04 diciembre 2008

Teatro/Fuentevacuna:A 50 años de la toma del Frigorífico Lisandro de La Torre - por Estela Calvo

Fuentevacuna: a 50 años de la toma del Frigorífico Lisandro de la Torre


por Estela Calvo*


(para La Tecl@ Eñe)


Los hechos (según los he leído)

En enero de 1959, los 9000 obreros del Frigorífico Lisandro de la Torre iniciaron una huelga que se convertiría en un ícono de la historia del movimiento obrero argentino y del barrio de Mataderos.

La huelga, implementada para resistir la privatización del frigorífico, fue la respuesta de los obreros al Gobierno de Arturo Frondizi, que (a pesar de sus propósitos iniciales) comenzaba a alinearse a las políticas de los EEUU y a aceptar las recomendaciones del Fondo Monetario Internacional. En ese marco, el 10 de Enero de ese año, el presidente envía al congreso un proyecto de Ley de Carnes que incluye la venta del Lisandro de la Torre a la Corporación Argentina de Productores de Carne (CAP). Esta ley favorecía los intereses de los ganaderos que, viendo caer las ventas de su producto en el exterior, decidían volcarse al mercado interno, al que no habían prestado atención hasta entonces. El Lisandro de la Torre era nacional, abastecía a la Capital Federal y regulaba el precio de la carne.


Un mes antes, los trabajadores del Frigorífico habían elegido una nueva Comisión Interna encabezada por Sebastián Borro, joven militante de la resistencia peronista, quien era acompañado por un Cuerpo de Delegados representativo, conformado por peronistas y comunistas. Los obreros hicieron todo lo posible por evitar la sanción de esa ley: se entrevistaron con el presidente de la cámara, gestionaron una entrevista con el Dr. Frondizi, hicieron reportajes públicos y el día en que se debatiría la ley de carnes, 2000 de ellos fueron a la plaza de los Dos Congresos con un ternero portando una leyenda que decía: “Señores diputados, no me entreguen. Quiero ser nacional”.

La respuesta oficial fue contundente: esa madrugada, mientras ellos esperaban en la plaza, el Senado sancionaba la ley, sin debate, y el presidente de la Nación decidía no recibir a la Comisión Interna del Frigorífico. Ante ello, el Cuerpo de Delegados convoca a una asamblea, mientras en Mataderos, todo el barrio se convulsiona por los acontecimientos. El jueves 15 los obreros van a trabajar, pero no abandonan el edificio. A una nueva asamblea masiva concurren ocho mil obreros que deciden mayoritariamente mantener la toma y realizar un paro por tiempo indeterminado. La bandera del frigorífico es izada a media asta.

Frondizi finalmente recibe a la Comisión y a representantes de las 62 Organizaciones, quienes le piden que vete la ley, obteniendo como respuesta la negativa del presidente.


Esa noche, los obreros organizan la toma del frigorífico. Adentro, todo es actividad, músculo, nervio, tensión. Se escuchan los bombos y una consigna nace para quedarse en la historia de las luchas populares en la Argentina: Patria sí, colonia no. Afuera, las familias sostienen la lucha y la apoyan, desde las calles, desde las veredas.

Designado mediador el jefe de la policía federal, no se llega a ningún acuerdo. El ministro de Trabajo declara ilegal la medida de fuerza y ordena desalojar el establecimiento a las 3 de la madrugada del día sábado. Una hora después de vencido el plazo, se inicia la operación desalojo. Una poderosa fuerza represiva avanza hacia el establecimiento, armada como si tuviera que enfrentar a un enemigo muy temible, peligroso e invencible: 22 ómnibus cargados con agentes, carros de asalto de la guardia de infantería, camiones de bomberos, patrulleros, cuatro tanques Sherman del regimiento de granaderos a caballo y varios jeeps con soldados provistos de ametralladoras. Y como si esto fuera poco, a las cuatro de la madrugada
llegan refuerzos de gendarmería y un tanque ocupa posición frente al portón. Los obreros, en grupos, se trepan a los muros y a la puerta de entrada. Ricardo Barco, delegado comunista que observaba la escena, la cuenta así: “Avanzan los tanques. Estábamos colgados de los portones, porque un poco por la bronca y otro poco por inconsciencia, lo que pensamos es que iban a meter la arremetida pero que lo iban a parar (...) Yo, desde el portón, cuando el portón pegó el cimbronazo, pasé por arriba de los árboles y fui a caer en un cantero allá como a cinco o seis metros... Y todavía allí cayeron otros... En medio de eso, que el tanque entra, avanza, la gente se da vuelta, se para en el mástil y empieza a cantar el Himno Nacional... No hay palabras para decir lo que siente uno en ese momento”.

