01 septiembre 2011

Cine/POR UN CINE DE LA URGENCIA/Goyo Anchou

POR UN CINE DE LA URGENCIA

“La poesía está en los hechos” (Oswald de Andrade)

Por Goyo Anchou*


(para La Tecl@ Eñe)



La realidad de América Latina dicta circunstancias específicas que afectan negativamente la percepción general que una sociedad posee de los mecanismos establecidos para la regulación de las masas. El beneficio único de conformarse es allí la miseria; la necesidad de dinamizar los pensamientos sobre la realidad, urgente. La propia posición de un artista está impregnada con esta urgencia. La necesidad que tiene un cinematografista de dinamizar los esquemas perceptivos propiciados a través de los medios de comunicación para las masas, es vital. Así contribuye a la solución de los problemas profundos de una nación. A estos efectos, la práctica exige una manipulación consciente de las maneras en que la realidad material se mestiza con los ideales que la conjuran desde el acervo cultural, incluido el Modelo de Representación mismo que coloniza la percepción de las personas. El lenguaje es una cuestión ideológica y la pregunta contiene las respuestas, así como el veneno contiene al suero. No es necesario entonces descartar hitos lingüísticos tales como guión, intertítulos, argumentos, personajes y plano/contraplano (tan útiles en tantos casos), sino de rejerarquizarlos por debajo del registro inmediato de la vida. La reorganización de la realidad que implica el proceso de montaje es deducida de este registro. La protoestructura artificial del guión actúa en primer término como estímulo para la generación de situaciones en la realidad y como marco para su reestructuración orgánica en el último. El estímulo principal para la creación es la solución de los problemas en la miseria, munidos de un intenso impulso de comunión con lo material. Cuanto más humilde es la factura, mayor es su valor como testigo de la era; “un cine perfecto es inmoral en un mundo imperfecto”, decía Fernando Birri. La construcción de estos nuevos lenguajes servirá de vehículo para la expresión de una verdadera diversidad perceptiva, que asegure la tolerancia sin la cual se neutralizan las expresiones originales. El centro es el margen.




*Cineasta. Director de La peli de Batato (2011)

Poesía/Poética de la Intemperie/Alberto Szpunberg

POÉTICA DE LA INTEMPERIE


Por Alberto Szpunberg*
(especial para La Tecl@ Eñe)



"Poética de la intemperie". Es lo más esencial que ahora puedo decir, en tiempos de una humanidad castigada por tanta destemplanza" Alberto Szpunberg



Ilustración: Paseo Imaginario. Aníbal Cedrón




Dark Blue Circumstance. Paul Dresher.

1.

A la intemperie de sí misma la poesía siempre:
la palabra desgarrada hasta sílabas tan íntimas,
que la madrugada se anubla entre las piedras
y la desmesura mata de muerte arrodillada,
agujero de una boca desdentada, abierta,
como un techo desfondado en el incendio,
el estrépito de las tejas, el desconcierto del retrato
volado desde los estantes al vacío, vidrios rotos,
la pesadez del humo entre las vigas calcinadas.


2.

Nada distingue el barro de la sangre, ya nada,
ni los huesos que insisten desde el fondo de la tierra,
ni la presilla de la chaqueta, el costillar, digamos,
ahí donde amores súbitos alentó un suspiro, Salgari,
un calcetín olvidado del otro, un lápiz quebrado,
y su escritura –esta misma– disuelta bajo lluvias
que no cesan, sesgadas, desde ningún cielo.


3.

¿Qué crece del corazón bajo las piedras,
entre yuyos despeinados por el viento,
si no la pequeña flor de una primavera salvaje?
Imperceptible, como el venirse de una hormiga,
su latido trepa por la palma de la mano
con una mota de verde a las espaldas.

4.



Si cierro la mano, basta un segundo, ni siquiera,
para borrar, despiadado, millones de años:
no es el puño, jamás, la medida de la siembra.
Dulce, en cambio, el rocío que curva la hoja, el aire
que agita la delicada felicidad estremecida.


5.



En el hueco del hambre cabe el odio, desgarradas
las telas, sofocado el secreteo del aire entre las ramas,
torpes las risas infantiles en el caserón vacío.
¿Qué sombra se asoma a un ventanal que sueño,
meciendo un libro antiguo con las hojas en blanco?
Alguien saca la mano para ver si el mundo aún llora
y advierte allá abajo lo que ocurre, pero es tarde.


6.

Te veo venir en el dulce estar de la tarde
como un ocre de alas tendidas que se posa:
mirarse a los ojos, atreverse ahora en voz alta,
dejarse en la quietud de estas palabras, el lento
placer que nunca será el último ni tampoco el mismo:
¿de dónde este temblor de valsecito que me invita?
¿en qué nube perdida, de la que nadie sabe nada,
me desvanece como un ligero adiós que ya fue?

7.

No taches ese día en el almanaque de la cocina
donde cada mancha podría ser una historia diferente,
la humilde, la intrascendente, la verdadera historia:
bajo la lámpara sin tulipa que cuelga del techo,
no queda más que un revuelo incesante de preguntas.

8.

Después, verde el trazo de las huertas, la tomatera,
y el ladrido que, a lo lejos, siempre halla respuesta:
el refusilo que anida en la nube, la buena vida,
hoy o mañana, contra los techos de tejas a dos aguas,
allá donde los pinos, "¿vio?", tras los muros encalados,
donde hace tiempo que ya nadie escribe nada.
"¿Para qué tamañas verjas si de ahí nadie se escapa?",
y encima negras, negras y esmaltadas, y la grapa, certera.

9.

Horizontal me iré y desde abajo hasta en la muerte,
no como un sueño eterno sino como una larga siesta,
de la que cuesta salir, decidir otra vez y levantarse:
quedan los libros, esos que, en tiempos muy duros,
en otros entierros se llovieron al fondo del terreno,
y el mate de virola, que seguirá de mano en mano,
dándole vueltas a lo que, sabemos, no tiene arreglo.

10.

Los rayos de sol que se filtran por la persiana
tensan cuerdas doradas sobre la pared del fondo:
cuchichean en la calle y la sombra de unos pasos
rasga los rayos como una mano apresurada
que arranca un acorde de pura incertidumbre.

11.

Hay un niño que tiene miedo sin saber por qué
y el domingo que avanza hacia al desamparo de la tarde,
como si alguien quebrantase el juramento de la siesta:
tan lejos, tan lejos el encaje de la espuma del mar.


12.

No por no saber qué hacer que nos perdonen:
Dios no juega a los dados, juega fuerte a las leyes
desde cielos que ni siquiera inspiran nuevos asaltos:
la poesía, en cambio, asunto nuestro, es la intemperie,
palabras que se imantan y rechazan en qué vértigo,
echadas a rodar de un golpe, como si supiésemos.

13.

Todo poema corre el riesgo de ser rito: no te entregues,
no dejes que el valor de cambio decida tus plegarias,
sino ese estallido de luz triste en plena mirada, ese candor
de quienes tartamudean, azarosos, un lenguaje imposible.

14.

Se me mezclan otras voces en este infame desahucio
y tu nombre me suena pero no sé de dónde, no te ubico:
acaso un violín desafinado, carcomido por la sal,
por el estrepitoso derrumbe del mar en la playa.

15.

Aunque tejida con los hilos de las primeras lluvias,
no beses ninguna bandera, sino sólo los labios húmedos
de quien abreva en la humilde humanidad de la tarde,
de quien te invita al más íntimo abrazo, el de la tierra.

*Poeta

Poesía/El poeta palestino/Vicente Zito Lema

El poeta palestino

Por Vicente Zito Lema*
(especial para La Tecl@ Eñe)



Agradecemos el poema que Vicente Zito Lema escribió especialmente para la edición Aniversario 10 años de La Tecl@ Eñe.




Ilustración: Aníbal Cedrón








El poeta palestino carga el dolor en el fondo
de sus huesos, el espanto entre ceja y ceja;
la tumba de los niños es su última mochila…
El poeta palestino es un ser obstinado,
no le pide flores al pasado…

El poeta palestino lleva su patria en los
ojos, como si fuera el sol o el arcoíris,
O sea que su patria es ahora un cielo
y nadie se la podrá usurpar…
y aunque lo persigan
las nubes doradas saben protegerlo…
también su desierto tiene aguas de rosas…

Son veloces las nubes / como caballos, y alegres en su belleza…
Se desnudan inocentes, por más que se tuteen
con la muerte…
Igual que el muchacho sobre la colina
que carga y descarga su viejo fusil
en la noche que arde…
sin tregua… bajo la luna de luto…

El poeta palestino lleva su patria
en la boca,
porque siempre hay un momento
para besar…
El poeta palestino se inclina sobre
su tierra… y la acaricia… mientras pasan
las lluvias y las sombras…
Por más que nos persigan y nos maten
-le dice al cielo, le grita al mundo-
mi patria nunca será una sepultura abierta…
Hemos nacido para la vida / y lanza
su risa al viento el poeta palestino…
y piensa en la mujer que mañana mismo
temblará en sus labios…

Bajo la noche estrellada por miles de años,
el poeta palestino se despide,
la vida día a día
es el exilio de la vida…
Adiós, madre, prometo que cuidaré tus flores,
La guerra, este martirio de los niños, más que
un infierno es el mar del laberinto:
Se sale hacia adelante…

Adiós, madre, no temas… me entrego
al viento…
Mi alma es un navío…
La patria es tu susurro que me besa…

*Poeta y periodista

Libros/Ricardo Carpani: Arte y revolución/Por Rubén Liggera

Ricardo Carpani: Arte y revolución

Por Rubén Liggera*
(para La Tecl@ Eñe)

“Si mi poesía no sirve para cambiar la sociedad, no sirve para nada”
Roberto J. Santoro



