02 septiembre 2011

Entrevista a Osvaldo Bayer: Etica y socialismo, puntales de una verdadera democracia/Por Conrado Yasenza

ENTREVISTA A OSVALDO BAYER

Osvaldo Bayer: Etica y socialismo, puntales de una verdadera democracia.

Recibo con gran alegría desde Alemania el siguiente correo:

Don Conrado: gracias, tal vez su paciencia se ha agotado. Mis 84 años me siguen traicionando en cuanto a capacidad de trabajo. Pero le propongo una solución. Regreso el 15 de agosto, es decir, de este mes, a Buenos Aires. Si usted me llama nos encontramos y usted me hace un reportaje en vivo Espero acepte. Un abrazo, Osvaldo

Don Yasenza Paciencia – rimado, me dice – es el apodo que me ha colocado Osvaldo Bayer ante mis solicitudes de una colaboración para la revista. Y a mí me da mucho pudor: El portador de una inmensurable paciencia y generosidad es él.

Volver a El Tugurio, la casa familiar de infancia de Osvaldo Bayer – la autoría del nombre es del inolvidable Osvaldo Soriano, y en la puerta de entrada, del lado que da a la calle, Bayer ha colocado hace años un cartel fileteado en homenaje a Soriano- es siempre una experiencia maravillosa que combina la gran hospitalidad humana de Bayer con la potente imagen sensorial de una casa tomada por los libros, las fotos, entre ellas varias de la “mujer más bella del mundo”, Marlene Dietrich – aquella de El ángel azul –, los retratos y cuadros hechos a Don Osvaldo (es impresionante el que ha pintado su nieta. Impresionante por sus dimensiones y por los detalles de observación sobre la figura de su abuelo, captados y plasmados en el cuadro), y los trofeos recibidos desde el Club de sus amores, Rosario Central, y la Asociación Canaya Latinoamericana – sí, Canaya, como lo escribió el gran Fontanarrosa, puntualiza Bayer.
Nos sentaremos en torno a la pequeña mesa circular de la habitación central, la que contiene los libros en alemán, y Bayer, como lo prometió cuando lo llamé para combinar la entrevista, servirá dos whiskys. Durante un largo rato, y antes de comenzar el reportaje formal, charlamos sobre Soriano y recordamos la famosa anécdota de la discusión en torno al militarismo o religiosidad de sus respectivos clubes: Bayer le dirá a Soriano que el suyo lleva por nombre a un Santo – No es por el Santo, se defiende Soriano; es por el Combate.

- Peor!! – le espeta Bayer – militarista -; y la réplica de Soriano, al otro día, imputará el adminículo con el que los fieles rezan, insignia del equipo de Bayer, a quien debería darle vergüenza, según Soriano.
Estarán presentes también Rodolfo Walsh, Paco Urondo y Haroldo Conti: “Rodolfo Walsh, la generosidad con anteojos, como le decía siempre. Paco Urondo, el poeta aristócrata más socialista que yo he conocido. Haroldo Conti, el poeta del Delta, ¡ Qué poeta! Cuando conversábamos él hablaba siempre del Delta y en sus ojos yo veía correr el río Paraná”
Se hace presente el Che y su hermosa respuesta ante la exposición, en una pregunta realizada por Bayer – que no se perdonará nunca-, acerca de las posibilidades de desarrollar en la Argentina una revolución teniendo en cuenta la organización de las fuerzas militares y policiales del país: "Son todos mercenarios", sostendrá el Che con su bella mirada.
Sentada y en silencio, feliz, está Yamila Pérsico, estudiante de Historia, quien me acompaña, y participa, en la entrevista. Yamila no compartirá con nosotros el whisky, que sirvo por segunda vez, y que humedece nuestra boca y garganta para dar inicio a la entrevista.

Por Conrado Yasenza
Participación de Yamila Pérsico

(para La Tecl@ Eñe)

Fotos tomadas durante la entrevista



- Conrado Yasenza: Aprovechando que recientemente Ud. volvió de Alemania quería preguntarle que análisis hace de lo que está pasando en Europa, en particular en España con los indignados, en Inglaterra con esa situación de rebeldía y manifestación popular que rememora lo vivido en el 2001 en la Argentina

- Osvaldo Bayer: Se ha desarrollado una situación donde realmente se justifican todos los argumentos de aquellos que señalan que el capitalismo jamás puede ordenar una economía mundial, que siempre va a haber estas sorpresas, que siempre va a haber esta tragedia que significa para la humanidad la gente sin trabajo. En España, por ejemplo, el 40% de los jóvenes no tiene trabajo, lo dicen las mismas estadísticas españolas, y es algo increíble en una nación con tanta experiencia económica, que ha vivido pasos hacia delante y hacia atrás producidos por el capitalismo. Pero no solamente en España, también Portugal y Grecia viven una situación dificilísima. Inglaterra, también, lo hemos visto en estos días. Que en Gran Bretaña, el país de los derechos y la democracia, se recomiende ahora el gatillo fácil, la represión, que caigan allí cuatro manifestantes muertos y se aplique el palo directamente a la cabeza, es un realidad terrible. Francia y Alemania son los países que están mejor, pero Alemania se niega directamente a sostener a otros países del Mercado Común Europeo. Dinamarca ya ha tomado un distanciamiento y ahora está todo en duda acerca de este gran paso que fue el Mercado Común Europeo. Y la duda, y la sospecha, sobre si la realidad económica del capitalismo, así como se desarrolló en estos tiempos, puede a seguir adelante. También el miedo de la gente a la inflación; esto es tan irónico que ahora la gente compra oro, parece la época de la conquista española. Todo esto nos ha llamado a la reflexión, principalmente a los partidos socialistas que realmente han colaborado con el capitalismo últimamente, que no ha hecho absolutamente nada con respecto al socialismo, bueno, digo que nos ha hecho pensar y entrar en el gran debate que tiene que ser la regulación de todo, la regulación por parte del Estado, o de las corporaciones que representan a los sectores sindicales, la industria y el comercio y otros sectores de la población. El socialismo es la regulación y no hay que tener temor a la regulación, no hay que tener temor al socialismo, es la única manera de conseguir realmente una regulación y una sociedad más justa.

- CY: ¿Con qué idea de socialismo está elaborando sus pensamientos?

- OB: Con un socialismo aceptado por todos los sectores, con un socialismo en libertad, donde las decisiones se tomen en asambleas, y con la gran paciencia que tienen que tener las poblaciones También con la enseñanza, la pedagogía para llegar a una solución. Primero sin desocupados; segundo, sin hambre. Y tercero, con la representación de todos los sectores de la población. Esa es la única manera racional, todo lo demás es irracional. Y por sobre todas las cosas, sin ninguna dictadura.

- CY: Alguien que venga de la izquierda dura, ortodoxa, le diría que es puro reformismo.

- OB: Si pero es un reformismo que va hacia delante, y ¿por qué no? Reformismo en el sentido de promover las cooperativas y eso es esencial. Si eso es reformismo también es democratización. Todos tienen derecho a hablar, todos tienen derecho a una opinión, y que sea la mayoría la que vaya imponiendo los experimentos que hay que hacer, con la paciencia que tiene que tener la humanidad de esperar que se resuelva problema esenciales, y no con la ansiedad para que mañana ya esté solucionado, como buscan las dictaduras y el capitalismo, para después caer en la realidad actual. Y otra cosa importante es la ecología, el cuidado de la naturaleza. Es otra de las cosas que tiene que tener en cuenta nuestra economía. No solamente el vivir bien, el vivir sin problemas, sino el cuidado de la naturaleza para las próximas generaciones.

-CY: Es complicado ese aspecto para sociedades de consumo, de productividad e industrialización.

- OB: Sí, es complicado. Pero lo más irracional es ver cada vez automóviles más veloces, más potentes, en lugar de regular un solo automóvil familiar que consuma la menor cantidad de combustible. Es importante también fomentar el transporte colectivo, el ferrocarril, volver al tranvía. Es decir aprender de lo que nos enseñaron los pueblos originarios, el estar y no el ser. Estamos, entonces tenemos que cuidar para conservar al planeta de todos los peligros. Hay que aumentar el gasto en ciencia para tratar de entender de dónde venimos, qué somos, y para tratar de resolver los dolorosos problemas de la humanidad, como el hambre y la pobreza.

- CY. He estado leyendo algunas declaraciones de economistas que han sido funcionarios del Banco Mundial, como Joseph Stiglitz, que sostienen que la situación económica mundial es una crisis del capitalismo bastante seria. ¿Cree Ud. que esta crisis mundial es un cambio de paradigma?

- OB: Mire, viendo la historia del mundo uno tendría que ser pesimista, pero también uno tiene que seguir realmente con las utopías adelante, porque si no estaría todo perdido, nos quedaría la resignación, ponernos de rodillas y orar al Señor para que tenga caridad con nosotros. Hay que seguir defendiendo teorías que lleven a la igualdad aceptada por todos, una gran cualidad de la ética. La ética tiene que ser nuestra verdadera religión, es lo que nos puede llevar adelante, el respeto a la vida, acabar con los ejércitos, acabar con el armamentismo, dedicar todo ese dinero a la ciencia. La ética y la ciencia son las que nos pueden salvar.

- CY: Observando el panorama internacional actual, donde hay desocupación, donde hay gente indignada en la calle, donde hay protestas sociales, saqueos, ¿cómo ve el panorama actual de nuestro país?

- OB: Veo que ante la opción que teníamos el pueblo supo elegir. Este gobierno está haciendo algunas cosas que los partidos que salieron en segundo lugar nunca han sido capaces de hacer. Es decir, ni el peronismo de derecha ni el radicalismo. Hay otro que está asomando y que es el socialismo santafecino liderado por Hermes Binner, muy amigo mío y proveniente como yo de las colonias alemanas del norte santafecino. Yo siempre le recomendé no hacer alianzas, sino seguir siempre con su línea socialista. No me ha llevado mucho el apunte pero de todas maneras está saliendo a la superficie como algo para el porvenir, para el futuro.

- CY: ¿Qué cosas positivas ve de este gobierno?

- OB: Bueno, la política de derechos humanos, el juzgamiento de los militares, por ejemplo. En eso el gobierno ha tenido un gran coraje porque los demás no han sido capaces de hacerlo. Y después lo que ha hecho con la recuparecaión de las cajas de jubilación que volvieron al Estado, y que no permitieron que siguiera adelante el negociado que se hacían con las AFJP. También lo que se hizo con la Ley de Medios, que tiene que ser más fundamental, más profunda, porque la comunicación tiene que ser de derecho público y no tiene que ser privada. Yo tuve la experiencia en Alemania: la televisión, cuando yo llegué, era de derecho público, es decir, que estaba integrada por representantes de organismos públicos, como por ejemplo la CGT alemana, como la organización de mujeres alemanas; también, la representación de todas las Iglesias, es decir gente que representa a sectores públicos en un 50%. Y el otro 50% integrado por los representantes de los partidos políticos que formaban el Parlamento. Ese cuerpo elegía un director del canal de televisión que estaba obligado a traer la opinión de todos los sectores públicos, y la verdad que yo vi la mejor televisión que he visto en mi vida. Eran dos canales nacionales y un canal por provincia, nada más. Luego, cuando subió la Democracia Cristiana, desgraciadamente democratizo esto, y además de los canales de derecho público permitió los canales privados, y de 10 canales ahora hay ciento y pico donde la pornografía se puede ver a cualquier hora y en cualquiera de los canales privados. Pero igual, los más vistos son aquellos de derecho público, porque, por ejemplo, el primer canal es casi todo de temas culturales y sociales.

- CY: En ese sentido ¿como ve la Televisión Pública en nuestro país?

- OB: Como un paso adelante también porque es bastante cultural. Antes, en otros tiempos y gobiernos, jamás me habían llamado, y ahora me invitaron de Canal Encuentro, me han hecho reportajes en Canal 7. Evidentemente están comprometidos en traer una información de otros sectores políticos o ideológicos que antes no teníamos ninguna cabida. Pero realmente hay que terminar con el dominio de los emporios privados, como Clarín, por eso me parece muy bien la Ley de Medios. Pero se tiene que llevar adelante, impulsarla, no dejar que quede paralizada como lo hizo y hace la llamada Justicia Argentina. Insisto, tiene que ser de derecho público y los canales y las radios deben ser de los representantes de los diversos sectores de la población y no de canales privados. Eso es la verdadera democracia. Por ejemplo, a mí me parece muy bien que el Sindicato de la Construcción tenga un canal con sus temas, que la Sociedad Argentina de Escritores tenga un canal para que difunda su cultura; que la Asociación de músicos tenga el suyo. Es decir, que sean representativos de los sectores que forman la sociedad argentina, y no del Sr. ó la Sra. tal.

