Ideas,cultura y otras historias... Año XI Número 56 - Edición Especial: Informe Ley de Medios de Servicios de Comunicación Audiovisual - Diciembre de 2012
02 abril 2012
Entrevista/Ezequiel Adamovsky/Historia de las clases populares en Argentina
22 marzo 2012
Política, Lenguaje y Sociedad/Las arboledas del lenguaje/Por Horacio González
Carta Abierta a Osvaldo Pepe: El Gen Montonero y la eugenesia de Clarín/Por Conrado Yasenza.
21 marzo 2012
Editorial/Anotaciones sobre un tiempo que se abre/Por Conrado Yasenza
Política y Sociedad/En los muros de Facebook, hay cadáveres/Por Miguel Molina y Vedia
Entreverados con minucias cotidianas, recuerdos visuales de celebraciones y veraneos, aforismos al paso que aspiran a la aprobación general, y fragmentos escogidos de la industria cultural, aparecen sin pedir permiso las imágenes del horror. Podríamos decir, parafraseando a Perlongher, que en las actualizaciones de los amigos que no son tales pero así son nombrados, en nuestros muros de Facebook, hay cadáveres. Irrupción inconsulta de la crónica morbosa, de la que no se puede escapar sino a posteriori, con el hecho consumado.
Política/X Men K:un frente para la derrota/Por Alfredo Grande
06 marzo 2012
Política, Ciudad y Sociedad/Quosque tendem, Macri?/ Por Susana Cella

Por Susana Cella*
05 marzo 2012
Entrevista/Maristella Svampa/Por Conrado Yasenza

Política/Los intelectuales y el proyecto nacional/Por Rubén Drí

Política/Los muros que pinta el pueblo/Por Giles Jorge

Política/De acá en más/Por Rubén. A. Liggera

Política/La Tragedia y el relato/Por Sebastián Lalaurette

Política/Kirchnerismo 2012:De reyertas culturales y otras batallas

Política, Sociedad y Lenguajes/Ovillos de lecturas/Por Perla Sneh

Política y Sociedad/ Once/ Por María Pía López

Política y Sociedad/ El derecho al cuidado/ Por Ana Wortman

Política y Actualidad/ Volver a "los 17", desde Aryentina/Por Eduardo Grüner/

- Una nueva solicitada (y van…) ha movilizado en estos días la libido digna de mejores causas –o al menos de alguna causa- de un nutrido grupo de “intelectuales” (lo pongo entre comillas no porque no lo sean, sino porque esta parece ser una categoría social -¿cuánto faltará para que se nos hable de la “clase intelectual”, como se dice “clase política”?- con la que resignadamente tendremos que contar de aquí en más para las primeras planas de los medios de todas las “corpos”). Esta vez, por suerte, podemos tomarnos la cosa un tanto regocijantemente: en efecto, si no tuviera sus ribetes modestamente dramáticos (o, mejor, patéticos), la solicitada de marras es sencillamente desopilante: se trata de defender a rajatablas… ¡el derecho a la “autodeterminación” de los “kelpers” de Malvinas!
Política/Ensayo/Malvinas y memoria, dictadura y democracia/Por Alejandro Kaufman

Literatura y Sociedad/El pasado, entre la épica y la ficción/Por María Rosa Lojo

Ensayo/El Guerrero sin guerra/Por Martín Kohan

Sociedad/Mal de Humores/ Por Marcos Mayer

Sociedad-Violencia de Género/El Femicidio y el Sustento Social/Por Jorge Garaventa

Sociedad-Violencia de Género/Femicidios y Televisión/Por Ronaldo Wright

Modelos Socioculturales del Poder XVI/Por Enrique Carpintero

Cine y Contra-Cultura/Posibilidades revolucionarias del posporno/Por Goyo Anchou

Teatro/ Teatro Comunitario: Una Experiencia que crece/Por Estela Clavo

Literatura y Cuento/La Ley es la ley/ Por Pablo Urbanyi

13 febrero 2012
Polémicas/A raíz de la tira de Gustavo Sala/¿Te ríes, tío? Ay de la risa/Por Perla Sneh