La resistencia duró tres horas. A las 7 de la mañana la policía retomó el control: 95 obreros fueron detenidos y nueve resultaron heridos. El plenario de las 62 Organizaciones, reunido esa noche, declaró un paro por tiempo indeterminado, que apoyaron las otras dos agrupaciones sindicales. La indignación por lo ocurrido recorrió el barrio. Durante varios días obreros y vecinos libraron duras batallas contra las fuerzas de seguridad. Mataderos se convirtió en el barrio de las barricadas, se hacían con adoquines sacados de las calles, vías del tranvía, cubiertas de ómnibus de línea incendiadas y clavos miguelito aportados por la juventud peronista. Por la noche los activistas cortaron el alumbrado y la policía fue recibida a pedradas desde las azoteas. En tanto, el gobierno allanó varios sindicatos y detuvo a varios dirigentes, entre ellos al Lobo Augusto Vandor, John William Cooke, Susana Valle y Felipe Vallese. Además declaró zona militar a las ciudades de La Plata, Berisso y Ensenada y ordenó su custodia con tropas militares. Entre tanto, Sebastián Borro y otros dirigentes de gremios chicos, como Jorge Di Pasquale, organizaban la huelga. Desde los Estados Unidos, Frondizi declaró: ...la conducción del país la tiene el Gobierno y no los gremios. Luego de tres días el movimiento de fuerza se debilitó: los colectiveros trabajaron el martes y las agrupaciones comunistas y democráticas abandonaron la huelga. El miércoles 21, las 62 Organizaciones decidieron el cese de las medidas de fuerza .El sindicato del Lisandro de la Torre nunca levantó la huelga; luego de varios meses y con Borro capturado, fueron cesanteados cinco mil obreros. El frigorífico fue vendido a la CAP. Una investigación realizada en 1974 por una comisión de la Cámara de Diputados descubrió que la CAP había pagado sobreprecios a sus asociados durante años y que los quebrantos, que eran enjugados con fondos públicos, habían constituido una virtual estafa.



Lo que de aquella huelga quedó en el tiempo

La huelga general desencadenada por el Lisandro de la torre y el estallido insurreccional del barrio de Mataderos son poco conocidos en la actualidad, pero en las décadas del ’60 y del ’70 serían parte de los relatos transmitidos oralmente y reconocidos como un antecedente de los estallidos urbanos de finales de los años sesenta.

Lo que nos trajo el 2001 como oportunidad

La crisis del 2001 despertó en un sector de la adormecida ciudadanía sometida al consumismo de los noventa, una inquietud -que se fue transformando en necesidad-, por participar, por formar parte de algún emprendimiento que permitiera pensar, actuar, decidir, sentir colectivamente. Podía ser un movimiento social, político o artístico, lo que importaba era no quedarse encerrado en el estrecho círculo de los pequeños asuntos personales, romper los límites de la fragmentación y ampliar la mirada hacia el horizonte colectivo para anudar, con otros, algo nuevo.

Varios grupos de teatro comunitario surgieron entonces. Vecinos convocados por la idea de ser juglares contando y cantando las historias populares, de los barrios, de las fábricas, de las esperanzas y de los fracasos del país; vecinos haciendo lazo y con los lazos red y con las redes malla apretada que recoge y recupera identidades y memorias.

Res o no Res, el ser o no ser de Mataderos

Así surgimos nosotros, Res o no Res, el Grupo de Teatro Comunitario de Mataderos.

