29 octubre 2009

El libro y su rapsódica agonía/Flavio Crescenzi

El libro y su rapsódica agonía


"La felicidad siempre es confundida con los recursos que la hacen posible." Georges Bataille

Por Flavio Crescenzi*

(para La Tecl@ Eñe)

Ilustración: Perez Celis

Mallarmé imaginó el mundo como un libro escrito por un colectivo inmemorial y anónimo que desembocaría en objeto ideal en un futuro. En Mallarmé está presente el pensamiento hegeliano basado en la apuesta al porvenir, aunque el porvenir para el poeta sea apenas otro símbolo. Desde que la humanidad abandonó la comodidad de la escritura conventual (amanuenses, copistas, calígrafos, etc.), entrando en el universo de la imprenta, el paradigma cultural y, en consecuencia, discursivo, se vio modificado. El concepto de modernidad está íntimamente ligado a Gutemberg, a quien propondremos, provisoriamente, como su legítimo creador. La modernidad fue axiomática, rígida en sus propuestas y totalitaria en sus acciones (las verdades transmitidas y heredadas, como se ha dicho en otro artículo, son parte del discurso del poder), pesada y paquidérmica como las imprentas antiguas. El libro, como objeto, perdió su aura, se desacralizó, convirtiéndose en mera mercancía, en un fetiche que el burgués consume menos por ansias de conocimiento o goce estético que por un liso y llano estar al tanto, es decir, por snobismo. La fungibilidad del libro, cosificación final y denigrante, se evidencia en las mesas de saldo en donde encontraremos títulos de vital importancia para la "Gran Cultura" descartados por los criterios editoriales vigentes. El mercado editorial, como mediador entre el libro y el lector, se ha encargado de banalizar el intercambio hasta anularlo finalmente. Desde este punto de vista, ya no podemos confiar en el libro. El libro, actualmente, no es más que un objeto venial y superfluo, un bien más que está dispuesto a las más fraudulentas transacciones. El mercado es el rector de toda manifestación cultural que conocemos, la reduce a sus míseros fines con la seguridad que le da el saberse instituido, ser el inmejorable campo de acción para la masa. La publicación virtual como soporte alternativo es, de algún modo, un espacio dedicado a lo fugaz, como fugaces deben ser los discursos disruptivos que vulneren la lógica mercantilista que nos guía. La estética del instante es, sin lugar a dudas, poética y, por lo tanto, subversiva. Los medios virtuales son, si bien parte del orden de mercado, pasibles de fisuras pertinentes. Es un territorio amplísimo para explorar nuevas variantes discursivas que, por su instantaneidad y alcance, nos aparecen como válidas. El libro como refugio o lugar al que arribar para instalarse, se hace cada vez más difuso en su precariedad y en los usos que le da el poder que lo ha absorbido. Ya no hay objetos que contengan discurso, sólo discursos que se imponen como objeto. Piedras discursivas arrojadas desde el promontorio del espíritu.
*Poeta y Ensayista

1 comentario:

  1. Laura Inés Martínez Coronel27 may. 2011 20:15:00

    Flavio,excelente.Mira,yo además de poeta también soy ensayista.Y hace poco escribí sobre algo muy similar que luego llevé a mesa de discusión.Considero que hay mercaderes de la palabra,que no está mal en absoluto bajar libros y leerlos,lo hago poco pero mi compañero que es periodista suele hacerlo con asiduidad.Aprendí gracias al plan ceibal de mi país con mis hijas pequeñas a leer con ellas libros muy interesantes en las pequeñas pantallas de la laptop.Pero claro,en internet también aprendí la "libre libertad" que produce ciertos delirios para publicar instantáneas porquerías.El mercado editorial es terrible.Se apuesta mucho a lo perogrullesco fatuo,estupidizante,al reality show de la palabra.En mi pueblo un tipo pasó cuarenta años escribiendo un libro sobre un matón y sus desastres y vendió muchísimo.El libro es malísimo pero vendió de forma disparatadamente impúdica.Ahora otro,escribió sobre el supuesto homicidio de un político-un suicidio dudoso pero...-y vende del mismo modo y literariamente el libro no vale un corno.La poesía no vende mucho, por suerte,ya que no se va a convertir uno en un espantoso payaso que hace de la palabra un artículo banal.Pero puede volverse un poeta de redes el que en realidad es un brutal admirador de Coelho o de El Secreto...y vender esas confesiones en forma de estampita por los ómnibus y considerar qué está creando verdaderamente algo "diferente" e imperecedero,cuando en realidad es en la mayoría de los casos exactamente lo contrario.Es un tema muy interesante,que puede discutirse por horas.Muy interesante trabajo.ABRAZO

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