¿Te ríes, tío? Ay de la risa... –En honor a un humorista
Por Perla Sneh*
La psicoanalista y Dra. en Ciencias Sociales, Perla Sneh, se pregunta en este texto, y motivada por la tira de humor de Gustavo Sala, publicada en Página 12, ¿por qué es la risa piedra de toque de tal polémica? Más aún, tal pelea, ya que no se trata sólo de mejores o peores argumentos, sino de dónde nos ubicamos para sostenerlos. Quizá, sostiene Sneh, Sala no sepa dónde lo ubican las risas que buscó despertar, pero puede que se espante al advertirlo. Quizás se estremezca al percibir cuán agraviante resulta su malogrado intento, no para con “sensibilidades individuales”, sino para con una memoria que no le atañe. Sin embargo, aún si desconoce las razones, Sala no puede desconocer lo que ha provocado, es decir, no puede desentenderse de las consecuencias de su acto.
May Christ have mercy on your soul/for making such a joke
amid these hearts that burn like coal/and the flesh that rose like smoke.
Leonard Cohen
Conviene hacer un poco de historia: Hubo en el Ghetto de Varsovia un hombre llamado Abraham Rubinztajn [Pronúnciese: “Rubinshtein”]. Algo en él, cuenta N. Nudelman[1], obligaba a reír a los atormentados judíos allí encerrados. Enormemente popular -quizás estaba loco, quizás no- Rubinztajn corporizaba el amargo humor del ghetto. Al ver pasar el carro con los muertos, gritaba: Recuerden, compañeros muertos, después de la calle Smotcha, el camino va cuesta abajo. ¡Sujétense fuerte!... Solía instalarse frente a algún negocio a gritar ¡Abajo Hitler! y no había modo de callarlo hasta que recibía algo de comer. Cierta vez, se corrió la voz de que había muerto, el ghetto entero derramó por él lágrimas ardientes. Reapareció a los pocos días y agradeció a todos, uno por uno, por haber asistido a su entierro. Los cronistas lo recuerdan correteando, con su extraña alegría a cuestas, acosando a los transeúntes, vociferando chistes y refranes. Pero, de pronto, se acercaba a alguno de los que reían y le murmuraba al oído: ¿Te ríes, tío? Ay de la risa....
Rubinztjan no fue una excepción: en todos los ghettos hubo lo que Rajel Auerbach[2] llamó un marshelik fun umkum, un bufón de la matanza. Rojl Pupko[3] cuenta sobre un sastre en Vilna obligado a trabajar para los nazis quien, al medirles un traje nuevo, en vez de la expresión ídish usual en estos casos -ir zolt es trogn gezunterheit, o sea, “que lo use (trogn)- con salud”- decía: Gezunte zoln aij trogn, Herr Levtenant, “que los sanos se lo lleven (trogn), Sr. Teniente” (es decir, “que se lo lleve el demonio”). La diferencia, inaudible a oídos nazis, hacía, sin embargo, estremecer los hombros de los demás judíos presentes; Pupko no omite relatar sus esfuerzos por disimular la risa.
No pocas veces los judíos –que debían cantar al marchar al trabajo, ya que debían mostrarse alegres- coreaban versos derogatorios de los nazis en su misma presencia. Una de las canciones preferidas por los asesinos era una antigua copla sumamente popular: Lomir zij iberbeitn... (“Hagamos las paces...”). Espontáneamente –todas las crónicas coinciden en esto- los judíos cantaban, alterando apenas la letra: Lomir zei iberlebn... Sobrevivámoslos...