- CY: ¿Así se profundizaría para Usted la Ley de Medios?

- OB: Sí, y no hay que negarse a eso.

- CY: ¿Y los puntos que le parecen negativos de este gobierno?

- OB: Primero, se ha hecho muy poco para la eliminación de las villas miserias, y siempre sostengo y lo he sostenido en todas las conferencias que he dado, aún invitado desde el gobierno, que mientras haya villas miserias verdaderamente no hay democracia en el país, porque la democracia no es sólo poner el papelito en la urna cada dos años; democracia es que todos tengan derecho al pan y al techo, principalmente las familias con hijos. Todavía las estadísticas oficiales muestran que aún hay niños que mueren de hambre, es una cifra muy reducida comparado con otros países Latinoamericanos, pero existen. Después falta resolver el problema de los pueblos originarios, hay que devolverle sus tierras comunitarias, y no como ha pasado que por ejemplo Benetton se compra dos millones de hectáreas sin conocer la Argentina echando a la familia mapuche Curiñanco-Nahuelquir de su lugar, donde tenían 800 hectáreas, porque también quería esas tierras. Eso no puede suceder como tampoco lo que se ha hecho con los quon en Formosa. Es decir, el derecho a la existencia y el derecho a lo que tenían ellos, por supuesto reducido a la cantidad de comunidades y gente que tienen ahora.
Hay que promover las cooperativas desde el Estado y entrar poco a poco en un socialismo que no tiene que ser mala palabra sino el significado de la verdadera democracia. A todos la misma oportunidad y el derecho a vivir una vida digna.

- CY: En relación a la ampliación de derechos que combatan la desigualdad social, el hambre y la miseria, ¿cuál es su valoración de la Asignación Universal por hijo?

- OB: Bueno, la Asignación Universal por Hijo me parece realmente muy bien, y tiene que defenderse.

- CY: Los medios hegemónicos y algunos de sus voceros han dicho que es una medida populista.

- OB: ¡Cómo va a ser populismo. El que ha sido padre sabe lo bien que le viene la asignación por hijo! Hay que defenderlo ya que impacta en la reducción del hambre y la miseria.

- CY: Han ido más allá y han manifestado también que es una medida que genera vagos ya que la gente al cobrarla no quiere trabajar.

- OB: Ese es el argumento de los conservadores. Yo me acuerdo que en la década del ’30, cuando yo era chico, mi padre nos llevo a Puerto Nuevo a ver las viviendas que se habían hecho los desocupados. En ese momento había una gran desocupación y en Puerto Nuevo la gente se había hecho chozas y se visitaban porque mientras no tenían trabajo hacían artesanías y las vendían, y mi padre, que era un gran socialista, fue a ver cómo vivía esa gente cuyas viviendas eran un lujo comparadas con las de las villas miserias de ahora. Eran casas de madera pero con dignidad. Y por supuesto los conservadores decían que ahí se juntaban los vagos.
Es el argumento de ellos frente a la asignación como así también ante las jubilaciones. Porque la jubilación fue una lucha de los sindicatos durante muchísimos años, y también se decía que servían para mantener vagos. Para ellos la gente tenía que trabajar hasta que se moría.
Lo mismo pasó con las ocho horas de trabajo; los conservadores decían: ¿qué van a hacer después? ¿Van a jugar a los naipes? Ese fue siempre el argumento de los conservadores ante cada conquista de los trabajadores. El racionalismo va a vencer frente a esas posturas.

- CY: A los gobiernos de la región como el de Bolivia, Paraguay, Venezuela, se los ha acusado de ser gobiernos populistas en un sentido despectivo. ¿Cómo definiría Usted el populismo?

- OB: La verdadera definición de populismo se expresa cuando hay gobernantes que hablan un lenguaje obrero, prometen cosas pero mantienen el capitalismo, como ha hecho el peronismo. Nadie puede negar que hubo mejoras, hubo leyes obreras. Para nosotros los periodistas, el estatuto del periodista fue una conquista lograda por el peronismo. Entonces, ese estatuto nos da cierta seguridad porque si nos echan nos tienen que dar un sueldo por año trabajado. Son pasos adelante pero manteniendo el sistema capitalista. Eso sería el populismo: Mantener el sistema pero ganar al pueblo con beneficios y medidas pequeñas o de importancia, y legales.

-CY: ¿Y esta etapa sería populista?

- OB: Es populista, claro

- CY: ¿Positiva o peyorativamente?

- OB: Peyorativa desde el punto de vista de los socialistas, que quieren un verdadero socialismo con una administración justa para todos. El populismo no es justo porque no ha eliminado jamás una villa miseria, no ha eliminado la desocupación de la gente ni ha tratado el tema de los pueblos originarios. Es un paso adelante pero no llega a conformar, no trae la paz eterna como querían esos socialistas talentosos que lo buscaban sin violencia, sin dictaduras del proletariado.

- CY: Usted habló, en otro tramo de la entrevista, de la distribución de las tierras, del acceso equitativo a las tierras. ¿Cómo observa o analiza los acontecimientos ocurridos en Libertador Gral. San Martín, en tierras del Ingenio Ledesma pertenecientes a los Blaquier? Allí se ocuparon esas tierras reclamando un espacio donde vivir, reclamando el derecho a la tierra y la vivienda, que en la zona está en manos de latifundistas.

- OB: Es absolutamente legítimo porque tanto los pueblos originarios como los que no lo son siempre han trabajado la tierra y tienen derecho a sentirse no propietarios pero sí sentirse dueños de la tierra en el sentido que lo producido allí va a ser para la sociedad y no para a un Señor que cada vez va a ser más rico y del cual van a depender. Yo tengo una anécdota: Estaba en la Estancia La Anita, y tuve un dialogo con Federico Brown el dueño de esa estancia en la Patagonia . Es un gran latifundio donde están las tumbas masivas de los peones rurales fusilados en el ‘21. Lo visité al Señor Federico Brown y le hice una pregunta: Usted, como dueño de la Estancia La Anita donde están esas tumbas de 620 peones fusilados, no estaría de acuerdo en dar una cuarta parte de su Estancia en cooperativa a los peones rurales, como gesto de reconocimiento de que esos fusilamientos fueron absolutamente injustos? El me miró muy extrañado, cómo si yo le hubiese hablado en un idioma desconocido y me dijo: ¿Cómo? ¿Una cooperativa de peones? Nooo, yo soy generador de fuentes de trabajo . Yo soy dueño de La Anónima, que es la cadena de supermercados de toda la Patagonia, yo tengo bajo mi orden 42.000 trabajadores. Nunca he pensado en cooperativas. Yo le di la mano, le dije muchas gracias y me despedí. Esto está grabado para un film que se pasó por la Televisión Pública y se llama “La vuelta de Osvaldo Bayer 30 años después” que realizó Eduardo Anguita.

CY: Yamila Pérsico está trabajando justamente sobre este tema y tiene preguntas para hacerle, Bayer

- Yamila Pérsico: Estoy haciendo un trabajo de investigación sobre la Semana trágica y quería preguntarle si los acontecimientos sucedidos durante la Semana Trágica dieron pie o motivaron a los obreros de la Patagonia para organizar el levantamiento que llevaron a cabo o si fue algo que se venía gestando con anterioridad a esos acontecimientos?

- OB: Sin ninguna duda ambos acontecimientos, y también los hechos de La Forestal, se debieron a un clima mundial que se vivía en la época. La Revolución rusa tuvo un eco en todos los países del mundo y muchos obreros creyeron que había llegado el momento de hacer la revolución. En un principio los anarquistas pero también los socialistas del Partido Internacional que se dividieron del Partido Socialista y tomaron una línea marxista. Fue ese el idioma que se hablaba en aquel tiempo, y fue la lucha también por las ocho horas de trabajo.
Por ejemplo, en la Semana Trágica es increíble que los metalúrgicos todavía trabajaran 10 horas cuando los panaderos hacía más de 20 años que habían conseguido las ocho horas de trabajo como también otros gremios. Entonces se dio todo realmente resuelto por asambleas, fue una cosa democrática. Y la Semana Trágica fue la gran tragedia que originó Irigoyen, y los radicales nunca hicieron ninguna autocrítica al respecto, porque Irigoyen no solamente ordena la represión por la policía sino también después por el ejercito. Fue una verdadera masacre lo de la Semana Trágica por no hablar de la Patagonia. Los trabajadores de la Patagonia no exigían tierras sino mejores condiciones de trabajo. Si uno ve lo que exigían y lo compara con lo que tienen hoy en el estatuto del peón, realmente no era nada lo que pedían democráticamente y reunidos en asamblea. En vez de discutir y dar y avanzar un poco se los reprimió salvajemente.
Es algo que nunca se debatió en el Congreso Nacional y que yo he exigido. El Partido Radical tiene que hacer un Congreso de historiadores y hacerse una autocrítica y decir por fin que fue una gran equivocación del presidente Irigoyen. Esto también lo digo para el partido Peronista que debe hacer una autocrítica con respecto a la Triple A, ya que es un acontecimiento histórico que no tiene ninguna justificación y que comenzó con el último gobierno de Perón y continuó con el de Isabel Martínez. Hay que analizar como pudo tener tanta influencia un hombre tan nefasto como López Rega.
Hay hechos históricos que hay que debatir, pero se eligió cubrir, tapar. Por eso yo estoy muy agradecido con los cineastas Fernando Olivera y Enrique Ayala que me propusieron hacer un film La Patagonia Rebelde. Este hecho histórico se difundió a través del cine porque la película pudo llegar a todos los sectores populares a los que a lo mejor un libro no llega. Mi libro fue leído por intelectuales, estudiantes y demás, pero la película llegó al pueblo. Y por eso fui prohibido por el gobierno de Isabel Martínez de Perón, y yo, como autor, tuve que irme del país porque salí en la lista de la Triple A como condenado a muerte, dándome 48 horas para salir del país. Todas estas cosas hacen a la historia pero finalmente la ética triunfa. Pueden pasar décadas o siglos pero finalmente triunfa. Hay que tener confianza. Y esos héroes populares, esos obreros que salieron a la calle a pedir 8 horas de trabajo o aquellos peones rurales que salieron a exigir mejores condiciones de trabajo, esos van a pasar a la historia. Yo hoy estoy contento porque ahora en Santa Cruz esos lideres gremiales, que fueron fusilados por el gobierno de Irigoyen, u otros que lograron salvar la vida, tienen sus monumentos. Las tumbas de los fusilados están todas marcadas; es hermoso llegar al camino que va a Puerto Deseado y ver allí de pronto el monumento a Facón Grande, el gaucho entrerriano, que no era peón, tenía una tropa de carros, pero que salió en defensa de los peones porque dijo: es justo lo que exigen , y fue fusilado por el ejército argentino. También Antonio Soto que tiene en Río Gallegos una calle con su nombre. o Ramón Urtideo, un gallego dirigente de Puerto Santa Cruz. O Albino Argüelles, el porteño que fue a Santa Cruz a defenderlos y fue fusilado también en Puerto San Julián donde hoy tiene un monumento. Así se ve como la ética triunfa finalmente en la historia. En cambio, de los represores no hay absolutamente nada. Del Teniente Coronel Varela, el gran fusilador, no hay ni siquiera un excusado en el baño de una escuela. Y debo decir, hasta hace poco en el Panteón Militar, en la tumba de Varela, había una sola placa que decía: La Comunidad Británica de Santa Cruz muy agradecida al Teniente coronel Varela que cumplió con su deber. Era la única placa, los estancieros le hicieron el homenaje. Ahora los militares la sacaron porque era muy peligroso y le pusieron Muerto por la Patria o algo por el estilo como hacen ellos.

-YP: ¿Y en el caso de los obreros cómo se organizaban y cómo reaccionaron?

- OB: Fue increíble la disciplina y la fe de esas peonadas rurales que nunca habían tenido asambleas ni habían sabido que era un sindicato pero que supieron que tenían derecho a tener una mejor vida, como por ejemplo, cuando pidieron permitir a las mujeres vivir en las estancias porque no se podía. Los estancieros ingleses sólo querían hombres solteros. Fue el espontaneísmo de las masas, que cuando ven que hay justicia y que en otros lados ya se han obtenido conquistas, reaccionan y se organizan. Y en esas enormes extensiones que tiene la Patagonia se realizaron las asambleas recorriendo a caballo centenares de kilómetros. Es heroico, es épico, y por eso en la provincia ese orgullo se enseña, es el capitulo histórico que más se enseña en las Universidades patagónicas.

- YP: ¿Y cómo se viven estos hechos en el resto de la sociedad?

