20 julio 2010

PARECER DE IZQUIERDA O NO SER/ Por Rodolfo Braceli

PARECER DE IZQUIERDA O NO SER
(A propósito de Menotti)

Por Rodolfo Braceli
(para La Tecl@ Eñe)
Foto: Gentileza de R. Braceli

El Hamlet de don Shakespeare decía, fonéticamente: “Tubí o no tubí”. Bien. ¿Y el Hamlet argentino? Se me hace que dice: “Parecer o no ser”.
Esto podría aplicarse a eso que al voleo denominamos “la izquierda” y “la derecha”. Porque, que las hay las hay. Con esta reflexión vengo a completar una respuesta mía que salió incompleta en un extenso reportaje que me hizo Tiempo Argentino. Me preguntaron si yo era de izquierda. Les respondí que: “No podría responder a eso”. Y expliqué por qué. Pero mi respuesta a la repregunta se extravió en el vértigo del cierre. Me quedé con la leche, pero el mismo diario de inmediato me dio una página entera, la contratapa del suplemento deportivo, para desarrollar el tema. Comparto algunos fragmentos.

Voy por partes. Ser de izquierda o de derecha no lo entiendo como un tajo blanco / negro. Ambiciosos, corruptos, doblediscurseros, cabrones y vicepresidentes (perdón por el fallido, quise decir traidores) hay en los dos lados. Y seres genuinamente ocupados y preocupados, también. Pero, con candor tal vez güevón, sigo pensando que hay una cierta tendencia que diferencia los intereses de la una y de la otra.
Ni a la izquierda ni a la derecha les gusta la pobreza. Pero da la sensación que la derecha para terminar con los pobres prefiere esconderlos. Gente precavida: considera con afirmativa resignación que “pobres hubo y habrá siempre”, y que terminar con ellos no conviene porque, caramba, ¿quién reemplazaría a los esclavos?
Otro rasgo diferenciador es que la derecha propone la desmemoria con la coartada de un eficaz eufemismo: la reconciliación.

Vuelvo a lo de los intereses. Aquí salta otra gran diferencia: en la derecha el compromiso con sus intereses se cumple los 365 días. Paradójicamente, tan apegada a los mandamientos, no cumple niporputa no trabajar en los días de guardar. No se distraen, celan, jamás descansan en esa defensa, sagrada, de sus bolsillos. Guardan de lunes a sábado, y el domingo también.

Me permito en adelante el “nosotros”: los autodenominados progresistas no sostenemos vigilia por los intereses que enarbolamos. Ser de izquierda supone un compromiso, por empezar ético, en los 365 días del año. Algo podemos aprender de ellos: dormir con un ojo abierto, y siempre estar juntos, apretados. Nos distraemos como niños, haciéndonos zancadillas. Incurrimos en patéticos feriados de atención: la distracción es peor que la censura y hasta encarna complicidad. Nos decimos simulando autocrítica: “Somos un archipiélago de individualidades”. No llegamos a eso: la individualidad es una categoría; somos en realidad un montón de esquirlas de un sueño siempre postergado que petardeamos con nuestras vanidades. Nos une la tragedia consumada; no el proyecto. Así, no necesitamos enemigos.
A todo esto: ¿qué es lo que dije y no salió en el reportaje? Ya va, ya va.

¿Dónde estamos parados? En un casi agujero con forma de mapa. Nos entregaron y nos entregamos. Esto la derecha lo celebra. Don Vicente Huidobro, poesía mediante, advertía que “Los cuatro puntos cardinales son tres: el norte y el sur.” Si observamos la sostenida conducta de la eficaz derecha, la declaración de Huidobro es optimista: hace décadas aquí, desde los que violaban las vidas, y después las muertes, y encima afanaban criaturas, hasta llegar a la apoteosis entregadora del Invertebrado (el Señor de los Anillacos), aquí, los cuatro puntos cardinales fueron reducidos a dos: el Norte.
Sigo. Como estamos succionados por el Mundial, en esa entrevista me preguntaron qué me generaba recordar el Mundial 78. Respondí: En lo deportivo sospechas: “por algo habremos ganado”. (No nos distraigamos con el 6 a 0 a Perú.) Aquel Mundial me produjo congoja y asco. La “fiesta de todos” sucedió encima de un mapa de muertitos sin sepultara, al compás del entusiasmo de los elefantes Medios de Des-comunicación, entusiasmo que excedía a la innegable censura. Recordemos al lúcido Menotti actuando de izquierdista y abrazándose con dictadores torturadores. Ver nota y fotos de la revista “Siete Días” (24-02-82). Del dicho al hecho, un obsceno abismo.