Consustanciado con la época, algo semejante a lo expresado por el poeta dirá su contemporáneo, el pintor Ricardo Carpani:”Simplemente declaro mi convicción de que sólo puede ser un arte [el latinoamericano] afirmativo, comunicativo y abierto, exactamente lo opuesto a todo subjetivismo introspectivo, cerrado, ombliguista y enfermizo. Un arte revolucionario en su contenido y en su forma, pero en el único sentido legítimo que tiene esta palabra: su sentido social y humano, y por lo tanto político. Pues solamente el hombre, socialmente considerado, da la dimensión revolucionaria. Nada se revoluciona si simultáneamente no se revoluciona la realidad social íntegra” (Arte y militancia, Bs. As., 2010; pág. 25. N de la R: las itálicas son del autor) Pero, con las disculpas del lector, merece la pena continuar con el pensamiento de Carpani:”Las `revoluciones ´estéticas, formales, parcializadas en el puro lenguaje y/o cerradas en sí mismas y ajenas al entorno social general, son meras ´revoluciones ´de laboratorio aséptico, mero cambio inesencial, experimentación por la experimentación, bloqueada sin salida en la pura abstracción.
“La verdadera revolución es concreta: son los hombres, la sociedad, quienes cambian; y es abierta: abarca la totalidad de la realidad e implica un cambio cualitativo, una superación de ésta.”(Ibíd.)
Luego del vendaval neoliberal la reedición de este ensayo de Carpani, Arte y militancia, editado por primera vez en España en 1975, se da en un contexto favorable para el debate ideológico sobre el arte y la cultura. Sus 87 páginas prologadas por Norberto Galasso despliegan un razonamiento desde lo general a lo particular. Su método de análisis es el pensamiento dialéctico del marxismo pero a partir de las realidades nacionales latinoamericanas. Al igual que el trabajo manual, en el sistema capitalista el trabajo del artista está alienado, por eso, luego de la desaparición del arte burgués- el “arte-mercancía”- desconectado e incomunicado con la sociedad, “…el camino hacia la realización del arte pasa por la recuperación plena de la función social a la que históricamente está destinado y determinó su aparición” (pp.27-28) Este será el tema central de su pensamiento. Luego del triunfo del proletariado”…el arte-lo estético- se irá reabsorbiendo en la realidad, es decir, en la vida concreta de los individuos”(p.31) Este “nuevo arte” fue, es y será el desvelo de numerosos artistas y pensadores del siglo pasado:¿cómo recuperar esa “función social” del arte?¿cómo hacer que los artistas pasen a formar parte indisoluble de sus sociedades, compartiendo destino?¿Cómo convertir a las grandes masas en protagonistas del quehacer artístico?¿Cómo se liberarán el arte y el trabajo?
Pero además de reflexionar sobre el arte y sus destinatarios, Ricardo Carpían lo demostró con su propia trayectoria pictórica.

Luego de recibirse de abogado fue alumno tardío de Petorutti en 1952, fundador del Grupo Espartaco (Carpani, Sánchez, Mollari, Sessano, Butte, Diz y Di Bianco), sus tareas artísticas tuvieron, desde 1961, estrecha vinculación con las luchas obreras. En 1964, funda la revista Programa, con Alberto Belloni y Rubén Bornik. Un año después, ilustró con poderosos dibujos una edición popular del Martín Fierro: "Había que mostrar algo que el sistema ocultó sistemáticamente en la obra de Hernández: el gaucho perseguido por el aparato político."
Entre 1968 y 1972, junto a Rodolfo Walsh y otros intelectuales y militantes sociales, participa de las luchas de la combativa CGT de los Argentinos escindida de la oficial de la calle Azopardo. La lucha contra la dictadura de la Revolución Argentina (Onganía-Levingston-Lanusse) y el anhelado regreso de Perón lo encuentra junto a los trabajadores que protagonizaron el “Cordobazo” y otras rebeliones populares. Como militante político y como artista. En este período Carpani no solamente pintará murales para los sindicatos a cambio de la provisión de los materiales sino que también realizaría afiches políticos con sentido artístico: “Cuando se reestructura la CGT, creo que es en el '63 - con José Alonso como Secretario General, después de la Revolución Libertadora- surge el primer movimiento de protesta. Alonso me manda a llamar y me pide que haga el afiche, y ese primer afiche ´Ya Basta`, tuvo una gran repercusión, era la primera vez que se incorporaba una imagen artística a una causa concreta de lucha para los obreros. En general, los afiches se hacían solamente con texto o eran encargados a agencias de publicidad que les daban un estilo convencional publicitario. Por primera vez se incorporaba una imagen no convencional, y además con un fuerte contenido expresionista, en fin, tuvo una gran repercusión y a raíz de eso hice varios afiches más: el del primer aniversario de la desaparición de Felipe Vallese, otro sobre el segundo aniversario, otro sobre la desocupación, otro con el programa de la CGT de aquella época. Pero ya empezaba en el '64, todo el proceso de burocratización de la CGT histórica, entonces me abro, pero sigo colaborando a nivel de organizaciones obreras de base, con la resistencia peronista, trabajando ideológicamente, escribiendo, militando. Cuando surge la CGT de los Argentinos, creo que es en el '68 en el Congreso de Huerta Grande, con Ongaro, ahí me ligo de nuevo con el movimiento obrero organizado y empieza la etapa más intensa de colaboración, de trabajo gráfico y político, panfletos... en fin, incorporar la imagen artística a las reivindicaciones concretas de los trabajadores” (Fuente: HIJOS Rosario, Revista Pedro Rojas, 1996, en
www.elortiba.org)
El golpe militar del ´76 lo obligó a autoexiliarse en Europa donde se hallaba. Al regresar, la realidad nacional será muy diferente:”De manera que esta realidad no la podes encarar con la misma imaginería, con la misma gráfica de aquella época, (…) El humor, la ironía y el sarcasmo son también armas críticas revolucionarias y hay que tratar de emplearlas, y bueno, en eso estoy. Si ustedes ven mi obra plástica de hoy en día están mezclados esos elementos, no son los obreros protestando y gritando porque ya no existen, en cambio hay un análisis crítico, la incorporación de la jungla como metáfora de la sociedad, en fin, todo un proceso que comenzó en el exilio. Hay una nueva imaginería, lo cual no quiere decir que se anule la anterior, sino más bien que se la complementa y profundiza. El arte auténtico es el que responde necesariamente a la sociedad de la cual surge, y que constituye una respuesta reactante con esa realidad, para mí ese es el único arte que tiene importancia” (Entrevista citada arriba)
Ahora luchará por la recuperación de la memoria histórica y la reivindicación de la democracia”…porque después de todo la democracia burguesa nos permite actuar políticamente”, expresó a H.I.J.O.S, pocos meses antes de su muerte el 9 de septiembre de 1997, a los 67 años. Incluso se atrevió a manifestar la necesidad de revisar el concepto marxista de “lucha de clases”. Es que en los ´90 ya no hay obreros industriales sino exclusión social: “ Este es el desafío que presenta el momento, porque la propia marginalidad tampoco se vislumbra a sí misma como un factor social de cambio, ni mucho menos, al contrario, es un factor ideológicamente hasta reaccionario. La pobreza no crea conciencia, la pobreza crea pobreza ideológica”. (El subrayado es nuestro)
Dejemos esta extensa digresión que nos sirvió para comprender al personaje y su época y volvamos al libro que nos ocupa.
Luego del tratamiento de la alienación y desaparición histórica del arte, decíamos: lo general, pasa a la discusión del arte “europeizante”en América Latina; arte nacional y militancia (“No hay pues modelos formales a copiar, ni estilo alguno a seguir, oficializándolo como arte oficial latinoamericano. El único modelo es la realidad social concreta y viva en su especificidad, a la cual el arte para ser nacional, debe adaptarse, siempre, en función de los criterios de eficacia comunicacional”, tengamos esto en cuenta); finalmente, la propuesta concreta: los talleres de militancia plástica de base. A esto queríamos llegar como lectores. Queríamos saber cómo se cerraba el círculo del pensamiento carpaniano. Arte más inserción en la clase obrera más producción “desde ella y para ella en función de sus necesidades y objetivos políticos liberadores” más “priorización de la eficacia comunicativa social del mensaje artístico” más función social del arte igual a prácticas nuevas (pp.77 y ss.)
¿Acaso un “realismo socialista” latinoamericano? De ninguna manera. En estos talleres populares se desarrollará primero una “tarea estrictamente política”, colectiva, acerca de la hegemonía política, social, cultural y artística de la clase obrera y luego, “desde las bases la incorporación de la imagen plástica a la lucha política revolucionaria”. Los pasos serán los siguientes: 1) cuestionamiento los moldes estéticos vigentes, 2) poner al arte en contacto con la clase obrera y el pueblo, 3)elaboración artística de la conciencia colectiva siendo reconocidas por las masas, 4) profundización de la actividad militante en la realización de un arte nacional simultáneamente con la realización del proyecto nacional y social y 5) como actividad complementaria, ayudar a la objetivación de su propia cultura, “en nuevas imágenes depuradas de todo vestigio elitista, y por tanto, colonizado”(p.81)
No se trata de hacer participar a la gente de los barrios en obras murales sin un objetivo preciso, intrascendente, sino en la “elaboración de imágenes dignas y calificadas, para comenzar posteriormente a desplegar la imaginación y la creatividad populares a partir de una base lo más sólida posible” (pp.83-84)
Es posible entonces recuperar el arte y sus mecanismos para transformarlos en el gran arte, el arte de todos, no como apología de un régimen o de un partido político sino para dotarlo otra vez de su función social desde una visión propia, nacional y popular.
Los mismos miedos, las mismas dudas, la misma alegría, la misma lucha, los mismos sueños, pero ahora, compartidos, fuera del mercadeo de las galerías y de la restricción de los museos.

Al pintor Rubén Pío Soberano, in memoriam.

*Poeta y Periodista. Dtor. del Suplemento Cultural del diario La Voz de Junín, Pcia. de Bs As

07 agosto 2011

Crucifixiones II: Horacio González. Otra cabeza debe rodar.

