31 agosto 2012

Editorial/El tiempo y los factores reales de poder/Por Conrado Yasenza


El tiempo y los factores reales de poder.

Por Conrado Yasenza*

Raros tiempos de felicidad son estos que vivimos hoy. Tiempos bisagra, tiempo y espacio político no planteados como un fin en sí mismo. Tiempos en los que la historia es presente, pero también, pasado y futuro. Quizás una línea espacio-temporal  que se desea sublevada a la repitencia de circularidades nefastas, instalando sus defensas en la memoria histórica presente, la  de gran parte de Siglo XX. Tiempos en los que esa rara felicidad experimentada se transforme en una nueva y creativa fuerza política, abierta al desafío y a lo nuevo, sin que las torpezas propias resulten un oneroso pago, una forma extremadamente desproporcionada de sostener el mito necesario sin congelarlo, sin entregar los símbolos de una historia malamente resignificada a las tolvas trituradoras de las industrias culturales, de los set televisivos, de cierto resurgimiento de una cultura del aguante, diferente a los espacios individuales de pertenencia a-ideológica que signaron los ´90 – aunque es discutible pensar que en aquellos años noventiscos, la ideología no fuera justamente la negación de la ideología entendida como cultura política- pero que cataliza la emocionalidad de este raro tiempo en consignas cristalizadas, sin forjarlas en la formación de lenguajes políticos novedosos y diversos,  retomando para ello el largo hilo de la historia y generando así un pensamiento menos subsidiario de experiencias que se encajen en estructuras previas, ideadas de antemano.

