05 julio 2007

Editorial

El eterno regreso del Pasado

El pasado en la Argentina constituye el permanente retorno del presente malogrado y el futuro en acechanza. Los ’90, con su ola privatizadora, y el regreso a economías de mercado donde el salvajismo financiero profundizó las desigualdades sociales y económicas, desembocaron en un nuevo siglo teñido de violencia, muerte y más exclusión social. Tsunami institucional, económico y social. Último círculo en el infierno del Dante, sólo que arropado con vestimenta democrática. En 2003, iniciamos el camino de ascenso lento, lentísimo, hacia peldaños superiores del infierno, pero con la retórica y la liturgia del regreso de los ’70. Y hoy, 2007, nos encontramos en la reedición de la trampa política que nos acecha por izquierda y por derecha. El matrimonio presidencial buscando su alternancia en el poder que promete profundizar el cambio que hasta ahora no sé bien hacia dónde nos conduce. El nuevo progresismo argentino que no redistribuye la renta, que acumula superávit mientras la brecha entre ricos y pobres ya no es brecha sino un abismo de desigualdades y falta de oportunidades. La nueva derecha que se disfraza de centro, que descubre la retórica de lo positivo, de la generación de buena onda, intentado presentarse como la gran propuesta de gestión y cambio, alejada de las incómodas discusiones ideológicas. Una suerte de festilindo hedonista que esconde una manada de lobos hambrientos de poder. Y en el medio toda la gama de hienas que hacen su partida tanto por derechas como por izquierdas.
Este es nuestro presente anclado al pasado: la imposibilidad de realizar una síntesis dialéctica superadora. Esta es la trampa política que no hemos sido capaces de desarticular. La discusión política está colmada por el ejercicio lingüístico de la chicana gorila. El gobierno no puede ser criticado - sin que el crítico sea bautizado como conspirador de derechas - entre otras cosas, por haber priorizado la defensa de la política de derechos humanos. Y éste es un aspecto muy ponderable del gobierno, siempre y cuando no se produzca una apropiación y de ella derive un uso político de los derechos humanos, que obstaculice la mirada crítica sobre otras políticas de Estado.
Y la defensa de estos derechos básicos en cualquier sociedad democrática moderna, no puede ser discutida desde la perspectiva de un abandono de las políticas de seguridad, ya que ésta es la espiral de salida no dialéctica que producen las miradas más cercanas a la derecha identificada con la seguridad y el orden. No es cierto que para que exista seguridad y orden debe regir la ley de una edulcorada mano dura. No es cierto. Siempre será el camino más difícil pero el único posible, el de la educación y el trabajo.
Ese anclaje al que me refiero tiene que ver también con cierta percepción de ciclos que se repiten y que revelan un anacronismo intolerable. Por ejemplo, la crisis de la energía. Es ya imposible de entender, si no es a través de la desidia únicamente, que a 18 años de la crisis energética de 1989, la situación se repita casi con pasmosa igualdad – casi porque en 1989 se decidió el corte de luz domiciliario para favorecer a la industria -. Sólo que hoy tenemos una imagen del país que difiere en la ilusión de aquel de la post-primavera alfonsinista. ¿Es imaginable para los porteños y para los más privilegiados habitantes del conurbano bonaerense, pensar sus hogares, sus calles y hasta sus shopings, sumidos en una triste oscuridad? ¿Puede visualizarse un país que se jacta de haber incorporado a sus vidas cotidianas las nuevas tecnologías, programando cortes de luz para ahorrar energía?. ¿No es volver un poco a 1989 pero rodeados de cadenas de electrodomésticos que ofrecen sus plasmas, Pcs, y notebooks de última generación?. Pero también esto es pensar la realidad desde un centrismo que no tiene su correlato en los sectores más relegados del conurbano y en algunas provincias, donde el corte de luz es ya domiciliario.
El presente, anclado atávicamente al pasado, condiciona fuertemente las posibilidades de real desarrollo a futuro. No son errores, no son tampoco inclemencias del tiempo en sus manifestaciones corriente del niño/niña. Es una falta de planeamiento estratégico de políticas de desarrollo. Es no pensar a largo plazo, teniendo sí en cuenta los errores del pasado, el futuro del país. Es la miopía cortoplacista de una clase dirigente que sólo piensa en cómo acumular dinero y poder a través de la función pública. Es como siempre, como hace casi veinte años; es como cuando el país era Estatal y obsoleto, es como cuando el país fue moderno y Privado, pero ciego e insensible.
Es, en definitiva, una lástima. Seguimos derrochando presente y futuro sin tener conciencia de que las oportunidades son escasas, limitadas. Y es una lástima por la Argentina latente que todos los días trabaja, piensa, crea, educa, sueña, vive y muere, pensando que existe un futuro mejor. Ojalá pudiera reprimir las ganas de cerrar el editorial con la frase – ya varias veces usada, no soy nada original ni pretendo serlo - de Patricio Rey y sus redondos: el futuro llegó hace rato/ todo un palo, ya lo ves... Pero, lo siento, el pasado me traiciona, y no encuentro nada mejor.
Conrado Yasenza, Julio 2007.

Entrevistas/ Daniel Link





Entrevista a Daniel Link

La literatura y la creación de nuevas variedades de mundo

En esta entrevista el escritor Daniel Link reflexiona sobre la realidad y la literatura, partiendo de su observación sobre los acontecimientos de Diciembre de 2001 para desembocar en la función de la literatura y cómo ésta se vincula con la política, el cine, internet y la lógica de la mercadotecnia y el prestigio.

Por Conrado Yasenza


1- Se ha preguntado y escrito mucho sobre los acontecimientos del 19 y 20 de diciembre del 2001, pero poco, muy poco se ha buscado la voz de los escritores. Es por eso que me interesaría saber cómo vivió usted ese momento histórico y si elaboró alguna reflexión o sentimiento en torno a lo vivido.

- Lo que ocurre es que en relación con la política tal y como se expresó en diciembre de 2001, toda especificidad cesa. En las marchas, en las asambleas, en las plazas éramos todos ciudadanos, más o menos desconcertados, y estuvo bien que así fuera. En cuanto a reflexión… tampoco se puede esperar de los escritores más lucidez de la que entonces pudo tener cualquier desocupado. ¿Sentimientos? Los que circulaban en el aire: ira, frustración, deseo de destrucción. Otra cosa es el procesamiento de la crisis y ahí sí los escritores podemos esgrimir un saber diferencial, porque gran parte del trabajo que hacemos tiene que ver con la memoria. Tengo para mí que la crisis permitió que comenzáramos a pensar todo desde otro punto de vista. La cantidad de proyectos literarios que hoy existen (muchos de los cuales agonizan por asfixia política) se deben a un salto cualitativo que hay que considerar como consecuencia de los sucesos del 2001.
2- ¿Cree Usted que existe una suerte de banalización de la vida en general? Quiero decir, ¿se banalizan los discursos cotidianos, los políticos, los televisivos (los discursos de los medios masivos en general); hasta se banaliza el deseo, la vida y la muerte?

- Que la televisión sea banal no puede preocuparnos porque está en su esencia. Que la política se haya banalizado… no habla sino de la crisis profunda que atraviesan los sistemas de representación. Temerosos de perder no sé qué porcentaje de votos, pusilánimes, oscuros y miserables, los políticos han resignado la imaginación, que es la clave de todo. No se les nota una idea y, en los últimos tiempos, son reclutados entre la casta de obsecuentes más infame. Así estamos. En cuanto a la banalización del deseo, la vida y la muerte, creo que no se puede generalizar. Son temas sobre los cuales es difícil pronunciarse en una entrevista periodística.

3 - ¿Le parece que la literatura que esboza algún grado de compromiso político tiene mala prensa en la actualidad?

- Depende qué se entienda por compromiso político. La literatura de denuncia siempre fue débil en su alcance (sobre todo después de la aparición del periodismo). Sin dejar de ser políticos, son otros los objetivos del arte.

4- ¿Cree usted en la idea de que la creación literaria se vincula con la exploración de los márgenes de la vida y la existencia?

- Una de las tareas del arte (sino la única) es crear variedades nuevas de mundo. Si esas variedades nuevas están en los márgenes de la existencia o no, depende muchas veces de la mirada del escritor y de su voluntad de ir más allá de lo existente. En todo caso, la literatura que repite lo ya hecho suele ser bastante aburrida.

5- ¿Qué le sugiere la idea (en la literatura y en la vida real) de que el encuentro del cuerpo con su esencia o alma remita al espacio de la muerte y la locura?

- No entiendo los términos de la pregunta. ¿Alma? ¿Locura? En el arte, la única locura es la ausencia de obra.




6- ¿Hay un ofrecimiento de tipo corporal en la creación literaria, eso que comúnmente se denomina "poner el cuerpo en la obra"?

- Metafóricamente hablando, sí. Hay estéticas sacrificiales y otras que lo son menos. La literatura moderna suele tender a sacrificios radicales (Kafka, paradigmáticamente). Más que en términos de “poner el cuerpo” me gusta pensar en términos de ponerse en riesgo a uno mismo.

7- ¿Cómo ve la relación entre cine y literatura? ¿Por ejemplo, el proceso de adaptación o transformación de una novela a guión de cine?

- La transformación de una novela en película puede tener un sentido de pedagogía, no siempre feliz. También es cierto que muchas novelas se escriben pensando en la pantalla. Hay pasajes (y está bien que así sea) entre un soporte y otro, pero nada de eso modifica lo que es la literatura o lo que es el cine. El cine ha envejecido mucho y ya prácticamente no se hacen películas que escapen a la lógica del entretenimiento (y el cine llamado “independiente” me parece una aberración conceptual). Lo que queda, como balance, es la fuerza invencible de lo escrito.

8- ¿Sobre qué estructuras ideológicas e incluso filosóficas se articula hoy la construcción de una literatura argentina? ¿Existe algún paradigma de este tipo?

- La mayor parte de la literatura argentina que hoy se vende en librerías es cínica y careta y se deja llevar por la lógica de la mercadotecnia y el prestigio. Afortunadamente, hay una marea de experimentación que no cesa, o es lo que leo y eso es lo que me gusta, lo que resulta completamente ajeno a las “agendas” de las multinacionales.

9 - Teniendo en cuenta que Usted ha incursionado en el uso del blog, del cuál se nutrió su novela Montserrat, ¿cómo analiza la vinculación entre literatura y nuevas tecnologías (Internet)? ¿Y cómo se relaciona el libro, en su formato tradicional - papel- con la escritura desarrollada en los formatos blog? ¿Son estilos o géneros compatibles o antagónicos?

- La literatura siempre fue curiosa en relación con las nuevas tecnologías y siempre supo adaptarlas en su propio beneficio (desde la imprenta de tipos móviles hasta las rotativas y, ahora, los dispositivos electrónicos de publicación). El estilo no está en la tecnología sino en el uso que de ella se haga. Otro tanto podría decirse de los géneros, que son configuraciones culturales (y que, por lo tanto, varían históricamente). Ningún antagonismo. La literatura es omnívora.

10- ¿Le interesa la poesía? ¿Y cómo observa el panorama de la creación y difusión poética en la argentina?

- Por supuesto. Soy un pésimo poeta, pero no dejo de intentarlo. Los poetas son, entre otras cosas, excelentes organizadores de su propia ecología (recitales, editoriales, etc…), y saben, por otro lado, que no pueden sostener ninguna ilusión de éxito comercial, lo que los vuelve, al mismo tiempo, heroicos y salvajes. Los admiro mucho.

11- ¿Tiene alguna opinión sobre los hechos de represión y desaparición ocurridos en la Argentina actual?

- Como ciudadano, deploro cualquier forma de represión, incluso las más solapadas. Eso no es una opinión, sino una posición tomada. Vivimos un proceso de descomposición política porque quienes nos gobiernan no manifiestan ninguna intención verdadera de crear instituciones sólidas. Cada vez más, la sociedad es una sociedad en guerra.

12- Para finalizar, ¿Cuál es a su entender la función de la literatura?

- Ya lo dije: crear variedades nuevas de mundo. Cortar el plano del caos. Poner al que escribe en situación de desconocimiento de sí (en situación de aventura y experimentación).

Entrevista realizada por Conrado Yasenza, Junio de 2007

La Columna Grande/ Tarde Piaste! - Alfredo Grande


TARDE PIASTE!

Escribe Alfredo Grande
(especial para La Tecl@ Eñe)


En el año 1973 el ingeniero Álvaro Alzogaray perpetró, ante el retorno democrático, un engendro partidario que, por el mecanismo denominado formación reactiva, denominó Nueva Fuerza. El candidato a presidente era el ignoto Julio Chamizo. Posterior al acto eleccionario, fue una broma muy difundida calcular el costo de cada voto, dividiendo la brutal inversión publicitaria con los precarios resultados obtenidos. Diez años después el capitán ingeniero perpetró otro engendro, denominado Unión del Centro Democrático. En este caso, mejor suerte tuvo ya que fue elegido diputado del todavía prestigioso Congreso de la Nación. Esta fuerza, autodenominada liberal, logró 6 años mas tarde copular con el justicialismo, y el monstruo parido fue conocido durante diez años como menemismo. Lapso suficiente para que todos los delirios cipayescos del popular “chanchito” se consumaran en exceso. Menos el de la aeroísla, pero nadie, ni siquiera los conservadores, son perfectos. Luego fueron los tiempos de la Alianza, en la cual el coitus politicus interruptus (ya que el vice al año dijo basta y al presidente le dijeron basta a los dos años) fue entre el progresismo del frepaso residual y el alvearismo radical. Finalmente, el Gran Hermano perdedor en elecciones, asumió a pedido de la esposa, un verdadero chiche, la presidencia. Cuando tuvo que elegir su delfín, o al menos su pingüino, optó por Néstor, señor feudal de la provincia de Santa Cruz, a la sazón uno de los entregadores de YPF a la voracidad de Repsol. Recordemos que otro gobernador, de pasado conductor de automóviles en carreras, vió algo que no podía contar. Por lo tanto desistió del convite y se quedó a esperar tranquilo la próxima inundación de Santa Fe. La reivindicación setentista del segundo más votado cuando asumió la presidencia, ante la pícara huida del sultán, sorprendió a todos. El primero, el propio Kirchner, sin trayectoria conocida en la militancia por la defensa de los derechos humanos. Como no deja de ser cierto que sorpresas te da la vida, como escribiera Rubén Blades y aún espera el buldog López Murphy, la primavera kirchnerista fue para algunos un poco de lo que tanto se había esperado. Y ya sabemos que la diferencia entre poco y nada es mucho (aforismo implicado) Pero la capital federal tiene razones que el corazón nacional no entiende. El derrumbe de su primogénito Ibarra, que en su reelección había perdido, pero que por el milagro del ballotage finalmente pudo mantener el cetro, fue el inicio de una caída al infierno más temido. Que la derecha objetiva sea visualizada como el cambio subjetivo. Lejanísimas las profecías del piquete y cacerola, la lucha es una sola, quedó clara al menos más acá de la General Paz, y en todas las circunscripciones, que ahora los viejos conservadores populares (un recuerdo para el entrañable Solano Lima, compañero de fórmula del tío Cámpora, el presidente que no fue según Bonasso, cuando en realidad lo fueron) tenían su revancha histórica.
Las terribles denuncias sobre Mauricio, el Macri peor de todos, fueron apenas una táctica de náufrago. Justamente por ser ciertas, no era entendible que el único castigo que merecieran fuera no votarlo. Antes bien, la razón democrática del estado de derecho debería haber actuado en la multiplicidad de delitos denunciados. Se repetía la fracasada estrategia de impedir que un diputado asuma como tal, pero se le permite presentarse a las elecciones. Por supuesto que Macri y Filmus no son lo mismo. Pero no es fácil encontrar las diferencias fundantes. Los ‘90 se llevaron puesto a muchos menemistas que, ahora conversos, se hacen llamar kirchneristas. El que esté libre de convertibilidad que arroje el primer dólar. Pienso que el centro izquierda, que no es lo mismo que una izquierda de centro, tuvo el balotaje que se merece. Los magros resultados electorales de la izquierda no céntrica, aunque se hubieran volcado a Filmus, en nada habrían variado el resultado. La única ventaja de la miseria electoral de las izquierdas es al menos no ser responsables de la asunción del reaccionario dúo dinámico. Por lo menos, Patricia Walsh estará para dar testimonio de la satisfacción moral de un acto de libertad. Ante la evidente simpatía que despertó Gabriela, la vicejefa, el gobierno pide gancho. Ya están los carteles de Cristina, que es Kirchner, con el enigmático titulado: el cambio recién empieza. Espero que nos digan en que sentido será el cambio, porque de gatopardismos varios estamos al techo. Lamentablemente, si otro mundo es posible, habrá que discutir entre muchos, por cierto que no entre todos, en que consiste hoy el combate contra la cultura represora. De eso se trata, de propiciar que izquierda y deseo vuelvan a ser una misma cosa. Para entonces combatir a la derecha no desde otro mandato, sino desde lo que alguna vez pensamos como poder popular.