Crucifixiones II: Horacio González. Otra cabeza debe rodar

Por Conrado Yasenza

Las usinas ideológicas del partido de los massmedia no cejan en su cruzada incansable contra la circulación de opiniones, pensamientos, enfoques políticos, miradas ideológicas y trayectorias personales. La máquina voraz de capturar represivamente palabras y opiniones está desplegando con torva decisión su funcionamiento en este tiempo de elecciones y puesta en juego de proyectos antagónicos de país. La parábola del ataque mediático parece imparable, y la batalla desigual. No alcanza, aunque es de relevancia en la disputa, la aparición de diarios como Miradas al Sur o Tiempo Argentino, que se suman a la orfandad en que hasta no hace mucho tiempo atrás se encontraba Página 12. De todos modos, el poder económico que detentan las corporaciones y empresas de medios de comunicación agrupados en la tríada Clarín, La Nación y Perfil, implica una manifestación fáctica de la especificidad que se develó en todo su potencial a partir del 2008 pero que siempre operó en las posibilidades de desarrollar proyectos políticos en la República. Allí está, se puede buscar, el maravilloso libro de Eduardo Blaustein y Martín Zubieta, “Decíamos ayer. La prensa argentina bajo el Proceso” en el cual se reproducen los textos, las columnas de opinión, las tapas de lo Grandes Diarios y a través de las cuales se puede constatar lo que los medios dijeron, ocultaron o tergiversaron durante la última dictadura militar. Por otro lado, pero en concordancia con la breve descripción del poder de fuego massmediático, ya fue mentada en diferentes artículos la frase “Ningún Gobierno soporta tres tapas negativas seguidas de Clarín”, que hoy resulta axiomática pero que marcó el destino del país con total impunidad durante más de cincuenta años. También hay que recordar el deseo confesado por Claudio Escribano en su artículo publicado en La Tribuna de Doctrina, a días de la asunción de Néstor Kirchner, y los condicionamientos impuestos para la gobernabilidad que el mismo texto contenía, atribuidos por el autor a fuentes foráneas, precisamente de Estados Unidos: “La Argentina ha resuelto darse gobierno por un año”

La ofensiva recrudeció en estos últimos meses ante la posibilidad de un nuevo mandato presidencial, luego de Octubre, para la Presidente Cristina Fernández de Kirchner. Y las opresivas operaciones de prensa comenzaron a inundar la percepción de realidad de la ciudadanía: El caso Shocklender – el avenegra corriendo a dar su primer reportaje a las oficinas de Clarín - y el ataque artero a Hebe de Bonafini; el escándalo en el INADI; el vergonzante pedido de disculpas exigido a Estela de Carlotto y la intención de enlodar la tarea de Abuelas de Plaza de Mayo; la tergiversación de los dichos expresados por Tati Almeyda, de Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora, y por Pérez Esquivel del Serpaj y Premio Nóbel de La Paz. En estos días - y continúa ya que mañana aparecerá una brutal tapa de revista del socio menor en la tríada, Perfil – el canallesco ataque al Juez de La Suprema Corte de Justicia, Dr. Raúl Zaffaroni, atribuyéndole la comisión de un delito que jamás cometió, más allá de que los detractores políticos de toda figura a la que pueda asociarse con el Kirchnerismo sostengan que las denuncias son serias y existen desde el 2009.

Y como último y reciente objetivo en la cadena de crucifixiones públicas que lleva a cabo el Imperio, el vil intento de caracterizar al Director de la Biblioteca Nacional, Horacio González, prestigioso y necesario pensador de los grandes núcleos temáticos y discursivos del desarrollo de la vida nacional, además de intelectual históricamente comprometido en la búsqueda de una sociedad más justa y libre. De pensamiento crítico amplio, siempre dispuesto a escuchar la voz y opinión del que piensa distinto pero enérgico a la hora de dejar en claro su posición cuando se ataca, mediante todo tipo de operaciones mediáticas sostenidas en la injuria a los Organismos de Derechos Humanos, corpus ético, reserva moral de la República y poder simbólico para restañar heridas profundas, daños inconmensurables realizados sobre el cuerpo individual y social de nuestro país.

Hoy la intención de disciplinamiento, a través del miedo, es ejercida contra la figura pública de Horacio González. Y van por él, sin duda. Ha dicho su palabra sin romperse pero ha roto el cerco tendido sobre la organización de la vida social a través de las estetizaciones y montajes realizados por los aparatos ideológicos de las corporaciones mediáticas. Y esto es imperdonable; merece el cadalso, la cruz que se le aplica a los herejes y allí está entonces el editorial – el malicioso oficio del escriba que sin dar el nombre configura la posición, la opinión del diario – del diario La Nación, el pasado martes, donde se caracteriza la gestión de González al frente de la Biblioteca Nacional, como una dirección carente de valía frente a las figuras de Groussac y Mármol, ciegos ellos que miraron los destinos de La Patria en la dirección deseada según la tribuna de Doctrina. Hay en este primer párrafo ya una descalificación grosera de la valía y la mirada sobre el mundo y La Nación que González ha desarrollado a lo largo de una prestigiosa trayectoria como docente y ensayista. Pero cabe la posibilidad de que el editorialista del diario La Nación no haya leído nunca un libro de González. Al diario, al editorialista, y humildemente, le recomiendo “Restos Pampeanos”.

Pero continúan: Horacio González, según la opinión del diario, ha perdido la amplitud de criterio, rasgo éste que identifica a “sus compañeros de militancia” ¿Quiénes son estos “compañeros de militancia”? ¿El colectivo abierto, que parece que los medios han descubierto hace poco tiempo y a través de YouTube, conformado por intelectuales, militantes sociales, colectivos culturales, que se permiten el acuerdo y la discusión? ¿La Cámpora? ¿El núcleo duro y rabioso del Kirchnerismo? Ya no importa. González ha perdido la amplitud de criterio y esta aseveración viene a reforzar la idea lanzada durante el episodio Vargas Llosa: la mácula del pensamiento autoritario y censor fue expandida sobre la trayectoria y vida de uno de los seres más libres con los que cuenta el pensamiento nacional. Así de fácil, una frase lanzada sobre la barca y conducida por Caronte hacia algún círculo propicio del infernal mar de las construcciones de sentido público. Listo. González será un furibundo, rabioso y autoritario militante Kirchnerista.

Pero hay más, la estocada final: Sugiere el editorial que González está cansado, abatido, que ha perdido la capacidad de analizar sus dichos desde los Manuales de Táctica Política, y esto es perjudicial para la imagen presidencial – hasta pareciera que súbitamente se sienten preocupados por la imagen de la Presidenta – que ya tuvo que tomar distancia de González, con lo cual quedó “más aislado ante el mundo” !! He aquí el epílogo del drama, la culminación del acto pergeñado por el diario La Nación, en una burda emulación shakespereana: Debe rodar la cabeza de González. Ya no puede pensar lúcidamente, y para mal de males, ha osado abrir al pueblo el auditorio de la Biblioteca Nacional, transformando el patrimonio cultural de “todos los argentinos”? en un comité propio. Fin de esta escena: El tiránico intelectual kirchnerista de visión reducida, no hasta el límite de la ceguera pero sí para encorsetar su antigua amplia mirada, ha tomado por asalto el patrimonio cultural del país transformándolo en una Unidad Básica.

Pero también el intelectual de gabinete ha arremetido contra - he aquí la paradoja disfrazada de amplismo para intentar desideologizar la mirada del diario y convertirse en defensor público del gusto popular – el desembarco de figuras del espectáculo a la arena política. Y allí aparece camuflado, quizá hábilmente y en un intento por invertir la carga de la prueba – el ancestral odio de clase a la figura de Eva Perón, quien tuvo el tupé de conquistar al general desde las tablas para convertirse en la abanderada de los pobres y, entre otras tantísimas y más importantes acciones, desactivar la Sociedad Argentina de Beneficencia. ¿Habrá influido en la decisión de escribir este párrafo la inauguración de esa maravillosa obra de arte realizada por Daniel Santoro sobre el Ministerio de Obras Públicas, y en el medio de la Avenida más grande del país Granero del Mundo?

Otra mendaz falacia: Las opiniones vertidas por Horacio González no atacan al gusto popular ni condenan el arribo de figuras del espectáculo al ámbito del ejercicio de la política. Todo lo contrario: Lamenta González que la nueva figura del espectáculo devenido en político, Miguel del Sel, lo haya hecho... ¡negando la política! Recurriendo al remanido argumento de “no vengo a robar con la política porque para vivir tengo mi actividad privada” como si la actividad privada fuera el paraíso de los trabajadores honestos. Reflexiona González que la campaña realizada por Del Sel fue sostenida por este imaginario falaz y perverso de “ no prometer nada que después no cumpla” – estigmatización de la política que cala hondo en el sentido común de aquellos mismos que votaron en una compulsa democrática y política al humorista que no sabe nada de política porque es un trabajador, un profe de gimnasia devenido en actor cómico -, de “no entender nada de política” y presentarlo como un valor en aquel que por una hora se entusiasmó con ser Gobernador de Santa Fe. De un humorista sencillo y querido por el pueblo que se manifiesta abiertamente antipolítico pero se presenta a elecciones democráticas y luego sostiene con vigor que su candidato a presidente es Eduardo Duhalde y agradece el generoso apoyo del aparato político del ex caudillo de Lomas de Zamora. Toda una definición política de la antipolítica, ese oscuro objeto del deseo.

Es por todo ello que las usinas mediáticas lanzaron ese agraviante editorial, falsamente arropado de republicanismo y amplitud de mirada, contra la figura, potente, reflexiva, política, de Horacio González, que para agregarle un dato más a este humilde intento de desmontar otra más de las operaciones político-económico-mediáticas a las que asistimos, es amigo de Fito Paez, el músico que dijo su sentida palabra y fue destrozado en las guillotinas de Papel Prensa.

De todos modos creo, y quizás se leerá esto como cierta ingenuidad de mi parte, que las operaciones que se han gestado no se sostendrán en la percepción pública de la realidad porque su origen es falaz y malicioso, pero también creo que deberemos estar alerta a los ataques por venir para desactivarlos dando testimonio en los momentos en los que haga falta hacerlo.

Conrado Yasenza

5 de Agosto de 2011

15 julio 2011

Política/Entrevista/ Eduardo Anguita/Por Conrado Yasenza

ENTREVISTA A EDUARDO ANGUITA


Afianzar el cambio: Del debate cultural a la instrumentación del conocimiento.

