12. De todos modos, el poder económico que detentan las corporaciones y empresas de medios de comunicación agrupados en la tríada Clarín, La Nación y Perfil, implica una manifestación fáctica de la especificidad que se develó en todo su potencial a partir del 2008 pero que siempre operó en las posibilidades de desarrollar proyectos políticos en la República. Allí está, se puede buscar, el maravilloso libro de Eduardo Blaustein y Martín Zubieta, “Decíamos ayer. La prensa argentina bajo el Proceso” en el cual se reproducen los textos, las columnas de opinión, las tapas de lo Grandes Diarios y a través de las cuales se puede constatar lo que los medios dijeron, ocultaron o tergiversaron durante la última dictadura militar. Por otro lado, pero en concordancia con la breve descripción del poder de fuego massmediático, ya fue mentada en diferentes artículos la frase “Ningún Gobierno soporta tres tapas negativas seguidas de Clarín”, que hoy resulta axiomática pero que marcó el destino del país con total impunidad durante más de cincuenta años. También hay que recordar el deseo confesado por Claudio Escribano en su artículo publicado en La Tribuna de Doctrina, a días de la asunción de Néstor Kirchner, y los condicionamientos impuestos para la gobernabilidad que el mismo texto contenía, atribuidos por el autor a fuentes foráneas, precisamente de Estados Unidos: “La Argentina ha resuelto darse gobierno por un año”

La ofensiva recrudeció en estos últimos meses ante la posibilidad de un nuevo mandato presidencial, luego de Octubre, para la Presidente Cristina Fernández de Kirchner. Y las opresivas operaciones de prensa comenzaron a inundar la percepción de realidad de la ciudadanía: El caso Shocklender – el avenegra corriendo a dar su primer reportaje a las oficinas de Clarín - y el ataque artero a Hebe de Bonafini; el escándalo en el INADI; el vergonzante pedido de disculpas exigido a Estela de Carlotto y la intención de enlodar la tarea de Abuelas de Plaza de Mayo; la tergiversación de los dichos expresados por Tati Almeyda, de Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora, y por Pérez Esquivel del Serpaj y Premio Nóbel de La Paz. En estos días - y continúa ya que mañana aparecerá una brutal tapa de revista del socio menor en la tríada, Perfil – el canallesco ataque al Juez de La Suprema Corte de Justicia, Dr. Raúl Zaffaroni, atribuyéndole la comisión de un delito que jamás cometió, más allá de que los detractores políticos de toda figura a la que pueda asociarse con el Kirchnerismo sostengan que las denuncias son serias y existen desde el 2009.

Y como último y reciente objetivo en la cadena de crucifixiones públicas que lleva a cabo el Imperio, el vil intento de caracterizar al Director de la Biblioteca Nacional, Horacio González, prestigioso y necesario pensador de los grandes núcleos temáticos y discursivos del desarrollo de la vida nacional, además de intelectual históricamente comprometido en la búsqueda de una sociedad más justa y libre. De pensamiento crítico amplio, siempre dispuesto a escuchar la voz y opinión del que piensa distinto pero enérgico a la hora de dejar en claro su posición cuando se ataca, mediante todo tipo de operaciones mediáticas sostenidas en la injuria a los Organismos de Derechos Humanos, corpus ético, reserva moral de la República y poder simbólico para restañar heridas profundas, daños inconmensurables realizados sobre el cuerpo individual y social de nuestro país.

Hoy la intención de disciplinamiento, a través del miedo, es ejercida contra la figura pública de Horacio González. Y van por él, sin duda. Ha dicho su palabra sin romperse pero ha roto el cerco tendido sobre la organización de la vida social a través de las estetizaciones y montajes realizados por los aparatos ideológicos de las corporaciones mediáticas. Y esto es imperdonable; merece el cadalso, la cruz que se le aplica a los herejes y allí está entonces el editorial – el malicioso oficio del escriba que sin dar el nombre configura la posición, la opinión del diario – del diario La Nación, el pasado martes, donde se caracteriza la gestión de González al frente de la Biblioteca Nacional, como una dirección carente de valía frente a las figuras de Groussac y Mármol, ciegos ellos que miraron los destinos de La Patria en la dirección deseada según la tribuna de Doctrina. Hay en este primer párrafo ya una descalificación grosera de la valía y la mirada sobre el mundo y La Nación que González ha desarrollado a lo largo de una prestigiosa trayectoria como docente y ensayista. Pero cabe la posibilidad de que el editorialista del diario La Nación no haya leído nunca un libro de González. Al diario, al editorialista, y humildemente, le recomiendo “Restos Pampeanos”.