Julio 2007

Ensayo - Adolfo Vásquez Rocca

La sociedad del espectáculo y el odio a los intelectuales


Por Dr. Adolfo Vásquez Rocca
Pontificia Universidad Católica de Valparaíso – Universidad Complutense de Madrid.
(Especial para La Tecl@ Eñe)


El carácter distintivo del American way of life se escenifica en las formas del distanciamiento, en el paisaje - grandes desiertos y carreteras de ese país que deja entrever una profunda soledad – en las inclinaciones thanáticas que yacen bajo el optimismo americano y en la decrepitud del capitalismo tardío en la tierra de las oportunidades. Así, los Estados Unidos han realizado la desterritorialización de la identidad, la diseminación del sujeto y la neutralización de todos los valores y, si se quiere, la muerte de la cultura bajo el régimen de la mortandad de los objetos.


1. - El American way of life o los estilos de la última sociedad primitiva contemporánea.


El carácter distintivo del American way of life, de la última sociedad primitiva contemporánea se escenifica en las formas del distanciamiento, en el paisaje, en los grandes desiertos y carreteras de ese país que deja entrever una profunda soledad, las inclinaciones thanáticas que yacen bajo el optimismo americano; la decrepitud del capitalismo tardío en la tierra de las oportunidades, del american dream convertido en el insomnio incontenible de la banalidad y la indiferencia. Los Estados Unidos han realizado la desterritorialización de la identidad, la diseminación del sujeto y la neutralización de todos los valores y, si se quiere, la muerte de la cultura bajo el régimen de la mortandad de los objetos.

En este sentido es una cultura ingenua y primitiva, no conoce la ironía, no se distancia de sí misma, no ironiza sobre el futuro ni sobre su destino; ella sólo actúa y materializa su política de Estado. Norteamérica realiza así sus sueños y sus pesadillas.

Los norteamericanos repudian la sofisticación. El anti-intelectualismo subyace a la idea de América. En lugar del intelectual —del teórico— el ciudadano medio americano tiene en mayor estima al hombre de sentido común y de conocimientos prácticos. Una figura al estilo de Edison. En cada americano hay un empresario. La disposición para el trabajo práctico impera junto al afán de logro, la disciplina y las observancias religiosas. Un colegio que pusiera su acento en la erudición y la sensibilidad artística más que en el fortalecimiento de la personalidad y el pragmatismo sería visto con reticencia.

Así, en los inicios de la historia norteamericana las humanidades, la literatura y el conocimiento teórico y especulativo en general, fueron estigmatizados como una prerrogativa de la aristocracia. La cultura pragmática a la americana induce a la supresión de las asignaturas de humanidades de los planes de estudio antes o durante la universidad. Los Máster son americanos o inspirados en Estados Unidos. Los jóvenes sueñan en culminar su preparación en USA mientras la universidad europea ha tomado una deriva empresarial a su semejanza.

Algo similar a lo que ocurre en los países latinoamericanos que han importado este modelo «cosificador» para la reforma de los planes y programas de educación cuyo énfasis está ahora en los estudios técnico-profesionales por sobre las humanidades. El objetivo ha sido promover una sociedad centrada en las cosas, en su manipulación en función de las utilidades, en los saberes prácticos. Ahora mismo, la educación norteamericana en la high school se encuentra en manos de “educadores” que no ocultan su hostilidad al intelectualismo, declarándose más identificados con el modelo de pensamiento concreto propio de los niños. De hecho, Estados Unidos es un país tan anti-intelectual como “infantil”, concebido y construido para grandes masas infantilizadas. En ningún otro país se acomodaría mejor una empresa como Disney o las obscenas cadenas de fast-food o unas superproducciones como las de Spielberg concebidas con alma y mente de matiné. Ahora bien, en defensa de la “industria del entretenimiento” cabe puntualizar que ésta no le impone sus formas de banalidad a un público que no la desea.

Sería un error minimizar la relación entre estos fenómenos y el origen de la personalidad narcisista, que no conoce límites entre ella misma y el mundo que exige la gratificación inmediata de sus deseos, así como la erosión de la vida intima tenida lugar a través de la relaciones sociales que se tratan como pretextos para la expresión de la propia personalidad. La transformación de la vida pública en un ámbito donde “la persona puede escapar a las cargas de la vida familiar idealizada... mediante un tipo especial de experiencia, entre extraños o, más importante aún, entre personas destinadas a permanecer siempre como extraños”, y donde una silenciosa y pasiva masa de espectadores observa la extravagante expresión de la personalidad de unos pocos en la «sociedad del espectáculo», donde los medios de «comunicación» nos escamotean y disuelven el presente con las fanfarrias del último estelar televisivo.

La construcción del sentido social se desplaza del espacio de la política, hacia un mundo que no tiene historia, sólo pantalla. Son las nuevas formas de producción, las de un nuevo universo simbólico en donde se resignifican las viejas utopías mediante un proceso de descontextualización que las convierte en imágenes sin historia; en mercancías.

En esos mismos medios de comunicación se desplazan hoy los actores políticos jugando su rol hegemónico en la construcción de sentido en tanto perpetran el secuestro de nuestra moral. La fe pública violada ha creado las condiciones para el desprestigio de lo político y con ello el de nuestras instituciones; qué puede extrañar entonces del robo hormiga de las grandes transnacionales, la extorsión «irrepresentable», sólo cognoscible por medio de una compleja organización multinacional articulada según un modelo gansteril. Nuestra vida cotidiana esta así signada por las abusivas relaciones mercantiles que experimentan una creciente densidad así como una significativa disminución de las relaciones interpersonales sin fines de lucro.

Pese a todo, incluso la personalidad de las celebridades esta sujeta a los procesos de obsolescencia y caducidad, al fenómeno postmoderno de la “sacralidad impersonal”. La obsolescencia de los objetos se corresponde con la de los rock stars y gurús intelectuales; con la multiplicación y aceleración en la rotación de las “celebridades”, para que ninguna pueda erigirse en «ídolo personalizado y canónico». El exceso de imágenes, el entusiasmo pasajero, determinan que cada vez haya más «estrellas» y menos inversión emocional en ellas, los revival son fenómenos de «nostalgia decretada» ideadas como estrategias de marketing por algún ejecutivo de una compañía multimedia.

Más allá de la “sociedad del espectáculo” y “el imperio de lo efímero” se instala la “norma de consumo” en el plano de las necesidades sociales, también gobernadas por dos mercancías básicas: la vivienda estandarizada, lugar privilegiado de consumo, y el automóvil como medio de transporte compatible con la separación entre el hogar y el sitio de trabajo. Ambas mercancías —y en especial, desde luego, el automóvil— fueron sometidas a la producción masiva y la adquisición de ambas exige una «amplia socialización de las finanzas» bajo la forma de nuevas o ampliadas facilidades de crédito (compra a plazos, créditos, hipotecas, etc.). Más aún, «las dos mercancías básicas del proceso de consumo masivo crearon complementariedades (crédito hipotecario y automotriz) que producen una gigantesca expansión de las mercancías, apoyada por una diversificación sistemática de los valores de uso. El individuo se ve obligado a elegir permanentemente, a tomar la iniciativa, a informarse, a probarse, a permanecer joven, a deliberar acerca de los actos más sencillos: qué automóvil comprar, qué película ver, qué libro leer, qué régimen o terapia seguir. El consumo obliga a hacerse cargo de sí mismo, nos hace «responsables», se trata así de un sistema de participación ineludible.

2.- Cronotopías de la Intimidad y desterritorialización de la identidad

De este modo, han sido los medios de comunicación, y especialmente la televisión, quienes han tomado a su cargo, de modo prioritario, la construcción pública de una "nueva" intimidad que se ofrece como un consumo cultural fuertemente jerarquizado. Están allí por supuesto los diversos modelos de “novela familiar", incluso -aunque minoritariamente- los que contrarían la "norma" heterosexual, la gama completa -y estereotípica- de los avatares de la domesticidad, desde el decálogo de usos y costumbres al de la moda y la decoración, de los preceptos elementales de la nutrición a la cocina gourmet de alta sofisticación. La interioridad física y emocional se cultiva tanto desde la salud -cuyo desfile de "expertos es abrumador- como desde la gimnasia, la meditación, el yoga y toda suerte de "tecnologías" próximas al foucaultiano “cuidado de sí", incluida, por supuesto, la confesión de los más íntimos pecados (de los otros). Mención aparte merece la sexualidad, transitada desde la medicina o la consultoría -las Confesiones de Cosmopolitan aúnan, emblemáticamente, el "consejo experto" y la confesión- a la ficción "testimonial" -Real sex- o las "instrucciones de uso" del tipo Sex and the city, sin contar la chismografía instituida con rubro fijo u ocasional. Un paso más allá, el sexo se ofrece para todo público en las múltiples formas de la pornografía "soft" y “hard", sumado a una especie de desencadenamiento verbal y visual apto para toda circunstancia, que no vacila en infringir el "horario de protección al menor".

Pero aún otro umbral de la intimidad mediática fue cruzado de modo innovador hace ya más de una década por el reality show, que introdujo el protagonismo "en vivo" de los seres comunes, desde la actuación que pretendía recrear la propia peripecia ocurrida "en la vida real" bajo cámara -difuminando así la frontera entre testimonio y ficción- hasta "Gran Hermano" y sus epígonos, donde un ojo orbital cumplía aparentemente el sueño de velar, noche y día, sobre los menores movimientos, físicos y psíquicos, de un grupo conviviendo en la más abrumadora cotidianeidad.


Bibliografía.


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BAUDRILLARD, Jean, Amérique, París, 1986, pp. 21 y sgtes.

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EWEN, Stuart, Todas las imágenes del consumismo; la política del estilo en la cultura contemporánea, Ed. Grijalbo, México, 1998, p, 284.

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http://www.heterogenesis.se/Ensayos/Vasquez/Vasquez2.htm

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VERDÚ, Vicente, El planeta americano, Ed., Anagrama, Barcelona, 1999, p. 105

ZIZEK, Slavoj, La suspensión política de la ética, Ed. Fondo de Cultura Económica, Buenos Aires, 2005, p. 77

Zona de Clivaje/Sociedad - Carpintero Enrique




La creación artística:
expresión de nuestra potencia de ser en el interior del colectivo social



Por Enrique Carpintero*

¿Puede haber un arte que no represente las tensiones e imaginarios de un colectivo social? ¿Es posible un arte angelical que esté por fuera de un determinado momento social e histórico? ¿Cuál es la representación del arte cuando un colectivo social se encuentra atrapado en la locura de las pasiones tristes?. Estos son algunos de los interrogantes planteados por Enrique Carpintero en el presente trabajo que nos invita a descubrir cuál es la importancia y la fuerza de la creación artística.



Quisiera desarrollar algunos conceptos referidos a la creación artística para luego plantear un caso paradigmático donde aparece claramente la relación entre arte, locura y sociedad.
Comenzaré con algunas definiciones de Enrique Pichón Riviére. Este dice: “El descubrimiento, el acto creador, responde a un mecanismo por el cual el sujeto evita el caos interior...Se patentiza así la relación entre creación y locura, ya que el creador acosado por un mundo interno fragmentado, en vías de desintegración, busca en su obra la reaparición de sus vínculos positivos con la realidad. La creación es un constante juego de muerte y resurrección del sujeto”. Luego continuaba: “ El enfrentar el objeto estético o de conocimiento configura siempre una situación triangular a la que hemos caracterizado como bicorporal y tripersonal. Es un drama (subrayo la palabra drama) que tiene como protagonista al investigador, el objeto, y como tercer término el miedo del investigador o creador de quedar atrapado en el objeto...Por esto el descubrimiento, la develación del objeto, es un acto de coraje, que significa vencer el miedo a lo insólito, lo nuevo o lo siniestro que puede ocultarse en ese objeto”.
Voy a realizar una aclaración: comparto la idea de Pichón de que la creación artística sirve para luchar contra la locura. El que está loco no puede crear. Su padecimiento, su dolor y su sufrimiento le impide realizar un acto creativo. Por el contrario, este último le va a permitir luchar contra ese padecimiento.
En este sentido, en toda obra artística vamos a encontrar la sublimación de las pulsiones sexuales, el desplazamiento de la agresión y fantasías de muerte como condición de lo siniestro que aparece en todo proceso creativo.