Eduardo Anguita es un periodista que ha tomado realmente en serio el ejercicio del oficio periodístico y la libertad de expresión. Y esta convicción se expresa tanto en la dirección del diario Miradas al Sur como en la conducción de su programa de radio, Hoy más que nunca, en Radio Nacional. Y en ese sentido su visión sobre el Kirchnerismo y las tensiones que supone un gobierno que impulsó transformaciones político-sociales profundas, ofrece una idea de dialogo con los diferentes intereses en pugna que, a través del debate cultural, intente enriquecer un modelo de sociedad y de país que todavía está en construcción. También en esta entrevista, Anguita da su opinión sobre el caso Shocklender y sobre la compulsa por el ADN en la causa Marcela y Felipe Noble Herrera.



Por Conrado Yasenza
(para La Tecl@ Ele)

- Teniendo en cuenta la prevalencia de Cristina Fernández en las encuestas, y ateniéndonos a los sondeos actuales, inferir una posible victoria de la Presidenta, la inquietud es preguntarle si el kirchnerismo puede ser una instancia superadora del peronismo ó si todavía no se lo puede concebir por fuera de la estructura del partido justicialista.



- El kirchnerismo, ahora el Cristinismo, por decirlo así, son todavía fenómenos que no tienen un anclaje como para afirmar que se han se convertido en la gran identidad de la sociedad argentina. El peronismo fue un movimiento que, además de tener identidad política, representó un período emblemático de la Argentina porque produjo la sustitución de importaciones, porque significó un papel activo del Estado en materia económica, política y social; llegó a parir en 1948 una Constitución que enarboló los derechos sociales a niveles que en ese momento estaban por encima de algunas Constituciones europeas, después de la Segunda Guerra. Por otro lado hay que pensar que los trabajadores en la Argentina, que si bien tenían una historia de organización a través de la lucha del anarquismo, de las diferentes corrientes que intentaron organizarse a niveles sindicales, digo, tuvieron como gran entidad de organización representativa de los trabajadores al peronismo. Entonces, me parecen datos históricos demasiado importantes como para pensar que ahora se necesita una instancia superadora.
Yo provengo de la izquierda marxista; en los años ’70 fui militante de una organización revolucionaria, y teniendo en cuenta lo que significó ese ensayo revolucionario, uno también tiene que volver a preguntarse y dialogar con la historia. Y en ese sentido me parece que la historia del peronismo deja un punto de partida muy importante que en principio hace innecesario replantearse una necesidad de superación de este movimiento histórico. Lo que uno puede preguntar en el terreno de la política es si las luchas internas del peronismo nos hacen pensar que hay sectores con los cuales la profundización del modelo es más fácil o más difícil. Sin embargo, a esa pregunta contestaría que hay sectores que provienen de la militancia de los años ’70 y hoy tienen un papel muy activo en el kirchnerismo, y también hay sectores que hoy están siendo parte sustantiva y que provienen de un sector más tradicional, hasta diría más conservador, como también hay sectores que provienen de otras experiencias políticas, ya sea de la izquierda o de experiencias del radicalismo o del socialismo mismo. De modo tal que diría, hasta donde podemos pensar como aporte de la política, el kirchnerismo es una instancia interesante. Y teniendo en cuenta que lo que dejó el neoliberalismo en la Argentina es tan duro, es muy difícil pensar que hoy – y con sólo ocho años de gobierno kirchnerista – ya se haya establecido un fenómeno de potencia histórica que modifique o supere al peronismo. Y por último diría que me parece que una de las cosas más interesantes es que el kirchnerismo les ha abierto las puertas a las organizaciones sociales, a los militantes de derechos humanos; y además quiero destacar la participación activa de Abuelas, Madres y Madres de Plaza de Mayo línea fundadora, que todas ellas han sido un canal para sectores de la sociedad que no ven la política con un nivel de compromiso muy alto y sí lo han visto en los derechos humanos y se han acercado al kirchnerismo desde ese lado. Pero lo que se ha dado, particularmente a partir de la muerte de Néstor Kirchner, es la participación de sectores de la juventud. Es un fenómeno todavía muy nuevo, muy inorgánico, pero da la impresión de ser un fenómeno que puede tener una potencia muy grande que le daría al kirchnerismo un aspecto muy importante y relativamente novedoso en lo que ha sido el campo de la política desde la recuperación de la democracia con Raúl Alfonsín.



- Y que no entrarían en tensión con las estructuras más orgánicas, ortodoxas, como suponen ciertos relatos de los medios hegemónicos al revisitar aquella teoría de los ’70 en donde la estructura justicialista entraba en disputa con los movimientos militantes juveniles. En este momento no podemos pensar que exista una suerte de tensión entre esas estructuras más antiguas, más sólidas, y esta militancia todavía inorgánica.

- A esto te contestaría dos cosas: Primero coincido con vos en que no se vislumbra esa creación, ese artificio teórico generado por los medios hegemónicos. En segundo lugar, me parece que hay que pensar que en cualquier movimiento político, sobretodo si éste no tiene una estructura de partido centralista - y pensar en partido centralista me parece muy antiguo – el crecimiento de una política capaz de representar diversos intereses en un mismo territorio, en un mismo espacio político, supone que es lógico y es bueno que haya tensiones. En un movimiento policlasista que defiende los intereses nacionales, y esos intereses nacionales incluyen desde los trabajadores organizados hasta los trabajadores informales, pasando por movimientos sociales, por la juventud, etc.; en un país que todavía no encontró un perfil industrial que permita hablar de sustitución de importaciones, que permita recuperar un protagonismo del capital nacional, que permita recuperar un papel protagónico del Estado con un perfil industrial, bienvenidas sean las tensiones. Todavía falta mucho. Cuando Cristina Fernández habla de profundización del modelo todavía ni siquiera sabemos en que parámetros está pensando ella. Vemos, en todo caso, medidas como la Asignación Universal por Hijo, que son políticas inclusivas. Pero cuando se trata de pensar en cómo la Argentina va a lograr más soberanía a la hora de un perfil industrial propio, todavía es muy difícil avizorarlo. De modo tal que diría bienvenidas las tensiones y bienvenida una generación de militantes políticos que acepten el debate tanto en el campo conceptual como en el campo de los intereses que entran en pugna.



- En estos días asistí al debate “Izquierda y Kirchnerismo” en la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA . Allí observé que todavía en un sector fuerte de la izquierda universitaria el kirchnerismo es altamente resistido. Plantean la teoría de que como vivimos en un Estado capitalista existe una tensión lógica entre Estado y Mercado pero dentro de los cánones del capitalismo. Y en ese sentido el kirchnerismo es todavía muy resistido por estar inserto en el capitalismo, aún teniendo en cuenta que los organismos de derechos humanos apoyan al gobierno y al proyecto nacional y popular. Viniendo Usted de la izquierda ¿cómo analiza esa resistencia?



- Quiero hacer una salvedad: Yo vengo de una izquierda revolucionaria; participé de una organización, el PRT-ERP, que en realidad planteaba, siguiendo el ideario del Che, el ideario latinoamericanista, y siguiendo lo que eran las luchas en otros países como Vietnam, una transformación revolucionaria en la Argentina. En ese sentido, como toda organización ha cometido errores. Pero la pretensión de la organización no era un pretensión mezquina de tener un pequeño espacio en la disputa electoral, en un sindicato o en un territorio. En realidad nosotros teníamos una vocación de transformación revolucionaria. Muchísimos de los que militaron en el PRT-ERP hoy están participando activamente de este proyecto nacional, y del mismo modo que algunos no lo harán, no lo hacen quienes quizá participaron de experiencias del peronismo y hoy no están dentro del kirchnerismo. Dejame diferenciar aquella experiencia de las organizaciones de izquierda universitarias de hoy, que posiblemente no tengan muchos puntos en común con la experiencia que lideró Mario Santucho allá en los ’70. En ese sentido, yo no puedo ponerme en ese lugar, y esto dicho sin desmerecer a los que participan en organizaciones de izquierda hoy, pero tampoco puedo interpretarlos o interpelarlos. Creo que con todas las limitaciones que pueden tener los procesos latinoamericanos hoy en Brasil, en Venezuela, en Bolivia, en Perú, en Uruguay, en la Argentina y en Paraguay, hoy hay una legitimidad hacia los proyectos nacionales, y que en el caso de la Argentina el antecedente más cercano es el del peronismo, como tal vez en Brasil es un fenómeno que tiene 30 años como es el de Lula y el PT; o en Uruguay el antecedente puede ser Tupamaros. En fin, no creo que el hecho de que haya un proyecto nacional en marcha, como lo hay en otros países como Ecuador, no signifique que haya sectores que dicen estar a la izquierda, pero es también una autodefinición. Yo en ese sentido lo dejaría de lado y te propongo lo siguiente: Pensemos la sociedad argentina como sujeto de cambio. Yo creo que el Kirchnerismo se vincula con la sociedad argentina entendiéndola y respetándola como un sujeto de cambio; dialoga con los trabajadores organizados, entendiéndolos como un sujeto de cambio, y en ese sentido tiene a la CGT como un puntal muy importante pero también reconoce a la CTA como un fenómeno de lucha, como reconoce también muchas otras expresiones. Y por algo el Kirchnerismo ha impulsado leyes de sectores de la sociedad que no necesariamente influyen en la política, ha promulgado la Ley de Matrimonio Igualitario , y no lo ha hecho con una expectativa de orden político sino ideológico, por impulsar la diversidad, por respetar la diversidad de voces. Y, en definitiva, diría que la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual más que una ley antimonopólica es una ley genuina de diversidad de voces en el campo de la comunicación, y en ese sentido yo me identifico con ese fenómeno del kirchnerismo, lo cual no significa que esté de acuerdo plenamente con todas las acciones del gobierno, pero sí me siento parte de ese fenómeno y dialogo con eso.



- En el diario “Miradas al Sur” trataron valientemente – y Usted en particular - el tema Schoklender cuando muchos de los otros medios no lo abordaban por esta cuestión de ser funcionales a la derecha o a los grandes medios. ¿Cómo analiza la situación actual del caso Schoklender?