Desde Marzo de 2002 fuimos construyendo una grupalidad que avanza sobre condiciones y razones nuevas, desconocidas, en torno a la creación de obras teatrales musicales, populares, colectivas, rescatando anécdotas, hechos, ideas, valorando la historia y la política, vilipendiadas en épocas de “presentismo” neoliberal. Hicimos Desde el Alma, pequeño catálogo de anécdotas y esencias barriales. Luego fue Perfume Nacional. La patria dejará de ser Colonia, emprendimiento más ambicioso que contaba las incursiones coloniales del imperio británico en el Río de la Plata, las victorias y derrotas de los pueblos en su historia de resistencia a la dominación. Para finalmente reconocer que la huelga y la toma del Frigorífico Lisandro de la Torre eran la historia de Mataderos, el ser o no ser de Mataderos, el hecho que mejor representa y define lo que significó para la identidad del barrio esa fuerza combativa y solidaria de un gremio resistiendo la privatización de un bien público -más todavía que una fuente de trabajo-, y de un barrio alojando y protegiendo esa insurgente vitalidad.

La dramaturgia entre dos Fuentes

Escribir la historia de la huelga del Lisandro con la estructura de Fuenteovejuna, fue idea de Enrique Papatino quien era por entonces director del grupo. Como coordinadora de la dramaturgia de Res, Enrique me encomendó que empezara a escribir, tomando a Fuenteovejuna como referencia. No se trataba de una adaptación, sino de intentar capturar el espíritu de aquella, su idea principal: la de un pueblo que se levanta contra un tirano, la de una insurrección popular. Y de hacerlo, al igual que en Fuenteovejuna, en verso. Y de nombrarla Fuentevacuna, lo que remitía directamente a la obra de Lope de Vega.

En este caso se trataba de una insurrección popular ante una medida que significaba la pérdida del patrimonio común a todos, de un bien público, nacional, estatal. Y ello por obra de un gobierno frágil y condicionado que respondía a los intereses de unas fuerzas armadas -que pocos años antes habían usurpado el gobierno- y de la oligarquía terrateniente argentina.

Mis dos fuentes fueron, obviamente Fuenteovejuna y algunos diarios de la época y textos que fui encontrando sobre la huelga, en particular, los de Ernesto Salas, historiador que investigó y escribió sobre estos hechos y de quien he tomado, básicamente, la crónica redactada más arriba. Con el tiempo fui encontrando más materiales donde sustentar el trabajo: documentales como Carne Viva, de Marcelo Goyeneche, fragmentos de películas, novelas como El amor argentino de Guillermo Saccomano, etc., aunque algunos llegaron cuando Fuentevacuna ya estaba terminada.

Para mí esta historia es parte del ser o no ser de Mataderos y escribirla fue apropiarme de ese ser, no siendo yo de Mataderos. Como no nací ni me crié en esta ciudad, ningún barrio me es totalmente propio, pero sí siento que esa historia me pertenece. Aunque no la haya vivido, aunque Mataderos no sea el lugar donde nací o donde vivo, hay algo, razones e historias personales, que me identifican con esa epopeya. O tal vez porque las grandes epopeyas nos pertenecen a todos, independientemente de donde estemos cuando suceden y así hayan ocurrido varios siglos antes de nuestro nacimiento y varios continentes más allá del nuestro.

Por otra parte, hay algo en la escritura de estas historias –ésta como algunas de las incluidas en Perfume Nacional- y es que a veces pasa que sólo acomodar un poco lo que la historia dice es suficiente para que quede armado el drama a representar, como tragedia o como comedia, cuando no como absurdo o grotesco. Si se compara el Rap que transcribo al final de esta nota con la crónica de los hechos que se leen al principio de la misma, se ve que poco es lo que el que escribe tiene que hacer: ajustar el ritmo, versificar, agregar algún detalle. El resto, para bien o para mal, está escrito.

A 50 años de la Epopeya del Lisandro: Fuentevacuna

Si estos hechos han sido olvidados y son poco conocidos ahora, tal vez no sea mera casualidad. En nuestro país hemos vivido épocas en las que se nos ha invitado –sutilmente unas veces, violentamente otras- a cultivar el olvido. Sobre todo, el olvido de lo que hemos sido capaces de construir como pueblo. El teatro comunitario es una herramienta que tiene la posibilidad de recordar y transmitir. Y de hacerlo a través de la música, los colores y la risa. Fuentevacuna es una manera de recordarle a cada uno de los cientos de espectadores que pasan por el parque Alberdi, ahí nomás, a pasitos de la Feria de Mataderos, que existió el Frigorífico y que nueve mil obreros y un barrio levantado y cientos de fábricas y trenes y colectivos, pararon por todas partes, en apoyo y en defensa del asado nacional, como decimos en una canción, una causa que era de todos.

