29 abril 2011

Entrevista/Diego Rojas: ¿Quien mató a Mariano Ferreyra?/Por conrado Yasenza

Entrevista a Diego Rojas*

¿Quién Mató a Mariano Ferreira?

En esta entrevista el periodista Diego Rojas aborda el proceso de investigación y escritura que atravesó hasta llegar a ver publicado su libro ¿Quién mató a Mariano Ferreyra?. Ofrece, también, su mirada sobre José Pedraza y su impresión sobre las actuaciones de los fiscales del juicio y el compromiso del Gobierno Nacional en el esclarecimiento del asesinato del joven militante.

Por Conrado Yasenza
(para La Tecl@ Eñe)

- ¿Cuál o cuáles fueron las motivaciones específicas que lo llevaron a investigar sobre el crimen de Mariano Ferreyra?

- El retorno de la violencia política al país, que se expresó primero con el asesinato de Mariano Ferreyra, los muertos qom -asesinados por la represión del gobernador kirchnerista Guido Insfrán- y los acontecimientos del Parque Indoamericano, en el que la represión conjunta de la policía federal y la metropolitana se cobraron dos víctimas, primero, y las bandas fascistas una más, me consternaron profundamente. Aquel 20 de octubre, cuando mataron, significó una gran conmoción para mí. Los muertos del Parque Indoamericano me llevaron a pensar que, para comprender yo mismo esa violencia, tal vez podía usar el oficio periodístico como herramienta. La noche de las bandas fascistas no pude dormir. Durante el insomnio provocado por los crímenes del Indoamericano, pensé en el proyecto de este libro.

- Los acontecimientos del Indoamericano, como lo describió en el artículo publicado en esta revista, lo movilizaron. ¿Existe alguna vinculación, desde el punto de vista de la violencia represiva contra reclamos sociales, entre los sucesos del Parque Indoaméricano y el asesinato de Mariano Ferreyra?

- El hilo conductor se encuentra en la violencia desde arriba para acallar los reclamos desde abajo. En uno y otro caso, el hacer o dejar hacer por parte del Estado y el gobierno que lo administra se convierten en el factor común.

- Más allá del título, que claramente alude a ¿Quién mató a Rosendo?, de Rodolfo Walsh, tomó Ud. como modelo de investigación periodística para su libro la impronta investigativa de Walsh?

- Walsh es un escritor y periodista apropiado indebidamente por el kirchnerismo, que quisiera postularse como heredero de aquellos que lucharon en los setenta. Pero cualquier párrafo programático de Walsh excede por kilómetros a las migajas que este gobierno considera como sustento de su carácter nacional y popular.
Walsh es el parresiasta. Los griegos le brindaban un valor sustancial a aquel que decidía llevar hasta las últimas consecuencias la voluntad de verdad. A aquel que se oponía a los poderes para pronunciar su verdad. En esta época, los intelectuales y los trabajadores de prensa que defienden al gobierno a costa de callar los errores, a costa de comerse sapos de toda índole, color y sabor en nombre del miserable juego de no hacerle el juego a la derecha no podrían postularse como sus herederos. Sin embargo, así quisieran verse en ese espejo deformado que levantan.
Ojo: en el caso Padilla, Walsh decidió callar y apoyar al gobierno cubano en nombre de ese “no hacerle el juego a la derecha”. Quizás esa decisión se haya convertido en uno de sus textos vergonzantes. Y ojo: Walsh se sometió a la disciplina montonera en los momentos de locura guerrillerista (y no por el uso de la violencia, sino por aquel gesto de querer sustituir a la clase obrera por unos fierros usados por quienes se consideraban representantes de esa clase, a costa de los intereses de esa clase).
Sin embargo, cuando tuvo que oponerse, se opuso, a riesgo de su vida. Cuando tuvo que decir que no, dijo no. Y cuando decidió hacer un acto de periodismo esencial a través de su Carta abierta a la Junta Militar, no dudó, lo hizo. Le costó la vida. En esa decisión de querer aproximarse a la verdad, más allá de los impedimentos que puedan ofrecer los poderes, creo que está la razón de ser del periodismo. Claro que no creo haber conseguido una centésima parte de esa acción valerosa, pero sí creo que esa actitud debería guiar los actos del oficio periodístico.