Ahora bien, ¿qué es lo siniestro?. Freud afirma que es aquello espantoso que afecta a las cosas familiares y conocidas desde tiempo atrás. ¿qué constituye lo familiar en la vida psíquica? ¿Por qué este sentimiento está ligado fundamentalmente a la muerte, cuyas manifestaciones pueden hallarse en la locura?
Para aproximarnos a contestar estos interrogantes debo recordar uno de los conceptos elaborados por Freud en Más allá del principio de placer. Allí asegura que la materia viva proviene de un estado inorgánico y que tiende a volver al mismo estado; en otras palabras, que la vida esta ubicada entre dos muertes.
Si bien la muerte no está representada en el inconsciente, esta primera muerte deja su sello, su marca en el organismo, en tanto éste por su propia condición es finito. Tal finitud es vivenciada en los primeros momentos de la vida por el niño, pues sin un otro significativo que lo ayude a vivir quedaría atrapado en la debilidad, en la impotencia, en la muerte.
Veamos brevemente este proceso. El feto vive en el cuerpo de la madre en un estado de indiferenciación total; es una parte no separada del cuerpo de la madre de la cual, a partir de la formación de su sistema nervioso, se le presentan sensaciones de tipo fusional. Luego del nacimiento, la inmadurez biológica hace que su cuerpo lo sienta fragmentado, lo viva como un cuerpo vacío, por lo que necesita establecer con un otro significativo esa globalidad fusional perdida. De esta manera, la relación de la madre con su propio cuerpo en el estado de embarazo es importante, pues a partir de ese momento ella imagina un cuerpo del hijo diferente a lo que es el feto en el plano real. Este cuerpo imaginado por la madre va a ofrecer a su deseo un objeto y permitir un soporte a sus fantasías de muerte y destrucción. Esto permitirá que, una vez nacido el hijo, el dialogo tónico-emocional sea sostenido desde ese cuerpo imaginado, que le va a posibilitar al niño un punto de referencia en el que constituye –lo que denomino- su propio espacio-soporte de las pulsiones de muerte. Esta primera experiencia queda como una imago de un cuerpo vacío, irrepresentable y, por lo tanto, del cual es imposible dar cuenta. Y es sobre este estado fusional propio del narcisismo primario que opera la represión, ya que de esta manera nos hace ver como extraña (debería decir siniestra) la presencia de un cadáver, algo que fue familiar; es decir, nuestra “primera muerte”. Si lo siniestro aparece en la locura es por que ésta nos remite a este período en que nuestro cuerpo se movía descontroladamente y en que lo vivíamos como un cuerpo vacío, un “cuerpo fragmentado”. Para salir de ese estado fusional debe esperarse el proceso de maduración psiquica y biológica facilitado por el lugar que el niño ocupa en la relación intersubjetiva con sus padres y con su ambiente familiar y social, conjuntamente con las sucesivas identificaciones primarias y secundarias que permitarán la constitución de su yo real definitivo.
Es a partir de este proceso que el niño podrá pasar del estado fusional al de poder discriminar y discrimanarse como sujeto, cuya forma particular estará dada por la castración edípica. De esta manera dice Freud que lo siniestro aparece cuando se desvanece el límite entre fantasía y realidad, cuando lo que habíamos tenido por fantástico aparece en nosotros como real, cuando el simbolo asume el lugar y la importancia de lo simbolizado. Es decir cuando se dan todos aquellos factores que nos remiten a ese estado fusional propio del narcisismo primario y que la represión transformó en extraño. Para ello debemos confundir lo imaginario con lo real, el símbolo con lo simbolizado, tal como se dan en el animismo, la magia, los encantamientos, la omnipotencia del pensamiento, las actitudes frente a la muerte, las repeticiones no intencionales y el complejo de castración. Todos estos factores permiten reanimar “complejos infantiles reprimidos” que llevan a vivenciar el sentimiento de lo siniestro.

En este sentido debemos decir que una obra artística es condición de lo siniestro. En ella se subliman fantasías eróticas, se despliegan fantasías de muerte y permiten desplazar la agresión del sujeto. Pero también lo siniestro es limite para la aparición de lo maravilloso de un objeto estético. En tanto si aparece rompe la condición de lo bello para encontrarnos nuevamente con el horror de lo siniestro.
Dicho desde otro lugar epistemológico. En toda obra artística se manifiesta la pasión de la mirada del autor donde lo bello –como dice Toni Negri- es “excedencia de ser...lo bello es el ser que me constituye”. En lo bello, en lo maravilloso encontramos la potencia de ser. Pero entendiendo el ser en términos de Spinoza que es, antes que nada un verbo, una expresión de actividad o de potencia. Actividad y potencia de existir de afectar y ser afectado por los cuerpos en un colectivo social que Spinoza denomina “multitudo”. En este sentido el ser no debe pensarse como una cosa, como una realidad estática o pasiva, sino como energía infinita que se expresa en infinitos modos de ser. Estos infinitos modos de ser aparecen en la obra artística donde vamos a encontrar el triunfo de las pasiones alegres (el amor, la solidaridad, lo maravilloso, etc.) que desarrollan nuestra potencia de ser enfrentando a las pasiones tristes (el odio, la envidia, lo siniestro, etc.) que la limitan. Ambas pasiones se encuentran en el sujeto, por ello las pasiones tristes son condición y limite de la obra de arte. Son condición y limite de nuestra potencia de ser. Son condición y limite de la aparición de lo maravilloso. Pero esto no es producto de una característica angelical, innata de un sujeto creativo. Sino la particular posibilidad de expresar su deseo en el interior de un colectivo social. Es que si la subjetividad se construye en la intersubjetividad, una obra artística como expresión particular de la subjetividad de aquel que la produce no puede estar por fuera de las tensiones e imaginarios del colectivo social. No me estoy refiriendo al compromiso del artista con una perspectiva política o ideológica. Por el contrario, me refiero a que el arte solo es posible en la libertad que expresa el deseo. Pero este deseo no esta por fuera del colectivo social. Por ello Spinoza decía que nuestra potencia de ser solo era posible en el “multitudo”. En este sentido como afirma Toni Negri “El arte es uno de estos valores, el más construido, el más universal, y al mismo tiempo el más singular, que puede ser disfrutado por todos, multitudo en acto. El arte no es el producto del ángel sino la afirmación –cada vez el nuevo descubrimiento- de que todos los seres humanos son ángeles”.

Esto nos lleva a algunas preguntas. ¿Puede haber un arte que no represente las tensiones e imaginarios de un colectivo social? ¿Es posible un arte angelical que esté por fuera de un determinado momento social e histórico? ¿cuál es la representación del arte cuando un colectivo social se encuentra atrapado en la locura de las pasiones tristes?
Para contestar estas preguntas vamos a tomar un caso paradigmático: el cine de Leni Riefenstahl. Para aquellos que no la conocen diré que Leni Riefenstahl nació en 1904 en Alemania. Fue actriz, bailarina, cineasta y, luego de la segunda guerra mundial, fotógrafa. Pero su fama y notoriedad esta dada por dirigir dos películas: “El triunfo de la voluntad” realizada por encargo de Hitler y “Olimpia” sobre los juegos Olímpicos de Berlín en 1931, estrenada para el cumpleaños de Hitler. La estética de ambas películas, puesta la servicio de estimular el odio y la superioridad de la raza aria, plantean cuestiones acerca de lo que estamos hablando.
“El triunfo de la voluntad” que tiene un título de evocaciones nietzschianas es un documental que dura 127 minutos sobre la reunión del partido nazi en la ciudad de Nuremberg en 1934. El guión estuvo preparado por Hitler, y contó con el asesoramiento de Goebbels. Leni Riefenstahl hace una realización utilizando impresionantes medios técnicos que el partido nazi puso a su alcance. Sus imágenes reflejan el cine del expresionismo alemán y el montaje del gran realizador ruso Sergei Eisentein. Su magnificencia estética corresponde a la magnificencia de los actos nazis. De esta manera se destaca el predominio de la imagen sobre el discurso racional. Una imagen que embellece a Hitler y las grandes representaciones escénicas de masas preparadas para estimular el odio. En ellas lo importante es manipular a la gente uniéndolas en las pasiones tristes. La película sigue permanentemente la figura de Hitler en diferentes actos. Una de las escenas más impactante es una reunión de 100.000 trabajadores con sus instrumentos de trabajo organizados militarmente bajo la atenta mirada de Hitler y respondiendo a la voz del amo. Toda la sociedad debe ser militarizada. Toda la sociedad debe responder al partido nazi. Esta imposición pasa a través del cuerpo. Todos deben entregar su cuerpo al líder que es dueño de la vida y de la muerte. Todos, inclusive Leni Riefenstahl y su estética.
Freud estableció que la relación de la masa con el líder es producto de una identificación de cada uno de los participantes con el jefe que reproduce la relación infantil con el padre. Sin embargo Hitler se plantea como el protopadre. El amo absoluto. El padre de todos los padres. El padre originario. Él es el dueño y todos festejan ser sus esclavos. Para ello les promete “un imperio de mil años” pero también “llevarlos, si es necesario a la destrucción”. En este sentido Hitler se apropia de lo más pulsional del ser humano, uniendo a través de las pasiones tristes al conjunto de la masa al servicio de la dominación, el sometimiento y la destrucción. Para ello le ofrece realizar las fantasías omnipotentes de dominar el mundo que se manifestaba en la impunidad de asesinar, robar, mentir y creerse la raza superior. La fantasía se confunde con la realidad. Lo siniestro aparece en acto. La muerte está presente. De esta manera la película tiene una estética al servicio del odio, de las pasiones tristes. Estas eran alentadas para encontrar en el odio un enemigo común para unir al pueblo alemán. Para ello todos los judíos debían ser exterminados. Pero también los comunistas, los socialistas, los opositores, los gitanos, los homosexuales, los débiles mentales y todos aquellos que afectaran la pureza de la raza debían ser exterminados. Pero en la actualidad la mirada de esta película no despierta el odio sino nos presentifica el horror de los campos de exterminio.
En un reportaje realizado recientemente a Leni Riefensthal que todavía vive y, valga la aclaración, no esta loca justifica lo artístico de su obra diciendo “yo no era comunista, no era nazi...era una artista. No era nada, no tenía partido”. En el final de ese reportaje da otra justificación conocida: “siento vergüenza por no haberme dado cuenta, cuando empezó la época de Hitler, del rumbo que tomaban las cosas. Por no haberme dado cuenta de que no podía comprar en tiendas judías. Nunca me di cuenta que se llevaban a la gente y de que se abusaban de los judíos”. Esta última declaración resulta conocida en la Argentina luego de la última dictadura militar: “no sabía”, “nunca vi nada”, “creía que eran delincuentes”, etc. etc.
En el cine de Leni Riefenstahl encontramos el paradigma de la locura presentificado en una obra. Locura que expresa a un colectivo social unido en las pasiones tristes que limitan nuestra potencia de ser. Locura de un colectivo social donde el partido nazi realizó una representación escénica en la que fantasía y realidad se confundían. Locura de la creación de una máquina de exterminio como nunca antes se había realizado en la historia de la humanidad. De esta manera es imposible encontrar belleza en una obra cuya estética esta al servicio de las pasiones tristes que limitan nuestra potencia de ser. Por el contrario la presencia de horror, del siniestro lo impide.

Antes de finalizar intentaré contestar una última pregunta ¿cómo es posible representar el horror y la locura de los campos de exterminio?. Uno de los filmes que lo han logrado es “Soha” de Claude Lanzmann. En él no se muestra nada del horror. Solo los campos de concentración como se encuentran en la actualidad. La presencia del horror es a través de testimonios de sobrevivientes y de algún jerarca nazi. La palabra está significada por un vacío imposible de mostrar ya que si se muestra quedaría borrada por la presencia ominosa de la muerte. La presencia de lo siniestro.
En relación a lo que vengo planteando quisiera leer un fragmento del texto “La escritura o la vida” de Jorge Semprún. Este fue un militante del partido comunista español que luchaba contra el franquismo y sobrevivió al campo de concentración de Buchenwald. Allí dice: “el Mal no es inhumano. Por supuesto...O entonces es lo inhumano en el hombre...la inhumanidad del hombre, en tanto posibilidad vital, proyecto personal...en tanto libertad...Resulta por eso irrisorio oponerse al Mal, tomar distancia al respecto, a través de una mera referencia a lo humano, a la especie humana...el Mal es uno de los proyectos posibles de la libertad constitutiva de la humanidad del hombre...De la libertad en la que arraigan a la vez la humanidad y la inhumanidad del ser humano... De ahí la necesidad de una ética que trascienda ese fondo originario donde arraiga tanto la libertad del Bien como del Mal...una ética de la Ley y de su trascendencia, de las condiciones de dominación, por lo tanto de la violencia que le resulta precisamente necesaria...” Pero esta ética solo es posible en una sociedad basada en una democracia de la alegría de lo necesario. Una democracia sostenida en la libertad y la distribución equitativa de los bienes materiales y no materiales. Caso contrario va a aparecer fenómenos en la historia de la humanidad cuyo paradigma es el nazismo. Por ello debemos tener en cuenta lo que decía Hanna Arendt: “Esperar que la verdad salga del razonamiento es confundir la necesidad de pensar con la urgencia del conocer”. Este conocer lo podemos encontrar en la obra de arte donde la locura está ausente-presente en todo objeto estético. La misma anuncia una verdad que se constituye en el motor de todo proceso creativo para luego poder pensarla racionalmente. Esta es la importancia y la fuerza del Arte.

*Dr. Enrique Carpintero, psicoanalista, director de la revista Topía, autor -entre otros textos- de “La alegría de lo necesario. Las pasiones y el poder en Spinoza y Freud”, editorial Topía, Buenos Aires 2007, segunda edición corregida y aumentada.

Zona Literaria/Poesía - Sara Rosenberg



Nacimiento.


Por Sara Rosenberg (poeta y artista plástica)
Ilustraciones Regazzoni Carlos

Placenta. (del latín "placenta", torta).
Órgano redondeado y aplastado intermediario durante el embarazo entre la madre y el hijo; por una de sus caras, la más convexa, se adhiere al útero, y de la otra, más plana, sale el cordón umbilical; se expulsa en el parto, después del hijo.
(Botánica) Borde del carpelo, generalmente engrosado, donde se insertan los óvulos.
(Botánica).Parte vascular del fruto a las que están unidas las semillas.

I. Planeta
1.
¿Es un planeta de agua habitado por la memoria?
¿Y acaso por eso ella también ahora se derrama?
Los límites se borran y las orillas se van perdiendo.

2.
Mi cuerpo es el animal que te alimenta, te espera,
te intuye, te habla, te sueña, te canta y con temor
traza el círculo de ternura y ferocidad que contiene
las dos cabezas, cuarenta dedos, cuatro piernas...


II. El mareo también es redondo

1.
Recipiente donde la rotación ha grabado
la forma que tendrá tu frente, tu oreja,
la manera en que sonreirás bajo la sombra
del árbol cuando por el cielo cruce un pájaro.

2.
El mareo suele ser redondo y me dejo llevar
Como si yo fuera el aire que sostiene al pájaro
La que mueve las hojas para hacer su sombra
La que te dice, plumas, vuelo, polen, árbol.

3.
Riego tu pequeña mano con agua y alimento
Viajo a una zona desconocida y te traigo aquí
Consigo vencer el miedo a la muerte y nombro
Predigo cataclismos, disgregaciones y sueños.



III. Visiones.

1.
Veo la taza sobre la mesa, la cesta con las naranjas.
Barro, madera, pulpa dorada, cristal en la ventana.
Desde que estás aquí nada es natural, y enumero
uno a uno todos los bordes de las cosas, los invento.

2.
La palma de mi mano recibe el agua que bebo
Y la forma de la gota suspendida en los pliegues
es ahora un espejo cóncavo que tiene tu tamaño.
El brillo me penetra, baja y circula hacia tu cuerpo

3.
No sé cómo lo hago, ni cuándo respiro, o digo agua.
Me escucho y sé que estoy cantando para vos y sé
que te has movido, para que me mueva, asustada,
invadida por tus gestos, por otra sed, y por ser otra.