- OB: Yo lo viví cuando se estrenó la película: la gente aplaudía, se paraba; hasta yo corrí peligro porque por falta de actores tuve que hacer de estanciero inglés y cuando yo lo felicito al actor Héctor Alterio que personifica a Varela, la gente del público se paraba, me gritaba y me insultaba. Lo mismo le ocurrió a Olivera que también actúo en el film; la gente nos veía y creía que todo era verdad y temimos que nos lincharan. Así que en el cine, cuando nos miraban e insultaban, en términos lunfardos, rajábamos. Fue un impacto ese film, y por eso fue prohibida un 12 de octubre durante el gobierno de Isabel Martínez

-YP: ¿Qué precedente histórico dejan los acontecimientos de la Patagonia rebelde para la historia del movimiento obrero?

- OB: Sienta las base para decir cuanto costó todas esas leyes obreras que luego se fueron consiguiendo y que sentido del sacrificio tuvieron esos primeros dirigentes obreros, que no cobraban un sueldo, iban a trabajar y después del trabajo iban al sindicato Las asambleas se hacían después de las horas de trabajo. Demostraron cuanto espíritu de sacrificio tuvieron los obreros para conseguir esas primeras leyes por ejemplo las ocho horas de trabajo que costó esa enorme represión de la Semana trágica, amén de otras represiones como las del 1° de mayo de 1909 del Coronel Falcón otro asesino. Demostraron que todo se puede conseguir con enorme sacrificio pero también con sentido democrático, el sentido democrático que deben tener los dirigentes obreros, como digo yo nunca más de cuatro años en el ejercicio. Yo fui Secretario General del Sindicato de Prensa, fui reelecto a los dos años y a los cuatro años renuncié y me fui a trabajar de nuevo a mi lugar de trabajo. Creo que hay que tener un sentido comunitario, la burocracia no premia y finalmente se ven los resultados . Y la historia desprecia a los burócratas .

- CY: Pasando nuevamente al plano nacional, me gustaría saber, porque Usted mencionó dos o tres veces al peronismo, ¿si el Kirchnerismo en sus dos etapas, primero con Néstor Kirchner y ahora con Cristina Fernández de Kirchner, es una instancia superadora del peronismo o sigue dentro de la órbita de lo que es la estructura partidaria del Partido Justicialista?

- OB: No, está dentro demostrando que supera al peronismo burocrático. Porque peronismo es todo, lo ha demostrado Menem, que también era peronista y fue el presidente más ultra-conservador, ”liberal”o capitalista de toda la historia argentina. Superó hasta las dictaduras militares en cuanto al plan económico, y esto lo hizo un peronista. Y ese peronismo menemista que ha seguido Duhalde, y que siguen otros también burócratas partidarios, está siendo superado.
El kirchnerismo parte del peronismo pero está marcando una nueva línea a la que ya se la puede llamar Kirchnerismo, que es una especie de populismo que marcha hacia el socialismo. Ojalá que se siga en ese rumbo, que sería una solución para este país que tiene tantas fuentes de trabajo y tanta riqueza, y para lo cual tiene que desprenderse todavía de mucho burocratismo que tiene el sindicalismo. También de algunas esferas de corrupción.
Hay que decirlo, yo sé que esto no gusta, pero es necesario. Ojalá vayamos avanzando, erradicando las villas miserias y el hambre para alcanzar una verdadera democracia. Que todos tengan trabajo, un techo, que no muera un niño por hambre y que se le devuelvan los derechos a los pueblos originarios, que siempre le han sido negados.

- CY: ¿Y cuáles serían esos nichos de corrupción?

- OB: El aceptar a gente como Hugo Moyano. Se necesitaría hacer una investigación sobre la forma de vida de los dirigentes sindicales. El dirigente sindical no tiene que tener más que el sueldo que le corresponde al trabajo que ha ejercido, y que mientras tenga licencia gremial se le pague, pero nada más que ese sueldo. No tener otra cosa para dar realmente confianza de que representa a los trabajadores siendo un trabajador más. Y también con respecto al capitalismo, cada vez más el Estado debe ayudar a las cooperativas. Las cooperativas argentinas han demostrado que son capaces de hacerlo. Zanon y sus trabajadores, es un ejemplo; no tiene patrón, todos trabajan y cobran igual, hacen el mismo producto que fabricaban cuando era una empresa y lo venden más barato. Esto nos demuestra que el futuro es la cooperativa, porque la cooperativa trae la paz y no el odio hacia esta sociedad.

- CY: Voy a tomar prestada una idea de Horacio González, quién propuso en un programa de televisión que teniendo en cuenta la muy buena elección de Hermes Binner, el dialogo natural que debía encarar el gobierno nacional es hacia ese lugar, hacia el socialismo.

- OB: A mí me parece magnifico. En mi provincia natal, mi querida Santa Fe, el primer gobernador socialista que ha tenido la Argentina fue Binner. Y en Rosario, que siempre ha sido peronista, fue el primer intendente socialista en una ciudad argentina. Ojalá se llegue a una coalición de Cristina Fernández con Hermes Binner.

- CY: En otro plano, Usted tuvo y tiene una relación histórica con las Madres de Plaza de Mayo, con Hebe de Bonafini. El café literario de la primigenia Universidad Popular de las Madres lleva el nombre de Café Literario Osvaldo Bayer. Teniendo en cuenta este vínculo estrecho y también que usted ha sido un defensor público de las Madres ¿Cómo vivió el caso Shocklender?

- OB: Fue muy doloroso porque yo conocí a las Madres en el tiempo de su lucha, cuando por ejemplo llegaron a Alemania, María Adela Gard de Antokoletz y Hebe de Bonafini. El viaje se lo había pagado la Iglesia Luterana Alemana y cuando llegaron a Berlín, la ciudad donde yo vivía, les querían pagar un hotel Cinco Estrellas y ellas dijeron no, vamos a pasar estos días donde vive Osvaldo Bayer. Y vinieron al barrio reo de Kreuzberg, y alli conversamos largamente. Para mí esas son las Madres de Plaza de Mayo. Y siempre voy a recordar ese hecho absolutamente heroico, que cuando desaparecieron las tres primeras madres encabezadas por Azucena Villaflor, que después se supo que fueron arrojadas vivas desde aviones al Río de La Plata desde la Esma, al jueves siguientes todas estaban en la Plaza de Mayo a pesar que esas tres madres habían sido secuestradas y corrían el mismo peligro. Pero allí estuvieron y no faltaron ningún jueves. En la historia del mundo hay pocos hechos de tanto coraje cívico y lo hicieron nuestras mujeres, y eso hay que resaltarlo. Ahora, lo que hizo después el señor Schoklender y toda esa propaganda en los diarios Clarín y La Nación, para mí no tiene ninguna importancia ni sentido. Para mí las Madres valen en esos años en que se logró la democracia. Fueron ellas y su espíritu que recorrió el mundo lo que hizo cambiar y lo que hizo caer también a la dictadura militar. Si hoy tenemos democracia en gran parte se lo debemos a la lucha de las madres de plaza de mayo. Y para mí eso es lo que va a valer siempre. Lo demás no cuenta.

- CY: Para finalizar esta inolvidable conversación, ¿Cuál es a sus jóvenes 84 años, su deseo personal y su deseo colectivo?

- OB: Mi deseo personal es un sueño que ya no puede realizarse: Volver a vivir a mi casa en Martínez. Volvería a Martínez con mis 4 hijos y mis 10 nietos, cosa que ya no será posible porque el exilió nunca nos dividió pero nos separó en el sentido del lugar donde vivimos.
Y con respecto a lo político, ver un horizonte del socialismo en libertad, que es demostrar generosidad. Querer un socialismo en libertad quiere decir ser generoso, convivir, dar la mano, ver sonreír a todos los niños y no que nos pongan la mano dobladita pidiendo algo.


Conrado Yasenza
Agosto de 2011-08-28
Con la colaboración de Yamila Pérsico.


Semblanza de Paco Urondo.
Por Osvaldo Bayer*

Yo trabajé con Paco dos años en la redacción del diario Clarín cuando estaba Noble. Compartía el mismo escritorio. Un día, después de trabajar, le digo: bueno terminemos vamos a comer algo al boliche de la esquina, pero Paco era un gentleman y me dijo: yo no como en boliches sino en restaurantes de primera categoría. Era un revolucionario pero a la hora de comer, comía como un señor.
Era un aristócrata de la revolución.
Era un poeta, un hombre que amaba la vida, que también amaba a las mujeres, y siempre estuvo con el pueblo y no dicho en forma demagógica, siempre se interesó por los problemas que veía a diario como periodista. Nosotros tuvimos ese período donde trabajábamos para el periodismo burgués, para denominarlo de alguna manera, en el diario Clarín, para ver las diferencias y después, por supuesto, tomamos el otro camino.
Era excelente, era un señor, era un aristócrata de las ideas; cuando podía tomaba el vino de mejor calidad pero sus libros, y los que leía, tenían siempre que ver con la revolución socialista. Es increíble. Un aristócrata de la vida, porque le gustaba vestir bien, muy pintón él, pero al mismo tiempo estaba con los de abajo, y dio la vida; y !que valentía, que coraje civil!




- CY: Lo que no se explica es como tipos tan brillantes como Rodolfo Walsh y Paco hayan aceptado la conducción de tipos tan mediocres como Firmenich.

- OB: Yo recuerdo que discutí tanto con Rodolfo, y la última vez que lo ví le dije: Yo no sé como vos que tuviste como yo la experiencia del primer peronismo en la Facultad de Filosofía, donde Perón entregó la Facultad a la iglesia católica de ultra derecha, y donde lo único que aprendíamos era a Santo Tomás de Aquino, te hiciste peronista, y el me contestó: No te equivoques yo no soy peronista, yo soy marxista, ¿pero donde está el pueblo?
Yo le contesté: sí, el pueblo es peronista, pero no es revolucionario y no los va a acompañar . Y él me dijo: Ya vamos a ver. ¡Que hermosa respuesta!

Entrevista realizada en El Tugurio, el 23 de Agosto de 2011 por Conrado Yasenza y con la participación de Yamila Pérsico.



Cultura Política y Sociedad/Tinelli, Biolcatti y yo/Por Horacio González

Tinelli, Biolcati y yo


La televisión, que en lo fundamental es heredera del circo, ha tomado de él el grotesco pero sin lirismo. El programa de Marcelo Tinelli posee muchas características que han sido notadas por reflexiones concitadas entre analistas de la televisión y telespectadores. La vocación de un programa como el de Tinelli es la degradación de la historización de la vida y la existencia colectiva.




Por Horacio González

(para La Tecl@ Eñe)

Ilustración: Ricardo Heredia. Dibujante



Está en discusión el programa de Tinelli. ¡Cuántas veces hablamos de él! Lo veo como una continuación desfigurada de la gran tradición del circo. En las arenas de los circos inmemoriales, habita el payaso, la ecuyère y el equilibrista. En los intervalos, el payaso, como una segunda voz tragicómica, va enhebrando los episodios que los contorsionistas o trapecistas arriesgan como desafío al alma infantil, que es nuestra propia alma. El circo, antes que nada, es la red del trapecista. Quiere decir que puede caer. Pero que a la caída, hay que preverla o conjurarla con el obvio artificio de esa prevención. ¡Falta de creencia en el riesgo absoluto o aseveración de que todo está en riesgo, y que de alguna manera hay que preservar al artista de la muerte! El tema del circo, en efecto, es una versión insatisfecha de la muerte del artista. Muerte ocasional, porque todo está preparado para que no ocurra. Pero alguna vez debe ocurrir que por más domesticado que estén los leones, la cabeza del domador corre peligro. El circo es el animal domado, la rutina de la amazona, el sesudo engaño del prestidigitador, pero en algún momento algo debe quedar expuesto al peligro escénico, que en su sentido final, finalísimo, entraña un peligro de vida. Las formas subsistentes del circo han suprimido la fina ironía sobre la muerte y se han instalado en la grosera parodia.



La televisión, que en lo fundamental es heredera del circo, ha tomado de él el grotesco pero sin lirismo, el sentido clonesco del existir pero solamente como forma del mercado de los gestos y del lenguaje. El programa de Tinelli -que representa a la Argentina pero también a la televisión universal-, posee muchas características que han sido notadas por muchas reflexiones que siempre concitó entre analistas de la televisión y telespectadores (que también son analistas de la televisión). Un ambiente de juerga permanente revela la existencia de un padrillo que subraya los dobleces del lenguaje con una interpretación soez, que a los transfondos múltiples de la alusión erótica, los deja establecidos en un pequeño mundo dual de escuetas picarescas. Las coreografías acentúan un remedo performativo sexual, que no pocas veces encajona en una rutina determinista a buenos bailarines. La risa cómplice del presentador -que se instala en la serie de los locutores barriales que sin duda opera como nostalgia tecnológica de un estrato anterior de los medios de comunicación-, sobreactúa un patronazgo sobre cuerpos y lenguajes, en los que triunfa una humillación por la vía de la "sobrada" con que suele actuar un poder económico frente a empleados y sirvientes. Una coreografía de servilismo e injuria artística preside las actuaciones del animador, que resuelve la escena circense sin el halo que siempre acompañó al circo -la tragedia pendiente, demorada por la actuación cómica y el peligro imaginario de los animales salvajes o la altura de los trapecios-, reemplazándolo al contrario por la befa y el sarcasmo patronal.



