
Realidad y racionalidad en el movimiento nacional
Llegado el presente momento político del proceso de construcción del
movimiento nacional, el acceso de Daniel Scioli a la presidencia significaría
un daño tal vez irreparable, pues él no dejaría de ceder frente a las presiones
de los poderes que atacan al actual proceso político. El movimiento comenzaría
a dejar de ser “real” y, en consecuencia, “racional”. ¿Cómo seguir, pues? La
perspectiva que se avizora como necesaria y posible es la re-reelección de Cristina
Fernández de Kirchner. La necesidad de la re-reelección tiene que ver con la
posibilidad de avanzar en las transformaciones que se truncaron en 1955 con la
derrota que los sectores oligárquicos y sus aliados le infligieron al
movimiento popular con la utilización de las fuerzas Armadas. Eso no debe
volver a suceder porque significaría un retroceso catastrófico para el pueblo.
Por Rubén Dri
(para La Tecl@ Eñe)
La
célebre frase de Perón “la única verdad es la realidad” ha sido interpretada de
tantas maneras cuantas necesidades de justificar la propia práctica se
presentaban, porque apenas se pronuncia tal afirmación inmediatamente surgen
las interrogaciones sobre el significado tanto de “verdad” como de “realidad”.
Para hablar del Movimiento nacional deberemos primeramente esclarecer el
significado de la palabra “realidad”.
A
menudo la interpretamos como lo fáctico, cualquiera ello sea, una piedra, la
lluvia, el frío, un choque de autos, una manifestación, un gremio, un partido
político. Si prestamos un poco de atención a esa manera de considerar la
realidad, inmediatamente surge que una piedra y un gremio son realidades de
tipos muy diferentes. La piedra simplemente es, está, mientras que el gremio
nunca está sino que siempre está siendo, se esta construyendo.
Apuntamos,
de esa manera, a dos tipos diferentes de realidades. Aquellas que simplemente
están como la piedra o suceden como la
lluvia, y aquellas que no existen sin el esfuerzo de ellas para ser. Estas
últimas son las realidades subjetuales. Son los sujetos, sean ellos
individuales o colectivos. Ésta es la verdadera realidad, la realidad en su
sentido fuerte.
La
realidad de la piedra es inmutable en cuanto a su ser, no admite grados. No es
más piedra o menos piedra. Simplemente es piedra. De forma diferente se
comporta la realidad subjetual. Efectivamente el sujeto puede estar más o menos
realizado y, en ese sentido, es más o menos sujeto. Esto pertenece al sentido
común en cuanto se admite que alguien es un verdadero hombre o una verdadera
mujer, lo que significa que otros pueden no ser verdaderos hombres o verdaderas
mujeres.
La
realización del sujeto se expresa en una determinada racionalidad, la cual
puede ser más racional o menos racional en la medida en que el sujeto esté más
o menos realizado-. Ahora bien, en el proceso de realización del sujeto, éste
va absorbiendo una serie de contradicciones que lo van enriqueciendo. Pero aquí
se puede presentar un problema que puede hacer fracasar la construcción del
sujeto. Ello sucede cuando el sujeto se encuentra con una contradicción para la
superación de la cual no tiene todavía la fuerza suficiente.
En
la realización del sujeto individual esto constituye una verdad completamente
clara, tanto es así que las personas mayores concientes de sus
responsabilidades no exponen sus problemas ante los menores, y en la TV se advierte sobre la
finalización del horario en que ciertos problemas quedan abiertos para ser
tratados ante los menores.
Teniendo
en cuenta estos presupuestos, pasaremos a analizar al movimiento
nacional-popular que es el kirchnerismo como sujeto en su actual etapa de
construcción. Ésta comienza en el 2003. Tal vez podríamos mejor decir que
comienza a mostrarse en el 2003, pero sus raíces soterradas se encuentran más
atrás. Siempre sucede. Los inicios son muy pobres, casi invisibles, y sólo con
una mirada retrospectiva pueden vislumbrarse. Así sucede con los inicios de la
humanidad, de los pueblos originarios del continente, con el cristianismo.
Incluso
podemos poner sus inicios en el 2003 sólo si lo vemos en retrospectiva, porque
en ese momento tampoco se veía. Si en cambio ponemos nuestra mirada en el 2008,
tal vez allí sí ya se veía al movimiento pugnando por construirse. En realidad
se trata de una re-construcción. Para no ir demasiado atrás, remontémonos a la
década del 40 del siglo pasado. Es el momento de la re-fundación del movimiento
popular –la etapa anterior se conoce como ‘yrigoyenismo’ - cuya tarea es la
transformación profunda que se expresa en una “nación socialmente justa,
económicamente libre y políticamente soberana”.