IV. Violencias.

1.
No es imaginable una violencia semejante
A la del desprendimiento de dos cuerpos.
Ni la estampida del búfalo de la pradera
ni la caída de un meteorito sobre la tierra.

2.
Sonido de esqueleto y un planeta se abre
Al tambor del nacimiento de otro completo.
Epitelial, acuática, informe y desesperada
Deseo ser humana, cerrada, sólida, quieta.

3.
Habitada por una fuerza que es ajena, impulso
el movimiento de un hueco que no me pertenece.
Del agua al aire se desbarranca en algún camino
Hasta una orilla donde no hay nadie, sólo restos.







V. Animales.
1.
Todos los que ves, los que caminan, vinieron. Dicen.
¿Cuántos miles de millones de años fueron necesarios
para que la rotación hiciera redonda y clara la pupila
que mira ahora el círculo donde sucede este milagro?

2.
Soy yo quien debería llorar perdida en esta orilla
Ahora que tu existencia me ha dejado la huella
del animal desconocido, o de un alga primigenia
que se hunde sin luz en la profundidad oceánica.

3.
Braceo ya sin aire para alejarme del descubrimiento.
Maldigo tu llanto en el que sucumbo y voy más atrás
Hasta verterme líquida, tetas de mamífera, enormes
Que manan sin voluntad hacia vos todo cuanto tengo.



VI. Paisajes

1.
El horizonte es también curvo y construye la forma de tus ojos,
en los párpados nacen tus pestañas y por ellas vienen a trepar
otros animales, que autónomos elegirán su paisaje, y otro barro.
oscuro como el silencio que precede esta pequeña catástrofe.

2.
La luna gira y arrastra hacia la marea la sombra de los árboles.
Dibuja otra vez las orillas, separa playa de aire y sol de nube.
En la arena siguen el vertiginoso caracol y la dura piedra


golpeándose una y otra vez para modelar tus primeras vértebras.


3.
El ojo no puede verlo, lo sabemos como sólo se sabe en los sueños.
El agua gira, cubre el gran plegamiento de la montaña inversa.


Caverna donde se ha grabado una mano temblorosa para espantar


el terror que se siente al descubrir que no hay quietud ni es eterno.





VII. Invitación

1.
Ven. Pon tu cabeza entre mis piernas
verás el círculo que describe el pez
cuando abandona el agua un instante
para saltar, se da vuelta y moja el aire.


2.
Ven. Somos este mareo continuo de la materia
Que se muestra en formas que no imaginamos.
Se trata, dicen, de leyes conocidas o aleatorias,
O bien, digo, una forma de embriaguez planetaria

3.
Ven. Acércate a tu dedo. Obsérvalo y nombra.
Es digital la huella de los planetas, tócalos,
mira la lejana órbita de Mercurio tan pequeña
y los anillos de Saturno, o la Luna iluminada.





VIII. Iniciación.
1.
Lo que llamamos "todo" es puro nacimiento, perpetua convulsión,
Origen, salto, encuentro, ni siquiera la muerte está aquietada.
La ilusión de los sólidos eternos es trampa de nuestra ceguera,
la forma, el límite que la rotación usa para evitarnos el mareo.

2.
Rotando se hizo este hueco en mi para vos.
Para que me habites y te vayas. En calma.
Estaciones, tormentas, augurios del cambio.
Como el río al cauce y la hierba sobre el valle.

3.
Galaxia llamo a la sombra de las patas de una araña
en el tejido de innumerables y violentos cruzamientos
que gravitan en nuestra fragilidad bajo el mismo cielo.
Visto de nombres cada cosa y te protejo, digo estrella.

4.
No se ven la urdimbre ni los hilos del tejido
en la poca luz que recibe para mostrarse.
Detrás de lo convulso sólo hay oscuridad
Por eso te canto, y te dibujo con palabras.

5.
Al partir se abrirán todos los verbos posibles.
Y el mundo se ordenará en una sintonía secreta
Después de la erupción del volcán volverá el agua


El viento, entonces, traerá el polen nuevo de siempre.




Sara Rosenberg

Reseña/ Libros



Miguel Angel Bustos, Prosa (1960-1976), compilación de Emiliano Bustos, Buenos Aires, Ediciones del Centro Cultural de la Cooperación Floreal Gorini, 2007.[1]

Por Emiliano Bustos

A partir de la publicación de Miguel Angel Bustos, Prosa (1960-1976) puede o podrá hablarse con mayores datos de dos zonas de su literatura: la poesía y el periodismo.
Hasta aquí se puede decir que Miguel Angel Bustos –que nació en 1932 y formó parte de la generación del 60, junto a Gelman, Lamborghini, Pizarnik y Urondo- trascendió por su obra poética, compuesta de cinco libros, publicados entre 1957 y 1970: Cuatro murales (1957), Corazón de piel afuera (1959), Fragmentos fantásticos (1965), Visión de los hijos del mal (1967) y El Himalaya o la moral de los pájaros (1970); y también, aunque más simbólica que materialmente, por su condición de periodista desaparecido. De hecho, su historia está incluida en el libro Los periodistas desaparecidos, inicialmente publicado por la UTPBA (Unión de Trabajadores de Prensa de Buenos Aires) en 1986 y republicado por Grupo Editorial Norma doce años después.
En 1998, Libros de Tierra Firme publicó Despedida de los ángeles, una antología preparada por Alberto Szpunberg –compañero generacional de Bustos- que dio parcial cuenta de su poesía editada e inédita. Dicha antología revirtió, cuanto menos en parte, el proceso de desaparición simbólica que se había generado en 1976, a partir de su secuestro y posterior desaparición por un grupo paramilitar.
De todos modos, su poesía circulaba y generaba lecturas diversas aun antes de la publicación del libro mencionado. En 1990 fue incluida en El ’60, Poesía Blindada, antología prologada por Ramón Plaza y compilada por Rubén Chihade; por el mismo tiempo, un grupo de poetas jóvenes de Bahía Blanca, los “mateístas” (hoy cercanos a la revista Vox) realizaba pintadas en las calles de la ciudad, y algunas reproducían poemas de Bustos; asimismo, a mediados de los 90 Diario de Poesía adelantaba textos que luego conformarían la antología. Además, Despedida de los ángeles mereció sendas bibliográficas en Clarín y Página 12, otra de Susana Cella –que además incluye a Bustos en su Diccionario de literatura latinoamericana (El Ateneo, 1998)- en Diario de Poesía, y un ensayo de Ana Porrúa publicado en la revista INTI, en 2001.
Miguel Angel Bustos inició sus colaboraciones periodísticas en 1970 en la revista Panorama, que editaba el Grupo Abril, al que también pertenecía Siete Días, la competencia de Gente. Panorama saca su primer número en 1963, y continúa, en cierto sentido, el modelo renovador iniciado un año antes por Primera Plana. La publicación es mensual hasta el 68, y luego semanal hasta su cierre, en 1975. A fines de los 60, con la desaparición de Primera Plana, muchos periodistas se pasan a Panorama, fenómeno que en cierto modo se iba a repetir cuando, en 1971, se funda La Opinión y varios colaboradores del semanario marchan hacia el nuevo emprendimiento de Jacobo Timerman.
La revista contaba con numerosas secciones; Bustos firmó sus notas en la llamada “Libros”, aunque también redactó otras –muchas sin firma- para “Informe Especial” y “Vida Cotidiana”. Sus artículos firmados no se ceñían únicamente a lo literario, ya que reseñó títulos de historia, antropología y lingüística. Una vasta cultura –como muchos señalaron- le permitía tal amplitud temática; asimismo, una revista de información general como Panorama, centrada básicamente en la actualidad política y económica, ofrecía, sin embargo, una importante cobertura cultural. Cuanto menos hasta 1974 las cosas, en la revista, se dieron de este modo. Los diferentes repliegues del tercer gobierno peronista y los sucesos político-económicos que constituyeron la antesala del golpe, se reflejaron en las páginas del semanario generando una reestructuración importante que, por ejemplo, delimitó la sección “Libros” prácticamente hasta hacerla desaparecer. Bustos firma su última nota en abril de 1974, aunque permanece en el staff hasta marzo del año siguiente. A partir de ese momento comienza sus colaboraciones en La Opinión y El Cronista Comercial, diario en el que firma por última vez una nota –sobre el poeta ruso Sergei Esenin- en enero de 1976. Cabe mencionar que esta, como una anterior sobre Rilke, la firma con el seudónimo Gonzalo Gustioz.
Los 141 artículos reunidos en Miguel Angel Bustos, Prosa (1960-1976) no habían sido recuperados hasta ahora; en este sentido, el libro editado por el Centro Cultural de la Cooperación promueve un valioso redescubrimiento, no sólo de un autor en particular sino de una época. Como señala Daniel Freidemberg en la contratapa del libro: “Una cultura vastísima, una sed de conocimiento y de experiencia estética capaz de sustentarse en obras muy diversas y hasta inconciliables, una inteligencia siempre alerta y una vinculación casi natural y nada mecánica entre la inquietud política y las aventuras del espíritu, a través de una prosa bella y eficaz, dan por resultado un libro de impresionante vigencia y apasionante lectura, que al mismo tiempo permite recorrer algunos de los más candentes núcleos de interés de un momento particularmente intenso de la cultura en este país”.
Lo que observa Freidemberg puede comprobarse en la variedad de autores y figuras trabajados por Bustos: Lautréamont, Hölderlin, Novalis, Fanon, Angela Davis, El Che, la Semana Trágica, la Comuna de París, el estilo literario de Marx, el socialismo chileno en el poder, los grabados de José Guadalupe Posada, etc.
Miguel Angel Bustos, Prosa (1960-1976) reúne, además, textos inéditos, traducciones, ensayos, entrevistas y parte de su correspondencia, así como algunas miradas críticas sobre el autor, entre ellas las de Gelman, Marechal y Pezzoni.

Por Emiliano Bustos


[1] Se incluyeron fragmentos del prólogo.

Zona Literaria/Cuento - Horacio Andrade




Juan y los panes

Fue una de esas tardes en que la primavera se anuncia sin mucha pompa a través de un calorcito distraído o perezoso. Paula y yo habíamos ido a pasear por Adrogué. Luego de comprar unos cigarrillos nos detuvimos en un estacionamiento arbolado a ordenar los billetes que, arrugadísimos, pujaban por saltar de nuestros bolsillos. Me encontraba en esa tarea cuando escuche, por detrás de mí, una vocecita suave y firme que decía - buenas tardes amigo, cómo le va -. Sorprendido gire y lo encontré ahí, sosteniendo por el manubrio su bicicleta y con las piernas entremedio del cuadrante en ángulo. - Discúlpeme que lo moleste. Me llamo Juan, y hoy es mi cumpleaños - dijo mirándome con unos chispeantes ojos color café que hacían juego con su tez plena de luz. Juan llevaba en la cabeza, de oscura melena, una gorra color rojo y en el extremo delantero de la bici - o tal vez fuera la de su madre - un cajoncito de plástico tapado con una manta y un nylon.
- Le robo unos minutitos, amigo. Mire, yo vendo pan casero, que hace mi mamá, y como hoy es mi cumpleaños no puede decirme que no me compra ... dele.
Todavía me encontraba agradablemente sorprendido, y mirándolo con una sonrisa apenas insinuada, le dije - Y a cuánto vendés el pan -. Juan rió mostrándome una cegadora dentadura blanca y negra como un piano - Cada uno sale dos pesos, pero como usted me cayó bien de entrada, le dejo dos por dos pesos. No puede decir que no, dele, y más que hoy es mi cumpleaños. La miré a Paula, que estaba parada entre los dos escuchando y observándolo todo, revisé entre el puñado de billetes que tenía y no pude hallar uno de dos pesos. Volví a dirigir mis ojos a Paula y ahora ella blandía entre sus manos el billete ante la falta de monedas. - Dale, pronuncié dirigiéndome a ella. El chico, ya con los dos enormes y aflautados panes entre sus manos, abrió sus amplios ojos de fuego y frunciendo el ceño me aclaró: - No amigo, yo se los vendo -. Me di cuenta del desacierto de mi frase y repuse - No, ya lo sé. Disculpame. Juan volvió a iluminar la tarde, que ya se iba haciendo noche, con su dentadura de luz de luna - Usted me cae bien, don - volvió a decir. Yo contesté: - Qué buen vendedor sos, che-. Él comentó: - Ah, sí. El otro día unas señoras me dijeron lo mismo, y yo creo que es así nomás, ja. Me dio los panes dentro de una bolsita de polietileno que llevaba colgando de una de las manijas del manubrio. Le di los dos pesos, y él me dijo muchas gracias.
Cuando nos estábamos por separar, hice una pausa y lo llamé: - Juan; él contestó: - Qué, amigo -... -Feliz cumpleaños, le dije con gesto cómplice. Él acomodo el canasto de panes, lo tapó bien; se subió a la bicicleta, y ya pedaleando, casi gritó: - Si mañana me ve y le digo lo mismo, no me felicite.

Por Horacio Andrade

Reseñas/Cuento

Reseña de Un hombre llamado Albinus o volver el tiempo atrás

Del libro Tríptico de un junta-letras profesional
(impreso en los talleres de L. Vieco e Hijos Ltda.)

Del autor Aymer Waldir Zuluaga Miranda (Colombia)
Por Andrés Fabián Valdés

En dos carillas, el cuento Un hombre llamado Albinus o volver el tiempo atrás, que obtuvo en el año 2003 el segundo lugar en el concurso de prosa Azul –San José de Costa Rica-, se filtra a través de un deseo que compromete una buena amistad, envidias que aparentan confirmarse, sueños por obtener nuevamente lo que brilló en un pasado no muy lejano y un anhelo conquistado con agallas a modo de resignación. Esta obra menciona un comportamiento en el que las añoranzas se recrean y construyen hechos, distante de los propios prejuicios.
El cuento toma forma con cuatro piezas móviles y distinguibles; que dichas en orden son: las líneas de una crucial carta y breve situación, el panorama de la historia, una anécdota donde se apuntala el comienzo, y la revelación en el giro que lo explicaría todo. Una estructura mudable, capaz de cambiar la dinámica narrativa, pero no la historia.