- Al recordar a Rodolfo Walsh también recordamos que José Pedraza militó junto a Walsh en la CGT de los Argentinos. ¿Qué impresión o reflexión le provocó este hecho?

- La historia de Pedraza es novelesca. Es literaria. Es la novela de un obrero que empieza a militar en la izquierda del Partido Socialista, de su ala filotrotskista, y que luego evoluciona hacia el peronismo combativo que se integra en la CGT de los Argentinos. Pedraza fue compañero de Walsh, de Raimundo Ongaro (cuando el personaje pensaba en la sociedad sin clases), de Agustín Tosco. Pedraza participó de la organización de la primera huelga contra la dictadura videlista. Luego, viró a la “socialdemocracia” peronista: apoyó a la renovación cafierista. Sin embargo, luego de su derrota interna ante Carlos Menem, se pasó al bando vencedor. Y nunca más volvió. Fue el aliado del menemismo en la destrucción del patrimonio ferroviario, que costó ochenta mil puestos de trabajo e incluso la existencia de pueblos enteros. Sobrevivió a esa década. Fue aliado del kirchnerismo. Fue apresado en un departamento en el barrio del poder, Puerto Madero, sede del menemismo y del kirchnerismo, en su departamento de un millón de dólares. Pagaba por mes cuatro mil pesos de expensas. Él, un representante de los trabajadores. Su biografía es novelesca. Sin embargo, es toda realidad. Y eso implica una tragedia.

- Su libro contiene la única entrevista que concedió José Pedraza. ¿Cómo se conectó con el sindicalista y qué sensaciones le produjo el entrevistarlo, teniendo en cuenta que está procesado como autor intelectual del homicidio?

- Cuando la secretaria me condujo hacia la oficina en la que Pedraza me esperaba, vi a un señor mayor, canoso, de bigotes, vestido con un pantalón de vestir marrón y una camisa color cremita. Me saludó. Sus manos temblaban (algún problema de salud produce eso). Me pareció un abuelito. Pensé: “Después de acá se va a la plaza con los nietos”. La entrevista, la única que concedió a cualquier periodista, duró una hora y veinte minutos. Pude ver quién era Pedraza. Un hombre que confiaba en la impunidad que le había permitido atravesar campante todas estas décadas. Un hombre que podía decir que a Mariano Ferreyra lo habían matado sus compañeros del Partido Obrero. Que podía defender que los ferroviarios no eran botones y que, por lo tanto, no hubieran entregado al tirador fatal, Cristian Favale. Terminamos la entrevista de un modo muy tenso, demasiado. Fue una experiencia reveladora.

- ¿Notó algún signo de preocupación o intranquilidad en Pedraza al momento de la entrevista?

- Al contrario. Esa impunidad que lo había educado existencialmente le permitía pensar que la justicia no iba actuar contra él.

-¿Investigó también la participación policial en el asesinato? ¿Pudo establecer conexiones entre el sindicalista y la policía?

- La cuestión excede los vínculos entre el sindicato y la policía, que existen. Los delegados corruptos de una organización sindical vergonzosa tenían una relación de intimidad con la policía, esto es fácilmente comprobable a través de los testimonios de la acción de la patota en episodios anteriores en los que la policía liberó la zona de violencia. Pero el 20 de octubre participaron la bonaerense y la federal. No sólo dejaron hacer a la patota, sino que luego la encubrieron. Y esa organización debe estar, necesariamente, ligada a los altos mandos policiales, que responden a alguna instancia del gobierno. Eso debe ser investigado.

- ¿Entrevistó a familiares de Mariano Ferreyra?

- Entrevisté a Beatriz, la mamá, y Pablo, Paula y Rocío, sus hermanos. Su colaboración fue esencial para la realización del libro. Me brindaron su recuerdo de Mariano para que pudiera escribir su retrato. También entrevisté a sus amigos, una ex novia, sus compañeros de militancia. Puedo decir que a través de sus testimonios aprendí a conocer a un pibe muy valioso cuya desaparición debemos lamentar tanto. Hace unos días presenté la investigación en la Feria del Libro a través de un homenaje a Mariano Ferreyra que realizó la Sociedad de Escritores y Escritoras de la Argentina. La familia de Mariano concurrió a la actividad. Me sentí muy emocionado.