Y aunque el proyecto parezca demasiado ambicioso, algunos efectos nos dicen que algo de eso está sucediendo: muchos estudiantes nos vienen a ver, -de historia, de educación, de antropología, sociología, comunicación, etc.-, sea por que están tratando de entender el fenómeno del teatro comunitario, sea porque están estudiando los episodios de esa huelga épica y vienen a buscar lo que el teatro de los vecinos cuenta de ella.





La Obra (fragmento)

Rap de la Repre

Obreros.-
Deben ser los gorilas deben ser,
deben ser los gorilas deben ser
porque nunca ví aparecer
tantos, tantos. Son 22 ómnibus cargados,
cargados con agentes, de todos lados.
Carros de asalto,
que porquería,
son de la guardia de infantería.
Vienen también camiones de bomberos
y patrulleros
¡que faroleros!
¡Ay mamita en que baile nos metimos!

Policías.-
A esta gente, sin compasión,
se les viene la represión.
Todos se esconden cuando nos ven
como si fuéramos Lucifer.
Y sin embargo no somos malos
con las cachiporras y con los palos,
pero a la gente le sienta mal
la policía federal,
a la gente le sienta mal
la policía federal.
Y nadie nadie nos defiende:
salvo los chinos... porque no entienden.

Obreros.-
son 22 ómnibus cargados
y varios jeeps repletos de soldados
¡que ven mis ojos!
¡llegó mi hora!
vienen provistos de ametralladoras
¡y yo sin nada!
ay que ca...
ay que ca...
ay que ca... nsada esta vida tan fregada
apasionada
¡y vienen más!
¡y más y más,
y más atrás!
Se lo saluda teniente coronel:
¿cómo le va? ¿qué dice usted?
Quiero saber si le puedo preguntar:
¿por qué carajo se hizo militar?
¡Por que carajo!,
¡por qué carajo!
Pudo elegir ser delincuente
y no habría jodido a tanta gente.
Pudo también ser militar
y defender el movimiento popular.
¡Eso es soñar! ¡o delirar!

Soldados.-
En el ejército muy tranquilo
jodiendo gente la paso un kilo
robo, tortura, salto de rana
golpes de estado y otras macanas.
Y sin embargo no somos brutos
es que no queremos que nos crean putos
Pero a la gente le sienta mal
el ejercito nacional,
a la gente le sienta mal
el ejército nacional.
Por todas partes nos deploran
pero los fachos, nos condecoran


Obreros.-
Hay cuatro tanques cubriendo la explanada
y ya uno de ellos enfoca hacia el portón
¡Tira al montón! ¡Tira al montón!
Vienen dos mil, son más de un batallón.
Deben creer que somos muy temibles
como Alejandro o Napoleón,
¡tienen razón!
Con cuchillos y piedras ¡que terribles!
Seguro que somos invencibles.
Porque está el barrio,
porque está el pueblo,
la familia, los pibes, los abuelos,
los comerciantes, los panaderos,
los ferroviarios y los colectiveros.
Porque el país entero esta parando
paró la Swift
y Armour también
y Federal y Pirelli ¡ay que bien!
Y en La plata, Berisso y Ensenada
hay barricadas, no importa nada
Se está acercando la huelga general
Se está tramando la huelga general
Se desparrama la huelga, ¡general!
Es una huelga de solidaridad.
Es una huelga como no hubo jamás.
Es una huelga insurreccional
que en la memoria del barrio va a quedar,
que en la memoria del pueblo va a quedar
Y de la patria que nos parió
¡Y de la patria que nos parió!

Pausa e imagen congelada, luego retoman

Vienen refuerzos,
¿vienen refuerzos? ¿es que no alcanza?
eso duplica nuestras esperanzas.
De madrugada, mandan gendarmes
está claro que quieren que se arme.
¿y para esto elegimos presidente?
¿y para qué? ¿y para qué?