Política y Sociedad/La identidad política de un proceso transformador/Por Edgardo Mocca

La identidad política de un proceso transformador.



(Una reflexión sobre la naturaleza y la proyección del kirchnerismo)




El kirchnerismo es una nueva reescritura del peronismo. La nueva puesta en circulación del pensamiento de la tradición nacional-popular corresponde a un intento de reencuentro con las huellas de una tradición que en la década del noventa fue arrinconada a los márgenes del mundo político-cultural. El país y el mundo han cambiado. Y la épica popular del kirchnerismo está obligada a dar cuenta de esos cambios.

Por Edgardo Mocca*
(para La Tecl@ Eñe)

Las identidades políticas populares viven un proceso crítico en todo el mundo. Tenemos ante nuestros ojos la escena europea: partidos socialistas y socialdemócratas envueltos en la onda de la indignación popular por la aplicación de recetas económicas más propias de la tradición conservadora que de sus propias fuentes de inspiración ideológica. Sin embargo, la crisis no es nueva. Tampoco se reduce a la emergencia de la actual crisis de la globalización liderada por el capital financiero.
La crisis de los grandes partidos de masa, de origen obrero, hunde sus raíces en las transformaciones productivas, sociales y culturales que recorrieron el mundo en las últimas tres décadas. Son cambios que han desarticulado el viejo modo de producción fordista que agrupaba masas de trabajadores en grandes fábricas y han generado al nuevo sujeto productivo, individual, “flexible” y, en muchos casos “desterritorializado”. Las prácticas sindicales y políticas de los trabajadores no podían dejar de ser afectadas por estas mutaciones. En los países más desarrollados, se perdieron los perfiles clásicos de la clase obrera, asimilada a patrones de consumo y prácticas culturales propias de los sectores medios. En los países como el nuestro, los procesos de desindustrialización, que signaron nuestro lugar en el proceso de la transformación neoliberal, combinaron esa dilución de los trabajadores en las clases medias de la sociedad con un proceso de aguda pauperización de masas de trabajadores, marginalizados de los circuitos productivos.
El peronismo de la década del noventa es la expresión política de estos cambios. Como lo caracterizara el investigador estadounidense Steven Levitzki, el justicialismo se desplazó de su condición de partido sindical a la de un partido basado en los vínculos territoriales (“partido clientelista”, dice el autor).

08 julio 2011

Ensayo/Cultura y Política/ El pecho de Fausto: modos de ser intelectual/ Por Horacio González

El pecho de Fausto: modos de ser intelectual

Por Horacio González

A Jorge Alemán, Eduardo Grüner y Diego Tatián, que en su tarea intelectual buscan infatigablemente la lengua que pertenezca a las cosas y la secreta razón que las separa.

(para La Tecl@ Eñe)

Siempre acude a mi memoria una vieja lectura de Georg Lukács, el intelectual húngaro que se revolvió entre las obligaciones que imponía la revolución de su tiempo y el legado cultural del vitalismo neo-romántico. Entre la primera y la segunda década del siglo XX, Lukács había publicado obras fundamentales de crítica literaria e histórica –El alma y las formas; Teoría de la novela; Historia y conciencia de clase- en las que se examinaban los temas centrales de la filosofía social trágico-romántica en relación a lo que podríamos llamar una teoría de la conciencia revolucionaria. No puede haber un arqueo estricto de esos temas, pero baste enumerar algunos: la relación entre la naturaleza y la historia; el sujeto de la historia por encima de la naturaleza como cosa; el privilegio del ensayo como escritura de indagación sobre el ser trágico del mundo; la conciencia de clase como totalización metodológica de un marxismo presentado como crítica a la “cosificación de la conciencia” y el destino de la existencia ante la ironía de la historia, entendida como “mística negativa de una época sin dioses”.
A Lukács siempre pudo presentárselo como uno de los casos más dramáticos de la existencia intelectual en medio de las reorientaciones partidarias –en su caso los partidos comunistas del Este de Europa, especialmente el soviético-, y de las mutaciones en la organización técnica del capitalismo. Son particularmente importantes sus prólogos de 1967 a la re-publicación –que le estaba vedada- de sus mencionados ensayos de la década del 10 y del 20 –esto es, cuarenta años antes. Volverían a ver la luz gracias a que Lukács esbozara diversas autocríticas repletas de explicaciones contritas sobre aquellos grandes trabajos. A la luz de las vicisitudes de su extensa carrera intelectual, que se había iniciado con el apoyo al gobierno ultrista de Bela Kuhn, que había merecido críticas del propio Lenin en 1919, y concluido con el apoyo al reformista Imre Nagy, que en la ocasión no resultaba del agrado de Moscú, Lukács puede considerarse el alma trágica de la historia intelectual del siglo XX. En el caso de sus dos experiencias de participación en aquellos gobiernos, su función era la de atender los problemas de política educacional, pero en ambientes políticos muy diferentes entre sí. Un ultrismo revolucionario en el primer caso, y una apertura democratista en el segundo, pero de alguna manera enhebrando una extraña continuidad en la vida de un intelectual que escribía y actuaba en medio de las tempestades.

Política y Medios/Mucho Ruido, ¿cuántas nueces?/ Por Susana Cella

Mucho ruido, ¿cuántas nueces?


Reflexiones en torno al debate Sarlo-678


La visita de Beatriz Sarlo al programa 678 pudo haber quedado en un remoto tiempo en el que fue la noticia del momento. El evento, comentado con notas preescritas, que vindicaban la saga de la colaboradora de La Nación y Clarín con acordes triunfalistas y matices épicos, celebrando victoria en combate desigual, fue como todo un remolino en torno de esa noche. Por lo cual esto podría ser una apostilla a destiempo. Si se piensa en la lógica de actualidad, tal vez sí, pero si se trata de analizar cuestiones que tienen que ver con prácticas discursivas y con el modo en que se afinca un lugar de enunciación, entonces no.


Por Susana Cella*

(para La Tecl@ Eñe)



Pasó hace algunos días y en estos febriles movimientos, habría quedado en un remoto tiempo lo que fue noticia del momento, cuando Beatriz Sarlo visitara el programa 678. El evento, comentado y recomentado con notas preescritas, que vindicaban la saga de la colaboradora de La Nación y Clarín con acordes triunfalistas y matices épicos, celebrando victoria en combate desigual según la idea de que era ella sola contra todos los demás; o en reportajes a la protagonista y en comentarios, a favor y en contra, sucesivos, fue como todo un remolino en torno de esa noche. Por lo cual esto podría ser una apostilla a destiempo. Si se piensa en la lógica de actualidad, tal vez sí, pero si se trata de analizar cuestiones que tienen que ver con prácticas discursivas y con el modo en que se afinca un lugar de enunciación, no. Así por ejemplo, la reivindicación del pluralismo y el debate. Al ver el programa, que quizá tuvo la iniciativa de invitar a esta persona para lograr un rating mayor, la sensación que queda, a contramano de tantas opiniones y fastos encomiando las virtudes del debate, es que allí sucedió muy poco. Reconstruyendo la escena: la mesa del programa, los habituales periodistas, los tres invitados. La cámara enfocando a Sarlo, que no cesó de hablar con los gestos. La postura adoptada tiende a amedrentar al resto, impone miedo ante el intelectual que ostenta un curriculum y más ante la profesora que parecía estar frente a sus alumnos, el rebelde, la alumna descuidada, el aplicado, el mudable, los tímidos. Los tonos contrastaban y era posible figurarse ahí una mesa de examen en la que la profesora evaluaba. Así pudo calificar el video que se mostró como “picadillo de lo peor”, ¿se refería con “lo peor” a la frase de Carrió que celebraba la muerte de Néstor Kirchner? No, y por si quedaban dudas, criticó que se insertara esa frase. Podría haber citado cualquier otro defecto del informe, pero casualmente citó la horrenda frase de Carrió. Si la datación, como quería Sarlo, en su crítica a ese envío, no estaba, cual bibliografía acotada de una tesis, afincarse en eso aleja de lo sustantivo de la declaración (cuya fecha es bastante fácil reponer porque no pudo haber sido dicha antes de la muerte de Néstor Kirchner). Pero incluso, los otros materiales mostrados, aun cuando no tuvieran escrita una fecha, valen como testimonios, igual que lo que ella misma afirmaría respecto de la vigencia del Juicio a las Juntas, porque quedaron grabados. Pero más, pudo haber citado cualquier otra cosa del informe, pero, justamente citó esa referencia. ¿Se podría ver entonces a la enjuta ensayista racional que se esfuerza por entender fenómenos populares, vindicando de algún modo a la extensa señora de las predicciones apocalípticas? ¿Una común ideología podría armonizar razón y profetismo?


La cara contorsionada, las muecas de disgusto como alguien que siente mal olor, la mirada hacia algún lugar que parecía muy distante de donde estaba, llevan a preguntarse ¿cuál sería ese lugar? No es poca pregunta si de lugares de enunciación hablamos. Algo de su larga tarea como profesora no dejó de estar presente. Y se vio en algunas de sus intervenciones como la que exhibió en la conocida maniobra, ante las apelaciones quizá tímidas, de tirar con la erudición, al desplegar su conocimiento de medios europeos y de paso comentar una exposición actual en Berlín, muestra de información al día, que revela el esnobismo de la moda intelectual. Y en este sentido la recurrencia a los “-post” (postmodernismo, pospolítica) parecen indicar un movimiento por el cual continuamente se está pasando a otra cosa, y se clausura lo antecedente que en realidad mienta lo inclausurable: el espesor histórico que no deja de incidir en el presente y aun en el futuro. Por tanto, eludir aquello que fue forjado en décadas anteriores, salvo por un intento de negación maníaca, no puede dejarse de lado, aun para cuestionarlo, reverlo, también, pero no tacharlo o minimizarlo en una frase como “Me resulta difícil creer eso de que los medios influyen sobre la gente, esas teorías tienen más de cuarenta años”, con lo cual podríamos decir que cuando reivindicaba el marxismo, debió calcular que esa teoría tenía ya mucho más de cuarenta años.