-¿Qué opinión le merece el hecho de que el Gobierno Nacional se haya comprometido en el esclarecimiento del asesinato de Mariano Ferreyra proponiendo investigar a sus autores materiales e intelectuales?

- Confiaría en ese ánimo de “compromiso” del gobierno nacional si los funcionarios cómplices del negocio en el ferrocarril dejaran sus cargos y fueran incorporados, como acusados, a la querella. Si rompieran su alianza estratégica con el sindicalismo empresarial, mafioso y patotero que hoy domina el panorama de la CGT y el kirchnerismo. Si Cristina Fernández de Kirchner dejara de buscar en el Partido Obrero al victimario, cuando uno de sus cuadros políticos fue la víctima. Si José Pablo Feinmann no culpara a ese partido por la muerte a manos de la patota ferroviaria, que sólo pudo haber existido por ese dejar hacer del gobierno y por su asociación con lo peor del sindicalismo. Es difícil, pero espero que pueda ser llevado a cabo. La próxima etapa de la instancia judicial y el juicio oral del año que viene serán decisivos. Hasta el momento la Justicia, a través de la juez Wilma López y, primero la fiscal Cristina Camaño y, luego, el fiscal Fernando Fiszer, actuó de modo impecable. Cuando se deba debatir la responsabilidad de funcionarios y empresarios privados, espero que tenga la misma actitud anterior. Peso es un deseo, claro.

- ¿Cree que fue un asesinato político calculado o fue una torpeza cometida en el afán de aleccionar a los tercerizados – como se desprende de algunas declaraciones periodísticas- para que cesen en sus reclamos de incorporación formal al trabajo?

- Pensar en una torpeza implicaría dar fuerza al argumento que señala que en la dictadura hubo excesos. La patota decidió llevar armas de fuego y usarlas. Esa decisión implica la posibilidad de quitar la vida. Lo lograron. Pablo Díaz habló sobre “los fierros” con Cristian Favale, el matador de Mariano Ferreyra. Y Díaz estaba en permanente comunicación con “El Gallego” Fernández, que se hallaba en un encuentro ferroviario junto a Pedraza. No hay que dejar de señalar que en ese encuentro estaban junto a Pedraza el secretario de transporte Juan Pablo Schiavi y ejecutivos de empresas tercerizadoras. El congreso de Latinrieles fue el lugar donde se pudo sacar la foto de los culpables del ataque fatal del 20 de octubre.

- ¿Produjo algún cambio en su vida el haber desarrollado la investigación periodística y escrito el libro sobre el asesinato de Mariano Ferreyra?

- Definitivamente. Trabajo en un medio kirchnerista. Que pertenece a un pool de medios kirchneristas. La crítica al kirchnerismo trae aparejada la condena por herejía en este tipo de medios, en general. La publicación de este libro me produjo algunas complicaciones. Por otro lado, yo provengo del periodismo cultural, a pesar de que siempre incursioné en notas sobre pensamiento político. Esta incursión en el periodismo de investigación sobre cuestiones políticas de coyuntura me plantea posibilidades que todavía no resuelvo, pero que me gustan mucho. Finalmente, la investigación que realicé y, sobre todo, el retrato de Mariano Ferreyra me permitieron conocer a un cuadro político muy potente, un militante como los militantes deberían ser, un joven de la verdadera juventud maravillosa. Conocí a la gente que quiso a Ferreyra y me enseñaron el por qué de su amor. Pude observar a un partido, su partido, en un movimiento sin pausa para que se castigue a los culpables del crimen. Sigo en contacto con toda esa gente. Y el recuerdo que mantienen y la lucha que sostienen porque haya justicia me conmueve muchísimo.

*Periodista, Revista Veintitrés, y autor del libro ¿Quién mató a Mariano Ferreira?






Abril de 2011

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