Soldados.-
Cada tanto elige la gente
y nos comemos sus presidentes.
Éste y los próximos que vendrán
de nosotros se acordarán.
Y sin embargo no es tiranía,
si colabora gendarmería
Pero a la gente le sienta mal
que la gobierne un general
a la gente le sienta mal
que la gobierne un general
Quieren mandarnos al paredón
salvo al que esperan... en un avión.

Obreros.-
¡Que se arme el pueblo!
¡Que se arme el barrio!
¡Que se arme un lío, tamaño baño!
Era verdad, muchos tanques hacían falta,
Era verdad, muchos tanques hacían falta
¿Tanques de qué?
Tanques de agua
Para apagar tanto fuego...
Para apagar tanto fuego...
Para apagar tanto fuego...
¡fue-go!


*Estela Calvo es Dramaturga y Psicóloga

3 comentarios:

  1. Para entender la historia viva, no hay más que vivirla. Por cierto que cincuenta años nos separan de aquellas circunstancias, pero como la historia sigue viviendo (interminablemente) entonces “vivir hoy” es lo que nos pide esta historia viva que nos cuenta Estela Calvo. ¿Debemos entender que una lectura fiel de su crónica, ha de llevarnos a tomar fábricas y lugares de trabajo y declarar la huelga general? Quizás no sea ese el momento vivo del presente y más bien, vivir el presente nos lleve a otras reflecciones, habida cuenta de que quienes hoy toman las empresas y se apropian de las calles, son los dueños del campo. Vivir, no imitar, seguramente nos apunte la autora. ¿Y por qué es más fácil recordar y emocionarnos con aquella odisea (que para colmo no triunfó), que con las posibles de la actualidad? Pienso que por la seguridad que nos da lo ya sucedido respecto de la infinita posibilidad del suceder inacabado. Vivir es aventura del presente cuyo final ignoramos. Muchos prefieren repetir glorias pasadas a ensayar efímeros presentes.
    Y aquella chica (la de la foto) de vestido blanco y maravillosa juventud con piedras en las manos, sonrisa desafiante y mirada segura en el presente (de entonces), pienso que debe tener más o menos mi edad y me enamoro hoy de ella, como si también yo hubiera estado allí, mirándola a ella y no a la policía. Presente mío de hoy, que retrocede medio siglo y hace temblar mis rodillas de enamoramiento adolescente, ¿y qué es hoy entonces? ¿Y que es vivir hoy, entonces?
    Para algo sirve la historia (al menos esta que nos relata Estela Calvo), ya que no para no repetir errores (como señala la experiencia), sí en cambio para “vivir hoy” con la intensidad máxima posible, que convoca el corazón, aunque sea en una ingenua y fugaz mirada a una foto, que ni siquiera me ha apartado de la silla en que sentado enfrento la computadora en donde se presenta “ella con sus piedras”. Amplío la foto hasta que la borran los pixeles. Quiero perderme en ella, y me encuentro a mi hoy, aquí, “vivo”, temblando.
    HH

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  2. Estela Calvo Responde a HH

    Sí. Recuperar la historia del frigorífico no implica trasladar mecánicamente esos hechos al presente. Es verdad. Esta reflexión me sirve para transmitir lo difícil que fue para mí, hacer Fuentevacuna en tiempos de la “rebelión del campo”, por así decirlo. Porque en mi apreciación se trataba de dos situaciones radicalmente distintas, diría más, hasta diametralmente opuestas. Sin desmerecer la complejidad de lo jugado en torno al problema del campo, simplificando tal vez en extremo, pero necesito decir que en el caso del frigorífico se trataba de obreros, asalariados, trabajadores de una empresa pública nacional peleando para que esa empresa siguiera siendo de todos y no se la vendiera a –justamente- los productores del campo, ganaderos, dueños de la tierra. En el otro caso, se trataba de esos productores, dueños de la tierra o de la producción de la misma, peleando para que se los reconociera como tales: dueños de los frutos de la tierra. Y de hecho, buena parte de la sociedad lo hizo. Insisto en que estoy simplificando, pero en base a tratar de entender cual era el conflicto principal sostenido entonces. Y me preocupaba mucho que se pudiera equiparar la lucha de los trabajadores del Frigorífico que representamos con Fuentevacuna, a la pelea de los dueños del campo y de quienes los apoyaban. En síntesis, cada historia, cada momento tienen su complejidad, su contexto. Una extrapolación directa sería una tontería.