Pero hay algo más. Al "doble sentido" que mixtura grotesco cachador, resoluciones estereotipadas de la sensualidad y ruina coreográfica para situaciones que podrían ser de otra manera -un merengue bien bailado, en ocasiones, pudo verse en la maraña de alusiones a un primitivismo erótico que destruye su simiente fundamental, que siempre fue y será cierto misterio de la palabra y los cuerpos-, se le agrega un enjuiciamiento de los participantes del programa a través de un tribunal que hereda asimismo la vieja función del coro, que a veces protagonizaba "el dueño del circo" o a veces un rabelesiano conjunto de payasos, doble voz de mundo supuestamente serio del coordinador del espectáculo. Este jurado ensaya, guionado o no, un conjunto de ardides en medio del juzgamiento, y no puede decirse que en ese acto, no se presente una inesperada complejidad. Es sabido que la televisión es una maquinaria de enjuiciamiento las 24 horas del día, y en todo el planeta, sin cesar, yendo del linchamiento mediático a la premiación como don de la rueda de la fortuna. El programa de Tinelli pone en escena un modelo de juicio al punto que podemos en verdad considerarlo un drama judicial.



Se juzgan desempeños artísticos pero de una manera humillante, con contrapuntos entre "buenos ", "malos", "exigentes", "caprichosos", haciendo de la valoración de un acto, una cuestión que está del todo cercana a lo que realmente ocurre en la "vida real", esto es, en los ambientes profesionales, laborales o simplemente en el mercado de almas que es toda sociedad contemporánea mediada por el tono carnavalesco que tiene la palabra mediática, y no solo en los llamados programas de entretenimiento. Muchas veces, estos juicios representan muy bien discusiones en las que se filtra el drama de la diaria evaluación que de una manera tácita o brutal implica el mero existir. El aire ficcional que tiene todo impide pensar que está en juego una evaluación en regla -con elementos de rendimiento y compromiso artístico valederos-, pero no debemos pensar que sea enteramente así. Por momentos, los jurados, marionetas de la producción del programa, revelan cierto amor propio, como también los participantes al discutir tal o cual punto del enjuiciamiento paródico. Por lo tanto, nos parece que buena parte de la atracción del programa reside en que pone en tono burlón un juicio sobre el desempeño en materia sexual, como protoforma y celada de un juicio general sobre la existencia popular en su conjunto. ¿En relación a qué? A un "score" de rendimientos materializados en restos de una danza primitiva que adquiere eficacia como género provocador por excelencia. Esto es, el género de una mítica danza de dioses sexuados que habitan en nuestra conversación diaria, y que semidesnudos en la selva de las calificaciones, nos dejan en la eterna duda sobre el modo en que debemos ponernos a prueba, esa vez y todas las veces en que sentimos que es necesario pensar que hay inocencia en las pruebas malditas y maldición en las pruebas inocentes que nos proponen.



No vale entonces decirle "vulgar" al programa de Tinelli, pero tampoco "popular". Su acción cumbre, la parodia de los políticos en la elección de 2007, concluyó en que la imitación de De Narváez fue imitada luego por el propio De Narváez. La retroalimentación del programa demostraba hasta que punto lo que llamamos "rating" es un consumo masivo, sigiloso y operante que implica un conjunto de símbolos rotos que consultamos en nuestro espíritu atribulado cada vez que nos preguntamos por nuestra relación con el juicio de verdad, que tentamos aplicar a los asuntos colectivos o individuales. El mito final de la "conciencia vacía", los hombres de paja de las grandes poéticas del siglo XX, se representa, por cierto, antes millones de espectadores, que tienen en ese momento la prueba cabal de que es posible que haya dominio, sarcasmo y disciplina en un curso histórico donde el juicio coincide con un abismo existencial manuable, consolador. Por eso no hay que decir que Tinelli sea vulgar. Ni lo la televisión mundial: son apenas redundantes en su fuerza escénica. Nada más parecido a Tinelli que cuando se ensaya cierto juicio teatral de marionetas sobre los eventos mundiales, como la transmisión de la CNN de las acciones contra Kahdafi. ¿Vulgar? Eso que lo diga Biolcati. Cuando este hombre opina sobre la vida popular, no sabe lo que dice. Porque es la visión de una antigua patronal económica con base física territorial frente a las patronales inmateriales de las estructuras de la lengua (el "titeo", según lo recogía Viñas en sus memorables críticas literarias). Se equivoca pues el presidente de la Sociedad Rural - y se equivocan todos los que en su mismo andarivel de pensamiento creen que los espectadores masivos son iguales a un conjunto similar de votantes. Al contrario, el votante puede redimir al espectador masivo de Tinelli, porque los espectadores no hacen un solo tipo de cosas con sus libertades expresivas. Un telespectador puede estar encadenado frente a Tinelli y puede sentirse más libre si hace valer su voto en un flujo colectivo de distinta índole. Hay corrientes colectivas en flujo que pueden ser liberadores frente a Tinelli -sin que su programa deje de ser visto-, y otras modalidades expresivas tinellianas pueden redundar con comportamientos en la esfera política que les sean fatalmente miméticos, desembocando en momentos asfixiantes de la vida real.



Los dichos de Biolcati son una forma del desprecio a un camino emancipador electoral compuesto no por la suma atomística de los votos -aunque muchísimos de estos en sí mismos no surjan de la vertiente social emancipatoria-, sino por el contrato social que se produce cuando un resultado ya no solo electoral sino también social se pone en el seno de los atributos de la política historizada. La vocación de un programa como el de Tinelli es la degradación de la historización de la vida y la existencia colectiva, más allá de sus propias convicciones políticas, las que hubiera en su caso. El aparato ideológico-pedagógico-judicativo que lo constituye es lo masivo que horada las fuentes de lo popular, incluso las que provienen del magno legado del circo y de las coreografías de la danza popular --aunque siempre "algo haya" como súbito momento de libertad expresiva en la manifestación última y rebelde de algunos bailarines. Biolcati se equivoca al ver a Tinelli -a quien tanto se parece en todo sentido-, como un punto en la erosión de la dignidad del voto. Los que criticamos a Tinelli -y de tanto en tanto lo vemos, en las cansinas noches donde el telespectador derrotado se confunde con el crítico cultural que también sabe burlarse de sí mismo-, debemos criticarlo tanto o más que Biolcatti pero por razones muy diversas. Lo criticamos porque la noción de "lo popular" es históricamente constituida en cada momento singular de una trayectoria colectiva, y verdaderamente, en ese programa yace en su encierro jocundo una parte de la vida popular junto a un encadenamiento axiomático, opresivo de formas milenarias del baile popular. También yace, en su drama contenido y con expresión irreflexiva, el drama del juzgamiento por el otro, dimensión experiencial y laboral que a todos nos constituye. A Biolcati no le gusta porque él anula la mirada de la democracia toda vez que el ojo social no se forja en el mero desfilar de las vacas; a nosotros, en cambio, Tinelli no nos gusta porque vemos ahí todo lo que está sustituyendo una televisión popular, cuyos elementos mantiene aherrojados en un guión que nos instruye sobre la fiesta distendida del patrón y su lenguaje, del empleador y su risa ganadora; del macho domador y su impotente mirada cómplice a las cámaras. ¿No es compleja entonces la situación? Que Biolcati se acuerde ahora de la "tinellización" de la cultura, no quiere decir que no veamos el problema que constituye el mundo de Tinelli: debe ser criticado por quienes no concordamos ni con la estética ni con la ética de Biolcati, porque allí no es que esté lo popular en una de sus manifestaciones posibles, sino porque allí está lo popular en su dimensión de espera, pasado por cedazos que lo desmantelan aunque pueden no apagarlo del todo (el circo inmemorial... la tragicomedia del artista que atraviesa todas las épocas del arte bufo y paródico), y que nos revela a cada paso que una reforma social significativa también debe invitar a pensar una nueva televisión popular que no quiera declinar en sus efectos masivos..., pero no empleando a cada paso la encubierta lengua de la sumisión. La gracia es también ideológica. Es que la forma nebulosa de nuestro “yo” –la manera casi exclusiva bajo la cual existe-, siempre está involucrada en el juicio sobre la televisión (y como ella reelabora nuestro propio juicio) y en el juicio sobre los actos colectivos (una elección, por ejemplo), surgiendo de inmediato la incómoda sorpresa (conjurada con reverencias democráticas), de que los que no actuaron como nosotros en ese infinito océano de conciencias exigen que nuestro pensamiento oscile entre una molesta extrañeza y una inquieta resignación.



*Sociólogo, escritor, docente. Director de la Biblioteca Nacional

Política e Historia/La integración latinoamericana:lecciones a la luz del bicentenario/Por Atilio. A. Boron

La integración latinoamericana: lecciones a la luz del bicentenario



Uno de los beneficios que otorga la perspectiva histórica es facilitar la mejor interpretación de eventos y procesos ocurridos en el pasado. En este caso, la independencia de los países de América del Sur. Para ello será preciso no dejarse deslumbrar por los fastos del bicentenario e indagar en profundidad la naturaleza de las luchas de la gesta independentista





Por Atilio A. Boron*
(para La Tecl@ Eñe)



Uno de los beneficios que otorga la perspectiva histórica y la larga duración es facilitar la mejor interpretación de eventos y procesos ocurridos en el pasado como, en este caso, la independencia de los países de América del Sur. Vista desde la actualidad se pueden apreciar con mayor claridad tanto sus logros como sus asignaturas pendientes, transcurridos dos siglos desde su inicio. Para ello será preciso no dejarse deslumbrar por los fastos del bicentenario e indagar en profundidad la naturaleza de las luchas de la gesta independentista.

Comencemos recordando lo que a menudo se olvida, pues los pueblos que no recuerdan están condenados a repetir los errores del pasado. Es necesario, por esto mismo, tener en cuenta que los procesos independentistas sudamericanos tuvieron una temprana –si bien fugaz- maduración en el Caribe, y más precisamente en Haití. Esta colonia, la más rica del Caribe y una de las más apetecidas del mundo, proclamó su independencia en 1804 y Francia, por entonces emancipada del yugo monárquico y rampante bajo el liderazgo republicano de Napoleón, se comportó como lo hacen todos los imperialismos: invadió y saqueó a la isla rebelde, dispuesta a propinarle un definitivo escarmiento. Aunque fue derrotada por los patriotas haitianos, la gravitación de Francia en el delicado equilibrio internacional de la época le permitió imponer durísimas condiciones a sus vencedores: las reparaciones e indemnizaciones para compensar a los colonos expropiados. Estas crueles e injustas exacciones provocaron una descomunal hemorragia económica y financiera que perduraría casi un siglo y medio -de hecho, recién se terminarían de pagar en 1947- obrando el perverso milagro de convertir a la isla más rica de las Indias Occidentales en el país más pobre del hemisferio. ¡Toda una lección para los que creen en la “misión civilizadora” del imperialismo!

Aquellos bravos esclavos que regaron con su sangre su empeño por abolir la esclavitud y, al mismo tiempo, conquistar la independencia de su patria despertaron la admiración del Libertador Simón Bolívar. Consciente de esta situación solicitó al presidente de Haití, Alejandro Sabes Petión, el apoyo militar y logístico para reiniciar en 1817 la segunda y definitiva etapa de la lucha independentista en el continente, frustrada hasta ese momento a causa de las divisiones, vacilaciones y traiciones de los criollos así como de la tenaz resistencia de ofrecida por las armas de los peninsulares.

En Haití más que en ninguna otra parte las guerras de la independencia revelaron con meridiana claridad su contenido social a la vez que político: emancipación de los esclavos y de los pueblos y autodeterminación nacional. El proceso independentista venía de muy lejos. De hecho, las colonias españolas en América rara vez disfrutaron de prolongados períodos de paz y sin verse afectadas por fuertes agitaciones intestinas. En el caso de América del Sur sobresalen las conmociones registradas en la actual Bolivia, por entonces el Alto Perú perteneciente al Virreinato del Río de la Plata, y muy especialmente la rebelión de Túpac Katari en 1781. Este líder aymara logró constituir un ejército de unos 40.000 hombres y sitió a lo que hoy conocemos como La Paz (antes: ciudad de Chuquiago). El movimiento fue sangrientamente reprimido luego cuatro meses de asedio y su líder salvajemente ejecutado: descuartizado en vida. Antes de que las autoridades de la colonia perpetraran su asesinato pronunció una frase que, sobre todo en el siglo veinte, haría historia: “Solamente a mí me matan. Volveré y seré millones.”