Sin embargo, este tiempo de alegrías contiene angustias que luchan contra la mortificación que se supone funcional al poder criminal y asesino de fuerzas oscuras a las que la historia anómala y recién nacida, luego de la crisis casi terminal del sistema político republicanista, les ha vedado. También allí reside la trama tramposa de aquellas fuerzas que provocan la mortificación en un intento hábil por reprimir la autocrítica necesaria que tienda puentes que reafirmen la presencia de un Estado, que no es revolucionario, claro, pero que no detenga su marcha hacia los debates y discusiones que deben darse, y que aun aguardan. Este tiempo no debe ser defendido desde la obsecuencia – y en ello la oscuridad de las derechas es inteligente para presentar esta palabra como sinónimo de “gorilismo”, operación que algunos sectores progresistas compran casi gratuitamente  -, desde el pensamiento esquemático y rígido ( y de esto algo supo el viejo General) lo cual no implica negar la existencia de una necesaria organicidad para el fortalecimiento de este novedoso bloque hegemónico en una apelación a los recursos que éste considera fundamentales para garantizar la gobernabilidad. Y Gobernar en tiempos en los que el mundo capitalista parece disolverse hacia no sabemos que tipo de nuevo capitalismo, es extremadamente difícil. Aunque es cierto que gobernar es difícil, también es cierto que al no pertenecer orgánicamente al Gobierno se  sostiene que opinar desde la comodidad de una mesa de trabajo es de un facilismo ofensivo, tanto como no ejercer esa capacidad de  crítica y autocrítica, que nos distingue como seres libres. La Presidenta lo ha señalado varias veces: Construyan su propia historia y no cometan lo errores que nosotros cometimos.
El Kirchnerismo  se asumió, ya ejerciendo el poder, como un  una fuerza preocupada por ciertos sueños irrealizados, inconclusos, proscriptos, cegados. Y nosotros como sociedad ya no esperábamos nada. El Kirchnerismo no se proclamo nunca revolucionario pero sí se propuso reparador de la ignominia del hambre y la pobreza instaladas por las políticas neoliberales,  y del horror asestado sobre el pueblo por las bombas asesinas del Golpe militar de 1955, y por el acribillamiento de los militantes revolucionarios en Trelew – masacre de la que se cumplieron 40 años el 22 de agosto pasado -, antesala diseñadora de la aceitada maquinaria de matar y desaparecer personas que puso en funcionamiento la dictadura cívico-militar del  76-83. Y esto ya es demasiado para los genocidas civiles y militares que siguen tratando de imponer su dominio, ya no mediante campos de concentración y centros clandestinos para torturar y asesinar seres humanos, ya no con el poder de las armas, pero sí, todavía, con el poder de las grandes corporaciones económico-comunicacionales, socios históricos en la potestad de la muerte.  El poder económico-comunicacional no está interesado ni en la democracia, ni en los Derechos Humanos, ni en el medio ambiente; sólo está interesado en el rédito pleno de las ruletas financieras y los negocios de poco riesgo y pura ganancia. Capitalismo casino, lo definió la Presidenta recientemente. Por ello es preciso comprender que si este Gobierno cae, y la restauración conservadora se instala nuevamente en el país, adiós a las reparaciones y transformaciones como las que vivimos en estos últimos nueve años. Habrá que resistir aceptando el desafío dilemático, las fisuras, las rajas, y exigir desde allí, colectivamente, - eso produjo el Kirchnerismo en estos años de Gobierno, capacidad de exigir, de ir por más - aquellas políticas que creamos deben desarrollarse, que deben discutirse y debatirse como lo son una verdadera reforma tributaria progresiva; el desmantelamiento del andamiaje jurídico heredado de los ´90 que, entre otras cosas, trasladó los recursos del subsuelo de la Nación a las provincias – encontrándose éstas en una situación muy desigual para negociar frente a potentes multinacionales-; la recuperación del sistema de transportes y de los ferrocarriles, la ley de aborto; una discusión seria sobre qué tipo de minería queremos darnos los argentinos; la defensa del trabajo en blanco,  incorporando al sistema formal de trabajo a aquellos compatriotas que estén todavía en negro o en la informalidad.  Y sobre todo, el combate sin descanso contra la pobreza y en especial, contra la pobreza que es el hambre infantil.
Dicho esto, es necesario plantear, para realizar las tareas aun pendientes, el debate sobre la reforma de la Constitución.  Ferdinando Lasalle, fundador del partido socialista alemán,  escribió en 1862, que una Constitución es la suma de los factores reales de poder que rigen en una Nación. Esa suma de factores reales – que denominó Fragmentos de Constitución – deben ser puestos en acción, deben volverse efectivos,  ya que de lo contrario los derechos expresados por  la Carta Magna quedarán encapsulados en el umbroso papel impreso.  De esto se trata poner en discusión una reforma constitucional, nada más ni nada menos. Y si poner en acción la suma de factores reales que rigen un país implica discutir la re-reelección de la Presidenta -  en la medida en que no surja otro candidato presidenciable dentro del Kirchnerismo – habrá que dar también el debate en ese sentido. Es mucho lo que se  ha realizado en estos años y por ello mismo es mucho lo que se puede perder de quebrarse, una vez más, el ciclo de recuperación de un Estado que bregue por los intereses de su pueblo.  El neoliberalismo no ha muerto, esta agazapado y a la espera para dar un nuevo zarpazo sobre nuestro pueblo y sobre la región. (Lo hemos vivido ya en Paraguay)
Es al Kirchnerismo - esa anomalía inesperada que inició Néstor Kirchner y continúa hoy , ya no como anomalía pero sí como poder político molesto para el establishment , a través de Cristina Fernández -,  a quien se le pueden plantear estas exigencias. Y el Kirchnerismo debe tener en cuenta que ese es su capital político y simbólico, que debe cuidar y ampliar para no volver a ser náufragos de un sueño.  Raros tiempos de felicidad son los que habitamos,  y ominoso es el poder que quiere arrebatarnos la posibilidad de seguir construyendo colectiva y regionalmente, un presente en el que el futuro no se nos escabulla como arena entre los dedos de las manos.

*Periodista. Dtor. de la Revista La Tecl@ Eñe


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