    Lo que no entiendo, es si HH considera que hacer Fuentevacuna sería preferir repetir glorias pasadas en vez de ensayar efímeros presentes o sí podría considerar que, el teatro comunitario que rescata historias –glorias o derrotas- es un efímero presente que ensaya formas de juntarse hoy en torno a sucesos, de ayer o de hoy, para rescatarlos pero también reinventarlos, porque después de todo escribir o hablar o representar algo es siempre reinventarlo. Eso queremos hacer.

    Por último, pero no menos importante, como suele decirse, está la chica de la foto. La del vestido blanco. ¿Quién es? ¿Qué habrá sido de ella? Tendría unos 15 años entonces, andará por los sesenta y pico ahora… ¿seguirá viviendo en Mataderos?... Muchas veces nos hemos hecho estas preguntas y hasta hemos fantaseado con hacer una búsqueda en el barrio… fantasía que siempre queda allí… Pero lo bueno de escribir es que uno nunca sabe con que se enganchará el lector, qué despertará algo “vivo” en él. Y bueno, ¡allí estaba, para HH, la chica del vestido blanco! Me alegro.
    Estela Calvo

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  3. Presente vivo a nadie rinde cuentas. Falacia se vuelve toda esa historia de causas y efectos y “recordar para no volver a errar”, etc. Ningún estudio de historia ha hecho de los estudiosos seres que no se volvieran a equivocar. No hay más que equivocación y error, y repetirlos una y otra vez es lo que hemos hecho como pueblo, no sólo nosotros, por supuesto. Podríamos hablar de la humanidad desde la expulsión del paraíso y de la historia como un preogreso permanente en el error y la autodestrucción.
    ¿Demasiado fuerte?
    Bien, maticemos.
    Creo que la obra Fuentevacuna, nada tiene que ver con la historia del frigorífico. Y digo más, creo que eso es lo mejor que tiene esa obra y todo el emprendimiento.
    Dos mil años de “exégesis” de los Evangelios, nos hacen comprender con mucha claridad que todo lo dicho por miles de “exegetas”, tiene poquísimo que ver con lo que allí realmente sucedió.
    El trabajo en el barrio, con el barrio, el de cada participante y luego de infinitas etapas, hasta el lejanísimo enamoramiento de la “muchacha de blanco”. ¡Eso es la realidad! Que sigue siendo la única verdad.
    Tomamos prestados los nombres, algunas situaciones, para permitirnos decir que estamos vivos. Como los chicos que en colegio se disfrazan de la primera junta y del virrey y de la negrita que vende empanadas calientes, y lo que importa es que toda esa pantomima les hará inolvidable ese momento que vivieron allí, ese día, a los ocho años. ¿A quién le importa si esa fiesta tiene algo que ver con la revolución de mayo?
    Valoro por encima de todo la fiesta creativa, el encuentro y la participación en la obra realizándose, ya sea como actores o espectadores, (y no se si hay tanta diferencia.) y no me interesa mayormente lo que quiera decir de aquel suceso. O mejor dicho, lo que Fuentevacuna dice profundamente acerca de aquel suceso no son las palabras en que lo nombra o las situaciones “históricas” que describe. Cuando explica clarísimamente aquel acontecimiento es cuando la transpiración resbala por el rostro tenso, cuando el cansancio impide la coreografía segura y ¡sobretodo!, cuando se percibe, en las sonrisas posteriores, que hacerlo valió la pena. Como un orgasmo, que no recuerda a otro, sino que vale por si mismo.
    Admiración por quienes realizan el esfuerzo y ¡construyen la historia de hoy! Lo valioso de lo que hacen no está en la referencia a “la huelga”, sino en “hacerlo”. Presente vivo, no rinde cuentas.
    Agradecimiento a todos y especialmente a Estela Calvo, que se toma el trabajo de contestar.

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