Esta revuelta popular constituye uno de los antecedentes inmediatos más significativos de los procesos emancipadores que habrían de resurgir y triunfar a comienzos del siglo diecinueve. La crónica de lo acontecido en Haití y el Alto Perú -a lo que podríamos agregar el fermento revolucionario que permanentemente agitaba al Virreinato de Nueva España, hoy México- ponen de relieve de manera excepcional el contenido social que estuvo presente en gran parte de los procesos emancipadores sudamericanos. En algunos casos esto se manifestó con mucha nitidez, como en la ya referida experiencia altoperuana, mientras que en el Río de la Plata (actuales Argentina y Uruguay) lo hizo de modo más atenuado. Fuera de Sudamérica, en México, aquel componente social se hizo presente con perfiles muy marcados dando lugar a una guerra de clases. La chispa independentista convirtió a la gesta de Hidalgo, Morelos y Allende en una verdadera insurrección campesina que precipitó la violenta respuestas de las clases dominantes de la colonia y sus amos en la metrópolis. La evidencia histórica demuestra irrefutablemente que las guerras de la independencia fueron también, a veces de manera larvada y otras de modo plenamente desarrollado, grandes enfrentamientos en donde no sólo se libraba batalla en contra de la corona española sino también en contra de las clases dominantes locales, aliadas incondicionales del imperio. Se luchaba contra éste pero también contra el orden neocolonial que habían gestado siglos de dominación extranjera.

Claro está que este contenido social de las guerras de la independencia fue siempre negado por la historiografía oficial de ambos lados del Atlántico. Aún en nuestras tierras el ardiente debate entre los sectores más jacobinos de las luchas independentistas y las fuerzas que procuraban domesticar el impulso revolucionario de las masas fue invariablemente acallado. La independencia aparece así en las diversas variantes de la historia oficial como una pura reivindicación política: la aspiración por la autodeterminación y la emancipación del yugo del amo extranjero pero preservando la intangibilidad de las estructuras económicas y sociales heredadas de la colonia. La realidad, en cambio, fue muy diferente. Aún en el caso argentino, relativamente distante de las estridencias registradas en Haití, México o Bolivia, los dos bandos que se disputaban la conducción de la llamada “Revolución de Mayo” estaban claramente identificados. Cornelio Saavedra, altoperuano nacido en Potosí y radicado en Buenos Aires durante largos años, representaba la fracción conservadora que pretendía hacerse del poder mientras durase la vacancia hegemónica de la corona española avasallada por Napoleón. Esta fase, que los conservadores confiaban fuese transitoria, daría lugar una vez restablecido “el orden internacional” (cosa que efectivamente ocurriría tras la derrota de Napoleón y la celebración del Congreso de Viena en 1815) a un nuevo acuerdo entre las clases dominantes locales y la corona. Lo que aquellas requerían no era una sociedad democrática sino un pacto neocolonial más congruente con sus intereses económicos, mismos que veían con muy buenos ojos el ataque británico a los privilegios monopólicos que la Corona española pretendía retener en su vasto imperio y, en consecuencia, confiaban grandemente en los beneficios que podría reportarles el incontenible ascenso del Reino Unido al puesto de comando de la economía mundial.

No obstante, frente a este bloque oligárquico-colonial había en el Río de la Plata un sector que concebía a la emancipación como un paso hacia la construcción de un nuevo tipo de sociedad, liberada de las lacras del viejo orden colonial. Figuras sobresalientes en este grupo eran Mariano Moreno, Juan José Castelli y Bernardo de Monteagudo, todos graduados de la Universidad de Chuquisaca, la segunda universidad creada en suelo americano después de la de Santo Domingo y situada en lo que hoy es la ciudad de Sucre. De esta suerte de Universidad de París/Nanterre de la época colonial salieron algunos de los cuadros intelectuales más importantes de los procesos independentistas de Sudamérica. Además de los arriba mencionados deberíamos agregar los nombres de José Ignacio Gorriti, José Mariano Serrano, Manuel Rodríguez de Quiroga, uno de los líderes de la gesta independentista del Ecuador; Mariano Alejo Álvarez, precursor de ese mismo proceso en el Perú y Jaime de Zudáñez, que desempeñó igual papel en el Alto Perú. No es un dato menor recordar que esa universidad fue el foco que precipitó la Revolución de Chuquisaca el 25 de Mayo de 1809, exactamente un año antes que la revolución de Mayo en Buenos Aires. A este notable grupo se le unió, en el Río de la Plata, la figura gigantesca de Manuel Belgrano, un auténtico “hombre del Renacimiento.” Belgrano fue un refinado intelectual, un lúcido economista que todavía hoy sorprende con sus premonitorios análisis y audaces propuestas reformistas, periodista de fina pluma, político y estratega militar, todo eso aparte de su profesión de abogado. Para estas gentes, tanto en el Río de la Plata como en el resto de Sudamérica, la derrota del imperio español debía significar también la superación de las estructuras económico-sociales impuestas por el conquistador ibérico. Su propuesta no se limitaba, como en el caso de los sectores conservadores, a sustituir unas autoridades por otras sino que apuntaban a la construcción de una nueva sociedad. Tal como lo anota el historiador Felipe Pigna, Moreno lo dice con todas las letras en su “Prólogo” a El Contrato Social de Jean-Jacques Rousseau: “Si los pueblos no se ilustran, …si cada uno no conoce lo que puede, lo que vale o lo que debe, nuevas ilusiones sucederán a las antiguas, y luego de vacilar algún tiempo entre mil incertidumbres será tal vez nuestra suerte mudar de tiranos, sin destruir jamás la tiranía.” Al igual que Bolívar, San Martín y Artigas, este grupo de geniales pensadores que anhelaba construir un nuevo orden pos-colonial fue derrotado.

Las versiones edulcoradas de las guerras de la independencia, que ocultan su carácter de luchas de liberación nacional y las reducen a una disputa intestina entre distintas clases y grupos sociales de la colonia, han reaparecido en estos últimos años en ocasión de la celebración del Bicentenario de las revoluciones de la independencia. No puede haber equívocos en este punto: salvo en el caso puntual de Haití las luchas de los patriotas no eran contra el ejército napoleónico que a la sazón prevalecía en España sino en contra de los realistas, es decir, las fuerzas armadas del imperio español asentada en suelo americano. Vale la pena insistir en esta obviedad porque pese a serlo hemos visto con sorpresa el resurgimiento de algunas teorías que en España postulan que lo acontecido en nuestros países hace unos dos siglos fue en realidad una lucha civil, intestina, entre distintas fracciones ninguna de las cuales objetaba la vigencia del imperio. Sin embargo, unas pocas estrofas del himno nacional argentino permiten comprender cual era la percepción dominante entre los patriotas en los albores de nuestra independencia. Refiriéndose a las fuerzas del “Ibérico altivo león” dice su letra –excluida de la versión oficial del himno- que:

“¿No los veis sobre Méjico y QuitoArrojarse con saña tenaz?¿Y cual lloran bañados en sangrePotosí, Cochabamba y La Paz?¿No los veis sobre el triste CaracasLuto y llanto y muerte esparcir?¿No los veis devorando cual fierastodo pueblo que logran rendir?”

Por eso, cuando doscientos años más tarde una propaganda mañosa pretende minimizar la intensidad de la lucha anticolonialista y echar un manto de olvido sobre los crímenes cometidos a lo largo de más de tres siglos, incluyendo aquellos perpetrados durante la guerra de la independencia en todo el continente, es necesario evocar aquellos sentimientos de los patriotas. No sólo por el gusto de recordar, sino también como una advertencia sobre lo que es capaz de hacer un imperio cuando ve amenazado su predominio. Esa historia se está repitiendo hoy día, bajo nuevas formas, pero con idénticos contenidos: perpetuar la subordinación de nuestros pueblos al imperialismo norteamericano.

Por último, recordar también otro rasgo notable de nuestras luchas por la independencia: el internacionalismo, anclado en la clarísima percepción de que la tan anhelada independencia sólo sería posible si se concretaba el sueño de la unidad latinoamericana, premisa ésta que al día de hoy es mucho más importante que nunca. Veamos unos pocos ejemplos de este fecundo internacionalismo. Francisco de Miranda: caraqueño declarado héroe de la Revolución Francesa y Mariscal de Francia, su nombre grabado para siempre en el Arco del Triunfo de París. Miranda además participó en las guerras de la independencia de Estados Unidos (donde se le confirió el grado de Teniente Coronel) y, por supuesto, en las de Sudamérica. Simón Bolívar, el Libertador, otro caraqueño universal, enorme genio militar y político, intelectual profundo que ante la incomprensión de los suyos muere derrotado y humillado en Santa Marta, Colombia, luego de liderar la gesta emancipadora de Venezuela, Colombia, Ecuador, Bolivia y, junto con José de San Martín, Perú. San Martín jugó un papel decisivo en la independencia de Chile y Perú, país en el que funda, en 1821, la Biblioteca Nacional y a la cual dona 700 libros de su propiedad. José Gervasio de Artigas, vigoroso luchador por la unidad de los pueblos que conformaban el antiguo Virreinato del Río de la Plata y a quien ni la oligarquía porteña ni la de Montevideo le perdonaron jamás su internacionalismo y sus jacobinas propuestas de liberar a indios y negros y de realizar una auténtica reforma agraria. Antonio José de Sucre, venezolano de Cumaná, presidente de Bolivia, gobernador de Perú, General en Jefe del Ejército de la Gran Colombia, Gran Mariscal de Ayacucho, muere en Colombia en 1830. Otro de los precursores de la independencia latinoamericana fue Simón Rodríguez, también de Caracas y sembrador de ideas y cultura por toda la América Latina y Europa. En el caso de las Provincias Unidas del Río de la Plata el presidente de la Primera Junta de Gobierno Patrio, Cornelio Saavedra, había nacido en Potosí; uno de los Directores Supremos interinos fue Ignacio Álvarez Thomas, peruano, nacido en Arequipa; el Deán Gregorio Funes, cordobés de nacimiento, fue el primer embajador de Bolivia en Buenos Aires; Manuel Belgrano fundó escuelas públicas en Tarija (actual Bolivia) y otras ciudades del norte argentino. Allende los Andes tenemos la figura de Andrés Bello, ilustre caraqueño, filósofo, educador, jurista, quien se radica en Chile en 1829 y funda allí, en 1842, la Universidad de Chile. En fin, la lista sería interminable, como lo es el afán integracionista de nuestros pueblos, conscientes de que sólo podrán derrotar al imperialismo y emanciparse de su yugo mediante su unidad,

* Politólogo y Sociólogo. Director del PLED: Programa Latinoamericano de Educación a Distancia en Ciencias Sociales Centro Cultural de la Cooperación "Floreal Gorini"

Política y Sociedad/Lo social y lo político en la construcción del moviemiento popular/Por Rubén Drí

Octubre y sus desafíos

Lo social y lo político en la construcción del movimiento popular

Las Elecciones Primarias, Abiertas, Simultáneas y Obligatorias significaron el aval rotundo del pueblo, aval que ya había sido anticipado con la participación multitudinaria y festiva en el bicentenario y las manifestaciones, también masivas, de duelo por la muerte de Néstor Kirchner. El problema ahora es ¿cómo continuar? Aquí es donde es necesario retomar el tema central de lo social y lo político.

Por Rubén Dri*
(para La Tecl@ Eñe)

Ilustración: Aníbal Cedrón


“En lo social jugamos de local. En lo político, en cambio, jugamos de visitante. Allí perdemos”. Es la frase que pronunció un militante de los movimientos sociales en la década del noventa y que sintetiza muy bien una actitud generalizada en la militancia de la época. La sensación era que no había nada que hacer en lo político. Actuar allí era tiempo perdido.

La década del 90 fue sin lugar a dudas la década más infame de nuestra historia. En ella, hegemonizada en lo político por el menemismo y en lo económico por el fundamentalismo neoliberal, se consumó la entrega de todo el patrimonio nacional que había comenzado, por obra de Martínez de Hoz como ministro de economía, en la dictadura genocida que se apoderó del Estado en 1976.