Pero continúan: Horacio González, según la opinión del diario, ha perdido la amplitud de criterio, rasgo éste que identifica a “sus compañeros de militancia” ¿Quiénes son estos “compañeros de militancia”? ¿El colectivo abierto, que parece que los medios han descubierto hace poco tiempo y a través de YouTube, conformado por intelectuales, militantes sociales, colectivos culturales, que se permiten el acuerdo y la discusión? ¿La Cámpora? ¿El núcleo duro y rabioso del Kirchnerismo? Ya no importa. González ha perdido la amplitud de criterio y esta aseveración viene a reforzar la idea lanzada durante el episodio Vargas Llosa: la mácula del pensamiento autoritario y censor fue expandida sobre la trayectoria y vida de uno de los seres más libres con los que cuenta el pensamiento nacional. Así de fácil, una frase lanzada sobre la barca y conducida por Caronte hacia algún círculo propicio del infernal mar de las construcciones de sentido público. Listo. González será un furibundo, rabioso y autoritario militante Kirchnerista.

Pero hay más, la estocada final: Sugiere el editorial que González está cansado, abatido, que ha perdido la capacidad de analizar sus dichos desde los Manuales de Táctica Política, y esto es perjudicial para la imagen presidencial – hasta pareciera que súbitamente se sienten preocupados por la imagen de la Presidenta – que ya tuvo que tomar distancia de González, con lo cual quedó “más aislado ante el mundo” !! He aquí el epílogo del drama, la culminación del acto pergeñado por el diario La Nación, en una burda emulación shakespereana: Debe rodar la cabeza de González. Ya no puede pensar lúcidamente, y para mal de males, ha osado abrir al pueblo el auditorio de la Biblioteca Nacional, transformando el patrimonio cultural de “todos los argentinos”? en un comité propio. Fin de esta escena: El tiránico intelectual kirchnerista de visión reducida, no hasta el límite de la ceguera pero sí para encorsetar su antigua amplia mirada, ha tomado por asalto el patrimonio cultural del país transformándolo en una Unidad Básica.

Pero también el intelectual de gabinete ha arremetido contra - he aquí la paradoja disfrazada de amplismo para intentar desideologizar la mirada del diario y convertirse en defensor público del gusto popular – el desembarco de figuras del espectáculo a la arena política. Y allí aparece camuflado, quizá hábilmente y en un intento por invertir la carga de la prueba – el ancestral odio de clase a la figura de Eva Perón, quien tuvo el tupé de conquistar al general desde las tablas para convertirse en la abanderada de los pobres y, entre otras tantísimas y más importantes acciones, desactivar la Sociedad Argentina de Beneficencia. ¿Habrá influido en la decisión de escribir este párrafo la inauguración de esa maravillosa obra de arte realizada por Daniel Santoro sobre el Ministerio de Obras Públicas, y en el medio de la Avenida más grande del país Granero del Mundo?

Otra mendaz falacia: Las opiniones vertidas por Horacio González no atacan al gusto popular ni condenan el arribo de figuras del espectáculo al ámbito del ejercicio de la política. Todo lo contrario: Lamenta González que la nueva figura del espectáculo devenido en político, Miguel del Sel, lo haya hecho... ¡negando la política! Recurriendo al remanido argumento de “no vengo a robar con la política porque para vivir tengo mi actividad privada” como si la actividad privada fuera el paraíso de los trabajadores honestos. Reflexiona González que la campaña realizada por Del Sel fue sostenida por este imaginario falaz y perverso de “ no prometer nada que después no cumpla” – estigmatización de la política que cala hondo en el sentido común de aquellos mismos que votaron en una compulsa democrática y política al humorista que no sabe nada de política porque es un trabajador, un profe de gimnasia devenido en actor cómico -, de “no entender nada de política” y presentarlo como un valor en aquel que por una hora se entusiasmó con ser Gobernador de Santa Fe. De un humorista sencillo y querido por el pueblo que se manifiesta abiertamente antipolítico pero se presenta a elecciones democráticas y luego sostiene con vigor que su candidato a presidente es Eduardo Duhalde y agradece el generoso apoyo del aparato político del ex caudillo de Lomas de Zamora. Toda una definición política de la antipolítica, ese oscuro objeto del deseo.

Es por todo ello que las usinas mediáticas lanzaron ese agraviante editorial, falsamente arropado de republicanismo y amplitud de mirada, contra la figura, potente, reflexiva, política, de Horacio González, que para agregarle un dato más a este humilde intento de desmontar otra más de las operaciones político-económico-mediáticas a las que asistimos, es amigo de Fito Paez, el músico que dijo su sentida palabra y fue destrozado en las guillotinas de Papel Prensa.

De todos modos creo, y quizás se leerá esto como cierta ingenuidad de mi parte, que las operaciones que se han gestado no se sostendrán en la percepción pública de la realidad porque su origen es falaz y malicioso, pero también creo que deberemos estar alerta a los ataques por venir para desactivarlos dando testimonio en los momentos en los que haga falta hacerlo.

Conrado Yasenza

5 de Agosto de 2011