Un hombre llamado Albinus o volver el tiempo atrás

Obtuvo Segundo lugar en el Concurso de prosa Azul – San José de Costa Rica, Costa Rica
"Érase una vez un hombre llamado Albinus, que vivía en Berlín, Alemania. Era rico, respetable, feliz. Un día abandonó a su mujer por una amante joven; amó; no fue amado; y su vida acabó en un desastre". Risa en la oscuridad de Vladimir Nabokov.
Albinus decidió dejar a su mujer y a Berlín, para viajar a Viena con su amante y decidió además dar la noticia de su separación a través de un amigo común. Elisa era una mujer de espíritu fuerte y de mente muy abierta para su época. Elegirla como mujer fue tarea fácil, no existía en Berlín una señorita con tales cualidades mentales y semejantes medidas corporales. La convivencia durante estos diecisiete años había sido maravillosa, su mujer era envidiada por sus amigos (los de él) y estaba seguro de que también por sus enemigos (los de ella) … si los tuviera.
En el cumpleaños número dieciséis de Annete, la hija del mejor amigo de Albinus, a éste se le ocurrió preguntarle por qué se había demorado tanto en casarse con Elisa, a la que conocía desde niña y a la que tuvo como prometida durante varios años. "De haberte casado antes con Elisa, tal vez hubieran logrado tener hijos", le dijo; y agregó "si tuvieras mis agallas, le hubieras propuesto que fuera tu mujer desde el mismo momento en que quedaste encantado por el brillo de su mirada, como yo lo hice". Ante esa frase Albinus quedó confundido, pues no supo si su amigo le había dicho cobarde o solo le aconsejaba que actuara ante sus impulsos; además tampoco estaba muy claro si su amigo también estaba encantado por el brillo de la mirada de Elisa, e incluso quedaba la duda si éste le había pedido a ella que fuera su mujer. Albinus quiso volver el tiempo atrás, tirar todo a un lado e irse con la mujer que vio crecer en Berlín; a la que amó en silencio y a la cual le brillaban sus grandes ojos azules cuando lo miraba.

Mientras dejaba todo atrás, pensaba en el momento cuando su amigo leyera la carta en la que le contaba su decisión y en la que le pedía que le explicara a su mujer la obsesión y las agallas que le habían surgido cuando vio el brillo de los grandes ojos azules de su hija, Annete.

04 mayo 2007

Editorial



La sombra del Verdugo

Algo no está bien desde hace rato en nuestro sistema institucional democrático. La muerte sigue irrumpiendo impunemente desde el poder y sobre ciudadanos y militantes sociales. Las cacerías se planean y se llevan a cabo desde un entramado de responsabilidades donde los que cometen los crímenes son, primero impulsados, y luego protegidos por culpables que detentan el Poder.
Así se persigue y asesina a militantes sociales en la Democracia. Así se planeó la matanza del puente Pueyrredón, en Avellaneda, donde la presas fueron Maximiliano Kostecki y Dario Santillán. Y así también se asesinó al docente neuquino Carlos Fuentealba por reclamar el derecho a un salario digno. Víctor Choque en Usuahia y Teresa Rodríguez en Neuquén. Los muertos de la Democracia. Balas del poder. Sed de cacería. El que denuncia la injusticia, el hambre y la pobreza, y se manifiesta comprometiendo su cuerpo, su vida, es muerto. Y el que no, y sólo tuvo la desgracia de pasar por ahí, por la revuelta, por el corte de ruta, también. Y éstos muertos son el símbolo inocultable de la violación a las leyes y al derecho a la vida perpetrado desde El Poder. Y cuando me refiero al poder quiero decir el sistema de alianzas y protecciones compuesto por instituciones políticas y fuerzas de seguridad. Siempre el poder político cuenta con sus verdugos. Pero los verdugos conocen las mañas del poder político, y por ello exigen, en silencio, desde la oscuridad pero con vehemencia, la impunidad que da el amparo del Poder. Y esa relación es la que sigue vigente en nuestro país.
Por ello es que siento algo parecido al horror. Porque más allá de las usurpaciones y aprovechamientos políticos que se realizan sobre la muerte, persiste la sensación de que nuestra atmósfera institucional huele mal. El gobernador de Neuquén sigue haciendo campaña con las manos manchadas de sangre. En Santa Cruz, la gendarmería cerca y toma las escuelas y la casa de Gobierno. Y si es sólo un conflicto provincial, como declara el ministro del interior Aníbal Fernández, qué hacen allí las fuerzas nacionales.
Y Jorge Julio López sigue desaparecido, y de esto ya casi no se habla. Y es extremadamente grave porque así se convalida, se naturaliza, la muerte y la desaparición. No es suficiente un cartelito recordatorio o un mensaje televisivo. Es urgente la aparición – espero que con vida – de Jorge Julio López. Y esto es un deber, una obligación que tiene por delante El Estado para no volver a perdernos en la continuidad del terror. Sólo el poder da impunidad.

Conrado Yasenza, Mayo de 2007.

Entrevistas/ Horacio González


Entrevista a Horacio González

"El conflicto es la manera de realizar un enriquecimiento institucional"

En esta entrevista el sociólogo, escritor y Director de la Biblioteca Nacional Argentina, Horacio González, nos ofrece su visión sobre los interrogantes de la actual institucionalidad democrática del país.

Por Conrado Yasenza

- ¿Cree Ud., en el caso de nuestro país y con relación a los sucesivos golpes de Estado hasta desembocar en la última dictadura, en la tesis que propone una corresponsabilidad de la sociedad civil como sustento consciente o inconsciente para la concreción del Golpe institucional?

- No lo creo, pero sí me parece necesario suponer que la sociedad civil no es un ente despojado de responsabilidades. Las corrientes de opinión, sobre todo las vertientes subterráneas colectivas, suelen ser el ámbito donde se gestan temores recónditos que después se escriben en programas golpistas. Prestarle atención a eso presupone una doctrina de las responsabilidades civiles más compleja de que la consideramos hasta el momento.

- Le parece que ante acontecimientos como realizados por el gobierno en cuanto a la recuperación simbólica de la memoria, por caso, Cuadros en la Esma o Discurso en el Colegio Militar, estos tienen como plafón una verdadera discusión en torno a la participación y roles de la militancia activa durante los procesos sociales previos a la ruptura institucional de 1976?

- Los gestos mencionados son de profunda importancia simbólica. Los símbolos tienen su economía propia, muchas veces profundamente paradojal. Si no se transforman en lenguaje cotidiano pueden quedar pedaleando en el aire. Lo mejor es trazar un círculo de alimentación mutua entre símbolos y experiencia colectiva.

- ¿Por dónde cree Ud. que debería pasar la discusión en relación al vínculo Terrorismo de Estado - Sociedad Civil?

- Por una serena consideración de la situación de las víctimas y un juicio ecuánime que evite el "todos somos culpables" pero que sepa diferenciar la justicia efectiva de axiomas de culpabilidad rutinarios. Cada caso es singular y su comprensión debe ser profunda para que la justicia sea inapelable.

- ¿Qué le sugiere la idea de un Peronismo de Estado en la actualidad de la política argentina?


- El peronismo es una sombra persistente. Su persistencia la obtiene por su volatilidad. Permanece como estado de discusión y discutirlo es su forma de permanencia. No hay peronismo de Estado, hay peronistas en el Estado y hay un estado de expectativa sobre lo que hay que evitar y lo que hay que recrear del peronismo para los próximos ciclos históricos.

- ¿Cree Ud. que existe una suerte de "banalización de la memoria política" y de los discursos en torno al tema?

- Creo que todos tenemos la obligación de plantear los temas que nos interesan de una manera renovada, con estilos capaces de interpretar de modo novedoso los asuntos que, por más vivacidad que tengan, suelen banalizarse sin que importe su grado de veracidad. La verdad es también un efecto que hay que elaborar con lenguajes capaces de revisarse a sí mismas. Esto no siempre pasa en temas tan sensibles como el de la memoria, pues no basta exhumar archivos y acusar a los agentes del olvido, sino revisar también el propio lenguaje de la memoria cuando este ya no expresa conocimiento sino imperativos de observancia forzada.

- ¿Observa Ud. vestigios de autoritarismo o violencia, ya sea verbal o simbólica, en el acontecer político de nuestro país?

- Se acusa fácil de autoritarismo, pues como el concepto de memoria, también se presta a un desgaste de su verosimilitud, como por otra parte ocurre con todo el diccionario de la política. Dicho esto, hay que observar el grado inusual de violencia que registra la expresión política nacional, lo que sin duda afecta a la credibilidad de la palabra política, sin que tampoco la propia palabra “credibilidad” deje de estar en el tapete de las monedas que desgastan su efigie fácilmente.

- La concentración de poder a cualquier costo y sobre la base de todo tipo de alianzas, es signo de una sociedad que no tolera el disenso; es síntoma de cierto grado de violencia dentro y desde el poder institucional. ?

- No veo hoy una “concentración de poder” que mantenga perdurabilidad y visibilidad al mismo tiempo; más bien me parece que hay fórmulas de poder que van circulando a gran velocidad, precisamente como una moneda que va pasando de mano en mano, en una trama compleja en gran parte constituida por los medios de comunicación y por jugadas de ataque y contraataque en las que se empeñan los diversos protagonistas. Falta la explicación general de ese mecanismo como parte de la propia interpretación de la expresión política de una sociedad. Tal explicación hoy creo que no existe.

- La violencia, o cierto clima de tensión social, es inherente a las sociedades políticas y democráticas?

- Desde luego que sí, como se dijo tantas veces, el conflicto es la manera de realizar un enriquecimiento institucional; pero muchas veces no es fácil considerar como parte de la necesaria tensión entre instituciones y conflicto, a un tipo de violencia que no contempla en sus verdaderas proporciones ese aspecto dinámico entre su capacidad constructiva y su apuesta crítica.

- Como sociedad democrática ¿somos políticamente inmaduros e irresponsables?

- No me parece una buena formulación del problema.

- ¿Seguimos pensando nuestra realidad desde las categorías del Poder? Y de qué Poder?

- Es fácil hablar del “poder” como si fuera una noción exterior a nuestra vida. En realidad no lo es, sino que la constituye en sus propios fundamentos. La cuestión es poder reflexionar sobre él de un modo libertario y creativo.

- Para finalizar, quisiera saber cuál es su análisis sobre las desapariciones en Democracia.

- Seré obvio. Son hechos de una gravedad inusitada que se acrecienta en la medida en que no haya novedades respecto a lo que ocurrió con Jorge Julio López.

Por Conrado Yasenza, Mayo de 2007

03 mayo 2007

La Columna Grande/ Todos Somos - Alfredo Grande


TODOS SOMOS

La unión hace la fuerza. Pero la unidad nos debilita.
Aforismo Implicado





Por Alfredo Grande

Hace poco discutiamos el tema del Todos Somos. Yo señalaba que esa consigna, desde un origen que daba cuenta de la solidaridad con los compañeros represaliados, se había deslizado hacia su captura reaccionaria. Una especie de todos somos como sobreimplicación bizarra. Algo así como la evidencia del regreso de "la parte por el todo", donde el todo es "todos" y la parte queda como mayoría silenciosa, es decir, sin salud.
He visto tres afiches por las próximas elecciones: "Ibarra vuelve de la mano de todos" "Telerman: una ciudad para todos" "Bonasso piensa como vos"
Los tres son evidencia que el todos es encubridor. En el todos del afiche ibarrista no están victimas, familiares y amigos de Cromagnon. En el todos de Telerman no están los vecinos de lugano, ni los que padecen las torres, o las antenas para los celulares, ni los que languidecen en hospitales. En el de Bonasso el "como vos" es una variante sutil, pero según la letra, él piensa como todos los que ven ese afiche. Digámoslo claramente: estas afirmaciones son ataques al pensamiento, al menos al pensamiento crítico. Y el "todos" aparece como una unidad ( todos es el Uno) que se opone a la unión (multiplicidad) de los colectivos que luchan. No creo que ningún cartonero pudiera decir "todos somos cartoneros" y si lo dijera, estaríamos autorizados en suponer una proyección masiva. Curiosamente, la derecha se empeña en que "todos somos derechos y humanos", por supuesto porque los otros, los que no son derechos (o de derecha) no son humanos, o son humanos que no existen. Por eso quedaron los humanos que son derechos. Aunque vayamos derecho al matadero.
Esta captura de la cultura represora del significante todos, es una de las operaciones mediático culturales que transitan silenciosas. El todos es un deber ser, un mandato globalizador del cual nadie puede escapar. “La seguridad es problema de todos”. Lo que tiene implícito que todos hablamos de la seguridad de la misma manera. Por lo tanto el todos en una forma aggiornada del pensamiento único. Entre el Todos y el Uno hay una pacto perverso de complementariedad. Una sola forma de definir el problema, una sola manera de pensar la solución y todos contentos. Por supuesto que hay formas degradadas del todos. En los balotajes es justamente lo que se busca. Si no se puede contar con el interés de todos, al menos que la mitad mas uno otorgue la misma legitimidad que la de todos. El casi todos reemplaza el universo, por una muestra tan contundente que es casi lo mismo. “La fiesta de todos” decían los publicistas que trabajaron para los genocidas. La democracia actual cada vez mas organiza en hegemonías excluyentes. Radicales K, socialistas con Telerman, cooperativistas con Filmus, peronistas con Scioli…Actualmente, la diferencia espanta. La diversidad diluye. Son los tiempos donde a nadie le importa la suma de las partes, sino algo más contundente: el masacote de todas las partes todas. Pasando de la polifonía de un coro, a la monofonía de un solista. Quizá sea el motivo por el cual actualmente la mayoría de los candidatos se promociona con su nombre propio, impuesto a punta de avisos. No se menciona ningún partido político. Y en caso de hacerlo, es apenas un pálido logotipo que apenas se lee. Por supuesto, que cada candidato pone cara de gobernar para todas y todos. Si bien es cierto que una izquierda atomizada no parece ser el mejor camino por el cual los proletarios del mundo terminen unidos, también es cierto que la tendencia actual a compactar las diferencias, termina inevitablemente con un relleno político donde se recicla basura democrática. Si la democracia es un ranking de primeras, segundas y terceras marcas que buscan estar mejor posicionadas en las góndolas o en las urnas, mas temprano que tarde el hastío contagiará desde el primer ciudadano hasta el último militante. Las causas realmente importantes, como la lucha contra las pasteras, muestran lo ilusorio de pretender una solución que deje contentos a todos. Habrá vencedores y vencidos, y volveremos a sentir en nuestras entrañas que los unos no se juntan con los otros. El último grito de la batalla contra la democaca, fue el “que se vayan todos” de diciembre 2001. Pero creo que ni siquiera ese “todos” era algo mas que una expresión de deseos o la descarga de una bronca largo tiempo contenida. Seguramente, ni siquiera en ese momento había acuerdo de quienes eran los “todos” que tenían que irse. Creo que la única forma de escapar de la trampa del todos es organizar el pensamiento siempre como pensamiento de clase. Y no hay una superclase que contenga a todas las otras clases. El “estado” somos todos, es apenas letra escrita pero que muere apenas escapa del papel. La conclusión optimista es que todos no somos lo mismo. Por eso algunos de esos, nos encontramos en la lucha. La derecha preconiza el “todos” mientras fragmenta y dispersa. La izquierda debe repudiar el todo, mientras sigue trabajando por la unión, que no es por cierto la unidad. La política siempre va a ser para el mal de algunos y nunca para el bien de todos.

Fines de Abril de 2007

Entrevistas/ Juan José Hernández


El pasado 21 de Marzo el novelista y poeta Juan José Hernández falleció en Buenos Aires. Se reproduce en este número la extensa entrevista que le realizara en su departamento de la calle Pueyrredón en Septiembre del año 2003, y publicada en el N° 10 (Octubre-Noviembre del mismo año) de La Tecl@ Eñe. Fue un verdadero placer haber podido conocer a Juan José Hernández.