Los sectores populares habían sido quebrados en un largo proceso en el que se combinó brutalidad, asesinato, engaños, amenaza de caos, impunidad, leyes infames que legitimaban los crímenes más atroces, golpe de mercado acompañado de asaltos a supermercados e hiperinflación. Menester es tener en cuenta que los primeros intentos de imponer medidas tendientes a la implantación de la economía neoliberal en la década del 60, con la dictadura de Onganía, fracasaron por la resistencia activa que opusieron los sectores populares.

1.- El universal y el particular.

El ser humano es un sujeto, lo que cual significa una totalidad, conformado por la relación dialéctica de lo universal y lo particular. Cada sujeto es un universal, abierto a lo universal. Es el único ser que está conformado de esa manera. El animal se encuentra encerrado en sus sentidos. No puede salir de su particularidad. El sujeto, en cambio, rompe todas las barreras. Está abierto a todo.

Realizarse como sujeto es realizarse como ese todo, esa universalidad que se es. Pero para realizarlo debe pasar por lo particular, debe hacerse como campesino o intelectual; debe elegir a cada momento la actividad particular que va a realizar, pero nunca debe identificarse con esa particularidad.

En todas las sociedades anteriores a la sociedad burguesa, ambos ámbitos, el universal y el particular se encontraban en una relación inmediata. Más aún, estaban completamente soldados. En realidad, era el particular el que se encontraba completamente soldado con el universal. El miembro de la familia extendida, del clan, de la tribu, del feudo, no es un sujeto que decide individualmente su destino. Éste se encuentra totalmente soldado al universal al que pertenece.

De esta manera queda planteado un problema central para la filosofía política y para todo proyecto político, la relación entre el particular y el universal, la parte y el todo, el individuo y la comunidad. Éste es el tema que en el nivel de la filosofía se conoce como el tema de los universales, que tanta pasión levantó en el medioevo y que generalmente no ha sido bien comprendido.

Los filósofos del medioevo se preguntaban qué realidad correspondía a los conceptos universales como: ser, humanidad, sociedad, Estado. En Platón hay una acentuación de la realidad del mundo de las ideas que hace que el mundo de los individuos quede completamente opacado. Responde a la realidad de la polis, en la que el individuo como tal, el ciudadano como particular, no cuenta. Platón reacciona contra la tendencia al surgimiento del individuo que rompe la amalgama de la polis. De allí los trazos tan esquemáticos, matemáticos de la República.

En Aristóteles el planteo es más flexible. La “unidad se dice de muchas maneras”, de modo que en cierta manera es reconocido el individuo, pero todo ello queda sin desarrollar. No podía ser de otro modo, en la medida en que el surgimiento del individuo como tal es un fenómeno moderno.

En el siglo XIII ya hay despuntes de la modernidad. El individuo está naciendo. La pregunta de si lo que existe en la realidad es el universal, es decir, la sociedad, o el particular, esto es, el individuo, o si ambos tienen existencia real, no son problemas superficiales. De la respuesta correspondiente depende la solución que se intente dar a un proyecto político.

Un proyecto de Estado absolutista como el de Hobbes, en la etapa en que ya el individuo es una realidad actuante, debe basarse en una concepción nominalista, que niega toda existencia a los conceptos universales. Sólo así puede postularse la necesidad de un Leviatán que imponga por la fuerza la vida en comunidad de individuos, átomos que nada tienen en común, porque no hay ningún tipo de realidad universal.

Todos los absolutismos anteriores, tipo Estado oriental, según la categoría marxiana, se fundamentaban en la absoluta realidad del universal y la desaparición del particular. Es la tendencia que todavía se encuentra en Platón con su teoría de las ideas como el mundo verdadero.

En la culminación del medievo, en el siglo XIII, cuando a la vez se presentan los gérmenes individuales, se agudiza el problema de los universales. Hay dos vertientes extremas en su solución, la de los realistas que sostienen que los universales son res, cosas, y la de los nominalistas que sostienen que solamente son nombres que no responden a ninguna realidad. Abelardo se ubica en una situación intermedia, colocando la realidad de los universales en la significación, en el sermo o locución.

En esa controversia interviene Santo Tomás ubicándose cerca de Abelardo, pero no exactamente en la misma posición. Concede que los universales deben tener algún tipo de realidad, pues de lo contrario no podría existir la socialidad ni en Dios, que es trino, ni en los hombres que son esencialmente sociales. Pero, por otra parte, no se puede negar la realidad individual. Sale del paso respondiendo que los universales son “seres de razón con fundamento en la realidad” -cum fundamento in re-.

Ello significa que la realidad es universal-particular, que el momento de la universalidad está en cierta manera oculto en el seno de la particularidad. La abstracción mediante la cual se obtiene el universal es, por consiguiente, la conceptualización de una universalidad.

No deja de ser ésta una solución de compromiso que a los tomistas siempre les ha parecido genial. Tanto la de Santo Tomás como la de Abelardo son soluciones que por lo menos indican que es imposible entender la realidad por medio sólo de la particularidad o de la universalidad, pues ambos conceptos son indispensables. Aquí se encuentra en germen la dialéctica universal-particular que Hegel sacará a luz y desarrollará ampliamente.

La relación entre lo particular y lo universal es lo que está también en la base de la discusión de Tomás con el averroísmo de Síger de Brabante. Efectivamente Síger hace suya la interpretación de Aristóteles sobre la existencia de un único intelecto agente para todos los hombres que hace Averroes. De esa manera, desaparece el individuo o el particular en el universal. Santo Tomás defenderá un intelecto agente para cada uno.

El hombre, ser particular y universal, individual y social, busca, por una parte, su bien particular y, por otra, el bien universal o común. Impulsado por su naturaleza forma, según Tomás, la primera agrupación en la que se realice en esas dos dimensiones. Es la familia. Ésta es absolutamente necesaria, pero insuficiente. Es una sociedad imperfecta, piensa Tomás, porque no posee en su seno todos los medios para obtener sus fines.

Por ello el hombre crea otra agrupación, el Estado, sociedad perfecta que posee todos los medios para que el hombre pueda lograr sus fines en el orden natural. Para el orden sobrenatural hay otra sociedad perfecta, la Iglesia que posee todos los medios para que el hombre pueda lograr su fin sobrenatural..

2.- La cuestión social.

La revolución burguesa o capitalista produjo una escisión entre el ámbito universal, político, perteneciente al Estado, y el particular, de la sociedad civil. Los estamentos, grupos sociales en los que lo político y lo social, el universal y el particular, se encontraban completamente soldados, con predominio absoluto del universal, se rompen. Las totalidades universales, orgánicas, como la familia extendida, arraigada al suelo, los feudos, las etnias, fueron desarraigadas, desarticuladas, fragmentadas.

Esto se produce en el proceso que se conoce con el nombre de “acumulación originaria” que Marx describe en El Capital. Para que el capitalismo pudiese alzar el vuelo era necesario arrancar al campesino de su inserción en el terreno, de su relación directa, encarnada con los instrumentos de trabajo, y con ello, arrancarlo del organismo en el que se encontraba inserto.

Surge así la denominada “sociedad civil”, el ámbito de los individuos aislados, de las mónadas como las pensó Leibniz, desde las cuales era posible comenzar la filosofía desde la propia conciencia individual. Es el “yo pienso” de la filosofía cartesiana, como inicio de todo pensar, de toda filosofía y de toda cultura.

Los individuos ahora se agrupan, pero ya no son estamentos sino clases. Su significado ya no es directamente político como en los estamentos, sino “social”. Son las clases sociales. Aristóteles había definido al ser humano como “animal político”. La traducción que se realizó como “animal social”, no tiene ningún sentido si con ello se quiere hacer una verdadera exégesis de lo expresado por el filósofo griego. Lo social como diferenciado de lo político estaba completamente fuera del horizonte cultural griego. Lo mismo pasaba en la sociedad feudal y en las sociedades precapitalistas de América, que se escalonaban desde un determinado “comunismo primitivo” hasta sociedades tributarias.

“La sociedad política”, decía Marx en la Cuestión judía, refiriéndose a la revolución burguesa, “destruyó necesariamente todos los estamentos, corporaciones, gremios y privilegios, que eran otras tantas expresiones de la separación entre el pueblo y su comunidad. La revolución política suprimió, con ello, el carácter político de la sociedad civil”.

Éste es un aspecto fundamental de la sociedad capitalista que se conoce con el nombre general de “la cuestión social”. Fue Hegel el primero en exponer con claridad la diferenciación de los dos ámbitos, el de la sociedad civil y el del Estado, que pasó a ser luego, la diferenciación entre la cuestión social y la cuestión política. Marx hundió su análisis en la sociedad civil, o sea, en la estructura, señalando su carácter político, pero no directamente político como en las sociedades estamentales.

De manera que hay una escisión entre lo social y lo político, pero no se trata de una escisión total. Lo que se ha roto es la relación inmediata entre ambos. En lugar de relación inmediata, relación mediata a través de un cúmulo de mediaciones Ello significa que todo es político y todo es social, pero no lo es de la misma manera. Las luchas por los derechos humanos son políticas, sin ninguna duda. Sin embargo su acento no está puesto directamente en lo político, sino en lo social.

3.- Lo político y lo social.

Menester es, pues, poner un poco de claridad sobre el significado preciso que pretendemos darle a uno y otro concepto. Cuando hablamos de lo político en sentido estricto nos estamos refiriendo al poder, a la voluntad de construir y ejercer el poder para transformar la realidad, se entiende la realidad humana, social, política. Cuando, en cambio, pretendemos significar sólo lo social, nos referimos al logro de determinados derechos, a su reivindicación, sin que de por sí, explícitamente, se plantee el tema del poder.

Cuando se plantea lo político siempre se tiene en mente la totalidad. Lo político por excelencia es el Estado. Allí se concentra, o se debe concentrar el poder supremo. Todo el pensamiento y la acción política tiende a apoderarse del Estado, o mejor, a construir un nuevo Estado. Se hacen análisis y se crean los instrumentos necesarios como partidos políticos, organizaciones políticas de base o intermedias que reciben diversas denominaciones, etc.

Cuando se plantea lo social, desaparece del horizonte explícitamente el tema del poder. No se piensa en construir un nuevo Estado, ni siquiera en reformarlo. Naturalmente que se dan matices que dejamos de lado, para tipificar en forma pura ambos tipos de comportamientos. Se analizan problemas parciales como falta de agua, insalubridad de la vivienda, destrucción de la naturaleza y se crean organismos para trabajar en esas reivindicaciones.

La acción política debiera tener siempre en mente estos dos ámbitos que en la realidad nunca están en estado puro. Son dos ámbitos dialécticamente conectados que tiene cada uno de ellos su propia lógica y sus propios instrumentos. Hay momentos históricos en los que la dominación ha logrado tal fragmentación del movimiento popular, que hace casi imposible una acción política concertada que cuestione al sistema. Son momentos, además, en los que la práctica política es completamente desnaturalizada, corrompida. En esos momentos pasa a primer plano la acción social. Lo político entra en una especie de cono de sombra.

Es lo que ha pasado en nuestro país. Organismos de derechos humanos, luchas por los derechos de la mujer, de los homosexuales, movimientos ecologistas, sociedades de fomento, cooperativas, agrupaciones de base, movimientos sociales en general y tantos otros, pusieron su acento en lo social. Como lo expresaba el militante de los movimientos sociales que he citado al inicio de este artículo: “En lo social jugamos de local. En lo político, en cambio, jugamos de visitante. Allí perdemos”.

El tema vuelve a discutirse con pasión en las asambleas que surgieron a partir de las jornadas del 19-20 diciembre de 2001. ¿Deben éstas ser espacios sólo de trabajos sociales o deben transformarse en espacios políticos? ¿Deben ser sociedades de fomento u organizaciones políticas? ¿Hay que hacer comedores para los hambrientos o sólo proponer medidas de lucha en contra de los poderes dominantes? ¿En que medida los trabajos en el barrio no van transformando a las asambleas en organizaciones meramente sociales?

Todo trabajo que se realiza en el ámbito social tiene su techo. La política neoliberal lo hecho sentir de una forma por demás dolorosa e intransigente. Esto plantea la imperiosa necesidad de que lo social sea plenamente consciente de su significación política, y que busque una articulación con las organizaciones políticas y fundamentalmente con el Estado.

4.- El movimiento popular

En el 2001 el pueblo dio por tierra con la construcción del neoliberalismo y se desparramó por las calles y las plazas de las principales ciudades del país, proclamando a voz en cuello la finalización de toda la dirigencia política que nos había destruido el país. Lamentablemente con los dirigentes, se terminaba también con la política. Crecen las asambleas como hongos después de la lluvia que se recluyen en lo social.

El rechazo se refería a la totalidad el proyecto político que incluye lo estrictamente político, lo sindical, lo legal, lo económico, lo empresarial, lo cultural, lo religioso. Se encontraban, por lo tanto, rechazadas todas las instituciones en cuanto a la manera como habían funcionado.