Añado unos párrafos más sobre Menotti porque, en la órbita deportiva, ninguno como él reflexionó públicamente sobre lo ideológico. Con Menotti en persona discutí esto en dos reportajes (Siete días, 19-10-82, y La Semana, 11-7-86).
Que él haya sido técnico de aquella Selección no sería objetable si no hubiera hecho exhibición de “conciencia ideológica”. Nunca dejó de proclamarse “de izquierda”. Y así se convirtió en un arquetipo, lamentablemente de cierta izquierda trucha, reducida a la comodidad de los eslóganes y estribillos que se confunden con ideología. La insistente discusión futbolera “Menotti o Bilardo” nos distrajo de lo esencial. Si el señor Menotti se hubiese reducido a hablar de fútbol yo no lo estaría cuestionando.
Pero pontificó todo el tiempo sobre política. Con elocuente verba proclamó lo que traicionaba con sus hechos. Contó con la eficaz colaboración de la desmemoria. Decir esto al voleo sería insulto si no lo demostrara. Atención a los archivos, a sus declaraciones. Me dijo, entre tantos énfasis: “Creo que el peronismo como movimiento popular fue defraudado por sus dirigentes”. ¿También defraudado por Perón? “Yo pienso que sí.”
Sobre su gran status y notoria tristeza, me dijo: “Yo tengo la comodidad y la tristeza que me brinda mi comodidad. Yo quiero que la comodidad me brinde alegría. Entonces, ganar buen dinero para ganar tristeza es mucho más doloroso que no ganarlo”. Pobresanto.

Veamos ahora los comportamientos reales de Menotti, más allá de sus dichos. Este ciudadano que se declara defraudado por la dirigencia peronista y por Perón, cuando se candidateó en Santa Fe no sólo alistó en el peronismo, sino que se embadurnó con sectores de la derecha. Después coqueteó con Menem. En entrevista de Diego Bonadeo (Página 12, 29-3-99) lo elogió así: “Un revolucionario de la derecha”. Más tarde apoyó la fórmula Duhalde-Ortega (Palito). Bromas del destino: en el mismo enorme aviso con adhesiones a la fórmula Duhalde-Ortega apareció Carlos Bilardo. Los dos con fototipos. ¿Qué había pasado? ¿El izquierdista Menotti se había derechizado o el derechista Bilardo se había vuelto izquierdista?

En mi reportaje le pregunté si dirigiría una selección de otro país. “Seguro. Soy internacionalista. También sería dirigente obrero en una fábrica de los Estados Unidos.” ¿Aceptaría dirigir la selección del Chile dominado por el nazifascista Pinochet? “Ni loco. Ni loco.” Y entonces, Menotti, ¿por qué en 1978 aceptó dirig… “Porque éste es mi país. Y aquí, desde mi puesto de lucha, me propuse hacer un fútbol libre, alegre, de izquierda.”
Bravo. Bravísimo. Cuando le pregunté por el abrazo efusivo con Galtieri, dijo que fue preparado hasta con fotógrafos; que se quedó mal y se tomó un avión para ver a Mercedes Sosa en el Ópera. Este Menotti es coherente con aquel que dijo: “Ganar buen dinero para ganar tristeza es mucho más doloroso que no ganarlo.” Pobremártir.

Muy conocida es la inquebrantable antinomia entre Dios y el Diablo. Pero hay un único punto en el que los dos coinciden: que no se puede estar de acuerdo con Dios y con el Diablo.
A todo esto: ¿qué carajo dije y no salió en el reportaje? El periodista me preguntó si soy de izquierda. “No podría responder a eso.” ¿Por qué? “Porque son las once de la mañana. Pienso que uno puede decir ‘soy de izquierda’ sólo al final del día, de acuerdo a lo que ese día haya hecho o dejado de hacer.”

Posdata: Arranqué con eso del Hamlet argentino: Parecer de izquierda no ser. ¿Cuánto nos falta para superar ese “parecer”, esa preponderancia de la mera apariencia que nos tiene empantanados, con tanta distancia entre el dicho y el hecho?
Ahora siento que me baja, desde los lectores, otra pregunta:
–Rodolfo, hoy todavía es temprano, pero anoche, ante la pregunta, ¿qué se respondió?
–Anoche… anoche bajé la cabeza.

* Braceli, como poeta, narrador, dramaturgo y periodista, es autor de más de veinte libros, algunos traducidos al inglés, francés, italiano y polaco. Entre sus títulos más difundidos están “El último padre”, “Don Borges, saque su cuchillo porque…”, “De fúltbol somos “, “La misa humana”, “Argentinos en la cornisa”, “Vincent, te espero desnuda al final del libro”, las biografías de Julio Bocca y Mercedes Sosa, y el reciente “Perfume de gol”. Para el cine escribió y dirigió el mediometraje “Nicolino Intocable Locche”. Para conocer más: www.rodolfobraceli.com.ar

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