ENTREVISTA A JUAN JOSE HERNANDEZ

El escritor IrreBerente
Por Conrado Yasenza


· En busca del tiempo perdido: Infancia en Tucumán y el viaje a la gran aldea.

- La idea inicial de la conversación es indagar acerca de cómo se desarrolla su infancia en Tucumán.

- Habrás advertido que en mis cuentos el mundo de la infancia aparece constantemente. Yo no la idealizo la infancia, no considero que era el paraíso, pero sí que era como un estado de gracia, un estado luminoso. Quizá porque cuando era muy chico, y yo no pertenecía a una familia rica, la provincia estaba bien y la gente vivía en casas muy grandes con dos patios, con un fondo. Había lugar para jugar, para recibir amigos. Yo no me crié en un departamento, donde los chicos tienen que salir a jugar a una plaza o a la calle. Hay un mundo, que aparece en mis poemas, que gira en torno a la figura de la madre, que es la que se quedaba en la casa. La casa era como una emanación de la madre, algo que tiene que ver hasta físicamente con la madre; la casa estaba ordenada por ella, las plantas que tenían los patios eran plantadas por mi madre. Era la presencia materna, y la casa como un lugar de maravilla, de magia, para un chico curioso y especialmente imaginativo. Hay un filósofo francés, Gastón Bachelard, que habla mucho del mundo de la infancia. A él le dedico un poema en donde recuerdo a mi madre, que se ha duchado y sale al parque y se sienta envuelta en esas batas que usaban las señoras. Así aparece la cuestión de recuperar, como en Marcel Proust, todo el tiempo que deja de ser evocación y se convierte en presencia. Este poema tiene un epígrafe de Bachelard que dice que la infancia es un cosmos exaltado .
Esto con respecto al mundo de la infancia, sin idealizar al niño. No creo que el niño por ser niño es bueno. Tampoco estoy de acuerdo con la frase de Freud, acerca de que el niño es un perverso polimorfo, porque sería injusto. Lo que tiene el niño es libertad. Después empieza a ir a la escuela y comienza el proceso de domesticación. En cuanto un chico pintó un árbol celeste, la maestra le dice que los árboles son verdes, no celestes. Empiezan a recortarlo para convertirlo en un hombre común.

- O prepararlo para insertarlo en sociedad

- Para insertarlo y que no tenga choques, y para que ese niño más adelante no diga que le encantan los árboles celestes, y por lo tanto sea tomado como loco. Es decir, prepararlo para la medianía.

- Entonces, ¿hasta qué punto la educación no limita o cercena ese poder imaginativo que está presente en casi todos los niños?

- Es que la familia es un órgano represor por definición; lo que hace es reprimir, recortar, domesticar, preparar al niño para que sea una persona decente. Ahora bien, ¿qué es una persona decente?... En la clase media, que es la clase mayoritaria del país, la educación tiene un carácter represivo.

- ¿La institución escuela es una prolongación, en ese sentido, de la institución familia?

- Sí, de los valores de la familia. La familia es represión, como el ejército y la policía.

- Usted enunció la frase “una persona decente”. ¿A qué se refería?

- Es como aplicar la frase “es una persona virtuosa”. Son enunciados carentes de significado, carcazas sin nada adentro pero que la gente usa. ¿El que no es decente es indecente?. Gente decente, ¿qué es?. Antes se le decía gente decente a personas de tradición, no de riqueza sino de tradición. La gente del lugar, como decían en España, cristiano viejo, para expresar que esa persona no era de sangre judía. Era gente decente porque a lo largo de la tradición había recibido pautas de conducta que se manifestaban hasta en la manera de comer. Esas normas se transmitían, se enseñaban como conducta de clase.


- Ese niño imaginativo, ¿cómo se vincula al mundo de la literatura?

- Primero mediante la lectura. En mi caso, yo tenía un tío paterno que fue escritor. Escribió varias obras de teatro y una novela, en los años ´30, titulada “Zaraza”. La novela tocaba un tema terrible para aquella época: la prostitución y la trata de blanca. El hombre murió. Yo tenía un año y no lo llegué a conocerlo, pero mi padre le tenía mucha consideración. Era su hermano predilecto y cuando se remataron todas sus cosas, compró la biblioteca. Así es que yo empecé a leer de chico clásicos españoles. En la biblioteca de mi tío estaban las obras de Pío Baroja , que yo leí cuando tenía diez u once años.

- Imagino que también leyó a los poetas del Siglo de Oro Español.

- Sí, por supuesto, poesía española. Había una edición muy bonita de Beckett. También leí libros de espiritismo y de magnetismo, que estaban de moda en los años ’20. Mi tío tenía fama de hipnotizador, él preguntaba si podías contar hasta diez, y uno le contestaba: claro que puedo; pero cuando llegaba la cuenta a nueve no podías pasar de allí. Era, para mí, como un personaje misterioso, como haber tenido un tío mago que además era escritor. Había una expectativa en la familia de que siguiera desarrollándose la inclinación hacia la escritura. Mi tío fue un gran autodidacta que además había estrenado dos obras de teatro en Tucumán. Era un hombre que hizo una modificación al código de la policía montada, y fue también director de la cárcel. Incluyó mejoras como, por ejemplo, las visitas a los presos de sus mujeres. Es decir, una cantidad de reformas propias de un hombre progresista.

- ¿El clima literario y cultural de Tucumán, oscilaba entre la influencia recibida desde Buenos Aires y el desarrollo propio de la provincia?

- Tucumán ha sido siempre la menos federal de las provincias. A los tucumanos, como a los salteños, los llamaban los porteños del norte. Quizás esto obedezca a que la economía de Tucumán, hacia fines del siglo XIX, ya era industrial; era la ciudad de los ingenios azucareros. Las otras provincias se estancaron en un ámbito más rural, afincadas en la vieja economía tradicional. En Tucumán, junto con el desarrollo industrial, llega el esplendor del dinero. La clase alta tucumana comienza a refinarse, deja de tener ese estilo criollo correspondiente al siglo pasado y se tornan más afrancesados; traen una diversidad de plantas para los parques, viajan a Europa. Tucumán es la primera provincia en la que aparece el tranvía. Contaba, además, con dos teatros enormes construidos para teatro, no cines transformados en salas de teatro. En Tucumán estuvieron grandes figuras del siglo XX como, por ejemplo, Camilo Sansainz, luego de la guerra del ´14. Hay una anécdota muy simpática: él tenía que tocar y se niega a hacerlo porque el piano era alemán. Hubo que buscar a alguien que tuviera un piano francés, un playeum, para que aceptara dar el concierto. En mi infancia Tucumán era una hermosa ciudad con árboles frondosos y calles bordeadas por naranjos que se poblaban de azahares.

- Los naranjos y el perfume del azhar es una imagen evocativa casi constante en sus cuentos y en la novela La ciudad de los sueños.

- Es que el perfume de los azahares es dominante. Toda la plaza Independencia esta llena de naranjos muy antiguos. No hay quien no tenga en el frente de su casa o en el fondo naranjos. Esto tiene que ver con Andalucía, ya que la mayoría de las familias de Tucumán son descendientes de andaluces y extremeños. En la región del sur de España, sus pobladores tienen patios, surtidores; las paredes están blanqueadas a la cal; existen, como en Tucumán, ya que hace mucho calor, toldos y verjas. Es decir, ambas regiones se parecen mucho, lo que ocurre es que en Andalucía tienen detrás tierra morena, montañas bajas, y en Tucumán lo que hay es la pre-cordillera.

- ¿Cuándo y por qué decide viajar a Buenos Aires?

- Bueno, yo termino mis estudios de bachiller en el Colegio Nacional de Tucumán y tengo que elegir una carrera. Al mismo tiempo, tenía ganas de experimentar aventuras y de salir de mi medio, y siendo adolescente la familia se convierte en un fuerte obstáculo ya que me señalaban, en modo constante, lo que tenía que hacer y lo que no debía hacer. Esto implicaba también, la elección de la carrera que por supuesto debía ser Medicina o Abogacía. Yo quería estudiar Letras porque me gustaba mucho la literatura, pero esta carrera estaba considerada como una carrera para mujeres; era como estudiar Corte y Confección o Ikebana. Entonces qué podía hacer. Bueno, estudiaba derecho y asistía a los cursos de letras. Pero la carrera importante era Abogacía. Esas cuestiones de supersticiones de clase, disparates como los que se daban, en una época, en las casas donde había un piano. El piano estaba destinado a las mujeres y el hombre no podía estudiar ese instrumento. Los varones estudiaban violín. Llamémoslo una suerte de limitación. Finalmente resolví estudiar una carrera que no existiese en Tucumán, y la única carrera que no había en mi provincia era Medicina. Entonces, me fui a estudiar medicina a Rosario, que en ese momento era un puerto lindísimo, con una vida nocturna que yo no conocía. Fascinante. En mi imaginación era como Marsella. Por supuesto no estudié nada. Mi familia se dio cuenta de que no rendía materias, vinieron a buscarme y regresé a Tucumán. Como no me decidía a seguir la carrera de Abogacía, tenía que trabajar en algo. Y es así que vine a Buenos Aires para trabajar en la Enciclopedia CODEX, gracias a que un amigo mío, Eugenio Hirsh - quien era artista plástico-, y que trabajaba en la parte gráfica de la enciclopedia. Él alquilaba una casa en San Miguel (Provincia de Buenos Aires). Allí viví un tiempo. Este amigo era, a su vez, amigo de Ernesto Sábato, quien trabajaba también en la enciclopedia. Como Sábato era antiperonista no tenía trabajo, y por ello trabajaba en la enciclopedia. En realidad, toda la familia trabajaba allí.

- ¿En esa época ya escribía?

- En ese momento ya escribía versos, no prosa. Y había publicado un libro de poemas en la editorial Botella al Mar, fundada por Arturo Cuadrado, un intelectual español exiliado que dirigía una colección dedicada exclusivamente a la poesía. A Cuadrado lo conocí en Tucumán, en una conferencia que dio para presentar la colección. Yo todavía no había publicado nada, y en aquella conferencia a la que asistí, Cuadrado le pidió a los poetas presentes entre el público, que le hiciesen llegar originales de sus textos ya que él abría las puertas de la editorial con la promesa de que si los trabajos eran buenos serían publicados. Cuando Cuadrado se fue de Tucumán, yo pasé mis poemas a máquina – una vieja y pesada Remington -, y los envié. Como no recibí contestación alguna, muy enojado, le envié una carta fulminante diciéndole que era un farsante. Cuadrado, con mucho sentido del humor, rápidamente me contestó: “Bueno, veo Juanjo que dices que te enojas. Me encanta que los poetas se enojen. Ayer Quevedo, ahora Neruda, y tú también estás enojado, Juan José. Me parece muy bien. Pero quiero decirte que vamos a publicar tu libro”. Así es que viajé a Buenos Aires para la presentación del libro. El pintor Luis Seoane era el autor de los retratos que acompañaban las ediciones de Botella al Mar, y él realizó un retrato en el que yo posaba con un poncho. Este hecho no respondía a una cuestión folclórica sino que debido a las altas temperaturas y a la ausencia de inviernos crudos, en Tucumán casi nadie usaba sobretodo, y a mí me habían dado un poncho para que llevase por las dudas. En fin, luego me enteré que ese poncho era de vicuña; un poncho artesanal carísimo.

- Este primer libro es Negada permanencia.

- Mi primer libro se llama Negada permanencia y La siesta y la naranja. Son dos series de poemas. La primera serie reúne poemas vinculados a la niñez, y la segunda, poemas relacionados con el despertar del deseo amoroso. Estos poemas fueron reunidos en el libro Desiderátum, editado en el 2001 por Adriana Hidalgo editora, y en un orden inverso; es decir, en un juego de tiempos circulares, el libro termina con mis primeros poemas.

- ¿Cómo transcurre su actividad literaria luego de la publicación de su primer libro?

- Bueno, ya en Buenos Aires edito otro libro de poemas en la editorial Torres Agüero, y posteriormente un editor llamado Alberto Bournichon, un personaje maravilloso que recorría el país en una camioneta Citröen y publicaba a jóvenes poetas, edita mi libro Claridad vencida. Bournichon era un ser que amaba la literatura y el buen vino. En fin, mi puerta de entrada a la literatura es la poesía.

- ¿Actualmente sigue escribiendo poesía?

- Por supuesto, sigo escribiendo versos. La gente me dice a veces: qué es lo que ocurre que hace casi veinte años que no publica. Bueno, lo que sucede es que las editoriales no publican poesía. Y esto me excede. He estado colaborando en La Gaceta de Tucumán, en La Nación y en diarios y revistas de poesía.

- Volviendo a su llegada a Buenos Aires, Usted se encuentra con una Buenos Aires idealizada o con una ciudad hostil?


- La sensación que experimento al llegar a Buenos Aires es de libertad. No tengo que rendir cuentas de mi vida a nadie. Al no estar sujeto a una estructura familiar, y encontrándose mi familia en Tucumán, la experiencia liberadora es fascinante. Además, ya asentado en la ciudad, me vinculo con el trabajo en periodismo.

· Sur: una experiencia cultural irrepetible

- Es la revista Sur donde entra en contacto con el periodismo cultural

- Lo que ocurre es lo siguiente: cuando sale mi libro Claridad vencida, vengo a Buenos Aires para la presentación del libro. Como contaba con diez ejemplares, recorro las redacciones de los diarios y dejo mi libro con el fin de que realicen una nota crítica. Es así que fui a La Nación, a Clarín, La Prensa y entre las revistas, dejo el libro en Sur. Me recibió el Jefe de Redacción de la Revista Sur, que era el escritor y novelista José Bianco. No pusimos a conversar y Bianco me comenta que le agradaba escucharme hablar debido a mi tonada provinciana. Bianco veraneaba de niño en Córdoba y de allí el placer por escuchar la tonada. Luego nos hicimos muy amigos, y fue Bianco quien me convenció para que escribiera en forma de cuento los relatos que le narraba en conversaciones. Así es que mi primer cuento escrito en Buenos aires se llamó La viuda y fue publicado en Sur. Gracias a José Bianco comencé a escribir prosa. Posteriormente, empecé a publicar cuentos en el diario La Nación y La Gaceta de Tucumán. Con el tiempo reuní los cuentos publicados como colaboraciones, y edité mi primer libro de cuentos que se llamó El inocente.

- ¿Cómo definiría la concepción ideológica de la revista Sur?

- Bueno, digamos que si existe una tradición en el estilo de Sur, esa tradición es la tradición liberal del siglo XIX, con apertura cosmopolita. Para los sectores recalcitrantes del la época, Victoria Ocampo era una comunista.

- Me gustaría que me contase como era su relación con Victoria Ocampo.

- A Victoria la conocí en la redacción de Sur. En una oportunidad, mientras conversaba y tomaba un café con José Bianco, entró Victoria. Bianco nos presentó y así comenzamos a charlar. Un día entró a la redacción y me invitó a tomar el té en su casa. Y tomé el té con ella. Luego me invitó, vía José, a cenar en su casa de San Isidro. Y yo acepté. Lo que sucedía es que yo no tenía superstición de clase. El esplendor que imperaba en torno a ella no me inhibía, me parecía natural. Nunca me sentí incómodo ni amedrentado por el boato en torno al estilo de vida de Victoria Ocampo.