Entre las instituciones que eran intransigentemente rechazadas en cuanto a su manera de funcionar se encontraban los partidos políticos. Si bien los partidos que constituían el objetivo primero del rechazo eran los partidos oficiales del sistema como el justicialismo y el radicalismo, no se libraban del mismo los partidos tradicionales de izquierda.

Las asambleas debatieron intensamente, tensionadas por dos movimientos contradictorios, uno, el de los tradicionales partidos de izquierda que pretendían que las asambleas debían ser dirigidas por ellos, y otro, que postulaba la no-organización, el puro asambleísmo, la plena horizontalidad. Del 2001 al 2003 continuaron los debates en asambleas que se fueron raleando hasta casi desaparecer.

En el 2003 asume Néstor Kirchner quien viene con la decisión de dotar de un proyecto político concreto los reclamos de los movimientos sociales. Comienza, de esa manera, con muchas contradicciones, la re-construcción del movimiento nacional, popular, latinoamericano. Desde la Renovación de la Suprema Corte, la política de derechos humanos, la terminación de la impunidad, hasta la Asignación Universal por Hijos y la Ley de Medios Audiovisuales, la construcción del movimiento avanzó saltando obstáculos.

Las Elecciones Primarias, Abiertas, Simultáneas y Obligatorias significaron el aval rotundo del pueblo, aval que ya había sido anticipado con la participación multitudinaria y festiva en el bicentenario y las manifestaciones, también masivas, de duelo por la muerte de Néstor Kirchner. El problema ahora es ¿cómo continuamos? Aquí es donde debemos retomar el tema de lo social y lo político.

Es necesario que se realice un movimiento dialéctico entre los social y lo político, o, para expresarlo de otra manera, entre el abajo y el arriba. La política es la actividad destinada a dirigir la transformación de la realidad como ámbito de la realización de los seres humanos que la componen. Para que esto se realice necesariamente, la acción política debe esta profundamente arraigada en los estratos más profundos de la sociedad, en la base o, en otras palabras, en los sectores populares, el “subsuelo de la patria” como lo llamara Salabrini Ortiz.

En consecuencia, la base de la acción política la constituyen los movimientos sociales porque éstos son los que están en contacto directo con las necesidades populares. La acción política que no arraigue en ellos será una acción “impuesta”, dominadora, que no respeta la subjetualidad de aquellos a quienes está dirigida.

En nuestro país existe una verdadera selva de movimientos sociales. Algunos o muchos se transformarán en organizaciones políticas, pero la mayoría no lo hará y eso es altamente positivo para la salud del movimiento nacional, pues hará que éste no se pierda en una especie de cielo platónico, sino que arraigue profundamente en las entrañas del pueblo.

De la articulación dialéctica entre los movimientos sociales, abiertos a la acción política y las estructuras políticas, depende que el movimiento político nacional y popular no lo sea sólo de nombre y pueda producir las profundas transformaciones que se requieren.

Buenos Aires, 31 de agosto de 20011



*Filósofo, Teólo y Docente

Política y Sociedad/La etapa superior del Kirchnerismo/Por Hernán Brienza

Octubre y la profundización del modelo

La etapa superior del kirchnerismo

Las preguntas más importantes para hacer respecto del proceso que se abre en la Argentina después de la posible victoria de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner modelan la forma de pensarse a sí mismo y al propio sujeto político colectivo. ¿Se producirá en 2011 la llegada de una etapa superior del kirchnerismo? Y ¿En qué consiste la tan mentada profundización del modelo? De cómo se respondan estas cuestiones, dependerá la mirada que se tenga sobre el próximo período.

Por Hernán Brienza*
(para La Tecl@ Eñe)


Ilustración: Aníbal Cedrón, Tomografía

Es sutil, imperceptible, quizás, pero en los primeros meses el 2011 la presidenta ha cambiado de paradigma en la forma de relacionarse con la sociedad y con la oposición. Cristina Fernández se ha colocado en otro lugar, un escalón en el cual no parecen desestabilizarla las campañas periodísticas, los ataques de la oposición, la maledicencia. Parece haber renunciado a cierto estilo confrontativo y decidido colocarse en un lugar de sobria argumentación para responder los agravios, que en algunos casos son, francamente, incomprensiblemente impiadosos. Contrariamente a lo que pensaron muchos, los primeros imeros meses el 2011, dependerarse a s Ferne en la Argentina despumeses no fueron de crispación o enfrentamiento.
Las preguntas más importantes para hacer respecto del proceso que se abre en la Argentina después de la posible victoria de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner modelan, de alguna manera, la forma de pensarse a sí mismo y al propio sujeto político colectivo. ¿Se producirá en 2011 la llegada de una etapa superior del kirchnerismo? Y ¿En qué consiste la tan mentada profundización del modelo? De cómo se respondan estas cuestiones, dependerá la mirada que se tenga sobre el próximo período. En mi opinión personal, considero que desde el inicio de las sesiones legislativas del 1 de marzo de 2011 hay una nueva etapa del proceso que comenzó hace casi ocho años. Se trata de una transformación muy sutil, es cierto, pero que vale la pena prestarle atención: La próxima etapa de la política nacional estará marcada por la institucionalización del proceso nacional y popular que se producirá a través de la hegemonía cultural y valorativa.
Me gustaría seguir desmadejando el concepto de “profundización del modelo nacional y popular”, un proceso que consta de dos aspectos diferentes: “el cuantitativo y el cualitativo. El primero está relacionado con la mejora de la distribución de la riqueza, el achicamiento de la brecha y la desigualdad social, la transferencia de recursos de un sector a otro de la producción –del campo a la industria o del sistema financiero a la tecnología de punta–, de los índices de desocupación, de ingreso, etcétera. El segundo está relacionado con aspectos que tienen que ver con cuestiones filosóficas e ideológicas, si se quiere: la dignidad de los trabajadores, el rol del Estado, los límites de la intervención en la economía, las formas de la hegemonía del frente nacional y popular, la circulación del poder de decisión”.
La institucionalización requiere de un aumento de la racionalización burocrática, política y administrativa, y de un creciente profesionalismo político por parte de los militantes y los cuadros políticos que lleven adelante el proceso de profundización y transformación. Es por eso que el famoso trasvasamiento generacional exige a los jóvenes que ocupen espacios políticos, estudio, autoperfeccionamiento y una concepción política e ideológica capaz de revisar las tradiciones culturales que atraviesan nuestra historia. Es decir, la profundización se realizará con pasión militante pero también con perfeccionamiento individual y colectivo.
Se podrá decir que, durante el 2011, la presidenta ha elegido una estrategia defensiva que suplantara a la confrontación y que consistió en minimizar el posible daño que podían generar las jugadas. Pero si uno la escuchaba atentamente podía darse cuenta de que había otras palabras, otros gestos, otras señales en los discursos y las apariciones públicas presidenciales. La maduración de ese nuevo perfil, quizás, se haya hecho patente por primera vez en el discurso que dio a los jóvenes en el Estadio de Huracán el 11 de marzo. Pero se repite constantemente: como en una letanía, Cristina Fernández habla constantemente de “unidad”, de “comprensión”, de “pluralidad”, y pronuncia esas palabras para propios y para ajenos. Incluso en uno de sus discursos anunció que ella era “la presidenta de la unidad de los argentinos”. Sutilmente. En forma apenas perceptible, por ahora. Se ha propuesto una gran misión: la unidad nacional. Unir para liberar, era la consigna de aquella época. Se me ocurre que el desafío de esta época es unir para consolidar un modelo, unir para colocar a la Argentina definitivamente lejos del país que comenzó en 1976 y concluyó en 2003.
El movimiento nacional y popular se consolidará no sólo en términos electorales, sino fundamentalmente históricos –hegemónicos– si tiene la posibilidad de “hacer felices” a los argentinos pero, al mismo tiempo, lograr una estructura de cuadros y militantes que sean mejores que el resto. Si se produce finalmente esa transformación, el peronismo kirchnerista entrará en la etapa superior de su propia existencia.

*Hernán Brienza es licenciado en Ciencia Política y periodista. Actualmente es columnista político del diario Tiempo Argentino, conduce el programa Primera Mirada, por Radio América, y es columnista de historia y cultura en el programa Una Vuelta Nacional, conducido por Héctor Larrea, que se emite por Radio Nacional, y acompaña a Julia Mengolini en Los que se vienen.

01 septiembre 2011

Política y Sociedad/La Argentina cristinista: el horizonte que se corre/Por Martín Piqué

Hacia Octubre


La Argentina cristinista: el horizonte que se corre.



La imagen que mejor sintetiza estos años acaso sea el consumo a todo vapor de los sectores populares. Keynesianismo de tercer cordón. Es, como dice el artista plástico Daniel Santoro, la socialización del goce capitalista. Una socialización que, sin embargo, sigue encerrando un conflicto estructural. En un orden esencialmente excluyente, como es y seguirá siendo el capitalismo, el peronismo tiene la fuerza trágica de una revolución inconclusa: la justicia social nunca podrá consumarse como un todo. La búsqueda de la igualdad, sigue siendo un proceso.

Por Martín Piqué*

(para La Tecl@ Eñe)


Ilustración: Mural realizado por Daniel santoro y Alejandro Marmo


Dicen que así es más fácil inspirarse. Mirar al otro lado de la ventana. Poner cara de estatua –uno se pretende ensayista—y contemplar con beatitud post-orgásmica las luces de neón que rebotan en los vidrios o en el agua acumulada de las banquinas. La ciudad, musa inspiradora. El color de la noche, paisaje urbano; cobijo afectivo que dispara recuerdos y emociones como la fluorescencia del mar que conmovía al Corsario Negro al despedir a sus hermanos en las novelas de la infancia. Del otro lado de la ventana: la noche de Buenos Aires. Esta ciudad está feliz.
Feliz como Riquelme. Y la incomodidad de sentarse en un café que ya es un lugar común de Buenos Aires: Corrientes y Montevideo, La Paz, la esquina tradicional del observador presuntamente creativo. Paraíso progre. Aparte de los barbados con gesto adusto que se explican lo que pasa, de las mesas de señoras que comparten infidencias, la Paz sigue siendo un desfile de vendedores ambulantes: biromes, copias piratas de películas, pañuelos de papel. Y enfrente, justo enfrente, en la otra esquina, un puesto de panchos ofrece “hot dogs nacionales y populares”. Me tiento de decir que las dos esquinas son una postal de la Argentina cristinista. Lo digo. “La fuerza del pueblo.”
Los lugares comunes, ¿cómo evitarlos?
La ciudad y las escenas urbanas que construyen un sentido. Ayer quise sentirme un turista en un mundo ajeno: jugaban Boca-San Lorenzo, me encapriché con que quería ver el partido en la pantalla gigante de la confitería Rond Point, el emblema de la ostentación noventista, acaso pasada de moda. Siempre supuse que en esa esquina de la avenida Figueroa Alcorta –pleno Palermo Chico- se citaban los exitosos que estaban haciendo carrera en el canal estatal: ahora sería el escenario de las figuras ascendentes de la televisión pública. Pero el domingo a la tarde en Rond Point mostró un país congelado, una imagen anterior a 2003.
No había allí jóvenes kirchneristas desafiando gorilas con un consumo de VIP class. Por suerte, qué alivio. Las mesas eran un catálogo perfecto de maduros de billetera abultada haciéndose los galanes, exhibiendo a sus mujeres teñidas de rubio y con el récord de cirugías por centímetro cuadrado. Pero la escena tiene su reverso, el escenario sistemáticamente olvidado por los medios hegemónicos: segundo y tercer cordón del conurbano. Barrios de trabajadores y ciudades-dormitorio. Obra pública, inversión estatal. Calles que se asfaltan, acceso al agua potable, computadoras para los pibes y cloacas que llegan después de años y años de ausencia.
Sí. La imagen que mejor sintetiza estos años acaso sea el consumo a todo vapor de los sectores populares. Keynesianismo de tercer cordón, electrodomésticos, cemento y ladrillo. El regreso de la confianza y de la ilusión en la movilidad social ascendente. Es la democratización del consumo o, como dice el artista plástico Daniel Santoro para provocar a las almas bien-pensantes, la socialización del goce capitalista. Una socialización que, sin embargo, sigue encerrando un conflicto estructural. En un orden esencialmente excluyente, como es y seguirá siendo el capitalismo, el peronismo tiene la fuerza trágica de una revolución inconclusa: la justicia social nunca podrá consumarse como un todo. La búsqueda de la igualdad, como la utopía que retrocede con el horizonte mientras se camina hacia ella, sigue siendo un proceso. Como todo viaje.
Y sin embargo. Los días más felices siempre fueron peronistas.