Ahora
bien, un movimiento nacional necesita un liderazgo y como se sabe, el líder no
se elige sino que surge en el proceso de formación del movimiento. No puede ser
reemplazado a voluntad. Claridad del objetivo, voluntad política de realizarlo,
carisma que impacta en el pueblo, al
cual llega con facilidad, coraje para enfrentar a los poderes que se oponen a
las transformaciones que el país necesita, éstas y otras característica son
propias del liderazgo que se encuentran presente en Cristina Kirchner.
Por
otra parte, en el proceso de formación del movimiento y de las transformaciones
requeridas, muchos de los que forman parte están allí por conveniencia, por
pragmatismo, por inercia, con intereses
propios, con una concepción que les permite adaptarse al sistema establecido.
Además,
el tema del liderazgo se cruza con el presidencialismo que caracteriza al
sistema político argentino. Teóricamente puede pensarse en una bifurcación
consistente en que el liderazgo del movimiento nacional y la función
presidencial del país sean ejercidos por dos personas diferentes. No habría
problemas si ambos conformasen un verdadero binomio con fue el caso de Néstor y
Cristina. Pero debido al poder político que tiene el presidente, si la función
presidencial es ejercida por alguien que no participa estratégicamente del
proyecto del movimiento, las chances de
que todo el proceso se paralice y retroceda son muchas.
Aquí
radica el nudo de la cuestión que se le presenta el movimiento nacional con la
posible candidatura de Daniel Scioli a la presidencia. Scioli no es un traidor.
Todo lo contrario, ha acompañado el proyecto político transformador del
movimiento nacional, pero lo ha hecho con la apuesta a que finalmente el fruto
del árbol político caería en sus manos. A esta altura del proceso de
construcción del movimiento, de transformación del sistema neoliberal, el
acceso de Scioli a la presidencia significaría un daño tal vez irreparable,
pues él no dejaría de ceder frente a las presiones de los poderes que con uñas
y dientes atacan al actual proceso político.
El
movimiento comenzaría a dejar de ser “real” y, en consecuencia, “racional”.
¿Cómo seguir, pues? Es sabido que, en el ámbito del proyecto común en líneas
generales de países como Venezuela, Ecuador, Bolivia, Brasil, cada uno tiene
características propias. En Brasil la transición de Lula a Dilma fue un
verdadero hallazgo. Por el momento no vemos que en nuestro país pueda suceder
algo parecido, aunque no debe ser descartado a priori.
La
perspectiva que vemos como necesaria y posible es la re-reelección de Cristina.
El reclamo de los representantes de los poderes dominantes de la alternancia en
el ejercicio del poder político se basa en que una elección no cambia nada en
cuanto al reparto del poder que se hace al margen de quien tenga la
representación política. El cambio de Bush por Obama es la más clara
demostración.
Nuestra
exigencia de la re-reelección tiene que ver con la posibilidad de avanzar en
las transformaciones que se truncaron en 1955 con la derrota que los sectores
oligárquicos y sus aliados le infligieron al movimiento popular con la
utilización de las fuerzas Armadas. Eso no debe volver a suceder porque
significaría un retroceso catastrófico para el pueblo.
¿Hacia
qué sociedad vamos? Hacia el “socialismo del siglo XXI” dice Chávez; hacia una
“democracia con inclusión” dice Cristina. En los procesos revolucionarios del
siglo pasado se definían de antemano los rasgos no sólo del proceso
revolucionario, sino también de la sociedad a la que se arribaría, definida
como socialista, cuyas características fundamentales ya se conocían. Era el
“socialismo científico”. La caída del muro de Berlín es el símbolo que sepulta
dicha concepción.
Actualmente
los procesos de transformación o revolucionarios que se están desarrollando en
el continente latinoamericano no parten de definiciones previas, pero tampoco
lo hacen de cero. De hecho se da en ellos una adecuación mayor a la dialéctica
de práctica y conciencia, práctica y teoría, realidad y racionalidad. El
proceso de construcción, es al mismo tiempo transformación real, práctica, o
sea, “realidad”, y conciencia, teoría, “racionalidad”.
¿Pretende
Cristina quedar anclada en un capitalismo keynesiano, o sea, sólo en una Estado
benefactor? Eso no lo sabemos, pertenece a la subjetividad de la presidenta,
pero no se puede negar que una “democracia con inclusión” es un proceso que
tiende a hacer saltar las barreras del capitalismo. Las medidas que se han
tomado, sobre todo desde el 2008, han significado un avance hacia las fronteras
del capitalismo. De aquí en adelante todo dependerá de la consolidación del
movimiento nacional y popular.
*Filósofo y teólogo. Docente en la Universidad Nacional de Bueno Aires.
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