- ¿Y cómo era ella?

- Bueno, Victoria era muy hospitalaria. Me hacía sentir muy cómodo. Cuando la conocí ya era una mujer grande. Era alta y tenía un cutis fresco, de aspecto un poco majestuoso, fuerte; algo de espíritu vasco, de sangre vasca.

- Según tengo entendido, Victoria Ocampo era esencial para la existencia de la revista Sur

- No, quien hacía la revista era Pepe Bianco. Pero ella era como la Reina Victoria de Inglaterra, de ahí su nombre. Tenía, como la Reina Victoria, la habilidad de nombrar primeros ministros. Victoria veía la revista una vez que estaba publicada. La amistad entre José Bianco y Victoria Ocampo era muy profunda. Victoria era una mujer de mucha trayectoria que se había vinculado con poetas y escritores europeos importantísimos. Paul Valéry, tras la guerra y debido a la extrema pobreza que padecían, le escribe una carta pidiéndole un par de zapatos porque en París no se conseguían.

- Usted en realidad fue muy amigo de Silvina Ocampo.

- Sí, así es. Silvina poseía un gran talento. Es una excelente cuentista. Diría que, en realidad, Silvina tiene prosas curiosas. Ella no estructura el cuento, sus relatos son como ocurrencias muy originales. A Silvina la conocí también en las redacciones de Sur. En mi último libro, “Escritos Irreberentes”, narro el encuentro con Silvina durante la reunión que Victoria organizó en la casa de San Isidro, para presentar al periodismo a Lanza del Vasto. Silvina Ocampo era la mujer menos convencional que he conocido.

- En el ensayo “Lo amargo por dulce”, publicado ahora en Escritos Irreberentes, usted destaca el particular sistema de valores morales de Silvina Ocampo, y el horror por lo convencional junto a la capacidad poética para asimilar las contradicciones de la condición humana.

- Sí, y el valor de la paradoja. En un poema dice: “¿Por qué me inspiró el bien males atroces?”. Entre nosotros existía una especie de parentesco espiritual que rompió la barrera del tiempo, ya que ella era mucho mayor que yo cuando la conocí, y sin embargo con Silvina me sentía como si estuviera con una mujer mucho más joven. Silvina tenía algo como pueril, a la vez perverso; era a la vez brillante, ocurrente y graciosa. Una vez charlando yo le dije: Silvina, cómo no has estado nunca en Creta?, y ella me contestó: Creta Garbo. Le encantaban las aliteraciones, los juegos de palabras.

- Con respecto a su obra en prosa, existe también en sus cuentos esta vinculación entre lo pueril y lo cruel, lo ocurrente/misterioso y lo perverso.

- Sí. Por ejemplo en el cuento El inocente, hay gente que destaca la crueldad del final donde los perros destrozan y matan al inocente. Bueno, por eso se llama El inocente, porque en realidad lo que estoy planteando es la irrupción de la sexualidad. Esa irrupción de la sexualidad en el deficiente mental provoca que los perros lo desconozcan; el inocente ya ha cambiado. Mientras es inocente, los perros se le abalanzan y lo lamen, y los chicos pueden así robar las naranjas. Todo esto está puesto en función de la malicia del lector, que se va dando cuenta ya que no está explicitado. El desarrollo del argumento hace que la muerte final sea tolerable. Ahora lo cruel está dado por lo natural, y no como una elaboración intelectual sino como situaciones que son de crueldad.

· La ciudad soñada

- El tema del peronismo, como fenómeno político e histórico, le sirve a usted como mero escenario argumentativo para el desarrollo de la novela La ciudad de los sueños, o en ese momento estaba consustanciado con los sucesos políticos que acontecían?

- En el momento en que está ubicada la novela yo era muy joven, no tenía idea política alguna. Yo supe realmente lo que era la 1era, 2da y 3era internacional cuando me hice amigo de un trostkista, alrededor de los 22 o 23 años. En los primeros años de Facultad, donde el gobierno era peronista, los estudiantes eran antiperonistas. Las clases burguesas y la clase media acomodada, eran antiperonistas también. Pero cuando yo escribo la novela me doy cuenta de todos los malos motivos que existían hacia el peronismo, de esa cosa tan racista, del odio hacia los cabecitas negra. Yo decía en la revista Sur, en forma de chiste: y yo que soy cabecita negra; y mis amigos me replicaban: vos no lo sos, Juan José. Y yo insistía: pero si yo nací en Tucumán, que querés que tenga plumas, arco y flecha para parecerme; yo también soy provinciano, soy tucumano.
Lo que pasa es que para el porteño, la mucama es tucumana o santiagueña, ahora paraguaya. Son los que tienen que hacer el trabajo más pesado, más bajo; son la servidumbre, lavan los baños de las estaciones; en fin, ese tipo de cosas. Entonces yo decía, como decía también Victoria: sí, soy tucumano, pero también lo eran Alberdi y Avellaneda. Para la gente de Buenos Aires significa lo mismo ser tucumano que ser de la ciudad de Bragado, en la provincia de Buenos Aires. Y no es así, porque el tucumano forma parte de la historia del país: El 9 de julio de 18l6, que es una fecha importantísima para la Argentina, se realizó el Congreso en Tucumán. Avellaneda, Roca, Alberdi, son tucumanos. El pueblo de Lincoln, en la provincia de Buenos Aires, no le debe el nombre al presidente norteamericano, que le dio la libertad a los esclavos negros, sino que lleva ese nombre por una raza de ovejas negras. Los porteños desconocen estas diferencias.

- Entonces en su novela hay una clara intencionalidad política, una idea de clase.

- En mi novela lo que hay es un enfrentamiento de clases; es el enlace de la clase del Che Guevara con la clase de Eva Perón. No dice que Eva era Rosa Luxemburgo, no dice que era una ideóloga, lo que plantea es que Eva Perón es un factor importante porque despierta odios de clase. En ese sentido es una figura políticamente importante, y así es como yo la rescato, cuando por ejemplo, enfrento dos lenguajes: el lenguaje de los alienados y los representantes de los cañeros que hablan contra los doctores, quienes dicen: Sé bienvenida, dignísima señora a esta tierra... Todo un lenguaje de abogado de provincia. Y Eva Perón toma el micrófono y arremete de modo tenaz: Descamisados, la oligarquía no está muerta. Es contundente. Estos enfrentamientos lingüísticos se dan mucho en la novela: la anciana dice de Eva que es como un ángel apocalíptico, y que todo el mal llega a la provincia por culpa de esa mujer. Yo obtuve los discursos del archivo de “La Gaceta de Tucumán ”, discursos de Eva Perón que realizan un juego de contrastes: “Ustedes los que han sufrido una oligarquía sin alma...”.

- Evidentemente es una novela con un contenido de lucha de clases.

- Por eso es que la criticaron. De alguna manera, a los grandes diarios les molestó la parodia que yo hago de la manera de hablar de la gente de la clase alta.

- ¿La censuraron?

- Digamos que no les divirtió que se parodie a la clase alta, sobre todo en Buenos Aires. Cuando la protagonista de la novela viene de Tucumán, donde hay gente con tradición y prosapia pero sin dinero, a instalarse a Buenos Aires, comprueba que todos sus familiares ricos la evitan y además muestra una cosa que es típica de la clase alta, que es la cuestión racista que subyace en Buenos Aires. De allí lo de cabecitas negras. Ella se siente disminuida, porque no tiene el tipo triunfador, no es la heroína de novela tipo Madame Bovary; es la pobre muchacha de provincia a quien de chica le han dicho que no se parece en nada a sus padres, que es como decirle que ha sido adoptada; es la muchacha a quien han mortificado siempre. Y hay un episodio entre ella y su amiga que la ha dejado estigmatizada: existe una sospecha de tipo lésbico que la ha decidido a dejar Tucumán.
En La ciudad de los sueños, está muy bien planteada la forma de expresarse, el habla, de la alta burguesía de provincia, que tenían la mirada puesta en Buenos Aires, y que hasta leían esas revistas tilingas de la época como Atlántida y El Hogar, las cuales tenían secciones sociales. A través de estas revistas, la gente vivía pendiente de los casamientos en Buenos Aires, de dónde veraneaba la clase alta. Todo ese clima implicaba un mundillo de proyección, así como en la obra de Manuel Puig, General Villegas representa el sitio donde lo imaginario pasaba por las películas, y el centro de la vida eran los comentarios de las actrices, los chismes de Radiolandia. Era un mundo que estaba pendiente de la cosa social acontecida en Buenos Aires.

- En lo personal ¿cómo se sintió cuando se trató a la gente del interior como aluvión zoológico que opacaba y desprestigiaba a la ciudad de Buenos Aires?

- Bueno, son situaciones que en la actualidad estarían definidas por la aparición de los cartoneros o los travestis, sujetos que para la gente afean la ciudad. Es decir, es aquella vieja cuestión racial.

- A usted, sin ser peronista, esa realidad que discrimina al migrante interno lo conmueve.

- Sí, yo casi me vuelvo peronista cuando trabajaba en La Prensa. Eran tan gorilas que lo que merecían era que me afiliara al partido peronista, como reacción a ese gorilaje. No decían jamás la mujer del presidente sino la segunda mujer; a Perón lo llamaban tirano prófugo. Era todo de una bajeza impresionante: existían listas de escritores que no podían publicar. Se decía que la viuda del General Aramburu era La Prensa, porque el proyecto político sostenido por el diario era la presidencia de Aramburu.


· Poesía y realidad

- ¿Qué es la poesía para Usted?

- Si le hubieses preguntado a Beckett, diría: “poesía, poesía eres tú.”. Para mí es un género literario que, como el cuento, está muy cerca de la oralidad. La poesía antes de ser palabra escrita fue palabra hablada, y también fue canto. No se considera poesía si sólo es leída. La poesía requiere de la voz, y forma parte de la tradición del idioma no escrito. “Las mil y una noches” antes de ser una novela escrita, traducida, ha sido contada por la gente. La transmisión era oral, igual que en la poesía. La tradición oral permite, al no fijar la palabra a la escritura, modificaciones creadoras. Un romance español, por ejemplo del siglo XIII ó XIV, mantiene la estructura original, pero al ser transmitirlo oralmente en otras regiones, cambia el paisaje, y donde en una región se dice encina, en otra se transforma en higuera. El poema se va enriqueciendo, va siendo trabajado dentro de una estructura que siempre es la misma

- ¿La poesía en sí, más allá del género, contiene una fuerza liberadora de esas contradicciones inherentes a la condición humana de las que hablamos anteriormente, contradicciones entre bien y mal, decencia e indecencia?

- Sí, porque la poesía incorpora también el mundo del deseo, es decir, un mundo en el cual lo que no se da en la realidad tiene tanta fuerza como lo real, y sin embargo no está dado en la realidad. Esto en latín se llama delectasia morosa, o sea, la facilidad de evocar la delicia del placer ausente. La poesía incluye la matriz de subversión. El hombre tiene la facultad de sustituir la realidad por otra de carácter imaginario tan intensa como puede ser la realidad real. Gracias a la voz, al ritmo, a la música es que se vuelve a lo que se ha perdido, a lo que es memoria, y la memoria se actualiza por la palabra y los ritmos de la poesía. La tradición oral va unida a lo gestual. Por eso es tan difícil, en un cuento escrito, dar aquello que es gesto. El romance “La doncella guerrera”, posee un argumento basado en un hombre que es viejo y tiene solamente hijas mujeres. El rey solicita hijos varones para mandarlos a la guerra, y el padre se lamenta de no tenerlos echándole la culpa a la mujer, que le ha dado solamente hijas. La hija menor le ruega que no maldiga a la madre, y propone ir ella a la guerra disfrazada de varón. Y se va a pelear. Pelea durante diez años. Ese mismo romance aparece en Rusia, entre campesinos. La estructura es la misma, pero los personajes han sido modificados. Un buen cuento es un cuento que puede, mediante la escritura, darnos también matices gestuales que pasan por la técnica de selección ante el oyente, por captar la atención del otro. No es tarea fácil contar un cuento y que el otro se interese. Hay una técnica para suscitar el interés, que estaba acompañada de lo gestual cuando la tradición era oral. El cuento está muy cerca de la poesía. La poesía ha sido cantada también. Los trovadores cantaban versos. ¿Quién es el que lleva la poesía a una dimensión imposible ya de vincular al canto y a la voz.?. Dante Alighieri: “La Divina Comedia” ya no se puede recitar ni cantar. La poesía está unida a la brevedad, es una especie de epifanía de la memoria y la voz. Yo puedo repetir entero un romance porque me siento sostenido por la rima, que es un factor que colabora con la memoria. Se produce entre el que oye y el que dice esa epifanía entre la memoria y la voz.

- Para permanecer en el campo de la poesía ¿quería saber que opinión le merece esa antinomia que se creó, sobre todo entre las décadas del ’60 y ’70, entre lo que era poesía y literatura comprometida con lo social y lo que se consideraba ejercicio literario en sí. ¿Cómo atravesó esa etapa de nuestra historia literaria?

- Esas limitaciones, que son de carácter ideológico, yo no las he tomado en serio nunca. Me las hicieron sentir. En particular, un crítico uruguayo muy conocido, que era una especie de pope de la literatura, llamado Emil Rodríguez Monegal. Era un hombre de mucha influencia que estaba vinculado a las Universidades de Estados Unidos, de París, y fundó una revista - en París - que se llamaba “ Mundo Nuevo”. Fue un escándalo porque se supo que estaba financiada por la CIA. Este hombre clasificó mi novela La ciudad de los sueños, en una nota que salió en México, como una novela rosa. Un amigo lo consideró injusto y me dijo que lo que en realidad le molestaba a Monegal era que yo destruía su teoría sobre la literatura experimental, teoría donde se esgrime que el escritor debe aprehender el lenguaje, que el material con que trabaja es la palabra, el texto, el discurso, y no las cosas perecederas de la historia. Este amigo me instó a contestarle, y le contesté. Fue una polémica que tuvo bastante eco entre escritores. Monegal sostenía que una novela se hace con palabras, no con ideas. Repetía la anécdota de un escritor francés que le dice a un pintor: me encantaría poder pintar pero no tengo idea para un cuadro, entonces el pintor le responde: un cuadro no se hace con ideas sino con colores. Yo respondí con otra anécdota de, nada menos, que George Sand y Gustav Flaubert. Flaubert, que tenía una idea bastante elitista de la literatura: decía que un novelista no tenía que jugarse por ninguna idea, y George Sand replicaba diciéndole: no será que en su caso es Usted el que no tiene ninguna idea. Si tiene una idea la tiene que expresar en su obra; qué es esa separación.

- Es decir que la realidad siempre atraviesa al escritor.

- La literatura no es la copia fiel de la realidad, no es un documento. Siempre lo que hay detrás de un escritor es lo real, es su experiencia, su vida. Si yo escribo, por ejemplo, sobre el Polo, donde nunca he estado, es porque para mí, que viví en una región con 45 grados de calor, el Polo puede ser un lugar ideal. Por supuesto que este es un ejemplo exagerado.

- Sería otra antinomia absurda.