Por otra parte, Sarlo no se privó de las chicanas, en recia contrapartida con los otros panelistas, así por ejemplo cuando dijo, que seguro iban a reproducir sus palabras (dando por supuesto que las iban a recortar aviesamente), y por tanto no las iba a repetir. Nadie del resto le hizo ninguna chicana, en realidad, aun cuando se atajó irónicamente de que para no parecer una elitista cosmopolita (en el momento en que se intentaba en vano situar la discusión en torno de la coyuntura nacional actual), iba a remitirse a tres diarios argentinos. Ahora, qué dijo de esos diarios más que la obviedad de que entre La Nación y Página 12 podía ver el panorama ideológico nacional. Y a Clarín lo dejó ahí, entre medio, salvo decirle a Mariotto, en poco sagaz ironía, “te juro que lo compro”.

Política y Cine/La pasión y el cálculo. Sobre "Secuestro y muerte" de Sarlo y Filipelli/ Por Sebastián Russo

La pasión y el cálculo


Sobre “Secuestro y muerte” de Rafael Filipelli y Beatriz Sarlo

“Secuestro y muerte”, de Rafael Filipelli, narra el secuestro y muerte del general Aramburu por la célula fundacional de Montoneros en 1970. Fue elegida el año pasado para abrir el 12º Festival de Cine Independiente de Bs. As. Y recién se estrena un año después, coincidiendo con la edición de un nuevo libro (“La audacia y el cálculo. Kirchner 2003-2010”) de su guionista, Beatriz Sarlo, autora del libro en el que el film está basado, “La pasión y la excepción. Eva, Borges y el asesinato de Aramburu”, del 2003.

Por Sebastián Russo*
(para La Tecl@ Eñe)

Es claro que estamos ante una obra que se entromete en nuestro actual sustrato político cultural de modo provocativo. “Secuestro y muerte”, de Rafael Filipelli, narra el –precisamente- secuestro y muerte del general Aramburu por la célula fundacional de Montoneros en 1970. Fue elegida el año pasado para abrir el 12º Festival de Cine Independiente de Bs. As. Y recién se estrena un año después, coincidiendo con la edición de un nuevo libro (“La audacia y el cálculo. Kirchner 2003-2010”) de su guionista, Beatriz Sarlo, autora del libro en el que el film está basado, “La pasión y la excepción. Eva, Borges y el asesinato de Aramburu”, del 2003.

Son varias las perspectivas desde donde pensar este film: una obra en absoluto ingenua que actualiza insidiosamente aquel suceso. Desde la reconstrucción del hecho fundante de Montoneros (reconstrucción negada provocativamente por el director, que en una entrevista en Ñ llega a decir: “les dije a los guionistas que no haría la película sin una mujer. Después la gente puede emparentarla con Arrostito...”) Desde la relación entre violencia y política (la tesis de Sarlo en su libro es que fue la venganza y la pasión el motor de la acción de Montoneros) Desde la concepción de justicia que el mismo suceso convoca a reflexionar (a partir de la relación entre justicia hegemónica y excepcionalidad) Desde su aspecto formal, en relación al modo que elige el director para narrar, representar el suceso en cuestión (y cómo decisiones estéticas tienen una inevitable raigambre político ideológica) Pero habría uno ineludible, y es la coyuntura política en la que esta película se filma y estrena. Es difícil de hecho pensar esta película fuera del actual contexto, en el que el gobierno nacional, desde un posicionamiento explícito sobre el pasado reciente, reivindica las luchas de los “dorados setentas” entendiéndose heredero de ellas. Posicionamiento que generó la necesidad de repensar aquella década, y a una cierta obligación a tomar partido al respecto. Incomodidad y necesaria expresión pública por un lado, entre aquellos que critican una suerte de apropiación -por cooptación- de la memoria de aquellos años, y radical rechazo, por otro, entre los que directamente no coinciden con tal reivindicación histórica.

Ante ese movimiento “apropiador”, surgieron entonces voces que “por izquierda” clamaron por una supuesta banalización y (ab)uso de los setenta, desactivando así (entienden) su poder espectral sobre los significados (revolucionarios, sostienen) de la política. Y “por derecha”, acusando de un setentismo retrógrado, que “atrasa”, por mirar al pasado, y que incluso lo haría de modo parcial, y no de un modo “completo”. Desactivación de la llama revolucionaria, con cooptación de la memoria de los muertos por un lado, y activación de un conflicto “pasado”, borrando –otros- muertos por otro.

Política/Entrevistas a Aliverti Eduardo y Muleiro Vicente/El Kirchnerismo y sus posibilidades de ser

Entrevistas a Eduardo Aliverti y Vicente Muleiro


El Kircherismo y sus posibilidades de ser


¿Es el Kirchnerismo una instancia superadora del peronismo? ¿El modelo iniciado por Néstor Kirchner en 2003 y continuado por Cristina Fernández de Kirchner, plantea resistencias en sectores de la izquierda y en las capas medias? A través de las entrevistas hechas a Eduardo Aliverti y Vicente Muleiro, este informe intenta dar respuesta a estos interrogantes, como también proponer la reflexión acerca de los peligros internos y externos que enfrentan los proyectos políticos populares y nacionales a nivel continental. Los ecos de la asistencia de Beatriz Sarlo al programa de televisión 678 plantean una inquietud: ¿Hubo allí debate o estuvo ausente y con aviso?


Puede incurrir la presentación del informe en la reiteración e ir en contra de las indicaciones de los manuales de periodismo pero preferimos no indicar con números las respuestas y dar así consistencia al formato de pregunta y respuesta.


Entrevistas realizadas por Conrado Yasenza para La Tecl@ Eñe




Entrevista a Eduardo Aliverti

El peronismo será kirchnerista o no será

En esta entrevista realizada vía correo electrónico, el periodista Eduardo Aliverti da su opinión sobre la relación del Kirchnerismo con la estructura del Partido Justicialista y con ciertos sectores de la Izquierda. También reflexiona acerca de los peligros internos y externos que enfrentan los proyectos políticos populares como el iniciado en Argentina en 2003.

- ¿Es el Kirchnerismo una instancia superadora del peronismo o todavía no puede concebírselo fuera de la estructura del Partido Justicialista

- Creo que la Presidenta aspira a que sea efectivamente una instancia superadora, pero no veo que a corto y hasta a mediano plazo pueda carecer de ciertas estructuras de eso que se llama PJ, y que hoy ya no es más que un conjunto de cacicazgos distritales y sectoriales. Todavía falta que haya una mayor y más intensa formación de cuadros políticos. Carlos Zaninni dijo que el peronismo será kirchnerista o no será. Si tomo esas palabras bajo la interpretación de que por izquierda del peronismo no hay otra cosa, estoy de acuerdo. Y la única manera de que el kirchnerismo sea una instancia superadora del peronismo es por izquierda.

- ¿Cuáles son los principales peligros externos e internos que acechan el proyecto nacional y popular que se da en la Argentina y en SurAmérica?

- Como factor externo, aprecio sobre todo el riesgo de una escala económica que sigue dependiendo de una arquitectura productiva primarizada. Atarse a la exportación de materias primas, embelesados por la explosión de demanda china, puede ser una apuesta coyuntural necesaria pero de ninguna manera alcanza para imaginar un horizonte de ciertas seguridades. Hay que avanzar más rápido en el desarrollo de cadenas de producción industrial con valor agregado, y apuntar desde ahí a la articulación con el bloque sudamericano. Y creo justamente que el mayor peligro interno es que tambaleen las herramientas políticas del bloque, en cuanto a cómo conducir a sus clases dominantes.

- ¿Por qué cree que el Kirchnerismo todavía plantea resistencias en sectores de izquierda y en algunos sectores de las capas medias?

- Habría que ver qué entendemos por izquierda. Veo que las resistencias se concentran en los sectores radicalizados minoritarios; pero ya no en otros, si hablamos de disconformidad voluminosa. Y creo que en algunos sectores de capas medias continúa rigiendo un espíritu profundamente conservador, gorila, también desideologizado, que de ninguna forma puede sentirse cómodo con los modos y acciones gubernamentales.

- A partir de la participación de Beatríz Sarlo en el programa 678, cree Usted que hubo allí realemente un debate ? ¿Sirven estos debates televisivos para instalar otros, quizás anteriores, como la relación de los intelectuales con la política y los medios de comunicación?

- Debate, en todo caso, hubo entre Beatriz Sarlo y Ricardo Forster; pero quedó secundarizado por la habilidad de Sarlo para llevar la polémica hacia donde más le convenía. En un formato como el de 678 es muy difícil que pueda haber debate, porque siempre serán 5, 6 ó 7 contra uno; y el uno siempre será la víctima que los medios de comunicación opositores apreciarán como vencedor, sin importar sus conceptos. Es cierto, sin embargo, que en ese mismo programa, el año pasado, hubo la buena experiencia de cuando participamos Robert Cox, Forster y yo. Pero era otro clima, otros temas. Y Cox fue como lo que es, un liberal a lo anglosajón de profundas convicciones pero respetuoso. Sarlo simplemente fue a provocar. Creo que los debates sirven cuando son a mano a mano, con tiempo de exposición suficiente. En la televisión argentina, eso es prácticamente imposible.




Entrevista a Vicente Muleiro


El kirchnerismo es la mejor alternativa política en la Argentina de estos años


El escritor, periodista y Sub-director de Radio Nacional, Vicente Muleiro, responde en esta entrevista preguntas vinculadas al Kirchnerismo como instancia superadora del Peronismo, a las repercusiones tras la presencia de Beatriz Sarlo en el programa de la Televisión Pública en 678 y también sobre la valoración acrítica de Sabato tras su muerte.

- ¿Es el Kirchnerismo una instancia superadora del peronismo o todavía no puede concebírselo fuera de la estructura del Partido Justicialista?

-No tomo la pregunta en su fachada hegeliana porque me resulta difícil encajarla en esa dialéctica, tiene que pasar más tiempo para tener clara una conclusión semejante. Lo que sí me parece es que el kirchnerismo, para las vueltas regresivas que tuvo la Argentina post 1955, y para los desmanes del capitalismo -no solo el periférico, como puede observarse- es la mejor alternativa política que puede alcanzar la Argentina de estos años. La dispersa "Unión Democrática" que puede observarse en el clima electoral da pavor.