Hay registros de infinidad de expresiones de un humor insoportable, como el grito de ese judío de Bialystock al ser arrastrado al tren de la deportación: Mir hot ir genumen, nor Stalingrad, ¡a faig! / A mí me agarraron, pero Stalingrado, ¡minga!.., pero basten estas pocas líneas para asomarnos apenas a una risa que nos congela el alma. Y digamos, simplemente, que la risa -ingenua, franca, cavernosa, trágica, desesperante-, no faltó ni en lo más negro de la matanza.
Pero no fue la única risa en juego: Cuando los ciudadanos, soldados y SS realizaban sus actos inenarrables, las fotos muestran que sus rostros no estaban torcidos de horror, ni siquiera de sadismo común y corriente, sino más bien deformados de risa. (...), dice Anne Michaels[4], que propone un nombre para esto: la risa de los malditos
¿Por qué, entonces, es la risa piedra de toque de tal polémica? Más aún, tal pelea, porque no se trata sólo de mejores o peores argumentos, sino de dónde nos ubicamos para sostenerlos. Digámoslo así: se trata de donde nos ubican nuestras risas.
Es muy probable que el autor – y quizás también quienes se alzaron “contra la censura y el acoso”- no entiendan qué paso. Pero no sé si el Sr. Sala deba “pedir perdón”. Quizás baste leer a Vladimir Jankélevitch para reconsiderar tamaña exigencia. Por mi parte, no me creo con derecho a desnudar conciencias ajenas. Asimismo, descreo de las vestiduras rasgadas en letras de molde, sobre todo ahora que el gesto se ha convertido en dudosa credencial de un desleído bienpensar. Sin embargo, entiendo que, aún si desconoce las razones, el Sr. Sala no puede desconocer lo que ha provocado, es decir, no puede desentenderse de las consecuencias de su acto. Bueno, tampoco exageremos: poder puede, (¿acaso no es lo que hace la lógica de ese espectáculo que rige tantos de nuestros debates cotidianos, es decir, desentenderse de sus propias palabras? ¿O debemos redundar diciendo de las propias risas?). Pero, vaya uno a saber por qué, abrigo la esperanza de que no lo haga.
Porque quizás Ud. no sepa, Sr. Sala, dónde lo ubican las risas que buscó despertar pero puede que se espante al advertirlo. Quizás se estremezca al percibir cuán agraviante resulta su malogrado intento, no para con “sensibilidades individuales” -¿cómo reducir esto a algún pequeño yo ofendido?-, sino para con una memoria que, lo entienda Ud. o no, le atañe; lo injurioso que resulta para con una historia siempre en peligro y que quizás Ud. no advierta –y se espante al darse cuenta- cuánto ha colaborado en acrecentar ese peligro. En fin, quizás no advierta lo irresponsable de su acto, incluso para con ese impensado colega que, como Ud., sostuvo a ultranza, hasta el último átomo de su cuerpo hecho cenizas, su derecho “al humor negro y la acidez”: dicen que Rubinztajn reía cuando subió al tren.
Quizás Ud. no sepa lo que ha hecho, Sr. Sala, pero ya no le asiste el derecho a desconocerlo.
* Psicoanalista, escritora, doctora en Ciencias Sociales (UBA); investigadora del CEG (UNTREF)
* Psicoanalista, escritora, doctora en Ciencias Sociales (UBA); investigadora del CEG (UNTREF)
[1] Gelejter durj trern / “Risas entre lágrimas”, Bs. As., 1947
[2] “Der Umkum Drame” [El drama de la aniquilación], Rev. Di Góldene Keit, Nº 4, 1949
[3] “Ein ior árbet in YIVO únter di daitchn” [Un año de trabajo en el IWO bajo los alemanes”], citado por N. Blumenthal, en Bleter far gueshijte – Ídisher Histórisher Institut [“Hojas de historia – Publicación del Instituto Histórico Judío”] Tomo I, Cuad. 3-4; Varsovia, Agosto-Diciembre 1948




