LA CULTURA DEL PERDÓN
Por Hernán Invernizzi*
(especial para La Tecl@ Eñe)
En el siglo V AC un político
ateniense llamado Trasíbulo encabezó una rebelión contra los sangrientos
“Treinta Tiranos”, los derrotó y promovió la primera ley de amnistía conocida
en Occidente - palabra que en griego quiere decir “sin memoria”, por eso se la
conoció como la “ley del olvido”. La norma disponía que los ciudadanos
atenienses no podían ser molestados por sus actos políticos pasados. Poco
después la muy democrática Atenas condenó a muerte al célebre Sócrates, que
nunca fue un amante de la democracia, acusado de corromper a los jóvenes y de
no respetar a los dioses oficiales. En nuestra cultura política tenemos una
colección de Trasíbulos, políticos que creen que se puede administrar la
memoria por decreto.
LA PATRIA PERDONADORA
Argentina es un país fecundo en amnistías. La Asamblea del Año 1813, de la
cual Bernardino Rivadavia era Secretario, sometió a juicio de residencia a
todos los que habían gobernado desde mayo de 1810, pero pronto convirtieron al
juicio en amnistía para evitar las complicaciones que se habían desatado. En
1821, cuando era ministro del gobernador Martín Rodríguez, el mismo Rivadavia
propuso una ambigua “ley de olvido” que fue convertida en amplia amnistía por
la Cámara de Representantes. En desacuerdo con tanta generosidad, por decreto
Rivadavia limitó sus alcances a sólo 9 exiliados, entre los que estaban Soler,
Alvear, Sarratea y Manuel Dorrego - que en 1827 fue nuevamente elegido
gobernador. La ley de olvido de poco sirvió: lo fusilaron al año siguiente.
También sancionaron amnistías el Congreso General Constituyente de 1826 y
el gobernador Juan Manuel de Rosas en 1839. Urquiza hizo lo propio después de
la batalla de Cepeda. El presidente Nicolás Avellaneda aprobó dos, una en 1875
y la otra en 1877. Siempre en el siglo XIX, Juárez Celman, Pellegrini y Uriburu
también fueron adictos a la pasión amnistiadora. La primera del siglo XX fue la
del presidente Figueroa Alcorta (1906). Desde los primeros gobiernos radicales
hasta la Fusiladora hubo 8 amnistías. También amnistiaron Frondizi,
Guido y el general Onganía. La última amnistía aprobada por el Congreso
Nacional fue la de 1973 (ley 20.508) promulgada en mayo de ese año por el
presidente Héctor Cámpora.
En marzo de 1983 la dictadura militar decretó la llamada autoamnistía o
“ley de pacificación nacional” (22.924/83), que sólo fue reconocida por el
candidato peronista Ítalo Luder, políticos de fuerzas conservadoras
minoritarias y algunas autoridades eclesiásticas. Decía su justificación: “la
prudencia aconseja, pues, el ordenamiento que se propone como un acto de
gobierno que mira al bien general del país, el que exige dejar atrás los
enfrentamientos, perdonar los agravios mutuos y procurar la pacificación
nacional con un gesto de reconciliación”. A diferencia de su contrincante
peronista, el doctor Alfonsín aseguró que si ganaba las elecciones desconocería
al auto-perdón cívico-militar y la ley 23.040 (la primera del flamante régimen
constitucional) la derogó.
En 1890 la cultura del perdón dio lugar a una “ley de olvido” para los
posibles delitos económicos cometidos por 5 presidentes y sus ministros de
economía - un caso entre impúdico y extravagante habitualmente olvidado debido
a la ley de olvido que regula el discurso de la historia oficial. Juan Carlos
Vedoya analizó el caso en La magra cosecha (Ediciones La Bastilla,
Buenos Aires, 1975). Como durante décadas el Congreso no cumplió con su
obligación de controlar la rendición de cuentas del Poder Ejecutivo (la llamada
“ejecución presupuestaria”), la ley 2.714 aprobó a libro cerrado la ejecución
de los presupuestos nacionales de los presidentes Mitre, Sarmiento, Avellaneda,
Roca y Juárez Celman. En vez de tomarse el trabajo de auditar las 130.000 fojas
correspondientes, los legisladores optaron por celebrar la impunidad de los
próceres. Unos quedaron bajo sospecha por toda la eternidad y los otros se
auto-perdonaron por no haber controlado lo que debían controlar.
LA REBELIÓN, LA REPRESIÓN, EL PERDÓN
En 1905 se produjo la rebelión radical acaudillada por Hipólito Irigoyen
contra los gobiernos fraudulentos de la oligarquía. La represión no se limitó a
los radicales: socialistas y anarquistas (que no habían sido parte de la
rebelión) también fueron reprimidos. Muchos de los sublevados fueron
encarcelados en el penal de Ushuaia. Al año siguiente el Congreso Nacional
dictó una amnistía general (ley 4.939). Durante el debate en la Cámara de
Diputados señaló el ex Presidente Carlos Pellegrini:
”Se pretende que ésta es una ley de olvido que va a restablecer la calma de la situación política y a fundar la paz en nuestra vida pública. No es cierto. Ni los acusados ni los acusadores, ni ellos ni nosotros, hemos olvidado nada... Lo único que se ha olvidado y se olvida son las lecciones de nuestra historia, de nuestra triste experiencia. Se olvida que esta es la quinta ley de amnistía que se dicta en pocos años y que los hechos se suceden con una regularidad dolorosa: la rebelión, la represión, el perdón. Y está en la conciencia de todos, señor Presidente, que esta amnistía, que se supone ser la última, no será la última; será muy pronto, tal vez, la penúltima. ¿Y por que, señor Presidente? Porque las causas que producen estos hechos subsisten, y no sólo subsisten en toda su integridad, sino que se agravan cada día”.
Hace ya 200 años que “la prudencia” aconseja “mirar el bien general del
país”, “dejar atrás los enfrentamientos”, “perdonar los agravios mutuos” y
“procurar la pacificación nacional”. Sin embargo, a pesar de la experiencia,
todavía hay quienes pretenden una administración política de la memoria.
Olvidar por decreto. Amnistiar por conveniencia. El perdón oportunista. No
obstante, todas las amnistías argentinas fueron la penúltima amnistía. Y ahora
que se prueba el inédito recurso de hacer justicia, hay quienes calculan (algunos
obispos, por ejemplo) que cuando terminen los juicios (porque algún día van a
terminar) habrá llegado el momento de proponer la nueva penúltima amnistía
argentina.
*Periodista. En los últimos 20 años realizó numerosos trabajos de
investigación sobre la Dictadura 1976-1983
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