- ¿Por qué cree que el Kirchnerismo todavía plantea resistencias en sectores de izquierda y en algunos sectores de las capas medias?


-Hay una tradición de ciertas izquierdas abstractas de darle la espalda a los proyectos nacionales y populares. Hemos visto, a algunos de sus integrantes como mucamos embobados de la Mesa de Enlace en el conflicto de 2008. O sea: no me asombra en absoluto. Por otra parte, decir "clase media" en nuestro país equivale a decir muchas cosas, a incluir subgrupos que se detestan o que poco tienen que ver entre sí. Y clase media colonizada mentalmente sigue habiendo, desde ya.


- A partir de la participación de Beatriz Sarlo en 678, cree Usted que hubo allí realmente un debate? ¿Sirven estos debates televisivos para instalar otros, quizás anteriores, como la relación de los intelectuales con la política y los medios de comunicación?


- Los debates sirven aunque sean imperfectos con aquel en el que la interlocución no tuvo una lógica clara: preguntas sin responder, chicanas baratas, verborragias no aptas para el marco discursivo que se planteaba. Siempre es bueno un espacio donde gente que en lo personal no se traga se sienta a discutir. El debate en sí no le dejó mucho a la sociedad.


- ¿Y por qué cree que el debate no le dejó mucho a la sociedad?


- Porque cada uno se enmarcó en un soliloquio previamente masticado, nadie quiso escuchar, conmoverse, indignarse, reflexionar en torno de lo que decía el otro. No hubo una situación dialógica. Sarlo prefirió atrincherarse para hacer un buen papel en "territorio enemigo" para que la feliciten los amigos y el panel no le encontró la vuelta para romper con eso.

- ¿Coincide con la idea de una revalorización acrítica de Sábato tras su muerte, sin abordar las contradicciones políticas en las que supo incurrir?. Sabato fue elogiado por casi todos lo medios sin plantear sus históricas contradicciones políticas.En un libro escrito por María Pía López se lo describe como el intelectual ubicuo. ¿Es posible analizar una figura, en este caso, la de Sabato, sin tener en cuenta el pasado y sus acciones en él? ¿Y es válido hacerlo desde el presente, y desde esas acciones y no desde la obra?


- Sabemos que en la Argentina, y en otros países de tradición latina también, la muerte abre un paréntesis sobre la valoración del que va viajando a la quinta del ñato. Sabato ha sido un personaje controvertido y un pionero en la formulación del escritor como personaje mediático. Estuve de acuerdo con Ricardo Piglia cuando dijo que Sabato era en lo personal un tipo desagradable y que hay que tomarlo como lo que es: el autor de una buena novela gótica: Sobre héroes y tumbas.


Por Conrado Yasenza para La Tecl@ Eñe

Medios y Política/ Esa confusión disfrazada de debate de ideas/Por Miguel Russo

Esa confusión disfrazada de debate de ideas

Por Miguel Russo*
(para La Tecl@ Eñe)

Un día, alguien dijo sí (es decir, alguien dijo sí, aceptando el convite, porque antes hubo alguien que convidó). Y lo que parecía un oxímoron –un perro celeste, un japonés con rulos, un “contra” entre “oficialistas” que, muchas veces sin saber qué quieren decir al decirlo, se engolosinan pontificando “movimiento nacional y popular”– se convirtió en realidad. Es decir: hubo un día en que Beatriz Sarlo fue a 6, 7, 8 (ese día sin faltazos ni vacaciones ni “me tomo un día”, panel completo y con bucles de circunstancia). Y ahí nomás, en lugar de convertirse la cosa en una celebración de la palabra y la argumentación, comenzaron los problemas. Problemas que, por supuesto, no deben confundirse con una pelea de película del viejísimo Sábados de súper acción: malos malísimos contra buenos buenísimos. Problemas que hablan, clarito, de una también viejísima cuestión nacional: la confusión que desde el poder mediático se derrama como verdad absoluta sobre la sociedad.
Para ser sinceros, los problemas habían empezado antes, unos años atrás. Específicamente cuando los mandamases de Clarín confundieron a sus “lectores-gente linda” (preocupados/as por los escándalos de la vedette de turno, los amores pagos de un wing izquierdo, los caños de Tinelli o el oprobio ajeno) con “lectores-gente seria” (esos que despliegan La Nación los sábados a media mañana en el bar de la esquina y se ensartan en la página agro con un decoro tan eficaz que no provoca ni el desparramo de una medialuna) y le zamparon, sin anestesia ni previo aviso, entre las recetas de cocina y el turismo imposible de alcanzar de la revista Viva, las columnas de la mismísima Beatriz Sarlo, admiradora de Juan José Saer y Ricardo Piglia, seguidora de Walter Benjamin y ojo inquisidor del entramado sociocultural de la Argentina.
Cuando quisieron reparar el error, ya era tarde: la “gente linda” huía de Viva como de la lepra y la “gente seria” desconfiaba de Sarlo como de una moneda de tres pesos. De todos modos, Sarlo pasó a ser columnista del diario de los Mitre y dio rienda suelta a otra confusión cuando mencionó que Néstor Kirchner había ganado la batalla cultural (La Nación, abril de 2010) cuando ni el más pintado de los pensadores ventaneros del bar La Paz sabía si se luchaba con diptongos o con los azules de Gorriarena en una batalla cultural.
Y vuelta a la confusión: se levantó la figura de Sarlo como abanderada 9.75 de promedio del antikirchnerismo. Así, de un lado, el sector opositor la veía como la mezcla ideal de Simone de Beauvoir y Silvina Ocampo. Y del otro, el sector oficialista, como la versión femenina de Magila Gorila o la hija pródiga de Julio Cobos y Lilita Carrió.
Pero entonces la confusión llegó donde no debería haber llegado: a los medios del Estado. Esos medios que se supone deben hacer caso omiso de la panacea planteada por los medios empresariales que sólo ven en la información un negocio. Creyeron que las palabras se combaten con palazos, que las ideas se desbaratan con chicanas. Y, confundidos, prestos a confundir, pusieron en marcha el operativo clamor: la tanqueta por excelencia (sin ironías, así se llaman a sí mismos), 6, 7, 8, retaba a duelo bajo el formato invitación formal al enemigo por antonomasia, Beatriz Sarlo.
La razón era el recientemente aparecido La audacia y el cálculo, donde Sarlo destinaba, so pretexto de hablar de Néstor Kirchner, poquito menos de medio libro a analizar la forma de ser del programa mencionado. Y Sarlo aceptó, sabedora de algo, de algún secreto obtenido tras años y años de lidiar entre intelctuales, dijo sí. Pero tanto primó la confusión que ningún panelista estable del producto de Diego Gvirtz había leído más de seis páginas del material cuestionado. Confesión de parte: Sandra Russo dijo al aire, nobleza obliga, no haber leído ni una; Orlando Barone preguntó cómo escribir en Clarín cuando, ya se dijo, Sarlo escribe para La Nación, Nora Veiras se asombró y se indignó por partes iguales con cierta elegancia; Cabito es Cabito y metió algún chiste que hizo reír a la interpelada; Carlos Barragán atinó algunas pautas de acción. Y, confundidos, los productores parecieron apostar más a la enjundia de un eficacísimo ideólogo y propulsor de la Ley de Medios, como es Gabriel Mariotto, que a la inteligencia para debatir en terreno filosófico de Ricardo Forster
Por eso, no está de más repetir la historia registrada por Eduardo Galeano en El libro de los abrazos: Rasca mucho y rasca bien –respondió un cacique del Chaco paraguayo, a principios de los ’80, ante la palabra evangelizadora de un grupo de misioneros que buscaban la conversión religiosa de su comunidad–, pero rasca donde no pica.
Digresión ma non troppo: Resulta indignante y hasta vergonzoso decirlo, pero unas semanas antes de la tenida en los estudios de Canal 7, hoy la Televisión Pública, en el opositorísimo hasta el hartazgo TN, los recontraopositores hasta el escándalo Julio Blanck y Eduardo Van der Kooy habían reunido a Beatriz Sarlo y a Horacio González para un debate en el que, con inusual prudencia, los dos conductores se quedaron al margen permitiendo que una y otro (pensadores duros y certeros al fin y al cabo) dijeran lo que tenían que decir y decirse.
Volviendo. La resolución del programa, frasecitas tipificadas incluidas (“conmigo no”, “a usted le da letra Magnetto”), había logrado un cometido que no debería haberse buscado: confundir, chicanear, atropellar, hacer papilla de las ideas de uno y otro lado. Pero lo peor, ya que como pronosticaba filosóficamente Emile Ciorán y copiaba suelto de cuerpo el Murphy de las leyes siempre hay algo peor, ocurrió después. Después, es decir cuando pasó el supuesto debate y de Sarlo y de Forster sólo quedó un recorte burdo que no le hacía bien a nadie. Después, cuando (como dice, textual, la nota aparecida en Miradas al Sur el 29 de mayo de 2011) “a derecha y a izquierda, de arriba a abajo, el debate se tomó como si se tratara de un Boca/River-River/Boca, restándole todo valor a la doble decisión (la invitación del programa, la aceptación de la escritora) de llevar adelante una polémica para sumar y no para arrojar al otro al abismo abierto entre ambas posturas”.
Después, cuando el coro radial del programa de Marcelo Zlotogwiazda donde es columnista Sarlo, festejó con cantitos de hinchada una pretendida victoria frente a los seisieteochescos. Después, cuando Pablo Sirvén perpetró en La Nación (espíritu de cuerpo, podría decirse) su insólito comentario: “Sarlo es un gladiador que en soledad viene de decapitar las siete cabezas de una hidra”. Después, cuando del otro lado ciertos diarios creyeron que era imperioso mostrar las fotos del backstage del programa (boca en uuu de Sarlo para permitir una mejor pincelada de la maquilladora) como si la coquetería estuviera reñida con la profundidad ideológica. Después, cuando se hizo de la hostilidad y la extrapolación banderas de inteligencia.
La tristeza sigue imperando, el debate sigue confundiendo. El poder mediático hegemónico se refriega las manos y hasta quienes se rasgan las vestiduras diciendo defender otra televisión y otra forma de informar, olvidan que el deber está en formar y no repetir fórmulas que sólo garantizan una mayor audiencia esclavizada en la estupidez y la indignación inconducente.
La confusión, para decirlo todo, de una sociedad que, a pesar de querer otra cosa, se sienta a mirar la tele, escuchar la radio o leer un diario un poquito o bastante confundida mientras desde los medios sonríen cancheros y cuentan sus ganancias.