- Así es. Luego se creó la fábula del arte por el arte, el artista que no cobra sus trabajos porque es vocación de artista y no le interesa ganar dinero, y muere de hambre o de tuberculosis. Ya nadie cree en esas cosas.

- Hubo poetas y escritores como usted y Alejandra Pizarnik, a quienes en una época casi no se los leía porque estaban en auge los poetas que realizaban lo que se llamó literatura comprometida con lo social.

- Una cosa es el compromiso y otra la actitud panfletaria. En un gran poeta como Neruda, hay poemas que son insoportables, como “Canto al leñador”. En ese poema Neruda convoca Walt Whitman, y como es un gran poeta, por supuesto que hay versos que están muy bien, pero no puede decirse que es bello, más bien es panfletario. Pero “La oda de amor a Stalingrado” sigue siendo un hermosísimo poema. Hay una alusión a Octavio Paz, quién critica la poesía tan comprometida de Neruda, diciendo que la mejor etapa es la de “Residencia en la Tierra”, la etapa un poco surrealista de Neruda. Lo que lo cambia a Neruda es un hecho dramático como lo fue la Guerra Civil Española. “España en el corazón” es el primer poema comprometido de Neruda. Como Octavio Paz se lamenta por el cambio de Neruda partir de “Canto de amor a Stalingrado”, éste alude a Paz pronunciando una frase como ésta: “Yo sé que el viejo joven transito de pluma, como un cisne encuadernado, desencuaderna su dolor notorio con un canto de amor a Stalingrado. Yo pongo el alma mía donde quiero, yo no me nutro de papel cansado, adobado de tinta y de tintero. Nací para cantar a Stalingrado.”. Lo importante sería no caer en el panfleto, en la reproducción casi vulgar del hecho o del suceso.

· Escritos Irreberentes: La irreverencia como antídoto frente a la obsecuencia.

- En su último libro “Escritos Irreberentes”, el cual reúne ensayos y conferencias, y que acaba de ser publicado, hay un poema en prosa hacia el final. ¿Por qué cierra el libro con un poema que tiene cierta apoyatura en el acontecimiento?

- Es un poema narrativo que contiene una serie de enumeraciones. El libro se inicia con el ensayo “Borges y la espada justiciera”, y cierra con el epígrafe de un verso de Borges, “El tiempo circular”, lo cual da forma a la idea de que las cosas van a volver. Entonces uno empieza a enumerar los acontecimientos y se pregunta: ¿Todo esto va a volver?. Preferible la nada. Está dentro de la atmósfera de los ensayos porque Borges aparece al comienzo y al final del libro. Es el tiempo circular. Es una idea de Niestzche y de los pitagóricos también. Ese poema no desentona porque no es un soneto, sino que es un poema en versos libres en el cual los sucesos se enuncian para llegar a un final dramático.

- Hay un poema de Carlos Drumond de Andrade en el que se desarrolla una estructura similar.

- Sí, él en vísperas de la Segunda Guerra mundial escribe el poema “Ante los últimos acontecimientos”, poema que yo traduje. En él propone que, teniendo en cuenta lo espantoso de la guerra, seamos maduramente pornográficos. Yo propongo en ese poema final del libro, que frente a lo ocurrido en Irak, frente a ese horror antropófago, es preferible la nada compasiva, el vacío. La motivación de Andrade es parecida a la mía. Hagamos algo por la vida, seamos maduramente pornográficos. Es posible que de esa manera la vida sea más perdonable.

- Volvemos al tema de la relación entre el escritor y la realidad

- En mis ensayos esa relación la trabajo en un texto que se llama “El cuento y la realidad”. El cuentista es el hombre que hace que la persona fabule, que hace posible que exista un contador de cuentos, los cuales durante miles de años han sido transmitidos oralmente. Es el hombre quien inventa esos cuentos.

- ¿Qué implica lo irreverente y qué la reverencia?

- Esto surgió porque cuando di una conferencia sobre Leopoldo Lugones, no recuerdo donde sucedió, una señora se paró y me dijo: Usted ha sido muy irreverente con Lugones. Me llamó la atención la palabra y que la señora estuviera tan ofendida. Si bien fue un escritor y un intelectual de primer nivel, la gente lo conoce porque hay un teatro, una calle, y muy poco por la lectura de sus poemas. Seguramente esta señora no lo había leído, y mucho menos al Lugones poeta, que es muy arduo, muy desparejo. Hay poemas que son geniales como “Los romances del río seco”, ó “Los poemas del traspatio”, que me gustan mucho. Lo raro es que este hombre, que es un observador, que opina sobre la poesía y dice que es importante la rima y el sentimiento, en los poemas de amor, donde sería importante que hubiera sentimiento, no lo hay. Falta la emoción. Uno se pregunta: ¿Qué pasa? ¿Qué está ocultando?.¿Porqué deriva hacia lo ornamental y no hacia el sentimiento? Tratar de ver cuál es la carencia de Lugones es el motivo del ensayo. La reverencia es una cosa negativa; ni siquiera a Dios hay que reverenciar. Si se cree en Dios, en lugar de reverenciarlo hay que amarlo. Esa actitud de reverencia está unida a la sumisión, a la cosa acomodaticia: porque me conviene adulo. Es un poco la mentalidad del viejo vizcacha: “hacéte amigo del juez, no le des de que quejarse, siempre es bueno tener un palenque donde rascarse”.

- Con respecto al libro “Escritos Irreberentes”, ya hay una connotación fuerte en la gráfica, en la ilustración de tapa. ¿Por qué no me cuenta la significación de esa ilustración en relación a lo irreverente?

- Es un afiche de los años ’30 en el que aparecen una serie de señores con sombreros en la mano en señal de reverencia. Cuando uno se presenta ante el rey tiene que sacarse el sombrero en señal de reverencia, salvo que se pertenezca a una familia real. En este caso, todos los hombres están quitándose el sombrero, pero hay uno que hace el gesto y se lo deja puesto. Hay una anécdota contada por Voltaire, en la cual se narra que en una procesión realizada en un pueblo de Francia, pasean al Santísimo Sacramento y todo el mundo se saca el sombrero ,cuando pasa frente a ellos, en señal de reverencia. Pero un campesino no lo hace. Entonces, lo detienen y lo queman.

- Lo irreverente, hoy en día, por qué estaría definido?

- Por no aceptar sumisamente el prestigio, por no adherir a una actitud reverencial hacia, por ejemplo, Borges: tener las Obras Completas aunque sin leerlas, implica una actitud de reverencia absurda. Lo que debe prevalecer es el espíritu crítico. A través del espíritu crítico es aceptable la admiración pero no la reverencia. Es como la envidia, un sentimiento espantoso, degradante. La irreverencia es la actitud crítica frente a las cosas consagradas por la opinión pública. El monumento a los españoles es horrible. Han traído el monumento a Martín Miguel de Güemes, que estaba originalmente en los cerros salteños, y lo pusieron en Palermo. Pero en el cerro, Güemes está trepando el cerro, y el caballo está haciendo el esfuerzo de trepar. Aquí han colocado al caballo en un pedestal, y uno no entiende la actitud del caballo, que no tiene nada que trepar. Pero por ser un monumento la gente dice que es hermoso. Es válido que algo no guste, lo que no es válido es hablar de algo por obsecuencia con lo establecido como bello sin que prime una actitud crítica hacia la obra. La reverencia supone obsecuencia

- ¿Cómo lo afectaron los hechos ocurridos el 19 y 20 de diciembre del 2001?

- Por supuesto que uno sin ser un político está atento a las cosas que pasan . Yo ya tenía muy claro el desastre económico que se avecinaba, porque toda esa adhesión de la Argentina menemista al Consejo de Washington y a la economía liberal, junto a la famosa paridad del dólar, era irreal. Uno no está ajeno a lo que acontece. Yo no miro televisión porque no soporto el lenguaje que propone, ni los tics o las modas que impone la televisión. Los chicos los imitan, son los modelos que tienen ahora. Pero por Internet leo los periódicos no sólo de la Argentina sino del mundo.

- Usted en uno de los ensayos de Escritos Irreberentes, evoca la feroz represión de los estudiantes tucumanos durante la dictadura militar, y yo interpreté que como poeta y escritor tiene una gran sensibilidad. Por eso le pregunté acerca de cómo le llegaron los hechos brutales del 19 y el 20 de diciembre del 2001.

- Ese día yo entregaba un premio literario, estaba invitada mucha gente y la gente no concurrió porque estaba incendiándose el Congreso. Los restaurantes estaban cerrados y fuimos a comer a la casa de un amigo, y al ver la televisión nos quedamos helados. En Tucumán también los estudiantes de agronomía sufrieron una represión terrible. Y como es una provincia, uno se enteraba por los vecinos, pero los diarios no informaban nada.

- En otro de sus ensayos, usted teoriza sobre lo erótico y lo pornográfico, pero también en sus cuentos. En el terreno de lo sutil y lo ambiguo aparece una recurrencia a lo erótico, y a lo erótico diferenciado de lo pornográfico.

- Los límites son muy imprecisos. No se puede clasificar esto es pornográfico y esto es erótico porque con el tiempo cambia el criterio de obscenidad. Suponte, a principios de siglo, eran las postales pornográficas, francesas la mayoría, en donde aparecían mujeres desnudas con poses provocativas, pero con antifaces y una copa de champagne. Otras ya con el acto sexual en primer plano pero con caretas y sosteniendo cosas en la mano. Eso que era como un escándalo, con el tiempo se convierte en algo kiscth, algo que se colecciona; cuestan fortunas y la gente las conserva en cuadros como si fuesen objetos valiosos pertenecientes a otra época. Lo que sucede es que frente al libro, al texto y a la fotografía pornográfica, lo que prevalece ahora es la pornografía en video, que hasta suprime los diálogos porque no se necesitan ya que uno está viendo todo con detalles casi vertiginosos. Una minuciosidad de detalles donde antes uno tenía que poner la imaginación. Un relato erótico o pornográfico cuenta con la imaginación del lector, por eso es que la mayoría de los libros tenían ilustraciones para ayudar a un contagio de excitación de carácter sexual. Hay mucha hipocresía aquí con el sexo y la tajante división entre masculino y femenino. Es un hecho ideológico el que en las películas pornográficas heterosexuales, el mundo de los varones admita el homosexualismo femenino.
No se puede decir exactamente en qué consiste lo obsceno. Yo en mis ensayos hablo de una propaganda que vi en la televisión francesa, eso era lo obsceno: una muchacha muy bonita, desnuda, montada en un motocicleta. El arrancar de la moto y sus vibraciones le provoca un orgasmo, y uno ve que la muchacha pone los ojos en blanco y se observa que está como en el éxtasis de la voluptuosidad. Sin embargo, está fingiendo en función de la venta de la motocicleta. Eso es obsceno.

- Podríamos intentar como ejercicio definir lo puro y lo impuro, que también son categorías discutibles.

- Por lo general estos conceptos tienen connotación religiosa, están unidos a la noción de tabú, lo que está prohibido y lo que está permitido. Esto tiene que ver con mitos fundantes de algunas culturas. Por ejemplo, la división entre lo crudo y lo cocido. Por qué razón un hombre debe comer crudo el pescado. A mí me interesó mucho la antropología, y dentro de ella la etnología. Los mitos de las tribus, que algunos son bellísimos, tienden a explicar el por qué, es decir, hubo un arquetipo, una figura arquetípica que enseñó por tales o cuales motivos a cocinar tal fruto y otro no. En un comienzo son actividades vinculadas a los rituales. Basta pensar en esta idea: un oso saca un pez del agua y lo come crudo; el hombre lo cocina. El hombre tiene que hacer un rito de purificación, es impuro comer un animal vivo. La base es la impureza que no es de carácter práctico, como la circuncisión. La gente cree que la circuncisión se realiza por razones higiénicas, y no es así. Esto es dar una explicación racionalista a algo que no es racional. ¿Cómo se va a explicar que por razones de higiene, en el Antiguo Testamento, Dios para hacer un nuevo pacto con los hombres, les exige circuncidarse para volverse higiénicos?. Es como decir que conviene sacarse la oreja porque es difícil de limpiar. La Iglesia tiene la idea judía de la circuncisión. Esto está definido por el famoso Evangelio del Prepucio, que viene de San Pablo. San Pablo, con mucha astucia, tiende a que el Evangelio sea ecuménico y se difunda, y una de las cosas que impedía que el Evangelio fuera difundido como letra primitiva era que si uno se convertía al cristianismo, así tuviera 80 años, se tenía que circuncidar. Entonces, el Concilio suprime la circuncisión para universalizar la religión. Así San Pablo, que era de madre judía, obtiene la ciudadanía romana. Fue una decisión política para extender el evangelio en Roma y así universalizarlo.


- ¿Cuál es su relación con la religión?

- Yo acepto que existe una ciencia de las religiones, y que es muy interesante estudiar lo que son religiones comparadas porque abren el mundo. Como nos criamos dentro de una tradición que es la cristiana católica especialmente, uno no tiene idea de que hay noventa millones de musulmanes, y que cuando el Papa fue a la India tuvo que llevar las ostias porque no se hacían allí. Además, en muchas religiones la base de todo es el arroz, no el trigo, y tampoco hay vino. Entonces, cómo realizar la eucaristía, que es el centro del cristianismo, y que tiene su expresión en el pan (trigo) como cuerpo, y en el vino (uva) como sangre. Uno ve lo relativo de lo que se considera como universal. Cada religión es intolerante, quiere imponer una verdad como si fuese universal.

- Para terminar, ¿que le sugiere la palabra muerte?

- Muerte..... Me nace decir vida, como si se tratase de un movimiento pendular. Lo que existe es un saber del hombre de que la muerte va a ocurrir. Es decir, la conciencia de muerte, que en filosofía se llama saber de salvación. Para los que creen y tienen fe, esto se denomina pensamiento escatológico: la idea es que el hombre regresa a la vida, hay un tránsito de la muerte al que le sigue la resurrección de los muertos y luego el juicio final. Estas son las fases de ese péndulo para el pensamiento escatológico del cristianismo. Por eso es que primitivamente los cristianos no hacían lo que los paganos sí. Los paganos quemaban los cuerpos en las piras funerarias y luego esparcían las cenizas. La esperanza cristiana sostiene que existe la resurrección de la carne, un regresar a la vida para ser juzgados. En ética esto implica la idea de lo simpláctico, es decir, comportarse bien para ser juzgados, hacer méritos para la recuperación. El Islamismo es una maravilla ya que prestigia los sentidos, la plenitud del orgasmo. En el paraíso se encuentran las huríes, pero éstas son entidades metafísicas, no son seres de carne y hueso. Por ejemplo, la huríes son totalmente vírgenes, no sudan, no sienten. Y qué es lo que prometen: el logro del orgasmo infinito. Un orgasmo dura, en una primera etapa, dos horas; en la segunda etapa ocho horas, y hacia el final, en este pensamiento basado en el erotismo, se obtiene el orgasmo infinito, que es la contemplación de Dios. Esta idea de la muerte como orgasmo infinito es fascinante.

Entrevista realizada por Conrado Yasenza
Septiembre de 2003