*Periodista. Trabaja en el Diario Tiempo Argentino

Política, Cultura y Sociedad/ El Jardín de Conrado/Jorge Garaventa

El Jardín de Conrado
El País en los Diez Años de la Tecl@ Eñe



Por Jorge Garaventa*

(para La Tecl@ Eñe)

“Frente a los hechos de violencia que ocurren no debemos dejarnos llevar por quienes provocan a la violencia. Más allá de las personas hay que asegurar paz social y estoy dispuesto a hacerlo preservando a las personas y los bienes; por eso he dictado el estado de sitio.”
Fernando de La Rúa, 20 de diciembre de 2001


“miraba por televisión y me parecía increíble, la gente golpeaba ollitas y caminaba hacia Plaza de Mayo. En un momento pensé que me gustaría estar allí porque presumía que iba a pasar algo histórico. Las cacerolas sonaban cada vez más fuertes y más cercanas, estaba más allá de la televisión. Me asomé al balcón, vivía en un primer piso, ahí nomás, ahí abajo, estaban mi peluquera, varios de mis vecinos, algunas compañeras de trabajo, los empleados del almacén, el remisero. Agarré una ollita y bajé y al rato llegaba en la plaza sintiendo que era protagonista de un cambio histórico.”
Una paciente, enero de 2002


“- Hola, ¿qué tal?, ¿bien?
- Sí, bien. Estoy para espiar...”

Conrado Yazenza, La Tecl@ Eñe Nº 1, Octubre de 2001


Muy orgullosamente en nuestro estilo sureño, y por otro lado como deben ser las cosas para no perder su chispa, no todos los argentinos nos hemos puesto de acuerdo acerca no solo de lo que fue sino lo que significó el movimiento social que sacudió el país en toda su extensión, hace casi 10 años.
En lo personal me resisto a creer que La Tecl@ Eñe, esta publicación digital que hoy homenajeamos, haya nacido por casualidad, apenas unas semanas antes del estallido social.
Mas bien me atrevería a asegurar, a riesgo de ser desmentido por su creador, Conrado Yazenza, que este medio político cultural, o cultural político, que no es lo mismo pero es igual, germinó de las mismas semillas del hartazgo que terminaron de expulsar el ensayo aliancista, aquel que surge de las luchas contra las medidas económicas que imponía Cavallo, y que culmina, tristemente trayendo a Cavallo para que invente el milagro económico que operaría la salvación de la ropa.
Por eso pretendo tomarme la licencia de desplegar un raconto historizador sobre algunos acontecimientos políticos que se desarrollaron a la par del crecimiento de La Tecl@ Eñe. Tal vez no aporte más que recuerdos personales de esa porción de historia que nos sacudió a todos…no es poco.
Diez años después, poco o nada se puede agregar a la historia, tantas veces contada, pero siempre hay espacio para historizar, y desde este acto creativo seguramente surgirá más verdad que del relato fiel y despojado de los hechos.
Historizar es interpretar los hechos históricos a partir de signos interrelacionables que permitan desinvisibilizar las verdaderas causas motivantes. La observación aguda, se espera, impide la afirmación arbitraria. La solvencia de la historización esta dada por la consistencia interna sustentable en el análisis de la misma.
Volviendo a las jornadas de 19 y 20 de diciembre, en la explosión que condujo a la estampida del gobierno, ya a esa altura radical, confluyeron sectores de distinto signo, algunos incluso antagónicos, y lo que parecía constituir un grito homogéneo era en realidad una pluralidad de reivindicaciones sectoriales que no todas apuntaban a la salud republicana.
Por si ello fuera poco, no puede soslayarse que la elección que empieza a dar cauce definitivo a ese proceso da como vencedor en la primera vuelta al tristemente célebre riojano que deberá dirimir en balotaje con Néstor Kirchner, el delfín de Duhalde que aún ocupaba la primera magistratura, el último de los varios sucesores de De la Rúa.
Si hubo algo que preanunciaba el fracaso rotundo de quienes querían que se vayan todos era precisamente este final entre dos pejotistas, alumnos de la vieja escuela justicialista y tributarios de los vicios polítiqueros.
Ya era tarde para una respuesta contundente. Los ahorristas que supieron liderar gran parte de las demandas habían abandonado la lucha colectiva y recorrían individualmente caminos judiciales y administrativos que les permitieran volver a juntarse con sus tesoros arrebatados.
Las asambleas comenzaron a debilitarse por falta de un más allá unívoco que les permitiera avanzar hacia otro país posible, por el retiro de quienes confundían con el que se vayan todos con el repudio a cualquier forma de hacer política, y por la perpetuación de ciertos mecanismos del narcisismo de las diferencias.
Pero no obstante, así como pueden rastrearse antecedentes asamblearios en las respuestas organizadas al apagón por desidia de 1999, cuando cada esquina se convertía en un centro de organización y resistencia a la lógica capitalista que finalmente por primera vez debe recurrir a su capital para resarcir económicamente a usuarios no dispuestos a resignarse, las asambleas dejaron una huella en la epidermis social, y ya nada sería como antes. Como nunca y desde entonces surgen en cada conflicto, organizaciones independientes dispuestas a luchar por el ejercicio de sus derechos. Lo sectorial no obstante sigue careciendo de un eje que aglutine reivindicaciones.
Es en ese contexto que llegan las elecciones del 2003 con políticos perseguidos por el mal humor de la gente y que solo se asoman tibiamente en la campaña por temor al inevitable escrache.
Y es en ese contexto que Menem vuelve a ser el político mas votado con el 25 % de los sufragios seguido a metros por un casi desconocido Néstor Kirchner, el único político que se había negado a que se completara el mandato de De la Rúa y pedía elecciones ya en el 2001.
Pero el humor social estaba muy lejos de tolerar otro mandato del ex presidente y tanto los sondeos como el olfato político vaticinaban semejante debacle electoral que era mucho mas de lo que estaba dispuesto a tolerar el invicto riojano que finalmente decidió hacer mutis por el foro y dejó al santacruceño con la responsabilidad de recomponer un país que hasta ahí no era mas que una incógnita.
Ya habían caído Kosteki y Santillán, ya Duhalde había tenido que acortar plazos y aspiraciones, ya la sociedad había marcado el terreno y mostrado a las claras qué estaba dispuesta a tolerar y qué no.
Ha de haber pensado Kirchner entonces, en más de una oportunidad, que el afirmativo freudiano tal vez era veraz: “gobernar es una tarea imposible”
Hoy podemos afirmar que nada de lo ocurrido a partir de allí fue casual, ni el estilo de conducción, ni la orientación del gobierno, ni la elección de los adversarios a enfrentar.
Se trató de una reivindicación sectorial de la historia setentina cuyo punto de partida es claramente marcado por Kirchner el 24 de marzo de 2004 cuando ante una plaza desbordante de organismos y militantes de derechos humanos lanza el lacónico: “volvimos”. Hablaba del 1º de mayo de 1974 cuando la controversia entre Perón y los Montoneros resulta en el abandono de la plaza por parte de los numerosos grupos juveniles de la Tendencia Revolucionaria.
Lo que volvió no fueron ni los Montoneros, ni la Tendencia Revolucionaria, sino, mucho más valioso aún, la posibilidad de revisar el pasado y de debatir políticamente acerca de una época que había quedado ahogada en sangre por la acción genocida de las AAA y de la dictadura militar. Suele decirse, con cierta razón, se reinstaló “La Política”, sobre todo para quienes pretendemos no sinonimizar política y corrupción, sino que, lejos de ello, esta última es una degeneración de la primera.
Kirchner sabía, el desgobierno de Illia así lo había mostrado, lo difícil que era gobernar con el 23 % de los votos. Tal fue la perversa jugada del riojano, no someterse a una derrota y mucho menos darle consenso al futuro presidente.
Lo que para algunos fue una opción acorde con su militancia histórica y para otros un espectacular ejercicio de oportunismo, constituyó en realidad un riesgoso desafío de supervivencia frente a una sociedad efervescente que ya no toleraba mas de lo mismo.
No fue casual pero tampoco programático. Poco de lo que encaró el gobierno en políticas de derechos humanos y sociales había sido bandera de campaña. Una eficaz jugada que despertó entusiasmo popular en un gobierno al que pocas semanas antes el 77% de los votantes había dado la espalda.
La presencia de mandatarios populares de Latinoamérica fue el marco que entusiasmo a muchos y erizó la piel de no pocos. Fidel Castro, Lula, Chávez, Bachelet, Lugo, eran presencias demasiado fuertes para la asunción de un presidente que sospechado de ser el encargado de sepultar los reclamos del 19 y 20 de diciembre de 200, se convierte en su abanderado y hacedor. Porque en honor a la verdad, que el balotaje fuera entre Menem y Kirchner, dos representantes de las viejas políticas repudiadas era la representación del fracaso de aquella lucha.
Entonces podremos decir sobre el 25 de mayo de 2003, que aquí nace el amor y aquí nace el odio, que es como decir, se ponen blanco sobre negro las dos argentinas.
Aún quienes suponen oportunismo en las políticas de Derechos Humanos no pudieron dejar de asombrarse de cómo las banderas de la impunidad fueron arriadas y pudimos ver en el banquillo a quienes ya habíamos desistido de la esperanza de verlos juzgados y condenados.
No hablamos de un gobierno revolucionario, mas bien podríamos decir progresista y hasta conservador en algunos aspectos. Pero sería necio no reconocer que en la política contra los genocidas y sus cómplices no ha habido hasta hoy una sola vacilación.
Hace apenas unos meses Cristina Fernández corrió el eje de la discusión. “En el 2003 optamos por gobernar en esta dirección.” Ya no importaba que hubiera pasado antes sino cual era el camino que hoy se recorría.
Hubo algunas posiciones reprochables como por ejemplo el vacilante comportamiento político tras la masacre de Cromañón y el insólito sostén a Ibarra para quien el gobierno tenía planes que debió dejar en el camino. Probablemente algo de ese desacierto sea el germen que permitió el crecimiento de la derecha en Capital. Si el gobierno no hubiera intentado cobijar los constantes desaciertos de su ex aliado probablemente el porteño no sería tan esquivo. Porque bueno es recordar que según sondeos de la época y la percatación del clima social, Cromañón caló hondamente en los habitantes de Buenos Aires.
La inoportuna e improvisada estrategia política de retenciones planteada por Losteau rompe las trabajosas alianzas que Kirchner se había planteado con el grupo Clarín y los distintos sectores del campo pero pone en evidencia que esos grupos no tejen alianzas sino que defienden privilegios. Tal vez desde 1955 que no mostraban su inescrupulosidad de forma tan desembozada. No había grupos militares esta vez que pudieran encarar el trabajo sucio.
No obstante el flamante gobierno de Cristina Fernández no pudo captar que como todo movimiento conservador el empellón del campo se sustentaba en una cierta base popular, descreyó de la rebelión de los pueblitos del interior y se refugió en los “anuncios destituyentes” de la inteligentzia porteña encarnada en el Grupo Carta Abierta y pagó un alto precio en las elecciones del 2009.
Tampoco los patrones del campo y de la opinión advirtieron que sin el auxilio de los sables sangrantes sus victorias eran tan efímeras como pírricas y menospreciaron la capacidad de recuperación del gobierno que cuando pudo correrse de las riñas especulares tejió políticas sociales y revolucionó el espectro político. Ya no solo los genocidas darían con sus huesos en las cárceles comunes, los homosexuales podrían casarse y adoptar, la ley de medios quebraba el espinazo de los monopolios y ponía condiciones igualitarias para poder decir y escuchar, a la vez que la asignación universal por hijo y el plan Conectar Igualdad abrochaban a miles niños al sistema educativo.
No es mi idea hacer profesión de fe kirchnerista, trato de pensar cuales fueron los factores que dieron vuelta la tortilla y cementaron el sorpresivo y apabullante resultado electoral de hace unos días.
En el medio de tanto revuelo, tal vez en la mañana más tranquila de estos 10 años, el 27 de octubre de 2010 el corazón de Néstor Kirchner dice basta y puebla calles y casas de desconcierto.
Pero no por muy dicho deja de ser cierto. Las calles y plazas del país mostraron una vez mas lo impensado hasta ese momento, la masiva presencia juvenil que dejaba atrás décadas de indiferencia y que parece, habrá que demostrarlo, dispuesta a no regalar los destinos del país.
Fueron 10 años. Hoy nada es igual a entonces, salvo algo, sumamente importante, la generosidad de Conrado Yazenza que mes a mes nos abrió las puertas de La Tecl@ Eñe porque siempre supuso que algo tendríamos para decir…y el convite es tentador. Gracias y Feliz cumpleaños!!!




*psicólogo