*Periodista y Escritor. Actualmente trabaja en el periódico Dominical Miradas al Sur

07 julio 2011

Medios y Política/ Los Grandes Diarios/Por Jorge Halperín

Los Grandes Diarios
La ilusión de un periodismo independiente.

Por Jorge Halperín*
(especial para La Tecl@ Eñe)

“Lo más escandaloso del escándalo es que uno se acostumbra”, escribió hace mucho tiempo Simone De Beauvoir. Si la costumbre no lo hubiera convertido ya en un hecho cotidianamente previsible, hoy estaría provocando un desconcierto general la agresiva política editorial de los grandes medios, una suerte de cadena nacional privada dedicada a socavar la confianza en el gobierno. ¿Por qué el desconcierto?. Porque la reconocemos como una operación más propia de tiempos de graves crisis políticas y de jornadas previas a golpes de Estado que de estos otros días en que la economía se estabilizó desde hace tiempo en un alto crecimiento y se acerca sin sobresaltos una elección presidencial en medio de la tranquilidad institucional y de un apoyo holgado de la población a la presidenta.

No encaja con mis experiencias ante los medios golpistas durante la mayor parte del gobierno de Illia, mucho menos en el clima político desbarrancado previo al derrocamiento de Isabel. Pero no estoy sugiriendo que hoy los medios sean golpistas, me cuido mucho de salir de tono, que hoy es tan fácil.

Lo que señalo es que no tengo memoria de una situación de relativa normalidad en la cual los medios se ubicaran en una posición más agresiva que los referentes de la oposición, salvando, por supuesto, los arrebatos sistemáticos de Elisa Carrió y algún exabrupto de De Narváez planificado para competir por el voto visceral anti-K.

Como los grandes medios han sembrado siempre la ilusión de que lo suyo es el ejercicio de un periodismo profesional e independiente, tradicionalmente se han cuidado de guardar las formas y exhibir cierta moderación, salvo, como dije, en momentos críticos en que se trataba de mostrar los dientes.

Esta agresividad de hoy parece vincularse a un sentimiento de amenaza, que podría ser crudamente contrastable en el caso del Grupo Clarín por las iniciativas oficiales y democratizadoras que han complicado sus negocios y su credibilidad (Ley de Medios; Futbol para Todos; conflictos accionarios en papel Prensa, etc.) y también por el respaldo oficial a las organizaciones de derechos humanos en el conflicto con los hijos adoptivos de la directora del diario.
Obviamente, La Nación comparte esas reacciones en particular por el tema de Papel Prensa, y ambos grupos, junto a la Editorial Perfil, denuncian discriminación en la publicidad oficial.

Puede entenderse su postura opositora, aunque no ese cuestionamiento cotidiano, insidioso y global. También es significativo para entenderlo el “contrato de lectura” de estos medios y todo su circuito informativo con clases medias y altas de las grandes urbes, entre las cuales también se observan reacciones viscerales de odio desde el día en que Cristina Fernández fue elegida, llevadas a un punto altísimo durante el largo conflicto entre el gobierno y la Mesa de Enlace.

Pero hay algo más: en la medida en que los grandes medios son los destinatarios de la publicidad de los grupos empresarios, y son ellos mismos parte de ese poder concentrado, quiero enfatizar que esta campaña agresiva en cadena se hace, cuando menos, con la aquiescencia del gran capital.
Tampoco presumo actitudes golpistas del alto empresariado. Pero, atentos a sus mejores negocios, la presión cotidiana que ejercen los grandes medios les permite incomodar al gobierno con un sector importante de la población y, ante la eventualidad muy cercana de que no triunfe un candidato de la oposición y no se ejecute, por lo tanto, un “plan de estabilización económica” (así lo llaman sus voceros de la city), desgastar a Cristina Fernández con la perspectiva de que inicie un nuevo período empujada a ejecutar giros, como una devaluación más fuerte, una drástica reducción del gasto público, y la puesta en caja de las demandas salariales.

Al cabo de una década que ha sido no sólo de recuperación sino de excelentes negocios para el conjunto de los grupos empresarios, y, puestos ante un gobierno que muy pronto puede ser relegitimado con fuerza, al menos se apunta a esmerilarlo para que ceda a sus demandas dirigidas a “aprovechar el milagro” del contexto internacional y crear un “ambiente propicio a los negocios”, no importa cuán poco propicio resulte a los intereses populares.
Los medios son la infantería, pero no pueden dar la batalla sin el gran apoyo logístico.
Ese otro escenario de un voto que no miden las encuestas carece de fecha de convocatoria, pero es saludable tenerlo presente.

*Jorge Halperín es periodista y escritor. Actualmente conduce el programa radial Argentina tiene historia, en Radio Nacional, junto a Nora Anchart y Santiago Varela.

Medios y Política/ El periodista, el sumidero y la salvación/Por Orlando Barone

El periodista, el sumidero y la salvación*

Este texto forma parte del libro " K " La letra Bárbara”. Periodismo sucio y público sublevado”, de próxima aparición. Agradecemos la gentileza de Orlando Barone al brindarnos como anticipo el presente artículo.

Por Orlando Barone**

Acerca de este oficio humanamente insano alguien me pregunta:
-¿El periodismo siempre fue así?
-¿En qué sentido?
-En el sentido de que de un día para otro los buenos se convierten en malos y viceversa. Solo que son buenos y malos según la ideología del que los juzga.
Prosiguió con otra pregunta cósmica (como acto fallido debería poner “cómica”):
-¿Los periodistas oficialistas ya no son independientes como los periodistas independientes?
El emisor de la pregunta, sin saberlo, padecía el mal del consumidor dependiente. Dependiente de la hipotética idea de independencia que le habían hecho creer le concernía al periodismo auténtico: al que no era oficialista. Es que – y apelo otra vez a una de tantas leyendas que malvenden este oficio- “el periodismo es natural e históricamente opositor al Poder; o sea al oficialismo”. De ahí se establece que los ciudadanos que entusiastamente eligen su Gobierno, apenas elegido ya deben empezar a sentir que lo padecen; porque el periodismo les descubre aunque ya tarde que su elección fue errada. Siempre queda el misterio de a quiénes votaron o no votaron los periodistas. La abstención de franquearse o confesarse en este sentido los protege del ridículo; abstenerse los recubre de un falso halo de jueces eximidos del fracaso. Subsiste entre los periodistas y comunicadores la premeditada conducta de no demostrarle al receptor del mensaje ninguna adhesión personal por un partido político: en fin, se perpetuaría así el criterio clásico de no hacerlo participar de nuestro voto secreto. El periodista al no sincerarse sugiere una posición neutra y además cuenta con esa ventaja: la de no tener que asumir políticamente desaciertos. Porque lo que él vota, el público no lo sabe. Se da por sentado que lectores y oyentes aceptan esta convención hipócrita. ¿ Por qué? Acaso para no interrumpir el mutuo encantamiento entre ambos: mensajero y destinatario. Encantamiento entonces hecho de apariencias y no de sinceridad. De igual modo persiste esta otra pulsión histórica, la de oponerse al oficialismo - “el periodismo está para molestar al Poder”. Es lo que cacarean periodistas que si fueran gallos de gallinero tendrían menos voz que las gallinas. O que los pollitos. Entonces apenas el votante hace el asado la prensa se lo escupe. Y se siente en su salsa. Y cómo no sentirse ensalzados, si quienes más la condimentan son las corporaciones que juzgan sospechosos a todos los gobiernos nacionales y populares. Y vuelta la sociedad a elegir otro Gobierno y nuevamente el periodismo cumpliendo su leyenda vuelve a reprobarlo. Con una observación: la reprobación más tenaz y casi unánime es hacia los gobiernos populares o de izquierda; ya que el periodismo se ejerce con un desbalanceo como el de un boxeador que solo noquea con la mano derecha y la izquierda solo la usa para hacer fintas.
El antioficialismo, común hasta hoy en los grandes medios dominantes, es oficiado por periodistas que graciosamente viven quejándose de que no tienen esa libertad, y entonces hay que creerles y condolecerse de ellos. Se asumen como vacas sagradas y chillan y patalean a dúo y armonía con sus empresas, si estas se sienten hipotéticamente damnificadas por el más tenue airecillo crítico o se las expone en sus negocios y manipuleos informativos con el culo sucio con vista al público.
En beneficio de tantos colegas –calificación de cuerpo, con ínfulas de corporativismo ya que el único colega que debería considerarse es el de humano con humano- prefiero pensar que es más la libertad que deberían estar reclamando interiormente consigo mismos. Esa que por razones de impotencia, deben someter y reprimir cuando tienen que escribir, relatar, sostener lo contrario de eso que piensan y sienten. Cuántos de ellos desde los medios monopólicos –imagino a lo mejor ingenuamente- hubieran tenido en tantos años la pulsión de hablar del ADN de los hijos adoptados de la viuda de Noble; cuántos se atragantan por no poder denunciar a Papel Prensa, a la situación de censura gremial que se vive en sus ámbitos, a poder parar un rato de adulterar u omitir o desvanecer la información que alude a algún buen comportamiento y gestión del gobierno, y a poder confesar su situación. Por ejemplo la de sincerarse y contar cómo son instigados a “instigar” la inseguridad haciendo manar sangre, lágrimas y sed de venganza de las pantallas y redacciones.
En cambio ser considerado oficialista del gobierno -el votado democráticamente- me suena más a elección que a cautividad; y más consecuente con uno que ser lo contrario: un periodista “oficialista” de los poderes económicos. De sus auspiciantes. De aquellos a quienes no votó nadie pero pagan mucho más a sus servidores como si así compensaran el tipo de daño moral que prestarles ese servicio les causa.